De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



Descargar 5.27 Mb.
Página62/143
Fecha de conversión14.10.2018
Tamaño5.27 Mb.
1   ...   58   59   60   61   62   63   64   65   ...   143
[6] Y si fue ingrato Saúl a David y mereció por ello castigo, como se le dio Dios, también lo fue Absalón, su hijo, que, aviéndole perdonado la muerte de Amnón, su hermano, pretendió quitarle el reino y la vida, y puso al afligido viejo en grande aprieto. Aunque también fue castigado como Saúl, pues murió mala muerte alanceado, después de aver perdido una batalla, pareciéndose en todo a Saúl, que saliendo destroçado de otra, él se procuró la muerte, y a Absalón se la dio Joab, el mayor amigo que tenía. Es del Segundo de los Reyes , capítulo doze y quinze.
[7] Sublimó Dios a Jeroboam con el señorío y reino de las diez Tribus que se apartaron de Roboam, hijo de Salomón, y le reconocieron por rey en Samaria. Mas él fue desconocido y ingrato a Dios, que levantó bezerros para que los adorasse el pueblo y los puso en dos montes con designo que no fuessen los hebreos a adorar a Dios a Hierusalem. Es del Tercero de los Reyes, capítulo doze.
[8] Mucho bien hizo el profeta Eliseo al rey de Israel y pueblo hebreo, y porque se vido cercado en Samaría y fatigado de hambre, como si tuviera la culpa el profeta embiava el rey a cortarle la cabeça. Aunque Dios lo dispuso de otra suerte, que remedió aquel trabajo y Eliseo quedó con su cabeça. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo cuarto.
[9] No se acordó el rey Joas de las misericordias y obras buenas recebidas de Joyada Pontífice, que le libró de la muerte y restituyó el reino, sino que a su hijo Zacarías, porque le reprehendió sus vicios, le hizo apedrear en el templo. Refiérese en el Cuarto de los Reyes, capítulo onze. Y en el Segundo del Paralipomenon, capítulo veinte y tres, y veinte y cuatro. /(197v)/
[10] El rey Amasías, favorecido de Dios, venció a los idumeos y hijos de Seyr. Halló entre los despojos de la batalla los ídolos de aquella gente y adorólos. Por lo cual le embió Dios un profeta que le reprehendió de aquella ingratitud, diziéndole:

-¿Por qué adoraste dioses falsos, que no pudieron librar su pueblo de tus manos, como Yo te libré a ti de las suyas, y los venciste? Digno eres de grave pena.

No se corrigió con esto el mal rey, y fue muerto en Lachis, huyendo de Hierusalem, por sus mismos vassallos. Como parece en el Segundo del Paralipomenon , capítulo veinte y cinco.
[11] Alguna punta de ingratitud tuvo el rey Ezequías, pues siendo muy favorecido de Dios, olvidávase de darle las gracias que devía. Antes se descompuso, | por verse rico de joyas, que mostró a los mensajeros del rey de Babilonia, por lo cual le embió Dios a advertir de aquella falta y a amenaçar que lo perdería todo y sería llevado a Babilonia, aunque él pidió y alcançó que fuesse después de sus días. Y refiérese en el Segundo del Paralipomenon , capítulo treinta y dos.
[12] Curó Jesucristo a diez leprosos, quedando sanos de lepra. Y sólo uno le fue agradecido, bolviendo a darle las gracias por la merced recebida. Los nueve cayeron en vicio de ingratitud, como lo advirtió el Hijo de Dios, diziendo:

-¿Diez no fueron sanos? Los nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno dellos bolvió a dar gracias a Dios, sino este estrangero?

Refiérelo San Lucas, capítulo diez y siete.
Lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Belisario fue capitán del emperador Justiniano, y diole grandes victorias, ganadas de fuertes contrarios, a costa de su sangre. Y el pago que recibió fue, por oír embidiosos, quitarle la hazienda y la vista. Es de Fulgoso, libro quinto. Dizen algunos que Belisario quedó tan pobre y miserable que para comer se ponía en una calle pública y pedía a los que passavan, diziendo:

-Dad por Dios a Belisario, a quien la virtud levantó, y la embidia derribó.

César Baronio, en sus Anales Eclesiásticos , del año de quinientos y treinta y cinco, y en el Martirologio, en la Anotación que haze a Silverio Papa, dize que en lo que toca a la pobreza de Belisario, es fábula, que nunca llegó a tanto estremo.
[2] Uno de los príncipes cristianos más favorecidos de la iglesia romana fue el emperador Friderico Segundo. A su padre deste Enrique Quinto dio el reino de Sicilia el Papa Celestino Tercero, y después la corona del Imperio, y en su muerte quedó este Friderico, niño de poca edad, debaxo de la tutela de la Iglesia Romana. Crióle Inocencio Tercero como hijo amado. Después Hono- rio, | también Tercero, le dio título de emperador romano. Y olvidado de todas estas obligaciones, primero a Honorio, y después a sus sucessores y a toda la Iglesia persiguó cruelmente como ingrato y desconocido. Refiérelo Fulgoso, libro quinto.
[3] Isaac, emperador de Constantinopla, tenía un hermano llamado Alexo, al cual amava entrañablemente. Fue preso de turcos por su propria culpa, y Isaac, a grande costa, le rescató. Esta obra y el amor que le tenía pagó el ingrato Alexo con quitar el imperio y la vista al hermano Isaac. Dízelo Fulgoso, libro quinto.
[4] En el tiempo que el rey Totila, de los godos, perseguía a Italia, Fulgencio, obispo ultricurense, queriendo aplacar su furor y saña, entendiendo que venía acercándosele, con parecer de su clerezía le embió un presente y regalo, digno de ser estimado, assí por su valor y precio como por embiársele un varón santíssimo. Mas el pagano, siéndole ingrato, no sólo lo menospreció y tuvo en poco, sino que embió de sus godos a que le prendiessen y le tuviessen en guarda, hasta /(198r)/ que él llegasse para determinar lo que haría dél. Llegaron sus soldados, prendiéronle, y teniéndole en un campo raso, hizieron un círculo alrededor dél, dándosele por cárcel y amenaçándole de muerte si dél salía. Hazía recio Sol, y padecía el santo varón calor muy grande, por lo cual mostrava desconsuelo y pena. Quiso Dios consolarle y embió de repente nuves negras con truenos, relámpagos y agua en grande abundancia, y fue de suer- te | que dentro del círculo donde estava el siervo de Dios no cayó cosa alguna, con que fuera cayó tanto que las guardas tuvieron por bien recogerse, por no ser hundidos con la furia de la tempestad. Dieron cuenta desto al tirano Totila y fue medio para que su ánimo furioso se ablandasse, y tuviesse respecto y venerasse a quien antes entendía tratar mal y quitar la vida. Lo dicho es de San Gregorio, en el tercero de sus Diálogos, capítulo doze. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS



[1] Los atenienses fueron notados de ingratitud con Sócrates, el cual, por juyzio de Apolo Delfos, fue el más sabio de su tiempo. Enseñó a la juventud de Atenas buenas esciencias, y en pago desto, sin aver cometido delicto que lo mereciesse, le condenaron a que beviesse ponçoña, con que murió. Refiérelo Sabélico, libro séptimo.
[2] Solón dio utilíssimas leyes a los atenienses, las cuales si fueran siempre guardadas por ellos, se perpetuara su imperio. Ganó a Salamina, que era una fuerça perjudicial grandemente a la ciudad. Resistió a la tiranía de Pisístrato, y después de tan buenas obras passó su vejez en Cipro, no siéndole permitido que su cuerpo fuesse enterrado en su patria, a la cual tanto bien hizo siéndole ella ingrata. Es de Valerio Máximo, libro quinto.
[3] Bien lo hizieran los atenienses con Milciades, si luego que venció trezientas mil personas en la batalla de Maratón le embiaran desterrado, sino que le forçaron a morir en cárcel aprisionado, y no era sepultado su cuerpo cuando fue puesto en el mismo lugar Cimón, hijo suyo, y de quien se tenían las esperanças que del padre. Tratáronle no de otra suerte, siendo defensor de Grecia, que si le uviera sido traidor y la entregara a los enemigos. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto.
[4] Fueron libres los atenienses de la tiranía de Casandro por medio de Deme- trio, | con el cual se mostraron muy ingratos, aunque no le mataron porque no pudieron. Lo que pudieron hizieron, que fue, viéndole vencido de los reyes sucessores de Alexandro, del número de los cuales fue él uno, dixeron dél grandes males, lastimáronle con ignominias y afrentas y verificóse en ellos el proverbio antiguo, que quien tiene caudal, si da en ser malo, lo es por el cabo. Dízelo Fulgoso, libro quinto.
[5] El buen Foción Ateniense, uno de los más justos governadores en la paz y de los más valientes capitanes en la guerra que uvo entre los griegos -aquel en quien parecía que se hallava la religión de Numa Pompilio y el esfuerço de Escipión, la prudencia de Quinto Fabio, la pobreza de Curio voluntaria, la lealtad de Régulo, la gravedad de Catón, la severidad de Torcuato-, después de aver hecho grandes beneficios en la República y de ser cuarenta y cinco vezes magistrado, fue por embidia acusado y condenado a muerte. Éste es el galardón con que le pagó su patria ingrata por sus servicios. Estando con el vaso de ponçoña en la mano para beverla, que este género de muerte le dieron, dize Eliano que le preguntaron qué dexava encomendado a su hijo, y respondió que le mandava no se acordasse de aquella injuria ni bolviesse mal por mal a Atenas, su patria. Refiérelo Antonio Sabélico.
[6] Padeciéndose grande hambre en Atenas y hallándose Periander Cuestor /(198v)/ con mucho trigo, repartíalo por precio moderado. Parecióles que deste modo procurava levantarse con el reino y ser rey, como fuesse antes señoría y república de por sí. Cargáronle de piedras la gente popular y cubriéronle dellas. Lo mismo dize Plutarco que sucedió a Cina con los romanos. Refiérelo Brusón.
[7] Temístocles fue exemplo de los que experimentaron ingratitud en la patria, porque aviéndola conservado y defendido de sus enemigos, y échola cabeça de Grecia, bolviósele tan enemiga que le fue forçoso ir a pedir fabor a Xerxes, a quien primero destruyó. Es de Valerio Máximo, libro quinto.
[8] Aviendo poca paz en Lacedemonia convino para su quietud que Leónidas, uno de los dos reyes que governavan aquella ciudad, fuese desterrado; y como Agesilao, que sucedió en el un puesto de rey, procurasse su muerte, Agides, el otro rey, le defendió no menos que si a él le fuera la vida. Sucedió después que siendo restituido Leónidas en su primera dignidad, olvidóse de tal manera del bien que le avía hecho Agides, que le echó de la parte que tenía del reino, y puesto en una cárcel con su madre, mandólos ahogar. Dízelo Fulgoso, libro quinto.
[9] Ninguna ciudad de Grecia tuvo tan preclaros y insignes capitanes como Tebas en Epami nundas y Pelópidas, los cuales libraron su patria de los esparcianos, que tenían el señorío de Grecia. Y pudo la embidia de algunos pocos ciudadanos a ponerlos en punto de perder la patria y las vidas. Es de Sabélico, libro siete.
[10] Los de Siracusas de Sicilia también fueron ingratos a Dion, que, aviéndolos puesto en libertad, le echaron de la ciudad desterrado. Llamáronle luego, y parecía quererle gratificar lo que por ellos avía hecho, y fue para darle muerte. Afírmalo Sabélico, libro séptimo.
[11] Alexandre Magno desagradecido fue con Clito, hijo de la ama que le crió, | el cual en una batalla le libró de la muerte, y no fue esto parte para que estando en un combite, oyéndole que engrandecía los hechos famosos y victorias insignes de Filipe, padre del mismo Alexandro, tocado de embidia no le hiziesse matar, como le mató. Y refiérelo Sabélico, libro séptimo.
[12] Ningún varón tuvo Lacedemonia tan provechoso ni tan virtuoso como Licurgo, de quien Apalopitio dixo que no se determinava si le pondría en el número de los hombres o de los dioses. A el cual ni la sinceridad de su vida, ni el constante amor de la patria, ni las leyes tan estudiadas y remiradas que les dio, fue parte para dexar de ser perseguido. Porque siéndole ingratos sus ciudadanos, ya le apedreavan, ya le sacaron un ojo, ya le echaron de la ciudad y al cabo le desterraron. ¿Qué harán otras ciudades cuando la que en constancia, en moderación y en gravedad tenía grande loa y fama y fue tan ingrata a varón tan benemérito? Es de Valerio Máximo, libro quinto.
[13] Furio Camilo fue defensor de Roma y quien acrecentó altamente su felicidad, y no pudo defenderse a sí, antes vino a grande infelicidad y miseria por ingratitud de la misma Roma. Púsole demanda Lucio Apuleyo Tribuno delante del Senado de que en las guerras que avía hecho por la República, aunque salió siempre victorioso, mas avía agraviado al Erario y Tesoro público. Y porque no dio descargo bastante fue desterrado, a tiempo que tenía grande necessidad de consuelo, aviéndosele muerto un hijo, moço de grandes esperanças. Olvidada pues la República de los méritos y servicios de tal varón, juntaron al entierro y exequias del hijo el destierro del padre, siendo la suma en que fue alcançado quinze mil reales. Indigna cierto de que por ella careciesse la República de un varón tan importante. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto.
[14] Escipión Africano el Mayor reparó la República Romana, que estava a punto de per- derse /(199r)/ con la guerra de Cartago, quedando victoriosa y la ciudad enemiga destruida. A esta obra que pedía fuesse estimada y galardonada correspondió con grande ingratitud, compeliéndole a que se fuesse desterrado de Roma. Murió en el destierro y sobre su sepulcro hizo poner este mote: «Ingrata patria, ni aun te gloriarás que tienes mis huessos». Es de Valerio Máximo, libro quinto.
[15] Marco Tulio Cicerón, con tanto cuidado como elocuencia defendió delante el Senado a Cneo Popilio Lenate, natural de Picena, porque se lo rogó Marco Celio, su amigo, en una causa que le iva la vida, y por su ocasión no la perdió, sino que le embió libre a Picena, su tierra. Este Popilio, sin averle ofendido en hecho ni en dicho Marco Tulio, pidió a Marco Antonio en tiempo del trium- virato | que le diesse recaudos para buscarle, y hallado, matarle, estando por escrito y sentenciado a muerte con otros muchos nobles romanos. Diole los recaudos y fue muy diligente a Gayeta, donde estava Marco Tulio, hombre que tuvo la dignidad de cónsul y que le avía dado al mismo Popilio la vida, conocido por el más sabio y elocuente orador que tuvo Roma, y hallándole le cortó la cabeça y la mano. Y con estas dos prendas, como si por ellas se le deviera triumfo, bolvió a Roma, no avergonçándose de que viessen que traía la cabeça del que defendió la suya. Para dezir deste ingrato mostruo y llorar semejante pérdida, avía de ser otro Cicerón. Es de Valerio Máximo, libro quinto.
Fin del Discurso de Ingratitud. |

DISCURSO TREINTA Y OCHO. DE IRA

Para habituarse poco a poco el hombre a vencer la ira, aconseja Epicteto Filósofo que comience en cosas libianas. «Hurtaron esto, perdióse esotro... Haz cuenta -dize- que con aquello, como con precio, compras la paciencia y el sossiego de tu espíritu, que ninguna cosa alcança de valde. Cuando llamares a tu criado, piensa antes que venga que sería possible no hazer bien lo que le quieres mandar, y cuando assí fuere, no es razón darle a aquel tanto poder sobre ti, que de lo que hiziere dependa tu turbación o sossiego. Y pues | no sufrirías que tenga aquel libertad sobre tu cuerpo, ¿por qué has de consentir que la tenga sobre tu espíritu, dexando en su mano tu alteración y descompostura?». Y a quien lo dicho no bastare, para que se temple en la ira, lea los exemplos deste Discurso, que sería possible hallar en ellos provecho.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]



[1] Diversas vezes se halla en las Divinas Letras averse mostrado Dios airado, y dize San Augustín que la ira en Dios no es perturbación de ánimo, como en los hombres, sino juizio con que señala al pecado la devida pena. Como se vido en los egipcios, que aviendo perseguido a los hebreos, teniéndolos en su tierra y tratándolos como esclavos, sacólos Dios de su poder, y visto que aún los ivan persiguiendo y que entraron en su seguimiento por el Mar Bermejo, embió sobre ellos su ira, como dize allí la Escritura, y hundiólos a todos, quedando muertos entre las on- das. /(199v)/ Es del capítulo catorze y quinze del Éxodo.
[2] Por consejo de Balam Ariolo, Balac, rey de Moaba y Madián, embió muchas donzellas de sus reinos hermosas y bien adereçadas, a vista de los hebreos, estando en el desierto. Y el designo del que dio el consejo y del que le tomó, fue que si los hebreos quisiessen tratar con ellas, aficionándoseles, diessen el consentimiento con condición que idolatrassen, adorando a los dioses que ellas adoravan, y haziendo esto los hebreos, Dios se enojaría con ellos y por lo mismo les faltaría el ánimo y fuerças para quitar el estado al Moabita. Sucedió en parte como pretendieron, porque fornicaron algunos del pueblo con ellas y adoraron a su ídolo Beelfegor, por lo cual, dize el Texto en el capítulo veinte y cinco de los Números, que tomó ira el Señor con ellos y mandó a Moisés que prendiesse a los principales y los pusiesse en palos. Y porque entre todos se señaló uno de los israelitas, entrando a vista de todos en una tienda de campo donde estava cierta muger de aquellas madianitas, viéndolos Finees, hijo de Eleázaro y nieto de Aarón sacerdote, entró con una lança, y de un golpe embió dos almas al Infierno. Ira tuvo Finees cuando dio este golpe, y fue ira santa, porque su zelo fue santo, agradando a Dios este hecho.
[3] Baxando Moisés del monte con las Tablas de la Ley, vido a los hebreos que adoravan un bezerro. De lo cual tomó ira grande, y dio con las Tablas que eran de piedra, en otra, y hízolas pedaços. Fue luego al bezerro y derribóle del Altar, y le abrasó y tornó como menuda arena o ceniza, y se le dio a bever a los culpados, y junto con esto, mandándoselo Dios, hizo matar a muchos dellos. Como parece en el Éxodo, capítulo treinta y dos.
[4] Casado estava ya David con Betsabé, muerto su marido Urías, y olvidado del homicidio y adulterio, cuando vino a él Natán Profeta y le propuso cierta parábola, de un rico y señor de mucho | ganado, que quitó a otro pobre una oveja que tenía. Oyéndolo David, dize la Divina Escritura en el Segundo Libro de los Reyes , capítulo doze, que tomó ira grandíssima contra el que hizo semejante maldad, y al cabo entendió que él mismo era el autor, por donde reconoció su culpa y hizo della penitencia.
[5] Oyendo el rey Assuero la quexa de la reina Ester, su muger, contra Amán, que tratava la muerte a los de su linaje, airóse grandemente contra él. Y fue mejor ira que la que tuvo antes el mismo Amán contra Mardoqueo porque no se le humillava, siéndole ocasión para procurar la muerte, y se la tenía ya tramada. Mas trocóse la suerte, que Mardoqueo quedó con vida, muy honrado y perdonados todos los hebreos, y Amán, ahorcado, y muchos de los gentiles, muertos. Refiérese en el Libro de Ester, capítulo siete.
[6] Ay otra ira que es mala y viciosa, como la que tuvo Caín contra Abel, su hermano, viéndole más favorecido de Dios que él lo estava, por donde vino a procurarle la muerte. Y refiérese en el Génesis, capítulo cuarto.
[7] Oyendo Saúl alabar a David después de la victoria que alcançó del filisteo Goliat, y que cantavan las donzellas diziendo que Saúl valía por mil, y David, por diez mil, airóse grandemente contra él y procuróle diversas vezes la muerte. Como parece en el Primero Libro de los Reyes, capítulo diez y ocho.
[8] El rey Ozías quiso apropriarse a sí el oficio de los sacerdotes, y incensar el altar. Tomó el incensario, y porque le ivan a la mano los mismos sacerdotes, dize la Escritura que se airó contra ellos y los amenazava con el incensario. Mas de su atrevimiento llevó el castigo, hiriéndole Dios con lepra, por donde el que pretendía el oficio de sacerdote, que no era suyo, perdió el de rey que lo era, siendo echado fuera de poblado por estar leproso. Es del Segundo del Paralipomenon, capítulo veinte y seis. /(200r)/
[9] Por una blasfemia que dixo contra Dios el rey Senaquerib teniendo sus exércitos cerca de Hierusalem, baxó un ángel que le mató de noche ciento y ochenta y cinco mil hombres. Por lo cual le fue forçoso bolver a su reino, donde tomó tanta ira contra los hebreos que estavan en aquella tierra, que sin justicia ni razón mató a muchos. Mas castigóle Dios por medio de sus propios hijos, que le dieron de puñaladas en un templo. Es del Cuarto Libro de los Reyes, capítulo diez y nueve, y del Libro de Tobías, capítulo primero.
[10] Iva Holofernes apoderándose de ciudades y reinos con sus exércitos y parecía que no hallava resistencia. Mas, llegando a tierra de israelitas, los de Samaría, haziéndose fuertes, recogieron la gente y las haziendas de la comarca, y cerraron sus puertas, tomando armas y levantando vanderas contra él. Quiso saber qué gente era aquella, que no temía su poder, y dándole cuenta Achior, capitán de los amonitas, que era uno de los que seguían sus vanderas, compelido de necessidad y fuerça, declarando su principio y origen, y que adoravan un Dios, que si al presente no le tenían enojado, como muy de ordinario solían enojarle, no sería possible vencerlos. Desto tomó grande ira Holofernes contra Achior y le mandó poner atado a un árbol cerca de la ciudad, diziendo que, juntamente con los hebreos, se vengaría de lo que él dezía. Mas sucedió de otra suerte, que él quedó allí muerto por manos de Judit, y su exército se deshizo como humo. Es del Libro de Judit, capítulo quinto. |
[11] Nabucodonosor, rey de Babilonia, también entra en cuenta de los airados, pues se dize en el capítulo nono del Libro de Daniel que, sabiendo como sus tres amigos no adoravan una estatua suya, los hizo echar en un horno de fuego, aunque allí, sin recebir daño, alabaron al Señor.
[12] Sobre todos los airados puede ponerse Herodes el Mayor, pues, viniendo los Magos de Oriente a adorar a Jesucristo luego que nació, y llegando a Hierusalem, preguntando por el nuevo Rey de los Judíos, y teniendo consulta sobre el caso el rey Herodes con los sabios de aquella ciudad, viniendo todos por las Escrituras de los Profetas en que su nacimiento avía de ser en Betleem, rogó a los Magos que, hallándole, le avisassen. Mas, advertidos ellos de un ángel que no bolviessen a Herodes, visto que le avían burlado, dize el Evangelista San Mateo, capítulo segundo, que se airó grandemente y arrebatado de furor hizo matar a todos los niños menores de dos años de la ciudad de Betleem y su tierra, muriendo entre ellos, no el Hijo de Dios, sino uno proprio del mismo Herodes que se criava en una aldea cerca de la ciudad, y fue de tropel con los demás. Por lo cual dixo el emperador Augusto César, viniendo a su noticia, y lo refiere Macrobio, que en casa de Herodes era mejor suerte la del puerco que la del hijo, porque avía muerto con su ira demasiada al hijo, y el puerco estuviera seguro de muerte, pues por ser judío no comiera su carne y le dexara vivo.
Lo más de lo dicho se coligió de la Escritura Sagrada. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] En la provincia de Nursia vivían vida solitaria dos varones santos, llamados Eutiquio y Florencio. Florencio era hombre senzillo, y sólo para sí. Eutiquio era activo y provechoso para muchos. Donde, por la muerte del abad de cierto monasterio cercano a su celda, fue llevado de los monges para que los rigiesse y governasse, el cual oficio regía avisada y san- tamente. | Quedó solo Florencio, y un día pidió en oración a Nuestro Señor que le embiasse allí alguna compañía para su consuelo. Y en dexando la oración, saliendo de la celda, vido un osso, inclinada la cabeça, sin mostrar ferocidad alguna, dando a entender al siervo de Dios que su venida era para acompañarle y servirle, entendiéndolo assí el mismo Florencio. Y porque tenía /(200v)/ cuatro o seis ovejas, que era su caudal y parte del sustento, mandó al osso que las llevasse a pacer y las truxesse cada día, señalándole siempre la hora en que avía de bolver, sin que la bestia excediesse punto, porque si le señalava que bolviesse a la hora de sexta no bolvía a la de tercia o de nona, y si a la de nona, no bolvía a la de vísperas. Erale en todo muy obediente el osso, lo cual se divulgó por diversas partes y causó embidia en algunos monges del monasterio de Eutiquio, pesándoles de que aquel hombre simple hiziesse milagros, y no su maestro. Por lo cual, conjurándose cuatro dellos, dieron orden cómo matar el osso, y assí lo cumplieron. Donde, como tardasse de bolver a Florencio, no podía pensar cuál fuesse la causa. Esperó hasta segundo día, y saliéndole a buscar hallóle muerto, y no se le encubrieron los autores deste hecho, sintiéndolo tiernamente. Fue a verse con Eutiquio, que le procuró consolar, mas, llevándolo Florencio con furor de ira, dixo:

1   ...   58   59   60   61   62   63   64   65   ...   143


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal