De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Lo dicho se coligió de la Escritura Sagrada. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] El Evangelista San Juan, siendo muy viejo, estava un día jugando y entreteniéndose con una perdiz que tenía en sus manos viva. Viéronlo unos caçadores y riéronse de ver tan venerable viejo jugar con una avecilla. El santo llamó a uno dellos que llevava un arco, y preguntóle:

-¿Dónde vas con esse arco?

Respondió que a caça.

-Pues, ¿por qué le llevas desarmado?

-Para que, yendo descansado -añadió elmoço-, le halle después más fuerte y viguroso cuando quisiere tirar con él.

-Pues yo -replicó el santo Evangelista- y otros nos entretenemos con algún honesto exercicio, para con mayores fuerças ir después a la oración, al ayuno y a la predicación.

Refiérelo Fulgoso, libro 8, capítulo 8. Otra cosa semejante dize Rafael Volaterrano, libro veinte y uno, de San Antonio Abad, que estando con sus monges una vez en el campo entreteniéndose en palabras de buena conversación, | vistos por otro caçador, mostró semblante desdeñoso, porque estavan ociosos. El santo le dixo que flechasse el arco. Hízolo él; pidió que le flechasse más. El caçador dixo:

-Ay temor que quiebre si más le flecho.

-Pues assí -replicó el venerable viejo- pueden los varones espirituales tomar algún ocio y exercicio honesto, porque no quiebre el arco y se acabe la vida con mayor trabajo del que pueden llevar las fuerças humanas.


[2] San Cirilo, obispo de Jerusalem, tenía en su casa un moço, sobrino suyo, que le servía y con toda solicitud le procurava agradar, mas era viciosíssimo en el juego. Al tiempo que San Cirilo dezía missa, predicava o escrivía, él se iva por las tavernas y jugava, y si perdía blasfemava el nombre de Dios Nuestro Señor. Vino este moço a enfermar, y el santo perlado pidió en sus sermones /(204v)/ al pueblo que hiziessen oración por él, y tuvo mucho cuidado de lo que tocava a su alma. Mas al cabo murió, y el padre santíssimo dixo por él missa, y púsose en oración, y permaneciendo en ella, vido a su sobrino hecho un vivo fuego. Preguntóle quién era, y declaró que su sobrino, y que en vano rogava por él estando condenado para siempre. Admiróse desto el santo, y díxole:

-¿Cómo te condenaste, aviendo vivido bien a mi parecer? Yo creí de ti que conservabas la inocencia baptismal, y que eras virgen.

Respondió:

-Assí es verdad que soy virgen, mas condenéme porque fui dado al juego con todo excesso, y perdí y gané mal mucho dinero, y blasfemé el nombre de Dios diversas vezes, y de todo esto ni me pesó ni quise enmendarme, ni hize penitencia. Refiérese, como ya se ha tocado, en una carta que escrivió el mismo San Cirilo a San Augustín, y anda en sus obras.


[3] En el monasterio de Claravalle, donde era abad San Bernardo, recibió el hábito un hombre que siendo seglar era muy dado a juegos, el cual a pocos días, por tentación de jugar determinó dexar el hábito. El santo, sabido su intento, le dixo:

-Porque no te vayas, yo quiero armarte juego, dándote que juegues, con condición que partas comigo las ganancias.

Díxole esto teniendo atención a lo que después sucedió, y fue que con el dinero que le dio el santo començó a jugar y perdiólo todo. Bolvió al monasterio y púsose a la puerta muy confuso. Salió a él San Bernardo con alegre rostro, y levantando el hábito, díxole que echasse allí su parte. Respondió el jugador con mucha vergüença:

-Padre, nada se ha ganado, antes perdí lo que me distes. Suplícoos que por paga dello me reci- báis | por esclavo deste monasterio.

A esto le respondió el santo con mucha benignidad:

-Si assí es como dizes, más vale, y no que se pierda todo.

Recibióle, no por esclavo, como él dezía, sino por religioso, y fuelo en adelante de muy buen exemplo. Refiérelo Surio, tomo cuarto.
[4] Iva por una calle a la iglesia para oír maitines en la noche de una solemnidad grande cierto siervo de Dios, y vido a la puerta de una taverna jugando dados algunos hombres perdidos, los cuales perjuravan y aun blasfemavan el nombre de Dios. Passó adelante, y estava un hombre tendido en la calle y malamente llagado, y bañado en su sangre. Quexávase dolorosamente, y preguntándole quién le avía herido, respondió:

-Essos hombres que están jugando dados en la taverna.

Bolvió a ellos y reprehendióles por aquel hecho, y pidióles que fuessen a ayudársele a llevar donde fuesse curado. Admiráronse de oír esto y negaron aver herido persona alguna. Fueron todos a ver el herido y no le hallaron, mas cayeron en la cuenta que con los perjurios y blasfemias lastimavan a Jesucristo, y que sería el que dellos se quexava. Es del Promptuario de exemplos.
[5] Aviendo perdido gran dinero un jugador, tomó con desesperación un arco y tiró en alto una saeta, como queriendo herir al Cielo, la cual, cayendo delante del que la tiró, vídose venir bañada en sangre. Desto quedó tan compungido aquel hombre, que confessó su culpa y en adelante vivió virtuosamente. Es del Promptuario.
[6] Perdió al juego todo el dinero que llevava un jugador, quedándose con una moneda sola en la mano. Dixo grandes blasfemias y ofreció su cuerpo /(205r)/ y alma a los demonios, y en señal que se les entregava, arrojó la moneda que le quedava. Passó aquella noche, y a la mañana, estando en la calle, llegaron a él dos demonios en forma humana, declarándole lo que eran y que venían por él como por su esclavo, aviéndoseles obligado, y por señal mostraron el dinero que les ofreció. Rogóles que le dexassen bolver a su casa y estar en ella dos días. Concediéronselos, porque la comissión que traían devía de venir con esta limitación. El primero día estuvo muy triste y como desesperado, sin comer ni bever, y sin dar cuenta a persona alguna de lo susodicho. Y como el día siguiente entrasse en su casa una muger pobre con un hijuelo suyo en los braços y le pidiesse limosna, él le dixo que se la daría si se la pidiesse en nombre de los diablos, sus amos, con los cuales esperava presto verse. La muger, sin hazer lo que él dixo, habló con amigos de aquel hombre para que se informassen dél en lo que dezía y le guardassen. Fueron a él y contóles la verdad de aquel caso, y començó a dar bozes:

-Ya vienen para llevarme, dexadme ir, no me lleven por fuerça.

Los que estavan allí le dezían que se encomendasse a Dios y propusiesse hazer penitencia. Los demonios llegaron y le quitaron la vida. Refiérese en el mismo libro de exemplos.
[7] Un jugador tenía por costumbre de jurar por los ojos de Jesucristo, aunque dixesse mentira, y un día se le cayeron los suyos del rostro. Es también del Promptuario.
[8] Avía un jugador que mantenía campo a cuantos con él jugavan, y todos se apartavan perdidosos. Vino el demonio en forma humana y jugó con él. Ganávale todo el dinero que | sacava. Començó a dar bozes y dezir:

-Nadie me ganó, sino tú, que creo que eres demonio.

-Si soy -dixo él-, y vengo por ti.

Con esto, assió dél y le llevó arrastrando por el tejado, donde vieron otro día derramadas sus entrañas, y el cuerpo no pareció. Todo es del mismo libro.


[9] En Buda, ciudad de Hungría, hizieron concierto dos jugadores de jugar, el uno en nombre de Dios, y el otro en nombre del diablo, que era dezir que fuese como que jugavan Dios y el diablo. Y sucedió, prosiguiéndose el juego, que perdió todo el dinero que llevava el que jugava en nombre de Dios, y no sólo el dinero, sino también parte de sus vestidos, por lo cual, siendo bien noche, salió desesperado y furioso para irse a su casa. Y passando por un cemiterio, vido un Crucifixo, al cual con atrevimiento diabólico le tiró una pedrada. Acertóle en la frente y della le corrió mucha sangre. Vivía cerca de allí un carnicero viejo, y estava enfermo de gota sin poderse levantar de la cama. Oyó una boz que le dixo:

-Levántate y sal a la calle, y al primero que vieres, mátale.

No hizo caso desto el carnicero, pareciéndole ilusión del demonio, mas la boz repitió por tres vezes aquella razón, y añadiendo en la última grandes amenazas si no obedecía, acordó de hazerlo. No se podía antes levantar por su enfermedad de gota, y hallóse sano. Tomó un cuchillo y salió fuera de su casa. Vido al sacrílego y blasfemo jugador, que acabava de herir al Crucifixo, llegó a él y hirióle de suerte que cayó muerto allí. De donde vino a que la justicia, por hallarle cerca de la casa del carnicero, le prendieron, y él declaró la verdad, que le hablaron por tres vezes, que le ame- nazaron /(205v)/ y se halló sano. Era ya de día, y avíase llegado gente alrededor del cuerpo muerto, el cual, a vista de todos fue levantado en alto por demonios y llevado de allí. Vídose el Crucifixo herido y sangriento, y túvose relación del que jugó con él, por donde se descubrió todo el caso, y el car- nicero | fue dado por libre visto que le tomó Dios por instrumento para dar la muerte a aquel pérfido sacrílego y blasfemo jugador. El libro llamado Teatro de la Vida Humana, expurgado, refiere este hecho, y señala que es su autor Marco Fritsechio. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Reprehendía Platón a un moço porque jugava. Él se escusava que era poco el juego.

-No es poco -replicó Platón-, sino mucho el acostumbrarte a jugar.

Dízelo Laercio, libro tercero.
[2] Siendo embiado Chillón de Lacedemonia, su patria, a Corinto, sobre hazer amistades y perpetua paz una ciudad con otra, halló a los príncipes della jugando a los dados, y sin les hablar palabra se bolvió, diziendo que no quería que la gloria de los lacedemonios, que a la sazón florecía, se maculasse e infamasse haziendo amistad con jugadores. Dízelo Platina en el libro primero del Buen Ciudadano.
[3] Tolomeo, rey de Egipto, estando jugando a los dados, traíanle diversos processos de delincuentes para que los condenasse a muerte. Ivanselos leyendo, y él no dexava el juego. Mas, hallándose presente Berenice, su muger, quitóle de las manos al es- crivano | los processos, diziendo:

-No se han de oír causas de personas que se han de sentenciar a muerte estando jugando. Negocio es que pide todo un hombre, y libre de otras preocupaciones.

Holgó el rey de oír esto, y esta vez y otras muchas procuró estar todo él en lo que hazía cuando se ofrecían negocios capitales y de muerte. Dízelo Eliano, libro catorze, capítulo cuarenta y tres.
[4] El emperador Domiciano, por vía de juego y passatiempo tirava saetas, con tanta industria que por muchos passos, si ponía un muchacho abierta la mano, por entre los dedos colava la saeta. Tirava a las aves que bolavan y cortava la cabeça a la que quería, y iva sin ella un poco bolando con el ímpetu que llevava. Pintava en una pared con golpes de su arco una cabeça de fiera. Dízelo Brusón.
Fin del Discurso del Juego. |
DISCURSO CUARENTA. DEL JUIZIO TEMERARIO

Hablando Dios, Nuestro Señor, con el Patriarca Abraham, como parece en el capítulo diez y ocho del Génesis, dixo estas palabras: «Las bozes | de Sodoma crecen y su pecado va agravándose. Quiero ir y ver si lo que oigo passa assí». En todo lugar está Dios y todas las cosas le son manifiestas, hasta lo secreto del coraçón. Nada se le en- cubre, /(206r)/ pues ¿qué misterio tiene que diga «quiero ir y ver si lo que oigo es assí»? Espera advertir lo que cada uno deve hazer con su próximo, que no todo lo que oye dél, si es en su daño y perjuizio, lo crea; primero se informe muy bien y esté cierto de la verdad que juzgue, porque si el juizio es mayor que el indicio, no dexará de tener culpa. El presente Discurso trata del Juizio temerario , y dél se verán algunos exemplos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Los amigos de Job, como parece en el capítulo cuarto de su Libro, por verle en la miseria en que estava juzgaron falsamente dél que avía cometido pecados, por los cuales merecía aquel castigo, y visto que no eran públicos, dezían que en oculto los avía cometido. Y Dios bolvió por él y les arguyó de mal juizio.


[2] Aarón y María, hermanos de Moisés, murmuraron contra él y mostraron menospreciarle por razón de su muger, que era etiopisa. Devíase afrentar María de poner a su mano derecha a la cuñada, siendo de otra gente y nación, juzgando de Moisés baxamente por aver casado con ella. Tratólo con Aarón, que también ayudó al juizio y menosprecio, por lo cual, a la principalmente culpada la castigó Dios con cubrirle de lepra, porque no devía ser reprehendido de muger el que era merecedor de hablar con Dios y le admitía su Magestad a sus familiares coloquios. Y colígese de aquí lo mal que hazen los seglares en murmurar y juzgar mal de los eclesiásticos, porque sucede algunas vezes que lo reprehendido por ellos acerca de Dios es loable, y cuando no lo fuesse, no les es a ellos dado. A éstos culpa el Apóstol San Pablo escriviendo a los Romanos en el capítulo catorze, diziendo: |

-¿Quién eres tú, que juzgas al siervo estraño? Porque si cae o se levanta, a cuenta es de su señor y no a la tuya.



Lo dicho es del capítulo doze de los Números, en cuanto a la murmuración de Aarón y María; lo demás refiere Marulo, libro cuarto.
[3] En el capítulo del mismo Libro de los Números dava Dios licencia en la Ley Vieja al marido que tenía celos de su muger que hiziesse la prueva, dándola a bever el sacerdote cierta agua con polvo del templo, y según el efecto que hazía en ella, de mal o de bien, era juzgada. Aora malo es acusar a alguna muger si no es hallada culpada, y aun a una, con ser hallada en culpa, estorvó el Hijo de Dios que la apedreassen, sino los que estavan sin culpa. Y como nadie ay que de todo esté ageno della, no puede bien declararse el mal que hazen muchos que con vanas sospechas, como si fuesse el caso probado con bastantes testigos, apedrean a muchas con las piedras de la murmuración y las muerden con los dientes de la infamia, y a las vezes sin culpa, por libianas sospechas, que se viste con curiosidad, que sale de casa, que la miran, siendo assí que de lo oculto, el que juzga, aunque diga verdad, falta, pues dize que sabe lo que ignora. De donde viene que ay muchos que siendo demasiadamente curiosos en averiguar vidas agenas, caen en culpa temeraria, o por juzgar lo incierto por cierto, o si es cierto su juizio, no les es dado a ellos tenerle, o, ya que les sea dado, llevan por un rasero lo que es oculto con lo que es público, y en caso que sea público, ignorando la intención, la tienen y juzgan por mala. Todos estos juizios, porque son temerarios, prohíbelos Dios Nuestro Señor, diziendo por San Mateo, capítulo siete: «No juz- guéis, /(206r)/ y no seréis juzgados. No condenéis y no seréis condenados. En el juizio en que juzgáredes, seréis juzgados. Con la medida que midiéredes, seréis medidos».
[4] Helí, sacerdote de los hebreos, viendo a Ana, muger de Elcana, la cual estava rezando delante del Altar del Señor en Silo, porque la passión que tenía en su ánimo de verse estéril y menospreciada la hazía mostrar pena y sentimiento en su rostro, moviendo sus labios aceleradamente, juzgó el viejo Grosso que estava borracha, y se lo dixo. Mas fue diferente el juizio de Dios, que la tuvo por digna de ser oída y le concedió su petición. Es del Primero de los Reyes, capítulo primero.
[5] Deteniéndose Sansón de ir a visitar a su esposa, el padre della, juzgando temerariamente que la aborrecía y que no la quería, casóla con otro. Por lo cual él se indignó, de suerte que hizo grande daño en los filisteos, y sabida la ocasión, ellos hizieron cruel vengança en el que le avía agraviado, como parece en el Libro de los Juezes, capítulo quinze.
[6] Michol, muger de David, viéndole dançar delante la Arca del Señor en una processión que se hazía trasladándola de una parte a otra, menosprecióle y burló dél, juzgando a libiandad lo que era humildad y muy acepto a Dios Nuestro Señor. De donde sucedió que cuanto David se humilló, tanto Dios le ensalçó, y Michol padeció perpetua esterilidad, que era grande afrenta entre los hebreos. Es del Segundo de los Reyes, capítulo sexto.
[7] Hanón, rey de los amonitas, juzgó temerariamente de David. El cual, embiándole embaxadores a dar el pésame de la muerte de su padre, que avía sido su amigo, y el parabien de su nue- vo | reinado, él creyó que le embiava a espiar la tierra para le hazer guerra, y con este falso juizio afrentó a los embaxadores, rayéndoles la mitad de las barbas y cortándoles las faldas por lugar afrentoso. Lo cual sabido de David, le hizo guerra y quitó el reino, y uso en él a un hermano suyo. Es del Segundo Libro de los Reyes, capítulo dézimo.
[8] Ofreciéndole Dios a Salomón que le daría cualquiera cosa que le pidiesse, ninguna otra pidió sino sabiduría para juzgar su pueblo, y en esto dio documento a los juezes que deven temer grandemente no hierren juzgando, porque es gravíssimo mal el no acertar en esto. Y si no fuera assí, no se mostrara Salomón más solícito en semejante pretensión que en otras muchas que pudiera dessear, como vida larga, grandes tesoros, victorias de sus enemigos, acrecentamiento de su estado y reino. Y porque estimó en más que todas estas cosas el acertar a juzgar, diéronle lo que pidió, y todo lo que pudiera pedir. Es del Tercero de los Reyes , capítulo tercero.
[9] Assuero, rey de los persas, creyendo más que devía las falsas relaciones del pérfido Amán, mandó por edicto público que todos los judíos que vivían en sus estados como a perturbadores de la paz en un día señalado fuessen muertos. Aunque, informado bien y sabida su inocencia, rebolvió en el acusador falso la sentencia y a los que tenía condenados a muerte hizo bien y los honró. Aunque mejor hiziera si no fuera arrojado en juzgar, siguiendo el consejo de Job en el capítulo veinte y nueve, que dize: «La causa que ignorava, con suma diligencia procurava entenderla para juzgarla». Lo que toca a Assuero es del Li- bro /(207r)/ de Ester, capítulo tercero y siguientes.
[10] Después de la captividad de Babilonia quedaron en las ruinas de Jerusalem y cerca de Betleem algunos judíos, entre los cuales estava uno llamado Johanán, hijo de Care, de quien todos hazían mucho caso. Fue éste con otros de los más principales a preguntar a Jeremías si quedarían en aquella tierra y estarían en ella seguros, o se irían a Egipto. El profeta, con oráculo del Cielo, les respondió que se quedassen allí y no baxassen a Egipto, porque en Egipto peligrarían y allí estarían seguros. Quisieran que les dixera lo contrario, porque tenían gana de passar a Egipto, y rebolvieron con afrentas a Jeremías, llamándole mentiroso y falso, y que no le hablava Dios como a otros profetas. Passaron a Egipto dexando la tierra de Judea hierma, y allá fueron perseguidos y oprimidos de los caldeos, y los que llamavan mentiroso al profeta, creyéndose más a sí que a él, hizieron hoyo en que cayeron. Es de Jeremías, capítulo cuarenta y dos y cuarenta y tres. Antes desto, en el capítulo treinta y siete, escrive el mismo profeta Jeremías de sí que, estando cercada la ciudad de Jerusalem de los caldeos, salió él della, y iva a tierra de Benjamín a negocios que le importavan, y las guardas juzgaron temerariamente dél que se passava al enemigo, por lo cual se vido en grande aprieto.
[11] Los dos viejos que acusaron a Susana, convencidos de falsedad, fueron apedreados, y ella, después de sentenciada a muerte, quedó libre. Es de Daniel, capítulo treze. Y tema de aquí cualquiera que condenare a otro por vanas sospechas, que del Justo Juez, que es Dios, a quien nada puede esconder- se, | será condenado a la misma pena que el acusado por él, si la acusación fuera verdadera.
[12] Arguyó el Hijo de Dios, Jesucristo, Nuestro Señor, una vez la malicia de los pérfidos judíos en juzgar, diziéndoles, como parece en el capítulo siete de San Lucas:

-Vino el Baptista San Juan -dize-, sin comer pan ni bever vino, y dixistes dél que tenía demonio. Vino el Hijo del Hombre, y porque come y beve dezís dél: «Veis aquí un hombre comilón y bevedor, amigo de publicanos y pecadores».

Semejantes a éstos son los que de todo sienten mal y todo cuanto veen lo condenan por vicio: al humilde llaman hipócrita, al senzillo y sin malicia, metecapto, al que ayuna mucho, frenético, al que no ayuna tanto, guloso, al que reprehende lo malo, dizen que es áspero y desabrido, si calla y se está en su paz, floxo y perezoso. No se haze cosa buena que no la calumnien con sus falsos juizios. Y de los semejantes dize David, en el Salmo treinta: «Avergüéncense los impíos, y sean trabucados en el Infierno. Queden mudos los labios engañosos, los cuales hablan contra el justo maliciosamente, con sobervia y engaño».
[13] El mismo Salvador Jesucristo convenció de falso juizio a Simón Fariseo, teniéndole combidado a su mesa, porque juzgó dél que no era profeta viéndole que se dexava tocar de una muger pecadora. Mas el misericordioso Señor, queriendo quitar de semejante error a su huésped, a él le arguyó de los pensamientos secretos del coraçón, publicándolos, y a la muger perdonó sus pecados diziéndolo públicamente, con que provó no sólo que era profeta, sino también que era Dios, y adelantó la pecadora a él por sus exercicios humildes y por las señales /(207v)/ de amor, y por los argumentos y bastantes pruevas de su fe. Tema el pecador de acusar a otro, porque acusándole, él es visto ser culpado, sino imite a la Magdalena, pecadora, humillándose, para que siendo reprehendido de otros, sea defendido del Señor. La conversión de la Magdalena escrive San Lucas, capítulo siete.
[14] Viendo los discípulos, estando en un navío de noche, que andava Je- sucristo | sobre las aguas del mar, juzgaron que era fantasma, y con temor dieron bozes. Y dízelo San Mateo, capítulo catorze.
[15] El día de Pentecostés, como los Apóstoles hablavan en diversas lenguas, los judíos juzgaron temerariamente dellos diziendo que estavan ebrios. Es del Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo segundo.
Lo dicho se coligió de la Escritura Sagrada. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Tomó un demonio permitiéndolo Dios la figura de Silvano, obispo nazaretense, y entró de noche en el aposento de cierta matrona, y dio muestra de le querer hazer fuerça. La honesta muger dio bozes, y llamó gente de su casa. Él fingió quererse esconder debaxo de la cama, mas, visto de la familia, dándole mucho açote y palo, y diziéndole palabras afrentosas, le echaron de casa. El día siguiente fue público el caso en toda la ciudad, y el inocente Silvano, para librarse de afrenta y muerte se fue cerca de Betleem, a donde llegó gente con intento de matarle, y algunos que quisieron herirle con espadas, unos a otros se hirieron y dellos murieron muchos. Después desto, como una muger endemoniada fuesse llevada al sepulcro de San Hierónimo para ser libre de aquel adversario, estando mucha gente junta se apareció San Hierónimo, y mandó el demonio que saliesse della y que declarasse el engaño que avía levantado contra Silvano, acerca de los nazaretanos. La muger quedó sana, y estando allí el obispo Silvano, apareció junto a él compuesto de demonio y declaró el modo que tuvo en disfamarle, y con esto desapareció, y, divulgándose el | milagro, cessó la infamia del siervo de Dios, Silvano. Y podemos sacar deste exemplo que si oyéremos dezir de alguna persona de vida aprobada y santa cosas indignas de su buen crédito y opinión, no luego nos arroguemos a creerlas, que pueden ser imposturas y enredos del demonio. Refiere el caso San Augustín, en la Epístola dozientas y seis.
[2] Oyendo dezir cierto ermitaño de San Basilio, obispo de Cesárea, que era grande santo, fue a verle y hallóle que por ser día de fiesta estava en su silla, assentado con grande aparato y magestad, con ornamentos ricos y preciosos, y mucha gente que le respectava y servía. Él juzgó temerariamente, no que era devido a su estado, sino que se gloriava y le era deleite grande. Estando dando y tomando en este juizio, oyó una boz de lo alto, que dixo:

-Mucho mayor deleite y contento recibes tú con un gato que tienes en tu celda, que Basilio con toda aquella magestad y aparato.



Otro monge, llamado Efrén, viéndole de la misma forma y aviendo tenido antes en sueños una revelación de cierta columna de fuego que del suelo subía hasta el Cielo, y le fue declarado que era San Basilio, él dixo que coluna era, mas de /(208r)/ sobervia y presumción, y no de encendida caridad. El santo, teniendo oráculo del Cielo, le habló y declaró su juizio, que era temerario, porque ni se preciava de presumtuoso ni dava lugar a la sobervia. Con esto, el monge Efrén quedó suspenso, viendo que le entendía sus pensamientos. Derribóse en tierra y reconoció su culpa, confessando que Dios morava en aquel hombre, pues le revelava lo que él tenía secreto en su coraçón. Es de Marulo, libro cuarto.
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