De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[3] Bricio, obispo de Tours, dando a labar su ropa a cierta muger religiosa, más en el nombre que en los hechos, sucedió que se hizo preñada, y atribuyóse el caso a Bricio. Mas habló él delante de mucha gente con el niño, que aún no tenía edad de dos meses, y preguntóle si era él su padre. El niño respondió que no. Los calumniadores atribuyeron esto a arte mágica y dávanle por culpado. Tomó él brasas y púsolas en el seno, y passeó la ciudad, diziendo que assí como su vestido no se quemava con la lumbre, assí él era libre del fuego de sensualidad. Todavía le calumniavan, y vino el negocio a que le echaron de su silla y pusieron otro en su lugar. Mas bolviendo Dios por su honra, quiso que aquél y otro que le sucedió muriessen presto, y San Bricio, por orden del Sumo Pontífice de Roma, fue buelto a su silla y dignidad, porque no pareciesse que podía más la sospecha obstinada de los malos, que los manifiestos milagros del justo. Es de Gregorio Turonense, en el Catálogo de los Obispos, múmero treinta y uno.
[4] Bonifacio, ciudadano romano, cometió vicio deshonesto con Aglaes, muger rica y principal en Roma. Ambos, favorecidos de Dios, cayeron en | la cuenta del mal que avían hecho, y para alcançar dél perdón, junto con el dolor y contrición que dél tuvieron, dieron orden en hazer alguna buena obra satisfatoria. Y para esto, entendiendo que la persecución que avían levantado los emperadores Diocleciano y Maximiano, que a la sazón tenían el govierno del Imperio, andava en la provincia de Cilicia, que es en la Asia Menor, muy rigurosa, y se martirizavan cada día cristianos, acordaron que Bonifacio fuesse allá y truxesse algún cuerpo de aquellos mártires, por cuya intercessión ellos alcançassen perdón de sus pecados. Hízose assí; llegó Bonifacio a Tarso, ciudad principal de aquella provincia, dixo a los que ivan con él que fuessen a buscar posada, que él iva a ver la plaça donde los cristianos eran martirizados. Llegando a ella, vido a uno colgado de los pies y puesto fuego debaxo de su cabeça. A otro vido estirado por los pies y manos de cuatro maderos, en tormento crudelíssimo. A otro, desgarrado con uñas de hierro. A otro, medio asserrado. A otro, cortadas las manos. A otro, puesto en un assador o madero agudo, que le atravessava parte del cuerpo y le tenía levantado de tierra. Vido crueldades terribles y estrañas, con que los cristianos eran atormentados. Vínole un desseo grandíssimo de padecer por Jesucristo semejantes tormentos, començó a dar bozes y dezir:

-Grande es el Dios de los cristianos, bien merece que por Él se padezcan tales martirios. Dichosos y Bienaventurados los que los padecen.

Esto dixo, y con mucha devoción corrió a los mártires. Besávales sus llagas, limpiávales el sudor de sus /(208v)/ rostros, untava con su sangre sus ojos. Dezíales con boz ferborosa:

-Pelead, benditos mártires, y venced al demonio y perseverad, que el trabajo passará presto y vuestro descanso y gloria durará para siempre. Tiempo vendrá en que veréis atormentar en el Infierno a los que aora os atormentan.

Vino esto a noticia de Simplicio Juez, por cuyo mandato se hazían aquellas crueldades. Mandóle prender y traer delante de sí. Traído, díxole:

-¿Quién eres tú?

-Soy -dize- cristiano.

-Basta esso -dixo el juez.

Mandóle desnudar y colgar de los braços, y arañar su cuerpo con garfios de hierro, hasta que se le parecían los huessos. Mandóle poner unas cañas agudas por entre las uñas de los dedos y carne. Levantava el santo mártir los ojos al Cielo, sufriendo alegremente estos tormentos. Mandóle el juez tender en el suelo, y abierta la boca, derramar en ella plomo derretido. Ni contento con esto, mandó que en una grande olla de pez hirviendo le metiessen la cabeça. Este tormento no le hizo daño alguno, y assí le mandó el juez degollar. Los que ivan con Bonifacio andávanle a buscar el día siguiente, y no hallándole, juzgavan temerariamente dél, diziendo:

-Este hombre, con otra Aglaes deve averse encontrado, y estará adulterando con ella, si ya no está hartándose de vino en alguna taberna.

Vieron unos oficiales de justicia, preguntáronles si les sabrían dezir de un hombre estrangero rezién venido de Roma, gruesso de cuerpo, crespo de cabello y vestido de grana. Respondiéronles:

-Ésse que buscáis, oy le han degollado porque confessó ser cristiano.

-No tanto como esso -dixeron ellos-. Bien ageno de ser | mártir estava el que estava adúltero y muy amigo de vino.

-Venid -dizen los oficiales- y veréis su cuerpo.



Fueron a la plaça y viéronle degollado, con grande espanto dellos. Pidiéronle para llevarle a Roma, su tierra, y diéronsele por precio de quinientos sueldos. Ungiéronle en ungüentos aromáticos, y embuelto en los paños preciosos que traían para llevar algún cuerpo de mártir por que venían, y puesto en unas andas bolvieron a Roma, su patria, magnificando al Señor que haze tales maravillas. Apareció un ángel a Aglaes y refirióle lo sucedido a Bonifacio. Ella salió a recebir el santo cuerpo con mucha devoción, y edificóle una iglesia, donde le sepultó. Dízelo Simeón Metafraste.
[5] Teodora Alexandrina cometió adulterio inducida por una mala vieja, y para hazer penitencia deste pecado, tornando traje de varón, entró en un monasterio, donde recibió el hábito y vivió algún tiempo santamente. Sucedió que, embiándola su abad con unos camellos para traer provisión de la ciudad al monasterio, tomándole la noche en el camino, aposentóse en un otro monasterio en la hospedería, en el cual, hallándose una donzella, parienta de algunos de los monges que residían en él, instigada ésta por el demonio, con intento malo y deshonesto se fue a Teodora, pensando que era varón, y persuadíale se levantasse del suelo, donde dormía junto a sus camellos, y se fuesse con ella a su aposento y se acostasse con ella. La santa la echó de sí avergonçada, mas ella, con la grande tentación que padecía, se fue a un hombre estrangero que era huésped también allí aquella noche, /(209r)/ el cual no la desechó, sino que cumplió su desseo, de manera que ella quedó preñada, y, descubriéndose a su tiempo la maldad, echó fama aver sido participante en ella Teodoro Monge. Vino el parto y parió un hijo, el cual por los monges, sus parientes, fue llevado al monasterio donde Teodora estava, y formando a su abad grandes quexas dél, dexándole el infante recién nacido, se fueron. Y aunque la opinión que allí tenía de santa era grande, vista por el abad y monges que callava y no lo negava, a ella y al niño echaron del monasterio. La santa sufrió esta tentación con grande paciencia y tomando a cargo la criança del niño, pidiendo por amor de Dios a los pastores que guardavan por allí cerca ganados, leche y lana, dio al niño sustento y le hizo vestidos. Ella comía hiervas crudas, y desta manera passó siete años sin que de su boca se oyesse palabra en su defensa, ni quexándose de quien le avía levantado semejante testimonio. Aunque sus ojos siempre eran vistos hechos fuentes, pidiendo a Dios perdón de su pecado, del cual dezía ser aquél justo castigo. En este tiempo, su rostro, por no tener defensa contra los ardores del sol, se tornó como de etíope negro, las uñas le crecieron y eran semejantes a las de fiera salvaje, a quien también parecía en todo su cuerpo cubierto de cerdas. Ni por esto el demonio dexava de le molestar y hazer guerra, mostrávasele acompañado de bestias fieras, y otras vezes de exércitos de gentes armadas, acometiéndola y lastimándola, dexándola con muchas heridas y llagas, tal como muerta. Tanto que los pastores que por allí cerca andavan, creyendo una vez que lo estava, fueron a dar aviso al monasterio para que le diessen sepultura, aunque tornando a ella la vieron puesta en oración, de que se maravillaron mucho y bolvieron a dezir al abad como estava viva. El cual, juntando a sus monges y conferiendo con ellos la larga penitencia de Teodora, su grande aflición y muchas lágri- mas, | junto con su perseverancia en no apartarse del monasterio, sin ser admitida dentro, trataron de tornarla a él, como se hizo, y el abad mandó que estuviesse dentro de una celda sin que saliesse della, si no fue una vez, que estando vacías las cisternas de agua y padeciéndose en el convento necessidad grande della, mandó el abad a Teodora que provasse a sacar agua de una dellas. Y aunque a todos los monges era manifiesto estar la cisterna sin agua, ella la sacó, y en adelante aquélla y todas las demás se vieron llenas de agua. Después desto, Teodora, estando dentro de su celda y el niño con ella, aviéndole dado algunos santos documentos, acabó la vida. Y el niño, viéndola muerta, llorava amargamente y dava bozes. Tuvo a este tiempo el abad una revelación en que le fue declarado todo el caso de Teodora y parte de la gloria con que Dios la avía decorado. Fue con algunos monges a la celda, y vieron muerta a Teodora, y entendieron que era muger, con admiración grande, assí de los monges de aquel monasterio, como del otro, donde estavan los que la avían juzgado temerariamente, alabando todos a Dios por lo que avía padecido aquella sierva suya. Es de Simeón Metafraste.
[6] Cassio, obispo narniense en Italia, era muy vergonçosso y con facilidad se tornava su rostro como un carmesí. Vídole Totila, rey de los godos, algunas vezes, y juzgó dél temerariamente que se tomava del vino y que era esto causa del color de su rostro. Bolvió Dios por la honra de su siervo y apoderóse el demonio de un hombre principal del exército del rey. Hazía grandes visajes y amenazava mucho mal a todos los que se hallavan cerca dél. Fue llevado en presencia del rey Totila, donde estava el obispo Cassio, delante de quien se mostró manso y quieto, y por su oración, haziendo sobre él la Señal de la Cruz, fue sano, saliendo dél el demonio. De donde vino que el bárbaro rey desde aquel día estimó en su coraçón al que antes menospreciava /(209v)/ por la vista. Dízelo San Gregorio, libro tercero de sus Diálogos, capítulo sexto.
[7] Eleuterio Abad, en el monasterio de San Marcos, de la ciudad de Espoleto, en Italia, yendo camino fue hospedado una noche en cierto monasterio de monjas de Santa Aída, las cuales le rogaron que en su aposento, que era en la hospedería, quedasse un niño que servía al convento y de noche era atormentado del demonio. Túvole consigo Eleuterio, y a la mañana, preguntándole las monjas si avía sentido alguna molestia del demonio, dixo que no, y que toda la noche avía estado reposando. Oído por ellas, rogáronle muy encarecidamente que le llevasse a su monasterio y le tuviesse consigo, pues allí el demonio le dexaría. Concedió con ellas y túvole en el convento algunos días, sin que sucediesse lo que dél le avían dicho. Un día, estando presentes monges y el moço delante, refirióles lo que con él le avía sucedido, y añadió:

-Paréceme que el diablo se quería burlar con aquellas hermanas, mas después que vino a esta casa y está entre siervos de Dios, no osa tocarle.

Por este juizio temerario que tuvo de aquellas monjas, creyendo dellas que era gente imperfecta, permitió Dios que el demonio se apoderasse del moço allí de repente y le atormentasse en presencia de todos cruelmente. Hallóse Eleuterio confuso y culpado. Derribóse el venerable viejo en tierra, derramando muchas lágrimas, confessando su culpa. Y, queriéndole consolar sus monges, dixo en boz alta y vehemente:

-Creedme, hijos, que ninguno de vosotros gustará oy pan, hasta que el demonio dexe de atormentar este moço.

Visto por ellos, que no les iva menos que la comida, pusiéronse en oración, y perseverando en ella el demonio salió del moço y le dexó libre, sin que más le atormentasse. Lo dicho es de San Gregorio, libro tercero de sus Diálogos , capítulo treinta y tres.
[8] Cayó enfermo un ermitaño viejo | y muy santo varón. Llevóle a su casa cierta muger devota para curarle, y como la enfermedad se prolongasse y la caridad de la muger no se acabasse, gente válida echava juizio que avía allí mal. Vino a morir el ermitaño, y cercano a la muerte, estando presentes algunos de los que avían tenido aquel mal juizio, dixo:

-De mí y desta sierva de Dios se ha juzgado mal. Yo ruego a los que aquí estáis que sobre mi sepultura pongáis este báculo mío, y si no se hiziere árbol y llevare flor y fruto, creed de mí lo que quisiéredes.

Murió y sepultáronle en un cemiterio fuera de la iglesia. Pusieron el báculo, y otro día fue visto árbol, y a su tiempo llevó flor y fruto. Es del Promptuario de exemplos.
[9] Moisés, abad en el desierto escitiótico, siendo llamado para que sentenciasse a un monge que avía cometido cierto delito, vino con un costal de arena sobre sus hombros, y preguntado qué era a quello, respondió:

-Son mis pecados, que con dificultad puedo llevarlos. ¿Cómo juzgaré los agenos?

Fue esto ocasión para que el monge quedasse sin castigo, y sería la culpa liviana, aunque no es bien estrañarse todos de castigar a los que pecan. Juezes ha de aver, mas deven siempre en lo que toca a rigor y severidad acordarse que son hombres sujetos a caer. Es del De Vitis Patrum.
[10] Vidal, monge de Alexandría, acostumbrava entrar en las casas de las mugeres públicas, y aun de noche se quedava allí algunas vezes. Su intento era, dándoles lo que ellas podían ganar con sus malos tratos, entretenerlas predicándolas, y cuando se cansavan ellas de oírle y él de hablar, poníase de rodillas en un rincón y hazía oración con tantas lágrimas y solloços, que era ocasión para que se convirtiessen algunas, y escusava no pocos pecados. Vídole un día salir de allí otro monge, y mostrándose muy celoso del hábito de religión, diole una bofetada, juzgando mal dél. Y de que el juizio fuesse malo, por hazer esto Vidal con impulso del Cielo, y si lo hiziera otro sin él pecara por po- nerse /(210r)/ a manifiesto peligro de caer en tal ocasión, vídose en que se apoderó el demonio, y le atormentó malamente, hasta que el mimsmo Vidal hizo oración por él, que fue sano. Ni faltó otro celoso indiscreto que fue a acusar al mismo Vidal al arçobispo de Alexandría, Juan, santo y discreto varón. Él oyó la acusación, y informóse de otros que conocían a Vidal qué hombre era. Y como le respondiessen que varón santo, echó de allí con mal al acusador, diziendo que se le avría antojado y que era mentira. Bolvieron otros a lo mismo, y el Patriarca, por estar enterado que era siervo de Dios, aun no quiso desassosegarle con llamarle y traerle a juizio, sino hizo información de aquellas mugeres perdidas, y ellas todas dixeron grandes bienes de Vidal, y la ocasión a que entrava, y cómo tenía oración con lágrimas porque Dios las perdonasse y convirtiesse, y ya público el negocio, cessó la murmuración y juizio contra el monge Vidal. El mismo arçobispo Juan, oyendo a unos clérigos que juzgavan por digno de muerte a cierto moço que hizo fuerça a una muger, él los reprehendió ásperamente, diziendo:

-Hazéis mal en lo que juzgáis, pues es possible que ya esté corregido y enmendado el que cometió semejante delito, y vosotros de presente pecáis en juzgar dél temerariamente.

Lo dicho es del De Vitis Patrum, y refiérelo Marulo.
[11] En tiempo del mismo Patriarca de Alexandría Juan aquí nombrado, y fue el Elemosinario, un moge moço iva camino, y llevava en su compañía una muger de poca edad y de mucha hermosura. Y visto que entró con ella en una iglesia de la misma ciudad, fueron luego celosos indiscretos al Patriarca, y dándole cuenta de lo que avían visto y encareciendo el mal exemplo que dava el monge en traer consigo aquella muger de pueblo en pueblo, como su rufián, y que ni en la ciudad la perdía de vista, con ella andava y en un mesón se aposentava con ella, en afrenta y vilipendio del hábito de monge; y porque en tal sazón | no tenían otro superior para castigar y corregir en delictos graves los semejantes, sino los obispos, visto que eran muchos los que esto afirmavan y creyendo que los tráia zelo santo, mandó prender a los dos, y que para principio de castigo los diessen buenos açotes, assí al monge como a la muger, y los pusiessen en una cárcel apartados. Hízose assí, y al monge cargaron bien la mano, dexándole su cuerpo hecho un jaspe. Aquella noche aparecióse en sueños el monge al Patriarca y mostróle sus heridas de las espaldas, y con un sonriso le dixo:

-¿Agrádate ver esto, señor? Pues cree que esta vez como hombre te has engañado y juzgado temerariamente.

Venido el día, mandó el Patriarca que le truxessen allí el monge, y aunque antes no le avía visto, porque sin traerle a su presencia le avía mandado açotar, mas aora visto, conocióle luego por el sueño que tuvo, y estando delante dél, dize:

-Quiero ver tus heridas, si están de la manera que esta noche se me representaron.

Desnudáronle el hábito, y por Divina Providencia se le cayó en el suelo la túnica, quedando descubierto su cuerpo enteramente, por donde se vido que era eunuco. Quedó de ver esto el Patriarca confuso. Tomó ira santa con los acusadores, suspendiéndolos de sus oficios y privándolos de la Comunción por algún tiempo. Pidió humilmente al monge le perdonassse, porque si pecó contra él fue por ignorancia, aunque le parecía que avía dado ocasión a lo que con él se hizo, porque siendo moço con hábito de monge truxesse consigo sin otra compañía una muger moça y hermosa, siendo ocasión de escándalo a muchos.

-Bendito sea el Señor -dixo el monge-, y Él sabe que digo verdad, que aviendo residido algunos días en la ciudad de Gaza, yendo un día a hazer oración a la iglesia de los Santos Mártires Ciro y Juan por partes de tarde, esta donzella se llegó a mí y derribóse a mis pies, rogándome afectuosamente que la llevasse comigo, porque era judía y quería ser cristiana. Yo, temiendo el juizio de Dios, que dize que no despreciemos a los pequeñuelos, /(210v)/ admitíla en mi compañía y concedí con su ruego, confiado en que por la falta que ay en mí de varón, ninguna ocasión de mal podía aver entre los dos. Hízela catequizar en aquella iglesia, y instruida en los misterios de nuestra Fe santa baptizáronla, y llevávala dándole el sustento de lo que a mí me dan en limosna gente pidadosa, hasta hallar un monasterio de vírgines santas, donde la dexé, y ella quedó segura y con remedio.

Mucho más se admiró desto el Patriarca, y dixo:

-Ciertamente no pocos siervos fieles tiene Dios que son ocultos a los ojos de los hombres.

Dava al monge cien monedas de plata, y no quiso recebirlas, diziendo:

-Si el monge pone su confiança en Dios, ninguna necessidad tiene de dinero y poco deve amarlo, mas si le ama y procura, falto está de confiança.

Es de Simeón Metafraste, en la Vida del mismo San Juan Elemosinario, y refiérela Surio, tomo primero.
[12] Daniel, monge en Egipto, fue a instancia de un labrador a su casa para bendezir a su muger y rogar a Dios por ella que pariesse. Y aviendo hecho esta ida, y tenido oración sobre el caso, la muger concibió y parió. Algunos maliciosos atribuían el hijo al monge. Sabido por él, luego que nació el niño vino a su casa y preguntóle en presencia de mucha gente si era él su padre, y respondió que no, y señaló al que con verdad lo era. Refiérelo Marulo, libro cuarto.
[13] Goar Sacerdote, natural de Aquitania, en Francia, fue a vivir a una tierra llamada Trigoria, cerca del río Rhin, en la diócesi de Treveris, donde en una iglesia de San Juan Bautista hazía vida santíssima y obras miraculosas, predicava, hospedava peregrinos y tenía larga oración. Tuvo dél envidia el demonio y començó a perseguirle por medio de dos criados de Rústico, que a la sazón era obispo en Treveris. Éstos hizieron mucho caso de que comía antes de tiempo con los peregrinos que hospedava en su casa, y sacaron de aquí que si los milagros que hazía | fueran verdaderos, que devía no comer en muchos días, como era costumbre de algunos ermitaños que hazían semejantes maravillas, y inferían que, pues él comía, y tan temprano, las hechas por él eran hechizerías y arte mágica. Fueron con este juizio temerario al obispo, y añadieron que era estrangero y que devía ser de secreto herege que venía a enseñar falsa doctrina, que a él pertenecía remediarlo, pues era en su distrito, que le llamasse y se informasse de la verdad. Oído por el obispo, creyéndose de ligero, mandó a los mismos calumniadores, los cuales se llamavan Aduluvino y Albruvino, que fuessen por él y se le truxessen allí. Hiziéronlo assí, notificáronle el mandato, holgó de oírlo, y por ser tarde hospedólos en su casa aquella noche. Y otro día Goar rezó sus horas, dixo Missa, y mandó a un criado suyo que adereçasse de comer para sus huéspedes y él, y ponerse luego en camino. Como oyeron ellos esto, descubrieron su ponçoña, y con bozes sobervias le dixeron:

-No das muestra que es tu vida buena como se publica, pues quebrantas el tiempo legítimo según la costumbre santa y piadosa, y nosotros no queremos convenir contigo en hartar nuestros estómagos de comida, siendo tan de mañana.

Llegó a él a esta sazón un moço, que le dixo como estava cierto peregrino a la puerta. Holgó de oírlo, hízole entrar y assentóse con él a comer. Los calumniadores, viendo esto, pareciéndoles un grave delito, subieron en sus bestias para bolver al obispo y darle cuenta de todo. El siervo de Dios Goar les dixo que, pues no querían comer allí, llevassen algo para el camino, y assí les proveyó sus alforjas. Ellos se fueron, y el siervo de Dios les iva siguiendo. Viniendo el medio día, sintiéronse los calumniadores muy necessitados de hambre, y mucho más de sed, queriendo Dios con esto castigar su maldad. Habló el uno con el otro, diziendo que si presto no hallava agua, perecería de sed. Sabían que estava cerca un arroyo, guiaron a él con intento de refrescarse, y comer lo que /(211r)/ Goar les avía dado. Mas, por orden del Cielo, el arroyo desapareció de su presencia. Abrieron las alforjas para sacar el manjar y no le hallaron. Con esto desfallecieron, y Albruvino cayó del cavallo como muerto y Aduluvino esperó que llegasse Goar, y llegado, rogóle afectuosamente que se doliesse dellos y remediasse su necessidad y trabajo. Él le dixo:

-Acuérdate, hijo, que Dios es caridad, y quien la tiene tiene a Dios. Por esto os ofrecí esta mañana que comiéssedes, y no devíades reusarlo, siendo oficio de caridad.

A este tiempo vieron venir a ellos tres ciervas de estraña grandeza. Invocó el siervo de Dios Goar el fabor de la Santíssima Trinidad y mandó a las ciervas que se detuviessen, y obedeciéndole, tomó Goar un vasso, y ordeñólas, dexándolas luego ir, y con la leche bañó los rostros de aquellos dos sus enemigos, y con esto Albruvino tornó en su sentido. Mandólos bolver al arroyo y hallaron agua en él, y de la misma manera en sus alforjas pareció la comida, con que, comiendo y beviendo, tomaron esfuerço y pudieron llegar a la ciudad de Treveris, donde dieron cuenta al obispo sus dos criados de lo sucedido. El cual, en lugar de dar gracias a Dios y estimar en mucho a su siervo, dixo a los que presentes estavan:

-En esto entiendo que es mago y hechizero este hombre, porque no puedo yo creer que aya virtud en quien tan de mañana harta su estómago de comida y bevida, como sea verdad que los santos antiguos, por ayunos y abstinencias, y con limosnas agradaron a Dios.

En tanto que passava esto, Goar entró en la iglesia donde estava Rústico, el obispo, con sus clérigos. Miró a una y otra parte y vido que, siendo hora de ponerse el Sol, entrava un rayo dél al soslayo y dava en un rincón. Parecióle que era madero que estava allí, y viniendo caluroso, quitóse el manteo y fuese a poner sobre él, y el rayo del Sol le sostuvo, estándolo mirando el obispo con todos sus clérigos, lo cual también fue por él atri- buido | a arte mágica. Y aviendo hecho oración, mandóle llamar y pidióle que diesse razón de sí, y cómo no aviendo en él muestra de santidad, siendo glotón, hazía que las ciervas diessen leche y el rayo del Sol sustentasse su capa, que esto era prueva de ser mago y hechizero. Respondió Goar que nunca avía usado arte mágica ni la sabía, y que si sacó leche de las ciervas, la caridad le movió a ello, por no dexar morir aquellos dos hombres. Y si puso sobre el rayo del Sol su capa, él le tuvo por madero. Y lo que dezía dél, que comía por la mañana, Dios, que es justo juez y que escudriña los coraçones y sabe los secretos dellos, juzgasse si era por gula o por algún otro vicio, sino por usar caridad con los próximos. Estando en estas razones llegó un ministro de la Iglesia, llamado Leobigio, con un niño nacido de tres días que acabava de hallar en la concha, que era una piedra donde se ponían niños expósitos, y el obispo dava orden como algún hombre rico se cargasse dellos y los criasse; pues, como viesse este Rústico, el obispo, dixo a los presentes:

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