De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-Aora podemos provar si las obras sobrenaturales que Goar haze son de Dios o del demonio, con que haga a este niño de tres días nacido que manifieste los nombres de sus padres, y no haziéndolo, será indicio que no es inocente y sin culpa, sino hechizero, y como tal llevará la pena.

Afligióse dello. Dixo que era aquella obra de varones santos y no dél, que se tenía por grande pecador. Y cuanto más se escusava, insistía el obispo en que avía de hazer lo que le mandava, y assí, el siervo de Dios, por obedecerle, púsose en oración, y levantadas las manos pidió a Dios le faboreciesse en semejante necessidad. Llegó al niño y preguntó al que le avía traído qué días podría tener, y respondió que tres. Replicó Goar:

-Pues yo invoco la Santíssima Trinidad, y en su nombre te mando que declares aquí los nombres de los padres que te engendraron.

El niño, en boz clara y que todos lo entendieron, estendió la mano, y seña- lando /(211v)/ al obispo, dixo:

-Mi padre es este obispo Rústico, y mi madre se llama Flavia.

Desta manera, por justo juizio de Dios, pretendiendo calumniar las obras públicas, que eran santas de Goar, las cuales devía tener y estimar en mucho, las suyas, que eran malíssimas y ocultas, se publicaron, y hizo hoyo y armó lazo en que cayó. Es de Vuandelberto Monge Diácono, y refiérela Surio, tomo cuarto.
[14] Santa Brígida, donzella y monja de Hibernia, tuvo noticia que una mala muger disfamava a un santo obispo, diziendo que avía concebido dél. Andava su fama en lenguas del pueblo. Doliéndose dél, dio orden cómo delante de mucha gente aquella muger viniesse con un hijo que avía parido, niño que mamava a sus pechos. La santa preguntó a la muger cúyo era aquel niño. Ella respondió desvergonçadamente que del obispo Broone, que assí se llamava. Hízole la Señal de la Cruz sobre la boca, y luego la lengua se le hinchó, que no pudo más hablar. Preguntó al niño quién era su padre, y respondió, con grande admiración de todos los presentes, que no era aquel obispo, como dezía su madre, sino un vil y desechado hombre, nombrándole. Refiérelo Surio, en la Vida desta santa, tomo primero.
[15] El emperador Otón, cuyo Imperio començó en Alemania, año de novecientos y treinta y ocho, siendo príncipe merecedor del estado que tenía, para negocios tocantes al imperio mandó juntar en Vuormacia a todos los grandes sujetos a su corona, señalándoles día, adonde por ser Venceslao, duque de Bohemia, varón santo, uno de los llamados, vino allí. Y porque el día en que se devían juntar, el capellán que le dezía Missa se detuvo y él no quiso ir sin oírla, fue tarde, estando ya todos los grandes en sus assientos. A los cuales, pareciéndoles que por ambición se avía detenido, concertáronse de no levantarse a él ni darle asiento cuando viniesse, y hablaron al emperador para que sin dar honra al bohemio | le tratasse como a arrogante. Mas al tiempo que llegó a la sala, vido el emperador que venían dos ángeles a sus lados y que le dexaron a la puerta, por lo cual, admirado sobremanera, se levantó de su silla y salió a le recebir algunos passos, y asiéndole de la mano hizo que se assentasse junto con él. Y porque murmuravan desto algunos de los presentes, en boz alta descubrió el caso, y se admiró de que no viessen todos a los ángeles, como él los avía visto. Concluidos los negocios a que se avían juntado los estados, el emperador faboreció mucho a Venceslao y le dixo que pidiesse todo lo que quisiesse, que como César le dava su palabra de se lo conceder. El mismo Otón, y los que estavan presentes, entendieron que pidiera libertades para su señorío de Bohemia, y sólo pidió un braço de San Vito trasladado de Francia en tiempo de Ludovico Pío, en Corveya, ciudad de Saxonia, porque se tenía dél noticia en Bohemia, y todos le eran muy devotos. El emperador, oída la demanda de Venceslao, se sonrió y dixo:

-Yo te concedo las reliquias que pides, y te las embiaré luego que buelva a Saxonia, y quiero que en adelante te llames rey de Bohemia, y te absuelvo del tributo que como feudatario del Imperio estavas obligado a me pagar. Y quiero más, que traigas por armas la águila negra que yo traigo. Es de Juan Dubravio, obispo olomucense, y refiérelo Surio, tomo séptimo.


[16] En el tiempo que servía de Cancelario Santo Tomás, que fue después arçobispo de Canturia, al rey Enrique de Inglaterra, por tenerle el rey en possessión de muy honesto embiávale algunas vezes a una villa, llamada Stafordia, a visitar y proveer a una muger con quien el rey tenía amistad. Cuando iva a verla posava en su misma casa, y estando de ordinario por guarda de la dama un cavallero anciano que tenía allí puesto el rey, éste tomó mala sospecha del Cancelario, por verle de buena edad y gentil disposición. Parecióle que de noche se podía /(212r)/ passar de su aposento al de aquella muger cuando allí quedava. Fue de callada una vez a verlo, entró en el aposento del Cancelario por un lugar secreto, y con una luz encubierta que traía vido su cama sin muestra de averse acostado persona en ella. Afirmóse más en su sospecha, y passando adelante vido al Cancelario, que, de aver estado de rodillas la mayor parte de la noche en oración, de cansado y quebrantado se avía caído dormido en el fuego y estava mal compuesto en él. Quedó espantado, y al que de antes juzgava por deshonesto, aunque temerariamente, ya le tenía por santo. Dízenlo en su Vida Juan Carnotense y Guilielmo Canturiense, Herveto y Alano.
[17] San Francisco castigó a un fraile que le acompañava por un juizio temerario que tuvo conforme a lo que merecía. Vieron venir yendo un camino a un pobre desandrajado. El santo Patriarca se condolió dél, y el fraile dixo:

-Puede ser, padre, que ya que se muestre éste en lo esterior pobre, en los desseos sea rico y codicioso.

-Por tu juizio temerario, dixo el santo, quítate la túnica y dásela.

Dízelo San Buenaventura en su Vida , capítulo octavo.


[18] Bernarde de Quintavalle, del Orden de los Menores, nunca puso los ojos en algún hombre, que no juzgasse que era mejor que él. Si tenía más pobre vestido, dezía, hablando consigo mismo: «Éste mejor es que no tú, o Bernardo, pues sufre mejor y con más paciencia la pobreza». Si estava mejor tratado y vestido ricamente, dezía: «Éste gran ventaja me haze, porque debaxo de aquel vestido precioso es mejor que no yo trayendo este despreciado». Otro fraile, llamado León, vido de los ojos del mismo Bernardo salir dos rayos como dos lucidíssimas estrellas, y con mucha razón, pues nunca se afearon con temerario juizio. Es de San Buenaventura, | en la Vida de San Francisco, capítulo séptimo.
[19] Estando enfermo y cercano a la muerte el Papa Gregorio Sexto, entendió que se murmurava entre los cardenales acerca de su vida. Llamólos a su presencia y reprehendióles de aquel mal juizio que tenían. Dio razón de lo que avía hecho que podía causar escrúpulo, y al fin díxoles que para certificarse de que su juizio era malo y sus obras buenas, siendo muerto pusiessen su cuerpo delante de las Puertas de San Pedro teniéndolas bien cerradas, y que si ellas por sí mismas se abriessen, entendiessen que él dezía verdad y ellos se engañavan, y no abriéndose, que era lo contrario. Hízose assí, el cuerpo fue allí puesto estando bien cerradas las puertas, y vino un grande torvellino que las abrió de improviso, con grande admiración de los presentes, porque sin saber cómo hallaron el cuerpo de Gregorio dentro del templo en testimonio de su inocencia, en la cual confiado se atrevió a hazer semejante concierto. Lo dicho es de Fulgoso, libro tercero, capítulo séptimo.
[20] Predicando en la ciudad de Padua San Antonio, revelóle Dios que su padre en Lisboa estava en peligro de muerte, por un homicidio que falsamente le acusavan. El santo pidió licencia a su guardián, y llevado por un ángel en una noche, llegó de Padua a Lisboa, habló a su padre y a los juezes, hizo que truxessen allí el muerto, y el santo, delante de mucha gente, le preguntó si le avía muerto su padre. Y respondió que no, antes falsamente le atribuían a él averle muerto, por lo cual le dieron por libre. Y aviendo estado con él toda una noche y averiguado esto, se bolvió otro día como vino a Padua. Refiérelo en su Vida, Surio, tomo tercero.

EXEMPLOS ESTRANGEROS



[1] El magno Pompeyo, teniendo lastimada una pierna ligósela con un | pañizuelo, y porque en su tiempo las coronas de los reyes eran unas ben- das /(212v)/ de lienço con que se davan una buelta en la cabeça, no faltó quien dixo que pretendía hazerse rey de Roma, y que poco hazía al caso traer la corona en la cabeça o en la pierna. Y si no tornara por él y le defendiera Sila Dictador se viera en manifiesto peligro. Dízelo Alexandre de Alexandro, libro primero, capítulo veinte y seis.
[2] Cina, también romano, porque en tiempo de hambre proveyó de pan a Roma, hallándose con cantidad de trigo y dándolo a unos por baxo precio y a otros gracioso, huvo quien dixo que pretendía de aquella manera ser rey, y por ser este nombre aborrecible a los romanos, con furor del pueblo fueron a su casa y le mataron. Dízelo Plutarco en los Paralelos.
[3] Como tuviesse Pitágoras en su escuela grande número de dicípulos, los crotoniates falsamente juzgaron dél que se quería levantar con el reino. Por lo cual, juntándose todos con mano armada, fueron a su general y estudio y mataron a muchos, asolándoles y poniéndoles por tierra. Libróse Pitágoras deste acometimiento con cuatrocientos dicípulos, y huyendo por un campo llamado «de las habas», fue seguido y alcançado y crudamente muerto, no librándose sino cual o cual de sus dicípulos, y entre ellos fue uno Arquitas Tarentino, y otro Lisis. Dízelo Laercio, libro octavo.
[4] Zeuzis, famoso y valiente pintor, hizo una figura con grande primor y arte | de Helena, y cuando la tuvo acabada no admitía a verla sino a quien le dava algunos dineros, y dávanselos muchos por ver un milagro de pintura en aquella obra. Y porque le era ganancia aquella pintura de Helena, los Heracleontes griegos de aquella edad llamavan a Helena muger cuestuaria o pública. Dízelo Eliano, libro 4.
[5] Advierte Plutarco de los antiguos romanos que tenían costumbre de traer los magistrados y justicias delante de sí manojos de varas delgadas con que castigavan culpados, siendo la pena ordinaria açotes, mas los açotes y varas traíanlos ligados con cordeles, de manera que para desatarlos avía de passar algún tiempo, y esto era por razón que no se acelerassen y juzgassen temerariamente, sino que a lo menos se detuviessen sin executar la sentencia y mandado el tiempo que era necessario para desatar las varas. Y entre tanto podían advertir y ver si era bien que la sentencia se executasse o se dexasse. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[6] Los critas, en oyendo algún astrólogo o adivino que dezía cosa que estava por venir, poníanlo en memoria, y si salía mentiroso subíanle en un carro y pegávanle fuego. Si esto se usara en España y en Italia y en otras partes, no huviera atrevimiento que ay en echar juizios, que por la mayor parte salen falsos, y si en uno aciertan, en diez mienten, y el acertar, acaso. Dízelo Fulgoso, libro primero.
Fin del Discurso del Juizio Temerario. |
DISCURSO CUARENTA Y UNO. DE JUSTICIA E INJUSTICIA

En el capítulo cuarenta y uno de Ezequiel, dize que vido en el templo pintado un querubín, y tenía dos rostros, uno de hombre y otro de león, y con | el un rostro y el otro mirava una palma. El querubín denota el juez, porque ha de estar bien proveído de sabiduría, ha de tener rostro de hombre con los buenos y virtuosos, y rostro de león con los malos y viciosos, y con el uno y con el otro ha de mirar la palma de la misericordia de Cristo, Nuestro Redemptor, verdadero /(213r)/ Juez de vivos y muertos. Habla el Profeta Isaías, en el capítulo onze de su Profecía, y dize: «Será justicia su ceñidor». El ceñidor ha de andar justo con el cuerpo, assí la justicia ha de ser justa a todo el cuerpo de la República, al pobre y al rico. Guárdense los que administran justicia, no pongan en el ceñidor cosa que le haga apesgar y baxar, y suelen ser tres de ordinario: las llaves, la bolsa y la espada. Las llaves son los favores, los señoríos y el mandar, que hazen a las vezes que baxe de su punto la justicia. La bolsa de las dádivas y presentes, y la espada de las amenazas y temores, todo esto haze que la justicia falte. En este Discurso se verán exemplos de Justicia y de Injusticia.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Injustamente mandava Judas, hijo de Jacob Patriarca, quemar a Tamar, su nuera, por el delicto de que él tenía grande culpa, y advertido del caso, dixo:

-Mas justa es que no soy yo;

y dexóla libre. Es del Génesis , capítulo treinta y ocho.


[2] El amo de Josef Patriarca, creyendo la mentira y testimonio falso de su muger, mandóle injustamente poner en la cárcel, donde estuvo mucho tiempo. Y dízese en el Génesis, capítulo treinta y nueve.
[3] Prendieron los israelitas, al tiempo que se ivan apoderando de la Tierra de Promissión, al rey Adonibezer, el cual confessó que con justo juizio de Dios se le dava a él la pena que avía hecho padecer a setenta reyes, que prendiéndolos les cortó las manos y parte de los pies, y les dava de comer como a perros, echándoles de su mesa lo que a él sobrava. Es del Libro de los Juezes, capítulo primero.
[4] Siendo traído preso delante de Samuel el rey Agag de Amalec, díxole el profeta:

-Assí como tu espada hizo sin hijos a muchas madres, assí tu madre, entre otras mugeres, carecerá de tenerte a ti por hijo.

Y con esto, justamente, por cumplir la voluntad de Dios le dio la muerte. Es del Primero Libro de los Reyes, capítulo quinze.
[5] Injustamente pronunció David sentencia contra Mifiboset, hijo de Jona- tás | ausente, por las palabras que con engaño dixo dél Siba, criado suyo, afirmando que se avía hecho de la parte de su hijo rebelde Absalón, aunque después lo satisfizo preservándole de la muerte, mandando Dios que fuessen muertos algunos del linaje de Saúl por aver muerto él injustamente a ciertos confederados con los hebreos. Y es del Segundo de los Reyes , capítulo diez y seis, y diez y nueve.
[6] Bien sabido es el juizio que hizo Salomón entre dos mugeres meretrizes, que pedía cada una dellas un niño vivo diziendo ser su hijo, dando a la otra otro muerto, afirmando ser suyo. Faltavan testigos para averiguar el caso y no avía por qué se diesse más crédito a la una que a la otra, pues cada una dellas podía dezir verdad y no dezirla, y el trato que tenían era uno mismo. Tomó Salomón el negocio muy de su principio, y considerando que la veradera madre del niño vivo sentiría verle morir, mandó que fuesse dividido por medio y se diesse a cada una su mitad. Oída la sentencia por la que era su madre, dixo:

-No, señor, yo me aparto de la demanda y tengo por bien que el niño se le dé vivo a esta muger;

con que se començó la probança de ser ésta su madre. Y concluyóse con dezir la otra que se hiziesse lo que el rey mandava, y que ni se diesse a una ni a otra. Y assí el rey juzgó con evidencia natural de que ésta no era su madre, pues desseava su muerte, y aquélla lo era, pues le procurava la vida, y assí le mandó dar el niño vivo como a verdadera madre suya. Y el pueblo quedó admirado y alabando la sentencia. Es del Tercero de los Reyes, capítulo tercero.
[7] Grandes fueron los pecados que el rey Acab de Israel y su muger Jezabel cometieron contra Dios, Nuestro Señor. En especial se indignó con ellos porque quitaron la vida a Nabot Jezraelita por codicia de una viña y heredad que tenía. Murió Acab de una saeta en cierta batalla que tuvo en Ramot Galaad, y por su muerte quedó en el reino Ochozías, su hijo. El cual también murió en breve de una caí- da /(213v)/ de los corredores de su casa. Passó el reino a Joram, su hermano. Éste fue contra Ramot Galaad, queriendo vengar la muerte de su padre Acab y ganar la ciudad, que estava en poder del rey de Siria. Y fue herido durando esta guerra, y convínole bolverse a curar a Jezrael, dexando en el campo sus capitanes y gente en frontera contra los enemigos. Estando, pues, un día en su tienda Jehú, que era uno de los principales del exército, y otros con él, entró un hijo de profeta con cierta vasija de óleo, al cual avía instruido el profeta Eliseo de lo que Dios tenía determinado para castigar a la muger, hijo y casa de Acab. El cual, viendo a Jehú, díxole que le quería hablar en secreto. Entróse con él en un apartado de la tienda, y tomando la vasija del óleo, ungióle la cabeça, diziendo:

-Esto dize el Señor, Dios de Israel: «Yo te unxo por rey sobre mi pueblo, y destruirás la casa de Acab, tu señor, y tomaré vengança de la sangre que ha derramado de mis siervos, los profetas, por manos de Jezabel, a la cual comerán perros en Jezrael, y no quedará perro ni gato de aquella casa, todo perecerá, que todo me tiene enojado».

Dicho esto, con toda presteza se fue el hijo de profeta, y Jehú salió, su boca llena de risa, adonde los otros estavan, que le preguntaron:

-¿Qué has avido con aquel loco?

Y dixeron esto porque vino con un traje pobre y despreciado, como andavan los religiosos en aquel tiempo, y verle salir corriendo, ya le tenían por loco. Jehú les refirió todo lo que passava, y como de parte de Dios le avía ungido por rey de Israel. No aguardaron ellos más, sino que doblando sus capas hizieron dellas un trono, y pusieron en él a Jehú, y sonando una trompeta le aclamaron por rey de Israel. El exército lo tuvo por bien, oyendo dezir que era ordenado por Dios. Bolvió a Jezrael con el exército, salió contra él Joram, el enfermo, y fue de nuevo herido por manos de Jehú de una saeta, y muerto. Su cuerpo fue echado, mandándolo assí Jehú, en el campo y viña de Nabot, para que fuesse comido de | perros en castigo del pecado del padre. Y su madre Jezabel, que se puso a una ventana muy compuesta y afeitado su rostro queriendo enamorar a Jehú, fue por su mandado echada della abaxo, y comida de perros. En este viaje fue muerto Ochozías, rey de Judá, que avía venido a visitar a Joram, por estar casado con una su hermana, y assí acabó Jehú de destruir la casa de Acab y cumplir lo que le mandó Dios para castigo y vengança del maldito Acab, y de su casa y descendencia. Lo dicho es del Tercero Libro de los Reyes , capítulo veinte y dos, y del Cuarto , capítulo primero y noveno.
[8] Por sentencia del rey Assuero fue Amán ahorcado en la misma horca que él tenía hecha para Mardoqueo, y fue justo juizio de Dios. Es del Libro de Ester , capítulo octavo y noveno.
[9] El rey Darío, aviendo sacado libre a Daniel del lago de leones en que fue echado, mandó que echassen en él a los que fueron ocasión de aquel daño, y justamente se executó en ellos este mandato, donde, siendo echados, los leones los despedaçaron, que ni perdonaron los huessos. Es de Daniel, capítulo sexto.
[10] Los falsos viejos que sentenciaron injustamente a Susana, justamente fueron ellos sentenciados a la pena del Talión, descargando sobre ellos las piedras que estavan recogidas para Susana. Es del Libro de Daniel, capítulo treze.
[11] Quexáronse los judíos delante del rey Antíoco, de Andrónico, privado suyo que avía muerto injustamente a Onías, sacerdote y santo. Y aunque Antíoco era malo, juzgó bien contra Andrónico, mandándole desnudar el vestido de púrpura que tenía como privado del rey, y matar en el mismo lugar donde él mató a Onías. Y es del Segundo de los Macabeos, capítulo cuarto.
[12] Viéndose el rey Herodes burlado de los Magos, no bolviendo a darle nueva de Cristo a Quien ivan a adorar y ofrecer dones, lo cual él les avía encargado temiendo perder el reino, llamó a sus capita- nes /(214r)/ y gente de guerra, y hablóles, como dize Basilio, obispo de Seleucia, a quien refiere Simeón Metafraste, en esta manera:

-Experimentado he, amigos y vassallos míos, la valentía de vuestros fuertes y denodados coraçones en negocios que han sucedido en mi reino arduos y dificultosos, no dudando de ofrecer vuestras vidas en mi servicio. Sucédeme aora un caso importantíssimo, y que si no se remedia, sin remedio perderé el reino y vosotros a vuestro rey, que os ha hecho siempre mercedes y piensa hazeros otras de nuevo. Si desseáis servirme, aquí lo tengo de ver, y si os preciáis de valientes, aquí ay ocasión de serlo, porque dentro de mi casa se me va ordenando un grave mal. El reino me van minando de secreto para dar con él en tierra. No me acomete ni me haze guerra enemigo público, y al descubierto un mochacho que no tiene dos años cumplidos, me amenaza de quitar la corona y el cetro de Israel. Si tenéis noticia de la ciudad de Betleem, en ella ha nacido y está de presente un infante que no tiene dos años, de quien muchos profetas han dicho que ha de tener el reino que yo tengo, que ha de poner en su cabeça mi corona y tomarme el cetro de mis manos. Yo temo los profetas, porque a él no le he visto. Vinieron los Magos de Oriente publicando que avía nacido y que venían a darle la obediencia y ofrecerle dones. Aquéllos de tan lexos le respetan, yo de tan cerca razón ay para que dél me recele. Encarguéles que, aviéndole hallado, me avisassen para que yo fuesse a verle, y con facilidad me librara deste daño. Burláronme bolviéndose a sus tierras sin verme, porque devieron de entender mi desseo. Témome, deságome, consúmome pensando en el sucesso deste caso, no tengo remedio si no es de vosotros. Quiero y es mi voluntad que vais a Betleem, y assí en aquella ciudad como en toda la provincia y comarca, vuestras espadas desnudas, entréis por las casas. Perdonad a los viejos, no toquéis a los moços, ni muger alguna sea | por vosotros ofendida. Solamente en los niños menores de dos años executad sentencia de muerte. Si sólo uno perdonáis, aquél entended que me ha de quitar el reino. No hagáis caso de las lágrimas de sus madres, buscad en sus senos mi enemigo. Nadie os ha de pedir semejantes muertes, yo os lo mando. Entrad como leones en aquella ciudad, escudriñadla toda, no se os quede alguno escondido y sea él a quien vinieron a honrar los Magos.

Oyendo esto los ministros del rey, avisaron a todo el exército refiriendo las palabras que el rey dixo. Fueron todos a Betleem de corrida, ganándose los passos unos a otros, entraron en la ciudad, començóse la matança, degollavan los crueles carniceros a los mansuetos corderos. Las casas se hundían de los gritos que las afligidas madres davan, las calles se bañavan en sangre, las plaças se llenavan de los cuerpos muertos de los Santos Inocentes. En cada uno dellos desseava Herodes matar a Jesucristo, y cada uno dellos gozó de corona de mártir y goza de Jesucristo. Cuenta esta crueldad de Herodes y muerte de los Inocentes San Mateo, capítulo segundo.
[13] De otro Herodes escrive el Evangelista San Marcos, capítulo sexto, otra crueldad, de una sentencia injusta que dio contra el gran Baptista porque le reprehendía un pecado en que estava de adulterio, escandaloso a todo el pueblo. Primero le prendió y puso en la cárcel, y después, celebrando fiesta de su nacimiento y saliendo a dançar en ella una rapaça, hija de la misma adúltera, prometióle con juramento lo que le pidiesse, y ella, aconsejada de su madre, pidió la cabeça del Baptista. Y assí dio el rey sentencia cruel y sacrílega, que fue muerto aquel santíssimo varón Patriarca, más que Profeta, Sacerdote, Angel, Mártir y Boz de Dios, el gran Baptista, quedando la mesa del convite rociada con su sangre, Herodes, al parecer, triste, los combidados, desabridos, el pueblo, alborotado, sus di- cípulos, /(214v)/ llorosos, y Cristo, muy sentido.
[14] Los escrivas y fariseos fueron inicuos juezes, mostrávanse celosos en que el Sábado se guardasse y juzgavan mal de Cristo porque en tales días hazía milagros, sanando enfermos, que era proprio negocio para tales días. Dezían de Cristo que lançava demonios con poder de Beelcebub, su Príncipe, por no confessar que avía en Él virtud divina. Y diziendo que le verían assentado a la diestra de Dios y baxar en nuves a juzgar a los mortales, afirmavan que dezía | blasfemias. Y al que dio vida a muertos, dezían que era digno de muerte. Acabaron de declarar su inicuo y sacrílego juizio, dando por libre a Barrabás y condenando a Cristo, juzgando que era menos merecedor de vida que él, y salieron con ello, que Barrabás fue libre y Jesucristo, muerto. Cuán execrables son semejantes juizios decláralo Salomón, en el capítulo diez y siete de los Proverbios, diziendo: «El que justifica al impío y el que condena al justo, ambos son abominables delante de Dios».

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