De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



Descargar 5.27 Mb.
Página68/143
Fecha de conversión14.10.2018
Tamaño5.27 Mb.
1   ...   64   65   66   67   68   69   70   71   ...   143
[13] Siendo duque de Borgoña Carlos, hijo de Filipe, vino a él Juan Duns, criado de Juan Constano, y díxole que su amo le avía hecho fuerça para que buscasse veneno con que matar al mismo duque, ofreciéndole si lo hazía un grande tesoro. El duque hizo prender al Constano, y por su confessión fue sentenciado a muerte. Hecho esto, preguntó el duque al Juan Duns si le avía dado el dinero su amo. Dixo que no.

-Y si te lo diera, ¿descubriérasle?

El Juan Duns, considerando el servicio que avía hecho al duque en descubrirle aquella traición, parecióle que nada le podía dañar con él, respondió que no le descubriera. Mandó el duque venir allí un sacerdote y que se confessasse Juan Duns, y luego le hizo degollar. Y fue justo castigo, porque cometió dos homicidios: uno en la voluntad, cuando buscó el veneno para matar al duque, y otro en la boca, cuando acusó a su señor. Dízelo Andreas Eborense, título De justicia.
[14] Murió el rey don Enrique de Castilla y dexó un hijo pequeño en los braços de la ama. Juntáronse los grandes del reino y quisieran dar la corona dél a don Fernando, hermano del muerto y tío del niño, por ser persona de mucho valor, como a la sazón tenía dél necessidad Castilla, estando los moros en Granada casi a la puerta. Truxeron las insignias, y entregándoselas, para que puestas le aclamassen por rey, él entró en un aposento, y tomando al niño en los braços, poniéndole las insignias reales, salió y dixo:

-Señores duques y condes de Castilla, éste es vuestro rey, y yo soy el primero que como | a tal beso la mano.



Causó este hecho grande admiración en todos, viendo que no quiso tragar el infante un bocado tan sabroso como le davan de reino tan rico, y assí, todos imitándole, juraron al niño por rey. Y por este hecho mereció bien el infante don Fernando el reino de Aragón, que después por votos de electores se le dio, muriendo don Martín sin dexar cierto heredero. Lo dicho se halla en diversas Crónicas de España.
[15] El rey don Alonso de Nápoles dio aviso a todos los presidentes de provincias y juezes de ciudades que, si viessen alguna carta o cédula suya en que se les mandasse cosa que fuesse contra lo que las leyes y fueros del reino disponían, que entendiesen que lo avía él firmado por importunación o por no estar advertido que era fuero o ley, y que por el mismo caso no lo guardassen. Dízelo Panormitano, libro segundo de los Hechos del mismo rey don Alonso.
[16] Juana, donzella francesa, llamada comúnmente la Poncella, hizo hechos hazañosos en favor del rey de Francia Carlos Séptimo contra Henrique, rey de Inglaterra, que estava apoderado de mucha parte de aquel reino y tenía intentos de ganarle enteramente. Mas esta milagrosa donzella por ocho años hizo guerra al inglés, teniendo a cargo el exército de Francia, rigiéndole y governándole como pudiera hazerlo uno de los famosos capitanes del mundo, y peleando ella por su persona como el más valiente soldado del exército. Passado este tiempo, y siendo de veinte y cuatro años, profetizó de sí misma que avía de ser presa y muerta, declarando el género de muerte, y assí sucedió, por- que, /(218v)/ saliendo de una fortaleza llamada Compieñe, la cual estava cercada de ingleses y borgoñones, queriéndoles hazer levantar el cerco, fuele mal en la pelea, de modo que bolvió retirándose al pueblo. Los de dentro, aviendo recogido algunos de los que venían huyendo, temiendo no se entrassen a bueltas los enemigos, cerraron las puertas, quedando afuera la donzella Juana. Cargaron los contrarios, de manera que ella fue presa, como dize Roberto Gaguino, de un capitán borgoñón llamado Juan de Lucemburgo. Éste la vendió a los ingleses, los cuales la llevaron a la ciudad de Rouan, hallándose allí el rey de Inglaterra, y fue llevada delante de juezes particulares nombrados para determinar la causa, acusándola de que siendo muger usava hábito de varón, que favorecía a los franceses y de que era maga y encantadora, pareciéndoles que las hazañas que hazía procedían de aquí, y que tenía pacto y concierto con el demonio. Y assí, aunque ella apeló para el Sumo Pontífice, a quien hazía juez de su causa, la sentenciaron a quemar, y la sentencia se executó, y fue éste el fin de la valerosa donzella Juana. Passados algunos años, el mismo rey Carlos, aviendo ganado la ciudad de Rouan, acordándose de la donzella Juana y del bien que avía della recebido, mandó poner en memoria suya en el lugar donde fue quemada una grande Cruz de metal, dorada. Y después desto, el rey Luis, hijo del mismo Carlos, siendo grandemente aficionado a la donzella Juana y sintiendo mucho la indigna muerte que murió, tuvo orden con el Papa Pío Segundo como embiasse dos jurisperitos por juezes, personas de esciencia, para que diligentemente examinassen la vida de aque- lla | famosa muger y determinassen si fue su muerte justa o injusta. Los juezes fueron a Francia, y sabido que todavía eran vivos dos de los juezes que la condenaron, citáronlos para que compareciessen en su presencia, y examinados con muchos otros testigos, hallaron que la donzella Juana fue inocente, y todos los delictos que se depusieron contra ella, falsos, y por lo mismo injustamente condenada. Hízose información de su vida desde pequeña y vídose que siempre fue santa, sin que se hallasse aver hecho cosa contra la religión y fe cristiana, y que avía hecho hechos hazañosos en favor suyo muy buenos y muy santos. Y conforme a lo processado, fueron los dos inicuos juezes sentenciados a la pena del Talión, y assí los quemaron. Desenterraron assí mismo los huessos de los otros dos juezes, porque cuatro avían dado la sentencia, y también fueron quemados. Y para bolver su honra de la manera que era possible a la donzella Juana, de los bienes confiscados de los cuatro malos juezes hizieron edificar un templo en el lugar donde fue quemada, para que en él fuesse Dios honrado con su sierva, la donzella Juana. Lo dicho es de Gerson, en su segunda parte, título De puella equitante in armis; de Filipo Vergomense, libro De Claris Mulieribus; de Enguerron de Monstrelet, en la segunda parte de la Historia francesa; de Roberto Gaguino, libro dézimo, en el cual señala que fue su muerte en el mes de mayo, año de Cristo de mil y cuatrocientos y treinta y uno.
[17] El cardenal y arçobispo de Toledo, don fray Francisco Ximénez de Cisneros, fundador del Colegio de Alcalá de Henares en Castilla, rigiendo santamente su dignidad, sucedió /(219r)/ que, como tuviesse un hermano llamado Bernardo mal acondicionado y atrevido, aunque religioso, pidióle una vez que favoreciesse cierto pleito que le avían encargado, de que pretendía interesse. Y, no obstante el ruego del hermano, aunque le conocía por iracundo y vengativo, el cardenal favoreció a la parte contraria, que tenía justicia. Por lo cual el hermano, visto que no se hizo lo que quiso, aguardó a que el cardenal reposasse en su cama una siesta, entró donde estava y después de le aver dicho palabras atrevidas, echóle las manos al cuello, apretóle tanto que, pensando dexarle por muerto, se fue de allí. Vídole salir un page, y en la alteración que llevava en su rostro entendió que dexava hecho algún mal recaudo. Dio vozes, entraron al cardenal, y vieron que aún no estava muerto. Hiziéronsele algunos remedios, con que estuvo bueno, y aunque mandó que no pareciesse más el hermano en su presencia, no quiso que le fuesse hecho daño, y dixo que tenía por mejor el trance en que se avía visto, que dexar de administrar justicia. Dízelo el maestro Albar Gómez en el libro primero de los Hechos del mismo Cardenal Ximénez.
[18] Entre las cosas dignas de memoria que del rey don Henrique el Tercero, llamado el Enfermo, escrive su coronista Pero López de Ayala, fue una: Siendo -dize- el rey amigo de caça de codornizes, detúvose tanto un día que vino a comer muy tarde estando en Burgos, y por no hallar la comida guisada, reprehendió a sus criados. Respondióle el despensero que no tenía qué gastar, porque las libranças que sus mayordomos le davan no se podían cobrar, y que por esto aún | tenía él empeñadas sus prendas. Indignóse el rey don Henrique, diziendo qué cosa era que de setenta cuentos de renta que el rey de Castilla tenía no huviesse para su tabla. Y con esto, dize este historiador que el rey dio una ropa suya, de las que en su tiempo llamavan balandranes, al despensero, para que la empeñasse y truxesse dos espaldas de carnero, de las cuales, y de las codornizes que avía caçado, comió, siendo en la mesa servido del mismo despensero. Dissimuló el rey este caso hasta que, cierto que en la misma ciudad el arçobispo de Toledo, don Pedro de Tenorio, el duque de Benavente y otros grandes celebravan un combite, a el cual siendo de noche fue el rey emboçado y dissimulado, adonde oyó que tratavan de las rentas de sus estados y que con lo que el rey les dava cada uno era rey en el fausto, autoridad y gasto, sintió el rey de que se hiziessen reyes mucho, porque aunque era moço en la edad, su seso era de anciano, y assí dio orden cómo en el castillo donde estava aposentado entrasse mucha gente de guerra, y otro día embió a llamar a todos los grandes que avían estado en el combite, dando a entender que por estar doliente y avérsele agravado la enfermedad quería ordenar su testamento. Los grandes fueron y le estuvieron aguardando hasta medio día en la gran sala. En la cual el rey entró con una espada desnuda en su mano, y assentándose en su silla, preguntó al arçobispo de Toledo cuántos reyes avía conocido en Castilla. Turbóse el arçobispo, y todos los demás se atemorizaron de la pregunta del rey y de ver tanta gente de guerra como allí se apareció en la sala, que vinieron tras el mismo /(219v)/ rey. Respondió el arçobispo que a cuatro reyes avía conocido: al rey don Pedro, y a don Henrique, y don Juan, su padre, y a él. Hizo la misma pregunta a los otros, que cuántos avían ellos conocido, y ninguno passó de cinco, que era desde el rey don Alonso el onzeno, padre del rey don Pedro, su visagüelo, hasta él mismo. Prosiguió el rey con su plática, y dixo que cómo era possible que siendo él tan moço avía conocido más de veinte reyes, y ellos, viejos, huviessen conocido tan pocos. Ellos dezían que cómo aquello podía ser. Hablóles el rey claro, de que conocía más de veinte reyes porque cada uno de ellos lo era, y no él, pues le tenían tiranizadas sus rentas, de modo que les sobrava para hazer banquetes, tratándose como reyes, y él, que lo era de veras, le faltava la comida y no tenía qué comer. Prosiguió diziendo que pretendía hazer justicia dellos, pues le quitavan el reino, y que les quería allí degollar a todos. Y diziendo esto, entró en la sala mucha más gente de armas que estava en el castillo, y con ellos el verdugo de la corte, llamado Mateo Sánchez, con su cuchillo y sogas, y los demás aparejos para el degüello. Quedaron los presentes sin aliento, dándose ya por muertos, viéndose en manos de rey moço y enojado con razón. Mas el arçobispo de Toledo tuvo ánimo, que, prostrándose de rodillas delante del rey, propuso tales razones, que el rey (porque sólo esto pretendía) les otorgó las vidas con condición que le restituyessen sus fortalezas y rentas. Y assí los tuvo dos meses dentro del castillo, en el cual tiempo cobró dellos sobre ciento y cincuenta cuentos de maravedís, que pareció serle cargo, con sus fortalezas y villas. Y assí desempe- ñó | sus prendas y las de su despensero, y dio a todo el reino muestra de ser prudente y amigo de justicia. Refiérese en el Compendio Historial, en la Vida deste rey.
[19] Don Hernando de Avalos, marqués de Pescara, aviendo ganado a Génova por fuerça de armas en tiempo del emperador Carlos Quinto, salían los soldados embaraçados con el saco, particularemnte con caballos los que eran de a pie y infantería. Visto el desorden que esto causava, y que podría resultar daño en el exército, mandó pregonar que en cada compañía no huviesse más de cuatro caballos para el capitán y dos para el alférez, y si huviesse algún enfermo también pudiesse traer caballo, con una patenta suya firmada del médico y sellada con el sello del capitán. Oyendo el edicto un Vega Granadino, dixo con palabras arrogantes en presencia de algunos de su compañía que si él hallara hombres de su ánimo y esfuerço, hiziera que no fuera menester patenta para soldados, que por aver derramado su sangre valerosamente merecían ser llevados en carros triunfales. Dio ocasión con estas palabras de levantarse algún motín. Súpolo el marqués, propuso el caso delante de otros capitanes y aconsejáronle que disimulasse, por no dar ocasión a más desorden. Y aunque vido que tenía esto algún color, mas determinóse a castigar aquella insolencia por mostrar que el nombre de Magestad y de Imperio no estava sujeto a semejantes peligros. Y assí mandó llamar al Vega, avisando a un alguazil de lo que devía hazer en llegando. El Vega, recelándose, juntó un escuadrón de soldados, y encomendándoles su vida, todos bien apercebidos llegaron al /(220r)/ marqués. El cual le preguntó si avía él amotinado los soldados con sus palabras sobervias y arrogantes. Y en tanto que se escusava hizo de señas al alguazil, que le passó de vanda a vanda, y en el mismo punto arrancó el marqués su espada contra todos los otros y dio en ellos con tanta furia que, heridos algunos y atemorizados todos, fueron puestos en huida, y todo el campo quedó admirado del hecho. Tiene la guerra cosas por lícitas y justas que en la paz fueran injustas y hechos de tiranos, como fue otro caso que sucedió al mismo marqués, y cuéntalo su historiador en la Crónica que anda impressa suya, donde también está lo que se ha dicho. Y fue que en la guerra de Italia, a un soldado que por salir de su ordenança, y hizo un hierro notable, mandó que le cortassen una oreja, oído por el soldado, dixo que más quería que le matassen que sufrir tal deshonra. Visto por el marqués de Pescara lo que pedía, y considerando el delicto cometido, merecedor de muerte, dixo:

-Ora, concédesele a este soldado tan amigo de su honra lo que pide.

Y assí le mandó ahorcar. El soldado se quexava y da- va | bozes que le cortassen ambas orejas, y no le aprovechó, sino que le ahorcaron. También toca a este Discurso de Justicia la que hizo el mismo marqués de Pescara, don Hernando de Abalos, en el saco de Génova, de que ya se ha hecho mención, y lo refiere su historiador, y fue que yendo por la calle vido a un ginovés que representava nobleza en su persona y talle, el cual dava bozes pidiendo favor contra dos soldados que le deshonravan su muger. Oyéndolo el marqués, entró solo en la casa y vido que la arrastravan de los cabellos a aquella noble señora, porque no consentía en sus torpezas. Puso mano a la espada y passó con ella al uno. Huía el otro, mas alcançóle en la cabeça, que se la rompió. Y muertos ambos, y echados de una fenestra en la calle, no osó otro hazer más fuerça a muger alguna, cuanto más siendo noble. Estos exemplos son para advertir a soldados, que ni vayan contra el orden de la milicia cuando han de pelear, ni se desmanden en hazer excessos notables en el saquear, porque no les faltará un marqués de Pescara que castigue sus desórdenes. |
EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] En la provincia de Babilonia avía una ciudad llamada Neerda, rodeada del río Éufrates, en la cual vivían dos mancebos judíos llamados Asineo y Anileo, hermanos y huérfanos. Pusiéronse a aprender oficio de texedores. Sucedió que por ir tarde a texer un día les apaleó su maestro, de que recibieron tanto enojo que, tomando las armas que hallaron a mano, passaron a una isla que se haze en medio del mismo río Éufrates, fértil para crías de ganado, y allí labraron una casa | fuerte, de donde salían acompañados de muchos perdularios que se les avían juntado y compelían a los labradores de la isla a que los pechassen o los matavan. El governador que tenía el rey de los partos en Babilonia fue con buen exército contra ellos, mas bolvió destroçado y huyó con vergüença. Y como cada día creciessen en número y en robos, hizieron tales y tantas cosas de valientes, que Artabano, rey de los partos, desseó tenerlos en su servicio. /(220v)/ Y embiándoles ruegos y seguro para que le fuessen a ver, Anileo, el menor de días, lo hizo, y el rey le regaló y dio algunas joyas, por donde ambos juntos le visitaron, y Artabano quedó admirado de que un moço como Asineo, de vil y poca presencia, huviesse hecho las valentías que le contavan. Despidiólos con muchas dádivas, y en su amistad. Vivieron en grande prosperidad quinze años, muy estimados de todos, hasta que se dieron a vicios y torpezas. Y entre otras cosas mal hechas que hizieron, fue una que, sabiendo Anileo que la muger de un nuevo governador de Babilonia era alabada altamente de hermosa, dio repentinamente sobre él, y matándole la llevó consigo y tuvo por amigo. El cual, sabiendo que su hermano Asineo se la quería quitar y bolver a Babilonia a su gente, le mató con ponçoña. Quedó Anileo señor de todo, y destruía la tierra, y por le castigar fue contra el Mitrídates, hierno del rey Artabano de los partos, que era governador de Babilonia, mas vencido y preso fue traído sobre un jumento a la vergüença y después le soltó Anileo, hecho su amigo. Mitrídates bolvió a su muger y hija del rey, y ella le amenaçó con divorcio si no se vengava. Tornó contra Anileo, y con favor de los naturales de Neerda, que usaron de traición, le mató con todos los que le seguían. Escrive esto Josefo, libro octavo de sus Antigüedades, capítulo 12.


[2] Zeleuco, rey de los locrenses, regía el reino con leyes justas, sin agraviar a alguno ni permitir que la justicia fuesse violada. Sucedió que un hijo suyo cometió adulterio y siéndole provado, tenía pena por ley del reino que le fuessen sacados los ojos. El padre mandó que la ley se executasse. La | ciudad y el pueblo lo contradixo, assí por el amor que tenían al padre, como porque aviendo de ser aquél, muerto el padre, su rey, no le querían ciego. Vencido el viejo de los ruegos del pueblo y forçado de la ley, dio un medio, y fue que le sacassen un ojo al hijo y a él otro, y primero fue él a quien se sacó el ojo que el hijo. En este hecho se mostró Zeleuco piadoso padre y recto juez. Es de Valerio Máximo, libro sexto.
[3] Trayendo los atenienses guerra con Sigeo, dieron la corona y cetro del reino a Pitaco Mitileno, valeroso hombre. El cual truxo la guerra a buen puerto, y concluida, como se les hiziesse de mal aviendo sido aquella república señoría libre verse con rey que los sujetava, entendido por él y que ya no era necessario su mando, libremente dexó el cetro y corona. Dávanle parte de un campo y no le quiso recebir, por no afear la heroica obra de aver dexado el reino, pareciendo que ya llevava algún premio, sino que se entendiesse que el ser justo le obligava a semejante obra. Es de Valerio Máximo, libro sexto.
[4] Antíoco Tercero, rey de Siria, escrivió a todas las ciudades de su reino que si algún mandato suyo les fuesse notificado y hallassen que era contrario a lo que las leyes de su reino disponían, que entendiessen que ignorantemente le avía dado, y que por consiguiente no le obedeciessen. Refiérelo el Eborense.
[5] Artaxerxes Longimano, rey de Persia, viéndose importunar de Satibarses, su camarero y muy privado, sobre una cosa que condescendiendo el rey con ella hazía obra injusta, sabiendo que le davan treinta mil daríos, que eran monedas del reino, llamó a /(221r)/ su tesorero y mandó que le diesse aquella cuantía, diziendo al Satibarses:

-No me han de empobrecer essos dineros, y si hago lo que pides seré injusto.

Es del Eborense.
[6] Siendo rey de los partos Artabano, y cansados de su govierno, rebeláronse contra él y echáronle de todo el reino, dando la corona a Cinamo. Y aunque éste los regía con mucha justicia, todavía algunos sospiravan por Artabano. Entendiólo Cinamo, escrivióle una carta llamándole. Salióle a recebir al camino, y viéndole cerca, descendió del cavallo en que iva, y puesto de rodillas en su presencia, teniendo la corona en sus manos, le dixo:

-Yo, Artabano, recebí de los partos esta corona, aviéndotela quitado a ti. Aora entendí que por ser tú su rey natural, te dessean. Aunque yo pudiera defenderla, viendo que te haría injusticia de no bolvértela siendo tuya, te la restituyo.

Dízelo el Eborense.
[7] Estando Alcibiades en Sicilia, embiáronle de Atenas a requerir que fuesse a responder a cierta demanda que le ponían en el Senado, y era sobre un crimen de muerte. No quiso ir, diziendo ser locura el que puede huir ir a juizio en que la vida está en peligro. Y diziéndole sus amigos:

-¿Y no confías de tu patria?

Respondió:

-Ni aun fiaré en tal caso de mi madre, porque sería possible por inadvertencia echar piedra negra por blanca.

Y oyendo dezir que le avían condenado a muerte los mismos atenienses, sus ciudadanos, dixo:

-Yo les haré que vean cómo estoy vivo.

Passó en Lacedemonia y movióles guerra que duró por muchos años, con grande daño suyo. El mismo Alcibiades, preguntando a un maestro de estudiantes si tenía la | Iliada de Homero, y respondiéndole que no tenía obra suya, le dio una bofetada, diziendo:

-Ésta mereces por ser necio y querer que tus discípulos lo sean no leyendo a Homero.

Es de Eliano, libro treze.
[8] Ibico, acometido de ladrones en un desierto, y queriéndole matar, vido un escuadrón de grúas bolar por lo alto. Levantó la boz, diziendo:

-Vosotras, grúas, vengad mi muerte.

Con esto le mataron, y quitándole la ropa, enterraron su cuerpo. Después, estando en la plaça de la ciudad donde avía vivido Ibico y era muy conocido, dixo el uno dellos, viendo passar una vanda de grúas:

-Veis allí los vengadores de Ibico.

No faltó quien oyó esta razón, y por causa que Ibico faltava días avía de su casa y no se sabía dél, oyendo que le nombravan éstos, sospechó mal, dio aviso, prendiéronlos, y atormentándolos confessaron el delicto, y fueron condenados a muerte. Es de Ludovico Brusón.
[9] Cambises, rey de Persia, visto que Sisanes, juez subdelegado suyo, avía pronunciado sentencia contra justicia en un negocio grave y de peso, y teniendo indicios que no era sola esta vez, sino que el interesse le hazía condenar al que devía absolver, y absolver al que devía condenar, mandóle matar, y muerto desollar, y del cuero aforrar la silla de la judicatura. Dio el oficio a un hijo del muerto, llamado Otanes, avisándole que mirasse donde se assentava, que fue dezirle:

-Mira que guardes justicia, si no quieres que de tu cuero se eche otro aforro a la silla en que estás assentado sobre el que tiene.

Dízelo Heródoto, libro quinto.
[10] Gulielmo de Peraldo, en su Suma de virtudes y vicios , escrive que /(221v)/ muriendo un padre dexó tres hijos, y declaró en su testamento que sólo uno dellos era suyo, y que aquél llevasse la herencia. No señaló cuál, y los tres fueron al rey de Escitia, en cuyo reino estavan, y cada uno alegava ser el hijo verdadero. Y como no huviesse claridad alguna, mandó el rey sacar el cuerpo del difunto del sepulcro, y atado a un árbol, pronunció por sentencia que le tirassen todos tres con arcos, y el que le hiriesse más cerca del coraçón fuesse tenido por hijo proprio y llevasse la herencia. Tiró el mayor en edad y hirióle en el cuello. Tiró el segundo y dexó clavada su flecha en el pecho. El menor dixo:

-No quiera Dios que yo sea cruel contra el cuerpo, aunque difunto, de mi padre. Por mejor tengo perder la herencia.

Y assí, disparó su arco por el aire. Lo cual visto del rey, juzgó ser éste el verdadero hijo y no los otros, y assí se le aplicó la herencia.
[11] Plutarco, en los Paralelos, dize que Epaminundas, capitán de los tebanos, mandó matar a su hijo por guardar justicia en la arte militar. Fue el caso que, aviéndole mandado que no diesse batalla a su enemigo hasta que él bolviesse, siéndole forçado ausentarse del real por algunos días, vido una buena ocasión el moço, dio la batalla y alcançó victoria. El padre, cuando bolvió y fue cierto de lo hecho, coronóle por vencimiento y cortóle la cabeça por inobediente.
[12] Valerio Máximo, en el libro segundo, dize que era costumbre de los lacedemonios y de los atenienses que los juezes que oían causas criminales y de muerte pronunciavan sentencia de noche, para que ni aun por ver los rostros tristes y llorosos de los acusados se moviessen a lástima y tor- ciessen | de la justicia.

1   ...   64   65   66   67   68   69   70   71   ...   143


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal