De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[13] Menón, peleando contra Alexandre por la parte de Darío, rey de Persia, oyendo a uno de sus soldados dezir mal de Alexandre, con una lança que traía en la mano le atravessó, diziendo:

-Yo te doy pagas porque pelees, y no porque seas maldiciente.

Refiérelo Guido en el De exemplos.
[14] Alexandre Magno, en la última batalla en que venció al rey de los persas Darío, como prendiesse a Besus, el cual con ser deudo cercano del mismo Darío le avía muerto, saliendo huyendo de la batalla, preguntóle la razón de aquel hecho, y respondió que por hazerle a él servicio. De lo cual indignándose más Alexandre, diziendo que él no se pagava de traidores, le mandó atar de los pies a lo alto de dos árboles, haziéndolos juntar y bolver con su ímpetu a su natural, llevando cada uno la mitad del traidor consigo y muriendo muerte crudelíssima. Refiérese en la Vida de Alexandre.
[15] Tuvieron al principio los romanos guerra con los albanos sobre quién tendría el mando y señorío, y remitiéronlo a batalla de seis, tres de cada parte. Por Roma salieron los Horacios y por Albania los Curiacios. Vino el negocio a que murieron de los seis los cinco, quedó victorioso uno de los Horacios, y dio el señorío a Roma. Y al bolver a su casa vido una hermana suya que llorava porque le avían muerto al con quien estava con- certada /(222r)/ de casar, que era uno de los Curiacios. Viéndola llorar Horacio y sabiendo la ocasión de su lloro, la mató con la espada con que liberó a Roma. Y después fue libre desta muerte en el Senado, porque su proprio padre dio por bien muerta la hija, pues no se holgava del bien de su patria y llorava el daño particular. Es de Valerio Máximo, libro sexto.
[16] Egnacio Metelo, entrando en su casa vido a su muger con un jarro de vino a pechos. Tomó un garrote y del primer golpe la mató. Y probando aver sido la muerte porque la vido bever vino, no sólo le dexaron sin castigo, mas ni reprehensión le dieron en el Senado, porque les parecía que la muger que beve vino demasiado y sin tassa cierra la puerta a todas las virtudes y ábrelas a todos los vicios. Afírmalo Valerio Máximo, libro sexto.
[17] Cayo Vacieno se cortó los dedos de la mano siniestra por no ir a la guerra. Lo cual entendido por el Senado romano, le secrestaron su hazienda y echaron en cárcel perpetua. También es de Valerio Máximo, libro sexto.
[18] Cayo Sulpicio Galo y Quinto Antistio, y Publio Sempronio, senadores romanos, repudiaron a sus mugeres, descasáronse dellas, permitiéndolo assí aquella República, y los dos primeros hizieron esto por ocasión que las vieron fuera de casa descubiertos sus rostros, diziendo que la muger casada de sólo su marido ha de querer ser vista. Y el tercero, porque estando él ausente de Roma fue ella a ver unos juegos públicos. Es de Valerio Máximo, libro sexto.
[19] Tucia, virgen vestal, acusada de aver maculado su estado con incesto, tomó una criba o harnero en | sus manos y dixo:

-Si yo he guardado castidad y soy libre del crimen que me imponen, puede verse en que llevaré esta criba llena de agua desde el río Tiber hasta el templo de Vesta sin derramarse por los agujeros de la criba.

Y como lo dixo lo hizo, por lo cual fue dada por libre y tenida por muy honesta. Dízelo Valerio Máximo, libro octavo. Y adviértase que por pecados de los gentiles permitía Dios que favorecidos del demonio hiziessen tales obras, para que estuviessen más ciegos en semejantes idolatrías.
[20] Fue acusado Marco Aquilio que avía sido poco fiel en tratar el dinero de la República, y estando en peligro de ser condenado, teniendo a cargo su defensa Marco Antonio, orador, en presencia del Senado le hizo desnudar y mostró su pecho lleno de señales de heridas que avía recebido por defensa de la patria, y vistas por los juezes, conmovidos a piedad, le dieron por libre. Es de Baptista Fulgoso, libro octavo.

[21] Tenía campo el cónsul Camilo contra los faliscos y pensando ganar dél algún buen premio cierto maestro de niños, hijos de los contrarios, passeándose con ellos los truxo al real de los romanos, y estando allí, túvose por cierto que los padres por cobrar sus hijos dieran la ciudad y obediencia a los romanos. Mas, sabido el caso en el Senado, mandóse que el maestro, atadas las manos, fuesse entregado a los rapazes y que ellos con varas le fuessen hiriendo hasta llegar a sus casas. Con este acto de justicia los faliscos se convencieron y dieron las puertas abiertas de la fuerça al cónsul, de manera que más se dexaron vencer por la buena obra que dellos /(222v)/ recibieron, que de las armas con que los persiguieron. Es de Valerio Máximo, libro quinto.


[22] Timocares Ambraciense prometió al cónsul Fabricio de matar al rey Pirro, grande perseguidor de romanos, por medio de veneno que le daría un hijo suyo, el cual le servía la copa. Fue el negocio al Senado y escriviéronle al Pirro avisándole que se guardasse no le fuesse dado veneno en la bevida, porque no les parecía honesto que Roma, edificada por Rómulo, hijo de Marte, se defendiesse con veneno y no con armas. Túvose aviso de que el nombre de Timocares se callasse, y con esto se cumplió con la equidad de apercebir al enemigo se guardasse de traición, y no perdiesse el que mostrándoseles amigo quería probarlo con obras. Es de Valerio Máximo, libro quinto.
[23] Traían enemistades de muerte Lucio Craso y Cneo Garbo. Vino un día al Craso cierto esclavo del Carbo con un libro de memoria del mismo Carbo, con el cual se le podía hazer mucho mal, y assí pedía el esclavo que le fuesse remunerado este servicio. Y lo que hizo Craso fue cargarle de prisiones, y sin leer el libro, ligado a su pecho le hizo llevar a la presencia de Carbo. Tanta fuerça tiene la justicia que aun entre enemigos no la pierde. Es de Valerio Máximo, libro quinto.
[24] Puso demanda al Senado Tulio Hostilio Mancino, el cual tenía oficio de edil (que era de mucha estima en Roma), contra Manilia, muger de ruin fama, porque le avía tirado de noche passando por su puerta una pedrada y le dexó bien descalabrado. Ella dio su desculpa diziendo: |

-Mancino después de cena, por ventura aviendo bevido más de lo justo fue a mi casa. Quiso entrar y porque no le admití procuró derribar las puertas para entrar y hazerme fuerça. Como esto vi, ayudándome de mis criados arroxámosle de allí a pedradas.

Oído esto por los jueces, forçados de razón y justicia, aunque el demandante era hombre de valor y la acusada muger de ruin vida, a ella le dieron por libre y a él le dieron una buena fraterna, poniéndole perpetuo silencio. Es de Fulgoso, libro sexto.
[25] Quinto Mucio Escébola, tribuno del pueblo romano, estando cierto que otros nueve insignes romanos que tenían el mismo oficio de tribunos que él tratavan con Espurio Casio de levantarse con la ciudad, llevó gente y puso fuego a la casa, quemándolos a todos en ella. Atreviéndose él solo a castigar con tanta severidad a nueve tribunos, no pareciendo possible que todos nueve contra uno hizieran cosa semejante. Dízelo Valerio Máximo en el título de Severidad.
[26] Tito Manlio Torcuato siendo criado cónsul no lo aceptó, diziendo que ni él podría sufrir los vicios del pueblo, ni el pueblo su modo de proceder en guardar justicia. Es de Valerio Máximo.
[27] Teniendo el Imperio de Roma Augusto César, cometió cierto delicto un grande amigo suyo, el cual se llamava Nonio Asprenate. Avía de ser juzgado en el Senado, y estando él presente podía darle por libre, en lo cual agraviava a la justicia, y condenándole, mostrávase cruel al amigo. Quiso no hallarse presente, mas porque no le fue possible, tuvo este modo, que llegando a tratarse el caso del /(223r)/ Nonio, dexó a los senadores y juezes que conforme a justicia lo tratassen y sentenciassen, sin hablar él palabra, y con el callar satisfizo a la justicia y con el estar presente oyendo lo que allí passava, satisfizo también a la amistad. Advirtiólo el Eborense, título de Justicia.
[28] Proveyó el emperador Vespasiano cierta prefectura a un mancebo romano. Vínole a dar las gracias, y llegando a él sintió el emperador que dava de sí un olor grande, y con mucho enojo, le desvió, diziendo:

-Más quisiera que olieras a ajos.

Y con esto le revocó la merced. Declarando por este exemplo que los olores y perfumes son de gente afeminada, y por lo mismo indignos de govierno. Es del Eborense.
[29] Aureliano Emperador, porque un soldado hizo fuerça a su huéspeda, le mandó atar de los pies a dos árboles reclinados, y dexarlos bolver con ímpetu a su natural, haziéndole pedaços con grandíssimo tormento. También lo dize el Eborense.
[30] Por la muerte de Domiciano Emperador, fue electo Nerva Coceyo, y lo primero que hizo viéndose con el mando fue, que sabiendo de muchos criados de romanos nobles que por cierta ley estavan apoderados de sus haziendas, aviéndolos acusado de un crimen que disponía que quien le cometiesse perdiesse su hazienda y fuesse del denunciador, viendo la maldad destos que con sus señores fueron ingratos y pérfidos, mandólos matar, | para que con este acto de justicia escarmentassen otros de cometer semejante delicto. Dízelo el Eborense, título de Justicia.
[31] Rebeláronse contra el emperador Maximino los asdroenos y eligieron emperador a uno llamado Tito, del cual era grande amigo un macedonio, y aunque al principio le ayudó a sustentar la tiranía, después traidoramente le mató y llevó la cabeça a Maximino. El cual, en presencia del Senado, le agradeció lo hecho, y le hizo una Laudatoria como a defensor del estado y imperio, y destruidor de tiranos. El remate que tuvo la oración y loa fue mandarle cortar la cabeça, por la traición que hizo en cortarla él a su amigo. Es del Eborense.
[32] Puso cerco el emperador Aureliano en Asia a la ciudad Tiana, y no pudiendo ganarla, ofrecióse de darle entrada en ella Heracleón, ciudadano della, hombre rico y poderoso. Hízose el trato, y lo primero que mandó el emperador estando dentro fue matar a Heracleón por traidor a su patria, y porque no se sospechasse que lo avía hecho por sus riquezas, con toda fidelidad mandó que la huviessen sus hijos. Escrivió el caso el mismo emperador Aureliano a Manlio Chilón, y dixo que no era possible que tuviesse amor a traidores, ni guardaría ley a quien no la guardasse a su patria. Es assí mismo del Eborense, título de Justicia.
Fin del Discurso de Justicia e Injusticia. |

DISCURSO CUARENTA Y DOS. DE LECCIÓN

Grande autoridad dio Jesucristo, Nuestro Señor, a la Sagrada Es- critura, | cuando dixo (y refiérelo San Mateo, en el capítulo quinto): «El Cie- lo /(223v)/ y la Tierra faltarán, antes que aya falta en una letra o punto de la Escritura». Y por San Lucas, capítulo veinte y uno, ratificando lo dicho, dixo: «El Cielo y la Tierra pueden faltar antes que mis palabras falten». Y San Pedro, en su Segunda Carta, capítulo primero, dixo: «No por voluntad o esciencia humana se halló la Profe cía, sino inspirados por el Espíritu Santo hablaron los varones santos». De lo cual se infiere, como advierte Marco Marulo, que no sin bastante causa son reprehendidos los que agradados de los figmentos y mentiras de poetas gentiles, no quieren ni aun mirar los libros sagrados. Déstos dize San Pablo, en la Primera Carta a Timoteo, capítulo cuarto, que eligieron maestros que saborean las orejas y apartan de la verdad el oído, y se deleitan con las fábulas, y con esto llegaron a tanto atrevimiento, que se tienen por sabios, no sabiendo sino mentiras». Y llega el mal a que alcançan fama de muy doctos y son estimados y en mucho tenidos. «Por ventura -dize Marulo-, cuando les aya faltado la vida y estén en los Infiernos padeciendo terribles tormentos, ¿aprovecharles ha que en el mundo sean tenidos por grandes letrados? ¿No les será causa de mayor aflición acordarse de lo que le fue causa de estar en tan miserable estado? ¡Cuánto quisieran en tal sazón, para bien de sus almas, no aver procurado vanagloria y sobervia, viendo allí que el canto suave y deleitoso del mundo se tornó lloro, la bihuela y harpa, temblor de dientes, por los juegos, burlas y risas, hambre, tinieblas, fuego y roedores gusanos, y que durará su tormento para siempre! Éste será el fruto y el premio de los que anteponen la poesía al Evan- gelio, | Barrabás a Cristo. Bien es verdad que muchos santos ponen versos en sus escritos, mas tienen sabor de Cristo y no de Gentilidad. Muy lexos están de sus bocas Saturno, Júpiter y Marte, con los demás portentos, que los verdaderos cristianos con ningunos tormentos ni amenazas pudieron ser convencidos para adorarlos». Lo dicho sirva para aficionar al estudio de la Divina Escritura , especialmente siendo, como es, origen de muchas virtudes el estudio y lección, sin la cual de ordinario nadie puede aprovechar y crecer en alguna arte o disciplina. Y si de alguno se sabe lo contrario, y que sin lección y sin estudio vino a ser sabio, deve atribuirse a que tiene ingenio prodigioso, o que fue dado graciosamente del Cielo. De la Lección trata el presente Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] El profeta Esdrás fue de tan felice memoria (aunque se entiende bien aver sido don y favor del Cielo), que recitava sin libro todos los de Moisés. Los cuales avían procurado los reyes de Caldea consumir y acabar, por aborrecimiento que tenían al pueblo hebreo. Mas por la buena memoria de Esdrás se tornaron a escrivir, y permanecen con aprobación del Espíritu Santo, que son los mismos que Moisés dexó escritos. Tócase en su Primero y Segundo Libro.
[2] Nicaula, reina de Egipto y Etiopía, aviendo oído dezir de la sabiduría del rey Salomón, dexando sus estados y reinos fue a Judea para aprender dél. Y assí le propuso algunas cuestiones subtiles y delicadas conforme a aquellos tiempos, a lo cual todo satisfizo él muy a su desseo. Y haze esto que nos maravillemos menos de Pitágoras, Platón y A- polonio, /(224r)/ que anduvieron diversas provincias y tierras por aprender esciencias, pues Nicaula, siendo muger, ni la flaqueza de serlo, ni el ponerse en ocasión de perder su estado, la pu- so | temor para dexar de hazer tan largo y dificultoso viaje. Es del Tercero de los Reyes, capítulo dézimo, y refiérelo Cristo, Redemptor Nuestro, por San Lucas, capítulo onze.
Lo dicho se toca en la Sagrada Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Augustín, buscando a Cristo entre los sofismas de los Dialécticos, dio en el error de los Maniqueos, mas, rebolviendo las Epístolas de San Pablo , halló escrito: «Vestíos a Nuestro Señor Jesucristo», y apartadas las tinieblas del error, començó a ver la luz de la verdad. Consultó a San Ambrosio, y díxole que le convenía leer primero en la Escritura Sagrada para más radicarse en la fe católica, y aconsejóle que leyesse a Isaías, porque lo más que sucedió a Cristo en el discurso de su vida, comunicando a los hombres, lo explicó más por menudo, y la vocación de la Gentilidad sucedida mucho después la escrivió como presente. Al fin fue baptizado de San Ambrosio, y leyendo los libros de la Divina Escritura, no sólo quedó fiel, sino que fue Doctor prestantíssimo de la Iglesia. Cuando sólo estudiava esciencia seglar fue su contrario y la hazía guerra, avíase levantado contra la Iglesia en favor de Maniqueo; después, bolviendo por ella, al mismo Maniqueo y a todos los demás hereges convenció. Lean, pues, las Escrituras Sagradas los que quisieren ser ilustrados con la luz de la verdad pura y sincera, diziendo David, en el Salmo ciento y diez y ocho: «Lucerna y hacha encendida es a mis pies, Señor, tu palabra, y luz en mis caminos». Dízelo el mismo San Augustín en el libro octavo de sus Confessiones , capítulo doze. |
[2] El bienaventurado San Hierónimo, por el gusto que tomava en leer en Cicerón y en otros autores señalados en elocuencia y elegancia perdía algún tiempo que le pudiera gastar en otros más provechosos estudios, y por esto le castigó Dios, como él mismo lo afirma en una carta que escrivió a Eustoquio, santa donzella, y comiença Audi filia..., donde dize estas palabras: «Yo, miserable pecador, ocupávame en la lección de Tulio, deleitándome en su elocuencia, y si después tomava en las manos algún profeta y leía en él, desgustávame la manera del hablar y el estilo llano y sin artificio. Diome una recia calentura en medio de Cuaresma que me puso en lo último, tanto que los estavan comigo davan orden y aparejavan lo que era necessario para mi sepultura. Estando en esta disposición fui arrebatado en espíritu y llevado a juizio delante el Trono Real de Jesucristo, y siendo preguntado de mi condición y fe, respondí libremente que era cristiano. Dixo el Juez:

-Antes das muestra que eres ciceroniano, porque donde está tu tesoro, allí tienes el coraçón.

Oyendo esto, enmudecí. Mandóme açotar crudamente el Juez. Yo, llorando y gimiendo, començé a dezir:

-Perdóname, Señor; Señor, perdóname.

Y con todo esto, ni su castigo ni mis lágrimas cessavan. Lo cual visto por muchos ángeles que estavan presentes, pusiéronse de rodillas y /(224v)/ suplicáronle que me perdonasse el error de mi mocedad y me diesse lugar para enmendarme, con tal condición que si en mí no huviesse enmienda, quedasse obligado a mayor castigo. Quisiera yo prometer mayores cosas, según el estrecho en que estava. Juré de cumplirlo, y hecho el juramento fui dexado libre y torné a mi sentido. Y nadie piense que fue -dize- éste, sueño vano. Testigo es el Juez, en cuya presencia yo fui açotado, testigos fueron los Santos Angeles y testigos fueron también las señales que en mi cuerpo quedaron por muchos días de los açotes. Afirma también lo dicho San Isidoro, en su Breviario.
[3] Siendo San Juan Crisóstomo arçobispo de Constantinopla, diole gana de escrevir sobre las Epístolas de San Pablo. Hizo primero mucho tiempo oración a Dios, pidiéndole que fuesse su declaración conforme al intento que el santo tuvo escriviéndolas. Y para que se viesse que Dios le concedió esta petición, sucedió que estando un caballero principal ausentado de Constantinopla por averle ciertos contrarios suyos puesto en mal con el emperador Arcadio, que en aquel tiempo vivía, vino de secreto a hablar con Crisóstomo a su casa, para por medio suyo, vista su inocencia, ganar la gracia del emperador. Aguardó que fuesse noche y entrando en su casa habló con Proclo, camarero de Crisóstomo, para que le llevasse a su aposento. Fue Proclo, y por un resquicio vido al santo que estava escriviendo, y un hombre de grande autoridad junto con él a su lado, que mostrava dezirle lo que avía de escrivir. Admiróse de aquello Proclo, assí de ver que estuviesse perso- na | humana con él, no aviéndole visto entrar, como de que él dixesse lo que el santo escrivía. Aguardó a que se acabasse el razonamiento. Iva al resquicio, y como durasse hasta passada la media noche, habló con el cavallero, diziéndole que ya veía como no era possible comunicarle aquella noche, que se bolviesse otra. Hízolo assí. Vino la siguiente noche y sucedió lo mismo. Quexávase el gentilhombre de Proclo, que huviesse admitido al aposento del obispo otro antes que él. Jurava Proclo que tal no avía consentido ni visto. Y siendo hora de Maitines le dixo que bolviesse la tercera noche, que él le dava su palabra de guardar el aposento, que nadie entrasse en él. Vino la tercera vez al concierto, díxole Proclo:

-Aora bien seguro podéis estar que nadie ha entrado, porque solo se encerró y siempre le he guardado la puerta.

Agradecióselo mucho el cavallero, llegaron al aposento y miraron por el resquicio, y vieron lo mismo que las dos noches de antes avían visto. Dixo Proclo:

-Este negocio es de Dios, que no quiere que tú hables al obispo. Vete en buena hora, que a la mañana yo le daré cuenta de tu venida y sabré dél su voluntad.

Fuese el gentilhombre con grande fatiga y pena. Venida la mañana, el mismo Crisóstomo habló a Proclo y le dixo:

-¿Qué es la causa que no he tenido visitas estas tres noches passadas? ¿Ha venido alguno y no le has dexado entrar? Si es assí, mira que me das enojo en ello. A cualquiera hora que venga alguna persona necessitada, da lugar a que me hable, que las puertas del prelado nunca han de estar cerradas para los necessitados.

Díxole Proclo:

-Antes, /(225r)/ señor, ha venido todas tres noches una persona bien afligida a hablarte, y viendo que estavas ocupado no le he dexado entrar, aunque siempre esperó hasta hora de Maitines.

-¿Y con quién estava yo ocupado? -preguntó Crisóstomo.

-Con un viejo calvo -dixo Proclo- te vi todas tres noches. No sé para qué lo preguntas.

Espantóse Crisóstomo desto, y pidióle las señas de aquella persona que dezía aver estado con él. Díxole Proclo que era viejo, calvo, con una grande barba y que se parecía mucho a una imagen de San Pablo que tenía el mismo Crisóstomo en su aposento y la mirava frecuentemente cuando escrivía sobre sus Epístolas . Cayó en la cuenta el Santo Pontífice de que avía Dios por este medio dádole a entender que oyó su petición. Despidió a Proclo por un poco de su aposento, y, derribándose de rodillas, con muchas lágrimas dio las gracias a Dios por semejante merced que le avía hecho. Mandó después a Proclo que llamasse al gentilhombre, y oyéndole, tuvo modo como reconciliarle con el emperador, y él prosiguió con mayor cuidado el escrivir sobre las Epístolas de San Pablo. Es de su Vida , escrita por Simeón Metafraste, Nizéforo Calixto, y otros.

[4] Siendo San Isidoro de poca edad iva al estudio de las primeras letras, y porque se le hazía dificultoso el aprenderlas, aunque él trabajava todo lo que podía, desconfiado dexó el estudio con propósito de no bolver más a él. Púsose pensativo sobre un brocal de un pozo, y vido que en el duro mármol estavan hechas unas canales y surcos de las sogas con que se sacava la agua. Consideró en sí, y dixo: «Pues en cosa tan dura como es este mármor una soga con el continuo uso basta a hazer tal señal, assí -dize- el continuo uso del estudio puede hazer mella y señal en mi duro entendimiento, hasta que venga a saber algo». Bolvió a estudiar, y porfió tanto que vino a ser lumbre de toda España y luze- ro | de la Cristiandad. De tal manera que, en su tiempo, en Letras Divinas pocos supieron tanto como él, y en Humanas, ninguno le igualó. Fue grande hombre de lenguas, entendiendo y hablando la latina, la griega y la hebrea. Fue grandíssimo filósofo, excelentíssimo médico y consumadíssimo teólogo. Coligióse de su Vida, escrita por San Braulio, obispo de Çaragoça, y de Breviarios antiguos de España.


[5] San Martín, confessor y doctor en León, aviendo ido en romería a Roma y recebido la bendición del Papa Urbano, bolvió a su tierra, ordenóse sacerdote y tomó el hábito de canónigo reglar en San Isidoro de León, y en poco tiempo alcançó nombre de más perfecto religioso y de más santo sacerdote entre todos los de su convento. No avía estudiado la Sagrada Escritura, y tenía grandíssimo desseo de saberla y entenderla. Hazía oración particular a Dios para que pudiesse alcançar esto que tanto desseava, y de su parte procurava lo que podía darse a este estudio, aunque ni tenía maestro que le enseñase ni su entendimiento le ayudava. Estava una noche en oración pidiendo esto muy encarecidamente a Dios, y apareciósele San Isidoro, el cual traía un libro en sus manos. Díxole:

-Toma este libro y cómele, y darte ha el Señor ciencia de la Escritura Sagrada.

Ponía por escusa el santo varón que ayunava y que por esto no osaría comer el libro.

-No te quitará el mérito del ayuno aunque le comas, porque yo soy -dize- Isidoro, patrón deste lugar, y me embía Dios a que te diga esto de su parte.

Casi forçado, tomó Martín el libro y comióle. Desapareció San Isidoro, y quedó Martín tan inflamado en sabiduría divina como un hierro en la fragua con el fuego. Mostró tanta ciencia y sabiduría de las Divinas Letras, y tanta facundia, que ningún teólogo de su tiempo le llegó, y él hizo a todos ventaja. Tuvo disputas con muchos he- reges, /(225v)/ y con grande facilidad los convencía. Está en su Vida, escrita por don Lucas de Tuid.
[6] Santo Tomás de Aquino, estando comiendo a la mesa de San Luis, rey de Francia, dio un golpe con la mano en ella, diziendo:

-Concluido he contra tales hereges.

Tenía al lado al prior de su convento, el cual, oyéndole dezir tales razones, trabóle del hábito y díxole:

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