De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-No por esso, hermano -dixo el menor-, os entristezcáis, porque si Dios quiere que yo me condene, su voluntad se cumpla. Que yo no le sirvo principalmente porque me dé el Cielo y libre del Infierno, sino por su amor; porque lo merece siendo sumamente bueno, y porque siendo Él quien es y yo el que soy, tuvo por bien morir por mí. Si quiere puede darme el Cielo y si no, también puede hazerlo. Y aunque sea verdad que esté determinado de condenarme, yo no dexaré de servirle en tanto que tenga vida, pues en el Infierno no podré hazerlo.

Ésta fue la respuesta que el moço dio al anciano. Y a la noche vino un Angel de Dios que le declaró como era /20v/ demonio el que primero se le apareció a su hermano, y por la constancia y prendas de amor que mostró avía merecido | grande augmento de gracia con Dios. Lo dicho es del De Vitis Patrum y refiérese en el Promptuario de exemplos.

EXEMPLOS ESTRANGEROS

Lo que acerca de los cristianos es piedad amando a Dios y mostrando prendas dello, en paganos y idólatras puede llamarse superstición, aunque el pensar que tenían dioses verdaderos les obligava a hazerles servicios y mostrarles afición. Adviértelo Sabélico, libro quinto.
[1] Ganada Troya de los griegos, y teniendo piedad de los afligidos troyanos, fueles dicho por público pregón que cada uno de los ciudadanos libres sacasse de la ciudad lo que pudiesse llevar consigo. Eneas, sin hazer caso de otra cosa, echó mano de los simulacros y ídolos, y con esto se iva. Visto por los griegos, y considerada su religión, permetiéronle que llevasse alguna persona de su casa. Echó mano de su padre Anquises, viejo y cercano a la muerte. Añadió admiración este hecho en los griegos y concediéronle libre possessión de sus bienes, diziendo que los que exercitan piedad con Dios y con los padres merecen que los enemigos se les tornen piadosos. Dízelo Eliano, De varia historia, libro tercero. |
[2] Metelo Romano, pegándose fuego en el templo de Vesta, entró por medio de la llama y sacó el Paladión, que era una figura de la misma Vesta. Y aunque quedó con la vida, mas perdió la vista. Esta falta la recompensaron los romanos por aquel hecho, dándole magníficos dones y poder ir en coche a la Curia y Magistrado, que fue honra no concedida a otro de su orden y estado. Dízelo Sabélico, libro quinto.
[3] A los ceretes se dio título de ciudadanos romanos porque, en cierta batalla que puso a Roma en peligro grande de perderse, recibieron las vírgines Vestales y ornamentos de aquella casa consigo, y fielmente los guardaron, hasta ser restituidos en la ciudad, libres de aquella guerra. Y por más honra, a los ritos y costumbres de los templos llamaron ceremonias, de aquella ciudad de Cerete, por la ocasión ya dicha. Es de Sabélico, libro 5.

Fin del Discurso 4, de Amor de Dios.

DISCURSO QUINTO. DEL AMOR DE HIJOS A PADRES Y DE PADRES A HIJOS

Refiérese en el capítulo treze del Segundo Libro de Reyes que, aviendo Amnón, hijo de David, hecho fuerça y deshonrado a Tamar, hermana de su hermano Absalón, y no contento de deshonrarla la echó de su aposento con menosprecio y afrenta, de todo lo cual hecho cierto David, amándole tiernamente por ser su mayorazgo, ni le castigó ni le dixo palabra que le pesasse. Por lo cual le vido después muerto a puñaladas de Absalón. | Y es figura de los padres que por amar a los hijos dissimulan con ellos en sus liviandades y vicios, por donde vienen a parar en mal, con grande quebranto suyo. Del Amor de hijos a padres, y de padres a hijos , trata el presente Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Por ley natural y divina están obligados los hijos a reverenciar a sus padres, mandando Dios en la Ley Antigua, y refrescándolo en la Nueva y de Gracia, que se honre el padre y la madre, señalando premio aun en esta vida al que lo hiziere, que /21r/ vivirá largos años. Refiérese en el Éxodo, capítulo veinte; en el Deuteronomio, capítulo quinze, y por San Mateo, quinze, y por San Marcos, siete.


[2] Sem y Jafer merecieron bien la bendición de su padre Noé, porque cubrieron su desnudez. Al contrario de Cam, que por burlar dél viendo desnudo su cuerpo, mereció ser maldito en Canaán su hijo. Dízese en el capítulo nono del Génesis.
[3] Aunque Esaú, hijo de Isaac, era malo y reprovado de Dios, teniendo aborrecimiento de muerte a su hermano Jacob, no quería poner en él las manos en vida del padre. Y assí, cuando le apretava la passión de verse sin el mayorazgo que le avía vendido, y sin la bendición que la avía ganado, dezía:

-Vendrán días en que lloremos la muerte de nuestro padre y que yo quedaré de Jacob satisfecho.

En lo cual le dava honra, temiendo de ofenderle y de hazer cosa que le diesse disgusto. Es del Génesis, capítulo veinte y siete.
[4] Grande era el amor del patriarca Job a sus hijos, pues tenía cuidado cada día de ofrecer sacrificios a Dios por ellos para que fuessen libres de culpas y no cayessen en algún pecado. Es de su Libro, capítulo primero.
[5] Reprehendió Helí, sumo sacerdote, a dos hijos traviessos que tenía, y porque no le obedecieron castigólos Dios muriendo ambos en una batalla. Es del Primero de los Reyes, capítulo segundo.
[6] Al tiempo que David andava huyendo de Saúl, su suegro, tuvo cuidado particular de sus padres y encomendóselos al rey de Moab, y Dios le libró de sus enemigos. Al contrario le sucedió a su hijo Absalón, que por procurar de quitarle el reino y aun la vida al mismo David, su padre, vino a morir moço, colgado de sus cabellos de un roble y alanceado por el mayor amigo que tenía en el reino, que era Joab. Dízese en el Segundo de los | Reyes, capítulo quinze y diez y ocho.
[7] Llegó Betsabé a hablar a Salomón, su hijo, estando en su real silla, y, viéndola descendió della, abraçóla y hízola assentar a su lado, reverenciándola como a madre, aunque era él rey y ella una muger particular. Es del Tercero de los Reyes , capítulo segundo.
[8] Entre otros consejos que el santo viejo Tobías dio a su hijo, fue uno dezirle: «Cuando Dios sea servido que yo muera, enterrarás mi cuerpo y tendrás cuidado de honrar a tu madre todos los días de su vida». Es de su Libro, capítulo cuarto.
[9] Fue huyendo del cerco de Jerusalem Senaquerib, aviéndole muerto un ángel ciento y ochenta y cinco mil hombres de sus assirios, y, llegando a su tierra, dos hijos suyos se conjuraron contra él y le mataron a puñaladas. Y ninguno dellos reinó después dél. Refiérese en el Cuarto Libro de los Reyes, capítulo diez y nueve.
[10] Hizo Jesucristo uno como açote de cordeles y con él echó del templo los tratantes y negociadores, diziendo:

-No hagáis la casa de mi Padre casa de negocios.

En lo cual mostró que bolvía por su honra. Dízelo San Juan, capítulo segundo.
[11] Del mismo Hijo de Dios refiere San Lucas, en el capítulo dos, que siendo de doze años iva y bolvía con la Virgen Sacratíssima su Madre y con el Santo Josef de Nazaret, donde estava de ordinario, a Jerusalem, y que les estava obediente. Y cuando se halló colgado de la Cruz no se olvidó de lo que devía al honor de su Sagrada Madre, y assí se la encomendó a su amado discípulo San Juan; en lo cual se echa de ver el cuidado particular que siempre della tuvo, pues ni en la hora de la muerte la puso en olvido. Es de San Juan, capítulo diez y nueve.
Lo dicho se refiere en las Divinas Letras.

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] La bienaventurada Santa Bárbara fue grandemente perseguida, porque era | cristiana, de su propio padre infiel y idólatra. Prendióla y presentóla a Marcia- no /21v/ Presidente para que la atormentasse, como él hizo. Y, al cabo, sentenciándola a muerte, el mismo padre Dióscoro quiso ser el verdugo. Y aviéndola cortado la cabeça, bolvía a la ciudad gloriándose de aver hecha una grande azaña en servicio de sus dioses falsos, mas el Verdadero le tiró un rayo que le quitó la vida. Y assí en un mismo tiempo la hija subió al Cielo a gozar eterna gloria y el padre baxó al Infierno a padecer eterno tormento. Refiérese en su Vida , escrita por Simeón Metafraste.
[2] Entre cuarenta mártires que por mandado del emperador Licinio fueron presos en la ciudad de Sebaste y atormentados por la fe de Cristo, teniéndolos toda una noche en un lago frigidíssimo, uno dellos, y el de menor edad, se llamava Melitón; tenía madre y, hallándose presente era grande su contento en ver padeçer a su hijo y que llevava los tormentos con ánimo valeroso. Y, porque salidos del lago mandó el tirano que les fuessen quebrantadas las piernas y sus cuerpos llevados a una hoguera y quemados, murieron todos cuando les quebrantaron las piernas, excepto Melitón, que quedó con vida. Los verdugos, aviendo puesto en carros los cuerpos de los demás mártires para llevarlos al fuego, dexavan a Melitón por estar vivo. Visto por su madre, assió dél y púsole sobre sus hombros, diziendo:

-Hijo mío, acabad vuestra carrera con vuestros hermanos; no os apartéis de tan ilustre coro, porque en la presencia de Dios no seáis inferior a ellos.

Llevándole desta manera dio su alma a Dios. Y ni por esto ella turbada, sino mostrando alegre rostro, le puso en un carro con los otros, y con ellos fue quemado. Dízelo San Basilio en la Homilia veinte.
[3] En el tiempo que predicava en Padua el bienaventurado San Antonio con grande aprovechamiento de los oyentes, solía assentarse a confessar algunas vezes después del sermón, y entre otros llegó a confessarse un moço, y acusóse que avía dado a su madre una coz. El santo, después | de averle oído, reprehendióle ásperamente aquel pecado y díxole que el pie que avía herido a su madre merecía ser cortado. El penitente estava con tanto dolor y pena que fue a su casa y él mismo se cortó el pie. Divulgóse el caso, contándolo el mismo penitente. Súpolo San Antonio; hízole traer ante sí y con la señal de la cruz le restituyó el pie. Refiérese en su Vida, escrita por un fraile del Orden del Seráfico Padre San Francisco.
[4] El bienaventurado San Román, estando en presencia de Asclepíades, prefeto de los romanos en Antioquía, y queriendo provar que la fe de Jesucristo era la verdadera, pidió que le truxessen allí un niño menor de siete años y que le preguntassen sobre este caso, y de su respuesta se entendería la verdad. El juez consintió en ello. Truxeron un niño, el cual dize San Isidoro que se llamava Teodulo. Preguntóle San Román:

-Dezidnos, niño, ¿qué es lo más verdadero y cierto, adorar a Jesucristo o a los muchos dioses que los gentiles adoran?

Rióse el niño y respondió:

-Sólo ay un Dios, que es Cristo, y el aver muchos dioses ni los niños pueden dezirlo, y menos creerlo.

Quedó el tirano confuso oyendo esto. Preguntóle:

-¿Quién te enseñó lo que as dicho?

Respondió el niño:

-Mi madre. Y a mi madre se lo enseñó Dios.

Mandó traer allí a su madre y delante della açotar al niño y darle otros tormentos, con que los presentes mostravan mucho sentimiento. Sólo la madre era la que se holgava de ver a su hijo padeçer por Cristo. Ni se contentó con esto el tirano, sino que, temiendo lo que diría cuando varón perfeto el que niño de siete años, avía confessado en público juizio a Jesucristo por Dios y negado la adoración de los ídolos, mandóle degollar. Y assí fue hecho, llevándole su misma madre al martirio, y abraçándole y besándole cuando le entregó al verdugo, y cantando al tiempo que lo degollavan aquel verso de David, que dize: «Preciosa es la muerte de los santos delante del Señor». Lo dicho es de San Isidoro y de Prudentio.
/22r/ [5] Pafuncio, discípulo de San Macario, refiere en su Vida de un monge llamado Marcos, que tenía de memoria el Viejo y Nuevo Testamento. A el cual dize que le truxo una leona un su hijuelo ciego y le dexó a sus pies. Marcos le puso en los ojos de su saliva, hizo oración y quedó con vista. Diole a la leona, la cual le llevó mostrando mucho regozijo. Bolvió otro día y trúxole una piel de oveja como en remuneración de aquel beneficio. Escrivió esto Paladio y refiérelo Lipomano y Surio.
[6] En una ciudad de Normandía vivía cierto hombre rico aunque de baxo linaje. Tenía un hijo, y para él su hazienda que era amplíssima. Sucedió que otro hombre de claro linaje y falto de bienes de fortuna tenía una hija muy hermosa. Éste, acompañado de otros parientes suyos, habló al rico y díxole:

-Vós tenéis un hijo, yo una hija. A vos os sobra hazienda, a mí me falta, aunque por la parte que me hazéis ventaja en riquezas os la hago yo en nobleza. Si lo tenéis por bien, yo os daré mi hija para vuestro hijo, mas ha de ser con condición que les deis luego vuestra hazienda, que ellos os regalarán y darán como son obligados lo necessario para la vida.

El padre estuvo suspenso algún tanto, y por ser importunado de los que estavan presentes, que le davan a entender estarle muy bien, vino en ello. Celebráronse las bodas; entregó el viejo su hazienda, quedando él y su muger, madre que era del novio, en su propia casa, donde por tres años el hijo y nuera los regalaron, aunque el regalo iva siempre en diminución. Passados los tres años, y harto el hijo de padres, por quererlo assí la muger los hizo mudar a otra casa cerca donde ellos vivían, y allí padezían grande lazeria. El vestido era pobre y la comida miserable. Estavan ya en edad decrépita; sobrávales vida y faltávales comida. Embiavan a casa del hijo por lo que les era necessario para no morir y dávaseles con grande escaseza. Un día vido la madre que estavan assando un | ganso en casa del hijo; dixo al marido:

-Passad allá, y pues tiene oy buena comida, siquiera un día matad vuestra hambre.

El viejo, afirmado en su báculo, passó a casa del hijo. El cual, como sintió que venía, hizo esconder el assador con el ganso y, reprehendiéndole por aquella venida ásperamente, le hizo bolver a su casa vergonçoso y triste. Quisieron tornar el assador al fuego, y vídose pegado a él un bufón o sapo grande y ponçoñoso. Dieron vozes los criados; llegó a verle el señor y saltóle el sapo al rostro, aferrándose en él de suerte que con ningún remedio humano se le pudieron desasir. Dávale grande pena, y si tocavan al sapo y querían desaferrársele y matarle, era tan grande su tormento que no avía sino dexarle. Vídose ser castigo de Dios, por la inhumanidad que tuvo con su padre aquel mal hijo. El cual fue al obispo diocesano y confessó su culpa. Diole por penitencia que anduviesse por todas las ciudades y villas de Normandía publicando su pecado, para que por su exemplo los hijos aprendiessen a honrar a sus padres y entendiessen que era muy ofensivo a Dios Nuestro Señor ser crueles con ellos. Después desto, por oraciones de siervos de Dios fue libre de aquel tormento y el sapo desapareció. Lo dicho es de Tomás de Cantiprado, en el libro segundo, capítulo séptimo, De apibus misticis.
[7] Un padre grande jugador y que se andava de taverna en taverna, llevava consigo un hijo pequeño que tenía, y acostumbróse tanto a esto el moço, que siendo grande, faltándole dinero para jugar, dio en hurtar. Començó en casa de su padre, passó a la del vezino, y al cabo hurtava como ladrón famoso. Dos vezes estuvo a punto de ser ahorcado y el padre, con dineros que dio, le libró. Vino la tercera vez y, no valiendo dineros ni aprovechando favor, fue llevado a la horca. Y estando al pie de la escalera pidió que le hiziessen venir allí a su padre. Vino muy lloroso. El hijo le rogó que le perdonasse los males que le avía hecho y en señal de perdón le besasse /22v/ en el rostro. Llegó el viejo y el moço le mordió las narizes y se las llevó entre los dientes. Todos los que estavan a la mira se indignaron de muerte contra él; dezíanle afrentas, llamávanle ingrato, traíanle a la memoria que por dos vezes le avía su padre librado de la horca y que lo mismo hiziera ésta si pudiera. El ladrón dixo:

-Lo hecho ha sido acertado y con mucha justicia, porque él fue la causa de que aora me ahorquen, pues cuando moço nunca me castigó ni reprehendió por males que hiziesse, de donde vine a ser ladrón y a la horca.

Lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[8] Viéndose un padre que por amar tiernamente a sus hijos faltava en lo que devía al servicio de Dios, queriendo remediarse hizo un combite, al cual quiso que todos se hallassen presentes. Y en tanto que comían, siendo imbierno y teniendo cerca un brasero de lumbre, dixo a uno de los hijos en quien tenía más confiança que si de veras le amava pusiesse el dedo menor de la mano sobre las brasas. Escusóse el hijo y no quiso hazer lo que el padre le dezía, pareciéndole locura y vejés. Fue de uno en uno el padre diziéndolo a todos los hijos, y la respuesta que le dio el primero dieron todos. Con esto les descubrió su intento y dixo:

-Ya veis, hijos, que ninguno de vosotros por mi amor, y aviéndoselo rogado, ha querido poner el dedo en las brasas, con ser fuego que passa presto y en sólo un dedo. Pues ¿qué razón ay para que yo, por amaros, dexándoos hazienda mal ganada, vaya a arder alma y cuerpo en el fuego eterno del Infierno?

Con esto restituyó lo que tenía mal ganado y, aunque pobre, vivió en adelante con grande recato y procuró salvarse. Lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[9] Hizo su testamento un hombre muy rico, y mandó a clérigos y a frailes algunas buenas mandas porque hiziessen oraciones y sufragios por su alma. Dexó un hijo, y apoderóse de mayorazgo y de bienes muebles y raízes, muerto el padre. Los frailes y clérigos vinieron a pedirle cumpliese las mandas del testamento, y | no quiso darles cosa alguna, formando razón sobrello con ellos en esta manera:

-Vosotros -dize- predicáis, y ello es assí, que no aprovechan los sufragios y oraciones al que está en el Infierno, y que no tiene dello necessidad el que está en el Cielo. Yo no sé si mi padre está en el Cielo o en el Infierno. Si en el Infierno, nada le aprovechará cosa que por él se haga; si en el Cielo, no tiene dello necessidad. Pues demos que esté en Purgatorio; él saldrá por sus cabales, que no será acertado gastar los bienes que me pertenecen de herencia en cosa dubdosa por mi padre.

Con estos dichos se quedó el vellaco con la hazienda toda. Lo dicho se refiere en el Promptuario de exemplos. Y aún se podría juntar con esto, si no es fábula, lo que algunos afirman: que dexó un padre dos hijos y tres açotes, mandando que se vendiessen, y que el precio de los dos se diesse a los dos hijos y el precio del tercero fuesse para hazer bien por su alma. Estando concertando de vender los açotes, ya muerto el padre, volóse uno y fuese. Dixo el un hijo: «Vaya aquél por la alma de mi padre»; y el otro lo aprovó.
[10] Un padre muy rico dio su hazienda a un hijo que tenía, entendiendo que tendría cuidado de proveerle de lo necessario a su vida. Mas correspondió mal, assí en la vida como en el vestido, porque ni le dava vestido con que se defendiesse del frío, ni comida con que matasse la hambre. Sacó cuatro varas de paño, después de avérselo llorado el pobre viejo, para hazerle una ropa, y quitó las dos, diziendo que aunque fuesse estrecha le calentaría más. Tenía un hijuelo de poca edad este mal hombre, el cual escondió las dos varas de paño que sobraron de la ropa que ya quedó en ropilla. Y, andando a buscarlas, al fin el rapaz dixo que las tenía escondidas. El padre le preguntó:

-Pues, ¿para qué las escondiste?

Respondió:

-Para hazeros, padre, una ropilla cuando yo sea hombre y vós viejo, conforme a la que avéis hecho a mi abuelo.

-Pues, ¿cómo? -dixo el padre- ¿y no me la harás mejor?

-No por cierto, y aun me lo devéis agradecer que sea tal.

De aquí /23r/ tomó ocasión para tratar mejor a su padre y regalarle, todo por mano del mochacho, para que aprendiesse a hazer con él lo mismo. Lo dicho es de Guillelmo Lugdunense. Y refiérelo el Promptuario de exemplos.
[11] Descuidávanse dos hijos de su padre, aviendo repartido entre ellos su hazienda. Y, visto por él, y aconsejado de un amigo suyo, hizo una arca bien herrada y cerrada con tres llaves, y dio a cada hijo la suya, quedando él con otra. Díxoles que tenía allí joyas de grande precio y escrituras de rentas, que las repartiesen entre sí después de su muerte, y que por no gastarlas él y que ni ellos se apoderassen dellas, como de lo demás, y se descuidassen dél, quería que tuviessen todos tres las llaves. Con esto los hijos le regalavan a porfía, esperando parte en aquella arca, no osándose descuidar dél, porque no las distribuyesse y gastasse. Vino a morir el viejo; abrieron los hijos la arca y hallaron dentro un martillo de hierro y una cédula que dezía: «Quien da su hazienda antes de su muerte, merece que le den con un martillo en la frente». Es del Promptuario de exemplos.
[12] Un hombre rico, estando cercano a la muerte, llamó tres hijos que tenía y díxoles:

-Yo, hijos míos, os dexo muchas possessiones y riquezas. Pudiera aver dado mucho desto a pobres por la salud de mi alma, mas he querido guardároslo, entendiendo que, siendo yo muerto y estando en Purgatorio, saldré de allí mediante lo que haréis por mí. Cada uno diga lo que piensa hazer.

El mayor señaló millares de missas y largas limosnas. El mediano dixo lo mismo. Mas el menor se estava riendo. Preguntóle el padre:

-Y tú, ¿de qué te ríes?

Respondió:

-Porque no pienso, padre, dar por vos un real.

Indignóse el viejo contra él, mas añadió el hijo y dixo:

-En tanto que vivís, padre mío, devéis hazer bien por vuestra alma, sin dexarme esse cargo a mí o a mis hermanos; porque, estando apoderados de vuestra hazienda, ¿cómo queréis que por vos la demos, pues vós por noso- tros | no la dais? Cada uno procurará más su proprio provecho que el vuestro, no teniendo de vos algún cuidado.

Oído esto por el padre, abraçóle diziendo que le avía descubierto la verdad. Y fue ocasión para que luego distribuyesse parte de su hazienda para bien de su alma. Lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[13] Estando para morir una muger casada, con muchas lágrimas y pidiéndole perdón declaró al marido que de tres hijos que tenía el uno sólo era suyo, y los dos de adulterio. No pudo dezir más porque le atajó la muerte. Quedó confuso el padre sin saber qué determinar acerca de su hazienda, que era grande. Y viniendo a morir, en su testamento declaró lo que su muger dixo a la hora de su muerte, y que por tanto él dexava su hazienda al que de los tres era proprio hijo suyo. Murió el padre y fueron los tres moços delante el rey, y mostraron el testamento, alegando cada uno que era el verdadero hijo. El rey, aconsejado de algunos sabios, mandó que desenterrassen el cuerpo del padre y le atassen a un palo, y que, de los tres hijos, el que tirando con un arco le enclavasse una saeta más cerca del corazón, éste huviesse la herencia. Tiraron los dos enclavando en el cuerpo sus saetas, mas el tercero dixo:

-No quiera Dios que yo hiera el cuerpo de mi padre por interesse humano. Piérdase la herencia, que no seré tan desacatado que ponga las manos en quien me engendró, aunque esté muerto.



Oyó esto el rey, y declaró ser el hijo proprio y verdadero, y no los otros, y assí le dio la herencia. Refiérese en la Suma de virtudes y vicios de Gullelmo de Peraldo.
[14] Alexandre de Alexandro, libro cuarto, capítulo diez y nueve, escrive que estando en Nápoles un grande amigo suyo, hombre de verdad, siendo de noche oyó desde la posada en que estava grandes gritos en la calle, de persona que se quexava y pedía le favoreciessen. Aparóse a una ventana y vido él, y vieron otros muchos, a un moço, a quien andava haziendo mal un demonio, y él se defendía huyendo a unas /23v/ partes y otras. Era cosa de mucho temor ver la fealdad del demonio. El afligido moço acordó a pedir favor a Dios y a sus santos, y desta manera se libró del diablo, y quedó como pasmado sin poder hablar. Desde algún tiempo se confessó por grande pecador, y que avía dicho la tarde antes palabras afrentosas a su padre, que fue la ocasión por donde le vino aquel castigo.
[15] Otro moço desobediente assí mismo a sus padres, y que avía determinado de poner las manos en el uno dellos, salió de Roma y iva cierto camino, en el cual se hizo encontradizo un demonio en forma humana, y caminando con él llegaron a una posada, donde, estando dormiendo el moço, fue a él el demonio y quiso ahogarle. Despertó y dio bozes llamando a Dios y a Santa María. Lo cual oído del espíritu maligno, no teniendo licencia para más, huyó de allí rompiendo el texado y dexando los maderos dél rotos y ahumando. Al ruido se levantó el huésped y otros muchos que estavan allí aposentados, pareciendo que toda la casa se hundía. Y visto por el moço el peligro en que estuvo, enmendó su vida. Refiérelo Ludovico Domenichi en Historia varia.
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