De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-Padre Maestro, mire que está a la mesa del rey, y no a la de su convento.

Avergonçóse él y pidió perdón, diziendo que no advertía en lo que estava. Lo cual no pequeña admiración causó en el rey, verle aun a su mesa tan ocupado en su estudio. Es de Juan Garçón en su Vida.
[7] A todos los estudiosos parece hazer ventaja Didimo Alexandrino, el cual, estando privado de la vista, siendo de cuarenta años, sabía Gramática, Geometría, Dialéctica, y en todo salió consumadíssimo. Y aunque cuando escrivía usasse de agena mano, y lo mismo en los números y dimensiones, escrivió sutilíssimamente muchas cosas, y hizo comentos y glossas sobre la Divina Escritura. Advirtiólo Fulgoso, libro octavo.

[8] Orígenes Adamancio, aunque fue un tiempo pobríssimo, aviendo perdido su patrimonio por causa de la religión cuando su padre Leónidas fue martirizado, y secrestados todos su bienes, escrivió (según dize San Hierónimo, que afirma averlo visto) seis mil volúmines y libros de grande doctrina, trayendo consigo de ordinario siete escrivientes. Es de Eusebio, en la Historia Eclesiástica.


[9] San Ambrosio estava enfermo y cercano a la muerte, y cada día dictava cosas que se escriviessen. Y comentando el Salmo cuarenta y tres, le sobrevino la muerte, sin acabarle. Refiérese en su Vida.
[10] Paula, romana y de nobilíssimo linaje, y no tanto esclarecida por esto y porque sabía la lengua hebrea, grie- ga | y latina, como porque siguió la verdadera y cierta Filosofía, dexó a Roma, su patria, navegó el mar y fue a Palestina, adonde oyó de San Hierónimo, que residía en aquella tierra, lo que convenía para el bien y provecho de su alma. Allí, porque sus riquezas, que eran grandes, no le fuessen estorvo a la contemplación, las distribuyó a pobres y en obras pías. Adviértelo Fulgoso, libro octavo.
[11] No es razón passar en silencio lo que de la Madre de Dios escriven algunos santos, y lo refiere Marco Marulo en el libro segundo, que desde la hora de nona, que es a las tres de la tarde, hasta la puesta del Sol, se exercitava en lección del Viejo Testamento, para darnos exemplo, y que se entienda ser necessario tener tiempo señalado a este estudio, como a la oración y a otros importantes negocios.
[12] Cecilia, romana de linaje patricio, aunque su fe se aventajava al linaje, siempre traía consigo un libro de los Evangelios. Escondíale en su seno cuando iva de una parte a otra. Y sus pláticas de ordinario eran de lo que traía escrito en su pecho. Guardó castidad y llegó a recebir palma de martirio, padeciendo graves tormentos en su cuerpo. Y para todo sacó caudal del libro que traía consigo, cuya dulcedumbre le dava cada día nuevos sabores y gustos leyendo en él. Refiérelo Surio, tomo sexto.
[13] Silvia, o Silvania, hermana de Rufino, prefecto de Alexandría, gastava la mayor parte de la noche en estudio de la Sagrada Escritura. Dízese della que fue elocuentíssima y que vivió solitaria en la Tebaida, aunque el estudio la avía enseñado cómo no estuviesse sola en la soledad. Es de Paladio.
[14] Amalasunta, hija de Teodorico, rey de los ostrogodos en Italia, y heredera de su estado, fue doctíssima en lenguas, porque sin la griega y latina hablava todas las de los occidentales que en algún tiempo hizieron guerra al Impe- rio, /(226r)/ con los cuales negociava sin intérprete. Y fue mucho de maravillar que siendo muger, y ocupada en govierno de reino, tuviesse tiempo para estudiar y aprender tantas diferencias de lenguas, sin lo que es verisímil que se entretenía en otros estudios de Filosofía. Refiérelo Fulgoso, libro octavo.
[15] Rosuida, abadessa en Saxonia, en tiempo de Lotario Primero, emperador, fue muy docta en la lengua griega y latina. Escrivió diversas obras con mucha erudición y doctrina. Hizo un tratado para monjas, exortándolas a las virtudes y servicio de Dios, y al culto divino. También compuso algunas oraciones en loor de la Virgen y de otras santas. Escrivió Historia de los hechos de los emperadores otones . De Rosuida fue discípula, y después tuvo su cargo de abadessa, Santa Isabel de Schonaugia, que escrivió también diversas obras de documentos para sus monjas, del camino del Cielo, y muchas epístolas. Baptista Prima, hija de Galeacio Malatesta y muger de Guidón, conde de Urbinas, diversas vezes disputó con personas doctíssimas y consiguió particular loa suya. Escrivió en latín algunos tratados, como De la Verdadera Religión y De la fragilidad humana . Isota Novarula Veronense estudió Filosofía y Teología, escrivió diversas cartas a Nicolao Quinto y a Pío Segundo, Sumos Pontífices. Hizo un diálogo famoso en que trata quién pecó más, Adam o Eva. Casandra Fidele Veneciana, muchas y diversas vezes ganó grandíssima loa en la Universidad de Padua argumentando con doctíssimos varones. Hizo un libro del Orden de las Ciencias. Afírmalo Fulgoso, libro octavo.
[16] Gervasio y Protasio, dos hermanos nacidos de un parto y parecidos no sólo en figura, sino también en las costumbres, como por huir una persecución levantada contra los cristianos | estuvieron escondidos en una casa diez años, en todo este tiempo su ordinario exercicio era orar y estudiar, y cuán provechoso era este modo de vivir se apareció en la embidia que el demonio les tuvo. El cual, hablando acerca de los ídolos, dezía que no respondería a lo que le era preguntado hasta que Gervasio y Protasio le ofreciessen encienso y le sacrificassen. Mas los que aprovecharon en la fe leyendo, y en la constancia orando, pudieron ser muertos y no vencidos, y sucedió que a los que pretendía el demonio perder, vido coronados de mártires. Quiso quitarles de las manos las armas de lección y oración, y con ellas fue vencido. Es de San Ambrosio, en la Epístola ochenta y cinco, del Metafraste, y de Surio, tomo tercero.
[17] Servulo, pobre y enfermo, de limosnas que le davan comprava libros de la Sagrada Escritura, y no sabiendo él leer, siempre que hallava ocasión hazía que le leyessen en ellos, y de oírlos leer salió muy sabio, y tanto que llevó con grandíssima paciencia la enfermedad y pobreza. Es de San Gregorio, en sus Diálogos, en el cuarto libro, capítulo catorze.
[18] Nizéforo Griego Monge, en su Historia Eclesiástica, que prosiguió por años, dize que en el de cuatrozientos y sesenta, Timoteo Herulo, que fue herege y homicida y por tiranía y fuerça alcançó el obispado de Alexandría, hallando algunas obras de San Cirilo Alexandrino que no estavan divulgadas, las contaminó, mezclando en ellas muchos errores, y dio dello testimonio Pedro, presbítero alexandrino.
[19] Quiso un religioso estudiar después de Maitines, y en poniendo los ojos en el libro quedava dormido. Y como porfiasse por despertar y tornarse a dormir, se dixo con impaciencia:

-¿Qué es esto, que oy más que nunca prevalece el sueño contra mí?

Respondióle el demonio, estando presente y siendo esta obra suya:

-No se han /(226v)/ cerrado las ventanas.

Preguntó el fraile:

-¿Y cómo se cierran?

Replicó el demonio:

-Desde la frente hasta el pecho y desde una oreja hasta otra.



Denotó en esto el misterio de la Cruz, que importava muchíssimo que se signe con ella el que se pone a estudiar o quiere escrivir, o ha de hazer otro exercicio semejante. Signándose con la Señal de la Cruz, la obra va más perficionada. Es del libro segundo De Apibus, capítulo cincuenta y seis.
[20] Equicio Abad, en el monasterio de Valeria, porque no se le passasse el día sin estudio, a dondequiera que iva llevava sus mangas llenas de libros, y no tenía por pesada semejante carga considerando el provecho y utilidad que de aquí sacava. Como al valiente soldado, que no le es estorvo ni tiene por peso el arnés de hierro, la lança y espada con que anda en la guerra cargado, siendo esto todo medio con que conserva la vida, porque con semejante provissión entra en la batalla y con el enemigo, confiado de salir con vida y con victoria. Assí, el que con la lección de la Sagrada Escritura se exercita, y para esto se provee de libros y los trae siempre en las manos, fácilmente desbarata y vence los engaños del demonio. Dízelo San Gregorio, en sus Diálogos, libro primero, capítulo quinto.
[21] San Bernardo Abad, cuyas obras admirables dan testimonio de su alto entendimiento y mucha sabiduría, la cual no alcançó por industria y diligencia de algún maestro, sino la costumbre de orar y leer le hizo sacar de la Escritura místicos sentidos, y fue assí que el desseo y gana de entenderlos le hizo que los leyesse, y la oración que los entendiesse. Para impetrar esto fue el todo la santidad de su vida. Assí dessee, assí ore, y assí viva el que assí quiere entender, enseñándole el Divino Espíritu. Refiérelo Surio, tomo cuarto.
[22] San Bernardino, excelente predi- cador | del orden de los Menores, primero se exercitó en el estudio del Derecho Canónico y después en el de Teología, en que aprovó tanto y tomó tal gusto, que dexó el siglo, entró en religión, y assí el estudio del Derecho haze a un hombre bueno, mas la Teología passa adelante y házele perfecto. El un estudio enseña a no ofender al próximo, y el otro a negarse a sí y tomar la Cruz de Cristo, Nuestro Redemptor, y persuadir a todos que sigan a Cristo, y acábanlo con algunos. Es de Marulo, libro segundo.
[23] Eadmundo, arçobispo de Canturia, estando leyendo en la Biblia quedóse dormido. Cayóse una vela ardiendo sobre la misma Biblia abierta, y la vela toda se consumió y no dexó señal alguna la llama. Gastóse la cera y no dañó el papel. Vedósele el dañar las letras, las cuales guardó el Señor para que fuessen leídas de todos. Dízelo el abad Floricense, y refiérelo Surio, tomo sexto. Los mismos autores dizen dél, que otra vez se durmió cansado del estudio y cuando despertó halló muerta la luz, y doliéndose de que perdería algunas horas de lección por falta della, hizo oración a la Madre de Dios, y de repente vido una vela en su mesa acendida. Prosiguió en su estudio, dando gracias a Dios y a su Sagrada Madre, que assí favorecen a los estudiosos. Refiérelo Marulo, libro segundo.
[24] Heliodoro, obispo tricense en Tesalia, escrivió un libro que intituló Historia Etiópica, del cual se temía que podía ser dañosíssimo a gente moça por hallarse en él acaecimientos amorosos. Advirtióse desto en un Concilio Provincial que se celebró a la sazón, y fuele mandado que recogiesse los traslados que dél andavan y los quemasse juntamente con el original, y no haziéndolo, que fuesse privado del obispado. Oído por él, quiso antes dexar el obispado y perderle que quemar el libro. /(227r)/ Dízelo Nizéforo Calixto, libro doze, capítulo treinta y cuatro. Deste exemplo se pueden sacar dos documentos: uno de lo mucho que cuesta un libro a su autor, pues éste quiso antes dexar el obispado que perder el trabajo que tuvo en hazerle, quemándole, aunque el libro es bien pequeño; otro es que devrían evitarse muchos libros en que ay cosas lascivas y deshonestas, que hazen daño muy notable en gente moça, pues todo un Concilio vino en que se quemasse el libro de Heliodoro, de la Historia Etiópica, que anda en español y se intitula de Teágenes y Clariquea. El cual, aunque su autor le escrivió en griego, anda traduzido en diversas lenguas. Yo le he leído en lenguaje latino y en el proprio de España, y aunque es de humanidad, tiene un artificio maravillosíssimo y no las deshonestidades y pensamientos atractivos a mal de que otros libros andan llenos.
[25] Passeando un rey moço por la plaça de cierta ciudad principal suya en tiempo de feria, vido un hombre estrangero y de persona autorizada arrimado a una parte. Preguntóle quién era y si traía que vender. Respondió que era filósofo y que vendía sabiduría. El rey, tomándolo por entretenimiento, díxole:

-Pues dame cien ducados (como si dixéssemos) de essa mercaduría.

El filósofo repitió:

-Por esse precio te daré un consejo, y es que ninguna cosa hagas sin mirar muy bien primero lo que te puede suceder.

El rey y los que le acompañavan rieron desto, aunque se le mandó dar el dinero. Después, considerando la fuerça de aquellas palabras, el rey, como discreto y sabio, dixo:

-Yo quiero, pues me cuestan mi dinero, aprovecharme dellas.

Mandólas escrivir en algunos aposentos de su casa real y esculpir en vassos muy preciosos de oro y de plata de su servicio. Sucedió que, desseando regir su reino con grande rectitud y justicia, mos- tróse | muy contrario a algunos grandes dél porque oprimían a la gente pobre. Y fue ocasión que le desseavan mal de muerte. Trataron de matarle, y al cabo concertáronse con su barbero, de que, rayéndole la barva a navaja, le matasse, prometiéndole que ellos estarín a la mira y le librarían, dándole un gran tesoro. Ofrecióse el barbero a salir con la empressa. Vino día en que le llamaron a su oficio. Quitóle el cavello, y al tiempo que tomó la navaja para raerle la barva vido en una bacía de plata la discreta sentencia que compró el rey del filósofo, que dezía: «Ninguna cosa hagas sin mirar lo que te puede suceder». Parecióle que hablava con él. Turbóse, y la navaja se le cayó de la mano. Quiso encubrir su turbación. Al cabo, con tormentos confessó y pagó lo que merecía, y el rey se libró de muerte por los cien ducados que compró de sabiduría del filósofo. Es del libro segundo De Apibus, capítulo cuarenta y tres.
[26] El abad Ciriaco, de la Laura Calamón, que es cerca del Jordán, estava un día en su celda y vido como en sueños passar una señora de grande magestad, vestida de púrpura y muy honesta. A sus lados ivan dos varones, que se conocieron ser el uno San Juan Baptista, y el otro el gran teólogo San Juan Evangelista. El abad salió a la puerta de la celda y pidió humilmente a aquella Señora, que era la Madre de Dios, fuesse servida de entrar dentro. Mas dio muestra que no le oía. Perseveró el abad, y dixo:

-No permitas, Señora, que yo, pobre y humilde, quede confundido y ageno desta tan grande merced.

Oído esto por la Virgen Sacratíssima, con boz severa le dixo:

-Tienes dentro de tu celda a mi enemigo, ¿y quieres que entre dentro?

Diziendo esto, desapareció. Quedó el monge muy afligido, y despierto pensava por qué le avía dicho la Sagrada Madre de Dios semejante razón, y si en aquella celda alguno la huviesse ofendido con pecado o maldad /(227v)/ cometida contra ella. Mas estava cierto que sólo él residía allí, y no se acordava que en cosa alguna la huviesse ofendido. Rebolvía a mirar a todas partes, y poniendo los ojos en un libro, quiso leer en él y consolarse con la lección en la pena que tenía por aquel acaecimiento. Avíale prestado el libro Isiquio, sacerdote hierosolimitano, y rebolviéndole, halló al cabo dos tratados del herege Nestorio, el cual entendió que era el enemigo de la Sagrada Virgen María, por aver publicado errores sacrílegos contra su honor. Embió luego el libro a su dueño, diziendo:

-Toma, hermano, tu libro, que no he recebido dél tanto provecho y utilidad como daño y pérdida.

Y queriendo Isiquio certificarse del caso, refiriósele por orden, y con grande zelo de la honra de Dios quitó del libro aquellos dos tratados de Nestorio y echólos en el fuego, diziendo:

-No estará en mi compañía enemigo de la Madre de Dios y siempre Virgen, María.

Es del Prado Espiritual, capítulo sesenta y seis.
[27] Estavan en cierto monasterio dos hermanos, el uno lego y el otro clérigo. El clérigo gastava su tiempo ya leyendo, ya escriviendo. Éste preguntó al lego del tiempo, en qué le gastava. Y respondió:

-En tres letras estudio, y las rebuelvo en mi coraçón cada día. La primera es negra, la segunda, bermeja, y la tercera, blanca.

Preguntóle los nombres destas letras y su significación. Respondió:

-La primera es memoria de mis pecados, que, como carga pesada atormenta mi coraçón y le torna negro y amargo. La segunda es memoria de la sangre roxa que mi Redemptor Jesucristo derramó en la Cruz por mí, pecador, de los cinco manantiales y arroyos de sus preciosíssimas llagas, con tanta abundancia. La tercera letra es de los gozos del Cielo, y de ser uno de los que en vestiduras blancas siguen al Cordero por dondequiera que va.

Oyendo esto el hermano clérigo y le- trado, | avergonçóse, pareciéndole que todas sus letras y sabiduría eran vanas y de ningún provecho y respeto de las tres letras del hermano idiota, y en adelante procuró de componer más su vida con devoción y meditación. Es del Promptuario de exemplos.
[28] Murió un rústico, el cual nunca quiso oír sermón, sino al tiempo que se començava se iva de la iglesia, y estándole diziendo los oficios de muertos y su cuerpo en las andas, vieron todos los presentes una imagen de Cristo Crucificado, que, desclavándose las manos, ponía los dedos en los oídos como para no oír los oficios que los clérigos hazían por aquel difunto. Era el cura siervo de Dios y avíale amonestado diversas vezes sobre que oyesse sermones. Aora, viendo lo que el Crucifixo hazía, cayó en la cuenta, y dixo en boz alta para que todos lo oyessen:

-Sabed, hermanos, que este hombre que está aquí muerto era enemigo de oír la Palabra de Dios. Aora Dios muestra que no quiere oír lo que por él rogamos, estando en poder del diablo su alma, y por esso se cierra los oídos. Y pues su Magestad no quiere oírlo, no ay para qué nos cansemos. El cuerpo se eche luego en una hoya fuera del lugar sagrado.

Y assí se hizo. Lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[29] Fray Francisco Titelman, flamenco y fraile del Orden de los Menores, varón doctíssimo y que escrivió libros de mucha erudición y doctrina sobre la Sagrada Escritura, tuvo noticia en su tierra de la ferviente y estrecha reformación del Orden que en Italia se hazía por los frailes llamados capuchinos, que trabajavan por representar al mundo la vida y pobreza del Padre San Francisco y de su tiempo, por lo cual, con zelo grande de servir a Dios en aquella reformación, con otros dos frailes de su mismo intento passó de Flandes a Italia, adonde fue recebido con mucho amor y afabilidad del Vicario General de los /(228r)/ Capuchinos, y con su bendición fuese al Hospital de Santiago de los incurables, en Roma, y allí servía a los enfermos con tanto amor y fervor como si en ellos viera a Jesucristo. Barría los aposentos, limpiava y labava los paños y otras inmundicias de los enfermos, curávales sus llagas asquerosas y todo con tanta alegría, y teniéndoles el respecto que si fueran ángeles, y después de servirles y curarles los cuerpos entendía en curarles las almas, con la santa doctrina que les enseñava de paciencia y conformidad con la voluntad de Dios. Preguntado allí el varón de Dios por qué no se dava al exercicio de enseñar y escrivir como solía, pues tenía recebido de Nuestro Señor el don de ciencia según parecía en lo que ya tenía escrito, respondió que mucho más quería unirse a Jesucristo, humilde, y darse a los exercicios de humildad, que a los de las ciencias humanas, como más importantes y provechosos. Avíase en tanta manera mortificado, que en sus palabras y pláticas ya no era oída de su boca cosa de ciencia o especulación curiosa, mas todas sus razones salían de coraçón humilde y lleno de caridad de Dios, o de la salud del próximo. En Roma le visitaron algunos dicípulos suyos en el hospital donde curava los enfermos, y le dixeron por qué no leía en aquella ciudad y componía obras para aprovechar a muchos con su doctrina, como avía hecho en Lovaina. A los cuales él, con mucho fervor de espíritu, respondió que en ninguna manera lo haría, y señalándoles con el dedo uno por uno aquellos incurables enfermos, dixo:

-Éste es mi Orígenes, aquél es mi Hierónimo, y el otro es mi Augustino, y aquél otro mi Crisóstomo. Éstos son los libros que quiero estudiar, y éstas son las obras que desseo componer.



Refiérese en las Crónicas de San Francisco.
[30] El cardenal y arçobispo de Toledo, don fray Francisco Ximénez, hizo imprimir la Biblia Trilingüe en Al- calá, | y estuvo casi quinze años en acabarse, desde el de mil y quinientos y dos, que se començó. Aprovechóse de Demetrio Cretense, griego; de Antonio Nebrisense, de Lope de Astúñiga, y de Bernando Pinciano, griegos y latinos; de Alfonso, médico de Alcalá, de Paulo Coronello y de Alfonso de Çamora, hebreos. Buscó exemplares antiquíssimos, donde siete dellos hebreos, que dexó al Colegio de Alcalá que él fundó, costaron cuatro mil ducados. Toda la impressión se tassó que le avría costado con las costas y gastos cincuenta mil ducados. Dízelo el Maestro Alvar Gómez, en su Crónica.
[31] Imperando Federico Tercero, estava en la Universidad de Colonia Nicasio, ciego sin vista, doctíssimo en el Derecho Canónico y Civil. Passó a Lovaina y estudió Teología con grande aceptación de todos los doctos en aquella facultad. Predicó muchíssimo tiempo, y aunque con agena mano, escrivió doctamente sobre los Libros de las Sentencias , y algunas Cuestiones teológicas y Epístolas. Dízelo Fulgoso, libro octavo.
[32] Juan Fernández, nacido en los Estados de Flandes, de padre español, ciego de su nacimiento y muy pobre, venció con su admirable ingenio estas dificultades. Estudió Lógica y Filosofía, fue músico excelentíssimo, componía cuatro bozes, cantava maravillosamente y tañía diversos instrumentos, con que admirava y deleitava las orejas de los oyentes. Es de Fulgoso, libro octavo.
[33] Don Alonso Dézimo, rey de Castilla, fue llamado el Sabio, por lo mucho que se dio al estudio y letras. En lo cual pudo igualarse a los antiguos sabios y filósofos. El cual, aunque tuviesse ocupado el tiempo en govierno del reino y en guerras, también dava sus horas señaladas al estudio, especialmente a la Astrología, en que fue singular hombre, como dan dello testi- monio /(228v)/ las Tablas que se nombran suyas, obra dificultosíssima en aquella facultad, y siempre son estimadas y tenidas en gran precio de Astrólogos. Tocólo Fulgoso, libro octavo.
[34] Don Alonso, rey de Aragón y Sicilia, aunque tenía la administración de tres reinos y le ocupavan continuas guerras, todo esto no fue parte para estorvarle que de edad de cincuenta años se sujetó a preceptor de Gramática Latina, por no carecer de los libros que en ella solamente se hallan. Y porque los españoles de Aragón, su tierra, gozassen de la Historia de Tito Libio, la traduxo en aquella lengua. Es del mismo Fulgoso, libro octavo.
[35] El ya nombrado Rey don Alonso de Nápoles, estando enfermo en Capua y no hallando remedio los médicos para su salud, diole Antonio Panormitano un libro, que fue la Historia que escrivió Quinto Curcio del rey Alexandre, y con ella recibió tanto contento que recobró la salud. Y viéndose sano, burlava de los médicos, diziendo que para otros enfemos se aprovechassen de Avicena, que para él Quinto Curcio era cierta medicina. Refiérelo Panormitano, en el libro primero de sus Hechos.
[36] No es justo dexar en olvido en este Discurso a un español, de los insignes en letras que ha tenido nuestra España. Y no entiendo qué me adelanto en esto, | considerando y visto bien lo que dexó escrito. Fue éste don Alonso de Madrigal, obispo de Avila, llamado comunmente el Tostado, de quien he oído dezir que personas curiosas hizieron cuenta de lo que vivió, que fueron cincuenta y cinco años, y de lo que escrivió. Hállase que cada día desde el en que nació hasta el en que murió caben a tres pliegos, y assí, ningún librero caudaloso ni mercader codicioso se han atrevido a imprimir sus obras, después que la primera vez se imprimieron, que fue por orden y a su costa del emperador Carlos Quinto, en quien el poder y el querer se juntaron para esta insigne obra.
[37] A quien imitando bien sus pisadas el católico rey don Filipe, segundo deste nombre, hijo suyo y señor nuestro, hizo imprimir a sus espensas la Biblia Trilingüe Regia, con nuevas adiciones y escolios, obra verdaderamente real y de príncipe que estima y precia las letras, y faborece y premia a letrados, como se ha visto y es juez dello toda España. Que, desde que está a su cargo nombrar personas para prelacías y obispados, todos han sido eminentes en letras y de vida exemplar, como también para oidores en los Consejos y Cancillerías ha sabido tan bien escoger, que puede preciarse que los ha tenido y tiene, los más insignes letrados que jamás los tuvo príncipe cristiano. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS



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