De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[11] Costumbre inviolable era de los romanos que los moços tuviessen grande respeto y reverencia a los viejos, de manera que si alguno entrava donde estavan moços, todos se levantavan a darle lugar, y en la calle le acompañavan ordinariamente hasta dexarle a donde iva, y que todos guardassen gran secreto en lo que se tratava en el Senado, de suerte que parecía no aver oído persona alguna lo que se guardava en las orejas de trezientos senadores. Y fue exemplo notable en este caso que dando aviso Eumenes, rey de Asia, al Senado, siéndole muy aficionado, como levantava guerra el rey Perseo a la República, viniendo embaxadores con este recaudo y bolviendo con la respuesta, ni se supo a qué vinieron ni con qué bolvieron, hasta que Perseo fue preso. También tenían costumbre los romanos que si venían embaxadores de Grecia al Senado avían de dar la embaxada en lengua latina, y si del Senado ivan a Grecia era lo mismo, que les hablavan en latín, y esto no por ignorar los romanos la lengua griega, que los más la sabían, sino por la autoridad del Senado, que no consentía que el palio, que era vestido estrangero, se igualasse a la toga, que era propria de Roma. Tenían assí mismo costumbre en los combites cantarse versos en que se relatavan hechos famosos de los antiguos, con que los moços se despertavan a hazer cosas semejantes. Teníase grande cuenta que a los cónsules se les guardasse todo respeto, y assí, embiado Quinto Fabio Máximo por embaxador al Senado, a su proprio hijo, que era cónsul y estava fuera de Roma, cuando llegó a él no le hizo el acatamiento devido a la dignidad, que fue no apearse del cavallo estando en él el cónsul, y aunque le era hijo obedientíssimo, bolviendo por su dignidad le embió a mandar con un litor y oficial suyo que se apeasse. El viejo lo hizo y llegó al hijo diziendo:

-No he tenido poco respeto, hijo, a tu dignidad, sino /(236r)/ que quise probar si sabías ser cónsul.

Usavan también los romanos comer en los atrios o portales de las casas teniendo abiertas las puertas para que fuessen vistos de los que passavan, y en esto pretendían dos cosas: una, que combidavan con facilidad a otros a sus comidas, y otra, que los viessen que eran templados en lo que comían. Y assí más vezes usavan de puches que de pan, y con esto vivían sanos, porque la templança en la comida es madre de la salud. Lo dicho es de Valerio Máximo, libro segundo.
[12] Luego que entrava la donzella romana en casa de su esposo nombrava a Caya Cecilia Tanaquil, y fue esta matrona muger de Tarquino Prisco y honestíssima, y era dezir que la pretendían imitar. Dávanles luego una rueca y un huso para que entendiessen que avía de trabajar, y con estos institutos y modos se criaron las Marcias, Porcias y Lucrecias, que fueron resplandor de aquella ciudad. Escrive Plutarco de los antiguos romanos que delante de los magistrados ivan sus oficiales, y llevavan assegures en las manos, que era el instrumento con que matavan a los delincuentes, y también varas con que açotavan a los mismos si | no merecían muerte. Mas ivan las varas y assegures ligados, de suerte que se passava tiempo en desatar uno de otro, y era con intento que no luego se executasse el castigo en el culpado, sino que tuviesse tiempo el juez para deliberar si era riguroso o remisso, a lo menos en tanto que se desligavan las segures y varas. También era costumbre suya señalar dos ciudadanos nobles que tenían el cuidado de mirar siempre en la ciudad lo que cada uno hazía y dezía, y davan dello noticia a los magistrados. Y si en la guerra era culpada toda una legión o capitanía, o por aver huido, levantado motín y sedición, o cosa semejante, poníanlos por orden y en hilera, y ivan contando, y en llegando a diez matávanle, y a veinte y a treinta. Al que defendía de muerte en la batalla a algún ciudadano de Roma, dávanle después una corona de enzina o roble. No era de oro porque no pareciesse que se estimava en más este metal que la sangre humana, aunque ninguno ganó semejante corona que la trocara por otra de oro. Es de Fulgoso, libro segundo.
Fin del Discurso de Ley y Costumbre. |

DISCURSO CUARENTA Y CUATRO. DE LIBERALIDAD


Muy liberal se mostró Jesucristo, Nuestro Señor, en su Passión, haziendo largas mercedes a diversas personas, como fue al siervo Malco, a quien cortó la oreja San Pedro, que se la bolvió a su lugar y le dexó sano; al mismo San Pedro miró con ojos de misericordia y lloró él luego su pecado; a Herodes y a Pilato hizo amigos; a Barrabás libró de muerte y prisión; a las matronas de Hierusalem, que lloravan, consoló; al Cireneo fue ocasión de aprovechamiento, pagándole su trabajo; a los que le crucificaron dio sus vestiduras; a su Sagrada Madre dio el dicípulo querido Juan, y a él, su Madre; y al ladrón dio el Paraíso. El presente Discurso trata de Liberalidad, la cual no tanto consiste en lo que se da, como en el modo y razón de darse, y si le falta la medida passará a vicio de prodigalidad. Y assí, a aquél llamaremos liberal que conforme a sus fuerças con los buenos y por /(236v)/ buenas y honestas causas se muestra largo, huyendo de una parte la avaricia, y de otra, la prodigalidad, porque si se llega a una destas partes, dexa de ser virtud y da en ser vicio.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] La liberalidad de Dios, Nuestro Señor, pone admiración y espanto a quien con más claros ojos la considera. Y mostróla en darnos a su Unigénito Hijo para nuestro remedio, lo cual quiso dar a entender el Evangelista regalado San Juan cuando dixo: «Assí amó Dios al mundo, que dio su Unigénito Hijo». Dezimos que es una cosa caliente como fuego, y si preguntamos cómo es caliente el fuego, respondernos han assí: «No ay a qué comparar esse calor, sino como de fuego». Dezimos que es una cosa blanca como nieve, y la nieve, si preguntamos cómo es blanca, no ay señalarlo sino assí, «como nieve». A la traça desto dize San Juan: «Assí amó Dios al mundo, que dio su Unigénito Hijo», es dezir: «Mirad, hombres, a qué llegó el amor que Dios tiene al Mundo, mirad a qué se estiende su liberalidad, que es liberal assí, que le ama assí, que llegó a punto que dio su Hijo Unigénito por su remedio». Pues el Hijo también se mostró liberal en dar por el hombre la sangre de sus venas y su vida. Y aún dio otra dádiva, que es el bien y tesoro de toda la Iglesia, y de sus hijos, los fieles, que es su Sacratíssimo | Cuerpo y Sangre debaxo de especies de pan y vino en el Santo Sacramento del Altar. Ni la Tercera Persona, que es el Espíritu Santo, quiso dexar de mostrarse liberal con el hombre, pues antes lo es sumamente repartiendo cada día, con quien se dispone a recebirlo, sus sacratíssimos dones.
[2] La Madre de Dios también tuvo esta virtud de liberalidad, y mostrólo altamente en darnos al Hijo de Dios vestido de nuestra humanidad. Y fue como quien haze presente de un león puesto en una jaula. Dios, León se llama en el Apocalipsi : «Venció -dize- el León de la Tribu de Judá». Y éralo en la similitud antes que se hiziesse hombre, desgarrando al que se la hazía ofendiéndole, castigava al que le enojava con muertes y sangre. Mas, dándonosle la Virgen hecho hombre, dale enjaulado, pues ya cualquiera se le atreve, cualquiera le ofende, y dissimula su rigor y saña.
[3] Cornelio Centurión, de la cohorte o legión itálica en Cesárea, por ser liberal en hazer limosnas habló un ángel a San Pedro y le embió desde Jope a que le enseñase el verdadero camino del Cielo, que fue baptizándose y prosiguiendo en sus buenas obras. Refiérelo San Lucas, en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo dézimo.
Lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |
[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Santo Tomé Apóstol recibió del rey de la India mucho dinero para que le labrasse un palacio y aposento real. Dio el dinero a pobres liberalmente, y porque vino a noticia del rey, y ver que el edificio no se començava, enojóse contra el Apóstol y mandóle echar en la cárcel. Entretanto, Gad, hermano del rey, murió, y aviendo sido visto muerto de muchos, resucitó y dio relación al hermano de unos riquíssimos palacios que en su nombre avía Tomé, Apóstol de Jesucristo, verdadero Dios, labrado en el Cielo. De oír esto, el hermano quedó lleno de admiración y hizo salir de la cár- cel | al Apóstol, y él se hizo cristiano por gozar de aquellos palacios y edificio, que él pidió en el suelo y hallólos hechos en el Cielo. Es de Abdías, en la Vida de Santo Tomé.


[2] Martín, que después fue obispo de Tours, siendo catecúmeno y entrando por la puerta de la ciudad Ambiense, viendo un pobre desnudo, no teniendo dinero que darle, desembainó su espada y cortó la mitad de su clámide y vestido, que dio al pobre, y con la otra mitad cubrió su cuerpo. Después, siendo obispo, no sólo repartía la renta de su obispado, por la mayor parte a pobres, ni dava la /(237r)/ mitad del vestido, sino que todo él se desnudava, dexando para cubrir su cuerpo en lo interior una túnica pequeña y mal aliñada. Dízelo en su Vida Severo Sulpicio.
[3] En tiempo de Apolinar, Patriarca de Alexandría, residía en la misma ciudad Macario, ciudadano noble. El cual, aviendo quedado con grandes riquezas de su padre, gastándolas pródigamente vino a pobreza grandíssima, y era para él un daño intolerable, porque no osava de vergüença descubrirse y pedir a quien le remediasse. Tuvo noticia el Patriarca desta necessidad, y assí como otros que se veen en ella hazen enbelecos y marañas para remediarse, el Santo Pontífice hizo un santo ensayo (si assí puede dezirse) para remediar aquel hombre. Y fue que en un papel viejo, con tinta deslucida, hizo una cédula y obligación en que parecía dever su dignidad cierta cuantía al padre de aquel hombre. Llamóle, mostróle la cédula, y porque más pareciesse cierto el negocio y no se recelasse del trato, concertóse con él que atento a que era aquel negocio antiguo y olvidado, y su dignidad estava alcançada, se contentasse con parte dello, en lo cual vino el otro muy de voluntad. Diole el Patriarca cuarenta libras de oro, y con esta industria encubrió su liberalidad, que no anduviesse en boca del pueblo, y uno la alabasse, y otro la culpasse, y la necessidad de aquel hombre, sin quedar afrentado se remedió. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.
[4] Arquebio, monge solitario de Egipto, siendo de edad de cincuenta años, vino a visitarle Juan Casiano, el cual desseava vivir como él en soledad. Y aunque Arquebio tenía en la celda donde morava sus alhajas, con grande liberalidad salió della y se la dio al huésped, con todo lo que en ella avía. Edificó otra, y estando hecha, viniendo otro monge peregrino también se la dio, y lo mismo hizo tercera vez. Considérese la liberalidad de este santo ermitaño y veráse que la de otros que tienen grande nombre en serlo, con- | feridos con él, parecerán avarientos. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.
[5] Por la misma ocasión de liberal limosnero, Eustaquio de gentil se hizo cristiano, y de cristiano, mártir. Era maestro de cavallos de Trajano, el cual fue oficio muy honroso en Roma. Seguía en una caça cierto ciervo maravilloso que se vido, y representósele entre sus cuernos la imagen de Jesucristo Crucificado con grande resplandor. Hablóle y díxole que por sus limosnas y liberalidad con gente necessitada se le aparecía y avisava de lo que le convenía hazer para salvarse, y era que se baptizasse y prosiguiesse en sus obras santas y intentos santos. Dízelo San Juan Damasceno, en el libro tercero De Imaginibus.
[6] Eufemiano Romano y Aglae, su muger, siendo muy ricos y no teniendo hijos, todos los días davan de comer a cierto número de pobres, sirviéndolos ellos a la mesa. Por estos oficios de liberalidad y piedad merecieron ser padres del bendito Alexo, y, contentándose de sólo este hijo, vivieron en continencia hasta la muerte. Todos estos frutos truxo la liberalidad y limosna, que pariesse la estéril, que lo nacido fuesse santo, que los padres viviessen castos, y que todos gozassen del Paraíso. Dízelo el Metafraste, en la Vida de San Alexo.
[7] San Juan Elemosinario dio insigne exemplo de liberalidad en diversas cosas, y particularmente en que saliendo de su casa cierto día, pidióle limosna un pobre y mandó a su mayordomo que le diesse seis monedas de plata. Recibiólas, y atajando por otra calle y mudando algo el traje, tornáronle a pedir limosna. Y mandóle dar otras seis, no porque le desconoció, sino por aver hallado tan liberal limosnero, que aun visto que allí avía engaño, no sabía encoger la mano para dar limosna. Intentó el pobre hazer lo mismo tercera vez, y el Patriarca le mandó dar doblada limosna. El mayordomo se embraveció y dio bozes, culpando la malicia de aquel pobre. El Santo Pontífice le habló, /(237v)/ y dixo:

-Calla, hermano, que possible es que quiera Dios provarnos si, cansados de la importunidad deste hombre, faltamos en la limosna.

El mismo San Juan solía llamar a los pobres sus amos, y como un rico ciudadano de Alexandría, sabiendo que su cama era de poco regalo, comprasse un cobertor de pluma, presentósele. Túvole una noche en su cama y no pudo dormir en toda ella, gimiendo y doliéndose que tuviesse él más regalo que sus amos, los pobres, y venido otro día, mandó vender el cobertor y dar a pobres el precio. El que se le avía presentado, viendo que se vendía su cobertor, compróle y tornósele a presentar, rogándole que guardasse para sí su presente. No fueron parte los ruegos de aquel rico hombre para que hiziesse pausa la misericordia del Patriarca. Mandóle vender segunda vez, y el rico, que estava a la mira, la compró, y tercera vez la presentó, diziendo:

-Veremos quién se cansa primero, tú en venderle, o yo en comprarle.

De oír esto el Patriarca, mostró un alegre sonriso, y dixo:

-Doy gracias a Dios que traemos pleito y contienda saludable para el rico y provechosa para el pobre, y para mí de gracioso entretenimiento.

De modo que todas las vezes que le presentó el cobertor aquel hombre poderoso, le vendió y dio el precio a pobres. Y dízelo Leoncio Obispo, y refiérelo Surio.
[8] Serapión, monge solitario, no tenía sino la túnica y el palio o capa, con un libro de los Evangelios. Vinieron a él dos pobres a pedirle limosna, y dio al uno el palio, y al otro, la túnica. Quedó desnudo, y preguntándole quién le avía quitado el vestido, mostrando el libro de los Evangelios, dixo:

-Éste.


Visto que venían a él más pobres, vendió el libro y repartióles el precio, diziendo:

-Precepto tenemos del Señor que vendamos lo que tenemos, y demos el precio dello a pobres.



Ni aun pensó que tenía cumplido con Él (como a la verdad sea consejo que se vendan los bienes de la tierra), hasta que se vendió él mismo a ciertos idólatras, y avién- dolos | convertido a la fe, con el dinero que recibió se tornó a rescatar. Y hizo esto otra vez en Lacedemonia por convertir a un principal varón y muy rico. Y después destas obras fue electo abad en Arsinoe, y fue padre de diez mil monges, y vino bien que quien los precedía en piedad los precediesse en estado y dignidad de padre. Es del De Vitis Patrum, y refiérelo Marulo, libro primo.
[9] De Pedro Logrero, vezino de Constantinopla, riquíssimo hombre, se dificultava si era más rico que avariento, o más avariento que rico. Entre ricos no se hallava a quien no excediesse en saber ganar dinero y en multiplicarlo, y entre los pobres no avía alguno que dél huviesse recebido limosna. Tratándose esto entre algunos dellos, salió delante un gran maestro de saber hazer ademanes y embelecos para sacar limosna, y obligóse a cierta pena si déste no la sacava. Fue a su casa un día que vido entrar en ella una tabla de pan del horno, y estando a su vista, ya mirando al Cielo, ya a la tierra, por los vestidos rotos se parecían sus carnes, derramava lágrimas, sospirava, llegávase a la pared como que se desmayava. Esto y todo lo demás que hazía era torcedor para el Pedro, que le hazía dar a la maldición. Muchas vezes le avía dicho que Dios le ayudasse, passó a dezirle afrentas, amenaçóle que le echaría de allí a palos. El pobre, ya mostrava que no le oía y que era sordo, ya que no se le dava de sus amenazas. Al fin, el triste logrero, por no verle y que se fuesse de allí, tomó un pan, el más regañado de la tabla, y regañando él mucho más, se le tiró a los ojos. El pobre apartó el rostro, recogió el pan y fuese muy alegre a mostrar su victoria a los otros pobres. No mucho después desto cayó enfermo el Pedro, y llegando a punto de muerte, quedó en un desmayo por algún tiempo, y libre dél, contó que fue llevado al Tribunal de Dios y acusado de graves pecados, y que en recompensa dellos no se halló para su abono y defensa sino el pan que dio al pobre. Avisóle el Juez que /(238r)/ si quería librarse de los tormentos que sus culpas merecían, que añadiesse otras limosnas hechas con mejor ánimo que la de aquel pan. Convaleció Pedro, y la mudança de su vida aprovó la verdad desta visión, porque sus limosnas eran sin número, mostrándose con los pobres tan liberal como antes fue avariento. Vido un día cierto pobre desandrajado, diole un buen vestido, y porque le pareció al pobre que con él nadie le daría limosna, vendióle, y vido Pedro el vestido en casa del comprador, lo cual le fue ocasión de mucha pena y quebranto. Mas a la noche se le apareció en sueños Jesucristo con aquel vestido, de que se consoló mucho y quedó enterado de que recibe Cristo lo que se da a pobres, tomándolo a su cuenta. Repartió cuantas riquezas tenía hasta quedar pobre, y passando a vivir a Hierusalem, se vendió y repartió el precio a pobres. Refiérelo Marulo, libro primero.
[10] Jodoco Ermitaño vivía cerca de un río acompañado con un sólo dicípulo. Hallóse con un pan al tiempo que le pedía limosna cierto pobre, diole la cuarta parte dél. Bolvió luego con otro disfraz, y diole otra parte. Vino cuatro vezes, siempre con diferente traje, y llevóse todo el pan por cuartas partes, quedando la esperança de Jodoco y de su dicípulo en sólo Dios. Afligíase el moço y consolávale el varón santo con dezir que no le faltaría remedio. En esto aparecieron dos barcas en el río, sin que persona las guiasse, y venían proveídas de lo que solían ambos comer, y assí quedaron con comida para muchos días. Dízelo Rodolfo Agrícola.
[11] Ricardo, rey de Bretaña, celebrando combite a algunos cavalleros de su corte, vido dos dellos que estava atentamente mirando ciertos vasos de oro y que hablavan entre sí. Tomó plática con ellos, y rogóles que le dixessen de qué hablavan. Y aunque con alguna vergüença, le respondieron que conferían entre sí cómo con dos vasos de oro de los que ser- vían | en la mesa fueran ricos, y quedaran contentos. El rey, sonriéndoseles, dixo:

-Pues no cesse vuestro contento por esso. Desde luego os doy los dos vasos.

Y assí se los entregó.

-Y en caso -dize- que los queráis vender, yo os los pagaré mejor que otro, porque sé su valor y precio.

También salieron a esto los dos cavalleros, y de contado sobre tabla les dio doze mil ducados por ambos vasos. Del mismo Ricardo se afirma que estando en su capilla diziendo Missa el obispo acuense, Legado del Papa Bonifacio, al tiempo de desnudarse mandó el rey, que ni del Pontifical, ni de los adereços del Altar, que eran riquíssimos, se quitasse cosa alguna. Llegó al obispo, y díxole que no era bien que en tal día sacrificasse un Legado del Sumo Pontífice con agenos ornamentos y servicio del Altar, y assí mandó que todo y lo demás que avía en la capilla real fuesse suyo. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.
[12] Eduardo, rey de Inglaterra, varón santo, estava un día recostado sobre su cama; llegó Hugolino, camarero suyo, y puso cantidad de moneda de las rentas reales en una arca, y dexósela avierta. Vido esto un hombre particular que se halló en la sala. Llegó y tomó buena parte, y fuese. Bolvió segunda vez, y hizo lo mismo. Tornava la tercera, mas, aviéndolo visto todo el rey, díxole:

-No seas hombre tan importuno. Créeme y vete con lo que has llevado dos vezes. Conténtate con ello, porque si viene Hugolino quitártelo ha todo sin dexarte una moneda.

Oyendo el ladrón lo que el rey dezía, estando ignorante de que él o persona alguna lo huviesse visto, fuese de allí, y no era bien salido de la sala cuando llegó Hugolino, y echando menos el dinero, afligióse demasiadamente. Temía y tremía, dava suspiros y bozes. Levantóse el rey y preguntóle, como si lo ignorara, la causa de su turbación, y declarándosela, díxole:

-Calla, no te aflijas, que por aventura el que lo llevó tenía mas necessidad que yo dello. Lléveselo y hágale buen provecho, que para nosotros bástanos lo que queda.

Hi- zo /(138v)/ este santo rey una cosa con que ganó el amor y robó las voluntades de sus súbditos, y fue que aviéndoles impuesto graves pechos y tributos su padre por ocasión de las guerras con que siempre le molestavan los de Dania, trayéndole una vez cobrado este dinero a Eduardo, vido al demonio assentado sobre ello, y que hazía juegos y regozijos, por lo cual lo perdonó y mandó que en adelante no se cobrasse. Dízelo Alredo, abad cisterciense, y refiérelo Surio, tomo primero.
[13] Osualdo, rey de Bretaña, dava liberalmente de comer todos los días a grande número de pobres en un aposento de su real palacio, y como cierto día se juntassen tantos que no pudo cumplirse con ellos, el rey, por no embiar desconsolados a los que bolvían ayunos de su mesa, dio a cada uno un pedaço de plata de cierto vaso que despedaçó para este fin. Hallóse presente a semejante hecho Adriano, obispo indifianense, el cual, admirado de la liberalidad del rey, asióle la mano derecha y llególa a su rostro, diziendo:

-Indigna cosa es que tan liberal mano se envexezca o pare fea.

De aquí se afirma que muchos años después de muerto se vido en el sepulcro aquella mano fresca, y como si su dueño tuviera vida. Refiérelo Marulo, libro primero.
[14] Carolo Magno, rey de Francia, para defender al Papa Adriano de Desiderio, señor de Lombardía, passó dos vezes en Italia con gruesso exército, y aviendo vencido y enfrenado aquella gente, todo lo que su padre Pipino concedió de tierras y estados al Pontífice de Roma él lo revalidó, dándole a Parma, Mantua, Luca y grande parte de Etruria. Lo cual todo, si quisiera quedarse con ello, le era fácil. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.
[15] San Clemente Papa tenía en un memorial escritos los nombres de viudas, huérfanos y de otra gente pobre. Leíale cada día, y ninguno faltava en proveerles lo necessario a la vida, y no sólo con los pobres de Roma hazía esta diligencia, sino que de partes remotas tenía noticia de gen- te | pobre y los remediava. En particular era su cuidado que de los paganos que se convertían, ninguno con pobreza mendigasse, porque quien, siendo él autor, se convertía a Cristo y se dedicava a su servicio, estuviesse seguro de padecer hambre. Dízelo el Metafraste en su Vida.
[16] Alexandre Papa Quinto fue liberalíssimo, y solía dezir a sus más familiares:

-Siendo yo obispo de Novara era rico. Cuando tuve capelo de cardenal començé a tener necessidad. Aora, que soy Papa, he venido a ser del todo pobre.

Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.
[17] Santo Domingo Español, exercitándose en estudios en la ciudad de Palencia, sucediendo un año de grande hambre, desseando remediar largamente las necessidades que veía y no bastando su possibilidad, vendió sus libros, anteponiendo al estudio de letras el de piedad. Y porque está escrito que quien es inclinado a misericordia será bendito, vino a tanta perfeción que fue instituidor del sagrado Orden de Predicadores. Refiérelo Marulo, libro primero.
[18] San Francisco, cuyo instituto es de pobreza, en un camino que hizo, vido cierto pobre tan sin vestido que de su cuerpo sólo se mostrava cubierto lo que con afrenta puede descubrirse, lo demás se mostrava curtido de sol y viento. Dolióse dél el Santo Patriarca y començó a sospirar por verle tal. El fraile que le acompañava le dixo:

-¿De qué, padre, te entristeces? Possible es que lo que falta a éste de vestido, le sobre de desseo y gana de andar compuesto y galano.

Oído por el santo, mandóle por obediencia en pena de su mal juizio que se desnudasse su túnica y se la diesse. Dízelo San Buenaventura en la Vida de San Francisco.
[19] Liberalíssimo fue el rey don Alonso de Nápoles. Mostrólo en diversos casos y particularmente en uno, y fue que acostumbrava a traer en los dedos anillos de oro, de piedras finíssimas, y cuando se lavava las manos dávalos a que se los tuviesse el primero de sus criados que se ha- llava /(239r)/ cerca. Diolos una vez a uno, el cual, viendo que el rey aviéndose labado y limpiado las manos no se los pedía, parecióle que se avía olvidado dellos, y llevóselos. Dissimuló el rey y púsose otros, y aviendo passado algún tiempo, lavándose las manos como solía, y queriendo | dar los anillos, estendió aquél su mano para tomarlos. El rey retruxo la suya, y díxole en boz baxa:

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