De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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-Cuando me bolváis los otros.

Mostróse liberal primero en no pedirlos, y después gracioso en negárselos, trayendo a la memoria lo de antes. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Pidió a Alexandre Magno Perillo, amigo suyo, que le ayudasse a casar una hija que tenía. Mandóle dar cincuenta talentos, que sería cada talento seis mil reales de Castilla. Perillo dixo que le bastavan diez. Respondió Alexandre:

-Aunque para ti que los has de recebir te basten diez, a mí, que los tengo que dar, no me bastan.

El liberal ánimo de Alexandre no quiso en lo que dava medir la necessidad con las fuerças flacas del amigo que recebía, sino con las grandes proprias suyas con que las hazía. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.
[2] El mismo Alexandre mandó a su mayordomo que diesse a Anaxarco, filósofo y muy amado dél, todo lo que pidiesse. Pidió cien talentos, y pareciéndole grande cuantía, no quiso darlo sin comunicarlo con el mismo Alexandre. Comunicóselo, y mandóle que se los diesse, diziendo:

-Anaxarco sabe que tiene amigo que puede y quiere darle ésta y mayor suma.

Es de Fulgoso, libro cuarto.
[3] Aviendo Alexandre vencido a Darío, rey de Persia, vido que de los despojos de aquella victoria un mulatero criado suyo, el cual le avía servido desde que salió de Macedonia en las guerras de Persia, llevava un macho cargado de oro, y era tanto el peso que sin poderlo llevar la bestia, él tomava parte en sus hombros y con todo esto no lo podía llevar. Vídole Alexandre muy afligido, porque temía el hombre que si perdía parte de la carga que le avían dado por peso, le costaría la vida. Llegó Alexandre a él y díxole:

-Para que se te haga más fácil el peso, llevarélo a tu casa, que yo te lo doy desde aora, | y sea para ti.

Afírmalo Fulgoso, libro cuarto.
[4] Cimón Ateniense, aviendo vencido muchos bárbaros y enriquezido su patria y gente della, mostróse liberalíssimo dando cada día de comer a diversas personas que ivan a su casa. Y cuando salía fuera llevava talegones de dinero y repartía a cuantos pobres veía. Ivan acompañándole muchos mancebos bien vestidos, y si le salía al encuentro algún ciudadano noble y con pobre vestido, hazía desnudar a uno de los que ivan con él y trocar vestido con el otro. Tenía heredades y a muchas dellas derribó las cercas para dar lugar a que los passajeros entrassen por fruta y ubas al tiempo que estavan para cogerse. Todo esto hazía un pagano, y es confusión para el Cristiano que pudiendo hazer otro tanto como él, no le dé media. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[5] Visitó Arquesilao Filósofo a un amigo suyo llamado Cresibio, y viéndole enfermo en una cama y pobre, diziéndole algunas palabras de consuelo llegóse a él, y púsole debaxo de la almohada una bolsa con dineros. Fuese y hallando el dinero Cresibio, dixo:

-Ésta es una de las burlas que suele hazer Arquesilao.

Solía dezir el mismo Arquesilao que estimava en más ser tenido por largo y liberal, que grande baxilla de plata. Refiérelo Guidón, en el De exemplos.
[6] Sineta, labrador persiano, hallándose un día lexos de su tugurio o casa de campo y viendo venir a Artaxerxes, afligióse por ver que él sólo no guardava la costumbre de Persia, que era llevar algún /(239v)/ presente al rey siempre que se hallan en su presencia. Vido cerca de donde estava un río caudaloso y de linda agua, llamado Ciro. Fue a él, y juntando las dos manos cogió la agua que pudo retener y llegó al rey, diziendo:

-Vive para siempre, o rey Artaxerxes. Yo te honro conforme al tiempo y mi posibilidad. No quiero apartarme de ti sin hazerte algún servicio, y assí te ofrezco de la agua de Ciro. Si cerca de mi casa estuviera, yo te ofreciera lo mejor que en ella tengo, y sin duda con mayor voluntad que otros que te ofrecen mayores y más preciosos dones.

Oyó Artaxerxes al villano, y agradado de su ofrecimiento y razones, díxole:

-Yo recibo, amigo, con alegre voluntad tu don y le estimo por preciosíssimo. Lo uno, por ser agua, que es elemento precioso, y también por el nombre de Ciro que tiene el río, que es para mí venerable. Quiero que me visites estando yo en los reales con mi exército.

Dicho esto, mandó a sus eunucos que en una taça de oro recibiessen la agua de manos del villano. Después el rey le mandó dar un vestido pérsico, una taça de oro y mil daricos, que eran monedas de oro en Persia, y embióle a dezir que se alegrasse con aquel oro, en premio de lo que avía alegrado al rey con sus razones y presente, no queriendo irse sin hazerle algún servicio. También dixeron:

-Quiere que bevas con esta taça de la agua con que le serviste del río Ciro.

Dízelo Eliano, De Varia Historia , libro primero.
[7] Pitio Celeno fue tan rico y poderoso que dio hospedaje al exército de Xerxes cuando llevó todo el Oriente sobre Grecia, que secavan las fuentes y agotavan los ríos por donde passavan. Este mismo dio en presente a Darío, padre de Xerxes, un plátano y una vid de fino oro, y por semejante liberalidad era conocido entre los persas. Preguntóle Xerxes qué riquezas tenía, y respondió:

-De plata tengo dos mil talentos (y cada talento era seis mil reales).

Y de oro dixo que tenía cuarenta vezes cien mil daricos, menos siete | mil. Era el darico una moneda de oro como el escudo de España y llamávase darico porque tenía la figura del rey Darío de Persia, y assí era moneda nueva a esta sazón. Añadió Pitio:

-Y todo esto, o Xerxes, quiero dártelo y que lo lleves, que necessidad tendrás dello si dura mucho la guerra para sustentar tan grande exército.

Admiróse Xerxes assí de que un rey particular fuesse tan rico como de que llegasse a tanto su liberalidad que todo se lo ofreciesse, porque dixo Pitio que sólo con el fruto de sus heredades bastava a sustentarse. Agradecióselo Xerxes y díxole que se gozasse con su tesoro y que los siete mil daricos que le faltavan, él se los daría. Dízelo Sabélico, libro octavo.
[8] Ganó una victoria nabal Temístocles, y poniéndose con un amigo suyo a ver los cuerpos muertos en la agua, halló muchos que tenían cadenas de oro y joyas de mucho precio. Bolvióse al que estava con él, y díxole:

-Recoge todo esso que vees para ti, que no eres tú Temístocles.



Dízelo Brusón.
[9] Tolomeo Filadelfo, rey de Egipto, juntando una grande librería, quiso tener en ella traduzidos en lengua griega los libros sagrados de los judíos, que es el Testamento Viejo de la Biblia. Y aviéndole satisfecho conforme a su desseo Eleázaro, sumo sacerdote de aquel pueblo, embiándole setenta y dos intérpretes con los libros para que los traduxessen de hebreo en griego, mostrándose el rey agradecido y liberal, sin un gran presente que hizo al Templo de Hierusalem de oro, y sin las pagas que hizo a los mismos intérpretes, que fue todo con grande liberalidad, recogió todos los judíos que estavan captivos y tenidos por esclavos en Egipto por las guerras de los reyes antecesores suyos, y pagando a sus dueños el precio sin agraviar a persona alguna, llegando el número a cien mil, los embió libres a su tierra. Liberalidad grande y digna de Tolomeo, y casi increíble a los que no la vieron, considerando las fuer- ças /(240r)/ de los reyes de Egipto, que, aunque grandes, parece que en este caso subieron de su punto. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.
[10] Reyes ha avido que han hecho bien a sus súbditos y vassallos, mas que a sus enemigos den bien por mal, pocos son. Y destos fue uno Porsena, rey de los etruscos, el cual rematando con los romanos una larga guerra en perpetua paz, levantando los reales que tenía sobre Roma mandó a sus gentes que si no fuesse las armas, todo lo demás dexassen, porque él lo dava en don a los romanos. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[11] Hierón, rey de Siracusas, oyendo cierta plaga y destruición que padecían los romanos por una batalla que perdieron junto al lago Trasimeno, embió a Roma trezientas mil medidas de trigo y dozientas y cuarenta libras de oro, y para que lo recibiessen respetando la religión, el oro iva en una figura de la victoria adorada por diosa de aquel pueblo. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
[12] Busa Canusia, llamada de otros Paulina, muger riquíssima en Apulia, mostró su liberalidad en que después que Anibal venció a los romanos en Canas, cerca de diez mil dellos llegaron a Canusio sin armas, desnudos, malheridos, y para perecer de hambre; Busa, sin admirarse de tanta pérdida y destruición los hospedó en aquella ciudad y a los heridos hizo curar con todo cuidado y diligencia. Dio vestidos a los que les faltavan, a otros que podían tomar armas les proveyó dellas. Consolólos a todos dándoles regaladamente de comer, y a los que quisieron passar adelante y ir a Roma les proveyó para el camino. Mereció esta famosa muger que, por mostrarse una vez liberal, siempre aya della memoria. Dízelo Guidón en el De Exemplos.
[13] Tulo Hostilio, uno de los siete primeros reyes de Roma, las heredades y haziendas que otros reyes avían advinculado a la corona real, él las distribuyó a gente pobre y necessitada. Al contra- rio | de otros reyes, que suelen aun de lo que es de pobres aprovecharse. Dízelo Fulgoso, libro cuarto.
[14] Venciendo Quincio Flamíneo con el exército romano a Filipe, rey de Macedonia, y estando apoderado de toda su tierra, mostrávanse afligidos los lacedemonios pensando que avían de quedar en perpetua sujeción a los romanos. Mandó Flamineo que se hiziesse una junta de la gente principal de Grecia, y estando en un lugar eminente, aviendo hecho señal de silencio por medio de trompetas, mandó a un pregonero dezir estas palabras: «El Senado y pueblo romano, y Quincio Flamineo Emperador, mandan que todas las ciudades de Grecia que estavan en el mando y sujeción de Filipe sean libres y no paguen a persona alguna pechos o pedidos, sino que gozen de entera libertad». Oyendo esto quedaron los presentes como embelesados de tan no pensada buena nueva. Primero callaron no pudiendo creerlo, mas repitiendo el pregonero las mismas razones, fue tan grande la bozería de todos que se vieron caer aves en tierra muertas por aquel ruido, de las que bolavan en aquella región. Es de Valerio Máximo, libro cuarto.
[15] Quinto Fabio Máximo, capitán romano, trayendo guerra con Aníbal Cartaginés dentro de Italia y no lexos de Roma, concertó con él que le diesse los captivos romanos que tenía por cierto precio. Embióselos Aníbal fiando de su palabra. Fabio ocurrió por el dinero al Senado pidiéndolo. Respondió el Senado que no lo quería dar. Mandó a su hijo que vendiesse ciertas heredades que tenía y con el precio pagó a Aníbal y redimió sus naturales romanos. Y en este exemplo, assí como se hecha de ver la baxeza del Senado en negar lo que con tantas razones devía dar, assí resplandece la liberalidad digna de Imperio en Quinto Fabio Máximo. Dízelo Valerio, libro cuarto.
[16] Particular modo en ser liberal mostró Pomponio Atico, patricio roma- no, /(240v)/ con Bruto, uno de los conjurados y que fueron en la muerte de Julio César. Queríale bien, y en todo el tiempo que se vido próspero el Bruto y estava en Roma tenido y estimado no mostró tenerle amor, ni le conversava, ni hizo por él cosa alguna, mas luego que fue echado de Roma y andava huido y perseguido le embió por dos vezes en dos ocasiones cien mil sestercios, que era dádiva de rey, y en esto se mostró contrario de lo que otros suelen hazer, que teniendo felicidad Bruto nada se dio por él, y estando infelice y perseguido le faboreció cuanto le fue possible. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[17] Vespasiano mostró su liberalidad en dar de comer magníficamente a todos los patricios que en Roma avían tenido oficio de cónsul y estavan pobres, en reedificar ciudades puestas en aflición por terremotos o incendios, en favorecer buenos ingenios y hombres señalados en letras latinos y griegos. Y a los retóricos que mostravan su habilidad en defender causas de personas acusadas en jui- zios | dava de comer, a los poetas hizo mercedes señaladas. Refiérelo Guidón, en el De Exemplos.
[18] Tito, hijo de Vespasiano, no fue poco liberal. El cual tenía de costumbre todos los días dar en don alguna cosa digna del estado que tenía, y como uno se passasse sin dar algo, advertido dello ya tarde y de noche, dixo a los de su cámara con un sentimiento grande:

-¡Ay amigos, que este día he perdido!

Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.
[19] Nerva fue electo en emperador de Roma siendo muy viejo, y en lo poco que tuvo el Imperio repartió liberalmente quinze vezes cien mil monedas de oro a personas, como senadores y prefetos, que padecían pobreza, para que comprassen possessiones y tierras con que se sustentassen. Dio assí mismo a pobres muchos vasos de plata y de oro, quitándolos de su aparador y baxilla, en lo cual se mostró más padre de todos que emperador romano. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto.

Fin del Discurso de Liberalidad. |


DISCURSO CUARENTA Y CINCO. DE LIMOSNA

Cuando el Hijo de Dios, Jesucristo, Nuestro Señor, quiso lavar los pies a sus Apóstoles la noche antes de su muerte, dize San Juan en el capítulo treze que se ciñó una tobaja a su cuerpo, y que dexó parte della para limpiárselos, aviéndoselos lavado. Y quiso dar a entender en esto a los grandes señores que si se ciñessen, si se moderasssen en sus demasiados gastos, les quedarían bienes para remediar a pobres, que son pies de Cristo, pues suelen muchos darles del pie. De la Limosna trata el presente Discurso. |

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Abraham Patriarca grandemente se preció de limosnero, pues se ponía a la puerta de su tabernáculo o casa esperando si veía passar algún pobre o peregrino a quien hospedar en ella, por lo cual mereció una vez tener tres ángeles por combidados. Como parece en el capítulo dézimo octavo del Génesis.
[2] Lot, aunque habitava entre sodomitas, gente malíssima, preciávase de limosnero y hazía lo mismo que Abraham, y assí tuvo también dos ángeles una noche por huéspedes en su casa. Y dízese en el capítulo dézimo nono del Génesis.
[3] Al rey Nabucodonosor dixo el profeta Daniel, aviéndole Dios amenaçado de que le quería castigar por su so- bervia /(241r)/ con un grave castigo:

-Redime, oh rey, tus pecados con limosnas.

Fue dezirle: «Si quieres que abrevie Dios el castigo, alarga la mano y da limosna a pobres». En lo cual, como en otras cosas, es bien mirar los exemplos de los santos, para que dando, la mano no hierre, ni la voluntad se turbe y vacile al tiempo de espender el dinero, o, aviéndolo dado, el ánimo se eleve y ensobervezca, por donde venga a perder el premio. Refiérese en el capítulo cuarto de Daniel.
[4] La viuda saretana no alcançava más de un puño de harina y un poco de óleo, y pidiéndoselo el profeta Elías, se lo dio. Y desde aquel día no le faltó en las vasijas de tales provisiones óleo ni harina, hasta que embió Dios buen temporal y se pudo aprovechar de otra parte. También restituyó el mismo profeta la vida a un pequeño infante, y se le dio a su madre en gratificación de averle hecho hospedaje y dado sustento. Es del Tercero de los Reyes, capítulo diez y siete.
[5] Dar mucho es de ricos y poderosos; dar poco, de los que pueden poco. Y no por esso dexará de ser el mérito igual, siéndolo el afeto y desseo. Mira Dios más el ánimo del que da, que el don; no el cuanto da, sino de qué y cómo lo da. La viuda de que escrive San Marcos en el capítulo doze, y San Lucas, en el veinte y uno, dos monedas echó en la arca de la limosna del templo, y en el premio se aventajó a los ricos que más echaron.
[6] Tabita Dorcas fue gran limosnera. | Siendo muerta y echándola menos los pobres, davan grandes bozes llamándola. Lo cual oído por el Apóstol San Pedro, doliéndose de aquella gente afligida y teniendo lástima de que muger de tanta caridad faltasse, hizo oración por ella y resucitó. Como parece en el libro nono de los Hechos Apostólicos.

[7] Cornelio Centurión, en Cesárea, por ser muy limosnero alcançó que Dios le embiasse al Apóstol San Pedro para que le baptizasse y se salvasse. Y es del mismo Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo dézimo.


[8] De caridad y limosna dio maravilloso exemplo Jesucristo, Nuestro Señor, cuando, estando en el desierto mandó a sus dicípulos que diessen de comer a la gente que le seguía, que eran cinco mil personas, sin mugeres y niños, teniendo para ellos cinco panes de cevada y dos peces. Y aviendo todos comido y hartádose por los cinco panes, recogieron doze canastas de los pedaços que quedavan sin que dellos se hiziesse caso. Y otra vez, en semejante ocasión, como dize San Lucas, de siete panes y unos pecezillos dio de comer a cuatro mil personas, y hartos todos, y quedando llenos senos y mangas de los pedaços desperdiciados, cogieron siete espuertas, para que viessen por experiencia que no engaña el que dixo: «Dad, y daros han. Medida buena, rasada, y aun colmada y que se derrama, se os dará en vuestro seno».
Lo dicho es de la Sagrada Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Entrando el Evangelista San Juan en Efeso, aviendo estado ausente de aquella ciudad algún tiempo, salieron a él muchos pobres lamentándose por la muerte de Drusiana, dicípula suya, y madre y amparo de todos ellos. Mostrava uno la capa que le avia dado, otro, el sayo, aquél, la camisa, y cual otro, el jubón y calças. Convenían todos en que siendo ella viva ninguno temía la ham- bre, | y por ser muerta ya todos les parecía estar muertos. Hizo oración por ella el santo, y resucitó. Es de la Vida del mismo Evangelista, escrita por Abdías, Procoro, y otros.
[2] Santa Lucía, virgen santíssima, rogava afectuosamente a su madre Euticia que diesse largas limosnas. Dezíale la apretada vieja:

-Déxame, hija, cerrar los ojos, y luego harás lo que te diere /(241v)/ gusto de la hazienda, que toda será tuya.

La animosa donzella le respondía:

-No es, o madre mía, tan acepto a Dios el don que ofrece el que no puede servirse dél. Aora que tienes vida y salud deves dar la limosna, porque si aguardas a darla a la muerte parecerá que por fuerça y por no poder más la das, pues quieras o no, todo lo has de dexar en la tierra.

Aprovó la madre el parecer de la hija y repartió a los pobres grandes riquezas. Prendieron a la santa virgen Lucía, y queriendo que por fuerça sacrificasse a los dioses falsos de los gentiles, dixo:

-Sacrificio muy acepto a Dios es visitar huérfanos y viudas, y remediarlos en sus trabajos.

Y porque no se olvidó en medio de sus tormentos de la misericordia, el remunerador de los misericordiosos, Dios, se acordó della y la faboreció, de suerte que siendo mandada llevar al lugar público de las malas mugeres, no pudo ser movida de un lugar. Y siendo mandada quemar, entre las llamas quedó sin lisión, y siendo degollada, no despidió la alma hasta que le fue administrado el Sacramento de la Eucaristía y recibió el Cuerpo de Jesucristo, por cuyo amor dio a pobres su hazienda, y assí, en sacrificio, con toda voluntad y gana. Es de Surio, tomo sexto.

[3] San Laurencio, mártir ilustríssimo y honra de España, donde él alta y maravillosamente es honrado en su templo y monasterio del Escurial, obra verdaderamente (como diremos adelante) que puede competir con las siete maravillas del Mundo y pedir el primer lugar, pues, assí como Salomón se señaló entre todos los reyes de la Ley Vieja por el templo que edificó a Dios en Hierusalem, assí el Católico rey don Filipe Segundo se señaló entre todos los reyes y príncipes cristianos por el templo que edificó de San Laurencio en el Escurial; pues este santo mártir, teniendo en guarda muchos tesoros de la Iglesia por orden del Papa Sixto, él los repartió a pobres, ayudando esto a que su martirio | fuesse más sangriento y cruel.


[4] Santa Cristina, hija de Urbano Patricio, governador por el emperador Diocleciano en la ciudad de Tiro, que es en Italia junto al lago de Bolsena, era gentil el padre y tenía en su casa muchos ídolos de plata y de oro. Cristina -dize San Isidoro- tomó el nombre de Cristo, y quiso ser cristiana. Procuró el padre que no lo fuesse y hizo para esto algunas diligencias. Hablávala amorosamente y dezíale:

-Hija mía, no ofrezcas sacrificio a un Dios sólo, porque los otros no se enogen y tomen contigo ojeriza.

Respondióle la santa:

-Señor padre, sabed que yo adoro al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, tres Personas, aunque sólo un Dios.

Díxole el padre:

-Pues adoras esos tres que dizes, a bueltas adora también a Júpiter y a Apolo, con los demás que adoran nuestros emperadores. Mira que es su rigor grande contra los que no los adoran.

Cristina le dixo:

-No admite el Dios que yo adoro compañía de otro Dios. Uno solo es en Essencia, aunque trino en Personas. A Éste sólo adoro, y ningún temor humano bastará a mudar mi coraçón para que haga otra cosa.



-Sabe, hija -dixo Urbano-, que si te veo pertinaz en lo que dizes, sin que los emperadores romanos den remedio en el caso, le daré yo. Porque sin acordarme que eres mi hija te haré padecer grandes tormentos, y la muerte, si otro no bastare. Fuese y dexóla, aunque no por esso la valerosa donzella se perturbó, ni dio muestra de temor alguno, puesto que vido a su padre tan enojado. Antes, poniéndose a una ventana que salía a la plaça, vido muchos pobres pidiendo limosna. Ella con zelo de Dios entró en el aposento donde estavan los ídolos de su padre de oro y de plata, y buscó modo como hazerlos pequeños pedaços, y hechos, llamó a los pobres y repartiólo entre ellos. Y era mucho para gustar ver a uno con la cabeça de Júpiter, otro con las manos de Venus, a aquél /(142r)/ le cupo en suerte la cítara de plata de Apolo, al otro el tridente de oro de Neptuno. Vino el padre de fuera, y entrando a visitar y a hazer oración a sus ídolos, no hallándolos, preguntó por ellos, muy admirado de que faltassen de allí, no sabiendo a qué atribuirlo. Dixéronle las donzellas que servían a su hija, cómo ella los avía despedaçado y dado a pobres. Enojóse el padre de oír esto en tanto grado que se fue a Santa Cristina y le dio grandes bofetadas y puñadas, y cuando se sintió cansado, mandó a ciertos moços, criados suyos, que la desnudassen y en su presencia la açotassen. Hízola padecer otros gravíssimos tormentos, y al cabo, atada a un madero, assaetear. Y con este martirio la valerosa donzella dio su alma a Dios. Dízelo San Isidoro en su Breviario. Y escrivió della San Antonio de Florencia, en la primera parte, título diez y ocho, capítulo primero.
[5] San Nicolás, antes que fuesse obispo y siendo sacerdote, era riquíssimo de patrimonio. Sucedió que en la ciudad de Patara, donde él residía, estava un hombre noble por linaje, que de rico vino a grande pobreza y necessidad. Tenía tres hijas ya grandes y por faltarle hazienda con que casarlas y no tener con qué sustentarlas, dava modos como, viviendo desonestamente, con ganancia torpe, ellas y él passassen su vida. Tratólo con ellas con grande vergüença de rostro, y no sin lágrimas que las afligidas donzellas derramavan pensando a qué punto las avía traído su miseria y pobreza. No se le encubrió a Nicolás este trabajo en que aquella casa estava. Parecióle que mejor ni más acertada limosna que aquélla no se le podía ofrecer, pues remediava los cuerpos y librava las almas de pecado. Tomó cantidad de oro en un lienço, salió de noche de su casa y fuese a la de aquel pobre hidalgo. Buscava cómo ponerlo en parte que viniesse a sus manos sin saberse quién se lo dava. Vido a la claridad de la luna una ventana entre- abierta | del aposento donde dormía, echó por allí el oro y fuese a su casa. El otro, despertando y viendo aquella bendición de Dios, ni sabía si era embuste del demonio o enredo de algún su enemigo. Al cabo, visto que era oro, quitados otros temores, ignorando el bienhechor dio a Dios las gracias por ello, no sin lágrimas que derramó de sus ojos.

-Mejor -dize-, Señor, lo avéis Vós hecho comigo que yo quería hazerlo con Vos. Yo tratava de ofenderos y Vós avéisme hecho misericordia, y tal, que me obligáis a que antes pierda mil vezes la vida que os ofenda, y del passado propósito me pesa y os pido humilmente perdón.

Parecióle con aquel oro remediar una de sus hijas, y assí lo hizo, que la casó conforme a su estado, de que Nicolás recibió particular contento y propuso en sí de darle con qué casasse las otras dos. Púsole de la misma forma otra vez la misma cantidad de oro que de primero, con que casó la segunda hija. Y, casada, desseando el buen hombre saber quién era su bienhechor y a quién devía tanto, estava sobre vela esperando si viniesse otra vez, pues le quedava la tercera hija por casar. No se engañó, que el santo vino, echó la moneda, y ívase. Salió a él con presteza y alcançóle. Derribóse a sus pies, vesándoselos, diziendo:

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