De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Él respondió:

-Darlo aquí o en Granada, todo es hazer bien por Dios, que está en todo lugar.

Passados nueve meses que estuvo en la Corte, bolvió a Granada con ciertas cédulas de limosnas que doña María de Mendoça y el Marqués de Mondejar, y otros señores, le dieron para pagar lo que devía y mantener los pobres, y fue mucho lo que hizo con lo que truxo de la Corte, remediando necessidades que halló de nuevo, casando mugeres convertidas y pagando deudas viejas. Vido una vez muerto uno de sus pobres envergonçantes en su propria casa, y no teniendo a la sazón con qué hazerle enterrar, habló con un hombre rico que vivía allí cerca y pidióle que remediasse aquella falta. El otro se escusó que no | podía, ni tenía qué darle. Fue Juan de Dios y cargóse del muerto, y trúxole a su casa, y dixo:

-Tanta obligación tenéis vós para enterrarle como yo. Yo no tengó de qué, vós, que tenéis, enterradle.



Con esto se iva y dexava allí el muerto. Mas el rico, muy confuso, le rogó que se le llevasse de allí, ofreciendo de dar toda la costa del entierro, como lo hizo. Lo dicho se refiere en su Vida, escrita por Francisco de Castro, rector del Hospital de Granada, que fundó el mismo Juan de Dios, y hallarse ha en la Tercera Parte del Flos Sanctorum.
[48] Melchor de Hiebra, fraile de los Menores, residiendo en el monasterio de San Juan de los Reyes, donde yo le traté en Toledo, era grande su caridad con personas pobres y necessitadas, haziéndoles limosna del modo que podía. Dezía todos los días Missa bien de mañana, y luego salía a buscar pobres, o para confessarlos, o para darles limosna, y siempre hallava quien le aguardasse, porque, con licencia de sus perlados, hizo en su celda una alhacena, y en ella, de lo que sus devotos le embiavan, y otra gente rica, que no era poco, tenía panes y pedaços de tocino, y quesos, y desto proveía a personas envergonçantes. Y acaescía venirle a buscar algún hombre seglar o clérigo, que quien le viera creyera que era sobre negocio de govierno de mucha casa y familia, y apurado el caso, venía a que le diesse con qué no muriesse aquel día de hambre. Y destos tenía muchos, que de ordinario los proveía, y nunca le faltava qué darles, por donde nadie iva dél desconsolado. Lo dicho se refiere en su Vida, que se hallará en la Tercera Parte del Flos Sanctorum, colegida de diversas relaciones fidedignas. /(253r)/
[49] Derecho grande tiene de que se haga mención en este Discurso de Limosna un grande limosnero de Toledo, mi patria, que conocía yo y traté diversas vezes, y en el tiempo que vivió no se hallará hombre de cuenta en la ciudad que no afirmará ser verdad lo que dél diré, por ser todo público, ni pobre que no recibiesse dél, una vez que otra, limosna. Éste fue Alonso Dávila y Oviedo. Su trato era el mismo que el de su padre y hermanos, de mercader bien allanado por pareceres de letrados, con quien era su conversación ordinaria, especialmente con los Padres de la Compañía de Jesús, que no poco participaron de sus limosnas al tiempo que vinieron a Toledo a sentar casa, andando de unas partes en otras, hasta que, últimamente, de San Bernardino passaron a San Ilefonso, que era casa de los Condes de Orgaz, donde hizieron assiento. Nunca quiso casarse. Frecuentava los Sacramentos, rezava en la iglesia mucho y con particular devoción. Los sábados hazía dezir Missa de Nuestra Señora, cantada en la Iglesia Parroquial de San Román, donde estavan sus padres enterrados y después se enterró él. Acavada la Missa, dava limosna a diversas personas envergonçantes que le estavan esperando para recebirla, y no era poco lo que cada uno llevava, porque en las señales de agradecimiento davan dello muestra. Iva luego, como oía Missa, cada día a la cárcel real, donde era su trato ordinario, y allí hazía largas limosnas a unos y a otros, sin dar lugar a que alguno passasse todo el día sin comer. Solicitava pleitos de particulares, y si eran deudas pagava las que podía, según su possibilidad. Padecíase en el verano grande tra- bajo | por falta de agua; a su costa hizo un algibe pequeño, y tenía cuidado de que estuviesse proveído de agua a su costa, y a ciertas horas davan agua fresca a los presos. También les hazía otra buena obra todos los viernes, que llevava predicadores que les predicassen aquel día, y alguna vez hize yo este sermón, y acabado, dava de almorçar a todos los presos pobres. Cuando se juntavan algunos para ir a galeras, que, haziendo passo por esta ciudad los condenados al remo en Madrid y Valladolid, llegavan a las vezes a número de ochenta y ciento, era ver la diligencia del buen Alonso de Dávila en hazerlos confessar, en aliñarles los vestidos y, al tiempo de la partida, dar a cada uno un par de çapatos, llevándolos debaxo el braço algunos, por tener otros razonables en los pies. Dávales aquel día de comer, y real o algo más a cada uno, y assí, no poco conocimiento se tenía en las galeras de Alonso Dávila, el de Toledo. Certificóme una persona de crédito, y que le conversava mucho, que diversas vezes en la cárcel limpiava a los pobres los alimalejos que les hazen guerra y se crían en sus vestidos, y que sobre cosa semejante y limosna que les dava, cierto preso sobervio y endiablado le dio una bofetada, y que no hizo él más sentimiento que si no lo huviera con él. Nunca le vido hombre el rostro airado, ni le oyó juramento, ni palabra descompuesta. Era alto de cuerpo, membrudo, el rostro ancho y de pocas barbas. Traía un vestido de buen paño negro algo largo y llano. Murió de sesenta ños, en el de 1587. Está sepultado en la Parroquial de San Román, a la parte de la tribuna, debaxo del Altar de Nuestra Señora.
Fin del Discurso de Limosna. /(253v)/

DISCURSO CUARENTA Y SEIS. DE LUXURIA

Embió Nabucodonosor, rey poderosíssimo, a Holofernes, capitán suyo (y refiérese en el Libro de Judit), con un exército copiosíssimo, para sujetar y traer a su dominio y mando todo el Orbe si le fuera possible. Iva el bárbaro ganando pueblos y provincias, y llegó a la ciudad de Betulia, en tierra de Palestina, donde estava la valerosa matrona Judit. Quiso sujetarla como a las demás, y púsola en grande aprieto. Mas, al cabo, por medio de la misma Judit, la ciudad y vezinos della quedaron libres y sin daño. Y es figura Nabucodonosor del Demonio, el cual, por medio de Holofernes, capitán suyo, por quien se entiende la luxuria y vicio deshonesto, viene a captivar y a hazerse señor de reinos y ciudades. Mas los de Betulia, por tener consigo a Judit, fueron libres de su tiranía, aunque combatidos y puestos en aprieto. Figura Judit a la Madre de Dios, la cual, siendo, como es, la misma honestidad y limpieza, todos los que se encomendaren a ella, la honraren y quisieren favorecerse de su intercessión y méritos, aunque tentados y fatigados del vicio deshonesto y luxuria, serán libres, favoreciéndolos Dios por respeto e intercessión de su Soberana Madre. De la Luxuria trata el presente Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]



[1] El castigo general que hizo Dios | en todo el Mundo, ahogándole por agua en el Diluvio, fue ocasionado por el vicio de luxuria, pues dize la Divina Escritura en el capítulo sexto del Génesis que toda carne se dañó y desconcertó. Hasta la gente dedicada a Dios, que eran los hijos de Set, contra lo que Dios les tenía mandado, se casavan con las hijas descendientes de Caín, como fuessen hermosas y les pareciessen bien. Lo mismo fue en el castigo de las ciudades de Sodoma y Gomorra, con las demás. Dellas se dize en el Génesis , capítulo diez y ocho y diez y nueve, que el clamor de los pecados cometidos por los que en ellas vivían subía hasta las orejas de Dios. Y, baxando dos ángeles como para hazer la pesquisa y averiguar si correspondían las obras con las palabras y bozes, aposentándose en casa de Lot, los miserables sodomitas intentaron entrar por fuerça en la casa, para hazerla también a los ángeles, que estavan en figura de mancebos hermosíssimos en ella. Lo cual visto por ellos, aviendo sacado a Lot y a sus hijas con la muger, que después se convirtió en estatua de sal, y teniéndolos fuera de los términos de aquellas ciudades, llovió fuego sobre ellos, dexándolos hechos ceniza.
[2] Siquem, hijo del rey Emor, por amar a Dina, hija del Patriarca Jacob, y llevarla robada a su casa, vino a perder la vida, con todos los vezinos de aquella ciudad, quedando assolada y destruida, como parece en el capítulo treinta y cuatro del Génesis.
[3] Por este vicio de luxuria fue casi destruida la Tribu de Benjamín, que /(254r)/ solamente quedaron en ella seiscientos varones, y todos los demás, con las mugeres, fueron muertos por las otras tribus. La ocasión fue que, hospedándose una noche en la ciudad de Gabaa, que era de la Tribu de Benjamín, un levita con su muger, los vezinos della llegaron de tropel a una casa, donde estavan aposentados, y, a la traça de los sodomitas que quisieron usar mal de los ángeles que estavan en trage y figura humana en casa de Lot, ofreciéndoles él sus hijas porque no cometiessen pecado nefando, assí, aquí, porque el levita fuesse libre, ofrecióles su muger, a la cual trataron de tal suerte en aquella noche, que, venida la mañana, espiró. Tomó su cuerpo el levita y hízole doze partes, distribuyéndole por toda la tierra de Israel, con la relación de lo sucedido, y fue tan grande la ira de las onze tribus contra la de Benjamín por el caso tan feo que avían hecho, que, puestos contra ellos en armas, pidiéndoles los delincuentes de Gabaa para castigarlos, y no queriendo darlos, sino que se pusieron a los defender, los mataron a todos, sino a seiscientos hombres, con que después se reparó la Tribu, casando éstos con mugeres de las otras tribus, porque de su casta y linaje ninguna avía quedado. Los muertos fueron veinte y cinco mil, como parece en el capítulo diez y nueve y veinte del Libro de los Juezes.
[4] David, enlazado en el amor de Betsabé, cometió con ella adulterio, y después fue homicida, dando la muerte al más leal vassallo que tenía, que fue Urías. Y dízese en el Segundo Li- bro | de los Reyes , capítulo onze.
[5] Amón, hijo de David, hizo fuerça a Tamar, hermana de su hermano Absalón, y por ello murió después a puñaladas. Es del Segundo de los Reyes , capítulo treze.
[6] Absalón, hijo también de David, cometió detestable luxuria con las concubinas. Assí, a mugeres de menos nombre de su padre, y muy presto, passado este hecho, murió alanceado. Refiérese en el capítulo diez y seis y diez y ocho del Segundo de los Reyes.
[7] Salomón, assí mismo hijo de David, puso su amor en diversas mugeres idólatras, las cuales le depravaron su coraçón, y vino a idolatrar. Refiérese en el Tercero de los Reyes, capítulo onze.
[8] Dos ancianos pusieron sus ojos deshonestos en la honesta Susana, por donde, viéndose della menospreciados, le procuraron la muerte. Y se vido a punto de padecerla, si no despertara Dios la lengua de Daniel, que bolvió por ella y convenció a los viejos de su falsedad, por donde Susana quedó libre, y ellos, muertos. Es del capítulo treze de Daniel.
[9] Por ocasión del adulterio de Herodes y Herodías fue degollado San Juan Baptista, siendo verdadero mártir el que era santo antes que nacido, el que fue boz de Dios y más que Profeta. Es de San Marcos, capítulo sexto.
[10] El Hijo Pródigo, por vivir luxuriosamente, vino a guardar puercos y a padecer tanta hambre, que no se hartava de lo que los puercos comían. Refiérelo San Lucas, en el capítulo 16.
Lo dicho se colige de la Sagrada Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]



[1] En tiempo del emperador Justiniano Augusto levantóse en Africa | persecución contra los católicos, por los vándalos arianos. Perseveravan /(254v)/ en la confessión de la verdadera Fe algunos obispos y otros católicos. Fueron llevados en presencia del rey, el cual, con palabras blandas y dones valiosos pretendía traerlos a su parecer y secta, y no siendo parte desta manera, amenazóles con grandes tormentos. Estavan en contrario de los católicos muchos hereges, que con argumentos sofísticos y razones aparentes procuravan convencerlos, a lo cual respondían los católicos defendiendo su verdad, de manera que los presentes y que estavan a la mira, confessavan su justicia y razón. Entendido esto por el rey, mandó callar a los católicos. Mas, considerando ellos que si callavan hablando los hereges, era dar muestra de rendirse, no le obedecían sino respondían a todo lo que dezían los hereges. Indignado por esto el rey, mandóles cortar las lenguas, y, cortadas, hablavan tan expeditamente como si las tuvieran sanas, defendiendo la religión católica y verdadera Fe. Desterrólos el pérfido pagano a Constantinopla. Escrive esto San Gregorio, en el libro tercero de sus Diálogos, capítulo treinta y dos, y dize que, estando en aquella ciudad, vido él a un obispo déstos, ya viejo, y que le oyó hablar sin lengua. Dize más, que otro de los seglares, que cometió pecado de luxuria, antes hablava sin lengua, y después perdió la habla y quedó mudo. Sin San Gregorio, escriven lo dicho Victorio, obispo uticense, en el tercero libro de la Persecución vandálica, y Procopio, referido por Evagrio. Nombran estos autores al rey de los vuándalos, y dizen que se llamava Hunerico. Procopio señala que él los vido hablar tan bien como si tuvieran lenguas, y todos afirman que algunos dellos, por hablar deshonestamente | con mugeres, perdieron la habla, no concurriendo más Dios con ellos en el milagro que hazía de que hablassen sin lenguas.
[2] San Lamberto, obispo de Trayecto, siendo señor de aquella ciudad, con título de duque, Pipino, hombre valeroso y segunda persona en el reino de Francia después del rey Hildeberto, reprehendíale porque, teniendo legítima muger, cuyo nombre era Plectrude, no hazía vida con ella, sino con otra llamada Alpaide. Resplandecían en Pipino muchas cosas de buen príncipe, y con ésta las amanzillava todas, y el que avía vencido muchos valientes guerreros en batalla, era vencido de una passión deshonesta. Era este negocio público, porque públicamente la tenía en su casa y hazía honrar como a muger propria. Y aunque algunos obispos del reino lo sabían, dissimulávanlo por verle tan poderoso y favorecido del rey Hildeberto. Mas Lamberto, aunque viejo, tocándole por ser en su ciudad y distrito, afeávale aquel pecado, dándole a entender lo mucho que Dios era ofendido. Y como insistiere en esto, llevávalo el duque Pipino muy mal. Dio cuenta dello a la Alpaide, la cual, hecha una serpiente ponçoñosa, temiendo que la dexaría, tratava de dar muerte a Lamberto. Y para esto habló con un su hermano, llamado Dodone, y significóle el daño que a los dos vendría si Lamberto acabava con el duque que se apartasse della y hiziesse vida con la muger propria; que convenía, en todo caso, que le matasse. Dodone tomó el negocio muy a su cargo, y hablando a dos amigos suyos, cuyos nombres eran Gallo y Rioldo, dioles parte desto, y los tres aguardavan ocasión para hazer su hecho. Sucedió que el duque, /(255r)/ por lisonjear a Lamberto, combidóle un día a comer, y estando a la mesa, al tiempo que quiso bever, embióle el vaso para que le gustasse, teniendo esto por bendición, y lo mismo hizieron otros cavalleros que estavan con él a la mesa. El siervo de Dios cumplía con ellos y les dava contento. Quiso hazer esto la adúltera Alpaide, que también estava a la mesa, y el santo obispo, no solamente se estrañó de probarlo, mas antes se quexó al duque de que con semejante cautela quería comunicar con él aquella muger, estando en pecado mortal y siendo aborrecida de Dios; que le pesava mucho, porque no la apartava de sí, siendo cosa cierta que por ella vendría algún grande daño, y que entendiesse que, aunque le costasse la vida, él no tendría amistad con adúlteros, pues San Pablo amonesta a todos que se aparten del trato y comunicación de los semejantes. Con esto, se levantó de la mesa y se fue, dexando al duque y a muchos otros cavalleros que estavan con él muy turbados y confusos. Mas quien de veras lo sintió fue la adúltera Alpaide, que habló con Dodone, su hermano, dándole cuenta desta nueva injuria, y que le parecía que estava el duque en términos de dexarla, por no verse tan reprehendido de Lamberto, y que esto sería para ella grande afrenta y pérdida, de que a él mismo cabía buena parte, faltándole las ayudas de costa que el duque le dava. Con esto, del todo se determinó Dodone de le matar. Avíase ido el santo varón a una villa, llamada Leodio, y sabido por Dodone, acompañado de hombres facinorosos fue allá, y llegando antes del amanecer, guiava a casa del obispo, el cual toda aquella noche avía estado en oración, ya solo, ya con sus capellanes, en Maitines. A este tiem- po | quiso recogerse un poco, y apareció sobre el aposento donde estava una Cruz de fuego, y dava tanto resplandor de sí, que con dificultad podía mirarse. En esto llegó Dodone. Los criados de la casa, no sabiendo a qué venía aquella gente, recelavan de llamar al obispo. Oyó el ruido, y imaginando lo que podía ser, levantóse y tomó una espada para defenderse. Mas presto mudó parecer, dexó la espada y púsose en oración, diziendo con David: «Librame, Señor, de mis enemigos, que se han levantado contra mí, siendo poderosos y malos». Otras razones dixo, derramando lágrimas. Y en esto entraron dos sobrinos suyos, llamados Pedro y Andolero, a pedirle licencia para defender la entrada a los enemigos, que venían a matarlos. El Santo Pontífice se la dio, y dixo que si muriessen defendiéndose, ofreciessen a Dios sus muertes, y que juntamente tuviessen dolor de sus pecados. Con esto, salieron los dos sobrinos a defender las puertas, que las quebravan los contrarios, y fueron muertos por ellos. Entraron donde San Lamberto estava, y halláronle orando, estendidos los braços en cruz. Diéronle de lançadas, y assí acabó su santa vida. Hecho este nefando sacrilegio, huyó Dondone con su gente. Algunos criados del santo mártir tomaron su cuerpo y fueron con él a Trayecto, donde, publicándose su muerte, fue grande el sentimiento de toda aquella ciudad. Pusieron el cuerpo en una iglesia de San Pedro, y llegavan diversas gentes a besarle las manos y pies, reverenciándole como a mártir. Y sucedió aquí un caso notable, y fue que, dexándose el santo cuerpo tocar de todos, si llegava alguna muger adúltera o fornicaria, sin entender de qué suerte, como si /(255v)/ fuera arrebatada de algún torvellino, era arrojada de allí, y no poca confusión causó ver algunas, tenidas por buenas, que, llegando al santo, las veían bolver atrás rodando por aquel suelo. Y entendida la ocasión, no pequeño espanto causó en todos, viendo que en vida estava tan mal con la adúltera Alpaide, y muerto, con todas las que en ser adúlteras y luxuriosas la imitavan, mostrando saña y enojo, apartándolas de sí con daño y vergüença de las semejantes. Refiére lo dicho en su Vida Surio, tomo quinto.
[3] En cierto monasterio, antiguamente, huvo un fraile moço que padecía gravíssimas tentaciones de luxuria. Procurava por todas las vías que le era possible defenderse, ocurría a la oración, macerava su carne con ayunos, cilicios, disciplinas, y no le aprovechava. Comunicólo con el abad del monasterio, hombre sabio y esperimentado, y de su parte le procuró los remedios que le paresció ser convenientes, como fue no estar ocioso, quitar ocasiones, no dar lugar a malos pensamientos. Y viendo que nada aprovechavan estas diligencias, porque cuantos más remedios procurava, con mayor ímpetu le combatían las tentaciones, aprovechóse el abad de otro remedio, y fue que mandó a un monge grave y de mucho exemplo que tomasse a cargo perseguir y fatigar aquel moço, y que en el capítulo se quexasse dél diversas vezes, y buscasse testigos que le ayudassen. El moço se descargava, mas, conociendo el convento la bondad de quien le acusava y los testigos que traía, ninguno le dava crédito, y todos le murmuravan y perseguían. Afligíase el moço por estremo, viendo que su inocencia no le valía. Sólo el abad le favorecía y desculpava, porque no desespe- rasse. | Desta manera passó un año, andando solo, melancólico, y desconfiado de todo favor humano. Y después desto, preguntóle el abad cómo le iva con las tentaciones carnales que solía tener, y respondió:

-Oh, padre, ¿y qué me preguntáis? Enfádame la vida que tengo con tantas persecuciones, ¿y avíame de acordar de semejantes tentaciones? Ya no ay para mí guerra con mi cuerpo, el espíritu es el que me aflige. Ya de esse daño libre estoy, por el que padezco con próximos.

Desta manera remedió aquel santo y docto abad a su fraile de la tentación sensual y apetito de luxuria. Escrive esto San Hierónimo, en la Epístola cuarta a Rústico.
[4] En la ciudad de Brixia murió un patricio llamado Valeriano, el cual hasta la edad decrépita avía sido hombre liviano y vicioso. Y la misma noche que fue sepultado, aparecióse el bienaventurado San Faustino Mártir, cuya era la iglesia donde estava su cuerpo, al sacristán y guarda della, y díxole:

-Ve al obispo, y dile de mi parte que eche fuera deste lugar sagrado las carnes hediondas que puso en él, y que si no lo hiziere, que morirá al trigésimo día.

No quiso el sacristán dezirlo al obispo, por temor que tuvo dél, ni siéndole hecha otra amonestación. Vino el trigésimo día, y, acostándose bueno el obispo, hallóse a la mañana que de repente era muerto. Dízelo San Gregorio en el cuarto libro de sus Diálogos, capítulo cincuenta y dos. El mismo santo escrive en el capítulo siguiente que murió en Roma un tintorero, y sepultáronle en la iglesia de San Jaunario, cerca de la Puerta de San Laurencio, y la siguiente noche oyó el sacristán dar bozes: «¡Abrásome, abrásome!». Contólo a la mañana a la muger del difunto. Ella embió otros tin- toreros /(256r)/ a que abriessen la sepultura y fuessen ciertos de lo que aquel hombre dezía. Abriéronla, y hallaron la mortaja sana, y no pareció el cuerpo. No declara más desto San Gregorio, y bien se entiende que fue hombre vicioso, por donde mereció que su cuerpo no permaneciesse en la iglesia, que a este propósito lo dize el santo, de que el lugar sagrado no escusa a que quien es en él enterrado, si murió en pecados, no los pague, pues para prueva de que la alma en la otra vida es atormentada, quiere Dios que en ésta los cuerpos lo sean.
[5] Un herrero destemplado y luxurioso que comía y bevía regaladamente, el cual por emplearse en vicios y pecados no entrava en la iglesia ni se acordava de Dios, vino a morir. Y diziéndole algunos que estavan presentes que se confessasse y hiziesse penitencia, dixo:

-Ya no ay lugar para esso, porque de la manera que San Estevan al tiempo que murió vido los Cielos abiertos, assí yo veo el Infierno abierto, y que se me apareja lugar adonde está Pilato, Caifás, Judas y los demás que mataron a Cristo.

Y, diziendo esto, espiró. Sepultáronle en lugar profano y nadie hizo por él oración. Dízelo Beda en la Historia de los ingleses, libro quinto.
[6] En el Promptuario de exemplos se haze mención de algunas personas dadas a deleites de caças que, por ser demasiados o faltar en cosas de precepto, fueron castigados de la Divina Mano. De uno dize que era limosnero y de buena vida, mas por emplearse mucho tiempo en criar aves de caça y caçar con ellas, siendo muerto, fue visto de un siervo de Dios que estava en Purgatorio, donde una como ave le roía las entrañas, y declaró que padecía esta | pena por el demasiado tiempo que se ocupó en semejante exercicio, y pidió que avisassen a sus hijos y deudos que hiziessen sacrificios y limosnas por él, y que sería libre. Dize de otro que su vida toda la gastava en caçar con perros, y lo que caçava eran bestias fieras, y que por esto dexava la Missa el día de obligación; que parió su muger un hijo con el rostro de perro y grandes orejas, lo cual fue medio para que él se enmendasse. De otro señor de vasallos dize también que, por tomar gusto con caçar con perros, aperreava sus vasallos, no dexándoles labrar ni cultivar los campos, y haziéndoles graves vexaciones, tanto que los tenía pobres y miserables. Sucedió un día que, estando caçando en una silva, salió cierta bestia fiera que siguió él con los perros sobre un corredor cavallo. Vino la noche, y no aviéndola alcançado, llevándola siempre a vista, de nuevo propuso ir en su seguimiento, y fue de suerte que nunca más se supo dél, muerto ni vivo. Algunos dixeron que, como a Datán y Abirón los tragó vivos la tierra, assí también este hombre, mereciéndolo bien sus pecados, le avía tragado vivo el Infierno.

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