De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[16] En España, en tiempo de gentiles, avía dos hermanos; tenían padre y era muy pobre. Sucedió que Epasto Tirano quitó la vida injustamente a un hombre rico llamado Paciente. Los hijos deste procuraron vengarle y concertáronse con los dos hermanos hijos del viejo pobre que matassen al tirano Epasto y que darían doze mil maravedís al viejo, en caso que ellos padeciessen. Hízose assí, que los dos moços mataron al tirano, perdiendo ambos las vidas, teniéndolo por buena ganancia porque a su padre se diesse aquel dinero con que remediasse su necessidad. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto, capítulo cuarto. Y en este exemplo sólo se alaba la piedad de los hijos con sus padres, y no lo que fue pecado de querer los unos vengar a su padre y los otros dar la muerte a Epasto Tirano por interesse, que fue grave pecado. |
[17] Ludovico Guicciardino, en el libro que hizo de la Descripción de Flandes, hablando de la ciudad de Delset, que es en Holandia, dize que se pegó fuego el año de 1536, y se quemó grande parte de la ciudad, y que en el incendio se vido una cosa notable. Y fue que, aviendo muchos nidos de cigüeñas y siendo el día tercero de mayo, tenían polluelos, y como viessen llegar el fuego y no lo pudiessen remediar, poníanse sobre ellos abiertas las alas, y dexávanse quemar juntamente con ellos. El mismo Ludovico Guicciardino en este libro, hablando de la Baronía de Grimberghem, dize que ay costumbre allí que hereden el estado los hijos menores, porque el año de 1140 Galtero ofendió gravemente a su padre, que era príncipe de la tierra, tomando armas contra él; mas, llegando a batalla, el hijo fue vencido con otros que eran de su vando. Hallóse sin culpa en este caso un hermano suyo menor, y el padre le dexó el estado, haziendo ley que hereden los hijos menores.
[18] Cheldeberto y Clotario, reyes de Francia hermanos, trayendo guerra sobre el estado, y estando para darse batalla en que se esperava grande mal y daño, llegó allí su madre Clotilde, y pudo tanto con sus ruegos y lágrimas que dexaron las armas y quedaron en buena paz. Es de Sabélico, libro tercero.
[19] Lambadoria, capitán de la armada genovesa, teniendo batalla naval en el mar Adriático con los venecianos, donde alcançó dellos una insigne victoria, en el ardor de la pelea le vinieron a dezir que un hijo suyo era muerto peleando valientemente. Él, sin mostrar punto de alteración, dixo:

-Pues echen su cuerpo en el mar, que no puede tener más honrado sepulcro que ésse, aviendo muerto por la patria.



Dízelo Fulgoso, libro quinto.
[20] Hómulo, jurisconsulto napolitano, estando en Roma y ocupado en negocios gravíssimos, viniéndole a dezir que un hijo suyo era muerto, sin mudar voz ni rostro dixo a los que estavan presentes /24r/ que por una hora le diessen lugar para cumplir con el paterno afeto. Entró en un aposento y estuvo allí una hora llorando amargamente. Lavóse el rostro y salió a entender en los negocios de primero, como si nada huviera passado. Dízelo Fulgoso, libro quinto.
[21] Mazuco, pisano jurisconsulto y de dignidad ecuestre, dexando el siglo entró en el orden de los Menores; donde, sabiendo que Farinatas, hijo suyo, avía sido muerto por Benito Caprariense, no sólo se halló a su entierro sin lágrimas, sino que viendo después al Benito, para que entendiesse que no le tenía enemistad, llegó a él y besóle la mano. Es de Fulgoso, libro quinto.
[22] Popilio, rey de Polonia, y su muger, la reina, hiziéronse a una y mataron a sus padres por heredarlos. Sucedió que, estando en un combite poco después, salieron del sepulcro del padre muchos ratones, que los hizieron entrar, huyendo dellos, en una barca, y ni por esto pudieron librarse, que entraron nadando en la barca y la royeron, de modo que se iva a hundir. Salieron de allí, subiéronse a una torre, adonde subió tanta multitud de ratones, que mataron a bocados a la muger y a dos hijos, y al cabo al parricida Popilio. Dízelo Holao Magno en su Historia Septentrional, libro diez y siete, capítulo veinte y dos. También refiere de Hato, obispo de Maguncia, que murió comido de ratones porque no hizo limosna a pobres en tiempo de hambre; antes los afrentava, llamándolos «ratones de la república».
[23] Trayendo diferencias el rey don Pedro de Castilla, llamado de unos el Justiciero y de otros el Cruel, con su muger, la reina doña Blanca, por razón que se dezía que estava el rey mal amigado con otra muger, embió la reina a Toledo para que estuviesse como presa en el alcáçar. Ella entró en la ciudad y dixo que la dexassen ver la Iglesia Mayor y hazer oración delante la imagen de la Madre de Dios. Los que la traían en guarda diéronle lugar para esto. Y, estando en la iglesia, | no quiso ir al alcáçar ni salir de allí. Hiziéronse de su parte muchos cavalleros y hombres particulares de Toledo, diziendo que morirían porque el rey no la hiziesse agravio. Súpolo el rey y indignóse contra los toledanos. Vino a la ciudad, y porque quisieron algunos grandes del reino que se hallaron presentes y favorecían a la reina defenderle la entrada, él, con su gente que traía, por fuerça de armas entró por la puente de San Martín, dexando derribada una torre della, la primera por la parte de afuera, que después remendó el arçobispo don Pedro Tenorio, perlado de la misma ciudad de Toledo. Estando el rey don Pedro en la ciudad, mostró grande ira con los vezinos della por el servicio que intentaron de hazer a la reina y, prendiendo a treinta ciudadanos los mandó degollar. Entre estos presos y sentenciados a muerte estava un platero viejo; tenía un hijo, mancebo de buena edad y disposición. Éste, con piedad que tuvo del padre, fue al rey y rogóle que dexassen libre a su padre y le matassen a él. Muchos quisieran que el rey los perdonara a ambos, vista la piedad de aquel tan buen hijo, mas, usando de ferocidad, mandó que se hiziesse assí. Dexó libre al padre y degolló al hijo. Esto se refiere en diversas Historias de España, y tráelo Fulgoso, libro quinto.

A este cuento podemos juntar otro. Sucedió en Villanueva de la Xara, en tiempo de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel; y fue que, teniendo diferencias sobre la propriedad del reino de Castilla con el rey don Alonso de Portugal, llegaron diversas vezes a las manos los castellanos y portugueses. Sucedió que en un rencuentro mataron los portugueses a un cavallero de mucho nombre en Castilla, llamado don Jorge Manrique. Por lo cual, muy sentidos los castellanos, ahorcaron ciertos portugueses de los que tenían captivos, a vista de sus reales y campo. Y, queriendo tomar desto vengança los portugueses, ahorcaron otros tantos castellanos, que también tenían presos algunos. Entre /24v/ estos castellanos estava un hombre de edad con muger y hijos, el cual tenía un hermano, que también estava preso y en poder de portugueses, aunque no era del número de los sentenciados a muerte. Éste habló al hermano diziendo que quería morir por él, y dio algunas razones, como de que su muerte no sería tan sentida ni dañosa como la suya, que era casado y tenía muger y hijos, y él por el contrario solo y sin tantas obligaciones. Contradezíalo el hermano grandemente. Al cabo la porfía del menor fue de suerte que el mayor quedó con vida y él sin ella.

Ambos fueron hechos dignos de memoria, y en que mostraron el amor grande que tenían el uno a su padre y el otro a su hermano. Pues, como dize el Hijo de Dios y lo refiere San Juan en el capítulo quinze, mayor caridad no puede tener alguno que poner la vida por su amigo.
[24] A fray Tomás de Villanueva, del orden de San Augustín, siendo arçobispo de Valencia, quiso irle a ver su madre, que era una labradora viuda honrada y residía en Villanueva de los Infantes, lugar en el Campo de Montiel del arçobispado de Toledo. Y, llegando a Liria, cuatro leguas de Valencia, salió a verse con ella y llevóla a o- tro | pueblo llamado Villar, donde como buen hijo la regaló y consoló mucho. Y en passando quinze días dio orden como se bolviesse a su tierra. Y aunque ella holgara de ver a Valencia y se lo significó, no lo consintió, diziendo:

-Si vuestra merced va a Valencia, es cierto que ha de posar en mi casa, y con esta ocasión querrán muchas señoras y damas de la ciudad, por hazerme a mí merced, visitarla y acompañarla. Y yo no quiero visitas de mugeres, aunque sean con tan justa causa, en mi casa.

Mostró ser de veras hijo del grande Augustino, de quien escrive Posidonio que no consintía que en su casa viviesse su hermana, porque las criadas de la hermana no eran sus hermanas. Esto escrive dél el Maestro fray Miguel Salón, en su Vida, libro segundo, capítulo séptimo. Y afirma del mismo fray Tomás de Villanueva que en todo el discurso de su vida no se halló que vez alguna fuesse a tomar recreación, por lícita que fuesse, ni saliesse de su aposento una sola hora, sino con urgente necessidad que se ofreciesse, y, resumido aquel negocio a la hora, se bolvía a su celda y aposento. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Quintiliano, libro y capítulo primero, dize que no ay mejor leche para el niño que la de su propria madre, y refiere de uno que, aviéndole criado con leche de puerca, se echava en loda çales.
[2] De Crates Tebano escrive Demetrio Magnesio, y refiérelo Diógenes Laercio en su Vida, que tenía grande hazienda. Hízola dineros y púsolos en poder de persona de confiança en su muerte, mandándole que si sus hijos creciendo fuessen sabios y avisados, repartiesse aquel dinero entre ciudadanos pobres, afirmando que el sabio y filósofo no tiene necessidad de riquezas; mas, si fuessen necios, lo repartiesse entre ellos.
[3] Plutarco, en sus Morales, en el de la | vengança de Semiramis, dize que cierto soldado llamado Besus, aviendo muerto a su propio padre, encubrióse algún tiempo el negocio. Sucedió que, estando comiendo con otros amigos suyos, derribó un nido de golondrinas con una lança y pisó los polluelos. Preguntándole los presentes por qué avía hecho aquello, respondió:

-Muchos días ha que estas malditas aves con gran mentira andan diziendo que yo maté a mi padre.

Supo esto el rey, llamóle, diole tormento, confessó la verdad y condenóle a muerte.
[4] Junio Bruto, cónsul de Roma, después de echados los Tarquinos del reino por la fuerça que hizo uno dellos a Lucre- cia, /25r/ oyendo dezir que dos hijos suyos -Tito y Sempronio- se avían conjurado con otros muchos para que bolviesse al mando y señorío de primero -estando puesta pena de la vida a quien cayesse en aquel crimen-, averiguado el negocio, Bruto los sentenció a muerte. Atáronlos a dos palos para açotarlos primero que los degollassen, como era costumbre de romanos, y era de ver el padre en medio de los dos hijos mandando executar la sentencia, estando el pueblo ya mirando a los hijos y al padre, y más al padre que a los hijos, porque mostrava grande ánimo en aquel hecho, en que tuvo más cuidado del bien de su república que del suyo particular. Dízelo Tito Libio, libro primero, Década primera, Valerio Máximo, libro quinto, capítulo octavo, Plutarco, Eutropio y Orosión.
[5] Estava sentenciada a muerte una muger romana en tiempo del Triunvirato, cuando sólo bastava para morir el aver tenido este o aquel apellido. Avíala puesto el carcelero en un aposento para que muriesse allí de hambre. Visitávala una hija suya parida de pocos meses, y durándole más la vida a la madre de lo que le pareció al carcelero que bastava para morir, púsose de secreto a mirar lo que hazía la hija cuando entrava a visitar a la madre, y vídola que le dava el pecho y que con su leche la sustentava que no muriesse. Fue con este cuento el carcelero al Triunvirato; tuvo dello noticia el pretor, y al cabo vino a oídos del cónsul, los cuales todos dieron parecer que la madre fuesse libre y se le entregasse a su hija por el afeto y piedad que avía tenido con ella. Refiérelo Sabélico, libro quinto.
[6] De otro caso semejante haze mención Valerio Máximo, libro quinto, capítulo cuarto, y fue que una muger en Grecia, estando su padre sentenciado a que fuesse muerto por hambre, ella le dio leche de sus pechos, sustentándole mucho tiempo sin que muriesse.
[7] Dando por rehenes los cartaginen- ses | a los romanos algunos hijos de nobles, ivan con ellos sus madres hasta verlos embarcar, y fue tan grande el sentimiento que tuvieron algunas dellas de verlos apartar de sí que cayeron allí muertas. Es de Sabélico, libro tercero.
[8] Agripina, madre de Nerón, preguntó a algunos sabios caldeos acerca de su hijo, si sería emperador de Roma. Dixéronle que lo sería, aunque, siéndolo, mataría a su madre. «Sea él emperador -replicó ella- y máteme»; y assí sucedió. Refiérelo Fulgoso, libro quinto.

[9] Eneas Troyano honró tanto a su padre Anquises que, dándole licencia que llevasse él y los demás troyanos nobles lo que quisiessen sobre sí de la ciudad que ardía, primero llevó los dioses penates y, dándole licencia que sacasse otra cosa, sacó a su padre, passando por llamas y espadas hasta que le puso en salvo en el monte Ida, temiendo más el daño que le podía venir que el de su muger Creusa, o el de su hijo Julio, que le iva siguiendo. Es de Sabélico, libro quinto.


[10] Manlio, que por ganar en batalla un collar de oro a cierto francés tuvo sobrenombre de Torcuato (queriendo dezir torques, collar), estava por mandado de su padre, llamado Manlio como él, en una alquería, donde comía y se vestía pobremente, aunque por ser hijo obediente llevava con paciencia la condición áspera y desabrida de su padre. Tuvo noticia desto un tribuno de Roma y puso demanda al padre de que hazía agravio a la República en tener desterrado della un tan noble ciudadano como su hijo. La demanda era de suerte que el padre se vido en aprieto. Señalósele día para oír sentencia. Tuvo noticia dello el hijo. Vino de secreto a Roma; llegó al amanecer, fue a casa del tribuno, el cual le admitió en su aposento pareciéndole que le tenía muy obligado por bolver por él contra su padre. Mas el hijo, que se vido solo con el tribuno, echó mano a un puñal y púsosele a los pechos, afirmando /25v/ que le daría con él allí la muerte si no jurava de dar por libre a su padre y no molestarle más. Lo cual juró el tribuno lleno de temor, y cumplió. Es de Sabélico, libro tercero.
[11] Aviendo alcançado una insigne vitoria Paulo Emilio del rey Perseo, grande enemigo de los romanos, y concediéndosele triunfo, cuatro días antes se le murió un hijo y, tres días después, otro. El sentimiento que tuvo de sus muertes declaró en una oración o razonamiento que hizo después en el Senado, en la cual dixo estas razones entre otras:

-Como temiesse, oh Romanos, algún desastre para vuestra República en tan grande felicidad, pedí al cielo que si algún caso adverso os amenazava, diesse en mi casa, y quedássedes libres Y sucedió assí, porque con la muerte de mis dos hijos que conocisteis, tan agraciados en la vista como valientes en la persona, vosotros antes os doleréis de mí que yo os tenga lástima. Es de Valerio Máximo, libro quinto.


[12] Viendo Marco Crasso que le avían muerto un hijo solo que tenía -sin esperança de aver otro por ser muy viejo- en la batalla que dio a los partos, y que todo el exército estava sentido y turbado con aquella muerte, aunque fue su sentimiento excessivo anduvo de unas partes en otras diziendo en voz alta que no fuesse parte la muerte de un solo hombre para acovardarlos, sino que tomassen ánimo y se acordassen de su valor y de la patria, y que a él solo dexassen la vengança de aquel dolor y pérdida. Es de Fulgoso, libro quinto.
[13] Coriolano, ciudadano de Roma, varón de grande ánimo y de alto consejo, aviendo servido a la República fielmente, fue tratado con desagradecimiento, desterrándole de la patria. Passó a ser morador entre los bolscos, enemigos a la sazón de los romanos, donde, siendo conocido su valor de un trançe en otro, | vino a que todos le obedecían y él a todos mandava. Començó a hazer guerra a Roma y a vengarse de la ingratitud usada con él; venció sus exércitos diversas vezes y llegó su gente hasta poner cerco sobre la ciudad, esperando ganarla por fuerça de armas. Embiáronle embaxadores con tratos de paz y no hizo caso dellos; fueron sacerdotes con insignias sacerdotales y bolvieron sin efeto. El Senado estava temeroso, el pueblo afligido, hombres y mugeres lamentavan su destruición, que veían a los ojos. Estava dentro de Roma Veturia, madre de Coriolano, la cual, llevando consigo a su muger Volumia y hijos, salió al real de los bolscos y, siendo vista del hijo, corrió apressuradamente a abraçarla. Ella, viendo la fuerça que tenía con él, las palabras de ruego con que pensó hablarle trocó en otras de ira y enojo, y assí le dixo:

-Antes que me abraces quiero saber si vengo a ver hijo o enemigo, y si estoy en tus reales con título de madre o de captiva. Mi larga vida y miserable vejez me ha traído a que te viesse primero desterrado de tu patria y después enemigo della. ¿Cómo? ¿Y será possible que quieras destruir y assolar esta tierra donde naciste y te criaste? Por grande felicidad tuviera no averte parido, pues con esto se librara Roma de ser destruida.

Otras palabras semejantes le dixo, y ayudó la muger con los hijos llorando, de suerte que su duro pecho se ablandó. Abraçó a su madre diziendo:

-Vencido me as, señora y madre mía; yo te doy a Roma libre. Y esto se te agradezca a ti por averme parido.

Con esto levantó los reales y se bolvió a su gente, y Roma agradeció a Veturia el ser libre desta persecución y calamidad, aviendo podido ella más con el afeto de madre que la ciudad famosa con sus exércitos y armas. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto.
[14] No le avían començado a nacer barbas a Escipión Africano cuando, hallándose en una batalla contra Aníbal en Italia, cerca del río Ticino, y viendo en ella a su /(26r)/ padre -que era cónsul y el que regía el campo romano- malherido, rompió por medio de los enemigos. Y pudo tanto el afecto paternal que, contradiciendo su edad de moço, el ser nuevo en la milicia, llevar los enemigos la victoria, libró de muerte a su padre y ganó la corona que se dava en Roma a los que libravan al general de muerte o prissión. Es de Valerio Máximo, libro quinto.
[15] Siendo procónsul en Asia Publio Dolabela, truxéronle una muger natural de la ciudad de Esmirna, la cual avía muerto a su marido y a un hijo porque los dos le mataron a otro hijo que tenía del primer marido, moço de grandes esperanças. Averiguado el caso, no osó determinarse Dolabela, sino remitió el juizio a los sabios de Atenas, los cuales, después de diversos pareceres, considerando la grande ocasión que tuvo la muger de vengar muerte de hijo tan amado, mandaron que se fuesse y que passados cien años bolviesse a oír sentencia. Dolabela se libró de aquel juizio, remitiéndole a los sabios de Atenas, y ellos con diferirle por cien años también se libraron dél, estando ciertos que entretanto se moriría la muger. Dízelo Valerio Máximo, libro octavo.
[16] En el tiempo del Triunvirato fue proscripto y sentenciado a muerte en ausencia Opio, ciudadano romano. Teníale escondido un hijo suyo y, visto que era dificultoso el conservarle la vida, vistióle en hábito de pobre mendicante enfermo, y él con otro semejante vestido, le sacó de Roma sobre sus ombros y dio con él en Sicilia, donde Sexto Pompeyo favorecía a los proscriptos y huidos de Roma. Después, sabiéndose lo que el hijo del Opio hizo por él, perdonaron al padre y dieron oficio honroso de edil al hijo. Dízelo Fulgoso, libro quinto.
[17] El emperador Tiberio César perdió un hijo llamado Druzo, moço de gran- des | esperanças, y aunque le amava tiernamente tanto por su virtud como por la sangre, acabando de hazer sus exequias se fue al Senado a tratar los negocios de la República. Adviértelo Fulgoso, libro quinto.
[18] Viendo el rey Egeo venir de lexos un navío en que su hijo Teseo avía ido a una empresa dificultosa, teniendo concertado con él que bolviendo victorioso mudasse las velas en color alegre y de fiesta, olvidado Teseo del concierto, aunque venía con vitoria, y teniéndole muy en la memoria el viejo padre, creyendo que avía perdido al hijo quiso perder la vida, y assí se despeñó de una torre alta en el mar. El hecho fue malo, mas procedió del amor grande que tenía a su hijo. Refiérelo Sabélico, libro tercero.

[19] Por aver dado leyes Solón en Atenas era su nombre famoso en toda Grecia, publicándole por sapientíssimo. Residía en Mileto y tenia allí amistad estrecha con Talete, que fue uno de los Siete Sabios de Grecia. Passeávanse los dos en público un día, y vínole a Solón un mensajero que le dixo como era muerto un hijo que tenía. Oyéndolo Solón, fue la pena tan grande que recibió que se dexó caer en tierra. Arrancábase los cavellos y las barbas a dos manos, despedaçava el vestido, llorava y dava vozes que se oían bien lexos de allí. Y fue su pena tanta que se llegó mucha gente y todos se admiravan de ver un espectáculo tan indigno de tal persona. Talete, que fue el autor desta nueva, y era falsa, le dixo:

-Ten buen ánimo, Solón, que tu hijo vive y yo quise experimentar si me era conveniente el casarme y tener hijos como tú hiziste. Después de averlo mucho resistido, y por lo que en ti he visto, entiendo que no me conviene a mí tomar semejante estado, pues hallo que basta el amor de los hijos a tornar loco un hombre sabio.

Es de Sabélico, libro tercero.


[20] Entrando de repente en el aposento del rey Agesilao un privado suyo, vídole entre /(26v)/ sus hijos sobre un cavallo de caña andar jugando. Quedó confuso de que un rey tan sabio y mirado estuviesse entretenido en tales baxezas. Reprehendióselo, y Agesilao le dixo:

-No respondo a lo que dizes hasta que te vea que eres padre. Y encárgote que no digas de mí lo que has visto hasta que tengas hijos.

Refiérelo el Eborense.
[21] Hizo guerra Darío, rey de Persia, a los escitas, y fueles ganando la tierra. Ivanse ellos recogiendo sin pelear con él, hasta los últimos y solitarios lugares de su imperio. Embióles Darío embaxadores, queriendo saber dellos cuando acabarían de huir o començar a pelear. Respondiéronle que ni tenían ciudades ni campos labrados por que deviessen pelear, siendo pobres y preciándose dello, mas, si tanta gana tenían de venir con ellos a batalla, que se descomidiesse y tratasse mal los sepulcros de sus padres y mayores, y vería luego lo que los escitas valían por armas. Con esta respuesta tan fundada en piedad que dieron los escitas se ablandó Darío y los dexó libres de guerra. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto.
[22] Ganaron los persas la ciudad a Creso, rey de Lida, y entrando algunos soldados en la sala donde estava, uno de ellos, sin conocerle, levantó el braço con la espada para matarle. Hallóse allí cerca un hijo del mismo Creso que era mudo y, viendo tan cerca la muerte de su padre, hizo en él tal impressión que se le desató la lengua, y dixo en voz alta:

-No mates a Creso.

Fue parte la piedad con el padre para dar voz al que por tiempo estuvo mudo. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto.
[23] Artaxerxes Primero, rey de Persia, amava a su muger con ardentíssimo amor, a la cual dio la muerte Parisatis, madre del mismo Artaxerxes y, aunque él fue cierto dello y lo sintió sumamente, pudo tanto el afeto maternal que ni vengó la muerte ni le dixo palabra descompuesta o desabrida. Dízelo Fulgoso, libro quinto.
[24] Seleuco, rey de Siria, sabiendo por in- dustria | de Erasístrato, médico suyo, que Antíoco su hijo estava enamorado de su muger Estratónica, madastra del mismo moço, aunque la amava excessivamente, venciendo el amor del hijo, que tuvo por cierto moriría si no se la dava, hízolo assí, que le casó con ella. Y fue esto no sólo dar vida al hijo, sino vencerse a sí, que es grande hazaña en un hombre valeroso. Aunque si lo miramos cristianamente, el padre y el hijo y la misma Estratónica cometieron un pecado de los feos y abominables que en semejante caso puede cometerse, y por lo mismo no merece loa, sino afrenta y vituperio el Seleuco. Refiérelo Sabélico, libro tercero.
[25] Dión Siracusano, estando tratando con amigos suyos negocios graves del reino, oyó alboroto grande en el palacio y, queriendo saber la causa, dixéronle que un hijo suyo avía caído de una fenestra y quedado muerto de la caída. Él, sin mudar semblante, dixo:

-Pues entiérrenle.

Y prosiguió con su plática adelante hasta concluir aquellos negocios. Es de Fulgoso, libro quinto.

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