De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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EXEMPLOS ESTRANGEROS



[1] Xerxes, rey de persas y medos, puso edicto en que prometía grande premio a quien le advirtiesse de nuevos modos de luxurias y deshonestidades, pareciéndole que con esto adelantaría la grandeza de su imperio, y fue el medio como vino a perderse y perderle. Dízelo Valerio Máximo, libro nono.
[2] Artaxerxes, rey de Persia, hijo de Darío, fue tan desenfrenado en suziedades y luxurias que, no contentándose con trezientas y sesenta concubinas, contra toda ley natural y buenas costumbres se casó con Atosa y Amistris, ambas hijas suyas. A tanta ceguedad viene quien no pone límite en semejante vicio. Es de Plutarco, y refiérelo Fulgoso, libro nono.
[3] En este Discurso de Luxuria tiene principal asiento Sardanápalo, rey de persas y medos, el cual vivía en Nínive, dándose a todos los vicios de sensualidad y carne que los muy viciosos pueden dessear. Tanto que, encerrándose con muchas mugeres que tenía, se vestía y afeitava el rostro, de la manera que ellas lo ha- zían. | San Hierónimo, en el Prólogo de Jonás, afirma que al tiempo de la predicación de Jonás en aquella ciudad, cuando les dixo: «Dentro de treinta días será Nínive destruida», que era rey Sardanápalo. El cual, atemorizado de lo que el profeta dezía, confirmándolo con su mala conciencia, hizo penitencia él y todo el pueblo, por donde cessó la amenaza y se dilató el castigo. Aunque, por bolverse después a los pecados de primero, vino el rey a perder el estado y la vida. Cercáronle en la ciudad dos capitanes suyos, que se rebelaron contra él, llamados Arbato y Beloco. Durando el cerco, creció tanto el río Tigris, que corría por aquella ciudad, que derribó un grande lienço de los muros. Lo cual visto por el rey, teniendo oráculo de sus adivinos y agoreros que la ciudad peligraría cuando el río le fuesse contrario, determinó de no venir vivo en poder de sus enemigos. Hizo juntar mucha leña y ponerle fuego, donde echó a sus mugeres y eunucos más queridos, con las riquezas que tenía, que eran sin número, que, después de abrasado todo, /(260r)/ él mismo se echó en el fuego y se dexó quemar. Quinze días duró la hoguera, y dize Ateneo que pensavan los de fuera que ofrecía grandes sacrificios por su libertad y salud, mas, advertidos del caso, dándoles lugar la furia del río con amansar su corriente, entraron en la ciudad y apoderáronse della. Justino, libro primero, dize de Sardanápalo que nunca hizo cosa con ánimo de varón, si no fue quemarse. Dize más, y confírmalo Diodoro, libro tercero, capítulo séptimo, y Cicerón, en el quinto de las Tusculanas, que cerca de la ciudad de Anchialo, fundada por el mismo Sardanápalo, le hizieron un túmulo sobre sus cenizas, donde estava su figura muy riéndose, dando castañeras, con el donaire que puede tener el que muestra no dársele cosa por cuanto ay en el Mundo, fuera de vivir a su plazer. Fulgoso, en el libro nono, dize que mandó poner un título sobre sus cenizas que dezía: «Solamente lo que comí y beví, y lo que me deleité con mugeres, tengo; de lo demás, ninguna cosa hallo». Título de hombre bestial, como él lo fue.
[4] Eliano, en el libro nono, haze mención de algunas personas que amaron desenfrenadamente cosas de locura y mofa para ellos, como fue Xerxes, que puso su amor y afición en un plátano, árbol; y de un mancebo rico ateniense, que andava perdido por una estatua de piedra de la Buena Fortuna, que estava en cierto lugar público. Pidió al Senado que se la vendiessen, ofreciendo un subido precio por ella, y negándosela, ívase a donde estava y dezíale grandes ternuras, abraçávala y vestíala vestidos riquíssimos, componíala con joyas de mucho precio, ofrecíale sacrificios y llorava depués desto por ella sin cesar, y vino por esta ocasión a morir. Glauca, grande tañedora, puso su afición en una ánade o ganso. Un hijo de Xenofonte amó un perro, y otro moço de Lacedemonia una graja. Crates, pastor sibarita, tenía amores con una cabra; tuvo celos desto | un cabrón, y estando durmiendo, le encontró con la cabeça y le mató.
[5] Dionisio, tirano de Sicilia, el Menor, fue a la ciudad de los locrenses, siendo su madre, Doris, natural della, y ocupó algunas casas principales, y en aposentos dellas hazía poner flores y cosas odoríferas, y con su gente de guerra, por fuerça traía allí donzellas, hijas de nobles y hermosas, donde las deshonrava. Sentidos por esta maldad sus súbditos, rebeláronse contra él, y por medio de Dión le quitaron el reino. Él huyó. Los locrenses tuvieron cuidado de aver a las manos a la muger y hijas del tirano, a las cuales pusieron en el lugar público, deshonrándolas cuanto quisieron, en especial los parientes de las donzellas a quien él quitó la honra. Y después de esta afrenta, hincáronlas agujas entre las uñas de los dedos y la carne. Al cabo, las mataron, cozieron sus carnes, y al que no comía dellas le perseguían. Sus huessos molieron en morteros, y hechos polvos, los esparcieron sobre el mar. Dionisio, el que era ocasión de todo esto, passó huyendo a Corinto, padeciendo varias mudanças de vida. Al cabo vino a tener grande necessidad, y para comer se puso a enseñar a leer niños; otras vezes tañía un tamboril, y otras, pedía limosna. Es de Eliano, libro nono.
[6] Messalina, muger del emperador Claudio, mudando traje y haziéndose llamar Licisca, se iva a la casa de las mugeres públicas cuando anochecía y tenía comodidad para hazer esta ida sin que en su casa hiziesse falta, porque se fingía indispuesta. Y después de aver gastado la noche en tan mal trato, tomava gusto en conferir y averiguar con otras mugeres públicas de la misma casa y trato lo que avía ganado y, excediendo la suma a la de las otras, quedava contentíssima de llevar esta palma. Dízelo Sabélico, libro cuarto.

Y si yo refiero exemplos tan indignos de orejas castas, hágolo porque nadie fie de estado, linaje o riquezas, sino que a los principios se remedie, /(260v)/ porque si se dexa llevar desta creciente dará en un mar de miserias, como se dio esta muger y otras que la imitaron, que sólo la continuación y costumbre las despeñava en tales desventuras. Como también estropeçó en lo mismo Faustina, muger de Marco Antonino Emperador, sabio y con otras muchas partes de que se preciava aquella edad, y hija de otro semejante emperador. La cual dio en irse a Cayeta, que era puerto de mar, donde se entregó a cuantos marineros avía. Y con saberse de sus adulterios tan infames quedó sin castigo, porque dando cuenta dello Probo, criado suyo, al emperador Antonino, respondió:

-O tengo de sufrir esta afrenta o restituir el imperio que recebí en dote con ella.

Dízelo Sabélico, libro cuarto.

Y si estas dos emperatrizes de Roma fueron carnales y luxuriosas, tuvieron bien en quien deprender en Marco Antonio, uno del Triunvirato y capitán valeroso en armas, el cual borró su valor con ser muy dado a comer y bever, y a suciedades carnales. Otro fue Tiberio Emperador, que le hizo en lo uno y en lo otro ventaja. Éste hizo pretor de Siria a Pomponio Flaco y prefecto de Roma a Lucio Pisón, que eran oficios de mucha honra, y la ocasión de dárselos fue | porque estuvieron dos días con la noche intermedia beviendo y glotoneando con él. Y a Sexto Claudio le hizo cuestor de Roma el mismo Tiberio, porque le combidó a una cena en que servían donzellas desnudas y se bevió en ella un cántaro de vino. Sus desonestidades no sufren orejas castas oírlas. Sólo diré con Fulgoso que instituyó en Roma un nuevo magistrado que premiasse a todos los inventores de luxurias y desonestidades, y que hallavan nuevos modos para exercitarlas. Calígula Emperador, en tanto fue luxurioso que se casó con sus hermanas. Mas el monstruo de naturaleza en luxuria fue Nerón, que pretendía con su propria madre lo que Calígula con sus hermanas, aunque no llegó Nerón a efecto. Casóse públicamente con un eunuco, vistiéndole vestidos de muger con muchas piedras y perlas de gran precio. Violó una virgen Vestal, y hizo otras cosas que atormentan oírlas a las orejas castas. Todos éstos acabaron mal, dexaron nombre infame y sus almas padecen en el Infierno lo que merecieron por darse a deleites y luxurias sus cuerpos en el Mundo, mereciendo también Infierno por ser idólatras. Todo lo dicho es de Fulgoso, libro nono.
Fin del Discurso de Luxuria. |

DISCURSO CUARENTA Y SIETE. DE MAGESTAD Y GRAVEDAD

Assí como se concede diversas vezes, ordenándolo Dios, a algunas personas riquezas y estados, de que alcançan honra y estimación, como | a la verdad ni merezcan estimación ni honra, por tener vicios de secreto, assí también acaece que otros por la virtud son estimados y honrados, siendo más dignos de honra y estimación, pues lo que se alcança por esta vía es firme y permanece. A lo cual damos en este Discurso nombre de Magestad y Gravedad, y pondremos en él exemplos de personas que la alcançaron y fueron honrados y estimados por ser virtuosos, más que otros, que por ser reyes o ricos la pretendían. /(261r)/

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Grave y confiado se mostró Moisés diversas vezes delante de Faraón, arguyéndole y amenaçándole con diversas plagas si no dexava libre el Pueblo de Dios, como parece en el Éxodo, capítulo quinto.
[2] Amenaçava el rey Acab al profeta Elías, porque dezía que turbava a Israel, y él le habló con gravedad y osadía, diziendo:

-No perturbo yo a Israel, sino tú y la casa de tu padre, que avéis dexado la adoración del verdadero Dios.

Y no sólo tuvo palabras, sino obras, pues fue parte para que muriessen cuatrozientos y cincuenta sacerdotes de Baal. Y refiérese en el Tercero de los Reyes, capítulo diez y ocho. Y con la misma libertad habló al rey Ocozías, su hijo, diziéndole:

-De la cama en que estás enfermo no te levantarás, pues embiaste a consultar de tu salud a un demonio, pudiendo ir con tal necessidad al verdadero Dios.

Y es del Cuarto de los Reyes, capítulo primero.
[3] Con magestad grande habló el rey Ezequías a sus soldados, diziendo:

-No temáis al rey de los assirios, ni a la multitud que trae consigo, porque muchos más son los que están de nuestra parte.

Lo cual entendía por el fabor que esperava del Cielo. Es del Segundo del Paralipomenon, capítulo treinta y dos.
[4] Mardoqueo, su punta tuvo de gravedad en no querer adorar a Amán, sobervio, aunque sabía lo mucho que podía con el rey; y con la misma habló a la reina Ester, cuando la persuadía que hablasse al rey Assuero en fabor de su pueblo, diziendo:

-No pienses que quedará tu vida segura porque estés en casa del rey. Si no hablares en esta ocasión, Dios dará orden cómo su pueblo sea libre sin ti, y deverásete poco en este hecho.

Es del Libro de Ester, capítulo tercero, y siguientes.
[5] Los amigos de Daniel mostraron gravedad, diziendo al rey Nabucodonosor:

-Nuestro Dios, a quien servimos, puede librarnos de tus manos. En ninguna mane- ra | adoraremos tu estatua.

Es del Libro de Daniel, capítulo sexto.
[6] Estando en una batalla Jonatás Macabeo contra ciertos bárbaros, dexáronle todos sus soldados, excepto dos, y no por esso se apartava de la pelea, sino que mostrava valor y magestad. Lo cual visto de sus gentes, que avían huido, avergonçados de dexar morir tal hombre, bolvieron a la pelea y vencieron a los contrarios, matando tres mil dellos. Refiérese en el Primero de los Macabeos, capítulo onze.
[7] Crucificado el Señor, y aviendo espirado, osadamente entró a Pilato a pedirle el santo cuerpo Josef Ab Arimathia, y él se lo concedió. Dízelo San Mateo, capítulo veinte y siete.
[8] El Apóstol San Pedro, que se mostró cobarde al dicho de una rapaça, estando después de la venida del Espíritu Santo delante de los magistrados y príncipes de los sacerdotes, y reprehendiéndole porque predicava a Cristo, confessándole por verdadero Dios, respondió osadamente y con gravedad:

-Más razón ay para obedecer a Dios, que a los hombres.

Es del Libro de los Hechos Apostólicos , capítulo quinto.
[9] San Estevan, palabras dixo de mucha gravedad y señorío a los judíos que le quitaron la vida:

-Gente de dura cerviz y de coraçón incircumciso, siempre vosotros resististes al Espíritu Santo.

Es del mismo Libro de los Hechos Apostólicos , capítulo sexto y séptimo.
[10] San Pablo, no sólo se mostró grave en presencia de Ananías, príncipe de los sacerdotes, y de Felice y Festo, juezes, de los cuales apeló a César, sino en las obras, porque, açotándole y afrentándole, se mostrava alegre y contento, y a quien le preguntava cómo un hombre grave no sentía tales afrentas, respondía:

-Nuestra gloria es el testimonio de nuestra conciencia.

Es del Libro referido, de los Hechos Apostólicos , capítulo veinte y siete.
Lo dicho es de la Sagrada Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Grande fue la magestad y gravedad | del Papa Agapito, el cual, aviendo ido a /(261v)/ Constantinopla a hablar a Justiniano Emperador sobre negocios importantíssimos de la Iglesia, hallóle maculado con la heregía eutiquiana, de la cual queriendo apartarle, y estando duro y obstinado, y por lo mismo hallándole implacable y sin provecho para lo que iva, díxole el Santo Pontífice:

-Entendí que venía a hablar a Justiniano, emperador cristianíssimo, y paréceme que veo en su lugar a Diocliciano, enemigo del nombre de Cristo.



Refiérese en la Vida de este Pontífice.
[2] No fue menor la libertad que usó San Ambrosio con Máximo, emperador intruso, porque, siendo embiado de Valentiniano por el cuerpo de Graciano, su hermano, ambos emperadores, recibiéndole Máximo honoríficamente, cuando entró donde estava, queriéndose llegar a abraçarle, San Ambrosio lo estorvó, diziendo que estava manchado con la sangre de Graciano, a quien avía muerto, sobre lo cual le reprehendió ásperamente. Y se pudo poner en duda quién hizo más, o San Ambrosio en reprehender al tirano Máximo, o el sufrirlo él con tanta paciencia y prometer satisfación de aquella culpa. También se mostró grave con el emperador Teodosio cuando le vedó la entrada en la iglesia de Milán, y le tuvo excomulgado algún tiempo, por un castigo que hizo riguroso en Tesalónica, hasta que hizo dél pública penitencia. Lo uno y lo otro se refiere en la Vida del mismo San Ambrosio.
[3] San Juan Crisóstomo también mostró magestad y gravedad con la emperatriz Eudoxia, muger de Arcadio, porque, dándole gana de cierta heredad de una viuda, llamada Calitropa, y tomándosela por fuerça, siendo amonestada por el Santo Pontífice Crisóstomo, y no restituyéndosela, un día de la Exaltación de la Cruz le cerró la puerta de la iglesia y no la dexó entrar en ella, teniéndola por excomulgada. Y aunque el negocio se quiso llevar por violencia de los que la acom- pañavan, | el santo salió con su intento, que no entró en la iglesia aquella vez, ni después, hasta que restituyó la viña a su dueño. Y refiérese en su Vida, escrita por Simeón Metafraste, y por otros.
[4] Mauva, reina poderosa entre infieles, escrivió una carta al emperador Valentiniano, en que le dezía: «Si Moisés, ermitaño de Egipto, viene a este mi reino por obispo y doctor de la fe cristiana, yo recibiré el Baptismo y seguiré a Cristo». Estava siempre, por el crédito que tenía de aquel santo ermitaño, que lo que le enseñasse y dixesse era lo que le convenía para salvarse. Dízelo Fulgoso, libro segundo.
[5] Totila, rey godo, por la fama que tuvo de San Benedicto, aunque estava muy cerca de ganar a Roma y hazerse enteramente señor de Italia, desocupándose de todo, fue a verle al monte Casino. Vídole de lexos, y, aunque viejo, solo y vestido con hábito humilde y pobre, el cruel bárbaro, que no estimava el Imperio de Roma, le estimó en tanto que se le arrodilló, sin osar llegar a él, hasta que el santo abad llegó y le levantó de tierra. Oyó con atención y reverencia sus palabras y santos documentos, y pudo la virtud de un hombre, pobre, solo y viejo, con un rey feroz, lo que ningún humano poderío avía podido. Y danos este exemplo a entender que mucho más mueve a las vezes la virtud y santimonia, que las armas. Refiérese en su Vida.
[6] San Paulino, obispo de Nola, después de la muerte del emperador Valentiniano, haziendo guerra en Italia Genserico, rey de los vándalos, fue llevado a Africa, donde estavan muchos captivos, y allí estuvo en poder de un bárbaro, tenido y tratado como captivo. Mas su venerable vista, sus costumbres inculpables y virtud admirable, pudo tanto con aquella bárbara gente, que bolvió libre a su tierra, con todos los captivos que della se hallaron en Africa, sin precio alguno. Refiérese en su Vida.
[7] Marutas, obispo calcedonense, por /(262r)/ la mucha edad estava ciego. Hallóse en Constantinopla, y oyó dezir que el emperador Juliano ofrecía sacrificio en el templo de la Fortuna, y él, con zelo de la honra de Dios, le llamó en boz alta apóstata. El emperador se indignó contra él de muerte, y para vengarse díxole con desprecio:

-No esperes de tu Galileo (el cual nombre dava a Cristo) que te dé vista.

El obispo replicó, oyéndolo mucha gente:

-Yo doy a Dios infinitas gracias porque me ha cegado, pues, ciego, no te veré.



Refiérelo el Evorense.
[8] Grande fue la magestad y estimación de Epifanio, obispo de Pavia, el cual, siendo embiado de Teodorico, rey de los godos, a Gundavaro, rey de los burgundiones, el cual avía hecho guerra en Liguria y casi destruídola, llevando della a su tierra grande número de captivos, llevava buena cantidad de dinero para rescatar los que pudiesse, y no sólo por respetarle dio muchos por poco precio, sino que graciosamente le dio libres seis mil dellos. Es de Fulgoso, libro segundo.
[9] El Papa Gregorio Séptimo, no contentándose con excomulgar al emperador Enrique Tercero, le privó del imperio, porque vendía los oficios y prevendas eclesiásticas, y, amonestado, no se enmendó. Y no le bolvió a su estado ni absolvió de la excomunión primero que, en tiempo de invierno, los pies descalços pisando nieve, con una soga al cuello, estuviesse algunas horas en el campo regiense a las puertas de la villa de Canusia, donde a la sazón estava el Pontífice, pidiendo allí perdón de su error y culpa. Y al cabo, por muchos ruegos le admitió a que le besasse los pies, y le absolviesse de las censuras y perdonasse. Dízelo Fulgoso, libro 6.
[10] Murió Balduino Tercero, rey de Hierusalem, de edad de veinte y siete años, cuya magestad y opinión era tanta que, diziéndole sus moros a Norandino, rey de Damasco, que era buena ocasión para acometer a los cristianos y echarlos de aquellas tierras, él respondió que en ninguna manera lo haría, a lo menos en tanto | que los cristianos lloravan la muerte de su rey, tan bueno y justo, de quien afirmava que en el Mundo no quedava su semejante. ¡Oh maravillosa fuerça de la virtud, que forçaste al enemigo a que loasse y reverenciasse, aun después de muerto, a aquel admirable rey, sin que fuesse estorvo la enemistad y començada guerra entre gente de diversas religiones, que suelen a las vezes ser implacables! Es de Fulgoso, libro segundo.
[11] Vídose la Iglesia de Dios un tiempo afligidíssima por una cisma que padecía entre Inocencio Segundo y Pedro León, ciudadano romano, que se hazía llamar Anacleto. Tenía de su parte el Pedro León, por ser romano y de linaje, grandes señores que le faborecían y obedecían. Inocencio dexó a Roma y passó en Francia, donde a la sazón estava San Bernardo, y aunque en aquel reino primero huviessen dificultado sobre a cuál de los dos darían la obediencia, mas visto que San Bernardo, enterado bien en el negocio, la dio a Inocencio, llevados de su autoridad y crédito se la dieron. De modo que, sin hazer otra diligencia, sólo con saber que San Bernardo le tenía por verdadero Papa, todos le reverenciaron por Papa verdadero, y assí pudo tanto en Francia un solo Bernardo, cuanto en Roma muchos príncipes poderosos y doctos. Refiérelo Fulgoso, libro 2.
[12] Por la muerte de Nicolao Cuarto, Sumo Pontífice, estuvo la Silla Apostólica vacante dos años, sin que los cardenales se concordassen en la elección de uno. Al cabo, vinieron todos en que fuesse Papa Pedro de Morrón, ermitaño, cuya opinión de santidad valió más que las letras ni poderes humanos de otros que pretendían aquella dignidad. Fue recebido en la ciudad de Aquila, y vídose un ermitaño viejo sobre un jumento, con vestido roto y desaliñado, que le cercaron los cardenales y otros príncipes cristianos vestidos de púrpura y adornados de joyas, en cavallos briosos, y le hazían la honra conveniente a la dignidad a que subía. Concedió Dios a la humildad esta prerrogativa, que los que la hazen guer- ra /(262v)/ y huyen, la reverencian y adoran en otros. Es de Fulgoso, libro segundo.
[13] Predicava en una ciudad de Italia cierto perlado, en tiempo que andavan haziéndose terribles guerras sobre el imperio Otón Cuarto y Federico Segundo. El perlado era mucha parte en estas dissensiones, porque, siendo persona poderosa y llevando tras sí diversas gentes, ya faborecía al uno, ya al otro, pues, como dixesse en el sermón sobre la materia que tratava delicadezas estrañas, por ser muy elocuente, estando en el auditorio, que era grandíssimo, Juan Capocio, ciudadano de la misma ciudad y noble, levantóse delante de todos y dixo en boz alta:

-Tus palabras, padre reverendíssimo, son de Dios, y tus obras, de diablo.

Refiérelo el Evorense.
[14] Passado avían setenta años que los Sumos Pontífices, aviendo dexado a Roma, residían en Francia. Pues, como tuviesse el Pontificado Gregorio Undécimo, viendo a cierto obispo, reprehendióle ásperamente porque no se iva a residir a su obispado. Él, con mucha liberalidad, respondió:

-Y vós, padre santíssimo, ¿cómo, aviendo de dar a mí exemplo y a otros, le dais tan malo, que estéis ausente de Roma con daño notable de aquella ciudad y de todo el Mundo?

Oyendo esto el Pontífice, afligióse, visto que le dezía verdad, y propuso de bolver a Roma, como lo hizo. Es del Evorense.
[15] Otocaro, o por otro nombre Primislao, rey de Bohemia, tenía en su casa como amigo a Rodulfo, conde de Aspur, el cual, por su favor y virtud alcançó el Imperio. Quiso, teniendo aquella dignidad, que le reconociesse sujeción Otocaro, mas hazíasele de mal por la familiaridad que antes avían tenido, y en alguna manera el Rodulfo se la avía reconocido al rey. Llegaron a punto de se hazer guerra y, estando los exércitos cercanos, por terceros que se pusieron de por medio, vino el bohemio a que daría la obediencia al emperador que le pedía, mas con condición que fuesse en secreto y sin terceros. Otorgólo Rodulfo; señalóse día, en el cual, estando el emperador en una silla y trono | assentado, dentro de su tienda, en el campo, llegó el rey para dar la obediencia. Sintió algo el verle en tal puesto, que le pareció excedía de lo dispuesto, mas por no mostrar que bolvía atrás de lo concertado, llegó a él y hincóse de rodillas en su presencia. Tenía el emperador hecho de concierto que se fuesse poco a poco un secretario suyo, leyendo lo que el rey avía de ir diziendo, y con otros criados, que en tal sazón derribassen las cortinas y tienda en tierra, de suerte que los dos campos vieron al emperador assentado en su trono con magestad imperial, y al rey Primislao Otocaro de rodillas en su presencia, de lo cual él quedó tan sentido que, ido de allí, con mayor ira prosiguió la guerra, aunque le fue mal en ella y vino a perderse. Es de Fulgoso, libro sexto.
[16] Abrasávanse en guerras Francisco Esforcia, duque de Milán, y la señoría de Venecia. Procuravan algunos príncipes cristianos concordarlos, y era todo vano. Tomólo a su cargo Simoneto Camerino, ermitaño, y fue tanto el respeto que le tubieron los discordantes, y valió tanto con ellos su autoridad y crédito, que les concordó y quedaron en buena paz. Es de Fulgoso, libro segundo.
[17] A San Antonino, siendo arçobispo de Florencia, nunca le vido hombre de su familia el rostro airado, ni se quexó por deservicios que dentro de su casa le hiziessen, y con ser tan manso, era feroz y rígido por estremo en bolver por su Iglesia y clero. Prendiéronle una noche dos clérigos, y aunque se los remitieron a la mañana, él denunció por excomulgados a los que los prendieron, y remitió a Roma. Fueron allá por absolución, y el Papa, que conocía bien al arçobispo, y todo lo que apelavan para él se lo tornava a remitir, teniendo por muy justa la sentencia, remitióle a estos delincuentes, y él nunca los quiso absolver, hasta que a la puerta de la iglesia les dieron públicamente algunos açotes. Al magistrado supremo de la ciudad, porque prendió a un legado del Papa, le excomulgó y echó de la iglesia, y si entrava en /(263r)/ ella, mandava cessar los Oficios. Hízole grandes amenazas, y respondió San Antonino:

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