De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[3] En tiempo del Papa Liberio estava en Roma un patricio llamado Juan, hombre bien nacido y rico. Avía días que era casado, y no tenía hijos a quien dexar su casa y hazienda. Era hombre de buena vida y muy devoto de la Madre de Dios. Tenía muger, y era igual a él, assí en nobleza como en santidad. Tratando los dos entre sí a quién dexarían por heredero, acordaron que lo fuesse la Madre de Dios, haziendo voto de lo cumplir assí. Y tomando muy a cargo de suplicar a esta Señora les dixesse y declarasse en qué obra que fuesse servicio suyo era su voluntad que gastassen su hazienda, recibió estos ruegos piadosos la Sagrada Virgen, como pareció porque la noche precedente, al quinto día de agosto, cuando los calores son excessivos en Roma, cayó grande copia de nieve en parte del collado Esquilino, y la misma noche habló en sueños la Madre de Dios a los dos sus devotos, a cada uno por sí, y les dixo que en el lugar donde hallassen otro día caída nieve, edificassen un templo e iglesia, adonde Ella fuesse honrada y reverenciada de los católicos. Comunicáronse los dos devotos varones al día siguiente sus sueños, y visto que concordavan, acordaron de dar cuenta dello al Papa Liberio. Habláronle, y él les dixo que la misma revelación avía él tenido. Juntáronse muchos sacerdotes y clérigos con gente del pueblo, y ordenando una devota processión, fueron al collado Esquilino y vieron la nieve, que ocupava un circuito competente para un templo. Señalóse el lugar, y de la hazienda de los dos devotos de la | Virgen, Juan y su muger, se començó y acabó la obra, y fue ésta la primera iglesia que se edificó en Roma con título y advocación de la Madre de Dios, en el año del Señor de trezientos y sesenta y tres. Llámase la iglesia Santa María la Mayor. Lo dicho se colige de las Lecciones de los Maitines desta solemnidad, llamada Fiesta de las Nieves.
[4] Nizéforo Calixto, libro segundo, capítulo veinte y uno, dize que viéndose la Madre de Dios cercana a su glorioso tránsito, mandó a San Juan Evangelista, estando presentes los demás Apóstoles, que diesse dos sayas que tenía a dos viudas, vezinas suyas, por benevolencia, aviendo recebido dellas obras de caridad, que fue como un hazer testamento de su hazienda, y la que era Reina en el Cielo no se halló a esta hora con otras riquezas y preseas en el suelo.
[5] San Juan Damasceno, Simeón Metafraste, Eutimio, Nizéforo y Glicas, refieren de Juvenal, arçobispo hierosolimitano, varón aprobado en la Sínodo Calcedonense, que en el principio del imperio de Marciano, el mismo emperador, por ruego de la emperatriz Pulqueria, edificó algunas iglesias en Constantinopla, en honra de Jesucristo y de sus santos. Puso a una dellas título de la Madre de Dios, y la emperatriz tuvo desseo que se truxesse a esta iglesia el cuerpo de la misma Virgen, creyendo que estava en Jerusalem, en la iglesia de su nombre edificada en Getsemaní. Celebrávase a esta sazón el Concilio Calcedonense. Estava en él Juvenal, arçobispo jerosolimitano. Fue llamado por el emperador, y estando la emperatriz presente, significáronle como tenía desseo de que se trasladasse el cuerpo de la Madre de Dios de Hierusalem a Constantinopla, y oído por él, /(267r)/ dixo:

-Por antigua y muy cierta tradición sabemos que, al tiempo del glorioso tránsito de la Virgen, vinieron los Apóstoles de diversas provincias, donde andavan predicando el Evangelio, y se juntaron donde la Madre de Dios estava. Al tiempo, pues, que espiró, oyéronse cantos de ángeles y prosiguióse la música y melodía, hasta que el cuerpo santo fue llevado por los Apóstoles, que también cantavan con bozes acompañadas de lágrimas y sospiros a Getsemaní, y allí puesto en un sepulcro. Ni por estar el santo cuerpo sepultado cessó la angelical melodía, antes se oyeron cantar Himnos celestiales por tres días continuos, y passados éstos, no se oyó más. Avían estado presentes los Apóstoles, gozando de aquella suavidad y canto. Faltava uno, que fue Tomé; llegó después de los tres días y sintió mucho el no averse hallado presente al tránsito desta Señora. Rogó encarecidamente a los demás Apóstoles se abriesse el sepulcro, para ver y adorar el santo cuerpo. Concedieron con su petición, abrióse el sepulcro y no pareció el cuerpo santo. Estavan allí los lienços en que fue embuelto, y salía un olor suavíssimo y de gran recreo, y otra cosa alguna no fue vista. Quedaron los Apóstoles admirados de ver semejante acaescimiento, y vinieron todos en este parecer, que el Señor, que tomó carne della y échose hombre en sus entrañas, quiso prevenirla, resuscitándola antes de la Universal Resurrección, y trasladarla en cuerpo y alma a los Cielos. Tornaron a cerrar el sepulcro los Apóstoles, y ellos bolvieron a su exercicio de predicar.



Oído esto por el emperador Marciano, y emperatriz, pidieron al mismo arçobispo Juvenal les diesse el sepul- cro | donde el santo cuerpo fue puesto, y fue traído de Jerusalem a Constantinopla parte dél. Ésta es la relación de Juvenal, y añade Nizéforo Calixto que la emperatriz Pulqueria, aquí nombrada, fue muger santíssima, y que murió donzella, teniéndola Marciano en mucho por aver sido hermana del emperador Teodosio, su predecessor, y averle ella con el parecer del mismo Teodosio nombrado por emperador, sin consentir que casasse con ella, aunque tuvo nombre de emperatriz hasta que murió, dos años antes que Marciano.
[6] El mismo Nizéforo Calixto, libro quinze, capítulo veinte y cuatro, dize que estuvo en tierra de Palestina encerrado en una arca un vestido o saya de la Madre de Dios, en casa de cierta muger hebrea de la provincia de Galilea, donde hazía grandes milagros de enfermos que sanava, atribuyéndose a lo que estava encerrado en la arca, aunque no se sabía qué fuesse. Vino a noticia de dos hermanos patricios de Constantinopla, llamados Cándido y Galbio, los cuales, después de aver visitado los lugares de la Tierra Santa, tuvieron modo cómo, haziendo otro arca al talle de la que estava en casa de la judía, por cuya virtud se hazían los milagros, una noche se la trocaron, y dexando allí la que ellos hizieron, llevaron la otra a Constantinopla. Y púdose hazer esto sin mucha dificultad, porque se quedavan de noche gentes como en lugar sagrado, teniendo vela en casa de la judía a vista de la arca. Y assí, quedándose los dos patricios una noche como los otros se quedavan, ofreciendo sus dones, hizieron lo que se ha dicho. Estando, pues, en Constantinopla, abrieron la arca, y vídose dentro /(267v)/ della el vestido de la Madre de Dios, con testimonios bastantes que lo afirmavan. Diéronsele al emperador León, Primero deste nombre. El cual, con sumo gozo, por tal joya edificó un templo sumptuosíssimo, en un barrio de la misma ciudad de Constantinopla, llamado Blacherne, donde le puso. Y este vestido, que era una de dos sayas que la Madre de Dios tenía, y en su muerte dexó a dos viudas vezinas suyas, como se ha dicho del mismo Nizéforo, se ha dividido por toda la Cristiandad, y es reliquia que deve ser estimada en mucho dondequiera que se hallare. Como también lo es otra que está en Bolonia, en el monasterio de San Petronio Obispo, y es una venda blanca, ancha de dos dedos, y de vara y media de largo, con que se tocava la Madre de Dios, dando bueltas con ella en su sagrada cabeça, para confusión de los tocados que otras mugeres usan. Y entiéndese que no traía otra cosa en ella, por tener de presente dos señales de dos gotas de sangre que le cayeron al tiempo de la muerte de su Soberano Hijo, que sería estando al pie de la Cruz, las cuales esta Señora guardó como riquíssimo tesoro, y de presente se echan de ver con grande ternura de quien pone en ellas los ojos. La toca tiene el color un poco amarillo por la antigüedad, y no se discierne bien si es seda o lana, porque está texida, y el hilo es bien delgado.
[7] Juan, Patriarca Hierosolimitano, escrive de San Juan Damasceno que, teniendo el imperio de Constantinopla León, Tercero deste nombre, inducido por hereges persiguió las santas imágenes, quitándolas de los templos y maltratándolas. Mostróse contrario Juan Damasceno, escriviendo | en favor de las imágenes, el cual estava en la ciudad de Damasco, su propria tierra, governándola en nombre de un pagano que de ella tenía el señorío y mando. La autoridad del Damasceno era grande, y las razones que dezía, tan fuertes, que muchos eran por su ocasión de contrario parecer del emperador y permanecían en reverenciar las imágenes a su despecho y pesar. Visto por él la guerra que el Damasceno le hazía, usó de una traición grande, y fue que, contrahaziendo la letra y firma del Damasceno, fingió una carta como que el mismo Damasceno la embiava al emperador, persuadiéndole a que fuesse sobre Damasco, y que le entregaría la ciudad, quitándola al señor por quien la governava, diziendo que era pagana, y dándosela a él por llamarse cristiano. Esta carta, con otra propria suya del emperador, embió al señor de Damasco, diziéndole que mirasse lo que tenía en el Damasceno, que tratava de quitarle la ciudad traidoramente, y que él le avisava dello porque le tenía amistad y no se preciava de ganar tierras por medio de traiciones. Vistas las cartas del pagano, y leídas, llamó al Damasceno y mostróle la que venía en su nombre (aunque fingidamente), y preguntóle si conocía aquella letra. Él la miró, y dixo:

-La letra y firma son mías, pero yo no la escriví.

El tirano, aceleradamente, le mandó cortar la mano y ponerla en un palo en la plaça, y porque estava antes bien con él y confessava deverle mucho, no le hizo matar. Padeció el bendito Damasceno este martirio con mucha paciencia, y sintiendo dolor gravíssimo en el braço y afrenta grande en su espíritu, por saber que es- tava /(268r)/ su mano en la plaça a vista de todos, embió a rogar al tirano que para consuelo suyo le mandasse restituir su mano. Concedió con él, estando algo desenojado, y fuele traída. Encerróse con ella en un oratorio, y puesto de rodillas delante una imagen de la Madre de Dios, derramando muchas lágrimas, dixo:

-Santíssima Madre que pariste a mi Dios, cortada me han la mano porque bolvía por las santas imágenes. Bien sabes tú, Señora, por qué este fiero león del emperador se encruelece contra mí. Por tanto, favoréceme. La mano derecha del Altíssimo, que es su Hijo Unigénito, se vistió de carne, y por tu intercessión y ruego haze grandes maravillas. Sane yo, te suplico, esta mi mano derecha, por tus ruegos, para que escriva loores y alabanças suyas y tuyas en versos, como Él me ayudare, y assí sea ayudadora del culto divino.

Esto dixo el Damasceno, y quedando adormido, parecióle ver a la Madre de Dios, que con misericordiosos y graciosos ojos le mirava, y que le dezía:

-Ya está sana tu mano, procura en adelante que no sea perezosa en escrivir lo que as prometido.

Despertó del sueño y vido sana su mano. No se hartava de mirarla, ni de dar gracias a Dios y a su Sagrada Madre, por la merced recebida. Quedóle una delicada señal, por la muñeca, para testimonio deste milagro. Después de lo cual, dexando la vida seglar y govierno de Damasco, aunque el tirano, cierto de todo, le pedía perdón y le rogava quedasse en su cargo, no pudo acabarse con él, sino que se fue a un monasterio del santo abad Sabas, donde perseveró lo restante de su vida en servicio de Dios y de su Sagrada Madre.
[8] En Constantinopla, en tiempo del emperador Justiniano, sucedió un ca- so | notable, y fue que, siendo costumbre, cuando los sacerdotes dezían Missa, que juntavan las reliquias del Sacramento, que siempre quedavan, consagrando panes enteros o tortas, con que ellos y los que oían Missa comulgavan, y dávanlas a algunos niños que aún no tenían edad para pecar (Nizéforo dize de sí mismo que comulgó desta edad diversas vezes con aquellas reliquias); sucedió, pues, que entre estos niños se juntó una vez el hijo de un judío, cuyo oficio era hazer vidrio, teniendo para esto en su casa un horno. Donde, como el mochacho se detuviesse aquel día por esta ocasión, y viniesse de la escuela donde iva a leer más tarde de lo acostumbrado, preguntándole el padre en qué se avía detenido, él dixo lo que avía hecho. Oído del judío, con grande enojo que dello recibió, asió dél y echóle dentro del horno, estando bien encendido. Y allí estuvo tres días, sin que la llama se apagasse, por ocasión del oficio que el padre tenía. En este tiempo andava la madre a buscar a su hijo por la ciudad, afligidíssima, y no hallándole, començóse a lamentar y dar bozes, llamándole cerca del horno. Oyó las bozes el niño, y respondió de dentro:

-Madre, aquí estoy.



Corrió ella, y abriendo el horno, vídole dentro sin daño alguno. Preguntóle cómo no le avía muerto la llama. Él respondió que una Señora vestida de grana, muy hermosa, que tenía un niño en los braços, semejante a otra que estava en la iglesia donde le dieron el pan con los otros niños, le avía dado agua y de comer, junto con apartar dél la llama porque no le hiziesse ningún daño. Vino esto a oídos del emperador Justiniano, el cual hizo baptizar /(268v)/ a la madre, y no queriendo el padre baptizarse, por el delito que cometió de querer matar a su hijo, le mandó ahorcar de una higuera. Dízenlo Nizéforo, libro diez y siete, capítulo quinze, Gregorio Turonense, libro De Gloria Martyrum, capítulo nono, Lipomano, tomo tercero, y Glicas, parte cuarta de los Anales.
[9] En el camino que iva Juliano Apóstata a la guerra contra los persas, embió a pedir dineros y algún refresco para su gente a San Basilio, que estava en su ciudad de Cesarea de Capadocia, y porque le respondió que no tenía qué darle, como era verdad, él le amenazó de muerte, y que destruiría su ciudad a la buelta que bolviesse de la guerra. Oído esto por San Basilio, temiendo al tirano, persuadió al pueblo que ayunassen y que fuessen a un templo de Nuestra Señora que estava en un monte cerca de la ciudad, en el cual avía sido sepultado San Mercurio, soldado y mártir. Adonde el Santo Pontífice estuvo con su pueblo en oración, pidiendo a Dios por intercessión de la Virgen los librasse de aquel trabajo. Venida la noche, como San Basilio se durmiesse, parecióle ver al mártir San Mercurio, y que le dezía cómo iva a poner por obra lo que la Madre de Dios le avía mandado, que era castigar como merecía al tirano. Admiróse desto San Basilio, y levantándose a la mañana, fue al monumento del santo y no halló en él su cuerpo. Miró por sus armas, que estavan colgadas en otra parte, y halló que faltavan. Passó aquel día, y venido el siguiente, vido la lança del santo sangrienta, y que las armas y el cuerpo estavan en sus lugares. Tuvo por cierta la revelación, consoló al pueblo, y manifestóles la muerte de Juliano. Dieron todos gracias a Dios por | verse libres del furor de aquel apóstata. De a pocos días, vino a la ciudad de Cesarea de passo Libanio, criado que avía sido de Juliano, y dio nueva cómo en la batalla de los persas un soldado no conocido tiró una lança al emperador y le mató, diziendo grandes blasfemias de Cristo al tiempo que se moría, y que el soldado no pareció más. Por donde se vido lo mucho que vale la intercessión de la Virgen, pues por encomendarse a Ella San Basilio y su pueblo, fueron ellos y él, y toda la Cristiandad, libres de un crudelíssimo enemigo. Dízenlo Amfiloquio, en la Vida de San Basilio, Fulberto, en un Sermón de la Madre de Dios , San Antonino y Nauclera.
[10] Teófilo, arcediano en un lugar llamado Adana, en Cilicia, en tiempo del emperador Justiniano, porque le quitaron la dignidad, se concertó con un judío nigromante y hechizero que renegaría de Cristo y de su Madre si le fuesse buelta. Hízolo assí, y dio una cédula firmada de su nombre al demonio. Fuele buelta la dignidad, y passado algún tiempo, pesóle mucho de lo que avía hecho. Encerróse en un templo de Nuestra Señora, y lloró tanto y hizo tan áspera penitencia, importunando a la Virgen le fuesse intercessora con su Benditíssimo Hijo, que por medio de esta intercessión y su penitencia le fue buelta la cédula que estava en poder del demonio, firmada de su nombre, en señal que se le avía ya perdonado su culpa. Perseveró después desto su vida, que fue poca, en santidad y acabó bien. Dízenlo Simeón Metafraste, Pedro Damián, y San Antonino.
[11] San Ilefonso, arçobispo de Toledo, después de aver echado de España a dos hereges que ponían lengua /(269r)/ sacrílega en la perpetua limpieza de la Virgen, y hecho un libro en favor desta Señora y de su honra, entrando en su iglesia catedral de noche a unos Maitines, la Madre de Dios se le apareció y le dio en don, y como a su capellán, en principio de paga del servicio que le avía hecho, una casulla con que celebrasse. La cual, en la destruición de España, se dize que fue llevada a la ciudad de Oviedo, donde permanece. Afírmanlo San Julián, en la Vida de San Ilefonso, y don Rodrigo, arçobispo de Toledo, libro tercero de su Crónica, capítulo veinte y dos; Vicencio Valbacense, en su Espejo Historial, libro octavo, capítulo ciento y diez; y otros, en los Archivos de la Santa Iglesia de Toledo, y en algunos materiales de los que recogió el maestro Alvar Gómez, según me dio por escrito García de Loaisa, limosnero y capellán mayor del rey don Filipe, Nuestro Señor, y maestro del príncipe don Filipe, su hijo. Se tiene tradición que, al tiempo que la Madre de Dios dio la casulla, como se ha dicho, a San Ilefonso, y se despedía dél, llegó a una imagen de la misma Virgen que estava sobre un altar y le echó sus braços encima, y la abraçó, y esta imagen es la muy famosa por antigüedad y milagros del Sagrario de la Santa Iglesia de Toledo. Y cuando se perdió esta ciudad y la señorearon los moros, hizieron los cristianos un poço debaxo del mismo altar donde estava, y allí labraron un arco, donde la pusieron, y estuvo escondida el largo tiempo de la captividad, y después que fue la ciudad restituida al culto y piedad cristiana, fue milagrosamente descubierta, porque a la hora de Laudes se veía en aquel lugar un resplandor y claridad extraordinaria. De lo cual el ar- çobispo | y clero tocados de piedad, con oración, ayuno y sacrificios, suplicaron a Nuestro Señor les diesse luz de lo que era aquella luz, y fueles revelado que aquella era la hora dichosa en que Nuestra Señora avía baxado a este santo templo, y que en memoria desto los ángeles sacavan una imagen suya que allí avía quedado en un poço cada noche, y hazían processión con ella, y que la voluntad divina era que la sacassen de allí y pusiessen en un insigne lugar, donde fuesse con gran reverencia venerada; y assí se hizo. De su aspecto, forma, vestido y talla, se entiende ser obra de los godos. Es de madera cubierta de una chapa de plata delicada. Está sentada en una silla, calçado puntiagudo. El rostro tiene moreno, y presúmese que es por el humo de las muchas luzes que siempre tiene. Es hermosíssimo y gravíssimo, y el del Niño Jesús se parece al de la Virgen Santíssima. Han querido algunos escultores trasladar estos dos hermosíssimos rostros, y nunca han sabido. Ha hecho muchos milagros, y cuando los reyes de España tomavan conquistas contra moros, a este santo templo, y delante esta Señora, venían antes a implorar su favor. Aquí velavan las armas, bendezían los pendones y vanderas, y se encomendavan a Nuestra Señora, por medio desta santa imagen. Tiene los más ricos adereços que se sabe que tenga otra, y en especial una corona de diez mil ducados de hechura, y de veinte y cinco mil de precio, y unas axorcas de seis mil ducados de hechura, y treze mil de precio. Y son ambas joyas el más bien labrado de oro de que oy se tiene noticia. La corona acabó Alexo de Montoya y las axorcas hizo Julián Honrado, ambos perfectíssimos en su arte de plate- ros, /(269v)/ naturales de Toledo.
[12] Murió un cavallero rico y hazendado, y dexó un solo hijo mancebo, el cual, apoderado de la hazienda, como le costó poco el ganarla y recebía gusto en distribuirla, diose tanta prissa, que presto quedó pobre y muy necessitado, porque los bienes muebles los vendió, y las raízes y possessiones empeñó a un otro cavallero, su vezino, sin esperança de poderlo redemir y desempeñar. Viéndose pobre y que no tenía qué gastar en las vanidades y vicios que antes solía, y que la comida y el vestido le faltava, no sabía qué hazerse. Tratava de irse y desterrarse donde no fuesse conocido, mas llegó a él un mal hombre, el cual avía sido mayordomo y fator suyo, y éralo ya del demonio, y díxole que si hiziesse lo que él le aconsejasse, bolvería a tener tantas riquezas como de primero. El moço dixo que ninguna cosa dexaría de hazer por dificultosa que fuesse, a trueco de salir de la miseria en que estava. Aguardó a la noche y llevóle al campo, en un lugar secreto de un bosque, donde començó a hablar, y preguntado con quién hablava, dixo que con el diablo. Estremecióse el moço y quedó lleno de temor. El otro prosiguió su plática con el demonio, y díxole:

-Aquí traigo este hombre, para que sea restituido en el estado que tuvo primero.

El príncipe de las tinieblas dixo:

-Si quiere serme devoto, y hiziere lo que por mí le fuere dicho, daréle riquezas y dignidades, más que tiene otro de su linaje o vezinos.

Respondió el otro:

-Todo esso hará, y os será fiel, cumpliendo lo que dezís.

-Pues conviene -añadió Satanás-, que abrenuncie al Altíssimo Dios.

El moço no quería hazerlo, y el mal hombre le persuadió a que lo hiziesse, y assí dixo que abre- nunciava | y negava obediencia y fe al Altíssimo Dios. Passó adelante el demonio, y dixo:

-Otra cosa le queda por hazer, y es que niegue y abrenuncie a la Madre del Altíssimo Dios, porque es la que más daño nos haze, pues a los que el Hijo condena por justicia, la Madre procura librarlos por misericordia.

Turbóse sobremanera el moço de oír esto, y dixo que por ninguna cosa lo haría. El mal hombre le dezía:

-Pues, ¿cómo? ¿Avéis hecho lo que es más, de negar a Dios, y dificultáis de hazer lo que es menos, de negar a su Madre? Hazed lo que os mandan, si no, lo hecho aprovechará poco, que os quedaréis pobre y sin remedio, y haziéndolo, sin que otra cosa se os pida, quedaréis rico y muy honrado.

El moço, constantemente, respondió que no negaría a la Virgen, aunque quedasse pobre y muriesse de hambre. Quedóse el negocio en este punto, y el moço se bolvía a su casa, y en el camino vido una iglesia que estava medio abierta, siendo hora del amanecer. Baxó de un cavallo en que iva y entró en la iglesia. Vido un altar, y sobre él la imagen de la Madre de Dios, que tenía a su Soberano Hijo en los braços. Derribóse de rodillas en su presencia, sus ojos hechos fuentes y su coraçón traspassado de dolor. Con bozes altas començó a lamentar su culpa. Sucedió que el cavallero que tenía empeñadas sus possessiones, siendo muy rico y teniendo una sola hija que le heredasse, a esta hora iva por aquel campo, y viendo la iglesia abierta, entró en ella a hazer oración solo, y oyendo los clamores y lamentos de aquel moço y conociéndole, apartóse a un cabo, por saber qué misterio fuesse. El moço proseguía en sus lágrimas y ruegos invocando a la Sagrada Virgen, sin osar /(270r)/ hablar a su Soberano Hijo, a quien avía negado. La Madre de Piedad habló en su imagen con el Hijo, oyéndolo el moço y cavallero, aunque estava algo apartado, y dixo:

-Dulcíssimo Hijo Mío, tened misericordia deste afligido moço.

El Hijo habló con la Madre, bolviendo la cabeça al moço y escondiendo el rostro, y dixo:

-Este hombre me negó, ¿qué tengo de hazer por él?

La Madre de Dios puso su Benditíssimo Hijo sobre el altar, y derribándose de rodillas delante dél, dixo:

-Ruégoos, Hijo Mío, que por mi amor le perdonéis este pecado.

El Infante, levantando a la Madre, dixo:

-Ninguna cosa, Madre Mía, os negué por vuestro amor. Yo le perdono.

Con esto, la imagen del Hijo y de la Madre bolvieron del modo que de primero estavan, y el moço salió de la iglesia, triste por la culpa cometida y alegre por el alcançado perdón. Salió en su seguimiento el cavallero, y habló con el moço, preguntándole la causa de su tristeza. Y aunque él quisiera encubrirla, no pudo, porque le dixo que avía oído la plática sobre su negocio entre la Madre de Dios y su Hijo, y que él quería remediar el daño que le avía puesto en tal ocasión, casándole con su hija y dándole su hazienda, con la que tenía dél empeñada. El otro se le arrodilló por la merced que le hazía. Fueron a casa del cavallero, y habló con su muger y hija, que muy satisfechas y contentas vinieron en el casamiento, siendo todo merced de la Madre de Dios, que quiso favorecer a este su devoto en todo. Y assí el casamiento se hizo, y el moço vivió muy contento, y fue agradecido a la Virgen Soberana todos los días de su vida, acordándose del bien y merced que della recibió. Lo dicho es del Promptuario de exemplos. |

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