De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



Descargar 5.27 Mb.
Página83/143
Fecha de conversión14.10.2018
Tamaño5.27 Mb.
1   ...   79   80   81   82   83   84   85   86   ...   143

[13] En un lugar llamado Tumba está edificada una iglesia en honra de San Miguel Arcángel. El lugar está cercado del mar Océano, y los que passan a él con devoción de visitar aquella casa, véense en grande aprieto por el aceso y receso del mar, que dos vezes al día viene la agua con grande ímpetu, y a los que halla descuidados los derriba y ahoga. Sucedió que en una solemnidad deste santo, iva por aquel camino peligroso mucha gente, y entre ellos una muger preñada y cercana al parto. Vino el movimiento del mar, y cada uno procuró salvarse lo mejor que pudo. La pobre muger vídose confusa y sin pies para huir el peligro con los demás. Acordó implorar otro favor, que fue el de la Sagrada Virgen, a quien cuan afectuosamente pudo le pidió su amparo. Los que avían sido libres de aquel peligro y vieron quedar a la muger, tuviéronle lástima. Llamavan que la favoreciesse la Madre de Dios y San Miguel. Oyó la Virgen los ruegos de aquella afligida muger y de tanta gente devota. Llegó en forma visible a ella y cubrióle con una manga. Vino la furia de la agua, y passó muy adelante de donde estava, mas hízose como un arco y cámara sobre ella, de modo que la dexó libre. Sobrevínole allí el parto, y parió en medio desta aflición, mas la Virgen, cuyo caudal era grande, y ay en ella entrañas de misericordia para todo, le favoreció de suerte que, cuando la agua del mar bolvió atrás y la dexó descubierta, fue vista con el hijuelo que avía parido, sin daño ni señal en su vestido de averla tocado la agua. Dízelo Vincencio, en su Espejo Historial, libro séptimo, capítulo ochenta y cinco.

[14] Era señor de cierto castillo un /(270v)/ hombre malíssimo, porque tenía costumbre de robar a cuantos por cerca dél passavan, y con ser ésta su condición, era devoto de la Madre de Dios y cada día rezava devotamente diversas vezes la oración de la Ave María. Sucedió que passó por cerca del castillo un santo monge, al cual salieron los criados de aquel mal hombre para robarle. Él les rogó que le llevassen a su señor, porque tenía que dezirle cierta cosa de importancia. Lleváronle, y estando en su presencia, pidióle que hiziesse venir allí a todos sus criados. Hízose assí. El monge dixo:

-Aún aquí falta alguno. Búsquese y venga luego.

Hallaron que faltava el camarero. Truxéronle, y viendo al siervo de Dios, rebolvía el rostro a una y otra parte, hazía visages de loco. El monge, que esperava ver a éste, conjúrole, diziendo:

-Yo te mando en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, que declares quién eres y a qué veniste aquí.

El otro respondió:

-¡Ay de mí, que me hazen fuerça que descubra mi secreto! Sabed que no soy hombre, sino demonio. Catorze años ha que estoy en esta casa, a donde me embió mi príncipe Lucifer para que tenga cuidado de que, si algún día dexare de dezir la oración de la Ave María el señor della, teniendo alcançada licencia de Dios, que le ahogasse y llevasse a ser morador del Infierno.

Oyendo esto el señor del castillo, quedó lleno de temor. Derribóse a los pies del monge, pidióle perdón, y enmendó en adelante su vida. Es de Vincencio, libro séptimo. En el castillo del Milagro, junto al Molinillo, en los montes de Toledo, se tiene por tradición que sucedió lo aquí dicho, y que el monge era San Ilefonso, yendo a Sevilla, al estudio de San Isidoro. |


[15] En París estava un clérigo devoto grandemente de la Madre de Dios. Rezávale sus devociones, celebrávale sus fiestas, ninguna cosa que le pidiessen por su amor la negava, aunque su posibilidad era poca. Tenía éste un piadoso desseo de verla, aun en este mundo y vida mortal. Con el desseo y devoción passó mucho tiempo, hasta que cierto día se le apareció un ángel, que le dixo:

-La Sagrada Virgen, Santa María, Señora de ángeles y de hombres, Reina del Cielo y Tierra, ha oído tu oración, y me mandó que te dixesse que en tal día y hora vendrá aquí, y la verás. Aunque te hago saber, que si una vez la vieres, quedarás ciego.

El devoto clérigo respondió:

-De muy buena gana quiero perder la vista, con que una sola vez la vea, que antes es bien que no vean otra cosa los ojos que huvieren visto tanta magestad y grandeza.

Ido el ángel, quedó pensando entre sí: «¿Y qué harás después que ayas perdido la vista? Tú sustentas la vida escriviendo y trasladando libros; serte ha forçoso que andes de puerta en puerta pidiendo limosna». Passó adelante con su imaginación, y dixo: «Ya sé lo que haré. Cuando mi Señora venga, cerraré el un ojo, y verla he con el otro, que, aunque pierda el uno, con el otro passaré la vida». Venido el día, apareciósele la Madre de Misericordia con tanta luz y claridad, y con tan admirable hermosura, que ni con palabras dezirse, ni aun con el pensamiento puede imaginarse todo lo que era. Cerró con la mano el un ojo el clérigo, y pareciéndole que aun los dos eran poco para mirar y gozar de tanta grandeza, quiso abrir el que tenía cerrado, mas la Virgen desapareció y se fue. Quedó falto y ciego del ojo con que la vido, y muy quexoso por aver /(271r)/ cerrado el otro, y dezía:

-Oxala quedara del todo ciego, con que mejor la huviera visto.

Su desseo y ansia creció de tornarla a ver, y no cessava de importunarla con piadosos ruegos. Apareciósele otra vez el ángel, y díxole:

-Mi Señora te avisa que quiere que la veas segunda vez, pues es tu voluntad perder del todo la vista.

El clérigo, lleno de gozo, dixo:

-Sí, señor, que si mil ojos tuviera, los perdiera de buena gana, con que pudiera otra vez verla.

-Pues sabe -replico el ángel- que mi Señora quiere que la veas, y que no sólo no pierdas el ojo que te queda, sino que recuperes el perdido.

Y assí se cumplió desde a pocos días, que se le apareció la Virgen y recuperó el ojo que le faltava. Y de lo dicho se infiere algo de lo mucho en que se puede estimar ver la incomparable hermosura de la Madre de Dios, y que, no obstante que en tanto que vivimos en esta vida no ay para qué desseemos ver, ni aun tener revelaciones, pues antes muchos santos se han estrañado dellas y en nuestros tiempos son bien peligrosas, mas en este clérigo el desseo era pidadoso, y assí la Madre de Dios concurrió con él para que su exemplo nos despierte siempre el apetito y nos augmente la gana y desseo de ser más y más devotos desta Señora, y procurar su servicio. Es del Promptuario de exemplos, que, como otras vezes he dicho, recopiló un religioso doctor devoto del orden de Predicadores, de diversos autores, como Vicencio Valvacense, San Antonino, y otros que podía alegar.


[16] Cierto pintor, estando haziendo un retablo y aviendo de poner en él la imagen de la Madre de Dios y la figura de un demonio, mostró toda su arte en que el demonio saliesse muy | feo, y por el contrario la Madre de Dios, muy hermosa. Hablóle el demonio estando muy agraviado dél, y preguntóle la causa desto, y él dixo que por hazer que la pintura más se allegasse a la verdad. Jurósela el demonio, y cierto día, estando en un andamio alto, quebró el demonio el madero en que se sustentava, de modo que iva a dar grande caída, y pudiera ser de muerte. Mas la Madre de Dios le dio la mano y detuvo que no cayesse. Y refiérese en el mismo Promptuario ya dicho.
[17] Santo Tomás, obispo de Canturia, suspendió de su oficio a un clérigo y le mandó que no dixesse Missa, porque siempre la dezía de Nuestra Señora, creyendo dél que era idiota y no sabía dezir otra. Sucedió que, aviendo cortado un cilicio el santo y guardádole debaxo de su lecho para coserle cuando tuviesse oportunidad, la Virgen piadosíssima apareció al sacerdote suspenso, su devoto, y le mandó que fuesse al arçobispo y le dixesse de su parte que por señas, que ella misma le avía cosido con seda colorada (de que dexó por muestra una hebra suelta) el cilicio que tenía guardado debaxo de su lecho, que le restituyesse en su oficio y dexasse celebrar. Admiróse el santo de oír esto, y visto ser verdad, hizo lo que le era mandado, y el sacerdote prosiguió adelante con su devoción. Es del obispo Equilino, en la Vida de Santo Tomás.
[18] En los Hechos del Concilio Segundo Nizeno , en la Acción Cuarta, se dize de un noble varón que tenía enferma una pierna, y después de averla curado quinze años, y sin remedio, ocurrió a procurarle del Cielo. Fue a una iglesia de San Cosme y San Damián, donde hizo devotamente oración delante una imagen de la Madre de Dios, /(271v)/ y, buelto a su casa, y estando durmiendo, parecíale ver la Sagrada Virgen, que venía acompañada de los dos santos mártires Cosme y Damián, y llegando al enfermo, dixo a los santos que le curassen, y assí fue, que de repente se halló sano, despertando.
[19] En el mismo libro, adelante, se refiere de Constantino, obispo de Constancia, en Cipro, el cual afirmó en presencia de todo el Concilio de cierto vaquero que entró a hazer oración en una iglesia de la misma ciudad de Constancia, y viendo pintada en la pared una imagen de la Madre de Dios, llegó a ella, y con el aguijón con que hería a los bueyes hirió el ojo diestro de la imagen, diziendo:

-¿Para qué está aquí esto?



Salió de la iglesia, y queriendo herir a los bueyes, quebró el palo, y parte dél con el hierro resurtió al rostro, y dándole en el ojo, se le quebró. Afirmó el mismo Constantino que él le vido después con sólo un ojo.
[20] Por los años del Señor de ochocientos y ochenta y ocho, siendo conde de Barcelona Grifapelos, cavallero ilustríssimo en sangre, hazía vida santa de grande exemplo en la montaña de Monserrate, que es en el Principado de Cataluña, siete leguas de Barcelona, fray Juan Guarín. Tuvo dél embidia el demonio y, permitiéndolo Dios, entró en una donzella, hija del conde, y atormentándola dezía que no saldría della si no la llevavan a fray Juan Guarín y estava en su compañía algunos días. El padre, informado de quién fuesse aquel ermitaño, llevóle la hija, y haziendo oración por ella, quedó sana y, con temor de que no tornasse el demonio a atormentarla, importunóle que la tuviesse en su compañía algún tiempo. Contradezíalo fray Juan Guarín, mas el padre | acordándose de lo que antes dixo el demonio, que la donzella avía de estar algunos días con el ermitaño, importunóle tanto, que vino en que quedasse en su celda, con intento de dexarla sola lo más del tiempo, como lo hazía, y el conde tenía cuidado de embiarle la comida cada día, estando en un lugar allí cerca llamado Monistrol, hasta que passassen nueve días. Y en esse tiempo, guerreado fray Juan Guarín del demonio, vino a dexarse vencer, y hizo fuerça a la donzella, y no contento con esto, la mató y enterró su cuerpo, diziendo a los criados del conde y a él mismo que se avía baxado a la villa, y que no sabía otra cosa. Buscóla el conde, y no hallándola, bolvió a su casa con grande pena. Fray Juan Guarín, con verdadero dolor por lo hecho, y con parecer del Sumo Pontífice de Roma, a quien fue y confessó su pecado, en la misma montaña de Monserrate hizo muchos años penitencia, andando pies y manos recostado en tierra, sin mirar al Cielo, imitando a las bestias, a quien se hizo semejante por su pecado. Vino a que crecieron los pelos de su cuerpo, de modo que parecía salvaje, y hallado assí por unos caçadores del conde Grifapelos, se le llevaron y le tenían en su casa por cosa monstruosa. A este sazón, estando siete pastorcillos del lugar de Monistrol guardando ganado en la montaña de Monserrate, vieron algunos sabados, cuando anochecía, que baxavan lumbres del Cielo a una cueva de la montaña. Dixéronlo al cura de Monistrol, y él a un obispo que avía a la sazón en Manresa, y vistas el sábado las lumbres, luego el Domingo, aunque con dificultad, subieron a la cueva, y en ella vieron una imagen de Nuestra Señora de bulto, de gran /(272r)/ devoción, y es la muy famosa de Monserrate. Quisiérala el obispo llevar a Monistrol, y traída cera, llegaron con una solemne processión al lugar donde es aora el monasterio, y no huvo fuerças para ir con ella adelante, y el obispo dixo que la voluntad de Dios devía ser que quedasse allí, donde se hizo por el presente una ermita, y en ella la pusieron, quedando en su guarda el rector o cura de Monistrol. Luego que la imagen se descubrió, estando fray Juan Guarín en su penitencia, cumplidos siete años, trayéndole en casa del conde con una cuerda al cuello y echándole pedaços de pan que comiesse, un niño de tres meses, hijo del mismo conde Grifapelos, le habló en boz clara, y dixo:

-Levántate, fray Juan Guarín, que Dios te ha perdonado tus pecados.



Levantóse y fuese a arrodillar delante del conde, a quien dio cuenta de todo lo sucedido para que él le diesse la pena que merecía por la fuerça y muerte de su hija. Mas el conde dixo que, pues Dios le avía perdonado, que él le perdonava, y pidióle que le mostrasse el lugar donde enterró a su hija. Llevóle a la montaña y señaló el lugar donde la imagen de la Madre de Dios hallada de nuevo estava. Cavaron allí, y la donzella apareció viva. Sólo mostrava en su cuello una señal como un hilo de grana, por donde la avía degollado. Fue grande el contento del conde y de todos los presentes. La hija, aunque el padre quisiera llevarla consigo, no quiso apartarse de con la Madre de Dios, a Quien atribuía su vida. Por lo cual el conde edificó un monasterio de monjas del orden de San Benedicto, donde se juntaron muchas ilustras donzellas, de las cuales la hija del conde fue abadessa, y fray Juan Guarín, sirviendo a Dios fielmente en aquel monasterio, | en compañía del rector de Monistrol, los dos acabaron santamente la vida. Passados cien años, por el grande concurso de gente que venía al monasterio, por razón de la imagen de la Madre de Dios, y no ser decente su trato con las monjas, el conde Borell de Barcelona, con autoridad del Sumo Pontífice, llevó de allí las monjas al monasterio de San Pedro de las Puellas, de Barcelona, y puso monges del mismo orden de San Benedicto, sacados del monasterio de Ripol. Lo dicho se halla en libros antiguos del mismo monasterio.
[21] En tiempo del bienaventurado San Gregorio Papa andava en Roma peste crudelíssima, siendo tantos los que morían, que los vivos no bastavan a darles sepultura. Ordenó el santo varón, para aplacar la ira de Dios, una processión entre otras, y fue día de Pascua de Resurrección, en la cual llevava una imagen de Nuestra Señora para que fuesse medianera con su precioso Hijo y se remediasse aquel daño. Llevando pues la imagen en la processión, oyéronse en el aire cantos de ángeles, que reverenciando a la Virgen cantavan aquella Antífona tan repetida en la iglesia en tiempo de Pascua, que comiença «Regina coeli laetate, Alleluya », «Reina de los Cielos, alegraos, porque el que merecistes traer en vuestras entrañas ha resuscitado, como de primero lo dixo». Añadió San Gregorio otra palabra, diziendo: «Ora pro nobis Deum Alleluya », «Rogad, Señora, por nosotros a Dios». Cessó la peste, y passado algún tiempo, porque San Leandro, arçobispo de Sevilla, tenía estrecha amistad con San Gregorio y le avía rogado hiziesse unos Comentarios o Declaración sobre el Libro de Job, teniéndole hecho, dizen que se los embió, y con ellos una imagen de Nuestra Señora, /(272v)/ que se tiene por cierto ser la que el santo sacó en la processión que hizo cuando cessó la peste, y que es la que de presente está en Guadalupe. El modo como fue traída a esta casa, por escrituras y memoriales della, es éste: Al tiempo que venía la imagen de Roma con el libro de los Morales, levantóse tormenta en el mar, y por inducimiento de un sacerdote que la traía, todos los del navío se encomendaron a la Virgen, puestos de rodillas delante su imagen, llorando, pidiendo favor en tal peligro. La tempestad cessó. Por este milagro, y por ser embiada de un varón tal como San Gregorio, y a otro como San Leandro, túvose en Sevilla la imagen en mucho. Mas sucediendo la destruición de España hecha por los moros de Africa, tomaron los cristianos la imagen, y juntándose con otros que traían el cuerpo de San Fulgencio, obispo de Ecija y hermano de San Leandro, fueron a unas montañas cerca de donde al presente es Guadalupe, y en una cueva pusieron la imagen, con una campana pequeña y el cuerpo de San Fulgencio, y escrituras que declaravan esto, esperando mejor tiempo para sacarlo de allí y gozarlo. Mas, como el negocio iva a la larga, muriéndose los que avían traído y encerrado en la cueva este santo y precioso tesoro, por seiscientos años estuvo allí escondido, hasta que la Sagrada Virgen se apareció a un vaquero, natural de Cáceres, y le declaró lo que en la cueva estava, y le mandó lo comunicasse en su lugar. Y para que le diessen crédito, y él lo creyesse, le dixo que, llegando a su casa, un niño hijo suyo que hallaría muerto, resucitaría, y assí sucedió. Por lo cual vino con gente de aquella villa, y cabando en el lugar señalado, descubrieron la imagen de | Nuestra Señora, la cual es de bulto, de pequeña estatura, y muy devota. Hallaron también el cuerpo de San Fulgencio y el esquilón o campana pequeña, y allí se fundó una capilla, y cubriéronla de corchos al principio. Después, el rey don Alonso el Onzeno hizo una iglesia, y la dotó, dexando en ella clérigos que rezassen oficio divino. Mas el rey don Juan de Castilla, Primero deste nombre, dio la casa a frailes de San Hierónimo, y dellos fue el primer prior fray Hernando Yáñez, varón de mucha virtud. Han siempre los reyes favorecido esta casa, y de presente es una de las principales de España, assí en religión como en riquezas que tiene, las cuales con mucha caridad se reparten, no sólo entre los que en la casa habitan, frailes y ministros, sino con peregrinos, que siempre van a ella de partes muy distantes y remotas, hallando todos buena acogida, mucha afabilidad y benevolencia en los religiosos del convento, y caridad y limosna con honorífica magnificencia.
[22] De Estéfano, rey de Hungría, escrive Antonio Bonsinio, libro primero, década segunda, que fue devotíssimo de la Virgen. Tenía costumbre de celebrar las fiestas de Nuestra Señora con grande magestad y regozijo, precediendo ayuno y dando largas limosnas. Sucedióle una vez que salió dissimulado de noche con cantidad de dienro para dar a pobres, y llegando a cierto hospital donde estavan muchos dellos juntos, sobre el caso de distribuir la limosna, vinieron a descomponerse con él, y los que llevaron menos parte que quisieran, le echaron las manos al rostro y pelaron las barbas. El pacífico rey, sin turbarse, dexando aquella des- comedida /(273r)/ gente, con rostro alegre y risueño se fue a un oratorio, donde estava la imagen de Nuestra Señora, y puesto de rodillas, dixo:

-Reina del Cielo y Madre de Dios, patrona deste Reino de Hungría, muchas gracias os doy, porque aviéndome Vós hecho rey, vuestros soldados me han tratado como veis. Si me viniera por parte de mis enemigos, yo me satisficiera dellos con vuestro fabor, mas, viniendo de la parte que ha venido, y acordándome de la palabra que vuestro Soberando Hijo dio a sus fieles, que un cavello no les faltaría de sus cabeças, confío grandemente que por este desacato, sufrido pacientemente por su amor, me tengo de ver con Él en el Cielo, y allí tendré mi barba que no le falte una pelo.


[23] De Henrico, Segundo deste nombre, emperador de Alemania, escriven Gotfrido Viterbiense y Nauclero que también tuvo devoción grandíssima con la Madre de Dios; tanto que, siendo casado, por más limpiamente servirla, con voluntad de su muger guardó virginidad. Edificó muchas iglesias en honra de la Virgen, adornándolas con ricas joyas de oro y plata, y dotándolas con rentas amplíssimas. Tenía costumbre, cuando entrava de nuevo en alguna ciudad o pueblo, si avía iglesia de la Madre de Dios, irse a ella, donde passava toda la noche en oración. Y con ser tan religioso y dado al servicio de Dios, no se descuidó en defender su reino, antes le amplió en ganar a Bohemia y Borgoña. Donde se vido por exemplo, que si quieren los príncipes defender y ampliar sus estados, no se han de olvidar de lo que toca al servicio de Dios, sino procurarlo y tener devoción con los santos, y en particular con la Santa de los santos, la Madre de Dios, que les faborecerá para vivir y morir honrada y santamente.
[24] Nizetas Choniates escrive del emperador de Constantinopla Juan que, aviendo alcançado una insigne victoria de los escitas y persas con fabor de la Madre de Dios, bolvió a su ciudad, y aparejándosele el triumfo, mandó que en el carro fuesse | una imagen de la Virgen, diziendo que era su colega en el Imperio, que le avía defendido y vencido a sus enemigos. Iva el emperador a pie delante del carro, que tiravan cuatro cavallos, y llevava una Cruz alta en las manos, y assí entró en el triumfo.
[25] Gaguino dize de Ludovico Undécimo, rey de Francia, que mandó en todo su reino se tocasse al medio día una campana y se hiziesse oración invocando a Nuestra Señora, por respeto que huviesse paz entre los príncipes cristianos, lo cual también se haze en España.
[26] El Papa Urbano Segundo, aviendo huido a Francia por causa del emperador Henrico Tercero, que le perseguía, celebró Concilio en Claramonte, y ordenando diversas cosas para la governación del clero, mandó que se rezasse cada día el Oficio de Nuestra Señora, y los sábados, si no huviesse Doble o Semidoble, fuesse della el rezado. Fue el primer Pontífice que concedió Cruzada contra infieles. Dízelo San Antonio de Florencia en su Segunda Parte Historial. Por qué se dio el día del sábado a la Virgen, ay algunas razones y congruencias, y es una porque el día que padeció algún santo suele celebrarse su fiesta, y la Virgen, si padeció martirio, fue el Viernes y el Sábado Santo. El Viernes fue dedicado al martirio del Hijo, y vino bien que el Sábado siguiente se dedicasse al martirio de la Madre. Es otra razón que, assí como en el día del sábado cessó Dios de las obras de la Creación y descansó, en ninguna alma descansó assí el Espíritu Santo, como en la de Cristo y en la de su Soberana Madre. En las otras almas huvo alguna repugnancia, a lo menos de Pecado Original, y algún venial, mas en la de Cristo y en la de la Virgen no huvo repugnancia, pues ni huvo pecado venial ni Original. Es la tercera razón que Dios bendixo el día del Sábado; assí la bienaventurada Virgen María fue bendita de todas tres personas: el Padre la bendixo escogiéndola por Hija, el Hijo la bendixo escogiéndola /(273v)/ por madre, el Espíritu Santo la bendixo escogiéndola por esposa. El ángel la bendixo cuando la saludó, y todo el mundo la bendize, porque la reverencia y loa. La quinta razón es porque el Sábado es medio entre el día del gozo, que es el Domingo, y el día penoso, que es el Viernes; assí la Virgen es medianera entre Dios y los hombres.
[27] El muy docto y muy religioso Pedro Canisio, de la Compañía de Jesús, en el libro quinto, capítulo quinze, De Beata Virgine, dize que en el año de mil y cuatrozientos y sesenta y cinco, en veinte y nueve días de mayo, padeció martirio por la fe de Cristo en Constantinopla un Andrés, natural de la isla de Quío. La ocasión fue que dixeron moros falsamente dél que avía renegado el Baptismo y recebido su secta, y forçávanle a que fuesse moro, y él no quería sino ser cristiano. Sobre esto le atormentaron con diversos tormentos muchos días, ya con açotes, ya con descoyuntarle sus miembros, ya con dessollárselos. Bolvíanle a la cárcel de la plaça, y tornava el día siguiente a ella sano, aviéndose encomendado a la Madre de Dios. Al cabo, le degollaron. Dize Canisio que esto todo lo escrivió Georgio Trapezantio, el cual vido su cuerpo después muerto en un sepulcro, y se informó de millares de cristianos que se hallaron presentes a su martirio.
[28] En la ciudad de Astorga, en España, cierta muger ofreció al demonio diversas vezes un hijuelo suyo, y visiblemente le fue arrebatado de su presencia, Y desde a dos horas, oyeron los padres estruendo en una cámara sobre ellos, la cual estava cerrada. Subieron allá, y vieron al mochacho, que sería de doze años, acardenalado todo y casi muerto. Hiziéronle algunos regalos, y tornando en sí, dixo que unos hombraços muy negros le avían llevado por el aire y dexado caer entre çarças y espinas, lisiándose mucho, y que después se encomendó a la Virgen María, y luego le ar- rojaron | por una ventana al aposento donde estava. Dízelo Torquemada en sus Diálogos.
[29] En el libro llamado Prado Espiritual , hecho por Mosco Evirato y atribuido a Sofronio, Patriarca de Hierusalem, autorizado por San Juan Damasceno, libro primero, capítulo tercero, De imaginibus, y por Juan Diácono, que fue después Sumo Pontífice y se llamó Juan Nono, en el libro cuarto de la Vida de San Gregorio, y aprovado en el Concilio Nizeno Segundo, en la Acción cuarta, se dize de un sacerdote llamado Ciriaco, abad en la Laura Colomón, varón de santa vida, que vido diversas vezes entre sueños a la Madre de Dios, acompañada de los dos Juanes, Baptista y Evangelista, la cual con passo grave y magestad grande passava por la puerta de su celda. Importunóla el santo abad una vez que entrasse dentro y ella respondió:

-¿A qué me pides que entre a donde está mi enemigo?

1   ...   79   80   81   82   83   84   85   86   ...   143


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal