De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Despertó Ciriaco, y pensava consigo qué ocasión avía por que la Virgen le dixesse cosa semejante. Y tomando acaso un libro que le avía prestado Isiquio, presbítero hierosolimitano, vido al cabo dél dos tratados del herege Nestorio, el cual negava que se devía llamar la Virgen Madre de Dios. Cayó en la cuenta, y bolvió el libro a su dueño, diziendo:

-Toma tu libro, que más daño he recebido dél que provecho.

Isiquio, certificado del caso, quitó del libro aquellos tratados y quemólos, diziendo que no tendría dentro de su casa enemigo de la Madre de Dios.
[30] En el mismo Prado Espiritual, referido por Canisio, libro quinto, capítulo veinte, De Beata Virgine, se dize que en la ciudad de Heliópoli de Fenicia, un representante de comedias llamado Gayano tenía por costumbre en sus representaciones blasfemar de la Madre de Dios. Apareciósele esta Señora en sueños, y díxole:

-¿Qué daños has recebido de Mí por que assí me tratas? Procura de enmendarte y no hazer mal a tu alma.



Esto le sucedió tres vezes, y no bastó para que se enmen- dasse. /(274r)/ Vido otra vez a la Sagrada Virgen, que le tocó con su dedo las manos y los pies. Despertó Gayano y hallóse cortados los pies y las manos, y vista su miseria, fue pregonero el tiempo que le duró la vida del castigo que le vino por las blasfemias que dixo de la Virgen.
[31] Nizéforo, libro diez y ocho, capítulo treinta y tres, escrive otro caso semejante a éste, de otro griego idólatra que blasfemava de la Madre de Dios, y dava lugar a otros en su casa que hiziessen lo mismo en irrissión de los cristianos. Parecióle una noche en sueños que esta Señora le tocava con un mimbre sus rodillas. Despertó y hallóselas cortadas. Y fue también éste pregonero de su delicto y de su castigo. Añade Nizéforo que la Madre de Dios, aunque es piadosíssima y tiene para todos entrañas de piedad, mas a las vezes se muestra rigurosa con pecadores obstinados, para confirmación de nuestra fe y enmienda de los fieles.
[32] Canisio refiere a Suidas, en la Vida de Constantino , y a Nizéforo, al fin del libro dézimo octavo, que dizen del emperador Constantino Coprónimo (el cual se llamó assí porque al tiempo que le baptizaron se ensuzió en la pila, y Coprónimo en griego denota cosa suzia), que fue hijo de León Tercero, el que persiguió el santo uso de las imágines, y púdose dezir dél lo que en el Proverbio, que «de ruin huevo, ruin pollo»; el padre mal, el hijo malíssimo. Éste vedó que no fuesse invocada la Virgen en las oraciones de los fieles y mandó que nadie la llamasse Madre de Dios, ni la confessasse por de grande valor y merecimiento, y dezía della grandes blasfemias, por las cuales le castigó Dios, hiriéndole en los pies con dos carbunclos y gota coral. Herido de pie y de mano, y sufriendo dolores crudelíssimos, afirmava que estava condenado al Infierno y que todo esto le sucedía por lo que avía dicho de la Madre de Dios. Semejante castigo fue el de Nestorio, que también persiguió a la Soberana Virgen, negando que se devía llamar Madre de Dios. | Por lo cual fue condenado por herege en el Concilio Efesino, y mandado desterrar por el emperador Teodosio de tierra de Grecia. Murió en el destierro, comiéndole gusanos la lengua, de los cuales le salían muchos por la boca. De la misma enfermedad murió en mi tiempo un hombre seglar, que tenía por costumbre jurar por la Virginidad de la Madre de Dios, y era verisímil que sería alguna vez mintiendo. Consideraron muchos su muerte, que conocían su vida y el uso de jurar, y parecióles que lo uno fue castigo de lo otro. No todas vezes aguarda Dios a castigar las ofensas hechas a su Sagrada Madre en la otra vida; en ésta comiença a castigarlas.
[33] Canisio, en el quinto libro De Beata Virgine , afirma de Geraldo, obispo canariense úngaro, y de Alexandre de Ales, que fueron tan devotos de la Virgen, que ninguna cosa les pidieron, que fuesse justa, en su nombre, que no la concediessen.
[34] Los instituidores de las religiones, muy devotos fueron de la Madre de Dios. Santo Domingo, según dize Teodorico de Apoldia en el libro segundo de su Vida, el hábito o saya interior blanca que quiso que truxessen los de su sagrada religión de Predicadores, de la Madre de Dios le recibió. De San Francisco dize San Buenaventura, en el capítulo nono de su Vida, que fue grandemente devoto de la Virgen, y que entre otros servicios que le hazía era uno ayunar desde el día siguiente al de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, hasta la víspera de la Assumpción, por honra suya. Los Carmelitas, el nombre tiene de la Virgen, llamándose frailes de Nuestra Señora de Monte Carmelo. Y los Mercenarios, de Nuestra Señora de la Merced de Redempción de Captivos. Todos los demás, en mucho la estiman y aprecian.
[35] Pontaco Burdegalense, en su Cronografía , afirma que el primero que usó rezar en cuentas fue Pedro Ermitaño, en el año de mil y setenta y tres. El cual fue el que incitó a los príncipes cristianos que fuessen a hazer guerra a los infieles, y /(274v)/ a les ganar la Tierra Santa, como se la ganaron, siendo el que iva primero de todos, animándolos a tan santa empressa. Deste parecer son Polidoro Virgilio, libro quinto de los Inventores de las cosas , y Guillelmo Tirio, libro primero De Bello Sacro , capítulo onze. De la Corona, que es devoción a la Madre de Dios fundada en el Rosario y Cuentas, se dize en las Crónicas de los frailes menores , que tuvo origen en una revelación hecha a cierto novicio de aquel Orden, trocando por parecer de un ángel una guirnalda de flores que hazía y ponía a la imagen de la Madre de Dios, en cierto número de Ave Marías, con el Padre Nuestro, aplicado a misterios de la vida de Cristo que fueron causa de gozo o tristeza en la Virgen.
[36] Al tiempo que los cruzados hazían guerra en Francia contra los hereges albigenses, passavan dos clérigos por su tierra, y viendo una iglesia despoblada y maltratada dellos, dixo el uno al otro:

-Oy es sábado; entremos en esta iglesia por honra de la Madre de Dios y digamos Missa.

Llevavan consigo el aparejo; vistióse el uno, y antes que la Missa se acabasse, llegaron algunos hereges y echaron mano del sacerdote, sacándole de la iglesia, y cortáronle la lengua. Al otro dexaron libre, el cual, no con pequeño trabajo, le llevó a tierra de católicos y le dexó en un monasterio de frailes. Los cuales recibiéndole, y visto que avía padecido semejante martirio por la verdadera fe, le curaron con mucho regalo. Vino el día de la Epifanía, y por señas pidió que le llevassen a la iglesia. Lleváronle, y puesto delante de un altar de Nuestra Señora, hizo dentro de su alma muy devota oración, pidiéndole remedio. Apareciósele la Virgen con una lengua de carne en su mano, y díxole:

-Por aver perdido tu lengua por la fe de mi hijo, y en honra mía, Yo te restituyo otra nueva. Abre la boca.

Abrióla, y con sus dedos la Virgen Soberana se la pegó a la raíz que de la primera tenía, y dexándosela junta, y quedando él sano, desapareció.

Viéndose con lengua, como otro Zacarías començó a hablar, alabando a Dios y a su Sa- cratíssima | Madre, y diziendo con boz clara la Ave María hasta el fin. Y como repitiesse esta oración diversas vezes, vinieron los frailes, y visto el milagro glorificaron a Dios y a su Soberana Madre. Y no fue el sacerdote desagradecido a este beneficio, porque en el mismo convento recibió el hábito, y se empleó toda su vida en servir fielmente a Dios y engrandecer a la bendita Virgen, Madre suya, la merced recebida. Lo dicho es del Promptuario de exemplos.


[37] En el año de mil y dozientos y ochenta y siete, aviendo guerra entre Filipe, rey de Francia, y Henrique, rey de Inglaterra, fue assí que en un monasterio llamado Dolio, cerca de la villa de Radulfo, sobre cierta columna estava una imagen de la Madre de Dios, con su Benditíssimo Hijo en los braços, esculpida y bien labrada en piedra. A la cual como llegasse a hazer oración una muger pobre y devota, viéndola dos soldados bretones, hizieron burla della, y blasfemavan de la imagen. El uno dellos tiró una piedra y quebró el braço del Niño Jesús, y cayendo en tierra, juntamente con él cayeron gotas de sangre, como si fuera el braço de persona humana. Y en el mismo punto, el que tiró la piedra espiró, y como el otro quisiesse asir con sus braços al que caía muerto para detenerle, fue arrebatado del demonio y atormentado aquel día, y el siguiente muerto. Juntóse mucha gente para ver la sangre que corría de la herida. Escrive esto Vicencio en su Espejo Historial, libro séptimo, capítulo ciento y diez. Y dize que él mismo por sus ojos vido la sangre que corría desta imagen, y que se informó de algunos que la avían visto antes deste acaecimiento, y que estava blanca y colorada, y que después quedó desangrada y amarilla.
[38] Al principio que se instituyó el Orden de Predicadores, viendo el demonio la guerra que por ellos se le levantava, acordó de hazer todo el mal que pudiesse, y particularmente en París y Bolonia eran los frailes atormentados con diversos portentos y visiones. A uno le pare- cía /(275r)/ que tenía sobre sí una hornaza de fuego, otro veía una muger desnuda a su lado; aquél era perseguido de una serpiente, el otro, de un asno con cuernos; a uno herían con açotes, a otros, con palos. La persecución era de suerte que en estas dos casas particularmente estavan frailes de noche en vela, para ocurrir con remedios de agua bendita y cruzes a donde veían que sonavan bozes y se quexavan los frailes. Sucedía de aquí que perdían el juizio y se tornavan frenéticos algunos religiosos. Para remedio de todos estos daños, consultando bien el negocio, como todo el Orden tuviesse particular devoción en la Sagrada Virgen, y puesta en ella su esperança de remedio, acordaron que en honra suya todas las tardes, después de Cumpletas, se hiziesse en cada convento solemne processión, cantando la Salve Regina. Y fue total remedio en esta persecución, y por algunos religiosos devotos diversas vezes fue vista esta Señora con grande acompañamiento hallarse en estas processiones, e inclinar la cabeça al tiempo que los frailes la inclinavan. Esto es del Promptuario de exemplos, donde también se dize que fue revelado a cierto clérigo muy temeroso de truenos, que el cantar o rezar la Salve Regina en tiempo de tempestad es remedio importante y muy cierto para no recebir daño en ella, y lo mismo a mugeres que tienen peligrosos partos. Porque, como una en semejante aprieto se encomendasse al Seráfico Padre San Francisco, él se le apareció y le dixo que assí ella como todas las que se viessen en semejante necessidad, que dixessen devotamente la Salve Regina; y en particular a la que le fue revelado esto, que llegando a aquella cláusula que dize: «Bendito el fruto de tu vientre, Jesús», parió sin daño. Todo lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[39] Vicencio, en su Espejo Historial , libro séptimo, capítulo ochenta y uno, dize que en el día de la Assumpción de Nuestra Señora, celebrándose los Oficios Divinos en la Santa Iglesia de Toledo con la solemnidad | y grandeza que suele, por ser aquella la advocación de la misma iglesia, dezía Missa el perlado, y oyóse una boz del Cielo, como de muger que se quexava y dezía:

-!Ay, ay, qué calamidad tan grande, que en medio de los fieles, otra vez la locura y ceguedad de los judíos pretende crucificar a mi Hijo!

La boz fue oída y entendida de todos los presentes, y acabado el Oficio de la Missa, juntándose los principales del clero y del pueblo, acordaron de ir a visitar las casas de judíos que a la sazón avía en la ciudad, y hecho esto, hallaron en casa de uno dellos juntos a muchos, y que tenían hecha una imagen de Jesucristo de cera, y en ella se executavan las afrentas y tormentos que en el mismo Cristo executaron. Prendiéronlos, y fueron castigados como merecía semejante delicto. Y por esto, y por otras cosas tales, los Reyes Católicos echaron de España esta mala gente, y la iglesia misma de Toledo echa de sí en sus prevendas y oficios aun a los decendientes dellos.
[40] El mismo Vicencio, en el capítulo ochenta y tres del proprio libro séptimo, dize que en la ciudad del condado de Orliens en Francia llamada Avenon, estando cercada de enemigos, viéndose los ciudadanos en grande aprieto, confiando más en la Madre de Dios, a quien avían edificado un solemne templo, que en sus fuerças, sacaron una su imagen muy devota a la puerta de la ciudad, a vista de los enemigos, y teniéndola allí, el que era guarda de la puerta, con armas ofensivas que disparava en los enemigos, les hazía daño notable, y defendíase con la imagen. Mas uno de los contrarios tiróle por un lado, sin ser visto, una saeta, diziendo:

-Mira si te podrá librar de la muerte tu imagen.

Mas, llegado cerca, levantóse por sí misma la imagen, y recibió en sí el golpe, librando de muerte conocida a su ciudadano. Visto el milagro por los contrarios, levantaron la boz, diziendo que la Madre de Dios bolvía por aquella ciudad, y assí hizieron pazes con los ciudadanos y juntamente con ellos fueron al templo de la Virgen a reverenciarla y darle gracias por lo sucedido. /(275v)/
[41] En el capítulo ochenta y cuatro escrive también Vicencio de un clérigo muy devoto de la Virgen, que gastava diversas horas del día en rezar sus oraciones. Éste vino a enfermar y padecía tantos dolores que se cortó con sus proprios dientes la lengua, y quisiera hazer lo mismo de los demás miembros. Estando en este tormento, vido junto a su cama una persona de presencia y aspecto grave, que se entendió ser el Angel de su Guarda, el cual, con boz triste, dezía:

-Oh, Madre de Dios, fuente de piedad y misericordia, ¿cómo permitís que padezca tanto mal vuestro devoto, y que lengua que se empleó tanto en vuestras alabanças sea tanto atormentada?

Diziendo esto, aparecióse la Virgen, y rociando con leche de sus sagrados pechos la boca del enfermo, le restituyó la lengua, y quedó sano repentinamente. El cual después se hizo religioso y predicava grandes loores de la Virgen.
[42] Dize adelante Vicencio, en el capítulo ochenta y nueve, que en la ciudad de Novon, en Francia, un día de la Anunciación de Nuestra Señora, cierta muger moça, sin tener respeto al día festival de la Virgen, púsose a hilar, y llegando la hebra a la boca, como es costumbre de las que hilan, quedósele pegado, y començó a hinchársele la boca, con grande dolor de la paciente. Llorava la pobre moça terriblemente. Aconsejáronla que fuesse a San Eligio, que a la sazón era allí obispo, y fue sin provecho. Hizo otro camino a un monasterio, cuya iglesia era dedicada a la Madre de Dios, y haziendo oración, y otros por ella, fue sana.
[43] En el capítulo noventa y seis del mismo libro séptimo, dize también Vicencio que cayó enfermo un hombre rico y mundano, y siendo llamado el cura de su parroquia para que le administrasse los Sacramentos, él fue de presto y llevó consigo un tiniente suyo. Entró en la casa y aposento donde estava el rico cercado de seda y oro, en cama blanda y regalada. Acompañávanle muchos, y todos le lisongeavan. Su muger, hijos y familia le lloravan; otros tenían el pen- samiento | en lo que pensavan heredar por ser deudos o criados. El cura le oyó de penitencia, y su Confessión fue peor que buena. Assentóse luego a lisongearle como los demás, preguntándole de su dolencia y qué parte del cuerpo le dolía, y otras impertinencias, teniendo ojo a que le hiziesse alguna manda. A esta sazón, viniéronle a llamar para una muger pobre que se moría, que fuesse a confessarla y darla el Sacramento. El tiniente le avisó dello, y él le habló ásperamente, diziendo:

-¿Y dónde hallas tú por acertado que dexe este rico, de que puedo sacar algún provecho, por irme con essa muger que no tiene sino sarna o tiña que darme?

El teniente, que era hombre devoto, le dixo:

-Pues, Señor, si tú no quieres ir, yo iré y supliré por ti.

-Enorabuena -dixo el cura-, aunque también te quisiera aquí porque en algo fueras aprovechado deste rico.

Fue el teniente, y por saber que estava cercana a la muerte, quiso no hazer dos caminos, sino junto con ir a confessarla, llevarle el Santíssimo Sacramento, aunque de secreto y sin acompañamiento, con una luz, como allí se acostumbrava. Al tiempo que llegó, vido la enferma con grande pobreza de casa y sin algún axuar, sobre unas pajas en el suelo, mas por ser de vida santa, estava allí la Madre de Dios acompañándola y regalándola, con un coro de santas vírgines. Luego, pues, que esta Señora vido el Sacramento que traía el clérigo, arrodillóse a él, con toda su santa compañía. El clérigo se admiró, y estava como fuera de sí de lo que veía. Mas la Virgen le mostró muy buen semblante. Avía limpiado con un lienço el sudor del rostro de la enferma. Dexó esto y levantóse, y con sus propias manos puso una silla, passándola de un lugar a otro, en que el clérigo se assentasse para confessar a la enferma, diziéndole que se assentasse y hiziesse su ministerio. Él le hizo, que confessó a la enferma y le dio el Sacramento, y desde a poco espiró, y su alma fue en compañía de la Virgen al Cielo. Bolvió el clérigo a casa del rico, donde dexó a su cura, y assí como entró en el aposento del enfermo, vido su cama rodeada de gatos negros. /(276r)/ Veíalos también el miserable rico y dava bozes lastimosas y temerosas, diziendo:

-Echadme de aquí estos gatos, váyanse estos gatos.

En esto entró un etíope espantoso en el aposento, y con un garfio abrió la boca al desventurado rico y le sacó la alma, dando una boz espantosa, y llevóla consigo, llegando los gatos que estavan allí a darle grandes heridas y empellones, y todos de tropel dan con ella en el Infierno. Quedó de ver esto el clérigo como fuera de sí, mas apareciósele la Virgen y díxole que no temiesse, que no tenía el demonio fuerças para dañarle, estándole aparejado el Cielo por su buena vida y santas costumbres.


[44] En el capítulo noventa y ocho, también del séptimo libro, dize que un hombre pobre iva los pies descalços por una calle de cierta ciudad, y estropeçando en una piedra, y lastimándose el pie, dixo con grande impaciencia:

-Lleve el diablo la piedra, que él allí la devió de poner.

No bien huvo nombrado al demonio, cuando sintió que le avían dado en el rostro con agua caliente, dexándosele mojado, y luego començaron sus ojos a distilar agua y quedó ciego del uno. Hinchósele la boca y mexillas, quedó con postulas y llagas afeado. Estuvo en un aposento pobre, que era su casa, cuatro días, siempre augmentándose el mal, porque descendió al cuerpo y piernas y quedó tullido, encogidos sus nervios, y hecho una bola sin poderse menear de un lugar, padeciendo grandes dolores, aunque con mucha paciencia, alabando a Dios y dándole gracias por lo que le dava a merecer. Tenía el aposento una ventana baxa a la calle y pedía limosna a los que passavan, y desta manera llevava su vida, aunque con dolores inmensos, mas con mucha paciencia rogando a Dios por sí y por sus bienhechores. Llegó el día santo de Pascua de Resurreción, y al tiempo del amanecer, estando orando devotamente, vido en la calle por su ventana una señora hermosíssima y de magestad grande. Hablóle y alabó su paciencia. Díxole que se hiziesse llevar a una iglesia de la Madre de Dios, y | en presencia de una imagen suya hizesse oración. Desapareció aquella Señora, que era la misma Virgen Sacratíssima. El hombre hizo lo que le fue dicho y quedó sano.
[45] En el capítulo noventa y nueve escrive Vicencio de una judía que, estando de parto y padeciendo grandes dolores, pareciéndole que su muerte se acercava, no sabía qué medio tomar, ni las que estavan con ella dársele. En esto oyó una boz, que le dixo:

-Invoca a María, Madre de Dios, y serás libre.

Ella lo hizo assí, y en boz alta llamó en su fabor a la Madre de Dios, de lo cual otras judías que estavan con ella se indignaron de muerte, y fue mucho no dársela. Mas, viéndola que parió luego y quedó libre, dexáronla. Passados algunos días, la judía, y ya en la voluntad cristiana, con su hijuelo se fue a la iglesia y pidió el Baptismo. Dize en este proprio lugar el mismo autor, que estando en la ciudad de Espira, que es riberas del Rhim, en una iglesia, cierta muger con un niño pequeño en sus braços, llegóse cerca de una imagen de la Madre de Dios, que también tenía su Benditíssimo Hijo a sus pechos; el niño de aquella muger tenía en su mano un pedaço de pan, y dávale al Niño Jesús, diziendo:

-Toma, niño. Calla, no llores.

La imagen del bendito Jesús habló, oyéndolo la madre del otro niño, y díxole:

-Ni tú llores, que al día tercero estarás en mi compañía.

La madre del niño quedó como fuera de sí. Vido a un clérigo viejo que entrava en la iglesia, llamóle y contóle el caso. Díxole:

-Ten por cierto que al día tercero morirá esse niño.

Y assí sucedió.
[46] Dize más este autor en el capítulo ciento, que estando amancebado un hombre casado, su propia muger, que lo sabía y conocía a la adúltera, sintiéndolo mucho y no pudiendo vengarse de otra manera, iva a la iglesia, y delante de la imagen de Nuestra Señora formava sus quexas de aquella muger, pidiendo a la Virgen vengança della. Hablóle la imagen una vez, y dixo:

-No puedo hazer lo que dizes, porque essa muger cada día me dize una palabra, que ninguna cosa puede ser dicha de criatura para mí más agradable, por el gozo que recibo oyéndola, repitiendo lo que el ángel /(276v)/ Gabriel me dixo, de que me escogía Dios por madre suya.

Oyendo esto la muger, dexó de más pedir vengança de su contraria a la Virgen, mas, sucediendo encontrarse con ella un día, impaciente de ver el agravio que le hazía en quitarle su marido, díxole muchas palabras airadas, y concluyó con lamentarse, diziendo que su mal era sin remedio, pues una esperança sola que tenía en la Madre de Dios, que la avía de vengar della, la avía perdido, aviéndole dicho la misma Virgen que la Ave María que rezava cada día le era ocasión para no dar lugar a que le fuesse hecho mal alguno. Oído esto por la otra muger, y considerando el caso, tocándola Dios el coraçón, dixo:

-Pues es assí, que la Sagrada Virgen estima en tanto el pequeño servicio que yo le hago, yo procuraré aumentarle y que sea mayor, no sólo dexándote libre tu marido sin dar lugar a que por mí recibas agravio, sino consagrándole mi cuerpo, para que en castidad la sirva toda la vida.



Y como lo dixo, lo cumplió.
[47] En el capítulo ciento y uno refiere el mismo Vicencio de un hombre rico y devoto, el cual se ocupava siempre en obras de misericordia, en hospitales, curando enfermos, y en recebir peregrinos y hospedarlos en su casa. Tuvo embidia dél el demonio, y dándole Dios lugar, tomó el cuerpo de un condenado muerto de pocos días, y hablóle ofreciéndosele que le serviría por un honesto salario. Recibióle el limosnero en su casa, y procurava el demonio servirle muy a su gusto, y particularmente en los exercicios santos en que se ocupava. Fingiendo humildad, hazía todo lo que podía dessearse. Y con esto le tenía muy contento, y esperava tiempo para quitarle la vida, como pensó tenerle una vez, que solo con él entró en una barca a pescar peces que le avía pedido un enfermo. Quiso el demonio trabucarle en la agua, y defensióselo Dios. Otra vez, en una caça le tiró a traición una saeta, mas también fue libre. Venían de lexanas tierras personas virtuosas, por ver y conocer a aquel limosnero, traídos por su buena fa- ma, | y vino entre otros un santo obispo, a quien reveló Dios quién era aquel criado tan diligente que tenía el rico devoto. Y como el obispo entró en casa, por saber el demonio cuán santo era, escondióse en un lugar secreto, y no osava parecer en su presencia. El amo le echó menos, y al tiempo de la cena, embiándole a llamar diversas vezes, no fue poco hazer que viniesse al aposento donde estavan. Y como fue venido, miróle atentamente el obispo, y preguntó al rico qué tanto tiempo avía que tenía aquel criado y de qué le servía. Respondió que mucho tiempo, y que le tenía muy contento su buen servicio, por ser fiel y buen criado. El obispo dixo a esso que no es él sino demonio infernal, y conjurándole que descubriesse quién era y a qué venía. Viéndose el demonio descubierto, declaró el negocio, diziendo que era demonio y que pretendía quitarle del camino que llevava y que se condenasse, de lo cual le avía sido estorvo una oración que rezava cada día. Con esto desapareció el demonio, y preguntando el obispo al limosnero qué oración era la que rezava, que assí quitava las fuerças al demonio, respondió que él no tenía algunas letras, porque no avía estudiado, antes era ignorante, aunque una oración avía aprendido cuando niño, en loa de la Madre de Dios y del Evangelista San Juan, que comiença: « O intemerata», y que aquella rezava todos los días.
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