De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[48] Iva camino un cavallero famoso en hechos de armas y muy rico de bienes de mundo. El cual, viendo en cierto pueblo una donzella hermosa, aficionándose a ella, embió un criado a que hablasse a su padre, sabiendo que era hombre pobre, y que le prometiesse diez monedas de oro y un vestido para la donzella, con que se la diessen una noche. El padre, con la codicia de aquel dinero, vino en el concierto, y aunque la donzella lo contradezía y mostró sentirlo mucho, fue llevada y entregada al cavallero. El cual la hizo cenar, y queriendo llevarla a su cama, ella començó a llorar y sollozar con grande /(277r)/ sentimiento. Preguntóle la causa, y respondió que se llamava María y que avía consagrado a Dios y a su Soberana Madre su virginidad, y que sentía mucho que su pobreza fuesse ocasión de ir contra el voto hecho, y también en que en particular se hiziesse desacato a la Virgen, siendo aquella noche de sábado, que era día consagrado a su nombre y servicio. Cavóle tanto esto al cavallero, que no sólo se abstuvo de hazerle daño en su limpieça, sino que, passando la noche sin llegar a ella, el siguiente día la llevó a un monasterio de monjas, donde hizo que se recibiesse, y su vida fue allí de muy santa monja. Murió en un hecho de armas poco después el cavallero, y enterráronle en el campo. La nueva monja tenía dél mucho cuidado, y hazía oración con lágrimas por él. Apareciósele la Madre de Dios y diole cuenta de su muerte, y que por el hecho que hizo con ella, y respeto que tuvo a la misma Virgen, por llamarse María y ser sábado, cuando pudo aprovecharse della y no lo hizo, antes la llevó al monasterio, le avía faborecido a la hora de la muerte, de modo que se salvó. Dixo más la Virgen a la monja, que dixesse a su abadessa que fuessen por el cuerpo y que hallarían una rosa sobre la sepultura, que su raíz le salía de la boca, siendo invierno, y para que la creyesse, diole señas de un pecado que la abadessa avía hecho y no tenía confessado. Fue la monja con el recaudo. La abadessa la creyó en aquellas señas, bien a costa de vergüença. Fueron por el cuerpo del cavallero y hallaron la rosa sobre la sepultura, y vieron que la raíz le salía de la boca. Y assí le trasladaron al monasterio, queriendo Dios que fuesse allí honrado por el servicio que hizo a su Sagrada Madre en el respeto que le tuvo.

[49] En el capítulo ciento y cuatro, escrive que en la ciudad de Lasencia, estando jugando en una taberna a los dados un mal hombre, y perdiendo, començó a blasfemar de Cristo y de su Sagrada Madre, nombrando miembro por miembro, y assí llegando a maldezir el vientre de la | Sagrada Virgen, aviéndole Dios bendecido, y súbitamente cayó muerto el blasfemo. Tenía padre y estava en otro pueblo. Oyendo dezir de la muerte del hijo, iva a donde murió, y en el camino hízosele encontradizo un vezino suyo, que poco antes era muerto, y díxole:

-Mala nueva te traigo de tu hijo, que está ardiendo en el Infierno porque blasfemó de Cristo y de su Madre; y en señal de que es assí, hallarás su cuerpo partido, con el coraçón en dos partes.

Con esto desapareció aquel hombre, y el padre halló ser verdad lo que del cuerpo de su hijo le dixo. Y assí, yéndole a hazer las exequias, entendió que no le serían de provecho, aviéndose condenado.


[50] En el capítulo ciento y siete, dize que recibió el hábito en el monasterio de Claravalle un cavallero ya anciano en la edad, y procurava según sus flacas fuerças imitar a los monges, y porque siendo el tiempo de la siega, y saliendo todos al campo a segar, él se fue con ellos, mas estando donde se hazía la siega, fuele mandado que se recogiesse a una parte y no trabajasse por estar falto de fuerças y tener las manos delicadas. Apartóse por cumplir el mandato de su superior, y viendo que todos trabajavan y él holgava, afligíase sobremanera. Siendo ya tarde, vido baxar de un monte una compañía de mugeres moças hermosíssimas, y entre ellas una que parecía señora de todas. Llegaron a donde los monges trabajavan y habláronles dulcemente. Abraçávanlos, y a muchos que mostravan sus rostros con sudor y polvo, con lienços se los limpiavan, acariciándolos a todos. Visto esto por el viejo, no conociendo qué gente era aquella, antes juzgando mal de lo que veía, començó a murmurar de los frailes, y dezía entre sí:

-Oh, qué engañados viven los seglares, que piensan de los monges que son muy penitentes y castos. Pues aora aquí parece lo contrario, que veo con mis ojos que abraçan mugeres y se entretienen parlando con ellas.

Llególe a él uno de aquella compañía, y díxole:

-Mal pensamiento tienes, viejo, /(277v)/ porque has de saber que esta Señora que vees allí es la Madre de Dios, y las demás son vírgines santas que la acompañan, y vienen a visitar a estos segadores siervos suyos, porque sus entrañas son tan tiernas, que no pueden dexar de compadecerse de sus sudores y trabajos. Y bienaventurados son aquellos que trabajan por Cristo en este mundo y comen del sudor de su rostro, que en la Eterna Bienaventurança tendrán descanso y gozo eterno.

Con esto que oyó el viejo, quedó desengañado de su mal juizio, y él procuró más seguir el trabajo de la vida monástica, y tuvo por buenos y santos a sus próximos y hermanos.
[56] En el capítulo ciento y ocho del mismo séptimo libro, escrive Vicencio que, entrando en el monasterio de Claravalle monje cierto hombre, quiso hazerse médico, diziendo que eran dañosas para la salud las comidas de hortalizas que comían en el refectorio, y assí pretendía otro manjar particular, y ser singular en el convento. El perlado contemporizava con él, esperando alguna ocasión por donde dexasse aquella singularidad. Y fue assí, que yendo un día con el convento por el claustro a dar las gracias al coro, después de comer, aunque se diferenció dellos en la comida, iva en su compañía a dar las gracias, y vido una Señora de hermosura admirable y de no menor magestad a la puerta de la iglesia y coro, con una buxeta en las manos, de que sacava un eletuario dulcíssimo, y dava a cada monge un bocado. Desseava que le diesse a él del eletuario aquel monge singular, y llegando su orden, la Señora, sin dársele, le dixo:

-No ay por qué te dé a ti, hermano médico, este bocado medicinal, que es para los monges pobres y que comen berças y hortalizas en este convento. Para ti, que eres rico y príncipe entre tus hermanos, comiendo de otro manjar que ellos comen, conviene que se dé una buelta al mundo para buscar manjar que sea particular a tu gusto. Dizes que los manjares que comen los monges te turban la cabeça y hinchan el vientre. A lo | menos las berças te podrían ser saludables, pues dize el Apóstol que quien está enfermo las coma. Y assí, pues te hazes dicípulo de Galeno, y por lo mismo te tienes por médico, deves curarte a ti mismo y procurar tu regalo, que de mi eletuario no mereces parte. Y para que entiendas quién es la que habla contigo, sabe que soy María, a quien llaman Madre de Misericordia, que vine a consolar y a hazer este regalo a mis hijos y familia, porque no tienen voluntad propria ni pretenden singularidades.

El monge, muy confuso, pidió perdón de lo passado y juró enmendarse en lo por venir, y con esto la Madre de Dios le dio del eletuario, y quedó tan contento con él, que nunca más pretendió ni quiso otra comida que la del convento y ordinaria.
[52] En el capítulo ciento y nueve, escrive el mismo Vicencio que un monge de Cistel muy religioso y devoto de la Madre de Dios, para prueva de su bondad y paciencia, permitió Dios que tuviesse tres enemigos que le perseguían y hazían guerra. Uno era cierto monge del mismo convento, que le traía siempre a la mira, y cuando hazía, le contradezía; en dicho y en hecho siempre se le mostrava contrario y perseguía. Era otro tormento cuanto tronava, que lo sentía en tanto grado que la muerte le parecía no poder más afligirle. Y era el tercero que muy de ordinario tenía hisípula en el rostro, parándosele tan feo, que le forçava a estar de ordinario en la enfermería. Y estando en ella y en su cama una noche, aviendo muerto en pocos días el abad, con quinze monges de aquel convento, vídolos passar unos tras otros cabizbaxos y tristes. Uno dellos llegó al monge enfermo, y díxole:

-Hermano caríssimo, todos los que por aquí vamos fuimos religiosos en este monasterio, y por la misericordia de Dios fuimos salvos. Mas retárdasenos la entrada en el Cielo por negligencia de los monges que están en él, que aun los Salmos que tienen obligación de rezar por nosotros, los difieren. Y no sólo para nosotros son culpa- dos, /(278r)/ sino para con el Eterno Dios, pues son negligentes en cumplir sus obligaciones, porque, juntándose a rezar sus horas, unos están indevotos, ya se ríen, ya cuentan donaires. Al Gloria Patri muchos no se inclinan, y otros, antes que el verso se acabe, ya tienen puestos los ojos en las paredes. Otros, estando en pie como estatuas, se quedan dormidos, sin ver cosa que se haga o se diga en el coro, y si se inclinan es por costumbre, sin advertir lo que hazen. Ve al abad y dile de nuestra parte que, pues está por atalaya del convento, que mire todo esto que passa en él y procure la enmienda. Con esto, desapareció aquel monge, y el enfermo se levantó poco a poco. Fue a la iglesia y púsose a orar delante de un altar, con grande y fervoroso espíritu, y estando algo transportado, vido entrar por una fenestra alta un rayo de sol, y con él una Señora de grande hermosura y magestad. Llegó al monge y preguntóle si la conocía. Díxole que no.

-Sabe -dize- que soy María, Madre de Jesús, y vengo a consolar tus lágrimas y gemidos.

Diziendo esto, estando los monges en el coro cantando, y llegando al fin de un Salmo, y diziendo Gloria Patri, la Virgen se reclinó la cabeça y cuerpo, hasta que se dixo todo el verso. Dixo luego:

-Sabe que el monge que te perseguía es muerto, y está pagando lo que te dio a padecer, y para que me creas, te hallarás luego sano de tu enfermedad.

Con esto, le limpió el rostro con su manga y desapareció. Hallóse el monge sano, fue a su abad y diole cuenta de todo lo sucedido, lo cual creyó ser verdad, viéndole sano repentinamente.

[53] En el capítulo ciento y onze, dize también Vicencio que un judío, natural de la ciudad de Londres, iva camino de Vultonia y cayó en manos de ladrones, que le robaron lo que llevava. Hiriéronle, y atado de pies y manos le dexaron en un casar viejo. Allí estuvo el pobre judío hasta verse en punto de morir, que vino a él, estando durmiendo, una Señora con grande magestad, la cual le desató y dexó libre. Y estando él muy gozoso, y mirando curiosamente quién era | la que tanto bien le avía hecho, por aver vivido entre cristianos y tener noticia de la Madre de Dios, creyó que era ella, despidiendo de sí tanta luz y claridad, que con ser de noche resplandecía aquella mal compuesta casa, y con ojos humildes y boz quebrantada, le dixo:

-¿Qué es, Señora, la causa que de mí ayáis piedad, librándome de tanta angustia?

-Yo soy -dixo la Virgen- a quien vosotros todos pertinazmente negáis que sea Madre de Dios, y he venido aquí por hazer lo que suelo, que es dar bien por mal, y a mostrarte con evidencia la ceguedad que tienes tú y los de tu casta. Ven comigo fuera deste aposento y veráslo.

Salió la Virgen, y el judío en su seguimiento, y por su dicho subió en una peña y miró abaxo, y vido una sima tenebrosa y horrible que despedía de sí sulfúreas llamas, y un hedor terrible. Parecía aver allí dentro todo género de tormentos y penas. Allí las miserables almas de los condenados davan buelcos y eran atormentadas de demonios, cuyos aullidos y gritos era cosa horrenda de oír, y assí el judío estava con temor grandíssimo. Díxole la Sagrada Virgen:

-Esta cárcel y estos fuegos y tormentos te esperan a ti y a los de tu linaje, si no dexáis la prava secta judaica y os hiziéredes cristianos. Y para que veas lo que pierdes por tu dureza y perfidia, sígueme.

Llevóle a otro lugar alto y eminente, y vido desde allí un sitio y mansión de grande claridad y hermosura, de donde salía un olor tan excelente que, participando dél, el judío quedó confortado grandemente. Allí vido compañías de bienaventurados, que contentíssimos se passeavan, y entre sí cantavan con mucha dulçura y suavidad. La Benditíssima Señora dixo al judío:

-Ésta es la possessión de los bañados en la sangre de mi Hijo, y que viven conforme a su Evangelio, de lo cual puedes tú ser participante si creyeres que recibió de Mí verdadera carne, y te baptizares y vivieres como buen cristiano. Puedes luego irte, y ten en la memoria lo que has visto.

La Virgen desapareció, y el judío, lleno de temor, por lugares solitarios fue a dar a la ciudad de Bacha, y entrando /(278v)/ en un monasterio dio cuenta de todo lo sucedido al prior y frailes, y él se baptizó y se llamó Juan.


[54] En el capítulo ciento y diez y seis, dize assí mismo Vicencio que, bolviendo de Roma un arçobispo de Canturia y aposentándose en el monasterio de San Vertino, que es San Andomaro, el día siguiente fue al capítulo con los monges, y a su petición y ruego hízoles una plática espiritual, y acabada, díxoles que estando en Venevento oyó a un varón religioso que venía de Jerusalem. Dezía que muchos religiosos tenían costumbre allí de rezar cinco Salmos, que comiençan con letras, las cuales, juntándolas, hazen el nombre de María: Magnificat, Ad Dominum cum tribularer, Retribue servo tuo, In convertendo y Ad Te levavi. Oyó esto un monge del mismo monasterio de San Vertino, llamado Joscio, y quedándole en la memoria, rezávalos cada día después de Maitines en honra de la Virgen. Sucedió que una noche, levantándose los monges a Maitines, Joscio faltó dellos, y mirando el su prior el coro con una vela, y no hallándole, fue a su celda, donde le vido que estava muerto. Llamó el convento y dioles la nueva, de que unos lloravan, y todos se entristecieron grandemente. Descubriéronle el rostro y vieron cinco rosas: una le salía de la boca, dos de los ojos y dos de las orejas. Admiráronse de ver este milagro, y llevándole al coro, y advirtiendo más en las rosas, vieron en la que le salía de la boca escrito el nombre de María. Estuvo siete días sin darle sepultura, hasta que se juntaron tres obispos, y fue el uno el Atrebarense, y muchos otros clérigos y legos, que vieron las maravillas de Dios.
[55] En el territorio lingoniense avía una muger devota grandemente de la Virgen, la cual, siendo moça, cometió un pecado que nunca le confessó en su vida, de vergüença, aunque se confessava una vez en el año de todos los demás pecados. Vino a morir, y presentada en el Juizio de Dios, y acusada del pecado que no confessó, el Juez Justo la condenava a Infierno | Eterno. Mas la Virgen Sacratíssima, su Madre, se arrodilló delante de su Soberano Hijo y le pidió merced para aquella alma de su devota, y fue oída. Y porque era necessario confessarse de aquel pecado para que Dios la perdonasse, fue mandada que bolviesse a su cuerpo, que aún no estava sepultado, y recibiendo temor grande los que estavan presentes, algunos huyeron, quedaron allí otros. Pidió que le truxessen un confessor, y traído, confessó el pecado que avía callado, y todos los demás que se acordava de su vida. Recibió la Comunión, y hablando con los presentes acerca de su acaecimiento, cerrando luego los ojos, espiró y fue su alma a buen lugar. Es del mismo Vicencio.
[56] En el capítulo ciento y diez y ocho, dize que en la santa iglesia de Toledo, celebrándose un día Missa con solenidad por su arçobispo, servíase de un subdiácono, varón de santa vida y muy devoto de la Madre de Dios. Y al tiempo de cantarse el Evangelio por el diácono, ministrávale el subdiácono, y abiertos los ojos de su espíritu, vido en una tribunilla al demonio en figura de una grande mona, que estava escriviendo en un cuero o pergamino todos los pecados que se cometían en la iglesia, y en particular lo que parlavan dos mugeres mundanas acerca de sus tratos amorosos. Acabósele el cuero al demonio, y con los dientes, en la figura de mona que avía tomado, estirávale para escrivir más acerca de lo que las dos mugeres tratavan entre sí, y puso tanta fuerça que, desvarando los dientes del cuero, dio una calabaçada en la pared, y junto con esto, una caída con tanto ruido, que el subdiácono, que lo veía, todo le pareció que se hundía la iglesia. Mas causóle tanta risa que se descompuso, y echándolo todos de ver, culpáronle mucho por reírse tan de veras estando cantando el Evangelio. Y assí, como a gravemente culpado, le quitaron una prebenda que tenía por orden de su perlado. Él quedó muy triste y afligido, aunque con grande esperança en la Sagrada Virgen, que por ella le avía de venir el remedio. Y assí fue, que estando un día en la /(279r)/ iglesia derramando lágrimas por verse pobre y desconsolado, apareciósele la Virgen y consolóle, dándole orden cómo tornasse en gracia de su perlado y con su prebenda. Fuele a le hablar y contóle la causa de su risa. Las mugeres fueron llamadas, y viniendo allí, por aver dado la Virgen el cuero o pergamino que el demonio escrivió al subdiácono, su devoto, y él mostrándosele a las mugeres, ellas reconocieron su culpa, visto que estava todo allí escrito cuanto dixeron en la iglesia la una a la otra. Y vista tan bastante ocasión para que se riesse, el subdiácono fue perdonado del obispo, bolvióle su prebenda, y las mugeres también enmendaron sus vidas.
[57] Fray Diego, del Orden de los Menores, santo nuevamente canonizado por el Papa Sixto Quinto, día de la Visitación del año de mil quinientos y ochenta y ocho, aviendo sido su muerte sábado, doze días de noviembre del año de mil y cuatrozientos y sesenta y tres; estando, pues, este varón santo en Sevilla, quiso Dios que se viesse la ferbiente devoción que tenía a la Virgen Sacratíssima, Nuestra Señora, porque viendo ir por la calle a una muger gritando y como fuera de sí, por razón que un hijo suyo quedava dentro de cierto horno de pan ardiendo, donde, aviéndose entrado a esconder, se quedó dormido, y sin advertir que estava allí se encendió el horno, y cuando fue visto no se le pudo dar remedio, movido a compassión fray Diego, exortóla que fuesse luego a encomendarse a Nuestra Señora, a la iglesia mayor, delante su imagen, y que esperasse en Dios que su hijo sería libre. Hízolo assí aquella muger, y fue cosa miraculosa, que ardía la leña toda del horno sin hazer perjuizio al niño que estava dentro; antes salió libre y sin lisión o daño alguno. Y siendo sabido este milagro de los canónigos y de toda la ciudad, celebróse magníficamente, y quedaron todos con mucha devoción a aquella imagen, que llaman de la Antigua, donde se han hecho otros muchos milagros. De la cual reverencia quiso la Madre de Dios que éste, su devoto, fuesse instrumento, y se despertasse la devoción que de | muy atrás se devió tener con ella, en provecho de almas y cuerpos de los que la visitavan, aunque estuvo resfriado y desde esta sazón fue siempre en augmento, y de presente es una imagen de mucho nombre en España. Es de la Vida del mismo fray Diego Santo, y está en el Flos Sanctorum, Primera Parte.
[58] Tomás Moro, inglés, varón doctíssimo y que dio su vida por Cristo confessando la primacía de la Iglesia Romana y superioridad de cabeça de su Pontífice, mereciendo bien el nombre de mártir, dize en un libro que escrivió de Diálogos , en el capítulo diez y seis, que en Inglaterra, una donzella a quien atormentava el demonio gravemente con lástima de los que la veían, llevándola a una iglesia, y puesta delante de una imagen de Nuestra Señora, milagrosamente sanó. La cual, agradecida de esta misericordia recebida de Dios, Nuestro Señor, por intercessión de su Sagrada Madre, dexó el mundo y se entró monja, permaneciendo en su servicio toda la vida.
[59] Fray Alonso de Espina, en su libro intitulado Fortalitium Fidei, escrive que en tiempo que avía judíos en España, en la ciudad de Segovia fue acusada de adulterio falsamente una judía, y entregada a su marido para que la matasse de la manera que quisiesse. Llevóla él a lo alto de un despeñadero no lexos de la ciudad, con designo de precipitarla de allí abaxo. Hallóse mucha gente a este hecho, y la pobre muger, que se vido a punto de morir, estando libre del crimen por que era acusada, acordándose de la Madre de Dios, de quien ella avía oído dezir que librava a muchas personas de graves peligros, tomó osadía de encomendarse a ella, con propósito firme en su coraçón que, si la librava de muerte, se tornaría cristiana, y assí la pidió con muchas lágrimas la faboreciesse en aquel trance. Fue derribada de lo alto, y al tiempo que iva por el aire vido a la Virgen Sacratíssima, que la recibió en sus braços y la puso sin daño alguno en lo baxo, a donde era impossible llegar sin milagro sino hecha pedaços, por la grande altura de aquel risco. Fue gente a donde estava, y halláronla li- bre /(279v)/ y sana, cantando alabanças de la Madre de Dios, con el fabor de la cual confessava aver sido libre de muerte. Fue llevada, pidiéndolo ella, a la iglesia catedral de la ciudad, llamada Santa María la Mayor, y allí la baptizaron, poniéndole por nombre Marisaltos; el nombre de María, por averla librado la Benditíssima María, Madre de Dios, y el de Saltos, por el salto peligroso que dio. Su vida toda permaneció en servicio de la Madre de Dios, en aquella iglesia, la nueva cristiana, y murió santamente.
[60] En Toledo ay seis iglesias que llaman Moçárabes, en las cuales todo el tiempo que esta ciudad estuvo en poder de moros se celebravan los oficios divinos, y ocurrían a oírlos y las frecuentavan los cristianos que estavan mezclados entre los moros, que por lo mismo eran llamados Mixtiárabes, y de ahí vinieron a llamarse las iglesias, y ellos, Moçárabes. Pues en una déstas, que es San Lucas, está una imagen de Nuestra Señora con su Hijo, assentada en una como silla, todo de madera. Es antiquíssima, y, o fuesse por respeto desta santa imagen, o por estar alguna grande y preciosa reliquia en la iglesia, de que no se tiene noticia, se han visto cosas maravillosas en ella, acerca de lo cual yo he hecho las diligencias que me parece que bastan para escrivirlo en este libro como cosa certíssima. Y fue assí, que por los años de Cristo de mil y cuatrozientos y noventa, poco más o menos, siendo cura desta iglesia de San Lucas Gaspar Manso, y viviendo en una casa allí cerca, vinieron un sábado por la tarde cerca de la noche a dezirle que en su iglesia avía música admirable de cantores, y que estava cerrada la puerta, que la hiziesse abrir para que todos gozassen della. Él, muy admirado por saber que la avía dexado cerrada y nadie dentro, tomó las llaves, y algo mal compuesto, sin detenerse en aliñarse o vestirse bien, con una ropa de levantar fue allá, y vido mucha gente a la puerta, que estavan oyendo la música. Él llegó y la oyó, y eran las bozes admirables, y cantavan la Salve a Nuestra Señora. Llegavan al cabo, y el cura abrió la | puerta, y él y todos los que allí estavan entraron dentro, y vieron cuatro niños hermosíssimos, que cantavan delante de la imagen de Nuestra Señora la Salve, y porque acabaron al tiempo que la gente entró, ellos se vinieron a encontrar con los que entravan, y a vista de todos se desvanecieron, y no los vieron más. Entre otros muchos que oyeron la música, que entraron y vieron aquellos niños que eran ángeles, se halló un hombre lego, muy devoto y de buena vida. Éste tomó por devoción desde aquel día de llevar cantores o clérigos a la misma iglesia de San Lucas los sábados en la tarde, a la hora del anochecer, y dezían la Salve, el cual, también él mismo fue con esta devoción a San Lorenço y a San Juste, que son iglesias parroquiales y están cerca de San Lucas, y devía ser con alguna ocasión que la dexava de llevar a una destas iglesias e iva a la otra. Llamávase este hombre devoto Diego Fernández, y por esta su devoción era llamado de todos Diego de la Salve, y yo conocí y tuve amistad con un hijo suyo, clérigo muy recogido, que fue sacristán del Sagrario de la Santa Iglesia de Toledo, y se llamó Diego de la Salve. En el padre fue impuesto el nombre por su devoción, y el hijo le tomó de propriedad, llamándose assí siempre. Poco después desto, dexando una muger que vivía cerca de la misma iglesia de San Lucas una criatura que criava, agena y de padres que tenían en ella puestos los ojos, en la cuna, en tanto que ella baxava al río que está allí cerca a lavar unos paños, cuanto bolvió halló la cuna trastornada, y la criatura muerta. Fue tal su sentimiento que alborotó toda la vezindad a bozes y gritos. No sabía qué hazerse con ella, ni cómo consolarla. Ella tomó el cuerpo muerto en sus braços y llevóle a San Lucas, y púsole sobre el altar donde estava la Madre de Dios, y allí, como leona, dio bramidos, y fue de suerte que, a vista de mucha gente, la criatura que vieron muerta primero, después la vieron con vida. Antes deste tiempo, predicando en España San Vicente Ferrer, y convirtiéndose con sus sermones muchos judíos, mugeres perdidas y malos cristianos, de /(280r)/ modo que era admirable el fruto de su doctrina, llegó a Toledo, donde, predicando un domingo del mes de mayo en la iglesia de Santiago (que es en el Arrabal, y la hizo un rey de Portugal passando por esta ciudad en una romería, que iva a Santiago de Galizia, y por ser obra de rey, la iglesia es amplíssima, y assí, porque cabía en ella mucha gente, San Vicente predicava en ella), a esta sazón avía judíos en España, y en Toledo tenían en la parroquia de Santo Tomé, al arquillo que llaman de la Judería, muchas casas donde vivían (y aun uno de mi linaje se vido en aprieto de ser muerto por justicia, porque, passando un domingo por este arquillo vido una judía que estava hilando a la puerta de su casa, diola una coz para que se entrasse de allí a hilar, que parece que lo hazía en menosprecio del domingo, fiesta de los cristianos, y fue de suerte que no hiló más, porque estava preñada y mal parió, y dizen que murió de la coz); tenían, pues, los judíos, una sinoga y templo grande arqueado, y de maravillosa arquitectura -dezía esta gente que fue el principal que tuvieron después que el de Hierusalem fue destruido-, donde se juntavan y hazían sus ritos y ceremonias; sabido por San Vicente Ferrer, dixo en el sermón:

-¿Cómo? ¿Y será possible que en una ciudad como Toledo, donde baxó la Madre de Dios y honró a su capellán San Ilefonso, que esta ciega gente tenga templo, donde con sus malditos ritos y ceremonias ofendan a Dios, y toda la ciudad sea contaminada con semejantes inmundicias? Vamos, cristianos, todos allá, y echémosles del templo, y consagrémosle en iglesia de la Madre de Dios.

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