De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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No fue menester más, sino que todos los que le oían el sermón, de tropel, tomando armas y siguiéndoles cuantos los vieron ir, llevando por capitán al santo, y él una cruz grande con un crucifixo pequeño que traía en sus manos y tenía en ellas al tiempo que predicava, llegaron al templo y sinoga, y echaron de allí judíos y juderías, limpiándole y consagrándole en iglesia, que se llamó Santa María la Blanca, y es oy monasterio de mugeres recogidas, y en memoria desto va una pro- cessión | cada año de Santiago a la dicha iglesia, con una imagen que dizen de Nuestra Señora de la Estrella, y otra de San Vicente Ferrer. Quexáronse los judíos desta fuerça, y entretanto que se averiguava, hizieron sinoga en una casa que está también en esta parte de la ciudad, a Barrio Nuevo, que le quedó este nombre. Aunque por fabor de un rey, que gustava de los pechos y tributos que esta gente pagava, siendo muy grandes, les dio templo, no queriendo que bolviessen al antiguo, por estar ya consagrado en iglesia, y en el que les dio estuvieron hasta que los Reyes Católicos echaron de España a los judíos, año de mil cuatrozientos y noventa y dos. Y su sinoga se dio al Orden de Calatrava, y se llama de presente San Benito, donde ay por las paredes escrituras en letra hebrea, hasta nuestros tiempos. He dicho esto por razón que, entrando San Vicente Ferrer en la iglesia de que voy tratando, de San Lucas, dexó allí la cruz que tenía en las manos cuando predicava. Es alta, más que la estatura de un hombre, con un crucifixo pequeño. Hela visto diversas vezes junto a la pila de la agua bendita, y devríase de tener, assí esta Cruz como la imagen de la Virgen, en mucho más respeto y reverencia que allí se tiene, aunque la falta de esto deve ser porque la iglesia es pobre. Demás de lo dicho, por los años de Cristo de mil y quinientos y setenta, siendo cura en la misma iglesia de San Lucas Melchior Gutiérrez, el día proprio de San Lucas, levantándose temprano una donzella hermana suya, con una criada, para aderezar la iglesia, entrando de su casa, vieron una claridad en toda ella como de un grande relámpago, que parece que ciega la vista. La criada salió huyendo, la donzella llegó a las gradas del altar donde estava el Sacramento y la imagen de Nuestra Señora. Allí se derribó en tierra por espacio de media hora, echando de ver aquella claridad todo este tiempo, y cuando amanecía, despareció. Esto oí yo a la misma donzella. Era religiosa muy avisada, y a quien se le podía bien dar crédito. Después, estando por morador en la casa del cura que /(280v)/ se mandava por la iglesia, un clérigo con un hermano, moço de poca edad, madre y hermanas, diversas vezes vieron en la iglesia semejante claridad, como de relámpago, y la primera vez que el clérigo la vido, cayó desmayado y como muerto en tierra, y le llevaron assí a su aposento. El cual me lo dixo a mí con juramento, y llamando a su hermano, sin hablarle él, me dixo que le preguntasse sobre aquello, y afirmó lo que él avía dicho. Semejante claridad y luz del Cielo se ha visto diversas vezes donde están encubiertas reliquias de santos o alguna imagen de la Madre de Dios, y assí, lo que he dicho que se ha visto en esta iglesia de San Lucas de Toledo, o es por la imagen de la Madre de Dios que allí se muestra, o por reliquia de algún santo, cuyo cuerpo está allí. Lo cual tengo por verisímil, porque en tiempo de moros martirizavan a muchos cristianos, como afirma San Eulogio Cordovés, porque dezían mal de Mahoma o no querían recebir su secta, y es de creer que a éstos los sepultavan otros cristianos en sus iglesias, y como se ha dicho, todo el tiempo que Tole- do | fue señoreada de moros, en estas seis iglesias, de las cuales es una San Lucas, se cele bravan los oficios divinos, y assí los cuerpos destos mártires serían sepultados en ellas. Y en confirmación desto, en el año de mil y quinientos y noventa, en la iglesia de San Marcos, también Moçárabe, donde yo soy beneficiado, abriendo una sepultura casi en medio della para enterrar un muerto, hallaron el cuerpo de un sacerdote, con vestido sacerdotal, el vestido sano, y el cuerpo y rostro de suerte que parecía aver pocos días que le avían sepultado, como a la verdad, de más de cincuenta años ay memoria que no fue sepultado allí semejante cuerpo, y era possible que huviessen passado muchos centenares de años. Causó admiración su vista. Todos le tenían por cuerpo santo, y por orden de ministros de la justicia eclesiástica se mandó hazer una arca de madera, donde fuesse puesto y trasladado a algún lugar particular, aunque esto, a la sazón que esto se escrive, no ha tenido efecto, sino que el cuerpo se quedó donde primero estava.
Fin del Discurso de Santa María, Madre de Dios. |

DISCURSO CUARENTA Y NUEVE. DE MARTIRIO

El Evangelista San Juan, en su Primera Canónica , capítulo quinze, dize que tres dan testimonio de Cristo en el Cielo, manifestando su verdad, el Padre, y el Verbo, y el Espíritu Santo. Dio testimonio el Padre, dize la Glossa, cuando dixo: «Éste es mi Hijo muy amado»; diole el Hijo, cuando se transfiguró y mostró el poder de su Magestad, y la esperança de la eterna felicidad; dio- le | el Espíritu Santo, cuando fue baptizado y baxó en forma de paloma sobre Él. Dize más San Juan, que son también tres los que dan dél testimonio en la Tierra: el espíritu, la agua y la sangre. Por el espíritu, dize Nicolao de Lira que se entiende aquí la alma de Jesucristo, que baxó al Limbo de los Padres y les manifestó su Divinidad. La agua dio dél testimonio en el Sacramento del Baptismo, en que se da gracia, y la sangre es la de los mártires, que dan testimonio de Cristo. Orígenes dize que, siendo preguntado Cristo por el Pontífice de su doctrina, calló algún tanto, y por aquello que allí calló, hablaron después tantos millares de mártires; un día, cuarenta, otro, diez mil, y otro, una ciu- dad /(281r)/ entera. Y fue a la traça de cuando estava en el huerto, que, viendo tan de cerca la muerte, mostróse temeroso, y aquel temor dio ánimo a los mártires, por estar en medio de sus tormentos animosos y muy contentos. Avemos de ver en este Discurso martirios famosos de santos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]



[1] Meditando las cosas celestiales y eternas, los mártires, como fortíssimos soldados de Dios, Nuestro Señor, fácilmente menospreciaron todos los géneros de tormentos; como fueron, en el Testamento Viejo, Abel, a quien San Gregorio da la primera palma en el martirio, por aver perdido la vida a manos de Caín, su hermano, porque el sacrificio que ofreció a Dios fue más acepto que el suyo. Miqueas Profeta fue herido en el rostro y echado en la cárcel. Urías Eteo fue muerto en una batalla, pareciendo medio conveniente para que se encubriesse el adulterio de David, aunque por lo mismo vino a ser más público. Jeremías padeció cárcel y açotes, y fue echado en un poço entre cieno y hediondez, y al cabo, muerto a pedradas. Isaías, vivo fue aserrado y partido en dos partes. Eran embiados de Dios a predicar la verdad; no hizieron caso de las amenazas, ni de los tormentos de los tiranos. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[2] Sidrac, Misac y Abdenago, moços en la edad, y en la fortaleza y ánimo, varones, como no quisieron adorar la estatua del rey Nabucodonosor, fueron echados en un horno encendido, donde entre llamas davan loores a Dios. Y Daniel, con quien tenían compañía y hermandad, fue puesto en un lago o corral de leones, para ser tragado dellos, y ni las bestias a Daniel, ni el fuego a los tres moços, | hizieron daño, para que fuesse a todos manifiesto que era más fuerte y poderosa la virtud de la verdadera religión, y que los fieles, si no es permitiéndolo Dios, no pueden recebir daño de tiranos. Es del Libro de Daniel, capítulo tercero y sexto.
[3] En tiempo de Antíoco Epifanes, rey de Siria, estando apoderado de Jerusalem, puso un ídolo en el templo, sobre el altar del Señor, y no queriéndole adorar muchos de los judíos, eran muertos. A los niños que hallavan circuncidados ahorcavan, y a los que no querían comer manjares vedados en su Ley, como carne de puerco, también eran muertos. A algunos que les pareció que quebrantavan el sábado, fiesta suya, peleando, se dexaron matar por no defenderse. Dos mugeres que circuncidaron a sus hijos, con ellos a los pechos fueron despeñadas. Muchos, sobre la guarda del sábado, fueron quemados. Eleázaro Escriva, varón grave y de edad, porque no quiso comer carne de puerco ni de ternera, que con esto se contentavan los verdugos, diziendo ser de puerco, viendo que si hazía lo primero quebrantava su Ley, y si lo segundo, causaría escándalo, publicándose que Eleázaro, por temor de la muerte, quebrantava su Ley comiendo manjares vedados en ella, se dexó matar, teniendo por mejor, obedeciendo a Dios, morir, que vivir haziendo lo que el tirano le mandava. Siete hermanos, con su madre, por el mismo caso de no quebrantar su Ley comiendo carne de puerco, padecieron terribilíssimos tormentos, y al cabo murieron. Ivan atormentado a uno, y luego a otro, para amedrentar a éste viendo lo que el otro padecía. Sacáronles las lenguas, rayéronles el cuero de las cabeças, /(281v)/ cortáronles las manos y pies, y los cuerpos, troços puestos en sartenes ardiendo, los frieron, y assí acabaron las vidas. La madre los animava a padecer, y después de todos, también fue ella muerta, y son contados en el número de los mártires. Lo dicho es del Primero Libro de los Macabeos, capítulo primero y segundo, y del Segundo Libro , capítulo sexto y séptimo.
[4] San Juan Baptista, precursor del Señor, y más que profeta, porque reprehendía a Herodes su adulterio fue puesto en la cárcel, y allí cortada la cabeça. Dízelo San Marcos, capítulo 6.
[5] Nuestro Salvador y Redemptor Jesucristo, cabeça de los mártires y el que padeció más que todos ellos, sufrió afrentas, malas palabras, oprobios, tormentos crudelíssimos y afrentosíssima muerte de cruz. De lo cual se puede inferir que, pues su Magestad padeció libremente y queriéndolo tales penas por los hombres, deven ellos mismos, si se les ofreciere, padecer martirio por su amor y servicio. Y assí, los Apóstoles, siendo atormentados, no mostravan sentimiento, sino contento, por ser dignos de padecer en su nombre contumelias y afrentas. Santiago el Mayor, por mandado de Herodes Agripa, fue degollado. El cual también mandó prender a San Pedro; mas, siendo libre de la prisión por medio de un ángel, y Herodes consumido en vida de gusanos que le royeron y despedaçaron su cuerpo, después, el santo Apóstol, porque predicava en Roma el Evangelio de Jesu- cristo | en tiempo del emperador Nerón, y mandándolo él, fue crucificado, la cabeça en tierra y los pies en alto. San Pablo Apóstol, en Listris fue apedreado, aunque de las piedras quedó descalabrado y no muerto. En Filópolis, Consila, un discípulo de Cristo, fue açotado y puesto en la cárcel con prisiones, y saliendo libre después, fue en Jerusalem preso y açotado otra vez, y herido en el rostro, y al cabo, descabeçado en Roma, cessando de predicar el Evangelio cuando cessó de vivir. Colígese lo dicho de todos cuatro Evangelistas que escriven la muerte de Cristo, y del Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo quinto y siguientes. Y cuanto al martirio en Roma de San Pedro y San Pablo, dízelo Egesipo, libro tercero, capítulo segundo.
[6] San Estevan, lleno de Espíritu Santo y de fortaleza, hazía señales y prodigios maravillosos, y fue apedreado. ¿Y qué mal le pudieron hazer las piedras a quien estavan los Cielos abiertos? Quitáronle la vida los perversos judíos, y Jesucristo, estando a la diestra del Padre, le llamava, y viéndose seguro de su salud, rogó por sus enemigos, diziendo:

-No les imputes, Señor, a pecado lo que comigo hazen.

Acrecentó el premio del martirio, mostrándose piadoso con sus enemigos, y durmió en el Señor, aviendo velado por Él, confessando su nombre y teniendo en poco la muerte. Es del Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo séptimo.
Lo más de lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |
[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Andrés, aviendo predicado en Patrás, fue preso por Egeas, procónsul de Acaya, y después de pade- cer | açotes y otros tormentos, colgáronle en una cruz, donde como en púlpito predicó a mucha gente que le /(282r)/ estava oyendo, hasta que, rodeado de una grande luz, dio la alma, dexando en tinieblas a los incrédulos que le dieron la muerte. San Juan Evangelista fue puesto en Roma en una tina de óleo hirviendo, y quedó vivo por milagro, para serlo del mundo con su vida santíssima y doctrina admirable; por medio de la cual convirtió a la fe de Cristo la tercera parte del mundo, y la mayor, que es toda la Asia. Donde, siendo casi de cien años, entró vivo en un sepulcro, donde murió, y si damos crédito, como es razón que se dé, a San Hierónimo, que lo dize con otros graves autores, resuscitó y subió a los Cielos en cuerpo y en alma. San Filipe, en Hierópoli, ciudad de Frigia, fue crucificado y muerto en la cruz a pedradas. San Bartolomé, en Albania, ciudad de Armenia, vivo fue dessollado, y luego degollado. Santo Tomé, en la India, anduvo los pies descalços sobre planchas de yerro ardiendo. Echáronle en un horno encendido, y al cabo fue alançeado. San Mateo, en Persia, estando diziendo Missa, por las espaldas le passaron con un venablo. Santiago el Menor, en Jerusalem fue derribado del pináculo del templo y apedreado, y al cabo, con una pértiga o gruesso palo le acabaron la vida, estando orando por los que le matavan. Los dos hermanos, Simón Zelotes y Judas Tadeo, en Senair, ciudad de Persia, porque cayeron los ídolos entrando ellos en los templos, por sus ministros fueron despedaçados. San Matía, en Jerusalem fue por los judíos apedreado y degollado. San Bernabé, en Salamina fue preso de los judíos y muerto a fuego. Si no fuera grande la gloria del martirio, nunca Jesucristo permitiera que sus Apóstoles, siendo dél tan ama- dos, | padecieran tantos y tales tormentos. Mas Él dixo que son bienaventurados los que padecen persecuciones por la justicia, siendo suyo el Reino de los Cielos. Lo dicho refiere Marulo, libro 5.


[2] San Marcos Evangelista, estando en Alexandría, enojándose con él los idólatras porque confessava a Cristo, echáronle una cuerda al cuello y lleváronle arrastrando por lugares pedregosos, hasta que murió. San Lucas acabó su vida en Bitinia con muerte natural, aunque en la voluntad quisiera ser mártir, pues predicó a los gentiles lo que de Cristo dexó escrito. Esto fue el fin de los Apóstoles y discípulos del Señor, tanto más dichoso cuanto más fueron atroces y crueles los tormentos que padecieron, y despúes dellos viene el coro de los mártires, de los cuales pondremos algunos exemplos para despedir el temor y desechar la pereza de los ánimos cristianos. Lo dicho es de Marulo, libro quinto.
[3] San Ignacio, discípulo del Evangelista San Juan y obispo de Antioquía, el tercero después de San Pedro que tuvo aquella dignidad, governóla con grande solicitud y cuidado, cuyo principal intento era convertir almas de la Gentilidad al Cristianismo. De lo cual estando cierto el emperador Trajano, que se halló en aquella ciudad, mandóle prender, y visto que perseverava en la fe de Cristo, embióle a Roma para ser echado a bestias fieras. Enbarcóse en Seleucia, y llegó a Esmirna, adonde, dándole lugar los que le llevavan preso, escrivió una carta a Roma para los cristianos que allí avía, y entre otras palabras dize éstas: «Desde Siria voy a Roma, peleando de día y de noche, por la tierra y por el mar, con diez leopardos, que son diez sol- dados /(282v)/ que llevo de guarda. Si a éstos se les haze bien, tórnanse peores. Su maldad me enseña a ser paciente, aunque no por esto me tengo por santo. Cuando destas fieras sea libre, pienso caer en poder de otras, que me están esperando, y querría grandemente que me fuessen muy crueles y que no usassen comigo de la piedad que an usado con otros mártires, perdonándoles las vidas. Esto no lo permitirá Dios; antes estoy determinado que, si ellas me perdonaren, yo les haré fuerça para que me despedaçen y traguen. No os pese, hijos míos, de me oír estas palabras, que yo sé -dize- cuánto vale padecer fuego, cruz, bestias, el quebrantarme los huessos, descoyuntarme los miembros, y que vengan sobre mí los tormentos con que atormentan los demonios, con tal que goze de Jesucristo». Estas y otras palabras les dixo, en que dio muestra del encendido desseo que llevava de padecer martirio. Después, estando Ignacio en Roma, y viéndose poner en el teatro para ser despedaçado de las fieras, aviéndose juntado toda la ciudad a fama que el obispo de Siria avía de pelear con ellas, levantó la boz, y dixo:

-Varones romanos que estáis a ver este espectáculo, entended que no me an puesto aquí por delictos que aya cometido, sino para que desta manera alcance a gozar de Dios, de cuyo amor estoy prendado. Soy trigo de su era y campo, tengo de ser molido por los dientes de los leones para ser pan digno de su mesa.

Dicho esto, soltaron algunos leones, que hizieron presa en él y le despedaçaron y tragaron en un mo- mento, | dexando los huessos. Y, según algunos autores, quedó también el coraçón, en que estava escrito con letras de oro el nombre de Jesús. Bien se entiende que no se hallara en San Ignacio desseo tan ferboroso de padecer por Cristo, si alguna cosa le fuera tan dulce como gozar del mismo Cristo. Es de Simeón Metafraste.
[4] A Laurencio, ilustríssimo mártir, como le fuessen puestos en su presencia diversos instrumentos con que los mártires eran atormentados, dixo:

-Siempre desseé ser combidado a semejantes manjares.

Preguntóle Decio por otros cristianos, y respondió:

-¿A qué preguntas por los que no mereces mirar, estando sus nombres escritos en el Cielo?

Recibió desto grande ira Decio, viendo que le menospreciava y tenía en poco. Mandóle herir con duros bastones, abrasar sus costados con planchas de yerro ardiendo, desgarrar su cuerpo con escorpiones, herir con piedras la boca, y herido y desgarrado desta suerte, estender sobre una cratícula o parrillas de yerro, y assarle. El valiente soldado de Cristo, burlando de los tormentos, mirando a Decio, dixo:

-Assado está este lado, bien puedes ya comer dél, y manda que sea buelto deste otro, para que se sazone y mates en él tu rabiosa hambre.

Y con esto, dando gracias a Dios, que le hizo digno del martirio, dio la alma para recebir tanto mayor premio, cuanto fueron sus tormentos mayores. Es de Prudencio, en su Vida.
[5] Román, soldado idólatra, vido cuando San Laurencio estava padeciendo sus mayores tormentos, que un ángel con un lienço delicado le recogía el sudor de su rostro. Y como fuesse buelto a la cárcel, entróse con él y hizo que le baptizasse. Y publicando que era cristiano, por mandado de /(283r)/ Decio fue açotado y descabeçado. Tanto se deleitó de ver aquel gracioso espectáculo que, esperando premio si padeciesse trabajos, no espantándole los que vido padecer a San Laurencio, se ofreció a la muerte. Es de Prudencio, en el Peristemphano.
[6] Hipólito, a quien Laurencio fue dado en guarda, creyendo en Cristo, fue por mandado de Valeriano Prefecto atado a colas de cavallos feroces, y arrastrado. Y aunque su cuerpo quedó despedaçado, y él muerto, su fe quedó entera, y el amor que tuvo a Cristo, sin lesión. Es del mismo Prudencio.
[7] Cipriano, obispo de Cartago, de quien ay obras insignes escritas, padeció siendo emperadores Valeriano y Galieno. Primero fue desterrado, y después, libre del destierro, condenado a muerte. Al tiempo que oyó la sentencia, dixo: Deo Gracias , «Sean dadas gracias a Dios». Estando ya en el punto para ser degollado, pidió a algunos conocidos suyos que estavan presentes unas cuantas monedas de oro, y diolas al verdugo, como gratificándole la buena obra que recebía dél. Cubrió con un lienço los ojos, estendió el cuello al cuchillo, y recibió la corona de mártir, tan esclarecido en constancia para padecer, como en erudición para enseñar. Es de San Augustín, en el Sermón 118, y refiérelo Prudencio.
[8] San Sebastián, en Roma fue mandado asaetear por orden de Diocleciano Emperador. Vino de noche Irene, muger cristiana, para dar a su cuerpo sepultura, y hallóle vivo. Llevóle a su casa y curóle, y desde a pocos días salió en público y reprehendió al emperador la crueldad que usava con los cristianos. Él se admiró de verle vivo, y como pudiera por esto moverse | a creer en Cristo, bolvióse más airado y empedernido. Mandó herir con palos y varas a San Sebastián, hasta que dio la alma. Era tan grande el desseo que tuvo el valeroso mártir de serlo por Cristo, que las saetas pudieron poco con él, y no descansó hasta verse muerto, que era lo que él desseava, siendo por tal ocasión. Es de Surio, tomo I.
[9] A Vincencio, mártir español, cuadróle el nombre, porque venció todos los tormentos confessando a Cristo. Estando levantado en el eculeo, diziéndole por burlar dél Daciano, que era el juez de la causa:

-¿Dónde estás aora, Vicente?

respondió:

-Estoy en alto, donde a ti, que te precias del mando alto que tienes en la Tierra, te tengo en poco.

Amenazóle el tirano con mayores tormentos, y dixo el santo:

-No me parecen las tuyas amenazas, sino que me ofreces lo que siempre he desseado.

Desgarráronle con peines y uñas de yerro, quemáronle los costados con hachas encendidas, abrasáronle su cuerpo todo con brasas, y estando despedaçado, dixo el valeroso mártir:

-En vano trabajas, o Daciano, pues no podrás buscar tan horrendos tormentos que no esté yo aparejado a padecerlos mayores. La cárcel, las uñas azeradas, los peines de yerro, las planchas encendidas y la misma muerte, todo es juego y cosa de burla para los cristianos, y no tormento.

Después desto, queriendo regalarle con fingidos modos de caricia y benevolencia, boló su alma al Cielo, y el que padeció tanto en el suelo, aora reina con Cristo en la Gloria. Dízelo Prudencio, en su Peristephano, y San Augustín, en el Sermón doze y treze, De Sanctis.
[10] Mario y su muger, Marta, Audifax y Abacum, hijos suyos, y de nación persas, en tiempo del emperador /(283v)/ Claudio padecieron martirio en Roma. Dezían públicamente que los Dioses de los gentiles eran demonios, y exortávalos Marta a que padeciessen tormentos animosamente por el nombre de Cristo. Apaleáronlos con duros bastones, pusiéronlos en el eculeo, açotáronlos, abrasáronles los costados con hachas encendidas, desgarráronles los pechos con uñas azeradas, cortáronles las manos, y colgadas de los cuellos, los truxeron por la ciudad, con pregonero que dezía ser assí castigados por menospreciadores de sus ídolos. Al cabo fueron degollados, y Marta, ahogada en agua, dexando exemplo de constante ánimo, porque cuando veía atormentar a sus hijos y marido, no la dava tanta pena el dolor de verlos padecer, como el temor de pensar si los tormentos les apartarían antes de la fe que de la vida. Y assí fue tan alegre a la muerte, cuanto estava segura de ver en salvo aquellas sus prendas caras. Refiérelo Surio, tomo primero.

[11] Ponciano Mártir padeció siendo emperador Antonio en la ciudad de Espoleto, porque, visto que no quería sacrificar a sus falsos dioses, fue açotado con varas. Hiziéronle passear por carbones encendidos, fue levantado en el eculeo, desgarráronle con uñas de yerro, hasta parecérsele las entrañas. Fue puesto en un teatro a ser despedaçado de leones, mas, al que los hombres perseguían, las fieras perdonaron. Después le echaron en una cárcel a ser muerto de hambre, mas allí le administró un ángel la comida, y salió vivo al dézimo día, el que tenían ya por muerto y olvidado. Mandóle el juez echar plomo derretido en la boca, y, como ni desta manera fuesse muerto, cor- táronle | la cabeça. Bien pudiera el Señor librarle déste, como le avía librado de los demás tormentos, y no lo hizo, porque, aviendo padecido tantas y tales penas, no quiso su Magestad diferirle el premio, y su paciencia y sufrimiento breve, remuneróle con premio eterno. Es de Surio, tomo primero.


[12] Aproniamo Romano, oyendo una boz del Cielo que habló con Sisinio Mártir, sacándole de la cárcel a martirizar, que dezía:

-Venid, benditos de mi Padre, a posseer el Reino que os está aparejado desde el principio del Mundo;

sin más determinación, se derribó a los pies del mártir, pidiendo que le baptizasse, que quería ser cristiano. Y, baptizado que fue, con ánimo maravilloso, llegó a Laodicio Pretor, reprehendiéndole por la crueldad que usava con los cristianos, diziendo de sí que lo era. Fue luego mandado degollar, con grande contento suyo por verse mártir en el mismo día que se vido cristiano. Dízelo Laurencio Surio, tomo primero.

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