De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[13] Policronio Obispo y Pármenas Presbítero padecieron martirio en Babilonia, ambos varones de ánimo invencible. Como fuessen mandados prender por Decio, y haziéndole diversas preguntas, y Policronio a nadie respondiesse, preguntó el emperador si era mudo, y respondió Pármenas:

-Nuestro obispo no es mudo, mas calla por no contaminarse con las palabras y coloquios de impíos y pecadores.

Enojóse de oír esto Decio, y mandó cortar la lengua a Pármenas y herir con piedras a Policronio. Fueron luego mandados degollar. El uno no pudo ser forçado a que hablasse, el otro habló sin temor de quien le podía /(284r)/ quitar la vida, y con esta constancia de ánimo demonstraron que el verdadero soldado de Cristo es más fuerte que todo poderío terreno, y que puede ser muerto y no atemorizado. Es de Marulo, libro quinto.
[14] Marco y Marcelino, mártires, hermanos y naturales de Roma, con grande contento ivan al martirio. Atormentávanlos, y en medio de los tormentos cantavan con David: «Oh, cuán bueno es y cuán jucundo habitar junto con los hermanos». Afrentóse Diocleciano viéndose menospreciar de los que atormentava, mandólos alancear, y assí acabó su tormento y començó su contento. Es de Surio, en la Vida de San Sebastián, tomo primero.
[15] Tranquilino Mártir, oyendo dezir que Xoe, muger de Nicostrato, avía padecido martirio, en presencia de algunos cristianos, exclamó y dixo:

-¡Oh, cosa afrentosa de oír, que las mugeres precedan en el martirio a los varones!



Fuese delante del juez, y públicamente confessó que era cristiano, donde fue luego cubierto de piedras. ¡Oh, loable emulación! Dolióse Tranquilino, no de que fuessen las mugeres fuertes, sino por ver a los varones cobardes, y assí dio tan ilustre exemplo de fortaleza.
[16] San Cristóval, grande de cuerpo y mayor en fe, tuvo sobre sus espaldas a Cristo, y fixo en su coraçón, sin dexarle jamás. Llegó en un pueblo de Licia, llamado Amonites, una capitanía de soldados a prenderle, y viéndole se acobardaron. Mas él, de su gana se ofreció a que le prendiessen y atassen. Aunque pudo tanto, favorecido de Dios, con los que le llevavan preso, que los libró de las cadenas de Satanás y los hizo cristianos, y por Cris- to | padecieron martirio. Él fue açotado con varas de yerro, abrasada su cabeça con planchas de yerro hechas fuego. Assentáronle en un escaño de metal, poniéndole fuego debaxo. Fue atado a un palo y asaeteado. Y como siempre se mostrasse constante, fue degollado. El tirano que le mandó matar avía perdido un ojo, porque de las saetas que tiravan al santo, una bolvió a él y se le quebró, mas, untado con la sangre del mismo mártir, se le restituyó y le fue ocasión a que de veras viesse la ceguedad en que estava, y se hiziesse cristiano. Dízelo Marulo, libro quinto.
[17] Pantaleón padeció martirio en Nicomedia. Mostróse el emperador Maximiano cruel tirano contra él. Fue atormentado con hachas encendidas, sartenes hechas fuego, plomo derretido, fue echado en el mar, y a bestias fieras en la tierra. Hizieron una máquina y rueda de cuchillos bien pesada, para que, atado a ella, bolcándole por una sierra, fuesse crudamente despedaçado. Mas la rueda, por sí misma, dexando al mártir sin lesión, fue volteando, y llevó tras sí muchos de los idólatras, que murieron miserablemente. El mismo emperador, viendo esto, temiendo más que era temido, no le sucediesse algún grave mal por parte del mártir, mandóle degollar. Y ni assí acabara con él, si no llegara el punto en que avía de ser remunerado. En tal sazón se le concedió al mártir que muriesse, cuando por premio de su paciencia y sufrimiento devía ser trasladado a la inmortalidad. Es de Surio, y refiérelo Marulo, libro quinto.
[18] Estéfano, Papa y mártir, fue llevado a un templo de ídolos para que sacrificasse, y él hizo oración a Dios, cuyo efecto fue que el templo se hun- dió /(284v)/ y los ministros dél huyeron, quedando libre el santo Pontífice. Fuese a donde estavan escondidos algunos cristianos, y púsose a dezir Missa, donde, por mandado de Valeriano, fue una capitanía de soldados que le degollaron en el altar. Es de Marulo, libro quinto.
[19] Máximo Mártir, siendo emperador Decio y procónsul en Assia Opinio, por su mandado fue preso y herido con bastones ñudosos, puesto en el eculeo, desgarrado con uñas de alacranes. Él dezía con boz regozijada que estos tormentos no le dolían, sino que le alegravan. Fue llevado al campo y cubierto de piedras, y el contento que tenía se le mejoró en gozar de la Bienaventurança. Dízelo Surio.
[20] Siendo emperador Decio, fue preso en la ciudad de Troade, por mandado de Opimio Procónsul, Nicómaco. Y como fuesse atormentado gravemente, con impaciencia dixo que sacrificaría a los ídolos. Quitáronle del tormento y hizo el sacrificio, y en el mismo punto se apoderó dél el diablo y con rabiosos dolores, él proprio con sus dientes se cortó la lengua, y espiró. El miserable Nicómaco no mudó los tormentos, sino la causa de padecerlos y el atormentador, ni huyó la muerte, sino que dexó una felicíssima muerte, y trocóla por otra infelicíssima. No quiso ser contado entre los bienaventurados, sino entre los réprobos y condenados. Recusó padecer por la fe breves tormentos, y por la perfidia los padecerá eternos. Perdió la eterna felicidad y gloria, y fue llevado a donde el fuego que nunca se acaba, abrasa, el gusano inmortal roe, las tinieblas densas escurecen, el hedor sulfúreo se exala, el espíritu de las tempestades se embravece, y donde habita el horror sem- piterno. | Todo esto padecerá el que, aviéndole Dios ofrecido con su larga mano la corona del martirio, vencido de un temor pereçoso y vano, la menospreció y tuvo en poco. Dízelo Marulo, libro quinto.
[21] En el mismo tiempo de Decio fue preso en la ciudad de Camerino Venancio Mártir, y mandado açotar. Echáronle a los leones, colgáronle de los pies, y debaxo de su cabeça pusieron fuego, que echava de sí un humo penoso. Quitado de allí, le pusieron en la catasta, estirándole de los pies y manos, y teniendo fuego debaxo, que se le entrava por su cuerpo despedaçado hasta las entrañas. Al cabo, fue degollado. Y, con padecer tales y tantos tormentos, nunca negó ser cristiano, ni dexó de confessar que los ídolos eran demonios. Mostróse más fuerte que todo tormento, y más osado que todos los atormentadores. Menospreció a César, abraçando a Cristo. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[22] San Estacio, con su muger y dos hijos, fue puesto dentro de un buey de metal por mandado del emperador Adriano, y pegáronle fuego, estando ardiendo tres días, y al cabo dellos, creyendo hallarlos convertidos en ceniza, viéronlos que estavan muertos, aunque sin faltarles cabello de la cabeça, ni sentirse en sus cuerpos olor de fuego. Quiso Dios que sus cuerpos quedassen enteros, porque su fe en creer y su constancia en padecer estuvieron enteras. Es de Marulo, libro quinto.
[23] Marcelino fue mandado herir, por orden de Diocleciano, con las manos de los verdugos en su garganta, y descalço y desnudo andar y revolcarse sobre pedaços de vidrio. Estuvo en la cárcel sin darle comida o bevida, y no /(285r)/ pudiendo traer a que adorasse ídolos, mandóle degollar. Confessóse ser vencido, y si vencía le dexara vivo. Dízelo Marulo, libro quinto.
[24] Cuarenta soldados padecieron martirio en Sebaste, siendo Licinio emperador, y Lisia y Agricolao, prefectos. Los cuales, como predicassen libremente a Cristo, fueron puestos en un estanque de agua elada, desde el comienço de la noche hasta la mañana, teniendo fuera della solas las cabeças. Estavan cerca unos baños, a donde les era lícito passar al que se le hiziesse de mal el padecer por Cristo tal frío. Uno dellos, impaciente del yelo, salió del estanque para irse al baño, y en entrando en él, espiró, y los demás permanecieron en el estanque y yelo, cantando loores a Dios. A la tercera vigilia de la noche baxó una luz sobre ellos, y treinta y nueve coronas en ella. Lo cual visto del prefecto o principal de las guardas que les tenían a cargo, despertólos a todos, y confessándose por cristiano, quitóse los vestidos, y dándose por sentenciado, entró en el estanque con los santos mártires, y teníales compañía en el padecer y en el cantar loores a Dios, esperando ganar la corona que perdió el que salió de allí y se fue al baño, perdiendo con la corona la vida. Venida la mañana, fueron sacados del estanque, y perseverando en su propósito, quebrantaron las piernas y dieron a Dios sus almas, gozando la victoria de tan glorioso martirio. Díxelo San Basilio, en la Homilía de los cuarenta mártires.
[25] Padeció martirio en Roma el Papa Alexandre, y quedando presos otros muchos cristianos, Quirino Tribuno, que se avía convertido a la fe, dávales lugar a que se fuessen de la | prisión y cárcel, y no quisieron. Mandóles sacar después della Aureliano, y atándoles a los cuellos gruessas piedras, echáronlos en el mar. Pudiéramosle dezir: «¿Por qué te embraveces, o por qué te enloqueces, o Aureliano? ¿Añades ataduras a los que no quisieron huir, pudiéndolo hazer libremente? ¿Amenázasles con la muerte a los que dessean morir? No ay por qué te gloríes con la muerte de los justos, pues mataste a los que desseavan ser muertos por gozar de Cristo. Ninguna cosa más felice les pudo suceder, que tenerte a ti por enemigo. Tomo ira y embravécete, que más daño harás perdonando, que quitando la vida». Es de Surio, tomo tercero, y refiérelo Marulo, libro quinto.

[26] Tiburcio y Valeriano, como los tuviesse presos en la cárcel Urbano Pretor, preguntóles con qué ocasión, a los que por sentencia de los emperadores eran condenados a muerte, ellos avían honrado dándoles sepultura, y respondieron:

-A los que juzgan dignos de muerte los príncipes, porque confiessan a Cristo, nosotros desseamos ser sus siervos.

Fueron mandados degollar, alcançando corona de mártires, convirtiendo en su triumfo y gloria la crueldad de los tiranos. Es del Metafraste.


[27] Eleuterio Papa, por mandado de Adriano Emperador padeció el tormento de ser puesto en una cama o cratícula con fuego debaxo. Sartenes encendidas, hornos ardiendo, todo lo experimentó sin sentir daño. Atáronle a colas de cavallos feroces para ser arrastrado y llevado de tropel. Quebráronse las ataduras y quedó libre. Fue puesto entre leones en el teatro, y como no le hiziessen daño, cortáronle la cabeça. Es del Pontifical , capítulo 14. /(285v)/
[28] Víctor Mártir, estando en Marsella, por mandado de Maximiano, atándole del pie una soga, fue arrastrado. Aunque antes que se le acabasse la vida, fue puesto en la cárcel. Baxó allí un grande resplandor, con el cual refocilado el mártir, y visto por el carcelero, fue convertido con otros ministros de justicia. A los cuales, viéndolos el emperador constantes en la fe, los mandó degollar. Víctor fue puesto en el eculeo y atormentado de palos y açotes, de nierbos de animales, y fue buelto a la cárcel, donde, viendo que le ponían delante de sí un ídolo de Júpiter, y que le mandavan que le adorasse, derribóle con el pie, y quedó tendido en tierra, pudiendo burlar dél los que le adoravan. Maximiano, teniéndose por más que su Dios, quiso vengarle la injuria recebida, del que no pudo defenserse a no caer. Mandó cortar el pie a San Víctor y ponerle debaxo de una rueda de molino, y estando para espirar, le hizo cortar la cabeça. Víctor quedó victorioso y con corona de mártir muy honrado, y la afrenta de Júpiter no se vengó, ni tuvo el emperador tanta fuerça, que, atormentando un hombre, le quitasse la fe, y porque no pudo vencerle, le mató. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[29] Adriano Mártir padeció en Nicomedia, el cual, como fuesse prefecto de cierta capitanía de soldados, viendo la constancia en padecer de los mártires, creyó en Cristo y confessóse por cristiano, pidiendo que fuesse puesto su nombre entre otros de los cristianos que condenavan, y assí le llevaron a la cárcel por mandado de Maximiano, para ser atormentado con los demás. Sabido por Natalia, su muger, la cual era cristiana, muy alegre fue a la prisión a verle, alabó su inten- to, | animóle a padecer por Cristo, certificóle del premio eterno que conseguiría de su martirio. Y desseando Adriano que su muger se hallasse a él presente, y viesse su fortaleza, dando fiador de la buelta, fue con licencia del carcelero a llamarla. Viéndole ella llegar a su casa, creyendo que era causa de su libertad el aver negado a Cristo, cerró la puerta y no le dexava entrar, llamándole cobarde, «para poco», y lamentávase, diziendo que pensó ser muger de mártir y hallávase serlo de un renegado. Mas, certificada de la verdad, abrióle la puerta, abraçóle dulcemente, y junto con él bolvió a la cárcel. Donde, siendo él herido fuertemente con varas, y quebrantándole las piernas, dexándole casi sin vida rebolcar en su sangre, ella le halagava y blandamente le animava a que fuesse constante. Finalmente, como él, aviéndole cortado una mano, espirasse, ella escondió la mano en su seno, dando gracias a Dios, y después era todo su deleite mirarla, no porque fue de su marido, sino porque la dio un mártir por Cristo. Admirable fue la virtud de ambos, y mucho de encarecer la de Natalia. El varón, de su gana se ofreció a la muerte, por vivir con Cristo; la muger determinó trocar el estado de casada con el de viuda por ver mártir al marido, desseando ser con él atormentada y muerta. Refiérelo Marulo, libro quinto.

[30] Doroteo y Gorgonio padecieron martirio en Nicomedia. Los cuales, como entre los soldados romanos se señalassen en virtud y nobleza, procuró Diocleciano apartarlos de la fe, primero con halagos y caricias, y visto que no aprovechava, atormentólos con el eculeo, con heridas con uñas azeradas, y añadió dolor a las heridas, /(286r)/ echándoles en ellas sal y vinagre. Púsolos sobre una rexa de yerro, y fuego debaxo, y al cabo, con dos lazos les quitó las vidas. No dexó tormento con que no los provó, procurando de quitarlos a Cristo y hazerlos de su vando. Mas ellos recibieron estipendio de mejor milicia, y no fue oro ni plata, sino el Reino de los Cielos. Es de Eusebio, en la Historia Eclesiástica, libro octavo, capítulo sexto.


[31] Nicetas, natural de Nicomedia, padeció innumerables tormentos por Maximino, rey de aquella ciudad y tío suyo, ayudando a ellos su proprio padre, porque, como hallasse en su casa algunos ídolos de plata, hízolos pedaços y repartiólos a pobres y necessitados. Sabido por el padre y tío, mandáronle desnudar y açotar cruelmente. Apareciósele un ángel estando padeciendo este tormento, y díxole que mirasse al Cielo. Levantó los ojos y vido cierta mano que le ofrecía una corona de increíble valor y riqueza. Por esta visión fue mayor su desseo de padecer. Mandáronle poner desnudo y atado sobre una blanda y regalada cama, donde vino una ramera haziéndole grandes amores y caricias. Mas, visto por él que peligrava su honestidad, y que no tenía otro modo como defenderse, cortóse su lengua con los dientes, y, sangrienta, le dio con ella en el rostro, por lo cual, llena de espanto y temor se fue de allí. Mandaron ponerle en una carreta barreada de clavos agudos, las puntas afuera, y él, desnudo, ligadas las manos, y lleváronla con ímpetu y furia, para que él en ella se enclavasse y traspassasse su cuerpo todo. Mas, a su oración, las puntas azeradas se tornaron blandas como cera. Visto que no le dañava este tormento, buscaron otro, y hizieron un | anzuelo de yerro, y pusiéronsele dentro de la boca, y con una cuerda le levantaron en alto, y estando colgado, le atravessaron desde el un oído hasta el otro con agujas de yerro hechas fuego. Y fue cosa maravillosa, que con tales heridas estava vivo. Atáronle de los pies, y la cabeça en baxo. Pusiéronle fuego humoso, y luego le derribaron sobre una grande hoguera, aunque también salió della libre. Cortáronle los pies y las manos, y su cuerpo, tronco y mutilado, le revolcaron sobre planchas de hierro hechas fuego, y desta manera le despeñaron en un carcabón y hoya profunda. Mas sacóle de allí un ángel, reintegrados todos sus miembros. No cessaron los tormentos, hiziéronle bever veneno, aunque sin daño de su vida, porque la dio él y resuscitó por medio de su oración a algunos muertos. Y por este milagro se convirtieron muchos idólatras. Y levantándose motín contra el rey y los de su parte, aunque pretendió librarse huyendo, no le valió, sino que fue preso y muerto. Nicetas baptizó a muchos, edificó ciudades y acabó en paz. Graves tormentos padeció este valeroso mártir, y mayores los padece aora en el Infierno el tirano que se los dio a padecer. Los del mártir tuvieron fin, y los del tirano nunca le ternán. Dichoso Nicetas, y dichosos los que le imitaren. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[32] Quiriaco, obispo de Jerusalem, el cual primero se llamó Judas, y mostró dónde estava el madero de la Santa Cruz a la reina Elena, porque no cessava de predicar a Cristo, le mandó prender Juliano Apóstata, y cortarle la mano diestra. Derramáronle plomo derretido en la boca, abrasáronle sobre una cama de yerro, aço- táronle /(286v)/ con varas cruelmente. Tenía madre Quiriaco, y llamávase Ana, a la cual, también porque era cristiana, mandó Juliano colgar de los cabellos y desgarrar con uñas de azero, y abrasar con hachas encendidas. Muerta la madre, tornó con nuevos tormentos contra el hijo. Hízole echar en una cueva, donde estavan diversas serpientes ponçoñosas, mas él quedó vivo y las serpientes muertas. Y, visto por Amonio, encantador, que las avía allí juntado, y conocido el milagro, convirtióse a Cristo. Quiriaco fue puesto en una caldera de óleo encendido, y como no muriesse, fue degollado. ¡Oh, invicta fe de varón, que ninguna fuerça fue parte para que negasse a Cristo! Refiérelo Marulo.
[33] Bonifacio, llegando en la ciudad de Tarsis al lugar donde martirizavan a los cristianos, osadamente les exortava a padecer, donde, por mandado de Sulpico Presidente, fue puesto en el eculeo y desgarrado con uñas de yerro, de suerte que se le parecían los huessos, que blanqueavan entre la sangre. Pusiéronle cañas delgadas por entre las uñas de los dedos y la carne, y derramáronle plomo derretido en la boca, y pez hecha fuego sobre la cabeça, y al cabo fue degollado. Donde, al tiempo que le hirieron, tembló la tierra y se convirtieron algunos idólatras, no temiendo tan atroces tormentos por seguir a Cristo. Es de Surio, tomo tercero.
[34] A Arcadio Mártir, como dize Zenón Veronense, le cortaron las manos y pies, y desmembraron su cuerpo, y el tronco quedó rebuelto en su sangre. Mas, tan entero dio el espíritu a Dios, cuanto sufrió pacientemente la mutilación de su cuerpo. Es de Surio, tomo primero. |
[35] Jacobo Mártir padeció en Persia, y por el género del martirio, unos le llaman el Interciso, y otros, el Denodado. Éste, confessando a Cristo, fue despedaçado poco a poco. Primero le cortaron uno a uno los dedos, luego las palmas de las manos, y después, los braços. De la misma forma fue de los pies y piernas, y del cuerpo le sacaron tiras hasta dexarle hecho tronco, y assí dava loores a Dios. Ultimamente, le cortaron la cerviz. Esto es padecer por Cristo, y desta manera se camina con seguridad al Cielo, se gana la compañía de los ángeles y vista buena de Dios. Es de Marulo, libro quinto.
[36] Martino, siendo moço de poca edad, padeció martirio en Roma por mandado de Marciano Prefecto. Fue primero açotado con fuertes correas. Atormentáronle en el eculeo estirándole sus miembros, despedaçáronle con uñas azeradas, atáronle a una máquina o rueda para que le llevasse tras sí y le desmembrasse, mas fue hecha pedaços divinalmente y él quedó sano de sus heridas. Parecióle al tirano que era afrenta ser vencido de un niño. Mandó abrir el tronco de un grande árbol y ponerle dentro, mas detuviéronse las dos partes, sin juntarse, como si les pusieran cuñas, y quedó Martino sin lesión. Fue puesto en una rexa de yerro, y debaxo fuego para que se abrasasse, y ayudáronle por la parte superior, derramando sobre él plomo derretido. Aunque no le hizieron daño, porque vino de repente del río Tiber un braço de agua que apagó el fuego. Echáronle en una grande sartén para freírle, y por un rocío que baxó del Cielo, no sintió calor. Passáronle a un caldero lleno de pez ardiendo, y también quedó libre. Fue echa- do /(287r)/ entre bestias fieras y no le dañaron. Encendieron un horno y estuvo dentro dél todo un día, y esperando que sólo hallarían sus cenizas, fue visto sin daño. Cortáronle la cabeça, con que tuvieron fin sus tormentos y principio su Bienaventurança. El cruel Marciano fue castigado de Dios por averse mostrado tan cruel con su fiel siervo Martino, despedaçándole su cuerpo gusanos, con que murió infelizmente, començando más infeliz vida, estando señalado para los tormentos eternos. Puédese sacar de aquí documento de pensar cuán suave es el Señor, por cuyo amor tan horrendos tormentos, ni los niños los temieron. Es de Marulo, libro quinto.
[37] Vito, niño de siete años, no pudo ser forçado de su inicuo padre para que se apartasse de Cristo, ni con amenazas ni con açotes. Y porque no siguió a su padre en lo malo, ennoblecióle Dios con milagros, sanando a un hijo del emperador Diocleciano, que estava endemoniado, y por paga desta obra, el impío emperador procuró cuanto le fue possible que adorasse ídolos. Y no lo alcançó, antes quedó dél vencido. Túvole preso, púsole en una olla de pez, resina y plomo derretido, echóle a bestias fieras, y estendido en el eculeo, fue açotado cruelmente, aunque no pudo ser muerto. Estándole açotando, dio Vito una grande boz, diziendo: «Señor, líbrame». Y a esta boz, el Cielo atronó, la Tierra tembló, cayeron los ídolos, y espantado Diocleciano, huyó, y un ángel llevó de allí a Vito, adonde, como orasse al Señor, pidiéndole que le llevasse para Sí, dio el espíritu. Gloríese el perverso Diocleciano porque mandava en la mayor parte del mundo, y por aver vencido gentes fortíssimas y sujetádolas | a su corona, que a solo un niño, que adorava a Cristo, no pudo sujetar; y que temió más él atormentando, que padeciendo, el santo inocente. Es de Marulo, libro quinto.
[38] Flocelo, moço de diez años, siendo emperador Antonino en la ciudad de Austudino, fue preso por la confessión de la fe, y llevado en presencia de Valeriano Presidente, y como no quisiesse adorar ídolos, fue colgado en el eculeo y açotado. Pusiéronle dentro de una cueva con un león, echáronle en una grande hoguera, claváronle su cuerpo, y de todo salió con victoria. Al cabo, le condenaron a bestias fieras, donde murió hollado dellas, privándole el aliento y resuello, sin que en parte alguna de su cuerpo tuviesse herida. ¿De dónde le vino, siendo de tan poca edad, tanta robustidad de ánimo, tanta fuerça y resistencia, sino de la caridad de Cristo, que es más fuerte que todos los tormentos? Es de Marco Marulo, libro quinto.
[39] Mamés, niño de siete años, en la ciudad de Cesárea, y Agapito, de quinze, en Preneste, osadamente se declararon por cristianos, sin que fuerça de tormentos pudiesse hazerles mudar intento. Privólos la crueldad de los tiranos de la vida, y no de la fe. Si alguno se viere en semejante trance y dificultad de padecer, acuérdese destos exemplos, y afréntese de ser más flaco que los niños, y piense que es grande cobardía y falta, a lo menos, el no igualarles. Dízelo Marulo, libro quinto.
[40] Dionisio Romano fue preso y martirizado por orden del emperador Diocleciano. Apaleáronle, descoyuntáronle en el eculeo, açotáronle con varas, abrasáronle con hachas en- cendidas, /(287v)/ pegándoselas a sus costados. Y en lugar de quexarse y mostrar sentimiento, levantava la boz, y dezía:

-Cristiano soy, y si mil vidas perdiesse, no cessaría de confessar a Jesucristo.

De modo que el emperador no pudo hazerle adorar ídolos, ni que dexasse de confessar a Cristo, hasta que le mandó cortar la cabeça. Y assí, el que tan osadamente y con tanta perseverancia se avía allegado a Cristo en la Tierra, felizmente mereció ser juntado con Él en el Cielo. Dízelo Marco Marulo, libro quinto.
[41] Eustracio, en los Avararicenos, fue preso por Lisia Presidente, y levantado de tierra en el eculeo, teniendo humo debaxo y fuego. Quitado de allí, fue herido, y su cuerpo hecho una llaga. Fregáronsele con vinagre y sal. Rompiéronle los pies con clavos, y lleváronle desde la ciudad Satalia, donde él estava, hasta la de Avaris. Y de aquí, con otros muchos cristianos, fue llevado a Sebaste, donde por mandado de Agricolao Prefecto, por fuego alcançó la corona de mártir. Los demás fueron degollados, sino uno llamado Orestes, que, puesto en un lecho de yerro y brasas debaxo, tanto fue el tormento, que dio la alma. Si fueron grandes estos tormentos, mayor es el premio de la paciencia. Refiérelo Marulo, libro quinto.

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