De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[49] Eusebio, en el libro octavo de su Historia Eclesiástica, capítulo onze, escrive que en la Tebaida, que es en Egipto, en la persecución de los emperadores Diocleciano y Maximiano, sentenciaron a muerte de una vez grande número de cristianos, de todas edades. Eran más que los verdugos, y todos, de su voluntad, sin otras prisiones que las del desseo de padecer por Cristo, fueron al lugar del martirio. Començóse la matança, y començaron a cantar loores del Señor por quien morían. Unos y otros porfiavan sobre quién sería pri- mero | muerto. Cansávanse los verdugos de matarlos, embotávanse las espadas e ívase el día, y no se hallava quién de allí se fuesse, pudiéndolo hazer libremente, ni quién mostrasse temor, sino de ser privados de la corona de mártires, por venir la noche y no aver verdugos que los acabassen de matar. Dize más el mismo Eusebio en el capítulo doze, que, en Antioquía, estando atormentando a dos mancebos nobles, pidieron ellos que los llevassen a un templo de ídolos, y estando al pie del altar un brasero donde se avía de poner el encienso, los dos valientes Mucios Escébolas de Cristo pusieron con grandíssimo ánimo sus manos en la brasa, y dixeron:

-Si de aquí las levantáremos, juzgad que avemos sacrificado a vuestro ídolo.



Y dexáronselas quemar sin muestra de dolor. Dize más Eusebio, hablando desta persecución décima de Diocleciano y Maximiano, que los tormentos con que atormentavan a los mártires eran espantosos, inventados con industria maliciosa de todo el Infierno, porque, sin las muertes ordinarias de garrotes, horcas, cruzes, cuchillos y fuego, tenían otros modos de morir, no de presto, sino de espacio, para que la muerte más se sintiesse. Arañávanles las carnes con caxcos de vasos de barro quebrados, con que les rompían los cueros y descubrían las entrañas, dexándolos hechos lagos de sangre. A mugeres honestíssimas, y que de sus rostros no se hallava quién diesse señas por estar continuamente encerradas en sus casas, colgavan en las plaças desnudas en horcas de un pie, y teníanlas cabeça abaxo el día entero. A otras llevavan al campo, y buscavan dos árboles que estuviessen algo cerca, y reclinavan lo alto dellos, juntando el uno con el otro. Atávanlas por los pies de ambos, y dexávanlos con furia bolver a su natural, llevando cada uno tras sí el medio cuerpo, muriendo con dolores terribles y no menor afrenta. Y esto, dize Eusebio, no era un día /(292r)/ y en una muger, sino en muchas y cada día, por todo el año. También dize que açotavan a los mártires con correas, con varas y con bastones ñudosos. Atormentávanlos en la troclea, que es la garrucha, levantándolos en alto y desgarrándoles el cuerpo con uñas de hierro, con peines de azero y con alacranes, que eran unos instrumentos de metal semejantes a las uñas de aquella venenosa bestia, con que les abrían hasta las entrañas, no dexando en sus cuerpos cosa sana; ni el rostro quedava sin afear. Cuando los tenían desta forma, atávanlos a una columna, las manos atrás, y dexávanlos en público para que fuessen vistos de todos y escarnecidos de muchos. Y, si mostrándose con ellos piadosos, los quitavan de este lugar, llevávanlos a la cárcel, y desnudos los ponían de pies en cepos, y sus cuerpos recostados sobre texas menudas despedaçadas. Otro instrumento de tormentos, muy usado de aquel tiempo, nombra Eusevio en este lugar, y dize que en él ponían a muchos mártires. Llámale ecúleo, y por la vecindad que tiene en lengua latina con equus, que es el cavallo, algunos dizen que era éste el tormento que en español comúnmente se llama «Potro». Lo que se colige de diversos martirios de santos es que ponían dos vigas levantadas en alto, y a éstas atavan al santo de los braços, y, estando bien alto del suelo, hazía forma de cruz. Poníanle a los pies pesas con que le descoyuntavan los miembros. Ayudávanle a padezer juntándole hachas encendidas a los costados; otras vezes, planchas de hierro o sartenes hechas fuego, con que le fregavan costados, pecho y vientre. El tormento era tal, que muchos morían en él. La catasta era una máquina de madera en que tendían al mártir, y atándole a los braços y pies cordeles, estiravan dellos por contrarias partes con tornos, de modo que les sacavan los huessos de sus lugares, y era tormento excesivo. Otras vezes der- retían | plomo y derramávanselo en la boca. Adelante dize este autor que a muchos les cortavan las narizes, orejas, manos, o los dedos. A otros les sacavan el un ojo, y deste modo los dexavan ir, hechos espectáculo de risa y escarnio. Llamávanlos a éstos confessores, porque avían confessado a Cristo, Nuestro Redemptor, en presencia de los tiranos, y no mártires, por no aver muerto en el martirio. Y destos se vieron muchos en el Concilio Nizeno, adonde el muy piadoso y católico emperador Constantino, viéndolos, llegava a ellos y les besava el braço donde faltava la mano, y el rostro donde faltava el ojo. Añade Eusebio que a otros les ponían cañas agudíssimas entre las uñas y la carne, y a otros, hierros ardiendo por sus cuerpos. A otros echavan a bestias fieras en públicos teatros. A otros, con pesas a los cuellos, lançavan en el mar. Despeñavan a muchos y atavan a algunos manos y pies, teniéndolos desnudos, y, tendidos en el suelo, salariavan malas mugeres para que los solicitassen y forçassen, donde, perdiendo la castidad de que tanto se preciavan, acabassen con ellos que sacrificassen; y huvo algunos que, cortándose las lenguas con los dientes, las tiravan a aquellas rameras, con que las confundían y echavan de sí. Con semejantes tormentos, y otros, tan severos y atrozes, atormentavan y quitavan las vidas a los mártires los tiranos. A ellos les hazían ganar más Cielo, y los tristes y miserables atormentadores ganavan más Infierno y acabavan de ordinario mal, como acabó Diocleciano, que fue quien más en esto se mostró cruel y sin piedad, que, aviendo de su voluntad y gana (a lo que dio muestra) dexado el Imperio, y persuadido a su coadjutor Maximiano que le dexasse, viviendo privadamente, murió, como dizen Eusebio y Nizéforo, padeciendo terribles dolores, siendo principio de los que su desventurada alma iva a padecer en el Infierno. De Maxi- miano /(292v)/ dize también Nizéforo que murió ahorcado.
[50] Queriendo mostrar los pérfidos judíos el aborrecimiento y ojeriza que tienen con los cristianos y con Jesucristo, verdadero Dios y Señor Nuestro, diversas vezes refrescan su passión y muerte en niños, hijos de católicos, como se vido en que, haziéndose de concierto algunos conversos dellos, naturales de La Guardia, Tembleque y el Quintanar, pueblos cercanos a Toledo, llevaron de la misma ciudad de Toledo un niño, de edad de tres o cuatro años, llamado Juanico, y fueron con él a una cueva que está cerca de La Guardia, camino de Ocaña, y allí hizieron una cruz de la escalera de un carro que truxeron de un molino, y, desnudando al niño, pusiéronle una soga al cuello, y, tendiéndole en la cruz, el rostro en alto, con otra soga de esparto le ataron piernas y braços, y luego le enclavaron pies y manos en ella. Y un converso, vezino de La Guardia, sangró al niño, rompiéndole con un cuchillo las venas de los braços, y recogió la sangre en un caldero. Luego, con una soga en que estavan dados algunos ñudos, le açotaron. Pusiéronle assí mismo una corona de hiervas espinosas en la cabeça, repeláronle los cavellos y hiziéronle muchos malos tratamientos, escupiéndole y abofeteándole, y diziéndole palabras de oprobios y denuestos; todo lo cual pretendían hazer en la persona de Jesucristo. Avían dado nombre de Pilatos a uno de los que estavan presentes, y dezíanle los otros a bozes que le crucificasse, y añadían grandes afrentas y blasfemias contra Jesucristo. Después desto, uno dellos abrió con un cuchillo el costado izquierdo del santo niño inocente por debaxo de la tetilla, y le sacó el coraçón, y con esto acabó de espirar, lo cual todo fue hecho en vituperio de la Passión de Jesucristo. Tomaron luego que fue muerto el santo niño inocente su cuerpo, y enterráronle cerca de una viña. Algunos días se encubrió esta maldad, mas al fin se entendió, y vino a noticia de los in- quisidores | que a la sazón residían en la ciudad de Avila. Fueron presos los delincuentes y, comprovado el delicto, salieron el año de mil y cuatrozientos y noventa y uno en acto público de Inquisición los que dellos estavan vivos, y de otros que avían muerto, sus estatuas. Y leídas sus sentencias, fueron entregados a la justicia seglar y quemados. Lo dicho se coligió de una relación que se puso el año de mil y quinientos y sesenta y nueve en la ermita y cueva del Santo Inocente, por orden del licenciado don Sancho Busto de Villegas, Oidor que fue del Supremo Consejo de la Inquisición, y después obispo de Avila, siendo governador en el arçobispado de Toledo.
[51] Vicencio Balvacense, en su Espejo Historial , libro veinte y nueve, capítulo veinte y cinco, dize que ciertos judíos que vivían en París, todos los años matavan un cristiano el Jueves de la Semana Santa, o el día siguiente, Viernes de la Cruz, en oprobio de la religión cristiana. Destos martirizados fue uno San Ricardo, cuyo cuerpo dize que está en la iglesia de San Inocencio en París, y ha hecho Dios por él muchos milagros.
[52] En la ciudad de Trento, que está puesta entre Italia y Germania, y passa el río Lavisio por ella, en el año de mil y cuatrozientos y setenta y cinco, un martes de la Semana Santa, juntáronse algunos judíos que vivían en aquella ciudad en casa de uno dellos, llamado Samuel, y concertaron de hazer lo que otras vezes avían hecho, de matar un niño cristiano, tomando a su cargo uno dellos el buscarle. Y assí lo hizo, que, passando por una calle llamada de las Fossas, vido un niño assentado sobre un madero a la puerta de su casa, cuyo nombre era Simón, de veinte y nueve meses, y muy hermoso. Asió dél y llevósele, halagándole con una moneda de plata que le dio, y assí llegó con él a casa de Samuel, y allí se entretuvo con ubas, passas y mançanas. La madre del niño, echándole menos, y no hallándole en las casas de la vezindad, andava por la ciudad dando bozes /(293r)/ y arañándose el rostro, buscándole. Algunos le dezían que le buscasse entre los judíos, que ellos le avían hurtado para crucificarle aquella semana. Y, a la noche, un judío viejo llamado Moisés, y que se preciava de profeta, asió del niño, y, cercado de todos los otros, se fue a un aposento que estava antes de otros, que llamavan Sinagoga. Assentóse en un escaño, y tomó el niño sobre sus rodillas, y levantándole los pañales, con un cuchillo le circuncidó. Y para que no diesse bozes, le apretó el cuello con un paño de narizes, y hirióle luego en la mexilla derecha, cortándole un pedaço de carne, y recogían la sangre en un vaso. Luego, con unas tenaças, uno a uno llegavan y desgarravan un poco de la viva carne del niño, donde tenía la herida, hasta que se le hizo una abertura del tamaño de un huevo, Y si dándole lugar el lazo que tenía al cuello, despedía algún gemido, apretávanle con las manos la boca, de modo que le dexavan casi ahogado. Luego, el crudelíssimo Moisés tomó la pierna derecha del niño, y, puesta sobre la suya, le dio otra cuchillada por la parte de detrás, y con las tenaças le ivan también arrancando pedaços della. Hecho esto, el inicuo viejo Moisés tomó de un braço al santo inocente, y Samuel de otro, y estirando cada uno por su parte, le tenían como crucificado, y dixeron a los que allí estavan que con agudas y penetrantes agujas le hiriessen por todo el cuerpo. Y assí lo hizieron, que desde la cabeça hasta los pies le dieron inumerables heridas, y dándoselas, dezían:

-Como fue muerto Jesús, Dios de los cristianos, matemos éste, y con él sean confundidos nuestros enemigos.



Avía durado este terrible tormento más de una hora, y los pérfidos judíos estavan cansados de herir al santo niño. El cual, a esta sazón, levantó los ojos al cielo, pareciendo que pedía fabor, y luego reclinó la cabeça y espiró. Moisés, y todos los que allí estavan, levantaron las manos en alto, dando gracias porque avían hecho semejante sacrificio, tomando vengança de los cristianos. El santo cuerpo del niño, tornando a poner- le | sus vestidos, le echaron en el río que se dixo que passa por la ciudad, y, hallado, por la sospecha que dellos tenían y heridas que vieron en él, junto con que fueron judíos los que llevaron la nueva al obispo, diziendo que avían hallado aquel niño muerto en el río, pensando por aquí mejor dissimular el negocio, fueron presos algunos dellos y atormentados, y en el tormento confessaron la verdad, y assí, los delincuentes perdieron las vidas, y también las almas, muriendo en su obstinación y pertinacia. El santo niño inocente Simón resplandeció por milagros, y el Martirologio Romano le celebra por santo, en veinte y cuatro días de março. Refiere lo dicho Surio, en el segundo tomo.
[53] Fray Alonso de Espina, en su tercero libro, llamado Fortalitium Fidei, dize que por los años de mil y cuatrozientos y cincuenta y seis, en la ciudad de Ancona, que es en Italia, mató un judío a un niño, con intento de hazer mal a los cristianos con el coraçón dél, y que fue descubierto por un perro grande o lebrel, que vido la cabeça del niño y la sacó en la boca a la plaça, donde se la quitaron, y por el rastro de la sangre se conoció el malhechor, y fue castigado.
[54] El orden que he llevado en este Discurso del Martirio ha sido escrivir, no de todos los mártires, sino de algunos cuyos martirios fueron extraordinarios y muy rigurosos, y en esta cuenta entran los cartuxos de Inglaterra y algunos otros religiosos de que se hará aquí mención. De todos fue una misma la ocasión, de no seguir la cisma y error que en aquel reino se ha sustentado por el rey Henrique, Octavo deste nombre. El cual, porque el Romano Pontífice afeó y tuvo por malo un casamiento que él hizo, dexando a su propria muger, doña Catalina, y casándose con Ana Bolona, y como se fulminassen censuras contra el rey, vino él a quitar la obediencia al Papa, diziendo que él lo era en su reino, y cabeça en lo seglar y eclesiástico. Y quiso que todo su reino tuviesse este parecer cismático y herético, y mu- chos /(293v)/ que lo contradixeron fueron muertos con muertes crudelíssimas. Y entre otros fueron señalados del Orden cartusiano Juan Houthon, prior de Londres, Roberto Laurens, prior de Belvalle, y Augustino Ubebster, prior de la Visitación, todos tres con un religioso del Orden de Santa Brígida, cuyo nombre era fray Reginaldo. Después de averlos tenido presos algunos días, perseverando en no dar firma por el rey, condenáronlos en su consejo a muerte, y assí fueron sacados en unos cestos de mimbres, los rostros al Cielo, y atados por los pies a colas de cavallos. Lleváronlos arratrando por la ciudad hasta el lugar del martirio, ahorcáronlos, y antes que acabassen de espirar, los derribaron en tierra, y el verdugo les abrió por delante y les arrancó el coraçón. Hiziéronlos cuartos, y sus carnes, puestas en grandes calderas y fuego, al primer hervor las sacavan y ponían en palos por diversas partes. Deste suerte se huvieron con muchos otros religiosos de diversas órdenes, y por la misma ocasión fueron degollados Juan Sischero, obispo rofense y Tomás Moro, cancelario del reino. Cessó esta persecución en el tiempo que tuvo la corona de aquel reino doña María, hija del mismo rey Henrique y muger que fue del católico rey don Filipe, y por su muerte quedó el reino en su hermana Isabela, que bolvió la misma cisma y heregía en el reino. Y en el tiempo que tuvo señorío en él fue grande el número de los cristianos que martirizó, y entre otros a Edmondo Campiano, natural de Londres y religioso de la Compañía de Jesús, muy docto y muy siervo de Dios, el cual, andando, aunque encubiertamente, predicando en Inglaterra y procurando la salud de las almas de sus coterráneos, los ingleses, fue presso y atormentado, ya en el eculeo, levantándole con cordeles en alto y estirándole su cuerpo, poniéndole pesas a los pies, ya en la catasta. Y fue éste un tormento terrible, porque teniéndole desnudo, por partes contrarias le estiraron braços y pies con tornos. Y afir- mó | el que le dio el tormento, que, teniéndole en él, le avía hecho crecer su cuerpo una cuarta de vara, desencaxando los huessos de sus lugares, y assí quedó desta vez tullido sin poder menear las manos o pies. Y assí, preguntándole el carcelero cómo se sentía de los braços y piernas, respondió:

-No me siento mal, porque no los siento.

Después desto, el primero día de deziembre del año de mil y quinientos y ochenta y uno, fue sacado el padre Edmondo Capiano con otros tres sacerdotes de la prisión de Londres, y pusiéronlos en unos cestones atados a colas de cavallos, y lleváronlos arrastrando hasta un lugar llamado Tiborno, donde los ahorcaron, y después acuartearon. En la Primera Parte del Flos Sanctorum, en la Vida de Bruno, y en la Tercera, en la del mismo Edmondo, se dixo esto todo más a la larga, y allí se pusieron los autores.
[55] Sin los que avemos referido que padecieron martirio en obra y por efecto, algunos santos ha avido que en la voluntad y desseo fueron mártires, como Santo Domingo, padre y fundador del orden de Predicadores. El cual, cayendo en poder de hereges en cierto camino que hizo, dixéronle:

-¿Qué harías sabiendo que te queremos matar?

Respondió:

-Rogaríaos que no me matássedes de una vez, sino poco a poco, cortando mis miembros uno a uno y poniéndolos delante de mí, y luego me sacássedes los ojos, y aviéndome dexado un poco de tiempo rebolcar en mi sangre, me acabássedes de matar, por amor de mi Señor Jesucristo.



Oyendo esto los hereges, quedaron espantados, considerando ánimo tan valiente, y dexáronle. El Patriarca San Francisco también tuvo desseos eficaces de ser mártir, pues por este fin y con este intento fue a tierra de Suria, entre paganos, a predicar y convertir almas, de donde bolvió sin el fin que pretendía, aunque con mucho mérito, por la voluntad eficaz que tuvo en este particular. Véanse las Vidas destos dos santos Patriarcas.
[56] Ya se ha dicho de varones; biene ao- ra /(294r)/ su lugar a mugeres santas. Entre las cuales, la Reina y Señora es la Sereníssima Emperatriz de Cielos y Tierra, la Sereníssima María, Madre de Dios y Señora Nuestra, la cual, aunque no acabó la vida por martirio dado por mano de tirano, mas el título de mártir y el mérito de martirio dévesele por lo que padeció al pie de la Cruz, viendo lo que en ella padecía su Soberano Hijo, a Quien amava más que ningún hombre ni ángel le amó, y, llegando el dolor a donde llega el amor, fue el sentimiento desta Señora, viendo a su Hijo y a su Dios morir, tan grande, que bastara a quitarle muchas vidas. Y assí, el dexar de morir en tal sazón fue como por milagro, y por lo mismo se le deve lo que se le devía si muriera. San Augustín y muchos otros santos llaman mártir al Evangelista San Juan, por el aver sido puesto en la tina de óleo hirviendo, donde muriera si Dios no le sacara della vivo por milagro. Pues, aviendo ya él ofrecido su vida al martirio, y sentido los espeluços de la muerte, y quedado por milagro con vida, el premio y nombre de mártir justo es que se le dé. Santa Tecla no murió en el tormento, y porque padeció tres, que cada uno bastara a quitarle la vida, y fue libre por milagro, la iglesia le da nombre y título de mártir. Assí, también la Madre de Dios, que muriera viendo morir a su Hijo por ser excesivo el amor que le tenía, si la conservó Dios la vida, justo es que no se le niegue el nombre y mérito de mártir. Y assí, dixo muy bien el que advirtió que de la manera que ponen a San Pablo una espada en la mano, a San Laurencio, unas parrillas, a San Esteban, piedras, y peines a San Vicente, porque fueron estos los instrumentos de sus martirios, poner a la Virgen en sus braços a su Bendito Hijo, es de notar que fue su martirio el verle morir en una Cruz.
[57] Santa Tecla Virgen, aquí nombrada, fue convertida a la fe por la predicación del Apóstol San Pablo. Dedicóse a | Cristo, y repudió un moço a quien estava prometida por esposa. Fue acusada delante de Alexandre Procónsul, y condenada a quemar, mas el fuego, con agua que cayó de repente, se apagó, y ella quedó libre. Tornáronla a prender, y fue echada a bestias fieras, mas entre leones y ossos permaneció segura. Derribáronla en una hoya, donde avía grande copia de serpientes, mas estando allí la santa donzella, todas murieron. Fue puesta al encuentro de ferozes toros atada, mas, rotas las ataduras, quedó libre, y espantados los presentes, diéronla por libre. Esto passó en Iconio, y de allí se fue a Seleucia, donde con su conversación muchos se convirtieron a la fe, y allí trocó la vida temporal por la Eterna. Tuvo su coraçón aparejado a padecer por Cristo todos los tormentos possibles, si el Señor no la librara dellos, procurando el bien de las almas de muchos, conservándola su vida, aunque enriqueziéndola a ella con el premio del martirio, del cual por milagro fue libre. ¡Oh dichosa donzella, que no sintió el último dolor del martirio muriendo, y mereció recebir el premio! Es de San Ambrosio, en el libro segundo De Virginibus.
[58] A Santa Bárbara persiguó cruelmente su padre, hiriéndola y llevándola de los cavellos a Marciano, presidente de Alexandría, para que la atormentasse. El cual, viendo que no la podía hazer sacrificar, mandóla açotar con açotes hechos de nervios de búfalo, y poner en la cárcel. Y por su paciencia mereció ser visitada de Cristo, que con su presencia le quitó los dolores y sanó las heridas. Sacáronla de allí, y ella iva gozosíssima al martirio, donde sufrió hachas encendidas, golpes de martillos de yerro y crueles açotes. Para darle estos tormentos, desnudáronla, y sintió más por su vergüença y honestidad el verse desnuda, que los dolores. Hizo oración a Dios, y vídose cubierta con una estola o túnica blanca traída del Cielo. Fue últimamente sentenciada a degollar y el padre quiso ser el verdugo. /(294v)/ Y dello llevó la pena, cayendo sobre él un rayo que le quitó la vida, y tan presto como la hija fue llevada al Cielo, el padre decendió al Infierno. Es del Metafraste.
[59] Santa Agata Virgen mostró assí mismo grande constancia en el martirio. Amenazóla de muerte Quinciano, procónsul de Sicilia, si no ofrecía sacrificio a los ídolos, y respondió que ella le ofrecía a Dios verdadero, y no a los demonios. Fue atormentada en el eculeo, y estiráronle sus miembros con cuerdas. Ella dezía que se deleitava con las penas, porque assí como el trigo no es llevado a la trox si no se trilla y avienta primero, assí ella no sería llevada al descanso de la Bienaventurança si primero no era provada con tormentos y penas. Mandóla el cruel tirano cortar uno de sus pechos y llevar a la cárcel, donde el Apóstol San Pedro la curó. Salió otro día sana, con admiración de Quinciano viéndola, y por su mandado fue puesta sobre carbones encendidos, mezclados con pedaços de texas agudas, y rebolcado su cuerpo desnudo allí, y quedó herido y abrasado. corriendo dél arroyos de sangre que apagavan el fuego. No quiso la tierra sufrir semejante crueldad, tembló reciamente y derribó un muro, que quitó la vida a personas estimadas de Quinciano. La santa virgen fue buelta a la cárcel, donde hizo oración al Señor y murió en paz. Y no careció en su muerte de loores de ángeles, porque le pusieron en su sepultura una tabla de mármol que declarava cuán agradable avía sido a Dios aquella santa donzella. Y si en la sepultura estuvo gloriosa, ¡cuán felice reinará en el Cielo! El perverso Quinciano pagó la crueldad que usó con la sancta, derribándole un cavallo a la passada de cierto río, donde acabó la vida miserablemente. Es de Surio, tomo primero.
[60] Santa Inés, donzella romana, de edad de treze años salió victoriosa contra los que hazían guerra a su honestidad. Fue llevada por fuerça al lugar de las malas mugeres, y con virtud del Cielo que- dó | libre de toda afrenta. Después, por mandado de Aspasio Tribuno, porque con fessava a Cristo, de Quien dezía ser esposa, fue echada en una hoguera. Mas, dividiéndose la llama, abrasó a los verdugos, y quedó ella sin daño. Mostrándose Aspasio encendido más en ira que las mismas llamas, mandóla degollar. Admirémonos, si los varones temen los tormentos, viendo una donzella en tan tierna edad con tanta constancia, que quiso más ser atormentada y muerta que perder el estado de virgen o la Fe de la cristiana religión. Es de San Ambrosio, en el Sermón noventa, y en los Oficios, capítulo cuarenta y cuatro.
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