De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[61] Santa Cecilia Romana dedicó a Cristo su virginidad, y alcançó triumfo en el martirio. La cual, estando prometida por esposa a Valeriano, y llegado el día de las bodas, viéndose en su aposento a solas con él, persuadióle a que recibiesse la Fe de Cristo, con Tiburcio, su hermano, y ambos alcançaron corona de mártires. Y la santa donzella, porque dezía que los dioses gentílicos eran estatuas vanas, por mandado de Almaquio fue puesta en una hoguera, y no tocándole el fuego, hizo que muriesse a cuchillo. Hiriéronla tres vezes, y quedó tres días con vida, porque ordenó Dios que no muriesse cuando el verdugo quiso, ni passasse su vida de cuando a ella le convenía morir, y assí no se gloriasse el sayón de averla muerto, ni ella se doliesse de avérsele dilatado el premio del martirio y de la conservada castidad. Es de Marco Marulo.
[62] Santa Caterina, más ilustre en santidad que en linaje, aunque hija de rey, hermosíssima entre todas las donzellas de Alexandría y más virtuosa que hermosa, como Maximino Emperador forçasse a muchos cristianos que sacrificassen ídolos, púsosele delante y reprehendióle por ello, confirmando en su Fe a los mártires. Arguyó con los filósofos y venciólos, de suerte que, tomando nuevo acuerdo, ofrecieron sus vidas por /(295v)/ el nombre de Cristo, que antes impugnavan. Y por el mismo Señor padeció la santa virgen heridas de escorpiones, y en la cárcel, hambre y sed, donde la visitó un ángel y dio de comer. Allí se vido con ella la emperatriz Faustina, muger de Maximiano, y Porfirión, su capitán, los cuales, con dozientos soldados, creyeron en Jesucristo, y por ello Catarina fue atada a una rueda de navajas para ser despedaçada por ellas cruelmente. Mas por virtud del Cielo la máquina fue desecha, en daño de los que la governavan y de muchos idólatras, quedando Catarina sin daño. Y por este hecho muchos creyeron en Cristo, y la emperatriz y Porfirión fueron martirizados. Aviendo la santa donzella llevado delante de sí tanta gente del Cielo, y desseando acompañarlos, fue descabeçada, y de la herida manó leche para testimonio de su virginal pureza, y el cuerpo fue llevado por ángeles al monte Sinaí. Es del Metafraste.
[63] A Santa Lucía, virgen siracusana, mandó Pascasio, procónsul de Sicilia, llevar al lugar de las malas mugeres. Mas, ni por fuerça de hombres, ni de bueyes que tiravan della, pudo ser movida de un lugar. Mandóla cercar de leña y poner fuego, y entre las llamas estava libre, sin sentir calor, dando gracias a Dios. Estava como loco furioso Pascasio, sin saber qué hazer, avergonçándose de ser vencido de una donzella, y entretenido en este cuidado, uno de los lictores atravesó con su espada el cuello de la santa virgen, aunque no despidió el alma hasta que le fue administrado el Santíssimo Sacramento de la Eucaristía de mano de un sacerdote. Y acompañada con él, boló al Cielo, cuya Fe en la Tierra, siendo atormentada, no dexó. Es de Lipomano.
[64] Santa Dorotea Virgen fue presa en el nombre de Cristo, en la ciudad de Cesarea de Capadocia, y atormentada de Fabricio Prefeto. Sentencióla a ser degollada, e iva contentíssima, diziendo que presto se hallaría con su Esposo en el | Paraíso, lugar de grandes deleites y recreos, donde siempre ay flores y frutas de todas maneras. Oyóle dezir esto Teófilo Escrivano, y haziendo burla, díxole:

-Pues cuando estéis en esse lugar que dezís, señora donzella, recebiré mucha merced que me embiéis de essas frutas y flores.

Ella respondió:

-Porque creas que te digo verdad, yo lo haré assí.



Siendo degollada Santa Dorotea, y estando Teófilo en la audiencia entendiendo papeles y negocios, que también era letrado causídico, tiróle de la capa un niño hermosíssimo y apartóle a una parte, y diole una cestica en que ivan tres rosas y tres mançanas, fruta de verano, diziéndole que Dorotea se las embiava del Paraíso de su Esposo. Viéndolas Teófilo, y siendo tiempo de Invierno, cuando no se halla cosa semejante, y que lo que él dixo de burla por parecerle impossible salía de veras, considerando bien el negocio y faborecido de Dios, hízose cristiano y padeció martirio. Y si a Teófilo le movieron las rosas y fruta, muévanos a nosotros los milagros de los santos, para no temer de padecer por Cristo todo lo que puede suceder. Es de San Isidoro en su Breviario, y de Eusebio, en la Historia Eclesiástica , libro octavo, capítulo diez y siete.
[65] Ni se callará aquí de Santa Apolonia, donzella, aunque grande en edad, de Alexandría, a quien la crueldad de Decio César pudo arrancarle los dientes y abrasarla en fuego, sin que hiziesse falta en la fe. Es de Eusebio, libro sexto, capítulo treinta y uno.
[66] Santa Juliana Virgen menospreció el casamiento de Eleusio, prefecto de Nicomedia, y confessando a Cristo por Dios, padeció açotes de varas y plomadas. Apareciósele el demonio en especie visible, queriendo ponerla asombro y espanto, y ella, con ánimo estraño, le ligó y echó en un lugar inmundo. Tornaron de nuevo a atormentarla con ruedas, con plomo derretido, y al cabo le cortaron la cabeça. Y con esto fue juntada a Cristo /(295v)/ su cabeça, por gloria, la que ya estava junta a él por gracia; tan felice en la muerte, cuanto en la vida se mostró constante. Es de Surio, tomo primero.
[67] Santa Margarita, esposa de Cristo, siendo amada de Olibrio, prefecto de Antioquía, y tenido della en poco, sabiendo que era cristiana, trocó el amor en aborrecimiento. Mandóla colgar en el eculeo, açotar con varas, desgarrar con uñas de azero, y después desto poner en la cárcel, donde un dragón la tragó; mas, roto su vientre, quedó sin lisión. Y llegando el demonio en figura humana a engañarla, derribóle a sus pies y hollóle, de suerte que dando terribles aullidos, se fue, confessándose por vencido. Y aviendo vencido al demonio, no pudo ser vencida de humanas fuerças. Tornáronla a poner en el eculeo, abrasáronla con hachas, echáronla en el río para ser ahogada. Mas tembló la tierra, rompiéronsele las prisiones y fue curada de sus heridas. Apareció su virginal cabeça coronada del Sol, y millares de hombres se convirtieron. Al fin, la santa donzella fue descabeçada, y dexando el cuerpo boló al Cielo la alma para vivir siempre con Cristo, la que no dudó de morir por Él. Es de Surio, tomo cuarto.
[68] Eufemia, santa donzella, exortava en Calcedonia a los mártires que padeciessen fuerte y valerosamente los tormentos, y desseando padecer juntamente con ellos, mostrando quexa y sentimiento, dixo en boz alta que era mal hecho, siendo ella romana y hija de senador, que le fuessen preferidos hombres estraños y no conocidos, para ir primero al Cielo y ver a Jesucristo, que ella. Oyendo esta boz Prisco Prefecto, mandóla poner en la cárcel con otros condenados. Ella dio gracias a Dios por verse entre el número de sus mártires. Fue sacada con ellos en audiencia pública, aunque los mártires ivan con prisiones, y ella, libre. También formó desto quexa, que le privassen de aquel mérito, alegando que se iva contra el edicto de los empe- radores, | que mandavan lo contrario. El prefecto, pareciéndole que burlava dél aquella donzella, airóse mucho, y mandóla atormentar con todos los tormentos que él supo y pudo. Diéronle bofetadas en su rostro, pusiéronla en el eculeo, padeció fuego, ruedas de molino con que la quebrantaron todos los huessos, fue echada a bestias bravas, y al cabo, la degollaron. No sólo quiso agradar a Cristo por ser virgen, también quiso serle grata por el martirio. Es del Metafraste.
[69] Teodosia Virgen padeció en Cesarea de Palestina porque confessó públicamente a Jesucristo. Por mandado de Urbano Presidente fue colgada de los cavellos, estando desnuda, mas del Cielo baxó una nuve que cubrió su medio cuerpo. Cargáronla de prisiones, y pusiéronla en una escura cárcel, donde la visitó su Esposo, Cristo, y el calaboço resplandeció, y las prisiones se le quebraron, y la santa donzella fue llena de alegría. Después la ataron una piedra al cuello y echaron en el mar, donde la piedra se fue a lo hondo, y ella quedó libre en la ribera. Pusiéronla entre leopardos, y no tocaron en ella. Después de lo cual, el presidente, más feroz que todas las bestias, viendo que no podía de otra manera quitarle la vida, quitósela degollándola, sin que bastasse esto todo para que ella sacrificasse ídolos. Es de Usuardo, en su Martirologio, en dos de abril.
[70] Cristina, santa donzella, padeció martirio en un pueblo llamado Tiro, en Italia, cerca del lago Vulsino. Era su padre prefecto en aquella tierra, y tenía en su casa muchos ídolos de plata. Aguardó un día la valerosa muger, y quebrantólos todos, dexándolos en pedaços pequeños, los cuales repartió a pobres. De que el padre, sabiéndolo, quedó muy sentido, aunque quiso llevarlo primero por blandura, procurando que sacrificasse a los ídolos; mas, visto que no aprovechava, bolvióse furioso y cruel. Açotóla terriblemente, despedaçó su virginal cuer- po /(296r)/ con uñas azeradas, del cual cayó un pedaço, arrebatado de aquellos terribles instrumentos, y tomándole la santa donzella, arrojósele al padre, diziendo:

-Toma, cruel hombre, come de la carne que engendraste, que te será más fácil que hazerme consentir en tu malvado intento.



Atáronla a ruedas, y pegáronles fuego. Y fue lançada en un lago, porque hiziesse la agua lo que el fuego no hizo. Murió el padre y sucedióle Dión, que la mandó poner en una olla de pez y resina. Mas, siendo libre, por virtud del Cielo fue llevada delante de un ídolo de Apolo para que le adorasse; mas, a su oración, la estatua cayó hecha polvo. Solía dar allí oráculos Apolo, y presumía de dezir cosas que estavan por venir, y provóse aquí ser todo mentira y enveleco, pues no previno su daño. Fue muerto repentinamente Dión, y sucedióle Juliano, el cual puso dentro de un horno ardiendo a la santa, aunque sin daño suyo. Echáronla a serpientes para ser despedaçada dellas, las cuales, dexando de hazer pressa en ella, salieron al encantador que las avía traído allí y matáronle, aunque por la oración de la santa resucitó. El tirano, más feroz que las serpientes, le hizo cortar ambos pechos y sacar la lengua, y assaetear su cuerpo, y con este martirio subió su bienaventurada alma a gozar de su Esposo, y a ser loada y reverenciada de ángeles, honrándola la Santíssima Trinidad, porque una donzella no pudo ser vencida de tres inicuos juezes para que cometiesse algún pecado. Es de San Isidoro en su Breviario, y refiérelo Vicencio es su Espejo Historial, libro doze, capítulo ochenta y dos, y Surio, tomo tercero.
[71] En tiempo del emperador Antonino, como en Sicilia, por mandado del procónsul Sebastián, fuesse atormentado Victor Mártir, viendo Estefania, muger de cierto soldado, algunos milagros que Dios en él hazía, publicamente dixo que desde aquel | punto era cristiana, y que confessava a Jesucristo por verdadero Dios. Y no siendo parte el juez para mudarla de su propósito, hízola llevar al campo, y juntando por las ramas dos árboles que por el pie estavan distantes, atando a la santa por el pie de cada uno, dexáronlos bolver con ímpetu y fuerça a su lugar proprio, llevando tras sí cada uno la mitad del cuerpo, quedando palpitando sus entrañas. Y no quebrantaron la fe de aquella santa muger, sino que permaneció entera. Boló su alma al Cielo, y el premio no fue menor que el martirio. Dízelo Marulo, libro quinto.
[72] Julita, con su pequeño hijo Quirico, padeció en Tarso de Cilicia. Ella fue primero açotada crudamente por mandado del emperador Alexandre, y Quirico, en su presencia, precipitado y arrojado con ímpetu a tierra, y muerto. Y como Julita perseverasse en la fe, mandóla el tirano dessollar parte de su cuerpo y ponerla dentro de una caldera de pez hirviendo, y al cabo fue degollada. Ni se contentó con esto el perverso juez, sino que mandó hazer pequeños pedaços ambos cuerpos y apartadamente echarlos a mal, como si los santos, ya que en la Tierra carezcan de sepultura, les han de quitar asiento en el Cielo. Mas contra su mal intento ordenó Nuestro Señor Dios que por ministerio de ángeles los pedaços se juntaron, y los cuerpos fueron hallados enteros y sepultados con honra de mártires por los fieles. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[73] Maxima y Donatilla, hermanas, como dedicassen a Cristo su virginidad en la persecución de Galieno Príncipe, en Africa padecieron martirio por Anolino Presidente, el cual mandó que les diessen hiel y vinagre a bever. Ellas se gozavan por se hallar dignas de bever aquella poción amarga que primero fue dada a Cristo. Después las açotaron y fregaron sus lla- gas /(296v)/ con cal viva. Fueron levantadas en el eculeo, y con esto no pudieron hazer que adorassen un ídolo, mas porque le escupieron, derribándolas sobre una rexa de hierro y fuego debaxo, fueron assadas. Condenáronlas a ser echadas a bestias bravas, mas perdonándolas las bestias y el fuego, no las perdonó Anolino, mandándolas degollar. Aora se regozijan estas santas entre ángeles por los tormentos que padecieron constantemente, gozando de la vista de Dios, por cuyo amor menospreciaron todo lo de la Tierra. Es de Marulo, libro quinto.
[74] Santa Felicitas padeció en Roma, no temiendo los edictos del emperador Antonino ni las amenazas de Publio Tribuno. Ofrecióse al martirio con siete hijos, y vido morir al uno a açotes con correas y plomadas, a otro, con bastones ñudosos, a otro, despeñado, a los demás, descabeçados. Ella fue abofeteada, encarcelada, y siguiendo a los hijos que engendró, fue degollada. ¡Oh verdaderamente feliz Felicitas, que tuviste tanto ánimo, que viesses los tormentos de tus hijos, y al cabo, el tuyo! ¡Oh feliz, que fuiste ocho vezes mártir, y que tendrás ocho coronas en el Cielo, muriendo tantas vezes por Cristo como fueron las muertes de tus hijos y tuya, que padeciste! Passaste adelante a la santa muger Macabea, que murió con otros siete hijos, porque su muerte fue por la Vieja Ley, aunque en tiempo que obligava, mas tu muerte fue por el Evangelio. Aquélla fue presa buscándola primero, y tú, de tu voluntad te ofreciste al martirio, teniendo por cosa grande y digna del cristiano no encubrir la fe, menospreciar todos los tormentos, con los cuales la misma fe se prueva, Cristo se glorifica, y el culto divino se adelanta. Es de San Gregorio en la Homilia Tercera sobre los Evangelios, y de San Pedro Crisólogo, en el Sermón ciento y treinta y cuatro, y refiérelo Marulo, libro quinto. |
[75] Aviendo el rey Sapor de Persia, maleado por muchos judíos que vivían en su reino, dado la muerte a Simeón, obispo de Seleucia, varón santíssimo, y con él otros muchos cristianos, entre los cuales fue assí mismo martirizado Zades, eunuco del rey, cuya muerte sintió tanto que mandó no muriesse más gente particular, sino solos los maestros y doctores que enseñavan la Fe y religión cristiana; cayó a este tiempo enferma la reina. Tenía el santo mártir Simeón una hermana llamada Tarbula, donzella estremada en hermosura y honestidad, la cual con dos criadas vivía recogida y santamente. Tuvieron noticia della algunos judíos, y por el aborrecimiento que avían tenido al hermano, levantáronle testimonio, y dixeron que por vengar su muerte avía dado veneno a la reina, y que de aí procedía su enfermedad. Eran médicos algunos destos judíos, creyólos la reina, porque los enfermos fácilmente dan crédito a los que les señalan ocasiones de los males que padecen, y también porque seguía la secta y error de los mismos judíos. Mandó prender a la santa donzella Tarbula con sus dos criadas, y los magos que eran juezes en el reino las sentenciaron a muerte crudelíssima, porque las mandaron asserrar por medio y poner cada mitad en su palo, apartados, para que la reina passasse por aquel espacio intermedio, teniendo por cierto que con esta superstición, según le avían dicho agoreros, sanaría de su mal. Fue fama que por ser Tarbula muy hermosa, uno de los magos, enamorado della, le embió a dezir que si consentía con él en hazer su voluntad la libraría de la muerte con sus criadas. Oyó la honesta donzella con rostro airado este mensaje, y la respuesta fue más llena de ira, embiándole a dezir palabras de grave reprehensión por su vano pensamiento, afirmándole que antes perdería mil vezes la vida, que un día su honestidad, y assí fue muerta. Lo /(297r)/ dicho es de Sozomeno, libro 2, capítulo 8, y refiérelo Surio, tomo segundo.
[76] Imperando el crudelíssimo Diocleciano, embió por presidente de Mesopotamia a Lisímaco, hombre moço en la edad, bien intencionado y avisado, y para que le aconsejasse y rigiesse en negocios arduos y dificultosos, diole a Seleno, tío suyo, hombre de edad, cruel y malicioso. Llevava assí mismo Lisímaco un cómite, pariente suyo, llamado Primo, a quien dio cargo de la gente de guerra. Todos tres eran patricios romanos y muy favorecidos del emperador. A los cuales, lo que más encargó fue que persiguiessen a los cristianos, no perdonando la vida a alguno, sino procurando que todos fuessen muertos con crudelíssimos tormentos si no sacrificassen a los ídolos. Llegó Lisímaco con su gente a una región de Mesopotamia dicha Palmira, donde començó la persecución contra el nombre de Cristo, matando a unos a hierro y a otros, a fuego. Andava de ciudad en ciudad, y fue a una llamada Sibápolis, en lo postrero de Assiria, donde estava un monasterio de cincuenta monjas, de las cuales era abadessa Briena, muger de gran doctrina y exemplo, y entre las demás monjas avía una llamada Febronia, que a la sazón era de veinte años. Entró de dos, y en los diez y ocho, hombre alguno ni muger seglar le vido el rostro. Era hermosíssima y de lindo y agraciado cuerpo. Las demás monjas comían una vez al día; Febronia comía al segundo día, y no otra cosa sino pan y agua, y desto no se hartava. Dormía en un escaño de madera. Era muy estudiosa en la Sagrada Escritura y hazía pláticas maravillosas a las otras monjas. Luego que se publicó la venida en aquella ciudad de Lisímaco y Seleno con designo de a- tormentar | a los cristianos, huyeron con sus haziendas por diversas partes muchos dellos. Lo mismo hizieron las monjas, que sólo quedó en el convento Febronia, con la abadessa Briena y otra anciana, llamada Tomaide. Febronia estava enferma y echada en su escaño, y todas tres se animavan a padecer martirio por Jesucristo. Luego que Lisímaco entró en la ciudad de Sibápolis, prendió algunos cristianos, y teniendo noticia del monasterio, embió Seleno algunos de sus soldados a él, los cuales quebraron las puertas y entraron dentro. Llegó luego Primo tras ellos para estorvarles que no hiziessen daño, y preguntó a Briena dónde estavan sus monjas. Ella respondió:

-Todas con temor han huido.

Dixo él:

-También vosotras pudiérades aver hecho lo mismo, y aora tenéis lugar. Aconséjoos que lo hagáis.

Con esto se fue y llevó consigo los soldados. Habló en secreto con Lisímaco, y díxole:

-Sabe que las monjas huyeron. Solamente an quedado dos viejas y una moça, de la cual te afirmo que es tan grande su hermosura, que en mi vida vi muger que la igualasse. Ella estava echada en un escaño pobre, y con vestido y adereço pobre. Si esto no obstara, mi palabra te doy que merecía ser tu muger.

Oyó estas palabras un soldado. Fue luego a Seleno, y díxole:

-Sabe, señor, que en el monasterio donde oy nos embiaste está una monja moça de incomparable hermosura, con la cual trata Primo, el cómite, de casar a Lisímaco, tu sobrino.

Enojóse desto Seleno, embió gente que guardasse el monasterio, y otro día mandó que se la truxessen con una cadena de hierro a su cuello, no bien sana de su enfermedad. Temiéronse las dos ancianas si avían de ser llevadas ellas a juizio, y sabido de los soldados que por so- la /(297v)/ Febronia venían, ellas la esforçaron, aunque tenía poca necessidad de su esfuerço, según se mostrava alegre y contenta por ir a padecer por su esposo Cristo. Llevaron los soldados a la santa monja Febronia al tribunal de Seleno. Briena quedó en el monasterio llorando, derribada en tierra, pidiendo a Dios favor para Febronia. Tomaide se vistió de hombre y fue a ver lo que passava. Con Seleno estava Lisímaco cuando llegó Febronia con su cadena al cuello y las manos atadas. Seleno mandó sosegar la gente, aviéndose juntado la que en la ciudad quedava, y dixo a Lisímaco que hiziesse algunas preguntas. Híxolo él por evitar que no le calumniasse con el emperador, muy contra su voluntad, que no quisiera hazer mal a Febronia ni a otro cristiano, siendo de su condición piadoso. Díxole:

-Dime, donzella, ¿eres libre o sierva?

-Sierva soy -respondió la santa.

-¿Y de quién eres sierva? -preguntó él.

-Sierva soy de Cristo -añadió Febronia.

-¿Cómo te llamas? -preguntó Lisímaco.

-Cristiana -respondió ella -, humilde y despreciada.

-Tu nombre -replicó él- desseo saber.

-Ya te he dicho -dixo ella- que soy cristiana, aunque mi madre me llamó Febronia.

Seleno tomó la mano y dixo:

-Los Dioses saben, prudentíssima donzella, que no quisiera pleito contigo, porque tu modestia y hermosura han trocado el enojo y furor que tenía contra ti, de modo que no como a culpada, sino como a hija te hablaré. Ya vees a Lisímaco, que está presente, que es moço y de lindo parecer, semejante a ti. Toma, hija, mi consejo, y podráste llamar dichosa, sin que la pobreza más te aflija, porque como yo no tenga muger ni hijos, | quiero darte toda mi hazienda, añadiéndola por dote a la que Lisímaco tiene, y desposaos los dos, y todas las mugeres te llamarán dichosa viéndote en tanta honra. Y no será sólo esto, porque nuestro emperador tiene dada palabra a Lisímaco de le hazer presidente, que en Roma es oficio muy honroso.

Respondió Febronia:

-Yo tengo, o juez, tálamo hecho no por manos de hombres en el Cielo, y gozo ya de unas bodas que no pueden ser deshechas, y por dote se me ha prometido el Celestial Reino, y pues tengo Esposo Inmortal, no consentiré juntarme con hombre mortal, y assí ni oír quiero lo que me prometes. Por tanto, o juez, no trabajes en vano, que ni con tus lisonjas me ablandarás, ni con tus amenazas me espantarás.

Como esto oyó Seleno, grandemente indignado mandó a los soldados desnudar a Febronia el hábito de monja que traía y cubrir su cuerpo con un pedaço de sayal despedaçado, y con esta afrenta, que no era pequeña por estar mucha gente delante, quiso començar a atormentarla. Y teniéndola con semejante traje, díxole:

-¿Qué es esto, Febronia? ¿Consideras de dónde a dónde te ha traído tu devaneo y locura?

-Oyeme, juez -replicó la santa donzella-: aunque de todo punto desnudes mi cuerpo, yo en nada estimo semejante afrenta, porque un mismo Criador dio ser a la muger y al hombre, y assí sufro sin pena verme desnuda, y con grande contento sufriré ser degollada o quemada. Y óxala meresca yo padecer algo por Quien tanto padeció por mí.

Seleno dixo:

-Muger desvergonçada, bien sé que no tienes por afrenta el estar desnuda, sino que te glorías dello porque todos vean tu cuerpo hermoso.

Respondió Febronia: /(298r)/

-Mi Cristo sabe que hasta oy no miré a hombre al rostro, ni alguno vido el mío. Mira si por estar en tribunal para ser juzgada avía de querer parecer deshonesta. Dime, juez ignorante y sin consideración, ¿no sabes que todos los que se hallan en los Juegos Olímpicos se desnudan para venir a las manos con sus contrarios, y assí esperan alcançar victoria? Pues esperando yo venir a las manos con espadas y fuegos, conveniente es que me halle desnuda para salir victoriosa. Este mi cuerpo es bien que esté desnudo, recibiendo heridas hasta que vença a tu padre Satanás.

Dixo Seleno:

-Pues esta muger se muestra osada contra los tormentos de fuego, démosselos. Por tanto, ea soldados, estiradla de pies y manos, y poned debaxo vivo fuego, y junto con esto, cuatro de vosotros hieran sus espaldas con açotes hasta que sea despedaçada.

Hízose lo que mandó el juez, y los açotes eran de suerte que corría sangre de su cuerpo en grande abundancia. Cebavan el fuego con óleo, y levantavan la llama dando en las heridas y passando por ellas hasta las entrañas. Y como durasse esto mucho tiempo, la gente que estava a la mira, con grandes clamores, intercedían al juez por la santa, diziendo:

-Perdona, benigno, juez; perdona a esta donzella y de poca edad.

El cruel Seleno, enojado más de oír esto, mandava aumentar el tormento, hasta que vido pedaços de sus carnes que caían en tierra, y ella quedó desmayada, por lo cual dexó de atormentarla y hizo que la apartassen del fuego. Habló Seleno a la santa donzella, y díxole:

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