De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Y con esto los | despidió sin más replica. Refiérese entre otros hechos suyos en la Historia de Florencia. |

[EJEMPLOS ESTRANGEROS]



[1] Justino, libro segundo, y refiérelo San Antonio de Florencia, dize que Pisístrato, en Atenas, siendo muy rico ciudadano, diose un día en su casa muchas heridas de açotes, salió a la plaça, y mostrando sus espaldas acardenaladas, publicó en presencia de mucho pueblo que ciertos tiranos que governavan en la ciudad le avían tratado assí sin ocasión alguna. Dolióse dél el pueblo, diéronle gente que le guardasse, y con ella se alçó en la ciudad, y fue rey en ella treinta y tres años.
[2] El mismo Justino, libro tercero, dize de Xerxes que, bolviendo de Grecia destroçado, fue tenido en poco de sus gentes, y assí un capitán suyo, hombre principal, llamado Artabano, passados algunos años de la buelta de Grecia, entró un día en palacio con siete hijos suyos y le mató, alçándose con el reino, el cual tuvo seis años. Y después desto, teniendo consigo un hijo de Xerxes, llamado Artaxerxes, a quien hazía mucha honra, éste, como un día se hallasse con él armado, dixo que trocassen lorigas. Desnudóse Artabano la suya, y Artaxerxes le dio de puñaladas y fue rey.
[3] Acerca de los persas y indianos avía ley que a quien se le probavan tres mentiras no avía de hablar más en su vida, y privávanle de todo oficio de república. Dízelo Alexandre de Alexandro, libro sexto, capítulo décimo.
[4] Artaxerxes, a la primera mentira que se le provava a un hombre le | mandava cortar la lengua y clavarla en lugar público con tres clavos. Es del mismo Alexandre.
[5] Entre los egipcios avía ley que si algún ladrón hazía hurto señalado, llevava luego a cierto sacerdote lo hurtado, con su nombre escrito. También iva al mismo sacerdote el a quien se hizo el hurto, y allí dexava la cuarta parte de lo que le hurtaron, dándole aquella pena por su descuido, y al ladrón, por su diligencia, lo que el otro llevava de menos. Dízelo Fulgoso, libro primero.
[6] Heródoto, en el libro primero, escrive algunas mentiras perjudiciales que passavan en Babilonia en el templo de Júpiter, cuyos sacerdotes y ministros tenían tan dementados a los del pueblo que, viendo a alguna muger hermosa, hablavan a sus padres o hermanos, y aun a los proprios maridos, diziendo que su ídolo la quería, y ellos eran tan necios que se la davan, dexándola en el templo de noche encerrada; donde salía uno de los ministros, a algún otro puesto por ellos, que estava encubierto dentro, y tratava con ella, y las semejantes tomavan gran sobervia y presumpción, diziendo que a los dioses avían agradado con su hermosura, y sus proprios parientes las respectavan en adelante como a cosa divina. Y si destos tratos sacrílegos nacía algún hijo, le llamavan Heroa, o «medio Dios». Lo mismo dize este autor que passava en Tebas, la de Egipto, en otro templo de Júpiter, y en Alexandría, en otro de Satur- no, /(302v)/ y en Patara, ciudad de Licia, era ordinario esto las vezes que pedían oráculo y respuesta a un ídolo. Y lo mismo sucedió en tiempo del emperador Tiberio en Roma, según dize Josefo, libro diez y ocho de sus Antigüedades, y Egesipo, referido por San Antonio de Florencia en su Primera Parte, título diez y seis. Donde, enamorándose de una matrona honesta cierto moço llamado Mundo, y no hallando medio para alcançarla, habló por cierta vieja criada suya con unos sacerdotes de Iside, y prometiéndoles buena suma de dinero, alcançó dellos que le escondiessen en el templo y hablassen al marido de aquella dama, diziéndole que el dios Anubis pedía se la llevassen una noche al templo de Iside. Vinieron en ello, hablaron con aquella señora, cuyo nombre era Paulina, y con el marido, y tales cosas le dixeron que, temiendo mucho mal si no venía en ello, el marido dio consentimiento, y ella quedó encerrada en el templo una noche. Salió a ella el adúltero fingiéndose que era Anubis, y aprovechóse della. Después desto, passados tres días, Mundo se encontró en la calle con la matrona, y díxole:

-Dichosa eres Paulina, pues gozaste de la amistad del gran dios Anubis.

De oír Paulina esta razón, entendió la maraña. Habló a su marido, y él al emperador Tiberio, por donde haziéndose información del caso y dando tormento a los ministros del templo, descubrióse el engaño y mentira. Y assí el moço, porque lo que hizo fue ciego de desseo amo- roso, | diósele lugar a que pudiesse irse de Roma desterrado por toda su vida. Los ministros fueron condenados a muerte, y el simulacro e ídolo de Iside fue echado en el río Tiber.
[7] También escrive Heródoto de Amasis que dio en hurtar antes que fuesse rey de Egipto. Prendiéronle, y no aviendo provança bastante consultaron ídolos los juezes, y unos dixeron que era ladrón, y otros, que no. Vista por ellos la variedad, inclináronse a piedad y diéronle por libre. Después, siendo rey, a los ídolos que dixeron que era ladrón reverenció, porque avían dicho verdad, y a los otros negó adoración y tuvo en poco por mentirosos.
[8] Tiberio César, de tal manera encubría todos sus desseos, que siempre mostrava querer lo que no quería, y la voluntad contradezía a la palabra. Dava muestra de aborrecer lo que sumamente amava, y lo que aborrecía fingía quererlo. Airávase estrañamente en lo interior, y parecía tener mucha paz en lo exterior. Compadecíase de los que castigava, y a los que perdonava tenía mortal aborrecimiento. Abraçava a algunos mostrándoseles benévolo, y aborrecíalos de muerte, y a los que de veras amava tratava como a estraños y no conocidos. Fundava todo esto con dezir que nadie avía de entender el ánimo e intento del rey. Dízelo Dión Casio en su Vida.
Fin del Discurso del Mentir. /(303r)/

DISCURSO CINCUENTA Y UNO. DE MILAGROS

La inmensa Magestad de Dios quiere algunas vezes mostrar la grandeza de su poder en cosas varias, las cuales el ingenio humano no alcança que con fuerças de hombres pueden hazerse, y assí queden admirados, y las semejantes se llaman milagros. De los cuales, nuestra Cristiana Religión y Ley de Gracia está tan abundante, que quien pretendiesse escrivir todo lo que se podría dezir, sería hazer un volumen inmenso. Y por esto, en el Discurso presente se pondrán algunos, o por ser más famosos, o por tener mejor autor, o porque dellos se puede sacar mayor provecho para las almas. Aunque primero començaremos con algunos hechos en en tiempo de la Ley de Naturaleza y Escritura.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]



[1] La Creación del Mundo puede ponerse entre las obras miraculosas de Dios, pues hizo de nada cosas tan excelentes, tan diversas y estrañas, que en la contemplación dellas se ofuscan y deslumbran muy altos entendimientos. Si no, véase en el movimiento de los Cielos y en la compostura del hombre; lo uno y lo otro declara grandemente ser infinito el poder y saber de su Artífice. Esta Creación del Universo vino a noticia del hombre por revelación, pues como dize San Gregorio, en la Homilia primera sobre Ezequiel, profetizó Moisés de lo passado, diziendo: «En el principio creó Dios el Cielo y la Tierra». No dixo lo que estava por venir, sino descubrió lo | oculto. Es del principio del Libro del Génesis.
[2] También fue negocio miraculoso el conservar Dios a Noé en tiempo del Diluvio, con sus hijos y mugeres, y de todas las especies de animales, y que estando juntos tanto tiempo en la Arca tuviessen paz, como se refiere en el capítulo séptimo del Génesis.
[3] Grandes milagros hizo Dios por medio de Moisés cuando sacó libres a los hebreos de la captividad de Egipto, guiándolos con una columna de fuego de noche y una nube de día, abrirse el mar y passar por él a pie enxuto, sacar agua de una piedra, hazer dulces las aguas amargas con echar Moisés en ellas un leño, el darles de comer el maná, y un tiempo codornizes, el tragar vivos la tierra a Core, Datán y Abirón, con sus cómplices. Y en particular, se dize en el capítulo veinte y seis de los Números que hizo Dios un grande milagro en que, abriéndose la tierra y tragando a Core, no perecieron sus hijos estando juntos con él, sino que quedaron suspensos en el aire, como declara Nicolao de Lira, porque no tenían culpa en el pecado de su padre. Lo dicho es del Éxodo y del Libro de los Números.
[4] También fue milagro el detener Josué las riendas del Sol para que acabasse de vencer a sus enemigos, como se dize en el capítulo dézimo de su Libro; y que bolviesse diez líneas atrás en tiempo del rey Ezequías para confirmación de que le dava Dios salud miraculosa. Y refiérese en el capítulo /(303v)/ veinte del Libro Cuarto de los Reyes.
[5] El profeta Elías hizo muchos milagros, como fue baxar fuego del Cielo a su boz y abrasar a los soldados que atrevidamente venían a prenderle, el resuscitar un niño muerto, el abrirse el Jordán herido con su capa y ser arrebatado en un carro de fuego. Como parece en el Cuarto de los Reyes, capítulo primero, y en los siguientes.
[6] También Eliseo hizo milagros, y fue uno resuscitar el hijo muerto de la Sunmamítide, el hazer dulçe la olla que era amarga, multiplicar el pan que comiessen sus huéspedes, sanar de lepra a Naamán, y que resuscitasse su cuerpo muerto a otro que echaron en su sepulcro y se juntó con él. Es del Cuarto Libro de los Reyes, capítulo cuarto y siguientes.
[7] A Josafat, rey de Judá, pusieron grande temor los amonitas y moabitas, que vinieron a quitarle el reino y la vida. Y pidió parecer y favor a Dios, cómo se libraría dellos, y hablóle por un profeta, mandándole salir con música de cantores, precediendo los sacerdotes y ministros del templo, a la cual los enemigos començaron a moverse, no contra el rey que les salía al encuentro, sino unos contra otros, y fue de suerte que los judíos no tuvieron trabajo en pelear con ellos, sino en quitarles sus despojos, con que bolvieron tan cargados a Jerusalem, como antes lo avían salido de miedo. Es del Segundo Libro del Paralipomenon, capítulo veinte.
[8] Teniendo el rey Senaquerib su exército en Lachis, cerca de Jerusalem, por una blasfemia que dixo le mató un ángel de noche ciento y ochenta y cinco mil hombres, en tiempo del rey Ezequías, y fue milagro para quien vido a la mañana tantos muertos sin ver | desnuda su espada. Es del Cuarto de los Reyes , capítulo diez y nueve.
[9] También fue milagro de los tres amigos de Daniel, que estando en el horno de Babilonia en medio de la llama, no fuessen abrasados, y que el mismo Daniel estuviesse siete días entre leones hambrientos y no fuesse dellos despedaçado y comido. Refiérese en su Profecía, capítulo sexto y catorze.
[10] En la batalla que Judas Macabeo tuvo con Timoteo, capitán del rey Antíoco Eupator de Siria, se vieron cinco cavalleros armados con armas doradas en cavallos briosos, de los cuales dos se pusieron a los lados del Macabeo para defenderle, y los tres se adelantaron al principio de la batalla, hiriendo al enemigo, y con su favor venció magníficamente. Y en otra batalla que tuvieron los judíos contra Lisias, se vido de su parte otro cavallero con armas blancas, donde también alcançaron victoria. Refiérese en el Segundo Libro de los Macabeos , capítulo décimo y undécimo.
[11] La anunciación y concepción del Baptista miraculosa fue, por ser su padre viejo y su madre estéril. El quedar mudo Zacarías por su incredulidad, y serle restituida el habla el día que San Juan fue circuncidado, todas fueron obras miraculosas. Es de San Lucas, capítulo primero.
[12] Que la Madre de Dios concibiesse y pariesse sin daño de su integridad, milagro fue, y lo mismo el parir sin dolor. El venir los pastores a adorar su precioso Hijo luego que nació, llamados por un ángel, y los Reyes a los treze días, guiados por una estrella, obras fueron miraculosas. Y refiérenlo San Mateo y San Lucas, en el capítulo segundo. /(304r)/
[13] El primer milagro que hizo Jesucristo Nuestro Señor conversando con los hombres, y el principio de sus maravillas, dize San Juan en el capítulo segundo que fue convertir agua en vino en las bodas de Caná de Galilea. El dar de comer por dos vezes a muchos millares de hombres con pocos panes y peces, el sanar enfermos de diversas enfermedades, como onze leprosos (de los diez escrive San Lucas, capítulo diez y siete, y del uno, San Mateo, capítulo octavo); dio vista a seis ciegos (de los dos escrive San Mateo, capítulo nueve, y de otros dos, capítulo veinte; de otro, San Marcos, capítulo octavo, y de otro que nació ciego, San Juan, capítulo nono); libró del demonio a seis, como se colige de San Mateo, capítulo octavo, y a la hija de la Cananea, según refiere también San Mateo, capítulo quinze (y de la Magdalena dize en especial San Lucas, capítulo octavo, que echó siete demonios); resuscitó tres muertos (a la hija del Archisinagogo, al hijo de la viuda de Naín, y a Lázaro, hermano de Marta y María, y cuéntalo San Mateo, capítulo nono, San Marcos, quinto, San Lucas, octavo, y San Juan, undécimo); a la suegra de San Pedro sanó de grandes fiebres, y es de San Mateo, octavo; al hijo del Régulo, en Cafarnaum, que estava a punto de espirar, como lo escrive San Juan, capítulo cuarto, a la muger que padecía fluxo de sangre, tocando su vestidura, según San Mateo, capítulo nono; al mar hizo que se quietasse en una grande tempestad | (dízelo San Marcos, capítulo cuarto); el mostrarse transfigurado a tres discípulos fue obra miraculosa, y es de San Mateo, capítulo diez y siete; sanó la oreja cortada por San Pedro a Malco, y refiérelo San Mateo, capítulo veinte y seis; estando en la Cruz se eclipsó el Sol, teniendo en su oposición a la Luna poco antes; quebrarse las piedras, romperse el velo del templo: todo fue milagro. Su Resurrección, con el terremoto que vino, abriéndose el sepulcro; el entrar, cerradas las puertas, donde estavan sus Apóstoles, el subir a los Cielos a los cuarenta días, en presencia de sus discípulos; todas son obras admirables y milagrosas. Y sin los dichos, hizo otros muchos milagros el Salvador, tanto, que viene a dezir San Juan en el capítulo último: «Muchas otras señales hizo Jesucristo, que para escrivirse fueran necessarios grandes libros». Ni cessaron los milagros por averse subido al Cielo su Magestad. Milagro fue la venida del Espíritu Santo en lenguas de fuego, despertando las de los Apóstoles y discípulos, de tal suerte que predicaron su Evangelio en todo el Mundo, siendo entendidos en todas partes, y recebida en muchos su doctrina, como se refiere en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo segundo, y en los siguientes. Hizieron assí mismo milagros los Apóstoles en virtud de Cristo, como San Pedro, que sanó a un coxo que pedía limosna a la puerta del templo, y refiérese en el mismo Libro, capítulo tercero. Y en el capítulo quinto se dize que sanó con su sombra a algunos. El sacarle un ángel de la cárcel, librándole del poder de Herodes, milagro fue, y el sanar a Eneas, paralítico de ocho años, y el /(304v)/ resuscitar a Tabita, como parece en el mismo Libro , capítulo nono. La conversión de San Pablo, por aver sido miraculosa la celebra la Iglesia. El cual, a Elimas Mago, que estorvava la conversión del procónsul Paulo, privó de la vista en la ciudad de Listris. Sanó a un coxo de nacimiento, y es del capítulo catorze. Libró del demonio a una donzella, resuscitó a un moço que de cierta caída avía muerto (en el capítulo veinte). Y aviéndo- se | librado de un naufragio, estando en la isla de Mitilene, le mordió una vívora, quedándosele colgada de la mano sin daño del Apóstol, el cual hizo otros milagros, como parece en el mismo Libro de los Hechos Apostólicos. La Madre de Dios, los Apóstoles, los mártires y confessores, las sagradas vírgines, han hecho tantos milagros y tantas maravillas, que andan libros dellos, y tocarse han algunos.
Lo más de lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Viniéronles a las manos los Libros Sagrados a Teopompo Histórico y a Teodecte Cómico. Éste quería aprevecharse dellos para sus farsas y entremeses, y quedó ciego. Aquél los ponía en dozena entre sus fábulas y mentiras, llevándolo por un rasero; quitóle Dios la hazienda, y faltávale con qué comprar un pliego de papel en que escrivir. Ambos cayeron en la cuenta de dónde les venía el daño, lloraron su culpa y enmendáronse, y ambos se remediaron, tornando el uno a tener hazienda, y el otro, vista. Refiérelo Fulgoso.

[2] En Sicilia estavan unos estanques llamados Pálicos cerca del río Simeto, en el cual, si entrava alguno que huviesse jurado falso, luego era muerto, y al que carecía deste crimen no hazía daño. Y en Asia, cerca de Tiana, estava una fuente llamada de Júpiter, de agua frigidíssima, de la cual si bevía algún perjuro, luego era herido manos y pies de llagas penosíssimas, de que sentía tan gran dolor que forçado confessava la verdad, y a los que juravan sin mentira no hazía daño. Esto afirma Filostrato, y refiérelo Fulgoso, y era obra miraculosa. |


[3] En la ciudad de Berito, del obispado de Antioquía, residían muchos judíos, y en casa de uno dellos fue hallada una imagen de Jesucristo, que por olvido de un cristiano que vivía primero en ella se dexó allí, y se tenía por tradición que la hizo Nicodemus, el que se halló con Josef en la sepultura de Cristo, aviéndole descendido de la Cruz. Vista por aquella mala gente, primero trataron mal al judío en cuya casa estava, no bastándole su disculpa de que la dexó allí el que primero vivía en ella, siendo cristiano. Después, llevando la imagen a su sinagoga o casa de oración, que tenían en aquel pueblo, y trayendo a la memoria lo que sus passados avían hecho en la persona de Cristo, determinaron hazer ellos en la figura e imagen otro tanto, por afrenta y vituperio suyo. Echáronle salivas en el rostro, diéronle bofetadas, tomaron clavos y traspassaron con ellos las manos y pies de la imagen. Pusiéronle en la boca una esponja con vinagre, hizieron una corona de espinas y pusiéronsela en la cabeça, y últimamente, uno de los que estavan allí, el más cruel y atrevido, tomó una lança y diole una cruel /(305r)/ herida por el costado. Mostró Dios una maravilla grandíssima, y fue que de la herida començó a manar sangre y agua en grandíssima abundancia, no sin espanto y admiracion de aquella infernal y sacrílega gente. Truxeron una vasija grande en que recogerlo, y en breve tiempo fue llena de aquel santo licor. Trataron entre ellos sobre ello, y acordaron que se diesse a enfermos, para que si era verdad lo que de Jesús Nazareno se dezía en el tiempo que vivió en el Mundo, que tocándolos con sus manos los sanava, que lo mismo haría aquel licor, y no siendo assí, que fuesse tenido por cosa de burla y mentira todo lo que dél se dezía acerca de sus milagros. Hízose assí, todo con intento de burlar y escarnecer del Salvador. Estando, pues, la vasija en la sinagoga, convocaron enfermos, y ungidos con aquel santo licor sanavan. Convencidos los judíos de la fuerça deste milagro, fueron al obispo metropolitano y, derribándose a sus pies, confessaron su delicto y todo el caso sucedido. Y averiguada la verdad por él, y vista la imagen con el licor y milagros de los que sanavan, porque lo pidieron ellos, hizo cristianos a los judíos, baptizándolos, y la sinagoga se consagró en iglesia con título y nombre del Salvador, y fue la primera deste nombre y título. De el licor fue embiado en vasijas pequeñas de vidro por toda la Cristiandad, con el testimonio del milagro. Esta relación se hizo en el Concilio Nizeno, el Segundo, y se mandó se autenticasse entre los hechos de aquel concilio.
[4] Cetrón y Eufrosina, muy devotos de San Nicolás, y que celebravan cada año su fiesta, tenían un hijo, el cual les fue llevado captivo por agarenos a Babilonia. Y estando sirviendo a la messa del rey, acordóse el moço que era víspera de San Nicolás, en que sus padres hazían grande fiesta. Preguntóle el rey por qué llorava. Diole cuenta dello, y el pagano le dixo haziendo burla:

-Si esse Ni- colás | es poderoso, dile que te lleve allá.

Tenía en las manos el moço el vaso que el rey avía de bever, y vídose que le asieron de los cavellos y levantaron en alto, y a vista del rey y de los que estavan con él, desapareció, y desde a poco espacio se vido en la iglesia de San Nicolás, adonde sus padres celebravan la fiesta, no obstante que aquel año avía sido con grandes lloros y tristeza por la prisión y captividad del hijo. Y viéndole libre, fue muy mayor su regozijo, y creció la devoción del santo. Es de la Vida de San Nicolás, escrita por el Metafraste.

[5] En la ciudad de Nola, que es en Campania, provincia de Italia, estava Félix Sacerdote, el cual, en una persecución que se levantó contra los cristianos, viniendo ministros de los juezes a prenderle por tener dél noticia, y llegando a la plaça, a quien primero preguntaron por Félix fue a él mismo. Respondióle que avía poco que estava allí. Dexáronle, y preguntaron a otro lo mismo, el cual les dixo:

-Aquél es, con quien agora hablávades.

Avíase Félix apartado de allí, entendiendo para lo que aquellos le buscavan. Siguiéronle. Llegó Félix a un muro viejo y roto de la ciudad, y pareciéndole que según el tiempo no avía lugar más acomodado para esconderse que aquél, entró allí. Donde, siendo ordenado por Dios, juntáronse muchas arañas y hizieron delante dél una tela, con que de presto le cubrieron. No faltó quien le vido entrar allí y dio aviso a los que le buscavan, que ya llegavan cerca, mas visto por ellos el lugar y las telas de las arañas, dixeron:

-El que nos dixo que entró aquí, burlóse de nosotros, pues por donde a una mosca se le veda la entrada, de razón se le ha de vedar a un hombre.

Y con esto, enojados, se fueron a buscarle a otra parte. Cosa maravillosa por cierto que, no siendo poderosos muros fuertes, y en ellos muchos soldados para defender los vezinos de una ciudad, que no sean entrados de enemigos y puestos a cuchillo, bastan telas de arañas /(305v)/ para defender a un hombre sin armas de muchos cargados dellas. Escrivió esto Paulino, obispo de la misma ciudad de Nola, y dize: «Verdaderamente el que tiene consigo a Cristo, la tela de araña le basta por muro, mas al que está sin Cristo, ni los muros fuertes bastan a su defensa».


[6] Bolviendo San Hilario de un destierro donde le avían tenido hereges, y caminando en un navío para Francia, su tierra, siendo obispo de Poitiers, llegó el navío en que iva a una isla llamada Gallinaria, que es en el mar de Toscana. Entendió que estava despoblada, y era la causa el aver en ella muchas serpientes ponçoñosas, las cuales avían echado della a sus habitadores. El santo obispo, pareciéndole que era menos peligro el pelear con bestias ponçoñosas que con hereges, con quien siempre anadava a las manos, determinó de salir a ella, aunque contradiziéndole todos los que venían en el navío. Tomó su báculo, salió a tierra, y viniéndose para él aquellas serpientes, començó con el báculo a amenaçarlas, haziendo la Señal de la Cruz. Vídose luego que bolvieron todas atrás y él fue siguiéndolas, hasta que las llevó a una parte de la isla muy fragosa, y allí hincó en tierra su báculo, poniéndole por límite de las ponçoñosas bestias. Después de lo cual, aunque por la otra parte se veen saltar en la agua, por aquella no osan passar un pie adelante del término que les puso el santo varón. Y de aquí se vido cuánto excede el segundo Adam, Jesucristo, al primero, pues el primero obedeció a la serpiente, el segundo tiene siervos que mandan a las serpientes. El primero, por la serpiente fue echado de su silla, que era el Paraíso Terreno; el segundo echa por medio de sus siervos las serpientes de sus proprias moradas. Y desde este tiempo se hizo habitable aquella isla, y adonde antes habitavan dragones, ya habitan hombres que alaban al mismo segundo Adam, Jesucristo, que tal obra hizo por su | siervo. Es de su Vida, escrita por Fortunato.
[7] San Gangulfo, cavallero principal y exercitado en las armas, en que sirvió al rey Pipino de Francia, siendo contado entre los más valientes y esforçados de su reino, junto con esto era gran siervo de Dios, y al cabo, procurándolo su propria muger, fue mártir. Bolvía una vez de cierto negocio a que le embió el rey, y estando en la provincia de Campania, siendo el mediodía y tiempo muy caluroso, apartóse del camino y vido una hermosa fuente, de que se agradó mucho. Y assentándose junto a ella con sus criados para comer de la provissión que llevavan, vino allí el dueño de aquel campo, a quien rogó Gangulfo que se assentasse y comiesse con él. Estando comiendo y mostrando el contento que tenía de gustar la agua de la fuente, dixo al señor della que si se la quería vender se la pagaría muy bien, para passarla a su tierra. El otro, oyendo esto, rióse dél, teniéndole por hombre sin juizio, y queriendo burlarse dél sacándole algún dinero, y que se quedaría con la fuente, pues no entendía cómo era possible llevarla, ni acordándose que dixo Cristo, Nuestro Redemptor: «Si tuviéredes fe bastante, podréis mandar a un monte que se despeñe en el mar, y él os obedecerá», respondióle que se la vendería si le dava por ella cien sueldos. Gangulfo los contó y se los dio, y acabada la comida, bolvió a su viaje, y llegando a su propria tierra, que se llamava Varenas, adonde a la sazón vivía, y donde se fundó después una iglesia de su nombre, dio cuenta a su muger, entre otras cosas, de la fuente que avía comprado en Campania para traerla allí, de que ella no hizo poca burla. Murmuró dél, teniéndole por desatinado y pródigo. Salió desde algunos días el varón santo a ver un huerto que tenía junto a su casa con un báculo en la mano, y en una parte que le pareció acomodada para /(306r)/ su intento, hincó el báculo y dexóle allí. Otro día, faltándole agua para lavarse las manos, mandó a un su criado que fuesse a donde estava el báculo, y sacándole, manando allí agua, le truxesse della. Fue el criado, sacó el báculo y salió un grande golpe de agua, y hízose una fuente de la misma traça que era la que compró en Campania. Donde el que la vendió se quedó sin ella, porque nunca más pareció agua en aquel lugar, y permaneció donde el santo quiso. Y por merecimientos suyos, beviendo enfermos de aquella agua, sanavan. Refiérelo Surio, tomo tercero.
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