De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[8] Hugón, abad cluniacense, entrando una vez en París, dixo Missa en la iglesia de Santa Genovesa, donde le mostraron una cassulla traída de Antioquía, con que era fama que dixo Missa el Apóstol San Pedro. Vista por San Hugón, dixo:

-Oxala tuviéramos aquí algún enfermo para que esperimentáramos en él la virtud y gracia del Apóstol.

Oído esto por uno de los presentes, truxo allí un paralítico de muchos años llamado Roberto, y pidió a Hugón le remediasse. El santo hizo por él oración, puso sobre él la cassulla, y con boz humilde, dixo:

-Esto dize el Apóstol: Roberto Paralítico, sánete Jesucristo. Levántate y anda.

Levantóse luego sano, y dio gracias a Dios y a su siervo por la recobrada salud. Fue público este milagro, y avía santa contienda acerca dél, porque los de París atribuían el milagro a San Pedro, los monges cluniacenses, a Hugón. Y lo que se puede entender es que el paralítico Roberto rogó a Hugón, por medio del que allí le truxo, le alcançasse salud, Hugón rogó por él a Cristo, intercedió San Pedro, y diole salud el autor della, Jesucristo. Refiérelo Surio, tomo segundo.
[9] Residía en Alexandría un varón fiel, misericordioso y de costumbres inculpables, en cuya casa se hospedavan monges peregrinos, el cual grandemente era devoto de la Madre de Dios. Tenía muger igual a él en virtudes, y que ayunava de ordinario las Vigilias des- ta | Señora y otro muchos días, sin los de obligación. Tenía una hija de seis años. Era él tratante y mercader, por lo cual le convino passar a Constantinopla. Dexó a la muger y hija en su casa con un criado, y al tiempo de entrar en el navío, díxole la muger:

-¿A quién, señor, nos dexas encomendadas?

Respondió él:

-A la Madre de Dios y Señora Nuestra, la Virgen Santa María.

Después de lo cual, como un día estuviesse la muger en su aposento trabajando de manos, y tuviesse consigo su hija, el criado, por sugestión del demonio, quiso matarlas, y robar la casa e irse. Tomó un cuchillo y salió de la cozina, y llegó a la puerta del aposento donde estava la señora, más hirióle Dios de ceguedad, y fue de suerte que ni entrar en el aposento, ni bolver a la cozina era en su mano. Estuvo una hora porfiando para entrar, y visto que no hallava la puerta, llamó a la señora que llegasse a él. Ella que le vido estar junto a la puerta, e ignorava que estuviesse ciego, díxole:

-Entra tú dentro. ¿Qué quieres?

Porfiava él, y con juramentos la importunava que llegasse. Dezía ella que no iría en alguna manera, que por qué no entrava. Replicó el criado:

-Pues llegue aquí essa niña.

-Ni ella ha de ir -dixo la madre-, que es poca tu vergüença, pudiendo entrar y dezir lo que quieres, pedir que nosotras salgamos allá.

Visto por el criado que no podía executar su mal intento, con el cuchillo que traía se hirió de muerte. Dio bozes la señora, ocurrió gente, y llegó allí el magistrado sabido el caso, y como aún no estuviesse muerto el criado, de su boca supo todo el caso, y los que estavan presentes alabaron a Dios, que por merecimientos y ruegos de su Sagrada Madre avía librado a aquellas dos personas que le fueron dadas en guarda. Es del Prado Espiritual , capítulo setenta y cinco.


[10] Iva el abad Gregorio Anacoreta en un navío, partiendo de Constantinopla a Hierusalem, y entre otros passajeros que /(306v)/ llevavan aquel viaje con designo de adorar los Lugares Santos de aquella ciudad, era un escrivano con su muger. Estando, pues, en alta mar, faltóles la agua, donde se vido un triste espectáculo, porque estavan tendidos por el suelo niños, moços, mugeres y hombres, a punto de perecer de sed. El escrivano, impaciente de ver este daño, puso mano a la espada para el patrón del navío, queriéndole matar, diziendo que él tenía la culpa por no se aver proveído de agua suficientemente. El abad Gregorio le fue a la mano que no lo hiziesse, y dixo:

-Harto más acertado será que todos hagamos oración a Dios que nos libre deste tormento, que assí lo haze el mismo patrón, que ha tres días que ni come ni beve, estando orando.

Y era assí verdad, siendo hombre devoto y muy religioso. Y assí pareció, porque al cuarto día el patrón començó a dar bozes, diziendo:

-Gloria se dé a Ti, Cristo, Dios Nuestro.

De lo cual se admiraron los que ivan en el navío. Mas su admiración cessó luego, viendo que una nuve se puso sobre él y començó a derramar abundancia de agua, que cogieron en vasos, con que se proveyeron bastantemente. Y era el milagro mayor, que caminando el navío, la nuve caminava sobre él y vertía su agua, sin que cayesse cosa en el mar. Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y setenta y cuatro.
[11] Llegó de Egipto a Seleucia el abad Brocha, y cerca de la ciudad vido un lugar desierto, donde quiso edificar una pequeña celda y ser morador algún tiempo. Levantó las paredes, y faltávale madera con que cubrirla. Entró en la ciudad y vido a la puerta de una casa el dueño della, llamado Anatolio, hombre principal. Díxole:

-Ruégote, señor, que uses comigo de caridad y me des madera con que cubra una pequeña celda para mi habitación.

El otro, muy indignado de oír tal demanda, díxole:

-¿Ves aí un madero? Tómale.

Con esto le mostró una viga, que era bastante para entena de un navío, que estava junto a su casa. El abad | Brocha le replicó:

-Pues, señor, me hazes la caridad, échame tu bendición.

Anatolio, más enojado y lleno de cólera que primero, dixo con ironía:

-Bendito seas del Señor.

Oído esto por Brocha, levantó él solo el madero, y poniéndosele al hombro, como si llevara una vara ligera caminava a su celda. Quedó lleno de espanto Anatolio, visto tan estraño milagro, por lo cual de buena gana le dio el madero que antes, burlando, mostrava querer dar. Y con él, aviéndole asserrado en menudas pieças, cubrió su celda, y le sobró para otros ministerios. Refiérese en el Prado Espiritual, capítulo ciento y noventa.
[12] En menosprecio de la Religión Cristiana dio licencia el emperador Juliano a los judíos que reedificassen el templo de Hierusalem, destruido por Tito, hijo de Vespasiano. Començóse la obra, y estando puestos los fundamentos, dio la tierra un gran bramido, y despidiendo de sí llamas terribles de fuego, bolvió en polvos lo començado de la obra, y no perdonó a las herramientas de los oficiales, que también fueron hechas ceniza. Murieron muchos judíos y no pocos de los oficiales. Y en la siguiente noche se vieron en los vestidos de los judíos que quedaron, cruzes señaladas, sin que se pudiessen borrar. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[13] Reinando Teodorico en Africa, era obispo de Cartago Olimpio Herege. Estávase un día bañando, y dixo una blasfemia de la Santíssima Trinidad, en la cual no creía. Vieron muchos que estavan presentes que cayeron del Cielo tres rayos, y sin hazer daño en otra parte, le hirieron, dexándole abrasado y consumido. Es del mismo.
[14] El emperador Valente, ariano, quiso llevar a Constantinopla la cabeça de San Juan Baptista, de un pueblo donde estava. Púsola en un carro, y no fue possible dar passo con ella, y assí desistió de su intento. La cual después llevó el empera- dor /(307r)/ Teodosio con grande facilidad. Y dexóse luego entender la causa deste misterio, que fue no querer ir la cabeça del Baptista con un herege, como lo era Valente, sino con Teodosio, que fue católico y buen cristiano. Refiérelo también Fulgoso, libro primero.
[15] Aviendo el emperador Heraclio cobrado el precioso madero de la Santa Cruz de poder del rey de Persia, Cosdroes, y bolviendo con ella a Hierusalem, quiso ponerla en su proprio templo, donde antes estava. Y para esto ordenóse una sumptuosíssima processión, y en ella salió Heraclio vestido con riquíssimas ropas, y con el calçado sembrado de piedras de mucho valor, y con la Cruz sobre sus hombros. Avía de atravesar una puerta de la ciudad, y paróse el emperador con la Cruz, sin poderse mover de un lugar, y desto, él y todos los presentes quedaron admirados, no sabiendo qué pudiesse ser la causa de tan estraño milagro. El Patriarca Zacarías, que iva al lado del emperador, buelto a él, dixo estas palabras:

-Miedo tengo, sereníssimo príncipe, no sea la causa de que no puedes moverte la que te diré. Tú, señor, llevas la Cruz sobre tus hombros, procurando imitar a Jesucristo que la llevó por este mismo camino, y si bien miras en ello, imítasle poco, porque no la llevas como él la llevó, ni como conviene llevarla. Porque tú llevas atavíos riquíssimos, y Él llevava una vestidura humilde; tú llevas corona imperial en la cabeça, y Él llevávala de crueles espinas; llevava Él los pies descalços por el suelo llenos de polvo, y tú los llevas puestos en púrpura y preciosas perlas.



Parecióle a Heraclio que Zacarías tenía razón, y mandó traer una ropa de poco valor. Quitóse la corona y calçado, y assí, descalço y con pobre y humilde vestido, pudo proseguir con la processión, hasta poner la Sacrosanta y Bendita Cruz en el lugar donde Cosdroes la avía quitado catorze años antes. Lo dicho se refiere en la Fiesta de la Exaltación de | la Cruz, y habla dello Lipomano en el sexto tomo.
[16] En la batalla que el rey don Ramiro tuvo contra los moros en España, fue visto de todos los que en ella se hallaron el Apóstol Santiago el Mayor, cuyo cuerpo está en Galizia, que en un cavallo blanco con armas resplandecientes faborecía a los cristianos y perseguía a los paganos, y con su fabor se ganó aquella batalla, quedando muchos pueblos obligados de su gana a dar cada año cierta paga y tributo a su Iglesia, como parece por un Privilegio dado por el mismo rey, donde se cuenta este milagro. Y quedó de aquí que los españoles, en todos sus trances de guerra, apellidan en su fabor a Santiago.
[17] En la expedición que hizo Godofredo de Bullón en la Tierra Santa, al tiempo que se entró la ciudad de Hierusalem fue visto Aimaro, obispo aniciense, que iva delante de todos, y fue el primero que subió en los muros, y desde allí çeñava a los soldados que subiessen. Del cual afirma Guilielmo Tirio, obispo, escritor deste hecho, que algunos años antes era muerto.
[18] Edificóse en tiempo del rey Dagoberto de Francia un solemne templo, cerca de París, dedicado a San Dionisio, y juntándose algunos obispos para consagrarle una noche, vido cierto leproso a Jesucristo en hábito pontifical, con otros santos que le consagravan, y fuele mandado que lo dixesse, y para que fuesse creído, que diesse por señal el ser libre de lepra. Y fue esto causa a que no se atreviessen los obispos a consagrarle, teniendo por cierto que el Hijo de Dios quiso honrar aquella iglesia con semejante ministerio. Y el mismo día se celebra en ella, y se vee pintado en una custodia de oro, con el leproso santo. Refiérelo Fulgoso.
[19] Siendo emperatriz Irene, fue descubierto un sepulcro, y en él un cuerpo muerto, y en el pecho tenía una lámina o plancha de oro con estas letras: «Creo en Jesu- cristo, /(307v)/ que nació de María Virgen. ¡Oh, Sol, imperando Constantino e Irene, otra vez me verás!». Esto refieren graves autores, y algunos dizen que era Platón el que estava allí sepultado. Todos concuerdan en que su antigüedad declarava estar allí antes del Advenimiento en Carne del Hijo de Dios al Mundo.
[20] Austreberta, abadessa del monasterio Pauliacense en Francia, estando una noche durmiendo en su monasterio, con sus monjas en el dormitorio, aviendo de dezir Maitines a la medianoche, una hora antes dieron bozes a cierta monja que se levantasse, y fuesse a la abadessa y la dixesse que luego tañesse a Maitines y los començasse. A la monja se le hazía de mal. Dixéronselo tres vezes, y amenazáronla si no iva. Con esto, fue y contó lo que avía oído a la abadessa. Mandó luego tañer, juntáronse las monjas en el coro, y luego que començaron los Maitines oyeron un grande ruido en el dormitorio. Y fue que se hundió todo, y si esperaran a la medianoche, todas murieran. Refiérelo Surio, tomo primero.
[21] San Luis, rey de Francia, passando a la conquista de Hierusalem, cayó en una celada de moros y fue presso. Y en la prisión le sucedió que le embió Dios con un ángel un Breviario en que rezasse, y le dio gracia para que assí él como sus sucessores en el reino, haziendo la Señal de la Cruz sobre los que tiene lamparones, sanassen. Es de su Historia.
[22] Nizéforo Calixto, libro séptimo, capítulo treinta y siete, escrive del emperador Constantino que, al tiempo que iva a pelear contra Maxencio, mandó llevar en un estandarte una Cruz, delante de todo el exército. El que le llevava temió de ser muerto y diole a otro, el cual se desnudó todas las armas, y con sola la túnica le llevó, sin ser herido ni recebir daño alguno, aunque passaron junto con él inumerables saetas y dardos; y el que le dexó, aunque iva bien armado, fue muerto en la batalla.
[23] San Brandano, abad en Escocia, iva | navegando con ciertos religiosos. Halláronse cerca de una pequeña isla, al parecer, día de Pascua de Resurrección. Importunáronle que saliesse a tierra, y sacando aderezo, dixesse Missa. Hízolo assí, y al tiempo del Pater Noster començóse la isla a menearse, porque era una grande vallena. Entendiéronlo todos, y no por esso San Brandano hizo pausa en la Missa, sino que la acabó. Y, acabada, púsose de rodillas, rogando a Dios detuviesse aquella bestia hasta que todos se huviessen embarcado. Oyóle su Magestad, embarcáronse, y luego la vallena se hundió. Dízelo San Antonio de Florencia, en la Segunda Parte Historial.
[24] San Gregorio Turonense escrive en su Historia Francesa de Leovigildo, rey de España, que siendo ariano, andava confusso por ver que los católicos hazían milagros, y no los de su secta. Llamó un día a cierto obispo, herege como él, llamado Cirola, y díxole qué era la causa que no hazía él milagros, como los hiziessen sus contrarios, los que se llamavan católicos. Respondió el Cirola:

-Muchas vezes di luz a ciegos y hize que oyessen los sordos, y aora también haré lo que me mandas.

Habló luego en secreto a otro herege, y díxole:

-Toma diez pieças de oro, y estarás cerrados los ojos por donde el rey passare, yendo yo con él, y darás bozes pidiéndome que te restituya la vista por la Fe y creencia que tengo.

El herege recibió el dinero y hizo lo que le fue dicho, y a tiempo que el mal obispo passava al lado del rey muy acompañado de hereges, el ciego de dinero, y no de vista, dio bozes pidiendo que, según la Fe del obispo, le restituyesse la vista. El Cirola, con mucha arrogancia, se llegó a él, púsole las manos sobre los ojos, y dixo:

-Hágase en ti según mi Fe.

Y diziendo esto, se le rompieron los ojos al miserable codicioso, con mucho dolor. Y quedando de veras ciego, publicava el engaño y maldad que pretendía /(308r)/ hazer por el dinero que le dio Cirola.
[25] San Pedro Mártir, inquisidor, disputava en Milán en medio de la plaça con un obispo herege, estando presentes muchos católicos y hereges, y por ser tiempo de verano y molestarles a todos el Sol, dixo el obispo:

-Si tú, Pedro, eres santo, como todo este pueblo afirma, ruega a Dios que interponga alguna nuve entre el Sol y nosotros para que no nos moleste con sus rayos.

Respondió él:

-Soy contento de lo hazer, con que dexes tus errores y confiesses la verdad de nuestra Fe y la recibas.



A los católicos que estavan presentes les pesó mucho de oír esto, pareciéndoles que no haziéndolo tendrían los hereges ocasión de burlar dellos. Y por estar el cielo muy sereno, pensavan que no haría lo que prometía. Los hereges davan bozes al obispo que lo prometiesse, teniendo por cosa cierta que faltaría en lo que prometía aquél que tenían por su capital enemigo, y que hallarían aquí ocasión con que perseguirle. El obispo, con pertinacia de hereje, no quiso obligarse a esto. Y visto por el santo, para quitar el miedo a los católicos y el plazer a los hereges, y mostrar la ceguedad y dureza de aquél que era cabeça de todos, hizo oración a Dios, y apareció luego allí una nuve que se puso como toldo o cielo sobre el auditorio hasta que se acabó la disputa, defendiéndolos del calor del Sol. Es de su Vida, escrita por Tomás Lentino, y referida por Surio, tomo segundo.
[26] El Seráfico Padre San Francisco, apartándose a tener la Cuaresma, que ayunava, a San Miguel, en el monte de Alverna, dos años antes de su muerte, un día de mañana cerca de la Exaltación de la Cruz, que es en Setiembre, vido decender de los Cielos una semejança de serafín, que traía seis alas encendidas en fuego y echava rayos de claridad. Llegó con ligereza grande al lugar donde estava el varón de Dios, Francisco, y apareció entre las alas la figura de un Crucifixo. Las dos alas de arriba tenía levantadas sobre la cabeça, y | las dos de en medio traía estendidas, y bolava con ellas y hazía semejança de Cruz, y las otras dos traía recogidas, solamente cubriendo con ellas el cuerpo hasta los pies. A la presencia desta gloriosa visión, admirándose San Francisco sobremanera, sintió en su coraçón una excesiva alegría, mezclada con viva compassión, de la vista de su amado Cristo. Fue el santo arrebatado en éxtasi, como solía siempre que se ponía a meditar en la Passión de Jesucristo, de que más que puede encarecerse era devoto. Y assí esta vez quedó transformado en la semejança de Jesucristo Crucificado, dexándole la figura de sus sagradas llagas imprimidas en su carne de tal manera, que sus manos y pies eran traspassados por medio con clavos de la misma carne, y las cabeças parecían en las palmas de las manos como redondas y negras, las puntas eran largas y retorcidas, y lo mismo en los pies. El costado derecho tenía assí como herido con una lança, hecha en él una llaga abierta y colorada. San Buenaventura, en su Vida, afirma aver oído esto a muchas personas que lo vieron con sus ojos y tocaron con sus dedos. El Papa Gregorio Nono, que le canonizó, afirmó averlas visto, y Santa Clara las vido y tocó con sus dedos, como se dize en su Vida.
[27] Santa Casilda, hija de Aldemón, rey de Toledo, moro de nación y secta y grande enemigo de cristianos, viendo que tenía a muchos en cárceles y mazmorras, padeciendo lazeria y hambre, siendo piadosa compadecíase dellos, y por estar las cárceles junto a palacio, ella misma recogía algunos panes y otras cosas de comer, y llevávaselo para que tuviessen algún consuelo y recreo en tanta miseria. Avisáronle desto a su padre. Aguardóla un día, y viéndola ir recogida su falda, fue a ella, y con grande enojo hízole mostrar lo que llevava, y descubierto, vido rosas y flores, de que el moro quedó confuso, y su hija, maravillada deste milagro. Fue Casilda a los cris- tianos /(308v)/ y contóles lo que passava, y por ello dieron gracias a Nuestro Señor, tornando a parecer lo que antes. Su padre juzgó que eran rosas y flores, aquella gente hambrienta experimentó que eran pan y carne. Sucedióle a Casilda una enfermedad de fluxo de sangre, que todos los médicos juzgavan ser incurable. Tuvo revelación de Dios que si se bañava en el lago de San Vicente, el cual está en tierra de Bureba, cerca de la villa de Birviesca, que sanaría de su enfermedad. Dio cuenta dello a su padre, y hazíasele de mal de embiarla a aquella tierra que era de cristianos. Al fin, con desseo de verla sana, embióla con un presente de muchos captivos que hizo libres al rey don Fernando, que a la sazón reinava, y fue el primero de los deste nombre. Recibióla él muy bien, y hízole mucha honra. Bañóse Casilda en el lago y quedó sana, por lo cual se baptizó, y junto a aquel lago hizo un aposento en que passó todo lo demás de su vida, viviendo santamente, y murió como vivió. Lo dicho se coligió de Breviarios antiguos de España, y refiérelo el Arcediano de Ronda en su Catálogo de Santos.
[28] Raimundo de Peñafort, del Orden de Predicadores, siendo confessor del rey don Jaime de Aragón, para apartarle de la afición que tenía a cierta muger, aconsejóle que la echasse de su corte, y huyesse de verla y aun de oír su nombre, y no haziendo esto, afirmóle que él le dexaría y se bolvería a su convento. El rey prometió de lo hazer assí, aunque no lo cumplió, vencido de su propria sensualidad y de los amores y caricias que la engañosa muger le hazía. Ofreciósele al rey de passar a la isla de Mallorca, y fue después de averla conquistado. Dixo a fray Raimundo que fuesse con él aquel viaje, y que desta manera podría apartarse de ofender a Dios con aquella muger, dexándola en Barcelona. Concedió con él, y estando en la isla supo que avía passado a ella escondidamente la muger, y que se veía con el rey. Por lo cual le habló | y reprehendió osadamente, y junto con esto se despidió dél. El rey le oyó, y vista su determinación, mandó con pena de muerte que nadie le passasse a Barcelona. Entendido esto por el santo, fuese al mar, y quitándose la capa, tendióla sobre las aguas y puso en ella los pies sin hundirse. Y en un báculo que traía puso su escapulario, levantándole en alto como vela. Vino luego un viento que le apartó de tierra y llevó velozmente el mar adelante a vista de muchos, que fueron a dar noticia dello al rey. El cual, muy admirado, y con pena de que se le fuesse, mandó ir en su seguimiento algunos barcos y vassos ligeros. Mas fue en vano, porque como tenga bien que hazer en passar aquel mar un navío con próspero viento en un día, el santo varón Raimundo, con este modo milagroso de navegar, aviendo salido de la isla de mañana, a mediodía llegó a Barcelona. Donde, siendo visto de la manera que venía, fueron a recebirle gentes sin número, con admiración y alegría de todos. Salió a tierra y sacudió su capa, quedando ella y él sin señal alguna de humedad. Tomó el camino para su convento, y antes de llegar a él hizo algunos milagros, de enfermos que sanó, bendiciéndolos. Abriéronsele las puertas del monasterio, y dexando fuera los que le acompañavan, entró en él. Hizo oración, y estando los frailes en el refectorio, fue a él, y recebida la bendición del perlado, se assentó a la messa y comió con los religiosos. Lo dicho está en su Vida, en la Tercera Parte del Flos Sanctorum , colegida de las Lecciones del Breviario de Barcelona , y de Surio, tomo primero.
[29] En la cuenta de milagros pueden entrar los que passaron mucho tiempo sin comer, como antiguamente Elías, que con un pan y un jarro de agua passó cuarenta días de camino; Moisés, otros cuarenta días se detuvo gozando de razonar con Dios sin sentir hambre. María Egipciaca, con tres panes se sustentó, y con hiervas, muchos años. En la ciudad /(309r)/ de Colonia, imperando Frederico Segundo, un hombre simple estuvo sin comer siete semanas, beviendo un poco de agua de cuando en cuando, de lo cual da testimonio Alberto Magno, como testigo de vista, que también escrive de otra muger de tierra de Alemania que estuvo veinte días sin gustar manjar. San Augustín, escriviendo a Casulano, afirma que en su tiempo vivió cuarenta días un hombre sin comer. Y el Petrarca haze mención de un veneciano que passó el mismo tiempo ayunando. Olimpiodoro Platónico trae por testigo a Aristóteles, que vido en su tiempo un hombre que nunca comió ni durmió, en toda su vida, sino que poniéndose al Sol suplía lo uno y lo otro. Y en los Anales de Francia se escrive que en el año de Cristo de mil y trezientos y veinte y dos, en el campo Tulense, una donzella de doze años comulgó la primera vez, y no comió por tres años, y passados éstos, tornó a lo que antes acostumbrava. En Perusia, Palumba, muger de veinte años, por siete cumplidos se sustentó alma y cuerpo con la Sagrada Comunión, sin usar otro manjar, y desto hizo información el Papa Inocencio Octavo. Y en el de mil y cuatrozientos y sesenta, Nicolao Helvecio, después de ser padre de cinco hijos, se fue a vivir en soledad, y en ella vivió quinze años, sin comer cosa alguna. Su vida era admirable, y dezía cosas que estavan por venir, revelándoselo Dios. Quiso el obispo de Constancia, en cuyo distrito vivía, experimentar esto. Vídose con él, y hecha su diligencia, halló ser verdad lo que dél se dezía. Mandóle por santa obediencia que comiesse alguna cosa. Él se defendió lo que pudo, y al cabo obedeció, aunque le costó tres días de dolor grande de estómago, lo cual primero él lo avía dicho. Y no sólo el obispo Constanciense hizo prueva deste negocio, pues muchos otros príncipes de Alemania, Francia y Italia le visitaron y averiguaron ser verdad. Baptista Fulgoso, que escrivió todo lo dicho, afirma que él hizo notable pesqui- sa | sobre el caso de personas que lo avían visto, y todos concordaron en que era assí verdad.
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