De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



Descargar 5.27 Mb.
Página94/143
Fecha de conversión14.10.2018
Tamaño5.27 Mb.
1   ...   90   91   92   93   94   95   96   97   ...   143
[30] También pueden entrar en este Discurso de Milagros el no aver abrasado el fuego a personas que fueron echadas en él, como antiguamente en Babilonia los tres mancebos amigos de Daniel Profeta. Copres, monge de Egipto, el cual contendió sobre algunos artículos de fe con un herege maniqueo pertinacíssimo, para provar con obras lo que con palabras confessava, entró en una hoguera y detúvose en ella media hora, sin quemarse ni recebir algún daño. Estava en Italia y no lexos de Roma, como cuenta San Gregorio, un monge recluso en una celda, y passando por allí el exército de los godos, quisiéronle regalar con cercarle de leña y pegarle fuego. La leña se quemó, y lo que estava en el circuito de la ermita, la cual, con ser de madera y seca, quedó libre, y el monge sin peligro.

-No os iréis por aí -dixeron los bárbaros.

Visto que su malicia no le comprehendía, asiéronle y pusiéronle dentro de un horno encendido, y cebándole con leña todo un día, el siguiente le hallaron sin daño y con vida.

En una villa de Francia, cerca del río Matrona, cayó un rayo y dio en cierto templo, el cual quedó abrasado, y vídose sin lesión ni daño alguno, apagada ya la llama, la custodia con el Santíssimo Sacramento. En el año de mil y quinientos y ochenta y nueve, en onze de setiembre, casi a la media noche, se pegó fuego en la plaça de Çocodover de Toledo, donde era la carpintería, y llegó desde la capilla de la Preciosa Sangre hasta junto al monasterio de Santa Fe de Comendadoras, con daño grandíssimo de casas, haziendas y gente. Yo mismo vi el fuego en su mayor furia, con lástima grande considerando el daño irremediable de muchas personas que salían del incendio, dexando uno la madre, otro, el hermano, y todos, sus haziendas en poder del elemento rabioso, que todo lo convertía en ceniza. Afirmóme un sa- cerdote /(309v)/ y hombre de verdad una cosa miraculosa que sucedió aquí, y la vieron diversas personas según él dixo, y fue que passados muchos días que duró el fuego entre los carbones encendidos, piedra y tierra, que no se dexava bien tocar con las manos por el calor que tenía, se halló una cadena y cerco de Agnus Dei de oro. El cerco y la cadena estavan en parte hechos plasta aviéndose derretido el oro, y el Agnus Dei, con ser cera bendita, estava entero y sano. No se hizieron sobre ello las averiguaciones que fuera razón, y yo desseé que se hiziessen, dando algunas puntadas para ello, por impedirlo la parte en alguna manera, temiendo no le desapareciesse su joya y la perdiesse con lo demás que de allí perdió. Yo refiero lo que oí, y no dexé de creerlo, porque entre otras gracias que tiene esta santa reliquia es que defiende de rayos a los que con devoción las traen o tienen en sus aposentos, y assí pudo ésta, con fabor del Cielo, librarse de la llama.


[31] Siendo Sumo Pontífice Pelagio, y emperador Mauricio, el río Atesis, que passa por Verona, creció de suerte que cubrió la iglesia del mártir San Zenón hasta las más altas ventanas, y con estar abiertas, y la puerta principal también abierta, no entró agua en ella. Y lo que más fue de maravillar, que hallándose algunos hombres dentro de la iglesia, llegaron a la puerta donde estava la agua como por muro, y cogieron della en vasos que bevieron. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[32] En tiempo del rey don Rodrigo de los godos, estava en Toledo un palacio antiguo, y en su puerta muchos candados, porque de ordinario los reyes ivan poniendo cada uno el suyo, teniendo tradición que era conveniente para bien del reino que assí se hiziesse. Fue don Rodrigo de contrario parecer, y en lugar de añadir candado, quitólos todos, creyendo hallar dentro algún tesoro dexado por Hércules, fundador desta ciudad, de quien se intitulava aquel pala- cio | y cueva, y oy le dura el mismo nombre, y está debaxo de la iglesia parroquial de San Ginés. Halló el rey una arca cerrada o barreada:

-Aquí -dize- está el tesoro. Yo quedo rico.



Abrióla y sacó una bandera y lienço grande en que estavan pintados hombres vestidos al talle de moros africanos. Vídose un escrito, que leído y entendido, dezía: «Cuando se descubra este lienço, gente de la traça que en él parece destruirán a España, y serán señores della». Quedó el rey bien confuso por verse frustrado de su esperança, y con temor de perder el reino, como le perdió, no por lo que dixo el arambel de Hércules, sino por sus pecados. Escrívese este hecho en la Historia General de España, y refiérelo Baptista Fulgoso en su Discurso de Milagros.
[33] En el mismo lugar pone este autor por cosa miraculosa de algunas mugeres que se tornaron varones. Como un Aresconte Argivo, que primero fue muger y tuvo marido, y cansándose de llevar su condición, dio en ser varón y se salió con ello. Naciéronle barbas y se casó, començando a mandar en casa, no queriendo ser mandado. Dize también de otra donzella en la ciudad de Esmirna, en Asia, y de otra en Espoleto, ciudad de Italia, que se tornaron varones. Refiere a Plinio, que vido en Africa a Lucio Cosicio, en la ciudad de Tisdritano, que, siendo muger y casándose, el mismo día de sus bodas se halló varón. Dize assí mismo que en tiempo de don Fernando el Primero, rey de Nápoles, Ludovico Guarna Salernitano tuvo cinco hijas, de las cuales las dos mayores, llamadas Francisca y Carola, llegando a quinze años, començaron a ser varones, mudaron el hábito, y los nombres, en Carlos y Francisco. Y en el mismo tiempo afirma de otra, llamada Ebula, también en Nápoles, que estuvo cuatro años desposada, y el día de sus bodas se tornó varón, y por pleito sacó la dote que avía dado a su esposo, y llamóse Eubulo. También pone por milagro de un Jassón Fereo, que tenía una aposte- ma /(310r)/ en el pecho, y para sanar della avía gastado grande suma de dinero, y todo sin provecho. Viéndose vivir muriendo, quiso acabar de una vez. Entró en cierta batalla y púsose en lo más peligroso della. Diéronle una terrible herida cerca de la apostema, y con ella sanó. De modo que no pudo alcançar de los médicos por su dinero salud, y alcançóla de su enemigo. He dicho esto porque lo dize el autor alegado en su Primero Libro, en el Discurso de Milagros, aunque yo no lo juzgo porque lo sea, pues pudo suceder con fuerça natural todo lo dicho.
[34] Isemberto, conde de Altorf, fue casado con Irmentrude. La cual, como viesse un día cierta muger pobre, que de un parto avía parido tres hijos, juzgó della que era adúltera, teniendo por impossible que fuessen de su marido. La cual, ordenándolo Dios por castigo de su mal juizio, dentro de un año parió de un parto doze hijos. Quedó afligida, pareciéndole que se podía dudar de su honestidad, y por acortar juizios mandó a una muger que la sirvió en el parto que dexasse uno dellos, y los demás, embueltos en un paño, los echasse en cierto río que estava algo distante de su palacio. Obedeció la muger, y llevando los infantes al río, encontró con ella el conde, que avía estado ausente, y preguntóle qué llevava tan encubierto. Ella respondió que eran güelfos (el cual nombre en su lengua es lo mismo que en la nuestra perros), y que por ser feos los iva a echar a mal. El conde dixo que los quería ver, que alguno podía ser bueno para caça. Estrañávase de mostrarlos la muger, mas haziéndole fuerça, descubrió lo que llevava y declaró todo el caso. El conde le mandó que dissimulasse el hecho y mandó criar sus hijos, y al sexto año, estando todos vivos, los hizo traer a su palacio, y juntándolos con el otro que allí se criava, todos parecieron hermanos. Declaró el conde el secreto, y teniéndolos por hijos, quiso que se llamassen Güelfos, como los avía llamado la muger que iva a dar la muerte a | los onze, y no Condes de Altorf. Es de Atratino Gebulo, y refiérelo el Teatro de la Vida Humana expurgado.
[35] En el año de mil y trezientos y catorze, imperando en Alemania Henrico, Margarita, condessa de Hollandia, por la parte que el río Rim desagua en el océano, de un parto parió trezientos y sesenta hijos vivos, de modo que fueron baptizados. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[36] Medardo y Gerardo, franceses y hermanos, nacieron en un día, y en otro mismo fueron hechos obispos, teniendo edad, vida y letras para tal cargo. El uno fue obispo rotomagense, y el otro, noviodunense. Nunca discordaron en las voluntades, y vinieron a morir en un mismo día. Milagros son éstos de la naturaleza. También es de Fulgoso.
[37] En el año de mil y dozientos y noventa, en la ciudad de París, por la Pascua de Resurrección, dio cierto judío rico a una vieja pobre algunos dineros, porque yendo a comulgar, sin consumir el Sacramento, se le truxesse. Hízolo assí, y el judío le puso en una sartén y fuego debaxo, y aunque estuvo allí algún tiempo, visto que no mudava color ni tamaño, hirió la forma con un cuchillo, de la cual salió sangre, y fue de suerte que no pudo encubrirse. Y resultó de aquí que la casa del judío se hizo iglesia con título del Salvador, donde se puso la forma y el cuchillo. Con esto viene lo que sucedió en tiempo de Carlos Octavo, rey de Fancia, que trayendo guerra con Ana, duquesa de Bretaña (con la cual casó después), un soldado bretón salió de la ciudad de Rhemes, y acompañado de otros llegó a un pago o villa, donde estava cierta iglesia, en la cual los vezinos avían recogido sus haziendas. Entraron en ella los soldados por fuerça, y el bretón, viendo una arca cerrada, rompióla, y pareciéndole que sería de alguno de aquellos labradores, viendo dentro ropa blanca, hinchó los senos, bolvió a su casa, y reconociendo lo que llevava, vido unos paños /(310v)/ del tamaño de los que sirven para limpiar las narizes, y creyendo ser déstos (aunque se engaño, porque eran corporales sobre que se pone en el Santo Sacrificio de la Missa el Sacramento), dióselos a una muger, en cuya casa estava hospedado. La muger los tomó, y teniéndolos en sus manos, manaron sangre, de modo que los paños y sus manos estavan bañados della. Quiso ir a labarlos y lavarse a cierto río, y fue tanto el licor que dellos salió, que el río perdía su color. Quedó llena de espanto, dio cuenta del caso, y por el hilo sacaron el ovillo. De uno en otro vinieron a entender que eran corporales. Lleváronlos a la iglesia, y fueron tenidos en suma reverencia. Dize bien esto con lo que se lee en la Vida de San León Papa, que si le pedían alguna reliquia, cortava parte de los corporales en que dezía Missa, y dávalo, y si veía mal contento al que lo recebía, punçava el corporal con un cuchillo y distilava sangre. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[38] Trayendo guerra sobre el Imperio Otón y Filipe, como prevaleciesse el uno contra el otro, el que se hallava superior aprovechávase cuanto podía de lo que era proprio de su contrario. Y por esta ocasión, estando los cuerpos de los Tres Reyes Magos en Colonia, en la iglesia de las Onze Mil Vírgines, fueron sacados de allí y llevados a la abadía Puldense en Turingia. Sucedió que una mañana, como estuviessen el abad y los monges cantando salmos y sus horas, vieron salir por la puerta del monasterio los tres cuerpos de los Santos Reyes Magos, los cuales fueron vistos luego en Colonia, donde primero estavan. Dízelo Fulgoso.
[39] Por el mismo tiempo de la guerra cruel y muy pofiada entre Otón y Filipe, llegando el ímpetu de los soldados cerca de Treveris, guiados por Vetuhero Bolano, recogiendo sus haziendas los de la comarca, se fortificaron en un templo de San Govar, por ser lugar fuerte. Llegó el enemigo y cercó la iglesia. Los que es- tavan | dentro, temiéndose de una ventana por donde los contrarios podían hazer daño, pusieron en ella la imagen de Jesucristo Crucificado, de bulto. Vista por un soldado, desparó su ballesta y hirió la imagen, la cual, siendo de madera, como si estuviera viva despidió por la herida sangre en gran abundancia. Visto esto por Veruhero, recogió sus soldados y passó a Tierra Santa en fabor de los Cruzados, tomando la Cruz con ellos. Dízelo Fulgoso.
[40] El cual concluye su Discurso de Milagros haziendo mención de tres dragones miraculosos, y del uno escrive Posidonio que se vido muerto cerca de la ciudad de Damasco, y dél afirma que se comió un hombre sobre un cavallo, y que tenía dozientos y cuarenta cobdos de largo. De otro haze mención San Hierónimo, y dize que era de quinze cobdos, y estava en Egipto. Del tercero escrive Diodoro, que reinando en Alexandría Tolomeo el Segundo, le truxeron a aquella ciudad, y tenía treinta cobdos. Valerio Máximo refiere a Tito Livio, que afirma averse visto en Africa, cerca del río Bragada, una serpiente que puso en confussión todo el exército de Atilio Régulo, porque matando a algunos soldados, puso temor a todos, y al cabo fue muerta de los ballesteros, y su cuero llevado a Roma, que tenía ciento y veinte pies en largo.
[41] También dize que se puede poner por milagro de naturaleza los Gigantes. Plinio escrive que en Creta vino a descubrirse por la corriente de cierto río un cuerpo que tenía de alto cuarenta y seis cobdos. Fueron a verle desde Roma Lucio Flaco, legado, y Metelo. Plutarco escrive que en Tingi, ciudad de Mauritania, fue abierto por Sertorio un sepulcro que era fama aver sido de Anteo, en el cual se vido un cuerpo humano que tenía sesenta cobdos. Afirma lo mismo Estrabón. En Roma también se halló el cuerpo de Palante, que se levantava sobre los muros de la misma ciudad, estando /(311r)/ fuera della. El hallarse este cuerpo fue en el año catorze del emperador Enrique Segundo, hijo de Conrado. Juan Bocacio, en el Libro de la Genealogía de los Dioses , dize que en Sicilia, no lexos de la ciudad de Deprano, se descubrió un cuerpo de gigante, que se resolvió en polvo, quedando los huessos, y por el de una pierna coligieron que sería su longitud de dozientos cobdos. Reinando Carlos Séptimo en Francia, en la montaña narbonense, descubrió el río Ródano los huessos de un gigante, que medido tenía de alto treinta pies. Dízelo Fulgoso, libro primero.
[42] Estava oyendo Missa Eduardo, rey de Inglaterra, varón santo, y de repente mostró grande alegría en su rostro, y preguntada la ocasión por sus privados, dixo:

-En esta hora se ha hundido en el mar, con cuarenta navíos, Frontón, rey de Dacia, que venía a hazernos guerra y quitarnos el reino y la vida. Mas Dios bolvió por nuestra causa y le ha pagado como merecía.



Túvose cuenta con la hora y día, y desde a poco tiempo vino nueva cierta de que era assí como el rey dixo. Refiérese en su Vida.
[43] En Alemania, cerca de los años del Señor de mil y dozientos y treinta, en el día de la Asumpción de Nuestra Señora, fue embiado un fraile de la Orden de Predicadores a predicar a cierto lugar. Y llegando a un río que estava en medio del camino, hallóle crecido y que subía sobre la puente. Vídose confuso, que si se detenía hazía falta en lo que la obediencia le mandava. Confiando en Dios y pidiendo su favor a su Soberana Madre, tendió la capa sobre las aguas, hizo la Señal de la Cruz, subió en ella, y como en barca passó de la otra parte, sin que sus vestidos se moxassen, y cumplió a lo que iva. Desto fue testigo otro fraile que le acompañava, y no osó seguirle, sino que aguardó cómo poder passar al seguro, y dio dello noticia. Es del libro segundo De Apibus, capítulo veinte y nueve.
[44] A la misma traça le sucedió a otro | fraile, también del Orden de Predicadores, que estando en Francia quiso passar a Inglaterra a negocio importante y que convenía al servicio de Dios fuesse con brevedad. Rogó al patrón de un navío que por amor de Dios le passasse, lo cual él no quiso hazer. Visto por el fraile, púsose en oración y derramó lágrimas, pidiendo a Dios le faboreciesse en lo que pensava hazer. Levantóse, y exortó a otro fraile que le acompañava hiziesse lo que viesse que él hazía. Con esto entró en el mar, y sólo mojándose las suelas del calçado, ivan los dos su camino. Vistos por los del navío andar sobre las aguas, admirados del caso, esperáronlos y recibiéronlos en él, pidiéndoles perdón, teniéndolos por santos. Estos dos acaecimientos se refieren en el Libro de Apibus Segundo, capítulo veinte y nueve.
[45] En Toledo, el año de mil y cuatrocientos y sesenta y nueve, jueves, en cinco días de enero, víspera de los Reyes, en la Parroquia de San Andrés estava enferma una buena muger llamada Teresa López, hermana de Gonçalo Rodríguez de San Pedro y muger de Alvar López de Arroyo, y aviéndole dado la unción y dexádole una cruz de latón al lado derecho de su cama, sobre una almohada, al pie della y junto al rostro de la enferma se apareció una Verónica, que era un rostro muy hermoso de Cristo, con cavellos y barba partida, como pintado de blanco y negro, y sobre la cabeça le salían de una diadema o corona tres ramos. Estava al parecer en la sábana, y siendo vista de diversas personas y quedando admirados, llegavan y meneavan la sábana, y veían que estava blanca, y dexando de tocarla y apartándose un poco, tornava a parecer la Verónica. Y una hija de la enferma le preguntó si veía algo, y ella se sonreía y tenía el rostro muy hermoso y alegre, aunque para espirar, como espiró aquel día. La Verónica apareció poco después que le dieron la Unción, y estuvo a vista de mucha gente desde hora y media antes del día hasta la plegaria /(311v)/ de la Missa, que fueron cinco o seis horas. Vino allí Fernán Sánchez de Avila, cura de la Parroquial de Santo Tomé, que le truxo para que viesse aquel milagro Gonçalo Rodríguez de San Pedro, hermano de la enferma. Vídolo Juan Alonso de Yepes, cura de la Iglesia Moçárave de San Torcaz y teniente cura de San Andrés, que confessó y dio los Sacramentos a la dicha Teressa López. Y vídolo Pero Rodríguez de Vargas, escrivano público, y muchos otros testigos, que juraron y dixeron sus dichos sobre el caso delante de Pero Gonçález de Messa, bachiller en Decretos y Vicario General en todo el Arcedianazgo de Toledo, por don Tello de Buendía, doctor en Decretos, Arcediano de Toledo, y Notario, Diego García Hamusco, y escrivano público, Pero Rodríguez de Vargas, que fue también testigo. Hízose la información y juraron quinze testigos, y todos dixeron una misma cosa, de aver visto la Verónica al lado derecho de la enferma, de la cual dezían mucho bien los testigos, y otros sin ellos, afirmavan que iva a rezar siempre que podía a la santa iglesia, delante el Altar de la Columna, al lado del Sagrario, donde está una Verónica de medio relieve, con la cual tenía gran devoción, y assí permitió Dios se le apareciesse a su muerte. He yo visto el traslado desta información, y della saqué lo que aquí digo, de que haze mención el doctor Blas Ortiz en el libro que hizo de la Descripción del Templo de Toledo.
[46] El Cardenal y Arçobispo de Toledo, don Pero Gonçález de Mendoça, fue muy devoto de la Cruz. Sucedió que estando el año de mil y cuatrocientos y noventa y cinco en Guadalajara para morir, apareció en el Cielo una Cruz blanca de más de cuarenta cobdos. Estava pendiente en el aire sobre la sala donde el Cardenal tenía su cama. Vídola toda la ciudad y diéronle cuenta dello al Cardenal estando ya a punto de morir, por lo cual dio gracias a Dios. Y haziendo dezir Missa de la Cruz en su presencia, an- tes | que se acabasse espiró, en onze de enero, día domingo, del mismo año de mil y cuatrocientos y noventa y cinco. Refiérelo Estevan de Garibán en su Compendio Historial.
[47] El rey don Fernando el Cuarto de Castilla condenó a muerte dos cavalleros, llamados los Caravajales, y pareciéndoles a ellos que la sentencia era rigurosa y que estavan sin culpa, siendo mandados despeñar de la peña de Martos, emplaçaron al rey para que dentro de treinta días pareciesse delante de Jesucristo, Juez de vivos y muertos, a dar razón de aquella muerte. Ellos fueron despeñados, y el rey murió de repente dentro de aquel tiempo. Esto se refiere en las Crónicas de España. También se dize del Papa Clemente Quinto, y del rey Filipe el Hermoso, de Francia, que fueron en extinguir el Orden de los Templarios y matar a todos los que militavan en él, que llevando a quemar vivo con otros a un italiano, natural de Nápoles, viendo en una ventana en la ciudad de Burdeos al Papa y rey, que miravan su castigo, a los dos emplaçó para que dentro de un año pareciessen en la presencia de Dios a dar razón de aquellas muertes, y que ambos murieron dentro del año; primero, repentinamente, el Papa, y poco después, el rey. Y no por esto se sigue que fuessen mal muertos, pues un Concilio los condena por culpados. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
[48] Siendo Duque de Milán Acio Vicecómite, hijo de Galeacio el Primero, levantáronle guerra Leodrisio y Mastino Escaligero, que truxeron gente bárbara para ganar aquel estado. Diose batalla cerca de un pueblo llamado Paraviago, y llegó el negocio a que estava ya presso Luchino, capitán de Acio, y su parte iva de caída. Mas vídose a esta sazón San Ambrosio, que muchos años antes estava gozando de Dios, el cual, con un açote hería en los bárbaros y defendía su pueblo y gente, y con este fabor cobró Luchino la libertad, y su gente, ánimo, y los contrarios /(312r)/ quedaron vencidos. Deste milagro resultó el pintar a San Ambrosio con un açote en la mano. Dízelo Fulgoso, libro primero.
[49] En la rebelión de los estados de Flandes, en tiempo del Católico rey don Filipe el Segundo, ciertos soldados hereges prendieron a un católico, y porque algunos de los católicos avían antes hecho lo semejante con herejes, ellos | le ataron a un árbol y le tiravan con arcabuzes, aunque en muchos tiros, ninguno le acertó. Admirados del caso, fueron a él y desnudáronle, y hallaron que tenía un Agnus Dei al cuello. Quitáronsele y tornaron a tirarle, y al primer tiro, acertándole, le mataron. Refiérelo Pedro Mateo, doctor parisiense, en el Libro que juntó en uno de Proprios Motus y Bulas de Sumos Pontífices. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

Entre paganos permite Dios que sucedan cosas miraculosas, para que, arrebatados de su estrañeza, busquen al verdadero autor de tales maravillas y grandezas, que es Dios, y dexen de adorar Dioses que no lo son, sino portentos y demonios.
[1] Cenava Simónides con otros combidados en casa de Escopa, y dixéronle que estavan dos mancebos a la puerta y le rogavan que en todo caso saliesse a les hablar, porque era negocio de mucha importancia. Salió y no vido hombre. Quería bolver a la mesa, y de repente se hundió el aposento donde cenavan y murieron cuantos estavan dentro. Éstos eran gentiles, y porque Simónides se aventajava en obras buenas morales entre todos ellos, quiso Dios aventajarle entre todos, quedando él con vida y ellos muertos. El caso escrive Valerio Máximo en el Título de Milagros.
[2] Dafida Sofista, grande mofador, llegó al templo de Apolo Délfico, y visto que hazían preguntas al oráculo muchos que venían allí con su devoción, queriendo él burlarse de Apolo, preguntóle si hallaría un cavallo que avía perdido, y a la verdad no le tenía. Respondióle que sí y sería derribado dél. Fuese dando grandes risadas porque le dezía el oráculo que hallaría el cavallo que él no avía perdido, y en el camino encontróse con el rey Atalo, de quien avía dicho mucho y le tenía enojado. Conocióle y mandóle de improvisso derribar de una piedra altíssima, a la cual lla- mavan | todos los de la comarca Cavallo. Quiso Dios que por ver a este mofador que del Dios que adorava, aunque falso, burlava y escarnecía, fuesse él escarnecido y se hallasse burlado. Dize Valerio Máximo el cuento.
[3] A Filipo, rey de Macedonia, dixo el mismo oráculo de Apolo Délfico, preguntado por su muerte de qué modo sería, que se guardasse de un carro. Oído esto mandó que en todo su reino no huviesse carro, y de una villa deste nombre se recelava de entrar en ella. Al cabo le mató Pausanias con una espada en que estava esculpido un carro. Porque dio este rey crédito al dicho de un falso ídolo quiso Dios que en daño suyo se verificasse su dicho. El caso escrive Valerio Máximo.
[4] En Atenas estavan ciertas casas en que ningún morador perseverava, porque de noche veían una sombra o figura de hombre grande y flaco arrastrando cadenas que tenía ligadas. Vino allí Atenodoro Filósofo, y por gozar del barato quiso habitarlas, y a la primera noche oyó el ruido de las cadenas; vido la sombra, llegava ya, levantóse y díxole:

-Anda, que yo te seguiré.

Bolvió atrás, fue en su seguimiento y entró en una huerta de la misma casa, y llegando a cierta parte, desapareció. Tuvo el filósofo cuenta con aquel lugar, hizo cavar en él el día siguiente, y vieron los huessos de un hombre, a la traça de la propria fantasma, con sus cadenas. Echáronlos de allí y cessó aque- lla /(312v)/ persecución. Refiérelo Plinio en sus Epístolas.

1   ...   90   91   92   93   94   95   96   97   ...   143


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal