De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[5] El rey Pirro de los epirotas, tocando con el dedo mayor del pie derecho a algún enfermo de baço, sanava. Y después de muerto, puesto su cuerpo en la hoguera, quemóse todo y quedó aquel dedo sin lesión. Es de Fulgoso.
[6] Siendo emperador de Roma Marco Antonio, en la ciudad de Seleucia estava | en el Templo de Apolo una caxa dorada, y passando por allí Casio, capitán romano, con gente de guerra, codiciando algunos soldados ver lo que estava dentro de aquella caxa que mostrava antigüedad, quebráronla, y salió della un aire tan pestilente, que no sólo aquella provincia, sino hasta Roma y Occidente causó pestilencia y muertes de gente sin número. Refiérelo Fulgoso, libro primero.
Fin del Discurso de Milagros. |

DISCURSO CINCUENTA Y DOS. DE MODESTIA

Alabada es de los autores la constancia de Xenócrates, la templança de Sócrates, la moderación de Agesilao Lacedemonio, la abstinencia de Apolonio Tianeo, la pobreza de Curio y de Fabricio, y la lealtad de Atilio Régulo y de Sexto Pompeyo, la prudencia de Fabio Máximo, el amor de la patria de Arístides el Griego y de Camilo Romano, la humildad de Filipe, rey de Macedonia, la liberalidad de su hijo Alexandre, la clemencia de Julio César, la constancia de Foción, la firmeza de Escébola, la paciencia de Anaxarco, la animosa fortaleza de Epaminondas y de Escipión, la justicia de Seleuco, la castidad de Trebonio, y la gravedad, modestia y mansuetud de Catón. En este Discurso se ha de tratar de los modestos y mansuetos, que es una gente bendita, sin aspereza ni repelo con los próximos, aunque sean dellos agraviados. No dieron mal por mal, no dessearon vengança de ofensas hechas, ni se descompusieron, o fue tan poco, que careció de culpa, | conforme a lo que dize David en el Salmo cuarto : «Si os airáredes, sea sin pecado». El premio que Cristo señala a la mansedumbre es possessión de la Tierra. Los mansuetos viven; los azedos, viviendo mueren. Los mansos y pacíficos, de cosa alguna no reciben pena; los desgustados, de cualquier cosa, aunque sea de poco momento, están atufados y amargos. San Bernardo declara que los mansuetos posseerán la Tierra, esto es, serán señores de sí mismos. Quien se sabe refrenar en los ímpetus coléricos, que suelen ser impetuosíssimos, darle ha Dios por premio que sea señor de sí, que se pueda doblar y hazer fuerça, y si esto es grande premio, dígalo la Filosofía del Mundo y la Cristiana, que dize: «Véncete a ti mismo». Los estoicos, en vencerse pusieron su perfeción, de tal manera que no quedasse passión en pie. Los peripatéticos no pudieron tanto como esto, porque no fácilmente se alcança, sino con sujeción a la razón. Nuestro Redemptor Jesucristo dize: «El que quisiere seguirme y ser mi dicípulo, niéguese a sí mismo». Desto se verán algunos exemplos.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Abel fue mansueto, y pruévase porque miró Dios a él y a sus dones y ofrendas, y suele, como dize David, mirar a los humildes y mansuetos. Contra el cual, por tener dél envidia su inicuo hermano /(313r)/ Caín, le mató, sin que él se defendiesse, sino que se dexó matar como inocente cordero. Y por ello el perverso fratricida provocó más contra sí la ira de Dios, de quien fue maldito. Es del 4 capítulo del Génesis.
[2] Jacob tenía a Esaú, su hermano, grandemente airado. A quien, viniendo de Mesopotamia, le salió al camino, estando en Galaad. Su intento parecía ser de vengança, mas Jacob se le arrodilló siete vezes, ofrecióle dones, llamóle señor, y assí, al que se temió que hiziera mucho daño, abraçó y besó con tanta ternura, que lloró con él, y la ira del uno se mitigó con la humildad y mansuetud del otro. Es del Génesis, capítulo 33.
[3] Josef, mancebo mansuetíssimo, fue puesto a morir por sus hermanos en una cisterna o poço sin agua, y después vendido a gente estrangera. Y a los que le trataron desta suerte, siendo governador en Egipto, los recibió blandamente y les dio de comer, no bolviendo mal por mal, sino venciendo el mal por bien. No sabe airarse el mansueto, y sabe hazer bien a quien le hizo mal. Es del Génesis, capítulo cuarenta y cinco.
[4] David recebía siempre nuevos agravios de Saúl, y la recompensa era servirle, hazerle bien, defenderle el reino. Y assí, a quien no pudo ablandar con buenas obras, mereció ser su sucessor en el reino. De donde vino que quien perseguía al inocente vino a morir con las armas de sus enemigos, y el que no quiso hazer mal a su perseguidor, sino bien y servicio, vino a reinar. Y por lo mismo, cuando orava, dezía: «Acuérdate, Señor, de David y de su mansuetud». Es del Primero de los Reyes, capítulo 24.
[5] La modestia es virtud entre dos passiones de la alma, que son pusilanimidad y sobervia. Faraón fue sobervio, y por lo mismo quedó sumergido en el mar Bermejo. Y Moisés passó por él a pie | enxuto, cuya mansuetud se echó bien de ver cuando rogó a Dios por los que murmuravan dél y le perseguían. Mas la sobervia de Faraón, con açotes gravíssimos no pudo ablandarse, y antes dexó la vida que la dureza. Es del capítulo 14 del Éxodo.
[6] «Deprended de Mí, que soy manso y humilde de coraçón», dize Jesucristo, y refiérelo San Mateo en el capítulo 11. Y vídose en lo que padeció todo el tiempo que estuvo en el Mundo, conversando con los hombres, assí de obras como de palabras, porque las oyó de murmuración, de contradición, de irrisión y de afrenta. Murmuráronle en público y en oculto. En oculto, juzgando mal dél dentro de sus coraçones. Por San Lucas, en el capítulo 7, dixo el fariseo Simón, viendo a sus pies a la Magdalena:

-Si éste fuera profeta, conociera quién es la que está a sus pies.

Y por lo mismo, San Lucas, capítulo 5, diziendo a un enfermo que le eran perdonados sus pecados, algunos de los que le oyeron, replicaron:

-Éste blasfema, y ¿quién puede perdonar pecados, sino Dios? ¿Dios se nos haze entre manos?

En público le murmuraron cuando dezían los escribas y fariseos, hablando a los Apóstoles, y lo refiere San Mateo, capítulo doze:

-¿Por qué come vuestro Maestro con publicanos y pecadores?

Que fue dezir: «Tal deve ser Él, como con los que trata». Y cuando dezían, como lo refiere San Lucas, capítulo onze:

-Con poder de Beelzebub, Príncipe de Demonios, los echa de los cuerpos de los hombres.

Y en otra parte dezían:

-No es de Dios este hombre, pues quebranta sus fiestas.

Y es de San Juan, en el capítulo nono. Y en el octavo, le dixeron:

-Tú das testimonio de ti mismo, y assí, no es verdadero.

Y añadían:

-No tienes cincuenta años, ¿y viste a Abraham?

Dixéronle palabras de irrisión, cuando por San /(313v)/ Mateo, en el capítulo nono, oyéndole dezir que no era muerta la donzella, hija de Jairo, como la huviessen visto muerta muchos dellos, los mismos hazían burla dél. También le dixeron palabras afrentosas por San Lucas, capítulo octavo:

-¿No dezimos nosotros bien, que eres samaritano y que tienes demonio?

En hecho padeció assí mismo grandes afrentas. Por San Juan, capítulo octavo, estando predicando en una Sinagoga, dize que se indignaron los oyentes contra él, y que le echaron mano y llevaron fuera de la ciudad, a un monte, queriéndole precipitar dél. Otra vez tomaron piedras para apedrearle. Aunque en su tiempo de Passión fue lo riguroso, porque cumpliéndose lo que avía primero dicho de sí, fue escarnecido, açotado y crucificado. Escarnecido fue de los soldados, que burlavan dél, hincavan las rodillas en su presencia, diziendo:

-Sálvate, Rey de los Judíos.

Y para burla y mofa le vistieron una ropa de púrpura rota y manchada, en su mano una caña, y en su cabeça, una corona de espinas, todas insignias de rey, mas como rey de burla. Los escrivas y fariseos también le escarnecían, diziendo:

-Hizo libres a otros y a sí no puede librarse.

Los que passavan cerca de la Cruz blasfemavan dél, moviendo sus cabeças, y hasta uno de los ladrones le dezía improperios y afrentas. Fue assí mismo açotado, excediendo en esto a todo lo que disponían las leyes, pues llegaron los açotes a cinco mil, y dados con la mayor crueldad que se dieron a hombre, por malo y facinoroso que fuesse, siendo juzgado por peor que Barrabás, que tenía semejante apellido de facinoroso, añadiéndosele el de ladrón y homicida. Y como si fuera caudillo o cabeça de los semejantes, le crucificaron y pusieron | en medio de los sentenciados a muerte por públicos ladrones. Todo esto padeció el Hijo de Dios, mostrándose mansueto y con suma modestia, pues al que le vendió y procuró la muerte, que fue Judas, viniendo a prenderle, le llamó amigo. Al siervo del Pontífice que le echó la mano, cortándole San Pedro la oreja, se la sanó. A los juezes Anás, Caifás y Pilato, respondió con palabras blandas y suaves. Por los verdugos que le crucificaron, rogó, y al ladrón que estava a su lado, perdonó y prometió el Paraíso. Por lo cual, pudo bien dezir: «Deprended de Mí, que soy mansueto y humilde».
[7] Los Apóstoles y Discípulos del Señor, llevando la carga libiana y jugo suave del Evangelio, predicándole por todo el Mundo, sufriendo las persecuciones de los tiranos y no las resistiendo, vencieron. Eran açotados y atormentados, y bolvían de los tribunales de los juezes contentos y regozijados por hallarse dignos de aver padecido persecuciones por el nombre de Cristo. Es del Libro de los Hechos de los Apóstoles , capítulo quinto.
[8] San Juan Baptista, grandemente se mostró modesto cuando le vinieron a preguntar de parte del colegio de los escribas y fariseos de Jerusalem si era el Messías. Y tenía ganada tanta opinión, que si dixera que sí, le tuvieran por que lo era. Y fue su modestia tan grande, que no sólo no se levantó con aquella alta dignidad, sino que afirmó no ser digno de descalçar la correa del calçado al que de veras lo era, entendiéndolo por Cristo. Y refiérelo el Evangelista San Juan, en el capítulo primero.
[9] San Pablo y San Bernabé no poco se mostraron modestos en Listris, donde, aviendo sanado a uno que nació coxo, sin aver dado passo en su vida, viéndole sano de repente, levanta- ron /(314r)/ las bozes los vezinos de aquella ciudad en sus alabanças, diziendo que eran Dioses, y llamavan a San Bernabé Júpiter, y a San Pablo, Mercurio, y los sacerdotes de semejantes ídolos les traían toros para les sacrificar. Mas | los Apóstoles, con grande modestia les fueron a las manos, diziendo:

-¿Qué hazéis, hombres? Que nosotros mortales somos como vosotros.

Es del Libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo octavo.
Lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]



[1] San Gregorio Papa hizo grandes diligencias, siendo electo en semejante dignidad, para no serlo, y embió diversos recaudos al emperador Mauricio para que, de la manera que pudiesse, lo estorvasse. Y Benedicto Tercero derramó primero que aceptasse la dignidad Pontifical muchas lágrimas, y recibiéndola, dio della tan buena cuenta, que nunca les pesó a los electores de averle elegido. Nicolao Primero, siendo también electo en Papa, huyó de Roma por no la aceptar, y si la aceptó fue por no parecer que resistía al Espíritu Santo. Celestino Quinto, después de ser Papa renunció la dignidad. Todos se mostraron bien modestos, y lo dicho se refiere en el Pontifical Romano.
[2] Pedro Damián, aviéndole criado Cardenal y Obispo de Ostia el Papa Gregorio Séptimo, dexó el obispado y capelo y se fue al desierto, donde hizo vida solitaria. Andrés, fraile menor, no quiso aceptar el capelo que le ofrecía Alexandre Cuarto. Santo Tomás de Aquino, del Orden de Predicadores, y San Bernardino, del Orden de los Menores, dexaron de aceptar algunos obispados que les ofrecían diversos Sumos Pontífices, por modestia y humildad, como parece en sus Vidas.
[3] Ambrosio, patricio romano, siendo prefecto en Milán, fue electo en arçobispo, y sabido por él, huyó de la ciudad. Aunque esta diligencia, ni otras que hizo, fueron parte para estorvar la dignidad, antes dio della tan buena cuen- ta | teniéndola, que mereció título y honra de santo, y refiérese en su Vida.
[4] San Hilarión Monge mostró su grande modestia en el cuidado que tuvo de huir lo que el Mundo y los mundanos apetecen, que es gloria y estimación. Nació en Palestina, passó en Egipto, adonde San Antonio avía vivido. Y siendo allí tenido en mucho, bolvió a su tierra, y desde a poco la dexó, porque allí no le dexavan personas, que le davan honra de santo. Bolvió a Egipto, y creciendo la estimación, passó a Sicilia, donde para sustentar su vida hazía un haz de leña en el monte, y vendíale en la ciudad. Mas, siendo conocido y honrado, passó también a la ciudad de Epidanro en Dalmacia, pensando allí estar oculto. Mas, pareciéndose al Sol, que muda un signo y otro, y siempre resplandece, siendo allí estimado en mucho por conocer su santidad, la cual estimación no menos daña los ánimos de los buenos, que las pestilencia los cuerpos, passó en Cipro, y en un monte de aquella isla se recogió, donde acabó el huir y el vivir. Refiérese en su Vida.
[5] Elotario, rey de Bretaña, yendo a caça descubrió un javalí. Siguiéronle los perros, y él fue a defenderse a los pies de un santo ermitaño que residía en aquella soledad, llamado Deicolo, teniéndose allí por más seguro que en las montañas, y fue presagio de su lenidad y mansuetud. Los que le seguían no osaron hazerle daño, por reverencia del varón santo. Refiérelo Marulo, libro cuarto. /(314v)/
[6] Otro jabalí se fue a faborecer a la celda de Basolo, abad remense. Derribóse a sus pies, y estuvo tan seguro, que los perros, aunque venían siguiéndole con grande ímpetu, se detuvieron. Era el caçador Atila, y admirándose de lo que vido, dio todo aquel campo al santo abad Basolo, juzgándole por digno de toda merced real, pues el javalí reverenciava su mansuetud, y los perros, su santidad. Es de Beda en su Vida, capítulo séptimo.
[7] A Columbano Abad se mostraron sujetos y obedientes ossos, y a Heleno, santo ermitaño, cocodrilos del Nilo. A éstos amenazava Heleno y los hazía recoger en el río; a aquéllos ponía carga y se servía dellos Columbano. No se mostraran tan sujetos estos animales silvestres y acuátiles si no sintieran la virtud de modestia, a la cual reverenciavan. Es de Marulo, libro cuarto.
[8] San Hierónimo residía donde era perseguido de gente mala y invidiosa. Fuese de aquella ciudad, porque es proprio de gente mansueta no dar lugar a la improvidad y malicia de los adversarios, y no contender con la malicia de gente pertinaz. Y fue assí, que a quien perseguían los hombres en Roma, servían en Siria las bestias. Estava un día en su monasterio de Betleem, y dexada su ferocidad, entró un león halagando con la cola, y no fue esto parte para que no huyessen los que estavan presentes. Llegó a San Hierónimo y mostróle una mano herida y llagada de una espina. Sanóle, y agradecido el león, quedóse para servicio del monasterio, donde no ya le temían los monges, sino que andava doméstico entre todos. Llevava un jumento a pacer siendo él su guarda, y antes se le comiera. No pudo mostrarse feroz, donde expe- rimentó | la benigni dad del huésped, ni apartarse dél, aviendo recebido salud por su ocasión. Dízelo Marulo, libro cuarto.
[9] Marino, nacido en Arba, ínsula de Dalmacia, hazía vida solitaria cerca de Arimino. Sucedió que, bolviendo de Roma a su celda en un asnillo, acometióle un osso terrible y mató al asnillo. El ermitaño assió del osso y le mandó que le llevasse hasta su celda, en lugar del jumento muerto. La bestia se desnudó de su ferocidad y obedeció al santo varón, humillándose para que subiesse sobre sus espaldas, cuyo jumento no perdonó. Y mostró bien su modestia y mansuetud Marino en que, aviendo perdido su bestia, no se aceleró con el autor del daño, sólo quiso servirse dél y dar prueva que pudiera tomar dél vengança, pues con tanto imperio iva assentado sobre él. Es de Marulo, libro cuarto.
[10] Favorecióse de Basiano, obispo laudense, una cierva, huyendo de los caçadores. Los cuales, viendo el caso, admiráronse, aunque uno dellos quiso echar mano della, mas apoderóse dél el demonio. El obispo, que recibió blandamente la fiera y la defendió con clemencia, no se airó con el atrevimiento de aquel hombre; antes, teniendo dél piedad, le restituyó la salud. Guardó fidelidad a la fiera, que confió dél, y benignidad con quien le probó su paciencia, y assí favoreció a amigos y a enemigos. Es de San Paulino en la Vida de San Ambrosio , y refiérelo Marulo, libro cuarto.
[11] San Gil tenía su assiento en una cueva a los vertientes del Ródano, sin comunicar con persona alguna. Tenía consigo una cierva que le sustentava con su leche, la cual, sien- do /(315r)/ perseguida de perros de caça, recogióse a su huésped. Derribóse a sus pies llena de temor, pidiendo favor a quien antes avía esperimentado su mansuetud. Hizo oración el santo, y los perros se detuvieron sin llegar a la cueva, estando cercada de árboles y malezas. Uno de los caçadores, sin saber adónde, disparó una saeta y hirió al santo abad en el rostro. Luego, hendiendo por la espessura, llegaron al santo viejo y vieron la cierva a sus pies echada, y él herido en el rostro, y que de la herida le corría sangre. Quedaron confusos, y con mucha humildad le pidieron perdón, siéndoles fácil de alcançar del santo. El cual, tan liberalmente perdonó la ofensa, como rogó por la cierva. Con igual simplicidad fue solícito por ella, como por ellos mansueto. Es de Fulberto Carnotense, y refiérelo Marco Marulo, libro cuarto.
[12] A Remigio, obispo de Reins, venían páxaros y recebían la comida de sus manos. A porfía ivan unos y venían otros, no teniéndose por tan seguros de apacentarse en los campos abiertos, como en el seno del mansuetíssimo perlado. Es de Surio, tomo primero.
[13] Jodoco, hijo del rey de Bretaña, dexando el reino su padre y viniendo solitario, sirviendo a Cristo, venían a él palomas y peces, y recebían de su mano sustento. Dízelo Rodolfo Agrícola.
[14] La mansuetud de Maxencio, abad en Poitiers, hizo que las aves agrestes no se assentavan de tan buena gana en los árboles como en sus manos. Dávales migajas de pan y granos de trigo, y apacentadas, bolavan. Es de Marulo, libro cuarto. |
[15] Severo, abad agatense, viniendo un páxaro huyendo de otro a favorecerse dél, le recogió y amparó. Más, viéndole que traía una pierna quebrada, hizo oración por él y sanóle. Teniéndole sano, le despidió. Es de Marulo, libro cuarto.
[16] San Francisco también fue insigne en lenidad y mansuetud. Estando predicando, venían a él aves a oírle, y no se ivan hasta que les hazía señal, y hecha, dando chillidos mostrando contento, tomavan buelo. Es de San Buenaventura en su Vida, capítulo octavo. El mismo santo, pas seándose por un huerto y oyendo cantar una cigarra que estava en una higuera, hízole señal y vínosele a la mano, y allí le dixo que alabasse a Dios, y ella cantó dulcemente. Las bestias que acostumbravan a huir la compañía de los hombres, no temían llegar al mansuetíssimo Francisco, ni podían contradezir a su mandato, estando tan favorecido de virtud del Cielo. Es del capítulo doze de su Vida.
[17] Santa Brígida Virgen, viendo un ferocíssimo javalí que venía a hazer mal a un hato de ovejas, fue a él, y con su palabra le bolvió tan manso, que encomendándole la guarda de las mismas ovejas, como su pastor las llevava a repastar y las bolvía a casa. Quiso el Señor que la ferocidad de la bestia reconociesse señorío en la mansuetud de aquella santa y bendita donzella, para que se viesse cuánto estima semejante virtud. Es de Surio, tomo cuarto.
[18] Ni se deve passar en silencio la gran modestia y lenidad de las santas donzellas consagradas a Cristo, que están en los monasterios encerradas, unas con voto de clausura, otras, que sin averle hecho, le guardan; /(315v)/ todas obedientes a sus perlados, assistiendo un tiempo en el coro a los Divinos Oficios, otro, en sus labores. Ni porque les suceda cosas de pena muestran muchas dellas sentimiento o pena. No murmuran, no se les vee el rostro airado o torcido, siempre con serenidad y modestia. De las cuales se han visto y se verán en este libro diversos exemplos en los Discursos de Obediencia y Paciencia, y en otros semejantes.
[19] San Teodoreto, en su Historia Religiosa , escrive de Salamano Ermitaño que tenía una celda junto al río Eufrates, de la cual salía rompiendo una pared tres vezes en el año, y traía bastimento y tornava a encerrarse, sin salir más de allí ni hablar con persona alguna. Tuvo noticia dél el obispo de aquella provincia, quiso verle, rompió la pared, y visto, no le quiso hablar, aunque mostrava el rostro alegre. Ordenóle sacerdote y declaróle la gracia que recebía, y él todavía mudo. Tornó a cerrarle la pared, sin que Salamano mostrasse que le plazía o pesava. Vinieron ciertos hombres una noche de la otra parte del río, y desseando tenerle consigo, derribaron la celda. Y llevándole a su tierra, hiziéronle otra en que le encerraron, sin que él mostrasse pena ni gloria. Los vezinos de donde estava primero tornaron otra noche por él, y lleváronsele, armándole celda y poniéndole en ella, no descuidándose de guardarle, porque tenían buena dicha que estuviesse con ellos. Y a todo esto, ni habló palabra ni mostró sentimiento Salamano; tanta era su quietud y modestia.
[20] El emperador Arcadio de Constantinopla tenía un capitán en su exército, de nación godo, y en secta ariana. Éste pidió con grande instancia al | emperador le diesse un templo en que él con los que seguían su vando pudiessen juntarse a celebrar a su modo los Oficios. Resistiólo valerosamente Crisóstomo, que a la sazón era allí Patriarca, y diziendo el godo, delante del emperador, que por lo que avía hecho en servicio de su corona se le devía conceder esto, respondió Crisóstomo:

-Si as servido bien al emperador, él te lo ha pagado mejor. Cuando veniste a servirle eras pobre y de poco nombre, aora, muy rico y nombrado en todo el Oriente. Nada te deve.

No tuvo él qué responder a esto; calló y fuese de allí. Allegó gente y levantóse contra el emperador, hízole guerra y molestava el imperio. Visto por San Juan Crisóstomo lo que passava, fuese con poca compañía para el Gaina, que assí se llamava el godo. Admiróse de verlo y quedó confundido de considerar su modestia. Salió a recebirle, arrodillósele, pidióle las manos, besóselas y púsoselas en los ojos, mandando a sus hijos que hiziessen lo mismo. Y antes que bolviesse de allí el santo perlado, le reduxo al servicio del emperador. Es de la Vida de Crisóstomo, escrita por Paladio, Heleno Politano, y por Simeón Metafraste.
[21] San Gregorio Taumaturgo, natural de la ciudad de Neocésare, muy virtuoso y muy docto, en el tiempo que rematava sus estudios tenía a otros sus condiscípulos llenos de embidia, y procuravan levantarle testimonios con intento que a los ojos de otros no fuesse tenido por mejor y más dado a la virtud que todos. Sucedió que, estando algunos dellos por esto dél muy sentidos, concertáronse con una muger deshonesta que llegasse, viendo a Gregorio en compañía de otros filósofos y sabios, que- xándose /(316r)/ dél que se avía aprovechado della prome tiéndole cierta cuantía de moneda, y que le avía engañado, no dándosela. Hecho el concierto, viendo un día que estava Gregorio tratando cuestiones subtilíssimas de su facultad con otros que gustavan de oírle, por mostrarse de ingenio subtil y delicado, y muy elocuente tratándolas, teniendo un vestido honesto y humilde, como de ordinario le traía, llegó la muger, y con gestos y meneos impúdicos y lascivos, quexándose y haziendo amenazas, propúsole lo que le avían impuesto. Oído de los presentes, miraron a Gregorio, porque semejante caso entendían que era dél muy estraño, y conociendo que era calumnia, enojáronse con la mugercilla y querían echarla de allí con mal. Él, sin hazer mudança en su rostro, sin dezir «Es calumnia ésta», sin alegar testigos de abono acerca de su vida y castidad, sin echar juramentos que tal cosa no avía hecho, sino con grande modestia, bolvió a uno de sus criados, y díxole:

-Oyes, da a essa muger lo que pide y váyase, no nos estorve nuestra plática.

El criado preguntó a la muger qué era la cuantía que pedía. Y sabido della, puso mano a la bolsa y diole el dinero. No permitió Dios que en la castidad de Gregorio quedasse nota, ni aquella mala muger sin castigo. Assí, como tomó el dinero en sus manos, se apoderó della el diablo y la atormentó de tal manera, que todos entendieron su maldad. El siervo de Dios, movido a compassión, hizo oración por ella y perseveró tanto, que el demonio la dexó libre. Declaró su maldad, y cómo avía sido impuesta en que hiziesse lo que hizo de los que desseavan que Gregorio fuesse como ellos eran, para que su vida no les reprehendiesse. Mas el santo | moço quiso más ser tenido por malo, que serlo.

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