De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Fue palabra que declaró bien su modestia, pues a quien toda Roma temía, oía ya a un deslenguado y desvergonçado moço tantas afrentas, sin tomar dél ninguna vengança. Refiérelo Fulgoso, libro cuarto./(320r)/
[16] Germánico César, padre del emperador Calígula, por la muerte de Augusto César fue apellidado emperador, y quisiéranle más que a Tiberio que lo fue, porque le tenían por cruel. Mas queriendo él vivir vida privada, lo estorvó y no quiso aceptarlo. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[17] Después de la muerte del emperador Cómodo, viendo el exército que era viejo Pertinax y no conveniente al cargo (aunque después se le dieron), ofreciéronsele a Triario Materno. Echaron mano dél los soldados, y persuadíanle lo aceptasse. Él dexó el vestido en sus manos y se fue donde estuvo escondido hasta que vido al Pertinax en aquel cargo. Y si fueron dignos de loa Fabio el Africano y Metelo porque dexaron de triumfar en Roma teniendo de su parte merecido el triumfo, mucho más lo fue Materno, que ofreciéndole el Imperio, por ser modesto no lo aceptó. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[18] Alexandro Severo fue criado Emperador por el Senado de Roma de diez y seis años, y dándole títulos honrosos como de Magno, recusólos diziendo que los aceptaría cuando sus obras lo huviessen merecido. Y a su muger no consentía que truxesse mejores adereços de perlas y vestidos que otras matronas romanas. Y si le hazían presentes de ropas y galas, los hazía vender o lo ofrecía a los templos. Ni para sí quería más honra y autoridad que la de otros romanos patricios, sobre lo cual su madre y muger le reprehendían, diziendo que la dignidad imperial avía en él baxado de su punto. Él respondía que por lo mismo la tenía más segura y sin embidias. Dízelo Fulgo- so, | libro cuarto.
[19] El emperador Diocleciano, viéndose viejo, dexó el imperio de su voluntad y se hizo hombre privado en la ciudad de Salona, donde en una labrança passava su vida. Persuadíanle después por cartas Maximiano y Galerio que le tornasse a tomar, y respondióles:

-Si las hierbas que tengo puestas en mi huerto viéssedes cómo han crecido y el orden que tienen, no os passaría por pensamiento aconsejarme que trueque el ver la luz con sossiego y quietud de vida solitaria, al desasosiego y tráfago del imperio.

Es de Fulgoso, libro cuarto.
[20] Cuando dexó el imperio Diocleciano, repartiéronle entre Licino, Máximo y Constantino, al cual le dieron a Italia, Africa y Francia. Él dexó a Africa y a Italia a sus colegas, y quedóse con Francia, governando discreta y justamente, y tan sin interés, que si celebrava algún combite pedía vasos prestados. Es de Fulgoso, libro cuarto.
[21] Tratávase en Roma de dar el Consulado a un hijo de Quinto Fabio Máximo. Entendido por él, y considerando que avía tenido él aquella dignidad cinco vezes, y su padre, abuelo y bisabuelo, muchas otras, aunque vido que el hijo por sus virtudes le merecía, pidió en el Senado que no se la diessen, sino que passassen primero algunos años sin que el linaje de los Fabios tuviesse aquella dignidad, porque no pareciesse que, siendo tan alta, se alçava con ella sólo un linaje. Y fue una modestia la que en este hecho mostró Fabio, la más admirable que entre romanos se vido, pues llegó a derribar el afecto del padre con el hijo, que suele ser sin medida. /(320v)/ Dízelo Valerio Máximo, libro 4.
[22] Residiendo en Siria Marco Bibulo, ciudadano romano, y teniendo dos hijos de grandes esperanças en Egipto, vínole la nueva que se los avían muerto, y junto con ella le embió la reina Cleopatra los matadores aprisionados, para que tomasse dellos sa- tisfación. | Él, con aver sentido aquellas muertes como padre, no quiso tomar vengança de los homicidas, sino remitióselos a la reina, diziendo que no era dado a él vengarse de los proprios agravios, sino del Senado. Dízelo Valerio Máximo, libro cuarto.
Fin del Discurso de Modestia

DISCURSO CINCUENTA Y TRES. DE MUDANÇA DE VIDA

Acerca de la Mudança de vida de que trata el presente Discurso es exemplo notable lo que se vido en Saúl, el cual, siendo hijo de un labrador cuyo caudal eran algunos jumentos, que ya se le perdían y ya aparecían, con ciertas tierras de labrança, descendió de la Tribu menor y tenida en menos de los hebreos, que era la de Benjamín, de aquí mudó estado y vida en rey de Israel. Un tiempo fue boníssimo, y otro, malíssimo. San Pablo, en el Libro de los Hechos Apostólicos, en el capítulo treze, dize que reinó cuarenta años, y en el Primero de los Reyes, también capítulo treze, se dize que vivió dos años rey. Cuarenta años se dize que reinó, mas solos dos vivió bien; de solos essos haze Dios caso. Ora veamos otras mudanças de vida dignas de memoria.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Mateo, publicano, luego que fue llamado de Cristo dexó el cambio y las ganancias, trocándolo por el andar pobre, descalço, ayunando y padeciendo trabajos y persecuciones, que era lo ordinario de los Apóstoles y discípulos de Cristo. Bartolomé, de linaje de reyes de Siria y Egipto según algu- nos | autores, aunque nacido en Galilea, como se dize en el Libro de los Hechos Apostólicos, en el capítulo segundo de todos ellos, no se dignó de juntarse a su número, siendo algunos pecadores y todos pobres, y esto por agradar a Cristo, concibiendo en su ánimo desseos del Cielo, y queriendo más servir en la Tierra que mandar en ella, padecer persecuciones, que gozar honras de siglo. La conversión de San Mateo escrívela él mismo en el capítulo nono.
[2] Zaqueo, de quien escrive el Evangelista San Lucas en el capítulo diez y nueve, siendo príncipe de publicanos y muy rico, en el mismo día y en la misma hora que dixo que dava a pobres parte de su hazienda, oyó a Jesucristo dezir que la salud avía entrado en su casa, y ya no se devía contar entre publicanos y pecadores, sino entre los hijos de Abraham. Y por el contrario, aquel rico glotón de quien habla el mismo Evangelista, capítulo diez y seis, porque comiendo él esplendidamente, no repartió ni aun de las migajas que caían de su mesa con el pobre Lázaro, que tenía a su puerta, fue sepultado en el Infierno. Y porque negó las migajas al pobre, puesto después en el Infierno, ni una gota de agua con que refrigerar la lengua alcançó, porque /(321r)/ juizio sin misericordia vendrá sobre el que no hiziere misericordia, y el que cerrare las orejas al clamor del pobre, él llamará y no será oído.
[3] Exemplo temeroso de mudança de vida fue Judas, que de Apóstol escogido por Jesucristo en el número de los Doze que andava en su compañía, que hizo milagros, y mandava a los demonios y le temían, porque todo esto, como dize San Lucas, capítulo décimo, se verificó aun de los discípulos de Cristo cuando los embió a predicar, y que viniesse a ser ladrón y traidor de su Maestro, vendiéndole y entregándole a sus enemigos para que fuesse muerto, y porque faltó quien castigasse sus latronicios y malos hechos, él mismo tomó la soga, hizo lazo y se colgó della, como dize San Lucas en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo prime ro. El cual también en su Evangelio, capítulo veinte y tres, pone otro exemplo notabilíssimo de mudança de vida en el ladrón que estava crucificado al lado de Cristo, que aviendo antes empleádose en hurtos y ladronicios, y viniendo a ser condenado a muerte por semejantes hechos, puesto en la | cruz se convirtió, pidió fabor a Cristo y se salvó.

[4] Siendo María Magdalena señora del castillo Mágdalo, y Marta de Betania, y Lázaro, hermano de ambas, bien heredado en la ciudad de Jerusalem, como dizen graves autores, después de la Ascensión de Cristo vendieron estas haziendas y truxeron el precio a los Apóstoles, derribando en tierra a sus pies el dinero, por tener levantados sus coraçones al Cielo, siendo esta costumbre en aquel tiempo, según afirma San Lucas en el capítulo segundo de los Hechos Apostólicos, diziendo: «Todos los creyentes y que recebían el Baptismo vivían en común, vendían sus haziendas y repartíanlas según la necessidad de cada uno. Los que posseían casas o heredades vendíanlo todo, y ponían el precio a los pies de los Apóstoles». Y añade que Josef, llamado Barsabás, vendió cierto campo y truxo el precio para que los Apóstoles lo pisassen si quisiessen, poniéndolo a sus pies, y assí, menospreciando aquel dinero, compró con él el campo de que habla San Mateo en el capítulo treze, en que estava escondido el tesoro del Reino de los Cielos.


Lo dicho se coligió de la Escritura Sagrada. |
[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Nicolás, obispo de Mirrea, nació en Patara, ciudad de Licia. Fue único y solo a sus padres, los cuales le dexaron grande y rico patrimonio, y de cosa alguna tuvo él tanto cuidado, viéndose señor de todo, como distribuyéndolo a pobres, y con mayor libertad y menos cuidado emplearse en servir a Dios. Sucedióle en tal sazón un exemplo digno de memoria, y fue que un su vezino, por verse en grande pobreza, dava traça para salir della, cómo poner su alma y las de tres hijas suyas dentro del Infierno, haziéndolas que fuessen malas mugeres. San Nicolás, que entendió el caso, tomó tanto oro cuanto le pareció que bastava para poner en estado las tres hijas, y de noche, por una ventana lo puso en la casa del vezi- no | en tres vezes, siendo en la última conocido y engrandecido por aquella obra, con la cual escusó muchos pecados y remedió hijas y padre. Por dispensar Nicolás su hazienda con tanta prudencia, fuele encomendado oficio eclesiástico y hecho obispo de Mirrea, con oráculo del Cielo, y passando los trabajos de la vida, fue llamado a la quiete de la Bienaventurança, diziéndole Jesucristo:

-Alégrate, siervo mío, que pues fuiste fiel en lo poco, yo te mejoro en lo mucho. Entra en el goço de tu Señor.

Es de Surio, tomo sexto.


[2] San Benedicto Abad fue embiado de Nursia a Roma por sus padres, para que cultivasse su ingenio y aprendiesse Artes Liberales. Mas él, inspirado por /(321v)/ Dios, antes que le naciesse la barba alcançó sabiduria de viejo, y evitando los peligros que en los moços causa el vivir en ciudades, y donde ay mucha gente, se fue al desierto y vivió solitario. Donde vino a tanta perfeción, que dio por escrito la regla que los más perfectos monges en su tiempo usavan, y della an tomado muchas otras religiones, de cuyos hijos el glorioso Patriarca Benedicto puede llamarse padre y maestro. Es de San Gregorio, en el libro segundo de los Diálogos, capítulo primero.
[3] San Hilarión, vezino de Palestina, según escrive San Hierónimo, muriendo sus padres dividió su herencia, dando parte a sus hermanos y parte a pobres, sin guardar para sí cosa alguna, acordándose de aquella sentencia que dixo Cristo (y la refiere San Lucas en el capítulo catorze), que dize: «El que no renunciare todo lo que possee, no será mi discípulo». Era de quinze años cuando solo y desnudo, aunque armado de Jesucristo, entró en el desierto con un saco y una capa de pieles de animales, con que cubría su cuerpo. Refiérelo Marulo, libro primero.
[4] Abraham, monge de Egipto, sin esperar la herencia de sus padres se fue al desierto, y viviendo allí en pobreza, tuvo nueva de que eran muertos, y fue llamado a la herencia. Y aunque era amplíssima, estimóla en tan poco, que no quiso mover el pie de donde estava, no obstante que embió con poder suyo quién se apoderasse della y la repartiesse a pobres. De modo que cuando no tenía riquezas, las estimó en poco, y cuando las tuvo, no quiso verlas, sino que buscó quien las cobrasse, y cobradas, las repartiesse a gente necessitada, teniendo por mayor prosperidad ser pobre con Cristo. Dízelo Efrem en su Vida, y refiérelo Marco Marulo.
[5] San Gregorio, antes que fuesse Papa, era senador de Roma, tan poderoso en riquezas como en nobleza. A su costa | edificó en Sicilia seis monasterios del Orden de San Benedicto, y en Roma, uno en las casas proprias de su padre, donde él tomó el hábito, y de noble se hizo humilde, y de rico, pobre, en vida de monge. Hasta que de común consentimiento de clérigo y legos fue hecho Papa, aunque contra su voluntad y resistiéndolo él todo lo que pudo. Y en su muerte fue a tener principal assiento en el Cielo, premiándole Dios, por cuyo amor espendió los bienes de la Tierra. Es de Juan Diácono en la Vida del mismo San Gregorio, libro primero.
[6] En el monasterio del abad Eustorgio residía un santo viejo llamado Juan, a quien Elías, arçobispo de Jerusalem, quiso hazer perlado y cabeça de la misma casa. Y por huir de semejante estado y dignidad, dixo que primero le convenía ir al monte Sinaí a visitar los monasterios y monges de aquella provincia, y tener allí oración. Porfiava Elías que primero aceptasse el cargo de abad y luego fuesse. El viejo resistió, diziendo que hasta ser de buelta no aceptaría cargo de almas. Diole su bendición, y acompañado de un discípulo suyo pasó el Jordán, donde le sobrevino una recia fiebre que le forçó a entrar en una pequeña cueva que se le ofreció a la vista, y allí se detuvo tres días sin poder caminar adelante, siendo grande el mal que padecía. Apareciósele en sueños un varón de vista maravillosa, que le dixo:

-¿Adónde es tu camino, buen viejo?

Él respondió:

-Voy al monte Sinaí.

Replicó:

-Pues no passes adelante, sino quédate en la cueva donde estás.

Diole algunas razones para que lo hiziesse, y no pudo acabarse con él, por lo cual le dexó, y la fiebre se le augmentó. Tornósele a aparecer la noche siguiente, y díxole:

-Porque no te aflijas, buen viejo, óyeme y no passes adelante, sino quédate en esta cueva.

El viejo le preguntó:

-Y vós, señor, ¿quién sois, que me dezís esso?

Respondióle:

-Yo soy San Juan Baptista, y pídote que /(322r)/ no te vayas desta cueva, la cual, aunque pequeña, es mayor que el monte Sinaí, porque en ella entró en diversas vezes Jesucristo, viniendo a me visitar. Promete de vivir en ella y seráte restituida tu salud.

Oyendo esto el viejo, de buena gana propuso de vivir en la cueva, y luego se sanó, perseverando todo el restante de su vida en ella, a la cual hizo iglesia y monasterio, juntando allí monges. Lo dicho es del Prado Espiritual, capítulo primero.
[7] En el monasterio de Pentucula estava un monge muy religioso, el cual, siendo tentado de sensualidad y sintiéndose flaco, dio consentimiento en la tentación, dexando el hábito y religión. Fuese a la ciudad de Hiericó y entró en casa de una ramera, mas hallóse de repente leproso, y vista por él la lepra, bolvió a su monasterio, alabando a Dios, que le avía dado semejante enfermedad en su cuerpo para que fuesse sana su alma. Refiérese en el Prado Espiritual, capítulo catorze.
[8] Estava en su celda el abad Elías por el mes de agosto, cuando son los calores penosos en tierra de Egipto y la Tebaida. Oyó llamar a la puerta, y saliendo, vido a una muger religiosa en el hábito. Preguntóla a qué venía. Respondió:

-También como tú, o padre, hago vida solitaria en este desierto, y tengo cerca de aquí a la parte austral celda. Salí della a ver esta tierra, y el Sol me ha fatigado tanto, que estoy para morir de sed. Pídote que me des un poco de agua.

Diósela el ermitaño y despidióla; mas dexó su vista en él diversos sentimientos. Con esta ocasión llegó el demonio, y prendió en él centellas infernales, de modo que el pobre hombre se abrasava, y vino a dexarse vencer de la tentación. Tomó su cayado, y en el fervor del día salió de su celda y fue a verse con aquella muger. Y llegando cerca, fue arrebatado en éxtasi, y vido abrirse la tierra, y parecióle que le tragava, hallándose en- tre | millares de cuerpos muertos, feos y de malíssimo olor. Estava junto con él un varón religioso de aspecto grave, que le dixo estas palabras:

-Este cuerpo es de varón, este otro, de moço, y aquél, de muger. Goza dél a tu voluntad y considera por cuan breve y sucio deleite quieres perder los trabajos y buenas obras que as hecho en toda tu vida. Mira con atención por qué pecado queréis los hombres privaros del Reino de los Cielos. ¡Ay de la miseria humana, que pierde por el deleite de una hora lo merecido y grangeado en muchos años!

El ermitaño estava caído en tierra casi ahogado del mal olor. Levantóle aquel varón grave que le hablava, y dando gracias a Dios, bolvió a su celda libre de la tentación, donde de nuevo lloró el desseo malo que avía tenido. Es del Prado Espiritual , capítulo diez y nueve.
[9] En Tarso de Cilicia vivía un representante llamado Babilas, y tenía dos amigas; la una se llamava Cometa, y la otra, Nicosa. Todo su exercicio era darse a deleites y contentos sin contradezir a cosa que el demonio y su sensualidad le pidiessen. Entró un día en la iglesia, y disponiéndolo Dios, oyó que se cantava el Santo Evangelio, y una claúsula dél, que dize: «Hazed penitencia, porque se acerca el Reino de Dios». Tocóle Dios, Nuestro Señor, su coraçón, y compungióse de tal suerte, que començó a llorar y a tener dolor de sus pecados, llamándose miserable y perverso por lo que avía pecado. Salió de la iglesia y llamó a sus dos amigas, y díxoles:

-Bien sabéis de la manera que con vosotras he vivido, y que no he amado a la una más que a la otra. Todo lo que he adquerido es vuestro, recebidlo y partidlo entre las dos, porque yo renuncio el Mundo y quiero hazerme monge para salvar mi alma.

Oídas estas razones por ellas, respondiéronle, derramando ambas muchas lágrimas:

-Tu amistad y compañía nos ha sido infierno y perdición de nues- tras /(322v)/ almas, y aora que tratas de salvar la tuya, despídenos y quieres vivir en la soledad. Pues no será assí, antes te haremos compañía en lo bueno, como te la hizimos en lo malo.

Babilas se encerró en una torre de la ciudad, y las dos mugeres, vendiendo sus haziendas y distribuyendo el precio a pobres, vistiéndose hábitos de religión, en un aposento que labraron cerca de la torre de Babilas se encerraron, y todos tres vivían en ayuno, penitencia, mortificación y oración, con mucha humildad y santidad, aviendo trocado la vida de mala en buena. La cual conmutaron con la muerte, començando de nuevo Vida Bienaventurada. Es del Prado Espiritual, capítulo treinta y dos.
[10] Contava el abad Paladio la causa por que avía dexado el siglo y entrádose en religión, la cual era ésta: Estava cerca de la ciudad de Tesalónica un ermitaño llamado David, que avía venido de Mesopotamia, y se tenía por cierto que por ochenta años residió dentro de una ermita, resplandeciendo en virtudes, muy misericordioso y continente. Sucedió que, viniendo bárbaros a hazer guerra en la provincia, guardávase de noche la ciudad de Tesalónica por soldados, y los que estavan a la parte donde estava la celda de David, vieron que de algunas ventanas que tenía salía grande fuego. Parecióles que los bárbaros abrían entrado en ella y puéstole fuego, mas, venida la mañana, fueron a ver los soldados al santo viejo, y halláronle a él y a su celda sin algún daño, de lo cual quedaron admirados, y mucho más viendo que la noche siguiente y otras muchas sucedía lo mismo, que veían salir grandes llamas de fuego de la celda del varón de Dios. Vido esto diversas vezes Paladio, y que duró hasta la muerte del santo abad David, y considerando el misterio, dixo, hablando consigo mismo:

-Si en este siglo comunica Dios, Nuestro Señor, tanta gloria a sus siervos, | qué tan grande será la que les tiene guardada para la otra vida, donde sus rostros resplandecerán como el Sol.

Ésta fue la ocasión de que mudasse la vida Paladio, y dexasse el siglo y se entrasse en religión. Es del Prado Espiritual, capítulo sesenta y nueve.
[11] El abad Juan, estando en Teopolin, refirió a otros monges el caso siguiente: «No a mucho tiempo -dize- que vino a mí un mancebo, y con muchas lágrimas y gemidos me pidió por amor de Dios que le recibiesse y diesse el hábito en mi monasterio, porque en él quería hazer penitencia. Pedíle que me dixesse con toda verdad la causa de su venida con tanta ansia a ser monge, y respondió:

-Verdaderamente, padre mío, yo soy gran pecador.

Repliquéle yo:

-Créeme, hijo, que si las heridas son muchas, los remedios dellas son muchos. Y si tú quieres curarte, dime claramente tu enfermedad, que yo te daré saludable medicina, porque de un modo se cura el deshonesto, y de otro, el homicida; un remedio ay para el avariento, y otro, para el falsario; el iracundo sana de una manera, y el ladrón, de otra, y aun de otra, el adúltero. Y porque no te nombre más vicios, entiende que assí como en las enfermedades corporales, varias, se les dan y aplican varios remedios, assí en los vicios de los mortales, siendo diversos, también lo son los medicamentos.

Oyendo eso el moço, dando mayores gemidos y solloços, y golpeándose los pechos, después de varias razones que yo le dixe animándole a confessar su pecado, y él faltándole ánimo y palabras para manifestarle, al cabo dixo:

-Yo, señor, indigno de mirar el Cielo y de poner los pies en la Tierra, aviendo oído dos días ha la muerte de una donzella, hija de uno de los principales desta ciudad, y que avía sido sepultada en una cueva y monumento fuera de la ciudad con vestidos ricos y de mucho precio y valor, por aver hecho esto otras vezes, fui de /(323r)/ noche al túmulo para despojarla y robarla, y assí fue que, teniéndola desnuda hasta la camisa y quedando como nació, queriendo salir de la cueva y irme, vi que se assentó y que me assió con su siniestra mano mi derecha, y me dixo:

-Hombre malíssimo y execrable, ¿cómo te as atrevido a desnudarme? ¿Cómo? ¿Y no temes a Dios, que te ha de juzgar el último día? ¿No sería bien que siquiera tuvieras respecto a mí, que estava muerta? ¿Y siendo cristiano te pareció cosa decente que yo, que soy cristiana, esté mi cuerpo desnudo? Fuera bien que respectaras al sexo de muger, pues fue éste el que te parió. ¿No vees que en mí has hecho afrenta a la madre que te parió? ¿Qué razón darás de mí ante el tremendo Juizio de Dios? Porque, siendo yo viva, ningún hombre estraño vido mi rostro, y tú, después de muerta, me desnudaste y viste mi cuerpo desnudo. ¡Oh, miseria de la condición humana, y a cuanta infelicidad ha llegado! ¿Con qué coraçón y con qué osadía llegarás a recebir el Cuerpo de Jesucristo en el Sacramento?

Oyendo yo y viendo esto, lleno de temor y espanto, con boz turbada y que con dificultad pude pronunciarla, le dixe:

-Déxame, que perpetuamente no cometeré semejante maldad.

-No será assí -dixo ella-. Tú entraste aquí de tu voluntad y no saldrás de aquí con ella, porque este sepulcro será común a los dos, y aquí as de morir, y no será luego tu muerte; primero tu miserable cuerpo será atormentado algunos días, y al cabo perderás tu maldita alma.

Yo le rogava con lágrimas que me dexasse, afirmándola con grandes juramentos que nunca más cometería semejante caso. Finalmente, después de muchos ruegos, gemidos y lágrimas de mi parte, ella me dixo:

-Si quieres vivir y ser libre desta tribulación, prométeme que, dexándote yo, no solamente te apartarás destos sacrílegos y nefarios hechos, sino que renunciarás al siglo luego y te harás monge, haziendo penitencia de tus pecados y sirviendo a Cristo.

Yo le juré luego por el Señor que me tie- ne | de juzgar, que haría lo que por ella me era dicho, y que sin entrar en mi casa, derecho me iría al monasterio. Díxome la donzella:

-Pues torna a vestirme como me hallaste.

Y aviéndola vestido, reclinó su cuerpo y quedó muerta como antes estava.

Oyendo al mancebo esto todo el abad, animándole y alentando sus buenos desseos para que abraçasse la vida nueva de penitente, quitóle el cabello y vistióle de religioso, dándole por aposento una celda en el monte, donde vivió y murió santamente. Es del Prado Espiritual, capítulo sesenta y ocho.


[12] Cerca de la ciudad de Hermópolis andava una capitanía de ladrones, cuya cabeça y capitán era el que a todos hazía ventaja en maldades, y se llamava David. Éste, a unos robava, a otros matava, nunca se hartava de cometer insultos y obras facinorosas, con otros treinta que traía consigo. Sucedió que un día púsose a considerar su vida y sus crueldades, y favorecido de Dios, compungiéndose, dexó los que le acompañavan y solo se fue a un monasterio de la Tebaida. Llamó a la puerta, y abriendo el portero y preguntándole lo que quería, dixo:

-Lo que quiero es ser fraile.

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