De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Dio cuenta desto al abad el portero, y saliendo a él y viéndole que era ya viejo, díxole:

-No podrás perseverar en la religión, porque es grande el trabajo que en ella padecen los religiosos, de penitencias y ayunos, y estando tú acostumbrado a regalo, serás inútil en el convento, y dexarás presto el hábito.

David replicó:

-Recebidme en la religión, que a todo me ofrezco.

El abad perseverava en que no podría llevar aquella vida. Oído por el otro, con grande enojo y cólera, dixo:

-Sabe que soy David, cabeça de salteadores y capitán de ladrones, y por esso he venido aquí a llorar mis pecados y hazer penitencia dellos. Y si no me recibes y das el hábito de monge, yo te juro por el que govierna los Cielos y la Tierra, de bolverme a mi trato y de venir con toda la gente que pudiere juntar, y ma- taros /(323v)/ a todos, y destruir el monasterio.

Oyendo esto el abad, admitióle dentro del monasterio. Quitóle el cabello y diole el hábito, y començó a exercitarse en aquella santa milicia, donde, assí en obras de penitencia, como en humildad y obediencia, excedía a todos los otros monges, con ser pocos menos de setenta, a los cuales todos edificava, siéndoles exemplo de virtud y santidad. Sucedió que, estando un día en su celda, apareciósele un ángel del Cielo, y díxole:

-David, sabe que Dios te ha perdonado tus pecados, y que has de hazer muchos milagros y maravillas.

Respondió él:

-No puedo creer que siendo mis pecados más que las arenas del mar, tan graves y detestables, en tan breve tiempo me los aya Dios perdonado. Por tanto, si sois ángel verdadero, dezid cosas que os crean, que esso yo no lo creo.

Replicó el ángel, y dixo:

-Si a Zacarías Sacerdote, no creyéndome cuando le prometí que tendría un hijo, no le perdoné, sino que le dexé ligada la lengua, enseñándole que no devía ser incrédulo a lo que le dezía, ni a ti te perdonaré; por tanto, sabe que as de quedar mudo.

David se postró en tierra, y dixo:

-Cuando estava en el siglo y me exercitava en obras malas y perversas, derramando sangre humana, tenía lengua y hablava; aora que desseo servir a Dios y dezirle alabanças, ¿tú quieres ligarme la lengua?

Respondió el ángel:

-Cuando rezes tus horas divinas y los salmos tendrás lengua, mas, acabado esto, quedarás mudo.

Y assí le sucedió, y hizo Dios por él muchos milagros. Cantava salmos, rezava sus horas, y no podía hablar otra palabra. Lo dicho es del Prado Espiritual, capítulo ciento y cuarenta y tres.
[13] Germano Altisidorense, prefecto de Borgoña, sabio, de gran linaje, muy rico, y casado con una señora igual a él, los dos de acuerdo dexaron el mundo, y dando a pobres su hazienda, se entraron en dos monasterios, no reservando Germano para sí de cuanta grandeza posseyó, más que una túnica, un hábito y un | cilicio. Con esto se contentó por ganar a Cristo. Es de Surio, tomo cuarto.
[14] Ginés, representante de comedias e idólatra, en tiempo del emperador Diocleciano hallóse presente, aunque dissimulo, a un Baptismo de los que celebravan los cristianos, y visto lo que allí passava, y comunicándolo con los que le ayudavan a sus comedias, quiso hazer representación dello, pensando desta manera agradar al mismo emperador, que le oía algunas vezes sus representaciones. El cual, estando un día presente, y toda Roma, para verle representar, fingióse que estava malo y echóse en una cama. Llamó a los que le avían de ayudar al entremés, y como que eran sus criados, díxoles:

-Malo me siento y pesado, querría aliviarme.

Era muy gruesso de carnes, dixéronle los criados:

-¿Y cómo podemos nosotros hazerte libiano? ¿Piensas que somos escultores, que desbastando tus carnes con escoplo y formón, quedes aliviado?

Provocava con estas palabras y otras semejantes todo el auditorio a risa. Mas fue assí que, mostrando Dios su grande misericordia, quiso usarla con él, dándole a tal tiempo un vehemente impulso, para que hiziesse de veras lo que fingía de burla, y que de presto se hiziesse en él una mudança de vida estraña y maravillosa. Los representantes, como estava concertado, truxéronle otros dos del oficio: el uno que se fingía exorcista, y el otro, presbítero. Llegando donde Ginés estava, dixo el presbítero:

-¿Qué es lo que quieres, hijo, y a qué nos as mandado llamar?

Ginés, ya no dissimuladamente, sino de veras, dixo:

-Desseo ser baptizado y libre por el Baptismo de mis pecados, para conseguir la Vida Eterna.

Los dos ministros, aunque començaron el negocio de burla, fue el sucesso de veras, porque aviéndole el uno exorcizado, diziendo lo que la Iglesia tiene de costumbre dezir para lançar al demonio de los que se baptizan, el otro, declarando que tenía el intento que tenían los cristianos cuando baptizavan, dixo las palabras for- males, /(324r)/ porque las avía bien estudiado, y diziéndolas, le baptizó. Hecho esto, van como a dar la nueva al emperador de que Ginés era cristiano, para ganar dél los premios que solía dar a los que le llevavan semejantes nuevas. Salió luego otro representante, como que le embiava el emperador a que fuesse juez de la causa. De todo esto gustava mucho Diocleciano, y los presentes se entretenían, pareciéndoles que era irrisión y hazer burla de los cristianos. Y el negocio iva muy de veras, porque mandando aquel fingido juez traer allí un ídolo de Venus, y diziendo a Ginés que le adorasse o se aparejasse a los tormentos, levantóse él con los vestidos blancos, con que acostumbravan vestirse los cristianos por ocho días después que eran baptizados, y puesto delante de la estatua de Venus, y buelto a Diocleciano, le dixo:

-Oyeme, emperador: antes de aora, siempre que yo oía nombre de cristianos, ciego en idolatrías procurava como otros de perseguirlos, y era tal el enojo que tenía contra ellos, que siendo yo nacido de padres cristianos y viviendo entre cristianos, me aparté dellos y los dexé, queriendo más ser pobre y vivir solo entre idólatras, que rico, y con parientes y amigos entre cristianos. Procuré con vana curiosidad ver los misterios de los cristianos, para que, burlando dellos imitándolos, mover el pueblo a risa. Mas al tiempo que yo pedí el Baptismo, dentro de mí mismo sentí un remordimiento de conciencia acerca de mi vida gastada toda en maldades, tanto que me provocó a dolerme y a tener pesar por aver sido malo. Mas al punto que me quisieron echar la agua sobre mi cabeça, estando desnudo, y me preguntaron si creía lo que creen los cristianos, levantando los ojos en alto, vi una mano que baxava del Cielo sobre mí, y vi ángeles con rostros de fuego, que de un libro recitavan todos los pecados que en mi vida cometí. Dixéronme:

-De todos éstos serás limpio con esta agua con | que quieres aora ser bañado, si de coraçón la desseas.

Yo, que assí lo desseé y pedí, luego que cayó sobre mí la agua, vi la escritura del libro borrada, sin que en él quedasse señal alguna de letras. Dixéronme los ángeles:

-Ya has visto cómo has sido limpio de toda culpa y manzilla della. Procura conservarte en limpieza y no manchar más tu alma con pecado.

Mira pues, emperador, y mirad vosotros, o romanos, lo que es justo que haga. Yo pretendí agradar al emperador de la Tierra, y hallé gracia con el emperador del Cielo. Procuré causar risa en los hombres, y causé alegría y regozijo en los ángeles. Y por tanto, digo que confiesso de oy más a Jesucristo por verdadero Dios, y os amonesto que todos hagáis lo mismo y que salgáis de las tinieblas de que yo he salido, para que evitéis los tormentos que yo he evitado.

Oído esto por el emperador, con grande furor y enojo le mandó atormentar, y tomándolo a cargo un prefecto llamado Plutiano, primero con varas le açotaron, pusiéronle después en el ecúleo, y al cabo le degollaron. Y fue verdadero mártir el que antes en sus farsas parecía fingido cristiano. Es de Surio, tomo cuarto.
[14] Plácido, capitán de gente de a cavallo del emperador Trajano, siendo gentil, andando un día a caça vido un ciervo que entre sus cuernos tenía un Crucifixo, y oyó una boz que le mandó se baptizasse, diziéndole que era Jesucristo, verdadero Dios, y que le convenía hazerlo para salvarse. Él se baptizó con su muger Teopista, y dos hijos, Agapito y Teopisto, y sucediéronse dos mudanças de vida notables: una, del que era pagano, tan de repente bolverse cristiano, y otra, de que siendo primero Plácido hombre valeroso, rico y que vivía en mucho regalo, mudóse el nombre en Eustaquio, y cargaron sobre él grandes trabajos y persecuciones, y al cabo padeció martirio por orden del mismo Trajano, que mandó fabricar un buey de metal, grande y hueco, y poner dentro dél a /(324v)/ Eustaquio con su muger y hijos, y pegarle fuego por todas partes. Y desta forma los gloriosos santos dieron a Dios sus almas, y fueron hallados sus cuerpos dentro del buey sin lisión alguna, ni que les faltasse un cavello de sus cabeças, con grande admiración de los paganos y edificación de los católicos. Dízelo Nizéforo Calixto, libro tercero, capítulo veinte y nueve.
[15] La mudança de vida repentinamente de Santa Taide digna es de memoria. Fue de la ciudad de Alexandría. Eran tan hermosa, y sabía tan bien grangear voluntades, que de tierras muy distantes venían gentes a tratar con ella. Y los vezinos de la ciudad, sobre mostrársele más servidores tenían diferencias, y se derramava muchas vezes sangre a su puerta, y sucedían muertes. Tuvo desto noticia el abad Pafuncio en un desierto donde estava, y doliéndose de las almas que por esta muger se condenavan, y más de la ofensa que a Dios se hazía, y a lo que se presume, por particular moción suya, trocó el vestido de monge en otro de galán, y con buena bolsa fue a Alexandría y entró en casa de Taide. Y por escusar impertinencias y ahorrar embites, púsole el dinero en sus manos, y ella se encerró con él en un aposento bien adereçado y perfumado, donde estava una regalada y bien limpia cama, siendo todo incentivos de luxuria. Estando allí Pafuncio, dixo a la ramera:

-¿Tienes otro aposento más secreto que éste?

-Sí tengo -respondió ella;

y entraron en él.

-Todavía querría -dixo Pafuncio- otro aposento más secreto.

Llevóle a otro, y estando allí, tornó a dezir:

-Aún más secreto que éste le quisiera.

Ella dixo:

-Si de hombre te recelas, aquí ninguno puede vernos, y si de Dios, adondequiera que vamos nos ha de ver.

Esperava esta razón el santo viejo, y oyéndola, dixo:

-¿Y tú crees que ay Dios?

-Sí creo que le ay -dixo Taide-, y que tiene Reino Eterno y Pena Eterna.

-Pues ¿cómo -replicó él-, si crees que ay Dios, te atreves a ofenderle, en daño de tantas almas, aviendo de dar cuenta no sólo de la tuya, | sino de todas las que por tu ocasión se condenaren, y que has de ser juzgada y condenada a Infierno Eterno, el cual será de tanto tormento para ti, cuanto ha sido el daño que has hecho? Teniéndole respeto a Quien ofendiste, que es Dios, Señor de tan alta magestad que te crió, que te dio el ser que tienes, que te dio hermosura y discreción, que te hizo cristiana, y aviendo muerto por ti quiere que te salves, y para esto pone de su parte los medios possibles, pues ¿por cuál destas obras le ofendes? ¿Por qué le eres tan ingrata? Si al que te da oro, que por mucho que sea es su valor finito, das tu cuerpo y te obligas de nuevo a Infierno, a Quien te dio la vida, hermosura y buen entendimiento, que dio por ti su vida y te promete la Bienaventurança, ¿no es razón que le des algo y que hagas por Él algo? ¿En qué razón cabe que la esposa, amada como la propria vida de su esposo, dé al rufián las joyas que le dio, en daño de su honor? Lo mismo es en ti, que la hermosura y belleza, el buen seso y discreción, siendo joyas de mucha estima y dadas del esposo Cristo, que tanto te ama, las des al rufián, aprovechándote de todo esso para más ofenderle. Mira que si te ha sufrido mucho tiempo, no sabes si te sufrirá más. Mira que te mira Dios, y que, como confiessas, en parte alguna no puedes esconderte de sus ojos; pues teme de ofenderle. Conténtate con lo passado, entiende que están muchos en los Infiernos que cometieron menos pecados que tú has cometido, y el ser Dios tan bueno para ti no te sea ocasión de ser tú mala y desagradecida con él. Aora tienes tiempo, no le pierdas y te pierdas, que negocio es el salvarse o condenarse de mucho peso, y si en él una vez se yerra, no ay soldarse. Porque, aunque Dios perdona millares de pecados en tanto que uno vive, mas después de muerto, uno solo no perdona, pues el que muere en pecado mortal, sin remedio se condena.

Estas y otras semejantes razones dixo Pafuncio, estando atentíssima a las oír Taide, y hizieron en ella tanta impressión, considerando su fuerça y pe- so, /(325r)/ que faborecida de Dios, dexándose caer a los pies de Pafuncio, derramó infinitas lágrimas, pidiéndole que diesse orden en su vida, que no saldría de lo que dispensasse y ordenasse, estando cierta de quién era. Concertáronse los dos que passados tres días se vería con él en el desierto. Entre tanto, Taide recogió sus joyas y adereços profanos, y puestos en la plaça, a vista de todo el pueblo les pegó fuego y abrasó. Avían sido sus ganancias y malos tratos públicos, quiso públicamente deshazerse de todo y començar a hazer pública penitencia. Fuese a ver con el abad Pafuncio, conforme al concierto hecho, y él la llevó a un monasterio que estava en la soledad, de mugeres religiosas. Y aviendo por la confessión y Sacramento de la Penitencia satisfecho a la vida passada, encerróla entre cuatro paredes, dexando una pequeña ventana por donde le administrassen la comida, que era un pedaço de pan seco y duro con un jarro de agua. En este encerramiento estuvo tres años, y al cabo dellos acabó santamente su vida. Y un monge, dicípulo de San Antonio Abad, vido por revelación un asiento en el Cielo riquíssimo, que a él le pareció devérsele a su maestro Antonio, y fuele dicho que era para Taide. Escrive la Vida desta santa penitente Vincencio, en su Espejo Historial, libro octavo, capítulo treinta y ocho.


[16] Galicano, capitán del exército romano, después de aver vencido a los escitas, a los de Dacia y de Tracia, bolviendo victorioso a Roma y pidiendo en premio de sus victorias, antes que fuesse a esta jornada, por muger a Constancia, hija de Constantino Emperador, la donzella tuvo tal modo con Nuestro Señor, que alcançó de su Magestad que a la buelta Galicano se hiziesse cristiano. Y no sólo esto, sino que, desnudándose de las insignias de capitán, se apartó de la milicia. No quiso el salario y premio que se le devía por sus grandes hechos. Y lo que fue mucho de maravillar, que no passó adelante con la pretensión del casamiento, con ser Cons- tancia | donzella hermosíssima, hija del emperador, y que se le avía prometido por esposa bolviendo con victoria de aquella jornada, sino que humilde, pobre y casto, se obligó al voto de religión. Ni le fue tan magnífico el vencer los enemigos, como menospreciar la honra, las riquezas y deleites que tenía ya ganados; aquello es de hombres y esto es de sobrehombres. Dízelo Terenciano, en la Vida de San Juan y San Pablo, mártires.
[17] Josafat, hijo de Avenir, rey de la India, recibió la Fe por ocasión de Barlaham Ermitaño, y aviendo reformado parte del reino paterno que se le dio en possessión, hécholos baptizar y proveídolos de ministros que les enseñassen bastantemente lo que les convenía saber para salvarse, dexando el reino a un vassallo suyo, sin llevar otra cosa consigo que un ánimo menospreciador de la vanagloria del mundo, se fue a la soledad. Y al que una ciudad populosa le venía angosta, una pequeña cueva le vino ancha. Vídose allí con Barlaham, su maestro, y érale obediente, siendo hombre de poco nombre, como primero tantos pueblos y gentes le estuviessen a él sujetos. Es de San Juan Damaceno, y refiérelo Marulo.
[18] Ni se ha de passar en silencio San Leonardo, de nación francés, criado en el palacio real, y de los más privados del rey, que dexó la privança y real corte, dio a pobres su hazienda y entró en religión. Recibió órdenes sagrados, y passó a la provincia de Aquitania para predicar el Evangelio de Jesucristo. Y sin duda que recibió más premio del Rey Celestial, que recibiera del rey de la Tierra. Dízelo Jacobo, obispo januense, en su Vida.
[19] Lobo, del linaje de los reyes de Francia, y tan rico como noble, mostrándose prudente, dexó el siglo y dedicóse a Dios. Fue electo obispo senonense, y aunque en todo trocó el modo de vivir, en el ser limosnero tuvo fuerte, pretendiendo trocar las riquezas perecederas de la Tierra por las que han de durar para siempre en el Cielo. Es de Surio, tomo quinto. /(325v)/
[20] Polemón, poderosíssimo rey de la India y dicípulo de San Bartolomé Apóstol, convirtiéndose a la Fe por su predicación, y baptizándose, dexó el reino, y andúvose con él algún tiempo, estimando en más ser dicípulo del Apóstol, que señor de la India. Dízelo Abdías, en la Vida de San Bartolomé.
[21] Judaelo, rey de Bretaña, teniendo voluntad de ser monge, quiso dar el reino a Jodoco, su hermano. El cual, teniendo grandes desseos del Cielo, para que no fuesse constreñido a recebir lo que de voluntad y gana le ofrecían, secretamente se fue de allí, y llegando a la ribera del río Alceo en el campo Pontiniano, haziendo una pequeña celda, vivió solitario. Váyase la locura de los mortales a mal, que pretenden valer y mandar aun a costa de muertes y heridas, pues lo tuvieron en tan poco los varones santos, que unos lo dexan teniéndolo, y otros no quieren recebirlo. Es de San Antonio de Florencia, y de Rodolfo Agrícola, en la Vida de Jodoco.
[22] Eufrasia Romana, noble en linage, rica de bienes de mundo, moça y muy hermosa, muriendo Antígono, su marido, y quedando dél con una hija, llamada del nombre de la madre, Eufrasia, no quiso casar con alguno de muchos que la desseavan, aunque ponían por tercero al emperador Teodosio. Y por huir inconvenientes, passó el mar con su hija, y después de aver visitado la Tebaida y otras provincias donde residían ermitaños de santa vida, repartiendo con ellos limosnas largamente, reparó en cierta parte, donde estava un monasterio en que residían ciento y treinta monjas. Allí la hija recibió el hábito, y la madre, desde algunos días se recogió y acabó la vida santamente, dando por sí y por la hija a pobres lo que de su patrimonio amplíssimo le quedava. Es de Surio, tomo cuarto.
[23] En la cuenta de las que mudan estado puede entrar muy bien Santa Paula, matrona romana, de la cual escrive San Hierónimo desta manera: «Paula -dize-, noble en linage y más en santidad, famosa en riquezas un tiempo, y mucho más después en pobreza, del linage de los Gracos y Escipiones, prefirió y tuvo en más a Betleem que a Roma. Las casas labradas de oro trocó por chozas de barro. Cuando quiso hazer este santo trueco e ir a la Tierra Santa, descendió de Roma al puerto acompañada de un hermano, de parientes y conocidos, y lo que era más, de hijos, que con piadosos ruegos y tiernas lágrimas procuravan vencer y ablandar su duro coraçón. Ya se descogían y tremolavan las velas del navío, los remos herían las aguas haziéndolas levantar en alto, y Toxocio, su pequeño hijo, en la ribera estendía las manos por moverla a piedad; Rufina, su hija, ya de edad para casar, con lágrimas le rogava esperasse sus bodas, y la santa matrona, sus ojos serenos levantándolos al Cielo, adelantava a la piedad de los hijos el amor y caridad con Dios. No sabía ser madre por probar que era esclava de Cristo». ¡Oh, muger de grande ánimo, y merecedora de tener por pregonero de sus virtudes a San Hierónimo! Es de Marulo, libro primero.
[24] Elisabet, hija del rey de Ungría y muger de Lantgravio, conde de Turingia, el cual passando en la conquista de la Tierra Santa y muriendo en Hierusalem, fue tratada descomedidamente por parientes del marido, que tomaron a cargo el govierno del estado entre tanto que crecían sus hijos. Culpávanla que disipava y destruía el estado con las largas limosnas que hazía. Vinieron por concierto en darle su dote, de que edificó un monasterio en Marupe, donde curava pobres enfermos, y cuanto más se abatía en su servicio, más se levantava entre los Cortesanos del Cielo. De su constante ánimo fue grande argumento que, embiando su padre embaxadores para que la llevassen a su tierra de Ungría, y éstos hiziessen grande diligencia para que fuesse con ellos, nunca consintió en ello, queriendo más ser tratada mal de los estraños, que servida de /(326r)/ sus naturales. Dízese que pidió a Dios que, menospreciando todas las cosas deste mundo, y también a sus hijos, que avía encomendado a deudos suyos, sólo en su Magestad tuviesse cuidado, y a Él sólo sirviesse con todas sus fuerças, y que le fue respondido que su oración era oída, y se le avía concedido lo que en ella pedía, y assí se determinó de antes padecer cuanta pena y trabajo le pudiesse suceder en la vida, que apartarse de servir a Cristo. Es de Jacobo Montano, y refiérelo Surio, tomo sexto. Dizen estos autores que, entrando una moça en el hospital desta santa a visitar una enferma, su parienta, porque fue contra cierta regla que tenía puesta para el govierno de la casa, de que no passassen de una sala a otra sin pedir licencia, y el que iva contra ella le davan alguna penitencia, a esta moça quiso dársela la santa, y viendo que traía descubiertos unos cabellos como fino oro, ella se los cortó, aunque la otra lo contradixo y se defendió cuanto pudo. Y aviéndoselos cortado, dixo la paciente:

-Señora, Dios os devió de poner en coraçón que hiziéssedes esto, porque sabed que por solos mis cabellos andava en el mundo, que ya me huviera encerrado en un monasterio.

Holgó mucho la santa de oír esto, y recogióla consigo en aquel hospital, donde sirvió a Dios muchos años.
[25] Cunegunde, muger del emperador Henrico, muerto el marido, entró en un monasterio, y a vista de grande pueblo se desnudó de los imperiales ornamentos y se vistió un hábito de monja. Quiso más vivir humilde y menospreciada en la casa de Dios, que levantada y sublimada estar en las casas de los emperadores. Es de Surio, tomo segundo.
[26] San Bernardo avía passado un año de novicio, y no supo dar razón de qué era lo alto de su celda, ni si estava cubierta. Avía tres fenestras en la iglesia, y él no echó de ver si era más que una. Con la mudança de la vida estava de suerte que, viendo, no veía, y oyendo, no oía. Nivardo, hermano del mismo San Bernar- do, | niño de poca edad y que jugava en la plaça con otros sus iguales, viendo a sus hermanos, que se ivan a la religión dexándole a él con sus padres, Cecilino y Aleta, en el siglo, y que le dezían:

-Hermano Nivardo, a ti se queda toda la herencia de nuestros padres; gózala, que nosotros renunciamos al mundo y nos vamos a la pobreza del estado monástico para seguir a Cristo; él respondió:

-¿De manera que avéis partido comigo, y tomáis para vosotros el Cielo, dexándome la Tierra? Pues no me contento con esso. Con vosotros quiero ir, quédese a otro la Tierra, que yo parte quiero del Cielo.

Y con esto, dexando el juego de la niñez, se entró con ellos en las veras de la religión, procurando alcançar en compañía de sus hermanos las riquezas del Cielo, olvidando las que, estando con sus padres, podía gozar en la Tierra. Refiérese en la Vida de San Bernardo, libro primero, capítulo tercero. Quedava sola una hermana casada de San Bernardo. Fue al monasterio donde él estava a verle. Avisado él que venía muy ataviada y con gran aparato seglar, no la quiso salir a ver, y lo mismo hizieron otros de sus hermanos que estavan allí. Era uno dellos portero. Éste le dixo que se fuesse y no esperasse habla ni vista de sus hermanos, pues ellos eran religiosos y ella parecía pagana en el trage; que mirasse su grande ceguedad en aver cubierto con tantos oros y sedas un poco de estiércol, que era su cuerpo. Ella començó a llorar y dezir:

-Si soy pecadora, por los pecadores murió Jesucristo, y porque me tengo por mala vengo a tomar consejo con los buenos. Si desprecian mis hermanos mi cuerpo, no desprecien mi alma. Salga aquí San Bernardo, mándeme lo que quisiere, que yo lo obedeceré.

Oído esto, salió San Bernardo a ella con sus hermanos, y hízole un sermón del menosprecio del Mundo, y tuvo en ella tanta eficacia, que buelta a su casa, mudó la vida de tal manera, que imitando a su madre, viviendo en el siglo, era su vida de religiosa. Y tanto importunó al marido, que alcançó dél licencia para /(326v)/ entrarse monja, y acabó en el monasterio su vida santamente. Lo dicho es de la Vida de San Bernardo, referida por Laurencio Surio, tomo cuarto.

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