De cofradía a legado familiar: los marionetistas del Teatro Real de Toone



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De cofradía a legado familiar: los marionetistas del Teatro Real de Toone

Por Patricia Parga-Vega, Revista AguaTinta http

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Una de las tradiciones mejor guardadas del folclore belga es, a la vez, el teatro de marionetas más antiguo de Europa aún en actividad. Está situado en pleno corazón de Bruselas, en la conjunción de estrechas calles medievales, por donde AguaTinta se internó para encontrar a su actual director, el “Toone VIII” Nicolas Géal, y conversar sobre la historia de este lugar y el rol del teatro de marionetas en el espacio cultural y social de la capital europea.

Las fuentes de una tradición belga
Los teatros de marionetas de Bélgica tienen su origen en una ordenanza de Felipe II de España, hijo de Carlos V. El rey Felipe II era detestado por el pueblo y por esta razón hizo cerrar los teatros para evitar que se convirtieran en un lugar de encuentro de sus detractores y así evitar que se acentuara la hostilidad hacia su persona. Los bruselenses habrían reemplazado a los actores por poechenelles, como se llama en jerga bruselense a los “polichinelas”, derivados de Pulcinella o Pulchinela, un personaje popular de la comedia del arte, originario del teatro napolitano y emparentado con Arlequín y Colombina.

A inicios del siglo XIX, los teatros de marionetas bruselenses se constituyen como uno de los lugares de diversión para adultos de origen modesto de mayor éxito, estableciéndose principalmente en los barrios populares de la ciudad. El teatro de marionetas permite una gran libertad temática, gracias a un repertorio muy variado que toma prestadas leyendas populares, historias de caballeros, óperas e incluso piezas religiosas e históricas, que son recortadas como una serie o telenovela y muy libremente interpretadas aunque sin alterar su esencia.

Era una forma de educación para las masas, ya que, para el pueblo analfabeto que no podía costear el acceso a grandes teatros, los espectáculos de marionetas les permitían estar al corriente de la actualidad cultural.

Es así como en 1830, Antoine Genty, llamado Toone (diminutivo bruselense de Antoine), abre su poechenellekelder, un verdadero estaminet -lugar de encuentro bruselense por excelencia- en uno de los barrios más sencillos de la ciudad: Les Marolles. El término estaminet proviene de una deformación del español “está un minuto” que alude a un lugar por el que se pasa rápidamente para beber una copa. Sin embargo, algunos investigadores aseguran que sería de origen neerlandés y se referiría a un stamm que significa familia, lo que marcaría un lugar de encuentro, al que se le incorporaría el grito del administrador que arengaba a los transeúntes, resultando en “Sta Menheer” (haga un alto, señor). Pero también está la interpretación valona según la cual un “Staminé” es la denominación para una sala a pilares donde se bebe y fuma... Pero ¿qué importa? Lo esencial es que la tradición del “estaminet” permite el encuentro de las personas en torno a una buena gueuze, cerveza elaborada al estilo lambic, originaria de Bélgica.




Nacimiento de la marioneta
La palabra marioneta es traducción del vocablo francés marionnette, que data de la Edad Media y surge de uno de los numerosos diminutivos de María, tales como Marion, Mariotte o Mariolle, que significa “la pequeña y querida María”. Estos sufijos de valoración afectiva eran empleados para designar a la Virgen María y sus representaciones en pequeñas piezas de madera o yeso (1306) que solían colocarse en nichos en las fachadas de las casas. A partir del siglo XVI, el término designa a toda figurilla, sagrada o profana, pues también se extiende a los muñecos utilizados en brujería.

La presencia de muñecos movidos con cuerdas en algunos primitivos grabados europeos sugiere cierta posibilidad de transición entre las máscaras de las farsas atelanas de los romanos y la marioneta medieval. El erudito titiritero cubano Freddy Artiles menciona como uno de los más antiguos, un grabado del siglo XII del Códice Hortus Deliciarum (ca. 1150) del abate Herrad von Landsberg, en el que aparecen dos jóvenes jugando con marionetas de hilos simulando guerreros que pelean sobre una mesa en una justa imaginaria (una puesta en escena gráfica de la técnica de los bavastels).

Encontramos por primera vez la acepción escénica para marionnettes, en 1584 en la pieza Les Sérées (Las noches) del escritor y poeta francés Guillaume Bouchet (1513-1594). En Italia, la tradición de teatros de marionetas es antigua, cada pueblo tenía su personaje preferido. Los más conocidos, incluso hasta nuestros días, son los napolitanos Pulcinella y Scaramuccia, así como el teatro de marionetas siciliano Opera dei Pupi de cuya tradición se nutre el Teatro Real de Toone, de Bruselas.


El Teatro Real de Toone
Desde 1830, el Teatro Real de Toone perpetúa una tradición secular de teatro popular de marionetas a barras, en una verdadera posta de testimonios en la que un marionetista Toone entrega el mando a su sucesor, quien asume la dirección del teatro y del museo de marionetas que aquél alberga. A su apelativo de Toone se agrega el número ordinal respectivo, en caracteres romanos.

El Toone VIII, Nicolas Géal, nos explica que las marionetas de barra son manipuladas por medio de una fina pieza metálica fijada con un gancho sobre la coronilla de su cabeza. Los brazos pueden también ser manipulados por medio de barras secundarias. Este tipo de marionetas es tradicional en Bélgica (marioneta liégeoise), al norte de Francia y en Sicilia. En ocasiones hay sólo una barra central. La versión a barra sería el antepasado de la marioneta a hilo y es generalmente utilizada para interpretar un repertorio épico.

El rol de un Toone es dar voz a todos los personajes que se manifiestan en la escena, un ejercicio que Nicolas ha ejercido desde muy pequeño. “Yo crecí rodeado de marionetas y mis más antiguos recuerdos se remontan a las fiestas familiares, donde ya me sentía atraído por este oficio. Así fue como cuando tenía 12 años hice mi debut oficial en el teatro”.

Consultado sobre cómo es que un niño diestro en este oficio llega a convertirse oficialmente en un Toone, señala: “En realidad no siempre se traspasa el título de un padre a un hijo. Y la tradición exige que el reemplazante sea elegido por su predecesor y por el público. En mi caso, yo tomé Artes de Expresión en la escuela secundaria y luego entré al conservatorio para obtener una formación clásica. Pero para llegar a ser un digno heredero de esta tradición debí trabajar duro y ahora que soy el responsable debo trabajar más aun. Mi hermano también es parte de la compañía y, mientras estamos conversando, es él quien asegura la función de esta tarde”.

El Real de Toone es el único teatro de marionetas para adultos tradicional bruselense. De sus dependencias de origen ubicadas en el popular barrio de Marolles se trasladó, en 1963, a un sitio excepcional, impregnado de la historia y la tradición de la capital belga, en pleno corazón de la ciudad medieval, idealmente situado al lado de la Grand-Place, en una venerable casa que data del año 1696.

La sala se encuentra en un granero típico, con bancas y cojines con motivos multicolores clavados en las planchas de madera bruta. Hay también un taller de confección de marionetas, una biblioteca y un museo de la marioneta, donde durante el entreacto, el público tiene el privilegio de descubrir a los héroes del pasado y a personajes fetiches de colegas marionetistas del mundo entero.

Actualmente, el Toone VIII Nicolas Géal y sus seis marionetistas interpretan un amplio repertorio, desde la ópera, con piezas como Fausto y Carmen, a la literatura fantástica de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde o Drácula. Toone interpreta todas las voces de los personajes. Los marionetistas no las hacen por razones prácticas: se intercambian las marionetas unos a otros, en función de la puesta en escena.

La programación está basada en los grandes clásicos del teatro, revisitados y adaptados, tales como Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand, Los tres mosqueteros, de Alexandre Dumas, e incluso Romeo y Julieta, de William Shakespeare, y Tijl Uilenspiegel, de Charles De Coster. Están también los imprescindibles La Pasión, que se presenta por Semana Santa, y La Natividad y la masacre de los inocentes, montada hacia fines de cada año, ambas de Michel de Ghelderode; sin olvidar la sublime representación de La Revolución Belga de 1830, creada hace treinta años por José Géal, Toone VII.

Actualmente el museo de Toone, situado en el primer piso del edificio principal, se visita en forma gratuita durante el entreacto y cuenta con 1400 marionetas a barra, aunque por el momento es imposible verlas a todas debido a la falta de espacio; sin embargo, ya se ha dado el vamos a la ampliación de las instalaciones, tras la adquisición de la casa vecina, que también permitirá al público admirar el taller de fabricación de marionetas.

El estaminet folclórico, con más de trescientos años, está situado en la planta baja de la casa. En un ambiente con auténticos ladrillos españoles de color rosa, vigas ennegrecidas y suelo enlosado donde también se pueden ver las antiguas instalaciones de una pequeña sala de teatro, hoy convertida en bar, así como marionetas colgando del techo, un sitio único para beber la célebre gueuze y degustar una tostada con queso blanco, llamada en bruselense plattekeis.



Misión cultural y artística
Las marionetas ganan más y más adeptos. Son consideradas la ecología del mundo del espectáculo, la vuelta al signo simple y evidente, como dijo un día Michel de Ghelderode. Es en esa óptica que Nicolas Géal - Toone VIII perpetúa las tradiciones humorísticas del teatro de marionetas y las técnicas tradicionales de poechenelles. Su padre, José Géal - Toone VII, se fijó como misión reproducir la tradición popular antigua, pero sin fetichismo folclórico y siempre en contacto con la realidad actual.

No siempre las cosas han sido fáciles. Durante la segunda mitad del siglo pasado, el hasta entonces Teatro Toone atrajo el interés de la administración de la ciudad de Bruselas, que, desde una mirada interior y consciente de la riqueza patrimonial e histórica que representaba, comprometió su creciente apoyo al teatro. Su rescate de la casa de Schuddeveld, en 1971, y los trabajos de renovación que hizo efectuar allí a principios de los años 80, pusieron término a los problemas financieros que le afectaban. La Ciudad de Bruselas permitió así proseguir la tradición del teatro de marionetas, sin que sus cultores tuvieran que ocuparse de problemas de ladrillos. Del mismo modo, una visita de la reina Fabiola, en 1976, oportunidad en la que José Géal le obsequiara una marioneta, desencadenó otro reconocimiento: que el teatro recibiera el título de “Real” que ostenta hoy como parte de su nombre oficial.

Su público actual está constituido por numerosos turistas, pero todo indica que Toone ha reconquistado el corazón de los bruselenses. Y es precisamente ése el desafío que se fijó el teatro, cautivar a la ciudadanía local, jóvenes y viejos, tanto como al turista.

La importancia de Toone en el paisaje urbano es innegable, representa para el capitalino belga un testimonio verdaderamente histórico de su pasado, de sus raíces, de tradiciones ancestrales y de una riqueza lingüística que devuelven el gusto al día.

Y es que el teatro Toone es políglota, presenta sus espectáculos en bruselense/francés, pero, dependiendo del espectáculo, alterna con bruselense/neerlandés, bruselense/alemán, bruselense/inglés, bruselense/italiano y bruselense/español, en el marco de su acción Toone Teatro de Europa.

Otra de sus singularidades es que la Academia para la Defensa y la Ilustración del Dialecto Bruselense - ADIPB, realiza en sus instalaciones cursos de cómo hablar bruselense. Por la tarde, las jornadas del ADIPB son ocasión para que los alumnos reciten fábulas y monten actos escénicos en dialecto local.

Existe una propuesta en curso para conseguir de la UNESCO el estatuto de obra maestra del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad para el Teatro Real de Toone, estatuto del que ya gozan algunos colegas, eminentes titiriteros de tradición popular.

De Toone en Toone: El testimonio del teatro de marionetas


Toone I, Toone el anciano:

Antoine Genty (1804-1890), marollais (nacido en el barrio Les Marolles, hoy corazón bohemio de Bruselas), pintor de carrocerías de día, marionetista por la tarde. No sabía ni leer ni escribir y fabricaba él mismo sus marionetas. Le importaba poco la verdad histórica y representó leyendas populares de epopeyas medievales y piezas de inspiración religiosa a un público fiel, durante 45 años.


Toone II, llamado Jan van de Marmit:

François Taelemans (1848-1895), también marollais, obrero pintor, amigo de Toone I. Realiza su aprendizaje de marionetista al lado de Toone el anciano y le sucede, siempre en el espíritu de la tradición. Él deberá cambiar en diversas ocasiones de bodega de almacenamiento por razones de higiene y seguridad.

A la muerte de Toone II sobreviene un período agitado, la reputación de Toone es envidiada y una quincena de teatros competidores intentan apropiarse del nombre. Dos pretendientes serios reivindican el título:
Toone III, llamado Toone de Locrel (del nombre del callejón donde está instalado):

Georges Hembauf (1866-1898), marollais, obrero de pasamanería. Formado por Toone II, da al teatro la amplitud de la renovación: nuevo repertorio, decorados y marionetas, lo que le permite conservar a su público, a pesar de la competencia. Hechos excepcionales en la tradición: su esposa interpreta los papeles femeninos; su hijo será nombrado Toone IV: primera sucesión hereditaria en la tradición.


Toone III, llamado Jan de Crol en razón de su cabellera rizada (crol = rizo):

Jean-Antoine Schoonenburg (1852-1926), marollais, carpintero. Iniciado por Toone el anciano, recurre a un método más evolucionado: lee novelas, toma notas, elabora un cañamazo (sinopsis general que esquematiza las líneas principales del guion) y, a partir de ahí, improvisa los diálogos delante de su público. Sus representaciones seriadas duran hasta dos meses durante los cuales, cada tarde, el público habitual asiste fiel al espectáculo. Forzado a abandonar el oficio cada vez menos rentable, le cede su teatro a Daniel Vanlandewijck, el futuro Toone V, y se suicida colgándose entre sus muñecos.


Toone IV:

Jean-Baptiste Hembauf (1884-1966), marollais, hijo de Toone de Locrel. Asociado al fabricante de marionetas, Antoine Taelemans (hijo de Toone II), dirige su teatro durante 30 años. Pero llegados la Primera Guerra Mundial y el cinematógrafo, se ve obligado a cerrar las puertas de su teatro. Para su suerte, un grupo de mecenas conocidos como los “Amigos de la marioneta” salvaguardan los muñecos bruselenses y permiten a Toone IV retomar sus actividades. Monta El misterio de la Pasión, la pieza de Michel de Ghelderode, escrita a partir de la tradición oral.



Toone V:

Daniel Vanlandewijck (1888-1938), obrero de fábrica. Rescata el juego de Toone III - Jan de Crol. Víctima de la crisis de público y de las exigencias de higiene impuestas, detiene este oficio y vende sus marionetas. Adquiridas por los “Amigos de la marioneta”, este patrimonio afortunadamente es salvaguardado. Diversas personalidades participan en la defensa de este patrimonio en la década de 1930, entre ellas, el escritor Michel de Ghelderode en una emisión radio y en un texto titulado Toone, rey del marolles. Luego se dedica a escribir para las marionetas bruselenses. Más tarde otras de sus obras serán adaptadas por Toone VII.



Toone VI:

Pierre Welleman (1892-1974), obrero vulcanizador. Primero asociado con Toone V, le sucede luego con sus cuatro hijos. Durante la Segunda Guerra Mundial una bomba cae junto a su taller y destruye 75 marionetas. La televisión y el fútbol se convierten en sus nuevos competidores. Golpeado y desanimado por una expropiación, comienza a vender sus marionetas.


Toone VII:

José Géal (1931-), actor, descubre el Teatro de Toone y funda su propia compañía. Cuando en 1963, agotado por las dificultades encontradas para mantener esta expresión del folclore bruselense, Toone VI deja de actuar, José Géal pasa oficialmente a ser Toone VII. No encontrando lugar ideal para instalar su teatro en el barrio de Les Marolles, se instala a dos pasos de la Grand Place. En 1971, la Ciudad de Bruselas rescata la casa de Toone para ayudar a Géal a hacer sobrevivir sus marionetas. Toone VII se adecúa a su tiempo: adapta el repertorio y lo traduce a varias lenguas, con lo que atrae a un nuevo público. Turistas, estudiantes, fieles y curiosos reemplazan hoy a los espectadores marolenses. Obtiene su calidad de oficial a partir de la Orden de Leopoldo (2004). En los años sesenta, José Géal también conoció los honores de la pequeña pantalla realizando para la RTB (Radio y televisión belga) miniseries televisadas con las marionetas Bonhommet y Tilapin y Plum-Plum, en las que hacía la mayoría de las voces.


Toone VIII:

Nicolas Géal, actor, hijo de José Géal. El 16 de septiembre de 2000, con ocasión del cuadragésimo aniversario del Municipio Libre del Islote Sagrado, como se llama coloquialmente a Bruselas, José Géal cede su sitio a su hijo Nicolas, quien interpretaba por sí solo la totalidad de las voces de Duvelor o la farsa del diablo viejo, de Michel de Ghelderode, conquistando a toda la audiencia. El Burgomaestre de Bruselas, François-Xavier de Donnea, exclamó: “¡el relevo está asegurado!“. Su primera creación, en 2006, fue una adptación del clásico de Shakespeare, Romeo y Julieta.



José Géal - Toone VII, en dos momentos de su larga relación con las marionetas: A la derecha, en 1976, obsequiando una marioneta a la reina Fabiola, y abajo, en la actualidad.

Fuentes:

* Artiles, Freddy. Títeres: historia, teoría y tradición. Plaza y Janés, Barcelona, 1998, págs.124-128.

* Unión Internacional de la Marioneta - UNIMA: www.unima.org/es/unima/presentacion/#.V7Ma7vmLTIU


Fotografías:

Patricia Parga-Vega y Teatro Real de Toone.


www.toone.be

https://www.yumpu.com/es/document/view/55863625/aguatinta-n16


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