De febrero



Descargar 79.01 Kb.
Fecha de conversión13.09.2017
Tamaño79.01 Kb.
Hugo de San Victor 1096 - 1141
https://es.wikipedia.org/wiki/Hugo_de_San_Vícto


Hugo de San Víctor C.R.S.A. (c. 1096-11 de febrero de 1141), nacido en Sajonia, fue un teólogo cristiano de la Edad Media. Filosofo medieval, teólogo y escritor místico, nació en la mansión de Hartingham, Sajonia. Fue el hijo mayor de Conrado, conde de Blankenburg. Su tío Reinhard, que había estudiado en París con William de Champeaux, a su vuelta a Sajonia había sido hecho obispo de Halberstadt. Fue en el monasterio de San Pancracio en Hamerleve, cerca de Halberstad, donde Hugo recibió su educación.

Biografía



Se educó en la Orden de los Canónigos Regulares de San Agustín de Hamersleben, en Sajonia. En 1115 o 1118 dejó la escuela agustina por la escuela de San Víctor de París, que había fundado Guillermo de Champeaux en 1108. Allí llegó a ser canónigo, escolástico e incluso prior.
A pesar de la oposición de sus padres, tomó el hábito de los canónigos regulares de San Agustín en Hamerleve. Antes de terminar el noviciado, la inestable situación del país llevó a su tío a aconsejarle que se trasladara a la Abadía de San Víctor en París, a donde llegó alrededor de 1115. Cuando en 1112 su fundador, Guillermo de Champeaux, fue elegido a la sede de Châlons, fue sucedido por Gilduin, bajo el cual no perdió nada de su reputación por su piedad y conocimientos.
Bajo su regla y guía permaneció Hugo el resto de su vida, estudiando, enseñando y escribiendo. Al morir trágicamente Tomás (20 de agosto de 1133) Hugo fue elegido para sucederle como director de la Escuela de San Víctor y bajo su dirección alcanzó un brillante éxito. A veces se le llama a Hugo alter Augustinus, por su familiaridad con las obras del gran Padre de la iglesia.
Sus propias obras cubren todos los temas de las artes y ciencias sagradas que se enseñaban en su tiempo. Hasta finales del siglo XIX muchos historiadores de filosofía lo degradaban como un místico de mente estrecha y sin contacto con el mundo del pensamiento y del estudio, que obstaculizaba en lugar de ayudar al progreso científico, y cuyos simbolismos fantásticos confundían a las generaciones siguientes. Pero un examen cuidadoso de sus obras ha llevado a apreciar verdaderamente a quien Harnack (Historia del Dogma, 1899, VI, 44) llama “el teólogo más influyente del siglo XII”. Gran escritor místico, pero también filósofo y teólogo escolástico de primer orden.

En primer lugar era un gran conferenciante, y ese hecho explica la rápida difusión de sus obras a medida que se dispersaban sus oyentes, su frecuente incorporación en tratados posteriores, y la publicación bajo su nombre de tantos tratados no auténticos. Sus enseñanzas fueron uno de los fundamentos de la teología escolástica y su influencia ha afectado todo el desarrollo del escolasticismo, porque fue el primero que, después de sintetizar los tesoros dogmáticos de la era patrística, los sistematizó y formó en un cuerpo de doctrina completo y coherente, lo cual fue obra de un genio. Pero su gran mérito como cabeza de la escuela de San Víctor fue que, cuando la heterodoxia y la temeridad doctrinal de Pedro Abelardo pusieron en peligro el nuevo método que se estaba aplicando al estudio de la teología, Hugo y sus seguidores, por su prudente moderación y su impecable ortodoxia, dieron seguridad a los alarmados creyentes y aclimataron el nuevo método científico en las escuelas católicas.
Las principales obras de Hugo son:
(1)"De Sacramentis Christianæ Fidei" (ca. 1134), su obra maestra y la más extensa, una síntesis dogmática similar, pero más perfecta que la "Introductio ad Theologiam" de Abelardo (ca. 1118), que solo se ocupaba del conocimiento de Dios y de la Trinidad. Es de un carácter más literario: en ella el primer lugar pertenece al argumento de la autoridad, pero la utilización del método dialéctico lleva la discusión a un todo. Es a la misma vez un resumen y versión corregida de sus primeras obras.
La obra está dividida en dos libros que comprenden doce y dieciocho partes respectivamente, cada una de las cuales contiene numerosos capítulos. El siguiente análisis de su contendido dará una mejor idea de si alcance:
Libro I: 1. La Creación;

2. la finalidad de la creación del hombre;

3. El conocimiento del Dios Uno y Trino;

4. La voluntad de Dios y sus manifestaciones;

5. Los ángeles;

6. El hombre antes de la caída;

7. la caída y sus consecuencias;

8. la restauración del hombre y el uso de los sacramentos;

9. Los sacramentos en general;

10. La fe;

11. Los sacramentos en particular y en principalmente los de la ley natural;

12. Sacramentos de la ley escrita:
Libro II:

1. La Encarnación del Verbo;

2. Gracia y la Iglesia;

3. Las órdenes de la jerarquía eclesiástica;

4. Explicación mística de las vestimentas sagradas;

5. Dedicación de las Iglesias (en las que se confieren los sacramentos);

6. Bautismo

7. Confirmación;

8. Eucaristía;

9 sacramentos menores (sacramentales];

10. Simonía;

11. Matrimonio;

12. Votos;

13. Virtudes y vicios;

14. Confesión y absolución;

15. Unción de los enfermos;

16. Estado de las almas tras la muerte;

17. Segunda venida de Cristo y la resurrección de los muertos;

18. El estado de las cosas venideras. Es la primera obra teológica completa de las escuelas.
(2)"Eruditionis Didascaliæ, libri septem" comprende lo que debiéramos llamar una enciclopedia, metodología, introducción a las Sagradas Escrituras y una indicación de cómo podemos elevarnos de las cosas visibles al conocimiento de la Trinidad.
(3) Comentarios bíblicos (importantes por sus doctrinas teológicas y místicas): "Adnotationes Elucidatoriæ in Pentateuchon"; "In librum Judicum"; "In libros Regum" (notas sobre el significado literal de los textos); "In Salomonis Ecclesiasten Homiliæ XIX" (práctico más que exegético); "Adnotationes Elucidatoriæ in Threnos Jeremiæ in Joelem prophetam" (sobre los significados literal, alegórico y moral); "Explanatio in Canticum Beatæ Mariæ" (alegórico y tropológico). Las "Quæstiones et Decisiones in Epistolas S. Pauli", impresas entre sus obras en Migne, son ciertamente posteriores a Hugo.
(4) "Commentariorum in Hierarchiam Cælestem S. Dionysii Areopagitæ secundum interpretationem Joannis Scoti libri x."
(5) Sus principales obras místicas son : "De Arca Noah Morali et Mystica" "De Vanitate Mundi"; "De Arrha Animæ"; "De Contemplatione et eius speciebus" (publicado por primera vez por Hauréau como un apéndice a su libro en 1859).
(6) Respecto a la "Summa Sententiarum", que usualmente se le atribuye, ha habido largos debates. Hauréau, Mignon, Gietl, Kilgenstein, Baltus, Ostler se la atribuyen a Hugo; Denifle, arguyendo que los manuscritos son anónimos, deja la cuestión abierta. Pero Portalié, basando su argumento en importantes diferencias doctrinales, parece haber demostrado que no es obra de Hugo, aunque pertenece a su escuela.
La línea general de su argumento es que la "Summa Sententiarum" es ciertamente posterior a “De Sacramentis”, de la que cita con frecuencia: doctrinas, métodos y fórmulas muestran un evidente progreso en la “Summa”. Parecería que es totalmente imposible que Hugo haya escrito la Summa después de “De Sacramentis”, porque la “Summa” toma prestadas de la escuela de Abelardo errores que Hugo no hubiera enseñado y hasta errores y formulas que él atacó expresamente.
De Wulf está de acuerdo con esto y Pourrat aporta pruebas adicionales, basándose en el examen del las enseñanzas sacramentales de las dos obras, en apoyo de la misma tesis. Ninguno de los escritores citados, de los que están a favor del la autoria de Hugo, han tratado las pruebas de Portalié.
El trabajo de clasificación teológica progresó mucho en tiempos de Abelardo y en las “Summae” se condensaron resúmenes enciclopédicos de toda la teología. El “Sic et Non “de Abelardo trazó las líneas sobre las que se construyeron las “Sumas”; pero reprodujeron los obstáculos de la obra matriz en que las dificultades presentadas en los pros y contras con frecuencia quedaban sin resolver.
La introducción de procesos más estrictamente lógicos culminó en la fusión de la erudición patrística y la especulación racional en el nuevo método dialéctico constructivo. Una vez establecido el dogma por la interpretación de las Escrituras y los Padres, se buscó la ayuda de la filosofía para mostrar el carácter racional del dogma. La aplicación de la dialéctica a la teología llevó a Abelardo a la herejía y los teólogos del siglo XII estaban profundamente divididos respecto a su legitimidad.
Era defendida por las escuelas de abelardinas y victorinas y de ellos desciende lo que se conoce apropiadamente como teología escolástica. La escuela de teología abelardina continúo existiendo aún después de la condena de su fundador en 1141, pero influenciada por la escuela victorina, que a su vez sintió la influencia de la abelardina, pero se mantuvo dentro de los límites de la ortodoxia.
Así, ambos contribuyeron al triunfo del escolasticismo. Cualquier intento de síntesis de las enseñanzas de Hugo debe ir precedido de un examen crítico de la autenticidad de los tratados que se han incluido en la edición recopilada de sus obras, y algunos de los más autorizados historiadores de la filosofía y teología se han equivocado por no tener en cuenta esta precaución elemental.
Otros se han concentrado en sus escritos sobre teología mística, donde lo sobrenatural reina supremo; sólo puede llevar a confusión el intentar apreciar la enseñanza filosófica del autor sobre datos suministrados por sus esfuerzos de explicar lo que pasa en el alma poseída por la caridad perfecta. Hugo nos ha dejado suficiente material filosófico y teológico en los que las explicaciones racionales están al lado de la doctrina revelada y nos permiten formarnos una opinión segura de su posición como filósofo, teólogo y místico.
Su estilo
Su elocuencia y sus escritos le procuraron una fama y excelencia que superaron las de San Bernardo de Claraval y que se conservó hasta el devenir de la filosofía tomista. Hugo fue el iniciador del misticismo de la escuela de San Víctor, dominante en la segunda mitad del siglo XII. Su misticismo, según Charles-Victor Langlois es erudito, untuoso, ornamentado, florido, un misticismo que nunca incurre en peligrosas temeridades; es el misticismo ortodoxo de un retórico sutil y prudente. Esta tendencia muestra una marcada reacción frente a la teología de Roscelino y Pedro Abelardo.
Educado en la Abadía de Hamersleben y después en el convento de los victorianos donde ingresó en 1115. A partir de 1125 enseña en la escuela y en 1133 tomó su dirección, cargo en el que permaneció hasta su muerte en 1141. Es una personalidad completa de filósofo humanista, teólogo dogmático y místico, tres cualidades que une armónicamente y que hacen de él uno de los hombres más universales de su tiempo. Desde el punto de vista filosófico, su principal obra es el Didascalion, resumen del saber sagrado y profano del siglo XII. En el campo teológico merecen destacarse el De Sacramentis legis naturalis et scriptae y en especial el De Sacramentis Christianae fidei, así como la Summa Sententiarum, cuya paternidad está muy discutida. Tiene además un comentario sobre la Jerarquía celeste del Pseudo Dionisio y numerosas obras místicas.
Hugo, nos ha proporcionado, a través de sus obras Didascalicon e Institutionem Novitiarum, valiosos datos para conocer las enseñanzas y métodos que se seguían. La escuela de San Víctor seguía la regla de San Agustín. La ocupación fundamental de quienes la integraban era el estudio, que compartían con el trabajo manual y las prácticas religiosas propias de la comunidad. Los estudios se establecían según un plan que situaba a las artes liberales en la base, a la filosofía en el centro y a la teología en la cumbre. Las artes liberales se distribuían en los dos grupos clásicos (trivium y quadrivium), la filosofía se apoyaba sobre todo en las obras de Platón, San Agustín, Escoto Eriúgena y el Pseudo Dionisio; la teología, en la Biblia y en los Padres o Auctoritates.
Sus ideas
Como filósofo: Tiene una idea clara, enfatizada con frecuencia, del objeto de una ciencia puramente racional, diferente de la teología; y los dos órdenes del conocimiento están tan claramente diferenciados en sus escritos como en los de Santo Tomás de Aquino.

Por filosofía el entendía todo el conocimiento alcanzado por la razón natural. El asignarle un lugar definido a la filosofía en el plan de estudios fue el resultado de un proceso largo y gradual; pero su lugar sobre las artes liberales y bajo la teología está claramente definido por Hugo en el "Eruditionis Didascaliæ".
Abandonando el antiguo sistema excesivamente desarrollado, Hugo establece una nueva división del conocimiento: "Philosophia dividitur in theoreticam, practicam, mechanicam et logicam. Haec quatuor omnem continent scientiam." La filosofía se divide en teórica, práctica, mecánica y lógica. Estas cuatro (divisiones) comprenden todo el conocimiento (Erud. Didasc., II, 2). Esta nueva división del conocimiento en ciencia especulativa, interesada por la naturaleza y las leyes de las cosas, ética, los productos de la actividad del hombre, pensamientos y palabras, está bien y lógicamente elaborada.
Su exposición total de lo que quiere decir conocimiento, su objeto, divisiones, y el orden en que debe tratarse, es un estudio único en la Edad Media antes de la segunda mitad del siglo XII, y aunque Hugo no hubiera escrito nada más que los primeros libros de la "Didascaliæ", aun así hubiese merecido un lugar entre los filósofos del escolasticismo. Es interesante notar que aunque la cuestión de los universales llenaba las escuelas en su tiempo y en San Víctor había muchos seguidores de Guillermo de Champeaux, Hugo evita sistemáticamente todo el asunto, aunque en algunos lugares rechaza algunos de los principales argumentos presentados por los realistas.
A fines del siglo XIX Ostler hizo un estudio cuidadoso de la marcada tendencia sicológica de todo su sistema filosófico. Las enseñanzas de Hugo respecto a Dios han sido minuciosamente analizadas por Kilgenstein, que nos da la clave de todas sus enseñanzas: usando la razón el hombre puede y debe llegar al conocimiento de Dios: aseitas, pura espiritualidad, absoluta simplicidad, eternidad, inmensidad, inmutabilidad de ser y de actuar: tales son las concepciones que él descubre en su Hacedor y que le da una idea sintética y bien razonada de la esencia divina. Al mismo tiempo defiende la necesidad moral de la Revelación, de manera que las enseñanzas de Santo Tomás, tal como se expresan en los primeros capítulos del "Contra Gentiles", nada añaden a las de Hugo.
Es interesante notar que, siguiendo el "Monologium", de San Anselmo, el toma el alma humana como el primer elemento de observación respecto a la contingencia de la naturaleza, y de ella se eleva a Dios (Ver P.L., CLXXVI, 824.) Como teólogo: Su valiosa obra como pensador serio ya ha sido mencionada; poseía una aguda apreciación de los méritos de mucha de la obra teológica de Abelardo y siempre le cita con respeto, al mismo tiempo que combate sus errores. Así, cuando Abelardo, al tratar de la creación, había sustituido la libertad y omnipotencia de Dios por un muy exagerado optimismo, Hugo atacó el error en su "De Sacr.", Bk. I, P. II, c. XXII.
Su enseñanza cristológica está marcada por un error de semi-apolinarismo al atribuir a la humanidad de Cristo no sólo el conocimiento increado del Verbo, sino la omnipotencia y otros atributos divinos. Pero combate vigorosamente las concepciones erróneas de Abelardo sobre la unión hipostática que llevaron a un renacimiento del adopcionismo que preocupó a las escuelas hasta su condenación el 18 de febrero de 1177 por el Papa Alejandro III (1164-77).
Las enseñanza sacramental de Hugo es de gran importancia porque con él comienza la etapa final de la formulación de la definición de los sacramentos; sintetizando las enseñanzas dispersas en las obras de San Agustín, dejó aparte la definición Isidoriana y dio una más verdadera y comprehensiva que, cuando fue perfeccionadas por el autor de la "Summa Sententiarum", fue adoptada por las escuelas. Sus obras contienen un extenso cuerpo de doctrina moral basada sobre sólidas bases patrísticas, en cuya agrupación se ve la influencia de Abelardo.

Pero en su exacto análisis de la naturaleza del pecado, combate el error de Abelardo respecto al carácter indiferente de todos los actos en sí mismos, aparte de la voluntad del que obra. Al mismo tiempo mantuvo una postura errónea sobre la reviviscencia, después de la caída, de los pecados mortales previamente perdonados. (De Sacr., Bk. II, P. XIV, c. VIII).
Como místico. Los historiadores de la filosofía parecen por fin haber llegado a la conclusión de que denota una falta de imaginación psicológica el ser incapaces de entender la coexistencia subjetiva de la dialéctica aristotélica con el misticismo del tipo de San Víctor o de San Bernardo y hasta que estén compenetradas.
El pensamiento especulativo no estaba, ni podía estar, aislado de la vida religiosa vivida con tal intensidad como en la Edad Media, cuando ese pensamiento especulativo estaba activo en todas partes, en todas las profesiones, en todos los niveles de la escala social. Después de todo ¿no nos dio la misma mente las dos “Summae” y el Oficio del Santísimo Sacramento? Hugo de San Víctor fue el líder del gran movimiento místico cuyo centro estaba en la escuela de San Víctor y él formuló, por así decirlo, un código de leyes que gobernaban el progreso del alma hacia su unión con Dios.
La esencia de su enseñanza es que el mero conocimiento no es un fin en sí mismo; no debiera ser otra cosa que un estriberón hacia la vida mística a través del pensamiento, meditación y contemplación; el pensamiento busca a Dios en el mundo material, la meditación lo descubre dentro de nosotros mismos y la contemplación lo conoce sobrenatural e intuitivamente. Esos son los “tres ojos” del alma racional. La enseñanza mística de Hugo fue ampliada por Ricardo de San Víctor, cuyo orgulloso desdén hacia la filosofía se ha atribuido erróneamente a Hugo.




Legado


Hugo de San Víctor escribe el Didascalicon (Leyde, Bibliothek der Rijkuniversiteit, Ms. Vucanius 45, f° 130). El legado de Hugo es bastante impresionante. Se le cita frecuentemente después de su muerte, y Buenaventura de Fidanza lo elogia en su De reductione Artium ad theologiam. Hugo enseñó sus ideas de misticismo a los influyentes Andrés y Ricardo de San Víctor, y fue miembro fundador del movimiento Victoriano. Uno de los ideales de Hugo que no consiguió que arraigara allí, sin embargo, fue la adopción de la ciencia y la filosofía como herramientas para acercarse a Dios.
Por otra parte, resucitó la tradición, que se había perdido durante la Alta Edad Media de las Artes de la memoria mediante la utilización de imágenes visuales de la memoria, que pudieran recordarse sin utilización de escritos, incluyendo discursos ciertamente largos. Escribió dos tratados, De tribus maximis circumstantiis gestorum y De arca Noe morali donde proponía conservar los tesoros de sabiduría en un espacio imaginario que situaba en un virtual Arca de Noé, como imagen de la Iglesia.
También tuvo una gran influencia en el teórico y crítico Edward Said, quien citó este pasaje de Hugo de San Víctor en sus obras:

Es por tanto, una fuente de gran virtud la mente entrenada para aprender, poco a poco, primero para cambiar las cosas visibles y transitorias, para que después pueda ser capaz de dejarlas atrás. La persona que encuentra su dulce tierra natal es un sensible principiante; aquel a quien todo suelo es como el de su tierra, que ya es fuerte, pero es perfecto para quien el mundo entero es como un lugar extranjero. El alma sensible ha fijado su amor en un lugar en el mundo, la persona fuerte ha extendido su amor a todos los lugares, el hombre perfecto lo ha extinguido.[

Citas de Hugo de San Víctor


  • «Apréndelo todo, verás después que nada es superfluo».

  • «De todas las cosas que se han de buscar, la primera es la sabiduría, donde reside la forma del Bien perfecto».

  • «Esfuércese el escolar por grabar en su mente, en cuanto sea capaz, la constancia de la asiduidad pues ¿qué hay más brillante que la constancia? ¿Qué más nefasto que la inconstancia? La primera crea, la segunda destruye; la primera progresa, la segunda retrocede. La primera recoge, la segunda dispersa lo recogido».

  • «He reunido en única cadena (series) esta breve suma de todas las cosas».

    • refiriéndose a su libro De Sacramentis

  • «La sabiduría ilumina al hombre para que pueda reconocerse a sí mismo».

  • «Todas las artes naturales sirven a la ciencia divina, y la sabiduría inferior, rectamente ordenada conduce a la superior».

  • «Todo tratado tiene algún principio en el que se fundamenta toda la verdad del tema y la fuerza de la exposición y a él se refiere todo lo demás. Buscar esto y considerarlo es lo que llamamos retener en la memoria. La fuente es una sola y de ella nacen muchos riachuelos; no es necesario seguir los recovecos y vueltas del río: si tienes la fuente lo tienes todo. He dicho esto porque la memoria del hombre es limitada y goza con la brevedad y si se divide en muchos puntos, pierde precisión en cada uno de ellos».


El alcance de sus escritos
Sus propias obras cubren todos los temas de las artes y ciencias sagradas que se enseñaban en su tiempo. Hasta finales del siglo XIX muchos historiadores de filosofía lo degradaban como un místico de mente estrecha y sin contacto con el mundo del pensamiento y del estudio, que obstaculizaba en lugar de ayudar al progreso científico, y cuyos simbolismos fantásticos confundían a las generaciones siguientes. Pero un examen cuidadoso de sus obras ha llevado a apreciar verdaderamente a quien Harnack (Historia del Dogma, 1899, VI, 44) llama “el teólogo más influyente del siglo XII”.
Gran escritor místico, pero también filósofo y teólogo escolástico de primer orden. En primer lugar era un gran conferenciante, y ese hecho explica la rápida difusión de sus obras a medida que se dispersaban sus oyentes, su frecuente incorporación en tratados posteriores, y la publicación bajo su nombre de tantos tratados no auténticos.

Sus enseñanzas fueron uno de los fundamentos de la teología escolástica y su influencia ha afectado todo el desarrollo del escolasticismo, porque fue el primero que, después de sintetizar los tesoros dogmáticos de la era patrística, los sistematizó y formó en un cuerpo de doctrina completo y coherente, lo cual fue obra de un genio.
Pero su gran mérito como cabeza de la escuela de San Víctor fue que, cuando la heterodoxia y la temeridad doctrinal de Pedro Abelardo pusieron en peligro el nuevo método que se estaba aplicando al estudio de la teología, Hugo y sus seguidores, por su prudente moderación y su impecable ortodoxia, dieron seguridad a los alarmados creyentes y aclimataron el nuevo método científico en las escuelas católicas.
Cualquier intento de síntesis de las enseñanzas de Hugo debe ir precedido de un examen crítico de la autenticidad de los tratados que se han incluido en la edición recopilada de sus obras, y algunos de los más autorizados historiadores de la filosofía y teología se han equivocado por no tener en cuenta esta precaución elemental.
Otros se han concentrado en sus escritos sobre teología mística, donde lo sobrenatural reina supremo; sólo puede llevar a confusión el intentar apreciar la enseñanza filosófica del autor sobre datos suministrados por sus esfuerzos de explicar lo que pasa en el alma poseída por la caridad perfecta. Hugo nos ha dejado suficiente material filosófico y teológico en los que las explicaciones racionales están al lado de la doctrina revelada y nos permiten formarnos una opinión segura de su posición como filósofo, teólogo y místico.

resultado de imagen de hugo de san victor


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal