De latinas y africanas



Descargar 13.2 Kb.
Fecha de conversión27.12.2017
Tamaño13.2 Kb.
De latinas y africanas.

Por: Virginia Mariezcurrena1

Una profesional argentina se encuentra trabajando desde hace dos años en Ouagadougou, capital de Burkina Faso, país de África del Oeste catalogado como el tercer país menos desarrollado del mundo. Con su riqueza cultural, sus colores, sus tradiciones y sus religiones propias y adoptadas, Burkina fascina a la observadora. En este articulo la autora nos comparte sus experiencias cotidianas con respecto a la situación de la mujer en esa realidad.

Una querida amiga mía, integrante de la red y conocedora de mi trabajo en África, me sugirió escribir unos párrafos de la situación de la mujer en esta región del mundo. ¿Cómo hacerlo sin caer en lugares comunes, en prejuicios o en perpetuar los estereotipos que abundan sobre África? Y lo que es mas importante, sin juzgar o sin parecer intentar fundar una teoría?

Voy a tratar de hacerlo, entonces, como mujer. Simplemente. Como testigo, como intrusa, intuitiva, como observadora privilegiada por una situación de trabajo que me trajo hasta aquí y que me pide que trabajemos juntas.

Hace poco mas de dos años que vine a trabajar a Burkina Faso, un país de África del Oeste que tiene el dudoso privilegio de ser el tercero menos desarrollado del mundo de acuerdo con el índice de desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Toda mi experiencia de trabajo hasta entonces estaba en diferentes ONGs e instituciones de diferentes países de América Latina.

Lo primero que me llamo la atención, el primer día de mi arribo, fue lo hermoso del atuendo de las mujeres, y su elegancia al caminar. Sus sonrisas blancas sobre sus pieles de ébano, brillantes, lisas, sanas, hermosas. Me preguntaba como podían llevar sobre sus cabezas esos cantaros, calabazas, o baldes repletos de productos para vender, o simplemente para transportar. Caminando, en moto, o en bicicleta, y además, siempre con sus hijitos cargados en la espalda.

A medida que iba trabajando en el campo, con organizaciones locales, me interiorizaba de los secretos a voces de las reglas que rigen la vida de las mujeres en Burkina.

El primer gran choque lo tuve cuando a semanas de mi arribo participé en un taller de capacitación sobre cabildeo (advocacy). Una de las organizaciones presentes en ese taller trabajaba para promover los derechos de las mujeres en Mali. Su representante tomo la palabra y comenzó a explicar los entretelones de la practica de la escisión. La escisión, o mutilación genital femenina consiste en la ablación del clítoris en las niñas, una practica cultural ancestral. Se hace generalmente entrando las niñas a la adolescencia, pero se esta adelantando en el tiempo y se la practica a niñas bebés para burlar el control del gobierno, quien condicionado por los donantes de fondos, esta sancionando leyes que lo prohíben. Presentemente, en todos los países de la región salvo en Mali, la escisión esta prohibida por la ley.

Las causas que alegan los sostenedores de la escisión son principalmente: que si el clítoris toca al bebe en el momento del parto, el bebe traerá mala suerte a la familia; que la mujer con clítoris no es completa porque tiene una parte masculina, que es impura, que si no se le amputa la mujer saldrá a buscar otros hombres por allí, y por ende su marido no estará tranquilo, y en fin. Los miembros de esta organización basada en Mali explicaban también que hay una razón económica, porque el clítoris amputado es vendido a un alto precio para hacer pociones o productos de la medicina tradicional para tratar algunos males. Agregan, además, que los curanderos que se encargan del ritual son bien pagos y que no quieren abandonar su practica, generando mayor presion para mantenerla.

Para comprender esto, sin juzgar de acuerdo con nuestros parámetros “occidentales” hay que entender que las reglas religiosas/ culturales africanas (al menos en Burkina Faso) están tan enraizadas en la sociedad que no es fácil distinguirlas de las reglas de la física, química o ciencias exactas en una sociedad occidental.

Mas tarde, en otro contexto, me enfrenté con otra realidad originada en las practicas culturales de la región. Y es la que obliga a una mujer que ha quedado viuda de “casarse” con su cuñado, el hermano menor de su difunto marido. Según me han dicho, esta practica esta cada vez mas en desuso, pero en medios rurales aun sigue en pie. La fundamentacion es que una mujer, en un ambiente en donde no tiene ningún derecho de acceso a la tierra, no hereda, no tiene acceso al crédito, a ningún sostén económico, y casi tampoco a la educación, necesita ser ayudada, protegida. Entonces quien mejor la protegería que el hermano menor de su marido (normalmente con una mayor expectativa de vida)

Normalmente llegamos a la situación de la poligamia. Hay algo que nadie me puede explicar, y es como en un país donde el porcentaje de hombres y mujeres en los censos es prácticamente el mismo, la poligamia existe, sin dejar tantos hombres solteros. Es cierto que no son tantos los matrimonios poligámicos. Pero basta ir a un bar, restauran, o participar de una salida social y ver a alguna mesa donde este el señor con sus dos esposas, con hijos de edades parejas, cuyo cuidado se intercalan entre las dos mujeres.

Pero como se llega a aceptar esto, siendo mujer? La gran mayoría de las parejas no están casadas por ley. Pero si uno se quiere casar por el registro civil, por la ley, le preguntan si se va a casar por el régimen de la poligamia o de la monogamia, y es “a la pareja” de optar. Claro que en la practica, la mujer esta presionada por no quedarse soltera, gravísima falta social, y acepta la opción del marido. Y asi siguen, en paz hasta que el marido le trae a la casa, simplemente, a su nueva esposa. Y no tiene posibilidad de quejarse porque ella formalmente opto por la poligamia. Tambien hay casos en que la mujer se siente liberada en el momento que el marido trae al hogar a su segunda esposa. Dada la terrible carga de trabajo que tiene la primera, el hecho que el marido tome una segunda esposa le alivianara la carga.

Además de todo esto, ellas trabajan el campo, ellas paren, ellas no pueden negarse a tener sexo ni obligar a su pareja a usar un profiláctico y son el 75 % de las personas infectadas con SIDA en Burkina. Ellas cargan leña, buscan y cargan el agua, cocinan para toda la “gran familia”, cuidan a sus hijos, en fin...

Afortunadamente hay muchas organizaciones extranjeras que están trabajando por una mejor equidad de género en nuestro país, y les “imponen” las reglas de inclusión social a las organizaciones nacionales. También hay mujeres modelo, lideres de organizaciones locales que son bandera para muchas otras que las ven y de a poco se van soltando.

Al fin y al cabo, uno nunca sabe por donde llegara el mensaje que despierte conciencias, que motive, que empodere y que de fuerzas para elegir su propio destino.

En ese sentido, y para terminar, quisiera compartir con ustedes una situación que viví charlando con una amiga mía, burkinabé (o sea nacional de Burkina Faso), llamada Bibata. Estábamos en casa, mirando la televisión. Resulta que acá en Burkina dan varias novelas latinoamericanas, como por ejemplo Muñeca Brava, que están dando ahora. Y en un momento, me mira y me dice :

Ustedes, las mujeres latinas, no saben todo lo que hacen por nosotras, las mujeres africanas”. Yo le pregunto por qué, qué es lo que me quería decir, y me contesta: “Nosotros las vemos a ustedes (en las novelas) tan decididas, tan emprendedoras, tan valientes, que nos hacen ver que otra vida es posible y que nosotras también vamos a poder”.

Vaya este pequeño texto como un homenaje a la mujer Burkinabé, con la esperanza de verlas florecer en los caminos que ellas elijan.





1 Virginia Mariezcurrena es abogada argentina, que trabaja como Asesora del Servicio Holandés de Desarrollo (SNV) para reforzar las capacidades de las organizaciones no gubernamentales y el sector privado en Burkina Faso, Africa, desde Marzo 2005.


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal