De los 90 a los 2000: La evolución de la integración regional argentina a través de las interpretaciones de autonomía



Descargar 70.78 Kb.
Fecha de conversión15.12.2017
Tamaño70.78 Kb.
De los 90 a los 2000: La evolución de la integración regional argentina a través de las interpretaciones de autonomía.

Palabras clave: autonomía- Argentina- integración regional

CLEMENTE, Aldana

CER- CONICET- Departamento de Humanidades- Universidad Nacional del Sur

aldana_clemente@outlook.com

Magíster en Estudios Internacionales (Universidad Torcuato Di Tella) Doctoranda en Historia (UNS), Ayudante de Cátedra Introducción a las Ciencias Políticas (Departamento de Humanidades -UNS) Becaria de posgrado CONICET.


Abstract

La integración regional constituye uno de los principales lineamientos de la política exterior argentina. Sin embargo, a pesar de su continuidad en el tiempo, la misma ha tenido diversos enfoques e intereses subyacentes. Así, por ejemplo, entre los años 90 y la primera década del 2000, es posible identificar variaciones entorno a los objetivos, el énfasis, el tipo de integración e, incluso, la elección de los socios regionales.

Ello puede vincularse, por un lado, con los constreñimientos que el contexto internacional presenta para la toma de decisiones de la política exterior, pero además, con una serie de factores asociados a la visión de mundo y a las interpretaciones que los mandatarios hacen de ciertos conceptos, a través de los cuales su accionar es matizado, tal como es el caso de la autonomía.

La noción de autonomía remite en líneas generales a un rasgo esencial de soberanía en cuanto al comportamiento internacional de los Estados, en tanto estrategia que permite enfrentar la inserción dependiente en la economía política mundial. Su relevancia ha sido tal, desde los años 60 para América Latina, que se ha constituido en un eje central del pensamiento latinoamericano en relaciones internacionales. Helio Jaguaribe desde Brasil y Juan Carlos Puig desde Argentina, fueron quienes comenzaron un trabajo académico que ha influenciado no sólo la teoría sino la propia praxis política del término. Sus postulados conocidos como “Realismo de la periferia” asociaron la autonomía a una estrategia para hallar modos alternativos de acción para estados sin poder y para revertir la condición de “periferismo permanente” siendo la autonomía, definida como la “capacidad de una nación para optar, decidir y obrar por sí misma” (Puig, 1984: 42-43).

Sin embargo hacia los años 90, ante un nuevo contexto, los principales lineamientos y directrices de la política exterior argentina del período, contaron con la existencia de un modelo propio en la visualización e interpretación del sistema internacional. El “realismo periférico” promovido por Carlos Escudé, entendió que la autonomía en términos puiguianos no tenía sentido para países débiles -como Argentina- quien ante las grandes potencias debía mantener una actitud de aceptación hacia sus propuestas atendiendo a los costos posibles de confrontar.

Desde otra corriente teórica, más hacia los años 2000, la autonomía recibió nuevas interpretaciones que analizaron la condición periférica del Cono Sur con un criterio optimista, en la medida en que los países de esta región fueran capaces de asociarse para manejar, conjuntamente, las situaciones que ellos mismos generan entre sí y con terceros, como así también las que provocan terceros y que impactan en sus sociedades y economías nacionales. Desde este enfoque, los países periféricos asociados tendrían más posibilidades de lograr autonomía que si se lo propusieran aisladamente desde posiciones independientes. Por eso Roberto Russell y Juan Gabriel Tokatlian, sus autores, denominaron al mismo como “autonomía relacional” que puede ser entendida como una autonomía “en o de conjunto”.

A partir de ello, el presente trabajo pretende indagar en el desarrollo del proceso de integración regional durante los gobiernos de Carlos Menem (1989-1999) y de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (2003-2015) y las estrategias ante MERCOSUR, UNASUR y CELAC a la luz de sus interpretaciones de la autonomía. Para ello se indagarán discursos, entrevistas, declaraciones y documentos oficiales con el objetivo de aportar una perspectiva de análisis de la integración regional que complemente las meras visiones teóricas a la vez que indague en el pasado reciente a fin de fortalecer las estrategias presentes y futuras.
La integración en los 90: el nuevo regionalismo y la autonomía a través de la lectura del realismo periférico

La década del 90 en Argentina, estuvo marcada por los dos períodos presidenciales de Carlos Menem (1989- 1995 y 1995-1999). Durante el tiempo de su gobierno se produjeron cambios trascendentales para la integración regional e internacional del país. Inicialmente, el objetivo declarado fue maximizar las posibilidades del país partiendo del reconocimiento y aceptación de la dependencia respecto de la que se perfilaba como única potencia hegemónica dentro del nuevo orden mundial (Saavedra, 2004:91). Esta percepción de la realidad, fue la que llevó a colocar a la Argentina en un incuestionable alineamiento con Estados Unidos.

De este modo y como ocurrió con otros países de América Latina, Argentina abandonó el paradigma del Estado- desarrollista, adoptando el paradigma neoliberal. En política exterior, la “nueva agenda” se basó en la adopción de los valores hegemónicos universalmente aceptados, de los cuales resultaban el prestigio, la credibilidad y la confiabilidad externas (Bernal- Meza, 2002: 74). El gobierno de Carlos Menem realizó así, un profundo viraje en su orientación internacional respecto del gobierno anterior y definió una nueva política exterior. Esta llevaba implícita una adhesión a la alianza occidental y sus principios de democracia y libre mercado, el abandono definitivo de las estrategias de sustitución de importaciones, y la reformulación del papel del Estado. En consonancia con ello, Menem colocó a las variables económicas en el primer lugar de las prioridades de la política exterior, por lo que el interés nacional quedó definido en términos esencialmente económicos (Clemente, 2015).

En líneas generales, el diseño de la política exterior argentina en los primeros años en la presidencia de Carlos Menem estuvo determinada por los siguientes factores contextuales: la situación económica y política del país, la crisis de la deuda externa, la expansión de los procesos de nuevo regionalismo, la evolución del conflicto Este-Oeste y la aceleración del proceso de la globalización. Dentro de la nueva estrategia de relacionamiento externo basada en el comercio, Menem incorporó a Brasil como un socio económico importante y ello fue el puntapié para fortalecer la interdependencia entre ambos países. Dicha incorporación de Brasil manifestó un cambio relevante en la estrategia nacional que involucró la eliminación de hipótesis de conflicto entre ambos países; la restauración de la democracia en ambos países; y una mayor interdependencia económica que acrecentó la cantidad de intereses comunes (Russell y Tokatlian, 2003). En este sentido, la llegada de Menem al poder en 1989 produjo un nuevo cambio de paradigma en las relaciones internacionales argentinas denominado por Russell y Tokatlian “aquiescencia pragmática”, entendiendo que el mundo comenzó a ser interpretado en clave económica y ello determinó las relaciones de preferencia en las que inicialmente Brasil y consecuentemente, el MERCOSUR comenzaron a ser relevantes (Peternolli, 2013).



En primera instancia, se trató de continuar, acelerar y profundizar el proyecto regional planteado por sus antecesores: Alfonsín y Sarney en 1985. Sin embargo, fue necesario realizar algunos ajustes al esquema de regionalismo que los anteriores presidentes habían planteado. Consecuentemente, se abandonó la idea de un tratado de libre comercio y se decidió ir más allá a través de la construcción de un mercado común, reemplazando los principios de gradualidad y flexibilidad, negociada por una lógica de liberalización comercial generalizada, lineal y automática (Clemente, 2015).

En este aspecto, el acercamiento a Brasil se vio facilitado dado que tanto Menem como el nuevo presidente de Brasil, Collor de Mello veían positivamente los postulados del neoliberalismo. Dicho avance de las ideas liberales en la región y en el mundo, impregnó un nuevo modelo de integración que se manifesto en los acuerdos de conformación del MERCOSUR orientado, casi exclusivamente a lo comercial, con una institucionalidad fuertemente intergubernamentalista y de baja intensidad, funcionales al modelo económico y que comenzó a gestarse muy claramente a partir de mediados de 1990. Más precisamente, el 6 de julio de 1990 ambos presidentes firmaron el Acta de Buenos Aires, en el que se proponía el establecimiento de “un Mercado Común entre (ambos países), el que deberá encontrarse definitivamente conformado el 31 de diciembre de 1994”. En esa dirección, se dejaba expresa constancia en que se pondría “especial énfasis en la coordinación de políticas macroeconómicas y en las rebajas arancelarias generalizadas, lineales y automáticas, como metodologías primordiales para la conformación del mercado común” (Caetano, 2011: 31). Dicho Acta, antecedente directo del MERCOSUR, reflejó un contexto de apertura multilateral y de despliegue del consenso neoliberal, que vinculaba la aceleración de la globalización con la consolidación de la unipolaridad bajo hegemonía norteamericana. (Bustos, 2015: 52). De hecho, el 27 de junio, días antes de firmar el Acta, el presidente de EEUU, George Bush, lanza la Iniciativa para las Américas. Los esfuerzos del gobierno argentino desde entonces estarán abocados a señalar que la iniciativa norteamericana y la brasileña pueden ser compatibles en el largo plazo (Kan, 2013: 177).

Finalmente, el Mercosur fue creado con la firma del Tratado de Asunción, el 26 de marzo de 1991 y, en 1994 adquirió personalidad jurídico-institucional para los países miembro, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay mediante el Protocolo de Ouro Preto, firmado el 16 de diciembre de 1994.

La visión de Menem respecto al rol de la integración y de la inserción internacional argentina en general, fue pensada desde la perspectiva del Realismo Periférico que, bajo autoría de Carlos Escudé1 ,impregnó la década del 90 partiendo de la noción de acabar con los enfrentamientos con las grandes potencias cuestionando a su vez, los intentos de políticas autonómicas asociados a un proyecto de ampliada participación del Estado en la economía, considerando que las mismas habían conducido al país al aislacionismo en etapas anteriores (Míguez, 2013: 106-107).

Desde la perspectiva del Ejecutivo argentino, el MERCOSUR era un trampolín de acceso al mercado internacional y a las potencias centrales. De este modo puede entenderse como uno de los logros principales del bloque durante esta etapa las negociaciones en bloque realizadas con Estados Unidos y la Unión Europea.

El propio Menem lo expresaba en su mensaje, en 1999, a la Asamblea Legislativa al referirse al rol de la integración y su vinculación al mundo global y occidental como contracara del aislamiento anterior:

“Hemos dejado atrás el aislamiento y la debilidad y encaramos las etapas del continentalismo y el universalismo que se presentan en este fin de milenio. Hoy nos encontramos cabalgando esos procesos, ubicados firmemente en la alianza occidental y consolidando el proceso de integración de nuestra América desde el Mercosur”.

“Como tantas veces he dicho, los problemas del Mercosur se solucionan con más Mercosur, esto es con la profundización del proceso y con una batalla sin cuartel contra los enemigos de la integración.” (Menem, Carlos, 1999: 35)

De este modo, es posible señalar que durante la década del noventa, la cuestión de la autonomía fue redefinida e incluso, perdió relevancia tanto en el discurso como en la práctica política frente a otros temas y a otros propósitos de política exterior. De hecho, la Teoría de la Autonomía entendida en términos puiguianos fue ampliamente cuestionada por el realismo periférico de Escudé que promovió la necesidad de ejecutar la política exterior sobre la base de un análisis costos-beneficios (Giaccaglia, 2009: 69).

La noción de autonomía que impregnó la política menemista partió de la concepción de que todo país posee una suerte de autonomía básica, mayor o menor, según el poder acumulado. Esa autonomía es definida como es un activo crucial que no debería ser malgastado en gestos y actitudes simbólicas (Tokatlian, 1996) así como tampoco contestarías y desafiantes sino que, por el contrario, debería mantenerse y acrecentarse a través de decisiones y acciones que contribuyesen a elevar el conjunto de atributos de poder de un país y a mejorar el bienestar material de la población en su totalidad.

En este sentido, la autonomía durante el menemismo fue interpretada inicialmente según Simonoff por los sucesores del occidentalismo, los neoconservadores y neoliberales como un sinónimo de aislamiento y confrontación. Sin embargo, fue el realismo periférico, ante las inconsistencias del concepto de aislamiento como crítica a los efectos de la autonomía, que lo reemplazó por el de confrontación inútil. Fue precisamente el abandono de la autonomía como práctica, junto con la adscripción a un régimen democrático y a la economía de mercado, lo que constituyó la nueva fase histórica: la “Argentina Postmoderna”. (Simonoff 2013, 204).

Eso implicó en la práctica una postura prudente, una visión estratégica y un cálculo utilitarista para determinar tanto el alcance y el sentido, como el contenido y la práctica de la autonomía que quedó reflejado durante el período tanto en el tipo de integración, en la elección de los socios regionales y en los objetivos respecto de la inserción internacional atravesados por una visión de mundo acorde a la propuesta neoliberal.


Los 2000: nuevos horizontes regionales y autonomía en clave relacional

El inicio del nuevo milenio en Argentina estuvo marcado por el fin del menemismo, la llegada a la presidencia de Fernando de La Rúa en 1999 mediante el Partido de La Alianza y la crisis económica, social, política e institucional que vivió el país tras el agotamiento del modelo neoliberal. El momento decisivo ocurrió en diciembre de 2001 cuando tras un fuerte ajuste económico y la aparición del “corralito” entendido como impedimento para retirar dinero de las cuentas nacionales, la gente salió a la calle en masivas protestas denominadas “cacerolazos” que llevaron a la renuncia del entonces Presidente De La Rúa. A ello se sumó una inestabilidad extrema para establecer un sucesor temporal y la elección de Eduardo Duhalde mediante Asamblea Legislativa por Ley de Acefalía para completar la transición hasta las próximas elecciones de abril de 2003 en las que Néstor Kirchner alcanzó la Presidencia, tras llegar a la instancia de ballotage con el ex presidente Menem y luego de que éste último no se presentase a la votación.

Desde un principio, el nuevo gobierno de Néstor Kirchner se posicionó en la búsqueda del desarrollo como eje central de su plataforma política nacional e internacional. Ello implicó la consolidación de la integración regional y la búsqueda de espacios de participación internacional.

De este modo, de la mano de la crisis del neoliberalismo en Argentina pero también en la región y de las victorias de los partidos de izquierda (que pusieron en evidencia las exigencias de la sociedad hacia a las instituciones y el espectro político en general, para incluir en sus prácticas instrumentos efectivos de bienestar social y económico) llegó el agotamiento y fin del “regionalismo abierto”2. Dicho modelo predominante en la década anterior dio paso a partir del 2000 a la concreción de una nueva forma de regionalismo calificado por algunos de “posliberal”. Este último, a diferencia del primero, comenzó a tener en cuenta nuevas dimensiones además de la económica, priorizando materias relacionadas con la integración política, la seguridad y la respuesta a problemas sociales y medioambientales de carácter regional. En este modelo y contexto es que se inscriben la Unión de las Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Según Granato, Odone y Vázquez la tendencia ideológica de los nuevos presidentes regionales a gobiernos de izquierda se convirtió en un elemento aglutinador de deseos de autonomía que se mostraron en las nuevas propuestas de integración (Granato, Odone y Vazquez: 233). La conformación de UNASUR, sobrepasó los niveles netamente económicos de las experiencias antecesoras de integración en la región para llegar a alcanzar un terreno de concertación, es decir un mecanismo a través del cual los Gobiernos actúan conjuntamente en el terreno estatal, por lo general en el nivel diplomático y con fines preferentemente políticos, frente a otros actores individuales o colectivos3.

El documento de Buenos Aires de octubre del 2003 y el documento de Río de Janeiro y Acta de Copacabana de abril de 2004 sentaron las bases de UNASUR así como también mostraron la relevancia del MERCOSUR como paradigma de integración. Algunos de los puntos que allí aparecen y que obran como orientadores simbólicos del nuevo regionalismo del siglo XXI son: el impulso a la participación activa de la sociedad civil en el proceso regional; el trabajo como eje cardinal de combate a la pobreza y de mejora en la sociedad y en la redistribución de ingreso; la reafirmación del papel estratégico del Estado; la prioridad de la educación para la inclusión social; la convicción de que el MERCOSUR no es solamente un bloque comercial, sino también un espacio catalizador de valores, tradiciones y futuro compartido y la idea de que el bloque también resulta una opción estratégica para negociar mejor los términos de la inserción internacional (Bizzozero, 2013)

Esta visión del MERCOSUR, atenta no sólo a las cuestiones económicas (como lo había sido durante la etapa anterior) sino tendiente a una ampliación de la agenda y la articulación política de la región, a partir de una profunda defensa de la democracia, como medio para ganar capacidad de respuesta a los desafíos globales y a las imposiciones de las potencias de forma mancomunada, evidenció una resignificación en el modo de concebir la autonomía del Estado y por ende, generó nuevas estrategias que comenzaron a visibilizarse con énfasis sobre todo a partir de 2008 cuando UNASUR comenzó a funcionar como tal. Aunque es obligación mencionar aquí que el proceso de coordinación de objetivos e intereses ya había comenzado a manifestarse mucho antes.

EL rol de UNASUR asociado a la toma de decisiones conjuntas con intereses y objetivos compartidos se evidenció en varias oportunidades durante dicho período: las declaraciones de la región instando a Gran Bretaña al diálogo pacífico con argentina por Malvinas y la decisión de alejarse de la propuesta estadounidense de construcción del ALCA en 2005 son algunos ejemplos al respecto. Este último resulta paradigmático, dado que fue en la Cumbre de las Américas organizada en Mar del Plata, cuando la región presentó su negativa al ingreso del ALCA promovido por Estado Unidos. En dicha oportunidad en entonces Presidente Kirchner se refirió en su discurso al rol del regionalismo como potenciador internacional:

(…) Entre nuestras prioridades se ubica el fortalecimiento, la ampliación y la profundización del Mercosur y además constituir la Comunidad Sudamericana. El regionalismo es la manera en que potenciaremos nuestras posibilidades en el ámbito Internacional (…) La integración latinoamericana no será fácil ni se obtendrá instantáneamente, pero corresponde a los intereses de nuestros países lograrla” (Kirchner, Néstor, Cumbre de las Américas, 5 de noviembre de 2005)

Asimismo la coordinación en la toma de decisiones mediante estrategias de integración se volvió una constante en los discursos del período:

“Para el desarrollo que buscamos, nuestra pertenencia al Mercosur, como el mercado regional de lo propio y de la naciente Comunidad Sudamericana, es primordial. Hemos asumido trascendentes desafíos que sólo estaremos en condiciones de encarar con razonables posibilidades de éxito, mediante la coordinación de posiciones y acciones”. (Kirchner, Néstor, Mensaje a la Asamblea Legislativa, 1 de marzo de 2005)

Por otro lado, la continuidad político- ideológica en Argentina respecto de la integración durante la segunda década del siglo XXI estuvo garantizada, si bien con ciertos matices, por las presidencias de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2011 y 2011-2015).

En este sentido, es de destacar la participación de Argentina en la creación de la CELAC en 2011. En su sesión inaugural la entonces presidenta se refería a la necesidad de integración y de avanzar sobre ella, incorporando nuevos espacios y abarcando diferentes áreas de compromiso, tal como reiteraría en 2014 en la Cumbre de La Habana:

Yo creo que esto es muy importante, porque por primera vez, estamos reuniendo países que nunca lo habíamos hecho. La primera alianza que hubo en el continente fue MERCOSUR, luego fue la UNASUR y ahora la CELAC. Es como un anillo pequeño que se va abriendo en grandes círculos. Yo creo que debemos ir consolidando cada uno de esos círculos regionales para ir fortaleciéndolos. Esto de CELAC es lo último, es lo más nuevo y lo más novedoso. Tenemos otros mecanismos que nos han dado mucho resultado como, por ejemplo, en el caso de la UNASUR donde hemos podido conjurar movimientos contra las instituciones y la democracia de varios países.



(Fernández de Kirchner, Cristina, discurso inaugural CELAC, 2011)

Para ello, nadie debe sentirse superior en esta América latina y en este Caribe. Todos debemos reconocernos como iguales y debemos, fundamentalmente, tener clara conciencia de que es necesario que ese proceso de integración, se dé, no solo a nivel político, se dé también a nivel comercial, se dé también a nivel tecnológico, se dé también a nivel educativo y se dé también a nivel inmigratorio (Fernández de Kirchner, Cristina, La Habana 2014)

Tal como se desprende de los párrafos citados, CELAC representó por primera vez la unión de países ya no tan cercanos geográficamente pero sí en sus intereses generales, en sus objetivos y en su predisposición por confluir en acciones comunes. De este modo la autonomía durante estos años fue interpretada entendiendo, tal como planteaba Juan Carlos Puig, que las opciones para los Estados periféricos no son sólo la adscripción o alineamiento pragmático con las potencias sino que los mismo tienen la posibilidad de alterar o crear nuevos regímenes, desde los cuales limitar a los actores más poderosos del sistema. Para ello, es vital encontrar los espacios o márgenes de maniobra que pueden ser aprovechados para aumentar los grados de independencia en el manejo de su política exterior. De este modo, el accionar de Argentina durante los últimos años puede ser pensado en los términos del planteo de Puig: entendiendo la cooperación estratégica con pares con proyectos amplios y plurales, como una “autonomía solidaria” tendiente a lograr una solidaridad estratégica con otros países que aspiran a la autonomía sin perder de vista el lugar de la región en el sistema internacional.

Esta noción propia de los años 70 puede reconocerse como antecedente de lo que décadas después, ya en los años 2000, Roberto Russell y Juan Gabriel Tokatlian denominaron “autonomía relacional”, signada por la aparición de políticas de coordinación y adopción de posturas comunes (Russell y Tokatlian, 2001). El supuesto del que estos autores partieron, es que el aumento del nivel de autonomía de los países de la región no puede resultar de políticas nacionales o sub-regionales de aislamiento, autosuficiencia u oposición sino desde una visión colectiva y de conjunto que denominaron “autonomía relacional” (Russell y Tokatlian, 2010) y que se basa en la toma de decisiones conjuntas capaces de influir en el orden internacional. De este modo, esta interpretación de la autonomía aparece íntimamente ligada al discurso y la práctica de Argentina en las primeras décadas del siglo en la cuestión de la integración regional, tanto en la elección de los nuevos socios como en el carácter inclusivo y variado de las áreas a integrar.



Reflexiones finales, pensar la integración en términos de autonomía

El recorrido histórico por el desarrollo del proceso de integración regional argentino entre los años 90 y 2000 registra diferentes etapas y estilos, pero lo cierto es que al igual que la noción de autonomía, la integración regional es parte fundamental de la agenda de política exterior argentina. Sin embargo, el modo de interpretar y practicar la primera por parte del Poder Ejecutivo es en gran medida un condicionante o al menos, un factor de influencia, respecto de la relevancia y del tipo de integración que se va proponer.

Así por ejemplo, durante los años 90 y bajo las presidencias de Menem, la autonomía fue leída en términos de costos y beneficios, tal como se desprende de los postulados del realismo periférico al que Menem adscribió abiertamente, tanto en sus discursos como en su accionar. En este sentido, Argentina apostó a una integración basada en criterios económicos que le permitieron enfatizar el desarrollo del MERCOSUR con el fin de generar confianza en el exterior. Para ello, propició políticas de liberalización económica propuestas por el neoliberalismo en tanto que matriz ideológica difundida desde las grandes potencias a partir de las cuales Argentina podría aspirar a acercarse a dicho “primer mundo globalizado”. Como contracara de ello, la autonomía fue vaciada de significado en términos puiguianos, es decir, dejó de ser pensaba como capacidad de toma de decisiones y búsqueda de márgenes de maniobra en el sistema internacional para ser pensada desde los beneficios de no confrontar.

Fue luego de la profunda crisis interna del país y del recambio presidencial que produjo la llegada al poder de Néstor Kirchner que la autonomía volvió a escena recuperando en gran parte el sentido original respecto de la estrategia nacional hacia la integración regional y adoptando nuevos rasgos propios del contexto.

De este modo, las políticas de Kirchner y Fernández de Kirchner enfatizaron la construcción de nuevos espacios de negociación regional, apostando a la confluencia de intereses y a una visión compartida de mundo. MERCOSUR, UNASUR y CELAC fueron planteados como mecanismos que permitían resolver y afianzar objetivos así como también influir en asuntos que comprenden lo regional pero que tienen aristas que lo exceden al haber en ellos depositados intereses mundiales, acercándose a lo que Russell y Tokatlian denominaron “autonomía relacional”.

Por ende, es posible reconocer que las interpretaciones de autonomía y las políticas de integración regional suelen estar fuertemente relacionadas. Así como también es posible señalar que la autonomía conserva su vigencia como paradigma analítico regional capaz de definir los lineamientos de inserción internacional.

Posiblemente muchos sean los cambios y desafíos que la integración regional presente en los próximos años, pero sin dudas la interpretación de la autonomía seguirá siendo un elemento clave en su definición.

Bibliografía

Bernal- Meza, Raúl (2002), “Política exterior argentina: De Menem a De La Rúa ¿Hay una nueva política?, en Perspectiva, Sao Paulo, 16 (1), pp. 74-93.

Bernal- Meza, Raúl (2005), América Latina en el mundo. El pensamiento latinoamericano y la teoría de relaciones internacionales, Buenos Aires, Nuevohacer.

Bizzozero, Lincoln (2013), “Definiciones políticas y prioridades temáticas en el espacio regional del MERCOSUR: una evaluación de los diez años del Programa 2004-2005, en Densidades, mayo 2013, 12, Argentina, pp. 13- 26.

Boersner, Demetrio (2005), “Gobiernos de izquierda en América Latina: tendencias y experiencias”, Nueva Sociedad, nº 197, mayo-junio, pp. 100-113, disponible en: http://www.nuso.org/upload/articulos/3262_1.pdf

Bologna, Bruno (1998), “La inserción Argentina en la sociedad internacional”, en Centro de Estudios de Relaciones Internacionales de Rosario (CERIR). La política exterior Argentina 1994/1997, Rosario: Editorial de la Universidad Nacional de Rosario.

Bologna, Bruno, Alfredo (2010), La política exterior del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner: apreciaciones promediando su mandato, Rosario, UNR Editora.

Bustos, Gonzalo (2015), La construcción de un interés sudamericano en clave autonomista: el Mercosur (2003-2011), tesis de maestría, directora: Cecilia Míguez, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires, inédita.

Clemente, Aldana (2013), “De la teoría a la práctica: Modelos de autonomía en la política exterior kirchnerista (2003- 2007)”, tesis de Maestría en Estudios Internacionales, Universidad Torcuato Di Tella, septiembre.

Clemente, Aldana (2015), “Autonomía y política exterior argentina: entre la región y Estados Unidos. 1990- 2015”, ponencia presentada en IV Congreso Internacional del Conocimiento, Universidad de Santiago de Chile, 9- 12 octubre, Santiago de Chile.

Clemente, Aldana (2016) “De Menem a Kirchner: la integración regional a través de las concepciones de autonomía subyacentes” en RACEI- Revista de la Red Argentina de Centros de Estudios Internacionales, 2, 3, pp. 22-34

Escudé, Carlos (1995), El realismo de los estados débiles. La política exterior del primer gobierno Menem frente a la teoría de las relaciones internacionales, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano.

Giaccaglia, Clarisa (2009), “Argentina y Brasil: la búsqueda de autonomía en el escenario internacional: ¿autonomía solidaria o solitaria?, en Argentina e Brasil: vencendo os preconceitos: as varias arestas de uma concepcao estratégica, Rio de Janeiro, Revan.

Granato, Leonardo, Carlos Odone y Juan Carlos Vazquez, “Unasul: contruindo a autonomía relacional” en Sociedade e Estado no Brasil Contemporaneo, pp. 233- 254.

Kan, Julián (2010), “De la apertura comercial a la soberanía y autonomía regional. Un análisis de las tendencias de la integración latinoamericana en las últimas décadas. El caso de UNASUR”, en Revista do Centro de educacao e letras, 12, 1, Foz do Iguacu, pp. 79-100.

Menem, Carlos (1999), Mensaje presidencial: transformaciones de una década y prioridades nacionales para los próximos diez años, Presidencia de la Nación.



Miguez, Cecilia (2013), Los partidos políticos y la política exterior argentina, Ariel, Buenos Aires.

Peternolli, Silvina (2013) “El Mercosur en la estrategia neoliberal de Carlos Menem (1989-1995), en Revista de Ciencia política 13.

Puig, Juan Carlos (1980), Doctrinas Internacionales y Autonomía Latinoamericana”, Caracas, Instituto de Altos Estudios de América Latina en la Universidad Simón Bolívar.

Puig, Juan Carlos (1984), América Latina: políticas exteriores comparadas. Tomo I, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano (GEL).

Russell, Roberto, Tokatlian, Juan Gabriel (2003), El lugar de Brasil en la política exterior argentina, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

Russell, Roberto, Tokatlian, Juan Gabriel (2001), “De la autonomía antagónica a la autonomía relacional: una mirada teórica desde el Cono Sur”, en POSTData, n°7, 71- 92, mayo.

Russell, Roberto, Tokatlian, Juan Gabriel (2010), Autonomía y Neutralidad en la Globalización. Una readaptación contemporánea. Buenos Aires, Capital Intelectual.

Saavedra, Marisol (2004), “La Argentina no alineada. Desde la tercera posición justicialista hasta el menemismo (1973- 1991), Buenos Aires, Editorial Biblos.

Simonoff, Alejandro (2013), “Interpretaciones de la política exterior democrática ¿el fin de la tensión entre la inserción y la autonomía”, ponencia presentada en VII Congreso Latinoamericano de Ciencia Política, organizado por la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política, Bogotá.

Tokatlian, Juan Gabriel (1996), “Posguerra fría y política exterior. De la autonomía relativa a la autonomía ambigua”, en Análisis Político, Bogotá, 28, pp. 22- 40.



Tokatlian, Juan Gabriel, (7/5/ 2014), “¿UNASUR pierde el Norte?”, El País, España, disponible en http://elpais.com/elpais/2014/04/23/opinion/1398278994_215974.html

1 Al respecto Véase: Carlos Escudé (1992) Realismo periférico y El realismo de los estados La política exterior del primer gobierno Menem frente a la teoría de las relaciones internacionales.


2 Al respecto véase: Demetrio Boersner, “Gobiernos de izquierda en América Latina: tendencias y experiencias”, Nueva Sociedad, nº 197, mayo-junio/2005, p. 100-113, disponible en: http://www.nuso.org/upload/articulos/3262_1.pdf

3 Tokatlian, Juan Gabriel, “¿UNASUR pierde el Norte?”, El País, España, 7/5/2014, disponible en http://elpais.com/elpais/2014/04/23/opinion/1398278994_215974.html



La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal