Del 19 de abril al 10 de junio de 2001



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Del 19 de abril al 10 de junio de 2001


Sala Petita

Estiu

De Edward Bond


Traducción de Joan Sellent

Dirección: Manel Dueso

Con Miquel Garcia Borda, Mònica Marcos,

Mercè Sampietro, Julieta Serrano, Pep Torrents
Producción del Teatre Nacional de Catalunya

Marthe y Xènia se reencuentran en un lugar de la Europa del Este cuarenta años después de la ocupación alemana durant la Segunda Guerra Mundial. El encuentro se convierte para las dos en un doloroso viaje de retorno a un pasado compartido, cargado de amargura, de resentimientos y de afectos olvidados. La esperanza de un futuro liberado apunta en la personalidad de los más jóvenes: Ann y David.

TNC Sala Petita

Horario de representaciones:

de martes a sábado a las 21.00 horas; domingo a las 18.00 horas

Precio de las localidades: 3.000 y 2.500 pesetas. Jueves, día del espectador: 25% dto. Precio poseedores del carnet Connecta’t: 1.500 pesetas

Descuentos:


  • Grupos: de 10 a 20 personas, 20% dto. + una invitación; más de 20 personas, 25% dto. + una invitación. Tel: 933 06 57 07.

  • 20% jubilados, familias numerosas, personas en paro y titulares del carnet jove y carnets de estudiante

Restaurant del TNC: servicio de cocina hasta la 1.00 horas.

Bus de les Arts: trayecto TNC/Plaça de Catalunya al finalizar las representaciones. Precio: 100 ptas.



Estiu

“Marthe: El vostre món era un teatre de marionetes. Us pensàveu que allò que les movia eren els trossets de fusta de sota els seus vestits rutilants, però no: les movien uns fils: les fàbriques, els bancs, els governs que controlen les nostres vides. Tot allò que fem, tot allò que som, depèn de la relació entre nosaltres i aquestes coses. Al costat d’això, la bondat és com bufar perquè se’n vagi la tempesta, però quan aquestes relacions siguin justes nosaltres viurem d’una manera justa. La bondat adquirirà un sentit. Justícia i pietat seran una mateixa cosa.”


(Fragmento de la escena 5, traducción de Joan Sellent)

“Lo que quería hacer con Estiu tenía que ver con las prisiones mentales. Las prisiones dentro de le cabeza. La mujer que vuelve, Xènia, no posee ningún poder político. Piensa que, por contra, tiene un considerable poder cultural. Todo se desarrolla como si ella tuviera una prisión dentro de la cabeza que afecta a todas las personas que la rodean. Xènia es la evocación de un conflicto, y el problema es que los personajes se ven obligados a vivir con ella. Xènia es como un fantasma. Xènia es una persona muerta pero la anima una profunda ira que se parece a la vida. Es una agitadora. “


Edward Bond

Estiu


De Edward Bond
Traducción Joan Sellent

Dirección Manel Dueso


Escenografía Estel Cristià y Max Glaenzel
Vestuario Maria Araujo
Iluminación Xavier Clot (a.a.i.)
Sonido Pepe Bel
Caracterización Ignasi Ruiz
Ayudante de dirección Jorge Raedó

Alumno del Institut del Teatre de la Diputación de Barcelona en prácticas:

Antonio Morcillo (Dirección)

Reparto (según el orden establecido por el autor)


David Miquel Garcia Borda
Xènia Mercè Sampietro
Ann Mònica Marcos
Marthe Julieta Serrano
Un Allemany Pep Torrents

Producción Teatre Nacional de Catalunya



El teatro de Edward Bond
Edward Bond es una de las voces más prolíficas y singulares del teatro inglés contemporáneo y, sin duda, uno de los grandes referentes del teatro de ideas marxista de la segunda mitad del siglo veinte. Tildado de polémico, formalmente innovador y al mismo tiempo teórico de un “teatro racional” que no presente tan solo situaciones sino que también proponga formas de cambiarlas, Bond ha ido forjando desde principios de los años 60 un vasto universo dramático que ha despertado gran interés más allá de su propio país. La voluntad progresista, la experimentación constante y la variedad de registros que muestra este autor ciertamente lo equiparan a otros dramaturgos europeos del siglo veinte como Heiner Müller, Dario Fo o Manuel de Pedrolo, pero lo que verdaderamente distingue el teatro de Bond es una dilatada y militante visión marxista de la sociedad que revisa críticamente el pasado, muestra una voluntad de transformación social profunda y adopta una actitud de resistencia testimonial ante los grandes acontecimientos del mundo contemporáneo.
Bond, nacido en 1934 en Holloway (Londres) en el seno de una familia trabajadora, es por encima de todo un escritor autodidacta (dejó de ir a la escuela a los quince años) que en su corpus teatral ha sabido conjugar aspectos de la cultura obrera popular como el music-hall con diversas influencias canónicas de la tradición teatral inglesa. De Shakespeare, sin ir más lejos, ha heredado un extraordinario uso poético del lenguaje y un gran barroquismo dramático, mientras que con George Bernard Shaw comparte un teatro de ideas que se manifiesta en debates escénicos, prólogos y la observación racional del comportamiento de los personajes no tanto como individuos sino como miembros de una clase social determinada.
La carrera literaria de Bond, sin embargo, no siempre ha transcurrido en solitario, ya que de hecho se inició a finales de los años 50 entorno a los innovadores experimentos teatrales del Royal Court Theatre. El panorama teatral de postguerra en el Reino Unido estaba viviendo durante aquellos años una auténtica revolución después del estreno del Look Back in Anger (1956) de John Osborne y la irrupción de los “Angry Young Men”, dramaturgos jóvenes entre los cuales se encontraban el mismo Osborne, Arnold Wesker, John Arden y Harold Pinter. En medio de estos cambios, el teatro burgués imperante hasta entonces tuvo que ceder terreno a la nueva generación de escritores, que paulatinamente incorporó de manera directa o indirecta a los escenarios británicos la influencia de Beckett, Artaud y Brecht. A Bond también le afectó notoriamente la efervescencia teatral del momento, pero a pesar de compartir algunas características con algunos de estos autores de los años 50 y con otros posteriores como Trevor Griffiths, Howard Brenton y David Hare, no obstante resulta difícil clasificarlo bajo ningún grupo concreto a causa de su idiosincrasia.
Y es que Bond es esencialmente un escritor humanista, un marxista que evita el nihilismo y la desesperanza presentes en cierto tipo de teatro de vanguardia como la tragicomedia del absurdo de Beckett o el minimalismo verbal de Pinter. Por este motivo en el transcurso de su carrera progresivamente ha ido buscando vías de expresión más optimistas, comprometidas y, en definitiva, difíciles de ser absorbidas por el establishment teatral. Influido por Brecht, muchas veces ha adoptado un realismo crítico que hace que el público se identifique con la obra pero a la vez quede alienado; el espectador así reconoce el mecanismo dialéctico y entonces puede participar de forma consciente en la construcción del significado del texto.
No obstante, cabe recordar que Bond inició su carrera teatral con un lenguaje claramente naturalista en The Pope’s Wedding (1962) y Saved (1965), la obra que lo hizo conocido repentinamente al escenificar de forma muy directa la lapidación de un bebé. Bond quería provocar al público demostrando hasta que punto la sociedad es responsable de la violencia que genera y, a tenor del escándalo que levantó, efectivamente lo consiguió. El crudo naturalismo de estas primeras obras dio paso entonces a textos de carácter más alegórico como Narrow Road to the Deep North (1968), donde hace patente su fascinación por el teatro oriental, y Early Morning (1968), dura crítica surrealista de la Inglaterra victoriana en que la representación de la reina Victoria como lesbiana motivó la prohibición de la obra y acentuó más aún la fama de Bond como autor polémico.
Dejando atrás las controversias y los problemas de censura de los primeros años en el Royal Court Theatre, Bond después siguió fiel al su teatre radical tanto por lo que respecta a la investigación formal como al apoyo a causas justas. Black Mass (1970), por ejemplo, utiliza recursos del teatro del absurdo para criticar la conjura entre iglesia y estado durante el régimen del apartheid sudafricano, mientras que Passion (1971) mezcla elementos del cuento popular y la fábula en una breve pero penetrante obra antimilitarista y antimonárquica. Desde mediados de los años 70, Bond ha ido combinando la experimentación con un teatro de texto lleno de resonancias shakespearianas y txekhovianas que se distingue a través de obras como Lear (1971), The Sea (1973), Bingo (1975), The Bundle (1978), Summer (1982) o In the Company of Men (1989). Siguiendo con esta línea, los textos que Bond ha escrito más recientemente utilizan atrevidas yuxtaposiciones entre el presente y el pasado, bien para tratar acontecimientos históricos como el holocausto del pueoblo judío en At the Inland Sea: A Play for Young People (1995), bien para explorar los problemas de un futuro apocalíptico en The Children (2000).
La producción dramática de Bond, ya bastante amplísima y ambiciosa en si misma, aún adquiere más envergadura literaria si se añaden todos los otros géneros que el autor ha ido cultivando durante todos estos años, desde guiones y dietarios hasta libretos de ópera y crítica literaria. Tanto si se expresa en un medio o en otro, los temas más importantes que centran la atención de Bond siempre giran alrededor de cuestiones que nos afectan individualmente y colectivamente: el poder, la violencia (personal, social o institucionalizada), la injusticia o las tiranías, entre muchos otros. Y constantemente, al lado de los mencionados problemas, la inexcusable responsabilidad ética del intelectual y del artista. El objetivo principal de Bond siempre ha sido denunciar la deshumanización de la sociedad y los efectos alienantes del capitalismo sobre los individuos, y por eso se ha convertido en un iconoclasta que ataca instituciones, convenciones sociales y personajes o episodios históricos. Todo ello, en definitiva, con la intención de socavar la consciencia de los espectadores.
Pere Gifra





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