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Armada para los negocios de la construcción

Los trabajos para mudar a los marinos de la ESMA fueron adjudicados al cuestionado Basilio Pertiné, cuñado de De la Rúa, que puso al frente de las obras a un militar que revista en la dependencia que debe controlarlas. Defensa analizará las irregularidades.


Por Nora Veiras
Hace tres años y medio, el presidente Néstor Kirchner anunció el traslado de la ESMA para erigir en ese lugar el Museo de la Memoria, un espacio que recordara el horror de la represión ilegal. El lunes próximo, 30 de septiembre, es el Día D para desalojar el predio de 17 hectáreas sobre Avenida del Libertador. La decisión es irreversible. La Marina fue la encargada de contratar las obras para construir la mayor parte de los edificios donde seguirán cursando los casi cinco mil estudiantes de la Armada y la Marina Mercante. Pero el tiempo también es irreversible y en el Edificio Libertad el agua les llegó al cuello: no sólo no están terminadas las construcciones –en algunos casos, ni empezadas– en el campo de la obra social, ubicado en el partido de Vicente López, adonde se mudarán parte de las escuelas, sino que la Armada está conmovida por los cruces sobre distintas irregularidades. En el foco está la empresa San José, uno de cuyos directores es el contraalmirante retirado Basilio Pertiné, cuñado del ex presidente Fernando de la Rúa, que entre otras cosas contrató al arquitecto Fernando Cerutti como director de obra. El quid de la cuestión es que Cerutti también es capitán de corbeta en actividad de la Dirección de Material Naval, es decir juez y parte. Las huestes del almirante Jorge Godoy, jefe de la Armada, están expectantes porque el Ministerio de Defensa mandó a pedir los legajos de las obras y esta semana formaría una comisión ad hoc para analizar cómo se gastó el presupuesto. En la mira también está si la constructora de Pertiné cumplió con los requisitos fiscales para ser adjudicataria en licitaciones públicas.

Lazos de familia


Pertiné fue denunciado por el represor Adolfo Scilingo, integrante de los grupos de tareas de la Armada, como uno de los participantes en los vuelos de la muerte en 1977. También fue acusado de haber formado parte del traslado en avión desde Paraguay de un grupo de militantes secuestrados. Sin embargo, el marino no se inmutó. Apenas se retiró, Pertiné supo reciclarse en empresario, aprovechando siempre los contactos que había construido con el poder. Sus excelentes relaciones con el fallecido almirante Carlos Marrón, ex jefe de la Armada durante la presidencia de Carlos Menem, le abrieron las puertas para algunos conchabos. Ganó la licitación por 290 mil dólares para pintar la Casa Rosada, enmascararla al estilo europeo y evitar así el desagradable espectáculo de andamios y obreros. Lo llamativo fue que la gigantografía estética tenía un costo de 80 mil dólares, según explicó en su momento el publicista Jacinto Cabred, director de la agencia, aunque aclaró que para la Rosada no se había calculado un monto menor.

Ya durante el gobierno de su cuñado, San José obtuvo diferentes obras, entre otras una en el Hospital Paroissien de Mendoza que motivó una denuncia de la Oficina Anticorrupción y una causa en el juzgado de Canicoba Corral. El escandalete lo mantuvo en negocios de bajo perfil hasta que en el Edificio Libertad alguien lo recordó urgido por la necesidad de cumplir con la orden oficial de traslado de la ESMA. “San José Construcciones” ganó tres de cuatro licitaciones y aquella en que no había resultado favorecida, fue anulada por el vicealmirante Gustavo Efraín Leprón, director general de Material Naval, y San José tomó la posta.

Las visitas de Pertiné al Edificio Libertad se tornaron cotidianas. Hacía años que el almirantazgo no recibía fondos para obras de infraestructura. En un principio, las obras se calcularon en 100 millones de pesos, pero ahora se dice que duplicarán ese monto, incluyendo el punto final de las construcciones en Puerto Belgrano y el reciclado de la “Fragata Libertad”, además del alquiler de los lugares transitorios que se buscaron como atajos para cumplir con el cronograma. Poco a poco se empezaron a elaborar los pliegos de licitación y San José se fue imponiendo.

En marzo de este año, la Sindicatura General de la Nación (Sigen) realizó un informe en el que advierte sobre demoras en la ejecución de los proyectos previstos y sugiere que se incrementen los controles para cumplir con los cronogramas. La rigurosidad del informe técnico permite inferir una de las irregularidades que comprometen a la empresa en la que Pertiné aparece alternativamente como presidente o director. Un requisito ineludible para toda firma que se presenta en una licitación pública es tener al día el certificado fiscal de contratación otorgado por la AFIP y renovable cada cuatro meses. Ese documento es una forma de controlar si la contratación de personal es en blanco. El informe de la Sigen da cuenta de que el acta de apertura de la oferta para la construcción del Instituto Universitario Naval, que ganó San José, se realizó el 15 de agosto de 2006. Sin embargo, según se puede comprobar en la misma página web de la AFIP (ver facsímil), la empresa tenía vencido el certificado el 3 de agosto. Un caso similar se da con la obra para la Residencia de Suboficiales, adjudicada a San José el 20 de marzo y en ese caso el certificado vencido era de enero. Recién el lunes pasado, 17 de septiembre, San José renovó su certificado de contratación. Como no están construidas las casas para los suboficiales que residían en la ESMA se tuvo que contratar en forma transitoria hoteles para alojarlos.

La Armada parece ahora preocupada por subsanar “las desprolijidades”. El viernes, el almirante Godoy, un hombre que se supo mantener en el cargo a pesar de los bochornosos casos de espionaje interno en la Base Naval de Trelew, reunió a la plana mayor para advertirle que el tema ya había trascendido y que cada uno tendría que asumir sus responsabilidades.

Arquitecto olímpico


San José obtuvo la construcción de cuatro edificios en el predio de la obra social del personal de la Armada en Vicente López. En una obra, la responsabilidad se divide en tres partes: quien la proyecta, quien la construye y quien la dirige. Para cada función la ley prevé distintos grados de responsabilidad civil y penal. Es el director de obra quien carga con el mayor peso no sólo en lo técnico sino en lo reglamentario y operativo. Habilitaciones, permisos, exenciones, seguros y cumplimiento de normas laborales del personal son de su directa incumbencia. Los honorarios para ese puesto oscilan entre un 10 y un 20 por ciento del monto de la obra, un porcentaje nada desdeñable teniendo en cuenta que la sumatoria de contratos de San José asciende a unos 60 millones de pesos.

Para ahorrarse costos, los directivos de la empresa de Pertiné tuvieron la idea de contratar al capitán de corbeta Fernando Ceru-tti. Un oficial en actividad destinado en la dirección de la Armada que tiene a su cargo la ejecución del Proyecto de Traslado de la Dirección de Educación Naval. El desatino saltó a la luz en los carteles de obra, donde figura Ceru-tti en su otro rol de arquitecto y director de obra de la empresa San José. Cerutti es, indudablemente, un hombre todo servicio de la Armada: como laico consagrado, también supo ocupar su tiempo libre acompañando al ex obispo castrense Antonio Baseotto.

Como las obras terrenales lo tienen a mal traer al capitán, quizá le vaya mejor con las celestiales. El complejo proceso de traslado para dejar libre el emblemático predio donde funcionó el campo de concentración de la ESMA durante la última dictadura implicó también la construcción de una pileta olímpica para que los marinos cumplan con el entrenamiento físico requerido. En un primer momento se había pensado hacerla en el edificio del ex garaje central de la Armada, ubicado a pocos metros del Edificio Libertad, sobre la Avenida Antártida Argentina en Retiro. Hete aquí que el lugar está alquilado por un capitán de fragata de apellido Rodríguez que lo usufructúa desde los tiempos de Menem, subaquilándole a su vez a una concesionaria de autos y al propio Pertiné para oficinas personales. El lugar elegido entonces fue el jardín del propio Edificio Libertad.

Cerutti dio el visto bueno y se llamó a licitación por poco más de 4 millones de pesos. La obra se pagó en forma anticipada porque vencía el ejercicio fiscal y si no había sido ejecutada la partida debía ser devuelta. ¿Qué pasó esta vez? Apenas empezaron las excavaciones, el río fluyó. En consecuencia se deben construir pilotes o hacerla en forma elevada, con lo cual el costo se incrementa mucho y no hay presupuesto previsto.


Chicos y grandes


Contrarreloj, en Defensa empezaron a mirar los expedientes de las obras. El costo del reciclado de los pisos 9, 10 y 11 del Edificio Libertad, adonde se trasladará gran parte del personal destinado en la ESMA, y las demoras e irregularidades en las obras que debían estar listas en el predio de Vicente López encendieron las alarmas. Puestos a focalizar la lupa, también entraron bajo sospecha presupuestos menores que se ejecutaron en el Hospital Naval Pedro Mayo y en la Base Naval de Puerto Belgrano. De eso se ocuparía la comisión que se estudia conformar en el Ministerio de Defensa.

El lunes próximo, la ESMA será desalojada. Antes de las elecciones del 28 de octubre se abrirá al público gran parte del Museo de la Memoria. Pero las explicaciones que tiene que dar la Armada recién empiezan.



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