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Cuatro dientes y un disparo


Todo ocurrió a las cuatro de la tarde, en pleno microcentro, Hipólito Yrigoyen al 600, a dos cuadras de la sede del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, y a pasos de la Legislatura porteña. A esa hora, una mixtura fatal de condimentos (crispación, insensatez, armas en manos inadecuadas y violencia) derivaron en agresiones entre un jubilado y un guardia de seguridad, y terminaron en dos disparos y un herido en el abdomen, en este caso el guardia, porque la 38 la portaba el jubilado.

Todo comenzó con un equívoco, como suelen comenzar situaciones semejantes. Una camioneta del gobierno de la ciudad estacionaba o intentaba estacionar contra la vereda de Hipólito Yrigoyen, junto a la entrada de una galería comercial que une esa calle con la Avenida de Mayo.

Mientras intentaba estacionar rozó una moto estacionada en el lugar, que cayó pesadamente al suelo. Cabe aclarar que el dueño de la moto en ese momento no se encontraba en el lugar y nada tuvo que ver en el incidente previo y en el que se desató después. Al momento en que caía la moto, pasaba por el lugar un jubilado, de 65 años, acompañado por su esposa. Al ver la caída de la moto, el jubilado tomó papel y lápiz y comenzó a anotar el número de patente de la camioneta gubernamental.

Quien intentaba estacionar la camioneta del gobierno era un guardia de seguridad porteño, “se llama Jorge Lafratti y no estaba en servicio en ese momento”, se apresuraron en aclarar fuentes del gobierno.

Lafratti estaba con un acompañante en el momento de tumbar la moto y de ver al jubilado anotando la patente. Esto, según testigos, irritó al guardia fuera de servicio y a su acompañante, que comenzaron a increpar al jubilado. Y le recriminaron que se metía en un asunto que no le incumbía, mientras alrededor comenzaban a reunirse curiosos.

El jubilado, a todo esto, no se echó atrás y respondió a los insultos y recriminaciones, según los testigos, elevando el tono de la discusión, que ya había abandonado su punto inicial –los daños a la moto o la responsabilidad de la camioneta oficial y de quien la conducía (estuviera o no de servicio)–, y todo derivó al clásico callejero de quién tiene más fuerza para determinar quién tiene más razón.

Según los testimonios, ninguno de los tres estaba dispuesto a reducir los decibeles o dar por terminada la discusión. La violencia fue incrementando los niveles de la discusión, siguieron los empujones. El trío siguió la pelea, que ya avanzaba a mayores, dentro de la galería comercial, en Hipólito Yrigoyen 666. En el pasillo de la galería, y delante de los testigos, el guardia fuera de servicio Lafratti sacudió de un directo la mandíbula del jubilado y de un solo golpe le hizo volar cuatro dientes. El jubilado entonces sacó de entre sus ropas una pistola calibre 38, y según los testigos primero disparó al aire y después, como el guardia siguió avanzando, apuntó y tiró.

El impacto dio en el estómago de Lafratti, que fue internado con pronóstico reservado en el Argerich. El jubilado fue detenido y trasladado a la seccional 2ª, donde aguardará la intervención judicial.


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Una marcha de campesinos contra el modelo de saqueo

Centenares de manifestantes del movimiento campesino indígena manifestaron en el centro porteño contra las empresas agroquímicas, mineras y petroleras. Las responsabilizan por la expulsión de trabajadores rurales de sus tierras.



Varios campesinos labran la tierra a su manera, con palas y rastrillos. Sin máquinas y en paz. Pero la tranquilidad se acaba cuando llegan varias empresas agropecuarias y mineras con sus productos químicos y obligan a los trabajadores a irse. Las firmas festejan el triunfo, pero en medio de la celebración llega un sólido grupo de trabajadores del campo, impone su presencia y logra recuperar los terrenos perdidos. En la escena, la tierra es representada por varias matas de pasto y verduras apoyadas en el pavimento; las agrocompañías, por personas disfrazadas de esqueletos, y el veneno, por botellas de plástico con una leyenda que lo identifica. La performance, realizada frente a la productora de agroquímicos Monsanto, fue la parte artística de la multitudinaria marcha del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y el Frente Popular Darío Santillán que ayer recorrió el centro porteño para expresar reivindicaciones como “el cambio de modelo”, “la soberanía alimentaria” y “la vuelta al campo”, y en su camino escrachó a varias empresas y dependencias gubernamentales que –según los organizadores– alientan por acción u omisión “el saqueo de los bienes naturales”.

La manifestación, de la que participaron por primera vez organizaciones comunitarias y campesinas de todo el país, partió apenas pasado el mediodía desde la plaza Canadá, frente a la estación Retiro, y terminó en Plaza de Mayo cuando se ocultó el sol, luego de un pequeño festival en el que tocaron Raly Barrionuevo y varias bandas de folklore. Pero lo fundamental ocurrió en el trayecto entre uno y otro punto, en el que los integrantes de la movilización se manifestaron frente a las compañías Monsanto, la minera Barrick Gold, las petroleras Repsol y Shell, el Ministerio de Trabajo y la Secretaría de Agricultura, entidades que desde la visión de los convocantes son representativas del modelo de exacción de bienes naturales contra el que ellos pelean.

“La idea es mostrar nuestra lucha contra el modelo de desarrollo basado en el saqueo de los bienes naturales, en el uso de ellos no de manera sustentable, sino como si fueran una mercancía ilimitada”, contó durante la actividad Diego Montón, de la Unión de Trabajadores Rurales sin Tierra de Mendoza, que integra el MNCI. “No sólo peleamos contra el daño ecológico de esta forma de organización económica, sino también contra la problemática social que genera, porque este tipo de sistema lleva a que las empresas busquen expulsar de las tierras a quienes son sus dueños legales, los campesinos”, agregó.

No se trataba de una marcha tradicional. Por un lado, llegaban a la ciudad, por primera vez, los grupos de campesinos que conforman la base de la pirámide del campo argentino y no pertenecen a ninguna entidad agrícola. Son los que viven de lo que siembran y cultivan en las parcelas de las que son dueños por haberlas ocupado durante décadas. Por otra parte, tiene como componentes a movimientos urbanos, como el Frente Popular Darío Santillán, en un reclamo que, según el vocero de esta organización, Federico Orchani, “articula dos problemas que son complementarios: los problemas del campo y los de la ciudad, las exacciones al campo y los servicios deficientes de las empresas privatizadas”.

Según los manifestantes, esas dos problemáticas son parte de lo mismo: “Un modelo de país basado en el saqueo, que empezó con la última dictadura y continuó con las políticas neoliberales de los gobiernos que le siguieron”. Todo ese componente se reflejaba desde el principio. Los palos de sostén de las grandes banderas eran largas cañas verdes, traídas desde los campos de algunas de las provincias que estuvieron representadas: Santiago del Estero, Córdoba, Mendoza, Salta, Jujuy y Misiones, como parte del MNCI, y San Luis, Neuquén y San Juan, con grupos de organizaciones adherentes.

Entonces, la escena mostraba de un lado el edificio del Sheraton Buenos Aires, del otro, la estación terminal de trenes de Retiro y en el medio, a los cientos –según los organizadores, cuando llegaron todos los contingentes llegaban a 5 mil personas– de trabajadores de la tierra, con banderas de colores, vestimentas típicas de cada región y pancartas que eran obras de arte, con las consignas expresadas en dibujos.

En cada una de las paradas se realizaba un escrache con cánticos y discursos de los sectores específicamente afectados por cada entidad. Así, frente a la minera Barrick Gold hablaron los representantes de las provincias cordilleranas donde esa compañía realiza explotaciones a cielo abierto; cuando pararon ante la semillera Monsanto, expusieron quienes habían llegado desde Santiago del Estero, donde el desmonte para cultivo de soja arrasa varias hectáreas por día, y frente a Agricultura, el encargado fue el propio Montón, quien reclamó un cambio en las políticas “para dejar de favorecer los agronegocios y empezar a ayudar a los campesinos”.
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