Del Letargo a la Actualneurosis Un breve recorrido por la obra de Fidias Cesio



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Del Letargo a la Actualneurosis

Un breve recorrido por la obra de Fidias Cesio


Alberto Loschi
La obra que Cesio legó al psicoanálisis puede seguirse a lo largo de la línea de un arco que, partiendo de sus primeras investigaciones sobre el letargo, se extiende hasta sus últimos desarrollos, compendiados en su concepto de actualneurosis –título de su último libro-. Desarrollos que, a su vez, abren todo un campo a la investigación.

En lo que sigue procuraremos hacer una breve sinopsis que cubra el recorrido de ese arco.

Al hablar y tratar la obra de un autor siempre está incluida la interpretación que se hace sobre ella, en este caso la mía. Trataré en lo posible que la presencia de ese ingrediente subjetivo se reduzca a su mínima expresión.
En los primeros años de la década del cincuenta Cesio se topó en la clínica con algo que, si bien era conocido y además muy frecuente, había pasado desatendido: el letargo1. La aparición de este fenómeno en sesión, que podía tomar al paciente y, sobre todo, al analista, no había sido abordada psicoanalíticamente. Se atribuía al cansancio, al aburrimiento, desechándose su importancia. El mérito de Cesio fue entrever allí un territorio nuevo en el psicoanálisis, aún no explorado.

Distinguió tres cosas en el letargo: separó tajantemente el letargo del reparador dormir nocturno, reconociendo en él un estado somato-tóxico; consideró además que la aparición del letargo en el analista o en el paciente era la reacción a contenidos inconscientes activos en la sesión; por último, y muy importante, que tales contenidos no se reducían a los descriptos por la teoría psicoanalítica conocida.

A esos contenidos aún no nominados les puso un nombre: objeto aletargado, y planteó que el letargo era una identificación a ese objeto. En sus análisis encontró que el objeto aletargado correspondía a la presencia de lo perdido, del objeto perdido e identificó el mismo con el yo ideal abortado, encontrando que la manifestación de esos contenidos en la conciencia aparecía, sobre todo, en representaciones de muerte.

Al quedar enriquecido con esas consideraciones teóricas, lo que había llamado objeto aletargado, empezó a llamarlo ‘el muerto’. ‘El muerto’ pasó a nominar los contenidos de ese nuevo territorio abierto al psicoanálisis, territorio que distinguió del inconsciente reprimido y que llamó lo sepultado.

A partir de allí dedicó numerosos trabajos a estudiar las complejas y ricas relaciones entre lo reprimido y lo sepultado.
En su concepción lo sepultado tiene que ver con el destino del yo ideal abortado, el narcisismo originario, donde habitan ‘los antiguos yoes’, ‘los muertos’. Es el mundo del Olimpo y del Hades, territorio de los dioses. Caracterizó esta estructura como el complejo primordial, fálico (protofantasías, incesto, identificación directa con la escena primaria, parri-filicidio, castración). Es el Edipo trágico, del incesto, gobernado por el imperativo categórico de los muertos; el que formula la voz del oráculo: darás muerte a tu padre y compartirás el lecho con tu madre. Este complejo se organiza regido por la ley de los dioses, la que obliga al incesto.

La castración fálica –cuando el padre separa al niño de la madre- sepulta este complejo. Se instala entonces el complejo secundario, el complejo de Edipo propiamente dicho, el que tiene como protagonistas a los padres de la historia personal. Se caracteriza por una relación ambivalente con el padre y tierna hacía la madre. A la inversa del primordial está regido por la prohibición del incesto, lo que le da el carácter de contracatexis, la losa que sostiene el sepultamiento del complejo primordial.

La configuración del complejo secundario instituye las identificaciones secundarias, con los padres de la historia personal (es la segunda pareja de padres, la primera, la del complejo primordial, son ‘los muertos’, los padres del incesto) y lleva al establecimiento del ideal del yo y superyó (una suerte de formación reactiva del yo ideal).
No todo el complejo sigue esta evolución. Una parte es reprimida por el superyó y atraída por lo sepultado primordial: es lo que dará lugar a las manifestaciones psiconeuróticas (inconsciente reprimido).

Entre ambos complejos hay una barrera, una resistencia particular que Cesio acostumbraba nombrar como ‘la losa de la sepultura’, cuya arquitectura y consistencia está dada por la configuración del complejo secundario.

Las ‘grietas’ en esa losa hacen aparecer manifestaciones de ‘el muerto’, que se distinguen de los fenómenos psiconeuróticos. Para ellos instituyó el nombre de actualneurosis.
Actualneurosis se conjuga con otro término de la nosografía legado por Freud que es el de psiconeurosis. Son dos dimensiones que Cesio enseñó a discernir. Las presentaciones fenoménicas que encontramos en la clínica se componen de ambas a predominio de una u otra.

Lo psiconeurótico se destaca por poseer una historia, ligada al complejo de Edipo de la historia personal y por ser capaz de transferencia. Historia y transferencia despliegan las categorías de tiempo y espacio. Lo vivido otrora en la historia personal vuelve hoy y revive en la transferencia. Así como hay una diferencia entre el antes y el después, también la hay entre lo interior y lo exterior, entre el yo y el objeto de la transferencia. Estas diferencias están dadas y creadas por la palabra, que es lo que distingue al sistema prec-cc. Historia, transferencia y palabra cualifican la dimensión de lo psiconeurótico.

Lo ‘actual’ alude a otra dimensión del alma humana. Dimensión a la que Freud abrió las puertas y permitió vislumbrar ciertos reflejos desde su umbral. Debemos a Cesio haber atravesado ese umbral y desarrollado sus contenidos.

Los primeros antecedentes que encontramos en Freud corresponden a su concepto de neurosis actuales. Freud las llama así porque desde su perspectiva carecen de historia y transferencia y las relaciona con un trastorno actual (en el sentido de presente) de la sexualidad. Los desarrollos de Cesio trascienden en mucho estas primeras elucubraciones freudianas.

Neurosis actual fue un concepto en general desestimado por los psicoanalistas que acentuaron en él los defectos de teorización que les imprimió Freud y pasaron por alto sus intuiciones más fructíferas. El mérito de Cesio es haber captado las mismas, relacionarlas con su clínica y otros conceptos de Freud, sobre todo de la última parte de su obra, para desarrollar una teoría de la actualneurosis con aplicaciones importantes en la clínica.

Por supuesto hay muchas modificaciones que introduce en el concepto freudiano de neurosis actual. Por de pronto la palabra actual ya no se refiere a su sentido temporal, sino a lo que está fuera del tiempo (por estar fuera del tiempo es siempre actual); actual connota lo que es vigente y eficaz.

Lo ‘actual’ es ajeno al tiempo, al espacio y a la palabra. Y lo que carece de tiempo, espacio y palabra es la nada. La actualneurosis es la presencia de la nada. La nada como lo no nato, lo no nacido aún a la historia. De ahí que su presentación suele ser inopinada, irrumpe en la historia como por azar, apareciendo de la nada.
La importancia clínica de esta dimensión que describe y desarrolla Cesio es enorme. Baste recordar lo que ya señalaba Freud, que en el núcleo de toda psiconeurosis late una neurosis actual para comprender que aun en el análisis de las llamadas neurosis clásicas nos encontramos ineludiblemente con lo actualneurótico.
Acentuar las diferencias entre lo actualneurótico y lo psiconeurótico no debe hacernos creer que son dimensiones separadas. Están profundamente imbricadas la una en la otra de las más diversas maneras.

Cesio sugiere que lo actual se compone de los yoes anteriores, los muertos sepultados; contenidos externos al yo que se confunden con el ello. En esa dimensión se indiscriminan interior-exterior. Cuando tales contenidos se presentan a la conciencia cobran el carácter de lo trágico. Así dice: “La tragedia edípica permanece sepultada en los fundamentos y en algunas oportunidades se asoma a la conciencia en pesadillas, accidentes, angustia, enfermedades, actuaciones, y, por fin, se manifiesta plenamente en la muerte propiamente dicha. Es frecuente su presentación enmascarada en el cumplimiento de deseos como en los sueños, en fantasías y realizaciones pornográficas. En el proceso psicoanalítico se presenta particularmente en la reacción terapéutica negativa”.

Cesio condensa estos contenidos en el concepto de ‘el muerto’, una estructura grandiosa, abstracta, fundamento del ser. Las manifestaciones del mismo cobran un carácter concreto, directo. Sobre todo somático, pero también en los actos y los acontecimientos enigmáticos que el destino nos depara.

El concepto de actualneurosis amplía en forma considerable las fronteras del psicoanálisis, no sólo en extensión sino también en profundidad. Las hoy denominadas patologías actuales sin demasiada precisión ni rigor conceptual, como adicciones, trastornos narcisistas, cuadros borderline, fenómenos somáticos encuentran un sólido fundamento teórico en los desarrollos de Cesio, además de una vía clínica para su abordaje terapéutico.

Esta estructura –‘el muerto’-, contenido de lo actualneurótico es lo que Cesio considera como lo genuinamente psíquico. De ahí que, recordando la segunda hipótesis fundamental del psicoanálisis, afirme que lo que se presenta a la conciencia como somático es lo psíquico genuino.
Este desarrollo teórico permite una orientación clínica. Una adecuada organización yoica del complejo secundario resulta en una eficaz contracatexis de lo sepultado primordial. La parte del complejo secundario que fue reprimida dará lugar a las manifestaciones propias de la psiconeurosis, más o menos impregnadas por retoños de lo sepultado. Son una suerte de prótesis que cubre las grietas en la losa. Más allá está lo sepultado. Por carecer de enlace a la palabra sus desprendimientos llegan a la conciencia a títulos de afectos, principalmente angustia. Los afectos traen memorias de lo sepultado que, al excitarse, se expresan en las manifestaciones de la actualneurosis (angustia, actuaciones, hipocondría). Es la presencia de ‘el muerto’.
Estas consideraciones teóricas y clínicas organizan la técnica.

Esquemáticamente podemos decir que el análisis comienza por las manifestaciones del complejo reprimido, lo psiconeurótico. El analista al incluirse permite el traslado de la neurosis original a la neurosis de transferencia en la que el mismo es tomado por los retoños de lo sepultado.

El análisis-investigación de esta neurosis de transferencia conduce progresivamente a tomar contacto con la ‘losa de la sepultura’, la que mantiene a ‘el muerto’ en cautiverio. Al desarticularse por el análisis la prótesis neurótica de la ‘losa’, ésta muestra sus ‘grietas’ descubriendo ‘el muerto’.

En este punto tiene lugar una transformación cualitativa y cuantitativa que, en su expresión máxima, da lugar a la reacción terapéutica negativa. El complejo primordial, abriéndose al yo, se presenta con una cualidad trágica, con representaciones de muerte. Letargo, angustia, compulsiones, hipocondría, actuaciones, accidentes, enfermedad somática son sus manifestaciones.

La característica de las mismas es que se suspende en ellas la dimensión simbólica de la transferencia. Es lo que llevó a Freud a aseverar que las neurosis actuales no hacen transferencia. Pero, allí donde Freud no veía transferencias, Cesio encontró un tipo de transferencia que llamó transferencia actual. La describió como una suerte de ‘ocupación somática’ en el analista. Esto ya lo había encontrado en el letargo y volvió a reconocerlo al estudiar sesiones de pacientes que padecían lupus. Allí destacó cómo se reproducían en el analista esbozos en pequeña escala de manifestaciones propias del lupus. Esta primera aproximación al fenómeno lo llevó a hablar de un concepto al que llamó micro enfermedad elaborativa, es cuando aparecen en el analista destellos del trastorno que aqueja al paciente. Profundizando en el fenómeno consideró que, en su mínima expresión, tal micro enfermedad elaborativa era algo que se da en general y que esta ‘ocupación somática’ en el analista podía ser captada in status nascendi si el analista se hacía sensible a la misma. Este esbozo de ‘ocupación’ por contenidos inconscientes activos en sesión aparece en el analista como vivencia. Dejó entonces de hablar de micro enfermedad elaborativa para abocarse a la investigación de la vivencia. Teorizó que ésta era producto de identificaciones directas, las que son propias de las catexis del yo ideal, fundamento de toda transferencia. Es a esto a lo que llamó transferencia actual.

Entendió que el autoanálisis de la vivencia permitía llevar a la palabra un ‘acto’ que acontece en transferencia. Para este proceder técnico habló de construcción del acto, intervención analítica que se diferencia de la construcción freudiana, la que tiene que ver con una reconstrucción histórica. Cesio considera que esta construcción del acto, en tanto da palabra e introduce en la historia al acto inconsciente que acontece en transferencia, es el requisito necesario para hacer entrar lo actual en la posibilidad de análisis. Así, a la construcción del acto, le sigue la interpretación y posterior elaboración.


Estos desarrollos advierten que, resuelta la psiconeurosis, no está terminado el análisis. El síntoma neurótico actúa como una defensa, una suerte de prótesis que cubre las grietas de la losa por las que podrían brotar contenidos de lo sepultado, manifestación de la actualneurosis. Cuestión ésta que, como decíamos, plantea otras exigencias al análisis. Exigencias que, la clínica que desarrolló Cesio, permite abordar.
Si, para decirlo muy esquemáticamente, resuelta la psiconeurosis en un análisis particular nos encontramos con la actualneurosis, esto, que es válido y lo constatamos en la clínica, también podemos hacerlo extensivo a la sociedad en su conjunto.

En la época de Freud la psiconeurosis era epidemia, él supo resolver sus enigmas y tratarla. Pero, tal como en un análisis individual, resuelta esa epidemia nos encontramos con otra, en la que dominan las manifestaciones de actualneurosis, ‘la peste’. Y así como en la época de Freud abundaban ‘tratamientos’ no analíticos para la histeria, del mismo modo hoy abundan ‘terapéuticas’ no analíticas para los síntomas de actualneurosis. Terapéuticas que, en su mayoría, llevan a la adicción. Adicciones inducidas terapéuticamente (ansiolíticos, etc.) o adicciones propiamente dichas (alcohol, drogas, Internet, etc.) son intentos de automedicar los síntomas de actualneurosis. ‘Remedio’ que, muchas veces, puede ser peor que ‘la enfermedad’.



Desde esta perspectiva se puede decir que las adicciones ya son, y lo serán aún más, la patología de la época. De ahí la importancia de tener en cuenta, de considerar y profundizar los desarrollos de Cesio, para abordar psicoanalíticamente estos fenómenos ‘actuales’.
En este homenaje póstumo a Fidias Cesio me circunscribí a su obra - en una síntesis necesariamente estrecha e incompleta- ya que, junto al recuerdo que llevamos de él y que nos habita, es la que lo sobrevive. También sé, por lo que pude conocerlo, que su deseo más profundo era ser recordado por sus ideas y que éstas puedan tener vida y desarrollo.

1 En lo que sigue pondré en negrita los conceptos introducidos o desarrollados por Cesio y a los que dedicó numerosos trabajos. Para no abundar con el recurso lo haré solo con la primera mención del concepto.



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