Departamento de Historia · uia



Descargar 90.5 Kb.
Fecha de conversión02.04.2019
Tamaño90.5 Kb.

Departamento de Historia · UIA







INTRODUCCIÓN

DURANTE LOS ÚLTIMOS CUARENTA AÑOS del siglo XX, el cuestionamiento sobre la relación de la arquitectura y su historia ha sido uno de los temas más importantes en el debate sobre el curso tomado por la arquitectura. Todos hemos sopesado el nuevo rumbo declarado por el movimiento moderno en los años veinte y por los efectos que tuvo para la arquitectura después de la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, todavía estamos intentando llegar a una evaluación del significado del “retorno al pasado” que era un rasgo de muchos, y muy importantes, proyectos producidos por arquitectos, especialmente en el período posterior a 1960. Es precisamente ese tema —la relación, en el tiempo presente, entre lo que existió en el pasado y lo que debe tener lugar en el futuro— que sirve como punto de partida para este libro. Entraremos con alguna profundidad en la significación del movimiento moderno e intentaremos tocar algunos de los puntos claves que involucran a su historia. En otros términos, intentaremos deconstruir el concepto de modernidad por medio de su propia historiografía. Esta exploración nos permitirá percibir la relación entre arquitectura, significado y tiempo; en otras palabras, podremos entender la dicotomía real entre lo conceptual y lo visible, y esto nos ayudará para que alcancemos las condiciones en que la historicidad de las formas arquitectónicas se basan.

Sin embargo, no partiremos de las relativamente recientes disputas de los años setenta, ochenta y noventa, ni reconstruiremos el largo fondo de ese debate que primero saltó a los frentes a mediados de los años sesenta e incluyó un grupo de eventos y discusiones interesantes. Enfocaremos nuestro interés en un conjunto de textos, escritos entre los tardíos años veinte y los tardíos años sesenta que se presentan como las historias del génesis, triunfo y declive del movimiento moderno. Así, estaremos tratando con un conjunto de textos que proponen interpretaciones históricas de una arquitectura casi contemporánea con ellos, grabando los cambios del significado en la relación entre la arquitectura y su historia en un lapso de cerca de cuarenta años.

Los textos llamados “historias”, también revelan los campos en que nuestro análisis estará operando: la significación decisiva de las palabras y el carácter esencial de un discurso histórico que a fin de cuentas se prueba a sí mismo ser otro aspecto de la teoría. Cuando se leen estos textos uno tras otro, se dificulta distinguir entre las interpretaciones de eventos y fenómenos en el pasado reciente y un tipo de manifiesto sobre la arquitectura del futuro inmediato. En términos generales, las condiciones, las historias de la arquitectura moderna se basan en una posición sobre el ser de la arquitectura, en una teoría que toma la forma más o menos clara de lo que debe ser y normalmente proyecta lo que deberá hacerse. Las historias no son textos inocentes; los he tratado como objetos y he estudiado sus reacciones. Mi interés en este campo de estudio fue estimulado por una fascinación con los libros de historia arquitectónica moderna, libros que intentaron percibir y explicar una arquitectura que era casi contemporánea con ellos, mientras me alejaba de su dinamismo evolucionante per se. Estas historias exploraron lo que todavía era una tierra incógnita de nuevos proyectos en la luz de principios que debieron gobernar la arquitectura como una totalidad y en sus discursos ellos declararon reglas implícitas e hipótesis sobre la implementación de otro, y aún el más grande conjunto de proyectos: aquellos de la nueva arquitectura en una nueva sociedad.

Otro cimiento de mi estudio es el hecho de que durante muchas décadas esta literatura ejerció una poderosa influencia en el curso de la arquitectura —y de hecho todavía lo hace—, desde que la mayoría de los libros discutidos a continuación aún existen, normalmente en varios idiomas. Estas historias jugaron un papel significativo en la formación de muchas generaciones de arquitectos, proponiendo una interpretación global del movimiento moderno como históricamente definido y como un fenómeno irrevocable. Su impacto es comparable con los manifiestos teóricos como el de Le Corbusier, Vers une architecture, de revistas profusamente ilustradas como L´Architecture d´Anjourd´hui y de las colecciones clásicas de los proyectos de los grandes maestros.

Las coincidencias de todas estas historias consisten en los eventos arquitectónicos del movimiento moderno, ya que —de una u otra manera— todos ellos tratan exactamente con el mismo objeto. Y aún las genealogías, interpretaciones y descripciones que ellos dan de ese objeto difieren ampliamente al enunciar diferentes discursos basados en diversas creencias sobre la sociedad, la historia y la arquitectura. Así, debemos ya sea reconocer la existencia simultánea de un número plural de narrativas, cada una de ellas relaciona la misma serie de eventos de una manera diferente o aceptar que había varios movimientos modernos, cada uno ocupando un juego de posturas ligeramente distinta a los otros. Esta observación no significa, por supuesto, que exista igual número de movimientos modernos como historiadores de ellos, pero hay igualmente un número similar de posibles discursos sobre los mismos eventos en cuestión. Una lectura paralela de estos textos históricos debe revelar los cambios en esta formación discursiva en contraste con su objeto relativamente estable (el movimiento moderno), al tiempo que plantean el cuestionamiento de las diferentes maneras en que los mismos eventos se recibieron y la modulación en su transmisión, de acuerdo con los objetivos que los diferentes historiadores se fijaron para ellos.

En mis lecturas sucesivas, llegué a la conclusión de que por encima de los cambios explícitos en el significado y el objeto de las historias de la arquitectura moderna, hay también un cierto común denominador que teje la trama de un discurso distintivo. Tanto la teoría como la historia se basan en una misma estructura cohesiva que consiste simultáneamente de (1) una creencia sobre la historia (es decir, una filosofía de la historia) y por consiguiente un punto de vista sobre la historia de la arquitectura como una totalidad; (2) una visión social que proviene de la convicción de que el cambio social y arquitectónico se unen indisolublemente; (3) una tesis sobre el ser de la arquitectura proyectado hacia una red de componentes ejemplares a través de los cuales se formula, por una parte, el tejido de la interpretación histórica y, por otro, la regla para la producción arquitectónica en el tiempo futuro. Por tanto, las historias proyectan los términos para la arquitectura que vendrá, identificando la investigación en el pasado con el pensamiento teórico.

Partiendo de estos pensamientos, intenté identificar y demostrar los rasgos individuales de los textos que fueron escritos por los historiadores de la arquitectura y definir un personaje histórico. Por una parte, intenté definir lo que estos textos no son, buscando la medida de sus desviaciones del objeto común —un discurso que a veces tiende a establecer los cimientos del movimiento moderno— y en ocasiones a cuestionar su significado; y por otra parte, intenté definir lo que los textos son, yuxtaponiendo sus intenciones implícitas contra sus objetivos explícitos para determinar su verdadero estado. En otras palabras, busqué lo que es constante y lo que es variable de un autor a otro, examinando las reglas por las cuales su conocimiento es producido. Yo deseé revelar las estructuras discursivas que articulan los textos históricos y establecen su tipología.

Con este propósito, el mundo construido ha sido puesto en paréntesis; nuestro objeto es el orden del discurso.1 Aquí sólo estamos tratando de la arquitectura escrita y sólo del punto de vista del historiador: los textos llamados historia (y más raramente también teoría), textos que ponen los cimientos para la arquitectura del futuro en una interpretación histórica del presente y el pasado reciente. Como resultado, este libro no propone ciertamente la verdadera historia del movimiento moderno; ni siquiera propone la historia de las historias del movimiento. Mi objetivo constante fue escapar del contenido superficial de los textos y capturar la esencia de su estructura para lanzar alguna luz en sus profundidades más oscuras (es decir, lo que estaba diciéndose en lo que era escrito), usando tres direcciones diferentes que constituyen la entretela de mi lectura: historia, sociedad y arquitectura. He intentado reconstruir un texto invisible que llena los huecos en el texto escrito. Por tanto, no estaré dirigiendo así un análisis lingüístico del significado, ni es mi objetivo escribir la historia del referente. Yo deseo simplemente examinar el discurso de los historiadores de la arquitectura moderna, un discurso histórico que, parafraseando a Foucault, asumo que es una práctica discursiva que sistemáticamente forma los objetos de los cuales habla.2

De igual manera, he quitado el contexto general y específico de los procesos desde donde nuestras historias surgieron. No examinaré las historias como las funciones de las condiciones culturales, económicas o políticas en que fueron escritas, o como funciones de la producción real del espacio construido. No estoy interesado en las personalidades o en las actividades específicas de los individuos en el campo de la arquitectura o el urbanismo. Los protagonistas en este libro no son los autores y por lo tanto no intentaré elucidar sus pensamientos refiriéndome a sus detalles biográficos o el ambiente real en que los libros fueron escritos. Por esta razón no hay fotografías de los autores en las páginas que siguen y porque la mínima de información biográfica ha sido consignado al campo latente de las notas. Todavía aún más enfáticamente, no tengo intención alguna de examinar las conexiones que pudieran existir entre los textos históricos y los espacios reales, la existencia material de la arquitectura a que ellos se refieren. Me limitaré a un análisis del discurso histórico como yo lo leí en el espacio de los textos seleccionados para mi corpus. Y es por eso que las ilustraciones no muestran los edificios en el mundo real: ellos reproducen páginas de los libros. Los edificios son citas, con todos los defectos familiares de las técnicas de reproducción de segunda mano.

Estoy abierto a la crítica sobre esta remoción deliberada del contexto social, económico y cultural del contexto de las condiciones técnicas que involucran el proceso de construcción, y —sobre todo— de los actores principales, los propios historiadores con todo el peso de afinidades e influencias que arrastran con ellos. No es ciertamente mi intención subestimar el papel decisivo que esos parámetros jugaron en el nacimiento de arquitectura moderna y en la producción de los textos en que ese hecho fue registrado. Las historias nunca pueden entenderse fuera del contexto que guió la mano del autor. No obstante, el contexto (si es el levantamiento del fascismo o la reconstrucción de la posguerra) y las personalidades (si ellos son judío alemanes que huyeron como los refugiados a la Gran Bretaña o los demócratas italianos comprometidos en la lucha para el futuro social de su país) nada tienen que decirnos sobre la naturaleza del discurso escrito per se, sobre todos los hilos que, cuando leemos, entran en nuestra construcción de una explicación fiable del cómo y él por qué de los propios textos.

Mi análisis se basa en un nivel diferente. Yo examino textos que podría decirse que han sido reconocidos como autoritativos, encima de y sobre el tiempo y el espacio, enfocando mi atención en el tiempo en que nosotros los leemos. Los considero como proyectos escritos que han sido soltados de la mano del autor y del impacto del medio ambiente, como objetos que son accesibles a nosotros independientemente a las condiciones en que fueron escritos. Aquí, el factor importante es la relación que se desarrolla entre el texto y sus lectores: el elemento significante es el contexto de lectura. El significado se produce por la recepción cambiante de las historias, que se convierten en objetos que juegan su papel en el proceso continuo de una arquitectura contemporánea que está muy distante de las condiciones originales en que los textos fueron escritos. Aunque sería posible proponer una historiografía de la arquitectura moderna que enfocaría su atención en las causas de la proliferación geográfica, temporal o cultural de las historias, he escogido trabajar en el plano de una lectura diferencial de ellos excavando el significado que ellos producen cuando se ponen conjuntamente sobre la mesa del lector —hoy día en nuestra mesa.

Por consiguiente, mi abordaje consiste en una serie de análisis de los textos, seguida por un esfuerzo por producir una síntesis sistemática dirigida a exponer la comprensión teórica. Examinaré el modo de existencia o el ser de las historias del movimiento moderno sin intentar definir algo que debe ser o debe hacerse. Dado este enfoque metodológico, la selección de textos a poner sobre la mesa para el análisis es un factor de gran importancia. Antes de hablar sobre los textos seleccionados, sin embargo, trataré del criterio para la exclusión; es decir, explicaré por qué no he incluido en el corpus de mi historiografía ciertos libros que generalmente se consideran como claves para los cimientos del movimiento moderno y su interpretación.

Al centro de nuestro interés subyace el discurso histórico, que por supuesto en algunos casos toma la forma suplementaria y normalmente implícita de un discurso crítico o arquitectónico e indirectamente, aunque claramente, estados de lo que ha de ser o lo que ha de no ser, lo que la arquitectura moderna debe ser para gustar o no debe ser para gustar. Sin embargo, el discurso crítico y arquitectónico articulado principalmente por arquitectos como la parte del proceso de formular, defendiendo u oponiendo, los principios y proyectos de la arquitectura moderna no es el objeto de mi investigación. Este discurso dual (crítico y arquitectónico) toma a menudo la forma suplementaria de un discurso histórico, que sirve para reforzar los argumentos principales pero no se apropia del papel, función o importancia de historia per se. La mayoría de las personas probablemente estaría de acuerdo en que los textos de Le Corbusier y Adolfo Loos, y lo que es eficazmente el cuadro dibujado de Walter Gropius3 y Ludwig Hilberseimer4 pertenecen, de una manera u otra, al campo del discurso crítico o arquitectónico a pesar de sus referencias abiertas o encubiertas del pasado. Ellos son la fuente de material en las manos del historiador, pero enuncian un discurso que no es histórico y por consiguiente no caen dentro del campo de una historiografía de la arquitectura moderna. Sin embargo, las razones por las que yo he excluido algunas de las escrituras seminales de los años veinte y los años treinta, textos que hicieron una firme contribución para determinar las pautas teóricas del movimiento moderno —como los libros de Adolf Behne, Bruno Taut, Walter Behrendt y Gustav Adolf Platz— no son tan evidentes. Para explicarlos con mayor claridad, permítanos examinar más cercanamente el tipo de discurso que ellos enuncian.

El Der moderne Zweckbau de Adolf Behne, se publicó en 1926 y está entre los primeros libros sobre el establecimiento y entendimiento del movimiento moderno.5 Al contrario de los libros escritos por arquitectos que hablan, en efecto, a través de su propia obra, Behne escribe del trabajo de otros,6 del trabajo hecho por los arquitectos de su época, acentuando su modernidad y juzgando sus valores. En este sentido, él podría por supuesto estar entre los autores en nuestro corpus historiográfico. Pero el libro de Behne destaca —desde su primera página— una definición del ser más profundo de la arquitectura que contrasta función y obra, necesidad y demandas estéticas, antes de empezar con una descripción global de la arquitectura en las condiciones de un discurso crítico y arquitectónico. No existe en absoluto alguna dimensión de interpretación histórica en su texto más allá de unos dos párrafos del primer capítulo dedicado a la simple observación de que la arquitectura del barroco ha declinado “en las últimas décadas... en un árido academicismo”; al que él puso correctamente “a una oposición determinada.”7 En esencia, todo comienza en la última década del siglo XIX, sólo treinta años antes de la escritura del libro que está arreglado en tres breves capítulos que usan dichos como títulos: “No más una fachada sino una casa;” “No más una casa sino un espacio como forma;” y “ya no más un espacio con forma sino una realidad diseñada.”

Behne es crítico, amargo o silencioso sobre los arquitectos que son ahora reconocidos como los más grandes representantes del movimiento moderno pero que en ese momento no ocupaban un lugar similar en el marco de su teoría arquitectónica. Su persistente enfoque germánico vio la nueva arquitectura como limitada estrictamente a los Países Bajos, Alemania y Austria, con muy pocas excepciones, principalmente en lo que era entonces la Rusia revolucionaria. Su libro fue realmente valioso para los historiadores de la arquitectura moderna que son de nuestro interés aquí y el cual es valioso para los estudiantes de la vanguardia alemana en el período de la entre guerra, pero no es una historia de arquitectura moderna y no exige ser: es un texto polémico, una especie de manifiesto con un campo de visión claramente determinado.

A primera vista, la dimensión histórica parece ser más evidente en el extenso libro publicado por Gustav Adolf Platz en 1927: Die Baukunst der neuesten Zeit.8 La primera de sus tres partes es titulada “El Nuevo Movimiento en el Arte de Construir (una Revisión Histórica);” empieza con “los caos morfológicos del siglo XIX” y después termina de doce capítulos con “la solidaridad internacional de la nueva edificación.” A pesar de la primera impresión creada por el encabezado, los caos morfológicos del siglo XIX son una declaración de dos y un medio paginas de extensión; esto es seguido por un volumen increíble de información sobre la arquitectura del siglo XX, mientras se enfatiza particularmente en los temas técnicos y constructivos con un vigoroso interés en los problemas que directamente conciernen a las aplicaciones arquitectónicas en Alemania. No existe discurso histórico con la excepción de las referencias esparcidas en los ejemplos de las estructuras del siglo XIX. El discurso de Platz es por excelencia arquitectónico. Siendo él arquitecto del sector público,9 Platz permite que sus páginas sean dominadas por las preocupaciones de los arquitectos, organizando y clasificando información para ayudarlos a mantenerse actualizados en los desarrollos, ganan un buen entendimiento de los procesos contemporáneos y así determinan sus propias prácticas de diseño. Esta tarea se asigna principalmente a la tercera parte del libro, cuyos trece capítulos cubren temas como la planta libre, el espacio y la estructura material; “Función”, “Estructura metálicas” y “Concreto y estructuras de concreto reforzado”.

El texto hace una parada bastante abrupta en la página 199 para dar paso a un diluvio de ilustraciones. Las más de 300 páginas que siguen (en la edición de 1930) conforman una de las colecciones más impresionantes de imágenes de arquitectura moderna en lo que se refiere a su materia subjetiva, la calidad de las fotografías y la representatividad de sus materiales. Sin ahondar en el punto, podría decirse que el corpus de las ilustraciones es más importante que el texto del libro, porque en esencia este cimienta la imagen de la arquitectura moderna en toda su majestuosidad contradictoria. En el momento de publicación, en particular, el discurso de la imagen pudo transmitir significados de importancia catalítica para la función de la comunicación.

La arquitectura que Platz nos muestra que no está estrechamente definida por lo que se refiere a su dimensión innovadora o radical. Incluye, en una base igual, los proyectos de arquitectos como Heinrich Tessenow que defendió una arquitectura no vanguardistas, "cheek by jowl", con un gran número de nuevos proyectos y nombres ahora completamente desconocidos fuera del estrecho círculo de expertos y completamente ausente de las historias que nosotros estaremos tratando más adelante en este libro. Esta yuxtaposición revela lo que es en realidad una ausencia de un enfoque polémico y por consiguiente permite eclipsar el discurso crítico. Die Baukunst der neueten Zeit se mueve entre el texto y la imagen, mientras proporciona ingeniosamente la información y el material que nos permiten leer y ver la arquitectura de tiempos recientes ensamblada en un corpus completo. Ello, después de todo, era el razonamiento detrás de los volúmenes de la extensa serie publicada por Propylaen Verlag. Pero el eclipse, tanto del discurso crítico como del histórico, le otorgan al libro un carácter mucho más aplicado de lo que aparenta y, desde luego, lo priva de cualquier derecho de llamarse la historia.

El libro de Bruno Taut, Modern Architecture, fue escrito en inglés y publicado en Londres en 1929 en respuesta a una comisión de la editorial con el propósito de iniciar al lector británico en el desarrollo y principios del “nuevo movimiento,” esto es, la arquitectura moderna.10 Aunque el texto está bien organizado con posiciones altamente específicas y orientadas sobre la esencia de la arquitectura, las 212 páginas del libro son dominadas por las 284 grandes fotografías que llevan el mayor peso de presentar toda la variedad de arquitectura moderna. Además, el carácter central del libro es su autor, el arquitecto Bruno Taut.11 Después de consagrar una o dos fotografías a la obra de cada arquitecto (tantas como siete para Adolfo Meyer, Le Corbusier y los hermanos Perret), Taut procede a utilizar 25 ilustraciones en su propia obra, finalmente (aunque implícitamente) identificando la mejor expresión del nuevo movimiento con sus pensamientos y obra.

El libro inicia con una búsqueda para responder a la pregunta “¿Por qué un nuevo movimiento?12 —la cual se convierte entonces en la respuesta a otra pregunta básica, ¿qué es la arquitectura moderna?”13 Como resultado, se tiene una definición de arquitectura desarrollada en cinco puntos14— y una definición que aunque radical, también defiende que la esencia de la arquitectura ha sido y siempre será una: Estamos convencidos “que nuestra concepción de arquitectura actualmente es muy semejante a aquella descrita en el pasado, en cuanto existe solo una idea del arte de arquitectura y no varias.”15 El pasado y la historia existen, pero no tienen función esencial alguna en el texto y las ilustraciones de Taut. Esto no sólo es porque él cree que la “historia no es en sí misma no constante y por consiguiente no objetiva,” 16 o simplemente porque él argumenta que “sólo el ojo del presente, puede como una luz de búsqueda, iluminar a merced ciertos aspectos de la cultura antigua;”17 También es porque Taut revisa el pasado en el nivel de ideas eternas para explicarnos que la esencia de arquitectura en el nuevo movimiento es la misma que la esencia de la arquitectura en general: Lo que no es arquitectura... tampoco puede ser arquitectura moderna.”18 “Taut no niega, no lucha, y, lo más importante, no repudia cualquier pasado con el objeto de basar el presente en él. La arquitectura que él critica en el pasado tiene precisamente las mismas debilidades que la arquitectura que él critica en el presente y la mejor respuesta a ambos se da por el nuevo movimiento expresado en los proyectos ilustrados y sobre todo en su propio trabajo.

Taut por supuesto, emplea una genealogía descriptiva de la arquitectura moderna, registrando los esfuerzos positivos y partiendo del trabajo y escrituras de Schinkel. Él entonces da énfasis al pensamiento de Ruskin y Morris en Inglaterra, y al trabajo de los ingenieros en Francia y los Estados Unidos, inscribiendo el nuevo movimiento en la perspectiva de una actitud colectiva y una objetividad práctica (Sachlichkeit) que señalan el camino a los Pioneers of Modern Architecture de Nikolaus Pevsner. Sin embargo, cuando leemos u hojeamos Modern Architecture, comprendemos que ciertamente no estamos tratando con un discurso histórico. Bruno Taut es, y escribe como artista creativo que, mientras tiene un poco de entrenamiento tanto en la historia como en la teoría, está principalmente interesado en el ser de la arquitectura contemporánea y en enseñar la dirección al futuro. Él interpreta menos de lo que él “construye.” Y, por supuesto, está dirigiéndose a los arquitectos creativos, proponiendo a ellos el pensamiento aplicado y un amplio repertorio de arquitectura moderna en la práctica, dividido en nueve secciones en el criterio funcional: los edificios industriales; las oficinas, las tiendas, los restaurantes, etc.; los departamentos; los suburbios; las casas; las escuelas; los centros de salud, etc.; los vestíbulos, los teatros, los estadios, etc.; los edificios religiosos. Su discurso es inequívocamente arquitectónico, localizándose en el mismo campo conceptual y en el mismo nivel que el discurso de Le Corbusier y Adolfo Behne.



Modern Building, fue publicado por Walter Curt Behrendt en 1937 y se dirigió primeramente y sobre todo a lectores americanos,19 se esfuerza por usar palabras simples y ejemplos históricos para explicar cosas que fueron establecidas como hechos en otros lugares y en otros libros. Sin duda, había un retoure à l'ordre a lo largo del mundo en los tardíos años treinta, y “los nuevos edificios del Gobierno de los Estados Unidos construidos en Washington en 1934”20 y el “nuevo Ayuntamiento en Estocolmo”21 eran los ejemplos más llamativos de un tardío pero todavía floreciente eclecticismo; era como si el movimiento moderno nunca hubiera existido en absoluto y esto justificó en alguna medida amargas polémicas. El libro de Behrendt, sin embargo, es claramente profundo. Su autor articula un discurso crítico que se preocupa menos por el rechazo de lo que había existido antes de lo moderno con una conciencia del ser y la apariencia de la nueva arquitectura. A ello se le agrega el peso de un discurso arquitectónico que no tiene intención alguna de tomar la forma de historia y no lo hace. Modern Building se ubica estrictamente dentro del lugar y tiempo de su enunciación: no desea interpretar el pasado, ni propone una genealogía del presente. Ya conoce esas cosas, al igual que todos los demás y las pide prestadas de otros aún cuando hace el reacomodo de sus palabras desde un nuevo ángulo. La ambición de Behrendt es salvaguardar el progreso de la arquitectura en el futuro inmediato.

Por supuesto, su texto posee algunos de los componentes de un discurso histórico. Algunos de sus capítulos se consagran a presentar momentos seleccionados del pasado, partiendo del Renacimiento. Pero tal y como él explica en su prólogo, su discurso no es histórico: “En lugar de una historia de la arquitectura moderna completa acerca de los nombres y los datos biográficos, este libro es un ensayo en el espíritu de la edificación moderna...” Una breve selección de libros históricos, que ya existen por centenares y ofreciendo valiosas fuentes de información, se encontrarán en la bibliografía. El autor ha hecho uso de ellos agradecidamente para su propio beneficio... para rastrear el surgimiento y desarrollo de ideas que determinaron la edificación moderna y prepararon el advenimiento de un nuevo estilo.”22 Las extensas referencias al pasado no son suficientes para convertir un libro en historia. Aunque Behrendt se refiere a los temas principales que juntos tejen la genealogía de la nueva arquitectura, como los historiadores de arte estaban registrando (Nikolaus Pevsner en Morris y el Art Nouveau, Emil Kaufmann en la relación de Ledoux a Le Corbusier), y aunque su tratamiento de preguntas históricas es estilista y lleno de observaciones agudas no puede ciertamente decirse que él aporte una interpretación integrada: su libro es un juego de comentarios fragmentarios y las posiciones críticas que poco a poco van a marcar el problema tópico de la nueva arquitectura. Por otra parte, él es totalmente consciente de lo estético, lo funcional y los elementos constructivos de la edificación, qué él describe con absoluta claridad. Él entiende el significado exacto del arreglo de los espacios en una planta arquitectónica y tiene completo control de la terminología para comparar entre dos arquitectos como Wright y Le Corbusier, prefigurando la crítica de posguerra de Bruno Zevi en este respecto. Por sobre todo, él se expresa en términos arquitectónicos dirigiéndose a arquitectos y no como un historiador del arte que describe las formas pintadas o esculpidas para un amplio número de lectores cultos. Como resultado, él se enfoca en problemas conectados con el papel del arquitecto como el “compositor” de proyectos y giran alrededor del diseño de edificios en el futuro inmediato. Su discurso es simultáneamente crítico y arquitectónico, pero no es histórico.

Existen diferencias en el objetivo, la estructura y el medio de la narrativa metódica en que consisten en las verdaderas historias de arquitectura moderna. La narrativa se piensa para servir como una interpretación del relativamente reciente pasado, se puede basar el predominio del movimiento en el presente y, posiblemente, su proyección en el futuro, aunque sin dejar el enfoque global de las materias, la metodología establecida que usó en la disciplina y, en la mayoría de los casos, el punto de vista del narrador académico. El discurso histórico se enuncia desde una posición claramente definida, se envuelve en un estilo erudito y se acompaña de una cuidada documentación que le asegura el prestigio incontrovertible de la historia. Es un discurso que narra los eventos reales dentro del campo conceptual de una disciplina ampliamente aceptada. Cuando se expresa desde tal posición, también puede funcionar como un vehículo para un discurso crítico y arquitectónico, pero lo hace de tal manera como automáticamente para limpiarse el mismo de cualquier carga dudosa de creencias personales o teorías de una naturaleza efímera o parcial. Nosotros nos confinaremos así a los textos que se expresan conscientemente en la forma de historia, investigando su denso tejido para la dimensión implícita de la teoría.

El corpus de historias que será analizado en los capítulos siguientes ha sido escogido usando dos criterios: el grado en que ellos son representativos y el enfoque o démarche de sus autores. Los textos escogidos están relativamente limitados en número pero son representativos de las principales direcciones de cuestionamientos que pueden ser encontrados en la historia del movimiento moderno, desde su aparición en los años veinte a su desaparición por los años sesenta. También he tenido presente el impacto que estas historias tuvieron en la formación de la percepción colectiva de la arquitectura moderna. Los textos están presentados por Nikolaus Pevsner, Emil Kaufmann, Sigfried Giedion, Henry Russell Hitchcock, Bruno Zevi, Leonardo Benévolo, Reyner Banham, Peter Collins y Manfredo Tafuri: Sobra decir que ellos no cubren el completo rango de interpretaciones históricas del movimiento moderno, pero proporcionan una oportunidad de yuxtaponer el démarche que yo veo como estructuralmente o históricamente más significativo. La pregunta de la representatividad no se define por lo que se refiere en términos de tiempo, espacio o nacionalidad de los autores: su definición es cuestión de démarches que difieren. Esto explica la ausencia de un número de historias que han sido ampliamente leídas y son sumamente influyentes, junto con la completa ausencia de historias de origen francés —a pesar del decisivo papel jugado por Francia en el desarrollo de arquitectura moderna. Los escritos de reconocidos autores como Jürgen Joedicke,23 Vincent Scully24 y Pierre Francastell25 son de indudable importancia y a veces tratan con aspectos del temario que no serán encontrados en los nueve autores de nuestro corpus. Pero el discurso que ellos articulan no propone, desde mi punto de vista desde luego, un nuevo démarche sustancialmente diferente o fundamentalmente nuevo.

Para percibir la estructura del discurso en estos textos, los he estudiado en tres dimensiones complementarias que sirven como las tres hipótesis activas para separarlas y analizarlas:

1. La dimensión histórica: la concepción de historia en que se basa la relación entre el pasado, el presente y el futuro de la arquitectura.

2. La dimensión social: la relación entre la visión arquitectónica y un programa social; en otras palabras, la naturaleza en la forma en que la arquitectura y el cambio social se articulan, lo que depende principalmente del compromiso del autor.

3. La dimensión arquitectónica: las maneras en que una posición sobre la esencia de la arquitectura ya sea proyectada o no hacia el futuro. En cierta medida, las otras dos dimensiones dependen de ésta.

Una lectura comparativa de los textos en el corpus en la luz de esta red analítica hace posible identificar tres familias por la manera que los asuntos son tratados26 (el capítulo final se tratará de esta tipología con mayor profundidad.) El primer grupo de textos que denomino operativos, refleja el optimismo que permeó a dos generaciones de “constructores” cuando ellos proclamaron —de maneras que eran variantemente explícitas y polémicas, la victoria de la arquitectura que también era el objeto de su investigación histórica. Primero, la historia construye los cimientos del movimiento moderno (Pevsner, Kaufmann y Giedion); Entonces confirma la victoria del movimiento y repropone su optimismo (Zevi, Benévolo). El segundo grupo que he llamado el derogative, examina y declara las reglas para no aplicar la regla —en este caso, la arquitectura moderna. Aquí difiere claramente del enfoque operativo cuyo propósito es, en efecto, establecer una regla. El démarche del derogative refleja la actitud cuestionante de una generación desilusionada que llamó a juicio —de manera polémica, aunque marcadamente más filosófica— la arquitectura que también estaba investigando. Aquí, por una parte, la historia busca la verdadera sustancia del movimiento moderno para usarlo como un cimiento para el desarrollo de una arquitectura más elevada (los discursos verídicos de Banham y Collins); en el otro, cuestiona el modo de existencia del movimiento moderno per se, para establecer los cimientos teóricos de una arquitectura diferente, la cual, por supuesto, descansa en el futuro (el discurso interrogatorio de Tafuri). La tercera y última categoría revelan una tendencia a anular cualquier interés en las situaciones como aquellos descritos anteriormente. Aquí el démarche es uno de interpretación pura que se presenta como objetivo y así, ajeno a cualquier tipo de compromiso con la arquitectura (Hitchcock).

Tal clasificación claramente dicta una necesidad por la diferenciación y elucidación, dado que los tipos diferentes de démarche tienen rasgos en común y se traslapan entre sí. De hecho, en algunos casos podemos identificar, bajo la estructura dominante, estratos discursivos de un tipo diferente que tienden a empañar nuestras líneas divisorias originales y demuestra cuan difícil es hacer las estrictas distinciones entre los diversos tipos de discursos enunciados.

Para poder aplicar métodos específicos y controlados a mi análisis, he limitado el horizonte del corpus estudiando sólo un libro de cada autor. Esta limitación además de la selección de los autores, sólo fue violada en dos casos especiales: algunos de los textos de Hitchcock y Zevi se complementan entre sí en un proceso de evolución que refuerza nuestra búsqueda. En general, sin embargo, he analizado solo los trabajos que yo creo que son más representativos del discurso articulado por los autores sobre el estado histórico del movimiento moderno. Con muy pocas excepciones que relacionan al texto o las ilustraciones, he usado las primeras ediciones de los libros y sus primeras traducciones al inglés. Es una de las opciones clásicas del estudiante que los originales siempre deben ser completamente predominantes. Aquí, sin embargo, la situación difiere. La primera versión del texto es, por supuesto, primera, y es de importancia decisiva para el tipo de historiografía que se dirige al contexto en que el libro fue escrito. Pero la mayoría de las historias de la arquitectura moderna tratan con la interpretación de una situación conforme esta evolucionó —en términos tanto del objetivo en sí mismo y su apreciación crítica. Los importantes libros de Pevsner, Giedion y Zevi evolucionaron constantemente a través de las décadas, y las adiciones y cambios que se hicieron a ellos son de gran importancia. La importancia de la primera edición rivaliza por eso con la última, y las fases intermedias no deben pasarse por alto. La última versión de Giedion no tiene ciertamente la originalidad de la primera, pero resume la experiencia global, activa del autor y es el vehículo para sus vistas finales sobre la materia. También es la versión que se ha leído por más de treinta años en las escuelas de arquitectura y todavía se encuentra en los estantes de arquitectos. Ha hecho mucho para formar la concepción actual del movimiento moderno, nuestra concepción de él, es decir, el punto de vista del cual nuestra generación mira el movimiento moderno, un punto de vista que es parte del contexto para nuestras lecturas. Por lo tanto, él insiste en que el original no debe ser visto como un mandamiento inviolable.

Yo examino los textos en el corpus en una sucesión basada en sus démarches, como dije anteriormente. Con la sola excepción de Hitchcock, este orden es también idéntico al orden cronológico en que los textos fueron publicados. Retomo a los tres historiadores del arte, con su antecedente común en la tradición educativa alemana (Pevsner, Kaufmann y Giedion), juntos en un solo capítulo en vista de la similitud entre sus démarches que dejan de lado las diferencias entre ellos. Al final de la sucesión global, comparo y contrasto mi análisis de temas más específicos desde el punto de vista de consideraciones más generales en el nivel de la teoría. Penetrando bajo la superficie de los eventos que son el vehículo para este proceso de comparar y contrastar, intento capturar las regularidades principales del discurso articulado por los historiadores del movimiento moderno y así poder reforzar nuestro pensamiento sobre el papel de la historia y la teoría en el proceso de la arquitectura contemporánea.

Estoy al tanto de los constantes cambios en la estructura del discurso articulado por los historiadores de la arquitectura moderna, he intentado simultáneamente —como ya lo hice notar— entender el significado del repudio del pasado que parece ser predominante en el movimiento moderno y el significado del cuestionamiento del movimiento que, por los años sesenta, parece haber estimulado la rehabilitación del pasado rechazado. El análisis de las investigaciones históricas del movimiento moderno nos expresa, en paralelo, sobre la recepción cambiante de eventos arquitectónicos y sobre la evolución de la relación entre la arquitectura y su historia durante las cuatro décadas cubiertas por los libros en nuestro corpus. Este enfoque se limita claramente al espacio de tiempo y el ángulo de visión que he seleccionado. Sin embargo, no he intentado descubrir un corpus autónomo dentro de las historias de arquitectura moderna o cualquiera démarche completamente original. Nadie podría subestimar los precedentes fundamentales de Viollet le Duc y Auguste Choisy en Francia, de Jacob Burckhardt y Heinrich Wofflin en Alemania o de Geoffrey Scott en la Gran Bretaña, para mencionar sólo los nombres más conocidos. No era mi intención, sin embargo, inscribir la historiografía de la arquitectura moderna dentro del armazón de una genealogía más amplia, estableciendo una sucesión que incluso podría llegar hasta hoy en día.

Así como he eclipsado completamente la relación de los textos a su contexto y me he negado a interpretarlos en el momento en que ellos fueron escritos, he aceptado el eclipse de la genealogía de los textos llamados historias. No he tenido razón alguna para retroceder hasta Kant o Hegel, aunque indudablemente ellos ocupan posiciones, como muchos otros. Mi objetivo no ha sido explicar los textos interpretando su posición dentro de aquellos de sus supuestos predecesores. Yo deseo leer lo que ellos dicen, y sobre esta base, identificar los textos de vinculación de hilos que varían grandemente en el espacio y el tiempo pero también son, gracias a su objeto común, muy unidos.

La pregunta de extender el horizonte del estudio historiográfico ya sea repasando el pasado o agregando otras historias a nuestro pequeño corpus no surge. Mi intención ha sido más bien examinar la conexión entre el discurso enunciado por los historiadores del movimiento moderno y los problemas que se han levantado en la arquitectura desde el fin de la modernidad. De hecho, la historia de la historia de la arquitectura todavía no ha sido escrita. Las únicas publicaciones hasta hoy son un muy pequeño número de estudios exploratorios que se asemejan mucho a las bibliografías extensamente comentadas.27 Para hacer un registro detallado de todas las expresiones históricas hechas a lo largo del tiempo o incluso cubrir un gran número de casos aislados en una sola monografía serían por supuesto una tarea imposible.28 La pregunta es más bien —me permito repetirlo— para explorar la contribución de la historia, para formular la teoría de arquitectura y, sobre todo, para identificar los cambios de significado en el contenido de la historia y teoría de la arquitectura. Para este autor, la búsqueda para estos cambios no tiene lugar a través de las formas y los modos y métodos de construcción, sino a través de los discursos en que la arquitectura está basada, a través de la práctica discursiva detrás del manejo de las formas y materiales en la superficie. Los historiadores de la parte del cierre del análisis, Banham, Collins y Tafuri, ya estaban señalando hacia tal enfoque y desde su tiempo ha sido desarrollado en varios planos. El discurso crítico e histórico del corto pero altamente importante documento de Colin Rowe29 y Alan Colquhoun30 ya se estaba moviendo en paralelo a este camino.

El mejor punto de partida del cual iniciar sobre estos enfoques subsecuentes a los desarrollos arquitectónicos de tiempos recientes sería identificar y demostrar los cimientos discursivos de los cambios que se han dado en las frecuencias sobre las cuales se propagó el significado según ha sido determinado por puntos de vista globales de la arquitectura. Llendo más allá de la superficie opaca de las cosas visibles, debemos explorar la manera en que se desarrollaron las ideas claves que han permeado nuestra cultura arquitectónica, permitiéndonos así entender el significado de la historia y su papel en la formulación teórica de la arquitectura e identificando el requerimiento para una historia diferente del período moderno.

Nosotros ya poseemos varios libros sumamente importantes en el análisis de textos arquitectónicos31 y en la manera en que el espacio ha sido descrito en el arte.32 Yo creo que debemos estar trabajando en una dirección similar, en el conocimiento pleno de la historicidad que también determina cómo vemos el pasado. Debemos hacer la paz con el pasado, esto para poder volverse más familiarizado con él y localizar nuestro trabajo creativo más claramente en el presente. Inherente en este enfoque, existe un interés en la arquitectura contemporánea que yo no repudiaría. La exploración del arquitecto en el territorio de la historia y la teoría de la arquitectura no puede separarse de su interés en la creación de nuevos objetos arquitectónicos —un interés que, de una u otra manera, descansa en el punto de partida de su pensamiento. No podemos ser indiferentes a lo que está diciendo o está pasando en nuestro alrededor. De hecho, en la mayoría de los casos, esta realidad arquitectónica de las ciudades en que vivimos es lo que nos estimula un deseo de entender, para que podamos actuar en completa conciencia del mundo real.

Concluyo esta introducción repitiendo las dos dimensiones importantes que están al principio de mis pensamientos. Por una parte, una actitud crítica hacia las numerosas confusiones y malestares que en las recientes décadas han prevalecido en los enfoques sobre la historia de la arquitectura, y en el otro, es la necesidad por la investigación —los cimientos de la investigación que no atiende directamente la práctica, pero que es una actividad teórica cuyo tema principal es la arquitectura.33 Mi esfuerzo por examinar la estructura histórica más profunda de la arquitectura e integrarlo en el marco de referencia de la teoría no es, por supuesto, una tarea completamente original. Sin embargo, es un esfuerzo claramente orientado, uno cuya ambición es contribuir a pensar sobre la arquitectura contemporánea elucidando las condiciones para una conexión desmitificada entre los logros de nuestra tradición y el futuro curso de las prácticas de construir.



1 Por la selección de palabras, estoy en deuda con Francoise Choay; Véase The Rule and the Model.On the Theory of Architecture and Urbanism, (Cambridge: MIT Press, 1997), pp.1–14; Originalmente publicado como La règle et le modele Sur la théorie de l' architecture et de I' urbanisme, (Paris: Editions du Seuil, 1980). Mi análisis sobre las cosas dichas y mi descripción de los discursos también se refieren a Michel Foucault, The Order of Things: The Archaeology of Human Sciences, (New York: Pantheon Books, 1970); originalmente publicado como Les mots et les choses: Une archéologie des sciences humaines, (Paris: Editions Gallimard, 1966); y también, The Archaeology of Knowledge, y, The Discourse on Language, trad. de A. M. Sheridan Smith, (New York: Pantheon Books, 1972); originalmente publicado como L'archéologie du savoir, (Paris: Gallimard, 1969).

2 Véase Foucault, The Archaeology of Knowledge, p.49.

3 Walter Gropius, Internationale Architektur, (Munich: Albert Langen, 1925).

4 Ludwig Hilberseimer, Internationale neue Baukunst, (Stuttgart: Julius Hoffmann, 1927).

5 Adolf Behne, The Modern Functional Building, trad. de Michael Robinson, (Santa Monica: Getty Research Institute for the History of Arts and the Humanities, 1996); originalmente publicado como Der moderne Zueckbau (Munich: Drei Masken Verlag, 1926). El libro fue reeditado en Alemania en 1964 y traducido al italiano (1968) y al español (1994). Referirse a la edición estadounidense.

6 Adolf Behne (1885 1948) estudió arquitectura e historia del arte. El se ocupó en los campos de la educación técnica y la crítica de la arquitectura y publicó libros y colaboró en las más importantes revistas de su tiempo. En 1933 se vi obligado a dejar de la docencia, pero permaneció en Alemania y continuó publicando al canalizar sus intereses en temas históricos inocuos.

7 Behne, The Modern Functional Building, p.91.

8 Gustav Adolf Platz, Die Baukunst der neuesten Zeit, (Berlin: Propyiläen Verlag, 1927); una segunda edición revisada y corregida apareció en 1930. Me refiero a ésta segunda edición.

9 Gustav Adolf Platz (1881 1947) estudió arquitectura en Berlín y en Dresden y después trabajó principalmente en Mannheim como urbanista después de 1913 y como Stadtbaudirektor (urbanista director) después de 1923. En 1934 fue obligado a salir de Alemania, pero a diferencia de otros reconocidos emigrados de la arquitectura moderna, él regresó a su puesto en el sector público después de la guerra.

10 Bruno Taut, Modern Architecture, (London: The Studio; New York: A. & C. Boni, 1929). Una versión alemana, Die neue Baukunst in Europa and Amerika, (Stuttgart: Julius Hoffmann, 1929), fue publicada en el mismo año y reimpresa en 1979. Me refiero a la versión británica.

11 Bruno Taut (1880 1939) estudió arquitectura en Stuttgart. Él diseñó un considerable número de grandes edificios —en su mayoría conjuntos habitacionales— aunque también dedicó un importante espacio en su obra al utopismo y a la escritura de ensayos. Para una revisión general de su obra, véase Kurt Junghann, Bruno Taut, 1880 1938, (Berlin: Elefanten Press, 1983), y Lain Boyd Whyte, Bruno Taut and the Architecture of Activism, (Cambridge: Cambridge University Press, 1982).

12 Taut, Modern Architecture, p.2.

13 Ibíd., p.5.

14 Ibíd., pp.8 9.

15 Ibíd., p.5.

16 Ibíd., p.3.

17 Ibíd., p.5.

18 Ibíd., p.5.

19 Walter Curt Behrendt, Modern Building. Its Nature, Problems, and Forms, (New York: Harcourt Brace; London: Martin Hopkinson, 1937; reimpreso, Westport, Conn.: Hyperion Press, 1979). Behrendt (1884 1945) nació en Alemania y trabajó como arquitecto en el sector público —mientras publicaba prolíferamente— antes de partir de su tierra natal en 1934 e iniciar nueva carrera en el nuevo mundo. La amistad y estima de Lewis Mumford le valió una invitación para que diera una serie de ponencias públicas sobre la construcción moderan en el Dartmouth College en el invierno de 1934–1935. Tal y como lo señala Behrendt en sus agradecimientos, estas ponencias formaron el núcleo de su libro, el cual Mumford posteriormente describió como “el mejor documento sobre el movimiento entero, al mismo tiempo conciso y amplio, con una perspectiva histórica y una rica perspicacia sobre la naturaleza de nuestro tiempo así como de sus problemas sociales y arquitectónicos”. Lewis Mumford, Roots of Contemporary American Architecture, (New York: Reinhold, 1952, p. 422). El libro más importante publicado antes de salir de Alemania fue Der Sieg des neuen Baustils, (Stuttgart: Fr. Wedekind, 1927), actualmente se está traduciendo al inglés y será publicado por el Getty Research Institute for the History of Arts and the Humanities. Véase también M. David Samson, “Unser Newyorker Mitarbeiter: Lewis Mumford, Walter Curt Behrend and the Modern Movement,” en Journal of the Society of Architectural Historians 55, no.2 (Junio de 1996), pp.126 139.

20 Modern Building, de Behrent, p.31.

21 Ibíd., p.32.

22 Ibíd., p. v.

23 Véase Jürgen, Joedicke, A History of Modern Architecture, trad. de James C. Palmes, (London: Architectural Press; New York: Praeger, 1959); originalmente publicado como Geschichte der modernen Architektur. Synthese aus Form, Funktion und Konstruktion, (Teufen: A. Niggli; Stuttgart: Gerd Hadje, 1958).

24 Véase Vincent Scully, Modern Architecture: The Architecture of Democracy, (New York: George Braziller, 1961).

25 Véase Pierre Francastel, Art et technique aux XIXe et XXe siècles, (Paris: Editions de Minuit, 1956).

26 La división en familias, y más generalmente, en la tipología de démarches en el discurso cognoscitivo, se debe mucho al trabajo analítico de Algirdas Julien Greimas; Ver Greimas et al., Introduction à l´analyse du discours en sciences sociales, (Paris: Hachette, 1979).

27 Véase David Watkin, The Rise of Architectural History, (London: Architectural Press; Westfield, NJ.: Eastview Editions, 1980).

28 Véase Maria Luisa Scalvini y Maria Grazia Sandri, Un´immagine storiografica dell'architettura contemporanea da Platz a Giedion, (Rome: Officina, 1984). Scalvini y Sandri primero se enfocan en los primeros seis libros publicados entre 1927 y 1941 por Gustav Adolf Platz, Henry Russell Hitchcock, Philip Johnson, Nikolaus Pevsner, Walter Curt Behrendt y Sigfried Giedion con el objeto de presentar y críticamente analizar textos históricos “que son difíciles de encontrar por los estudiantes” (p. 9). Y mientras que algunas de las hipótesis de sus análisis coinciden con las mías (Véase su introducción, pp. 13 23), el libro en su conjunto investiga las estructuras narrativas de las historias en cuestión para dar luz sobre los procesos por medio de los cuales fueron escritas. Esta es la diferencia más distintiva entre su libro y el espíritu de mi historiografía de la arquitectura moderna. También ver Architettura moderna e ragione storica: La storiografia italiana sull'architettura moderna 1928 1976, de Giorgio Pigafetta, (Milan: Guerini Studio, 1993), el cual se ocupa de los acontecimientos en Italia, y la extensa introducción de Rosemarie Haag Bletter de The Modern Functional Building de Behne, (pp.1 83), la cual, también, está claramente interesada en el contexto en el cual se escribió el libro.

29 Véase Colin Rowe, The Mathematics of the Idea Villa and Other Essays, (Cambridge: MIT Press, 1976).

30 Véase Alan Colquhoun, Essays in Architectural Criticism, Modern Architecture and Historical Change, (Cambridge: MIT Press, 1981).

31 Véase Joseph Rykwert, On Adam's House in Paradise. The Idea of the Primitive Hut in Architectural History, (New York: Museum of Modern Art, 1972); David Watkin, Morality and Architecture: The Development of a Theme in Architectural History and Theory from the Gothic Revival to the Modern Movement, (Oxford: Clarendon Press, 1977).

32 Véase Théorie du nuage de Hubert Damisch, (Paris: Editions du Seuil, 1972); idem, The Origin of Perspective, trad. De John Goodman, (Cambridge: MIT Press, 1994), originalmente publicado como L'origine de la perspective, (Paris: Flammarion, 1988).

33 Véase Choay, The Rule and the Model; ídem, L'allegorie du patrimoine, (Paris: Editions du Seuil, 1992).



La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal