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UNIVERSIDAD DE CHILE

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y HUMANIDADES

DEPARTAMENTO DE LITERATURA

LA ILUSTRACIÓN EUROPEA: EL RACIONALISMO DE LAS LETRAS EN EL SIGLO XVIII

Utopías en la España del siglo XVIII: ‘Sinapia’ y el expansionismo holandés

Informe de Seminario de grado para optar al grado de Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica con mención en Literatura

ALUMNA:
Carolina Evelyn Varela Sepúlveda

PROFESOR GUÍA:
Dr. Rolando Carrasco Monsalve

SANTIAGO
Diciembre de 2007


A mis padres, Gabriela y Alejandro.
A Ramón Sepúlveda Parra, siempre una luz en mi camino.


"El ingenio desmesurado es el mayor tesoro del hombre..."
Luna Lovegood.

AGRADECIMIENTOS

En primer lugar, a mis padres, que permitieron que siguiera el camino de la literatura que yo escogí, y del cual nunca me he arrepentido. Gracias por darme la oportunidad de demostrarles que esto es lo que quiero para el resto de mi vida.

En segundo lugar, a mi profesor guía, Rolando Carrasco, por darme las herramientas necesarias para trazar mi camino en este año, e incentivar mi humilde trabajo desde el inicio.

En tercer lugar, a mis compañeros de Seminario de Grado, a Daniela, a Yuri, a Paulina y a Pablo, por compartir conmigo esta fructífera experiencia académica, sus conocimientos y su ayuda en un amplio sentido.

Sin todos ustedes no hubiera sido posible que yo llegase hasta este punto de mi carrera, y lograra llevar a cabo un proyecto tan importante como éste.

Muchas gracias.

RESUMEN


En el siguiente trabajo se dará a conocer la importancia de la utopía como género narrativo y político-ficcional dentro de la literatura de la Europa del siglo XVIII, centrándonos en la peculiar situación de la península Ibérica. Tanto el “género”, como el “modelo” y la “función” de la utopía serán analizados, con la finalidad de describir la utopía, establecer una crítica literaria, ejemplificar con obras representativas del periodo y plantear algunos problemas que rodean a la escritura de Sinapia: una utopía española del Siglo de las Luces, respecto del elemento “Abel Tasman” y el expansionismo holandés.

I. FORMULACIÓN DEL PROYECTO

(ESTA SECCIÓN DEBE CONTENER UNA EXPOSICIÓN GENERAL DEL PROBLEMA, DELIMITACIÓN DEL CORPUS DE INVESTIGACIÓN Y LOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DE LA PROPUESTA A DESARROLLAR).

Para dar inicio a esta tesis, hay que dejar en claro que a pesar de que el campo utópico ha sido a lo largo de la historia, un lugar al que muchos autores han acudido, cuando se trata del siglo XVIII la situación se vuelve peculiar. Referente al Siglo de las Luces, este tópico ha generado una abundante literatura, en la que nos encontramos con un universo literario de autores que han querido retratar su punto de vista de la sociedad perfecta, en contraposición a su tiempo. Estos últimos apelan a una tradición utópica, ya sea los clásicos Moro, Bacon, Campanella, etc., para dar más importancia y credibilidad a sus creaciones. Claro está que no siempre estas obras tienen un gran peso filosófico y literario y sólo se tratan de meras copias adaptadas, muy pobres en cuanto a contenido.

El siglo XVIII fue la edad de oro de la utopía, nos cuenta Raymond Trousson1. Este género poco frecuente hasta ese entonces, prolifera de manera espontánea y en abundancia. Tanto lectores como autores vieron su número crecer, ya que se estima que en algunos años del siglo, se publicaron hasta treinta de estos relatos. Nos enfrentamos de este modo a un siglo lleno de nuevas ideas sobre política, religión, educación, filosofía y formas de ver la realidad casi completamente distintas a cómo se las había abordado anteriormente.

Pero si hablamos de definiciones, el artículo de Juan Francisco Fuentes, en el “Diccionario Histórico de la Ilustración”, nos dice que debemos entender a la utopía como el “espacio imaginario en el que se ejemplifica el debate sobre la vigencia o corrupción de las virtudes individuales y colectivas, desde una óptica a menudo rigorista, proponiendo la introducción de nuevos usos y costumbres, o bien el desarrollo efectivo de las virtudes cristianas2. Esta definición apunta a la existencia de dos tendencias iniciales: tanto el restaurar los vínculos morales del antiguo orden social, los cuales se han visto degradados desde el siglo XVII; como la supresión y represión de la propiedad privada, lo que obstaculizaría en cierto modo el retorno a una sociedad primitiva.

A partir de esta preeliminar definición, otra perspectiva es aquella que considera la utopía como un género de crítica o que posee una función político-social, desarrollado a través de una novela. En este punto, la coexistencia de la función crítica y la imaginación literaria determina que la utopía se encuentre, desde sus orígenes, enmascarada en la ambivalencia: entre la proposición revolucionaria y la ironía escéptica del propio autor. En la literatura utópica se conjugan la crítica de lo existente con la propuesta de lo que debería existir, pero proyectando esta última en un tiempo ahistórico y en un lugar irreal (u-topos), de modo que la eficacia de la crítica queda pospuesta por la ensoñación poética que difiere permanentemente el cambio social. Para el siglo XVIII, la utopía es revolucionaria, tanto a partir de la misma Revolución Francesa, como del decaimiento de ciertas potencias, como en el caso de España. También se incluyen puntos de vista sobre la denuncia de la esclavitud, la reivindicación de la tolerancia religiosa, la añoranza por el viejo poder monárquico, la crítica a las costumbres, el retorno a la sociedad primitiva, etc.

Desde los inicios en que Moro escribiera su Utopía (1516), el término ha pasado a significar entre otras cosas, “el género que trata del gobierno ideal”. Hoy, según Stelio Cro3, podemos determinar a la utopía como una filosofía materialista, cuyo único propósito es destruir antes que construir. Si nos centramos más aún en la materia de nuestro análisis, en la utopía española hablamos de una concepción que Colón, Mártir, Bartolomé de las Casas, entre otros, poseían respecto del lugar feliz: ellos imaginaban este lugar donde los indios vivían como hombres en la Edad de Oro, en un paraíso terrenal y que habrían de ser corruptos por los europeos. Su ideal de hombre se basaba en el concepto del “buen salvaje”. En este sentido, Rousseau4 nos dice al respecto que la sociedad es profundamente injusta y hace perverso al hombre. La sociedad ha perdido la libertad y hace que la pierda el hombre que vive en ella; debido a la existencia de la división del trabajo y de la propiedad privada, que provocan el dominio del hombre por el hombre. En este contexto, un buen ejemplo se traduciría en que el “buen salvaje” es un ser utópico, que está predispuesto a aceptar el cristianismo.

La utopía española arranca de una experiencia vital, de un descubrimiento y de un reflejo en este nuevo mundo que los demás no experimentaron; de allí que se distinga de las demás por su carácter empírico. Al percibir la utopía como un ideal de reforma inspirado en la realidad del Nuevo Mundo, los españoles tuvieron un punto de referencia que otros no conocieron. Los demás pueblos, al desconocer la utopía empírica, crearon la utopía teórica. Las Crónicas de Indias nos revelan el encuentro entre los europeos “corruptos” y los “inocentes” habitantes del Nuevo Mundo.

De este escenario se distingue Sinapia, una “utopía española del Siglo de las Luces”, como se la describe en su título. Hacia 1975, el bibliotecario de la Fundación Universitaria Española, don Jorge Cejudo López, dio noticia de la existencia de una utopía española del siglo XVIII, en el catálogo que publicó en el mismo año. Se trataba de “Sinapia: Península en la Tierra austral.” El texto original de la Sinapia se encuentra entre los documentos pertenecientes a don Pedro Rodríguez de Campomanes, hoy depositados en la Fundación Universitaria Española. El legajo en cuestión consta de 10 cuadernillos escritos por ambas caras, con un total de 80 páginas. A pesar de que algunos la sitúan a finales del siglo XVII, la letra es del siglo XVIII. Este fue y será un verdadero descubrimiento, que no sólo enriquece los estudios sobre la utopía sino que vierte nuevas luces en el oscuro y tan desconocido mundo de las visiones políticas de aquellos días. Al respecto, Stelio Cro escribe lo siguiente: “El hecho que Sinapia es un anagrama de (H)ispania y Bireia de Iberia indica que el autor quiere ofrecer un remedio a la decadencia española, describiendo a un país en las antípodas de España desde el punto de vista geográfico, social, político, religioso y moral. Sinapia es una península que confina al Sur con los Lagos, anagrama de Galos y con los Merganos, anagrama de Germanos; franceses y alemanes constituyen las poblaciones al Norte de España. Sinapia tiene la misma configuración geográfica de España, mas, al ser su antípoda, tiene las montañas que corresponden a los Pirineos, al Sur. Esta península linda con el continente sudamericano, la tierra austral, y es habitada por malasios, peruanos, chinos y persas, llegados allí en oleadas sucesivas.5

La frugalidad, la sobriedad y la austeridad de los habitantes de Sinapia son elementos a destacar dentro de la misma obra, al igual que el hecho que descarten la violencia física como medio para conseguir la adhesión religiosa. Nada hallamos en la Descripción de la Sinapia que contradiga a un catolicismo profundo, su régimen educativo, el interés por la medicina naturalista, las curas hidroterápicas, el uso de las plantas, las mezclas naturales, la iatromecánica y la iatroquímica que practican los sinapienses, todo aquello es digno de destacar. Pero lo que nos reúne a analizar esta utopía es la posible relación que se haya formado a partir del elemento “Abel Tasman”, vinculado a la expansión holandesa. En el prólogo a Sinapia, el autor de esta última da a conocer que su relato se basa en los textos sobre la “Tierra Austral” que Tasman visitó: “No sé cómo me vinieron a las manos algunos apuntamientos que Abel Tasman había hecho en su viaje, traducidos, por algún curioso, de holandés en francés, en que se da noticia de cierta república que, por su antigüedad, justificación y suma diversidad de lo que por acá se practica, no me ha parecido indigna de la curiosidad de mis paisanos.”6

Tasman podría jactarse de ser el primer europeo que llegó junto a su expedición a la isla de Van Diemen, hoy conocida como Tasmania, y a Nueva Zelanda. Su trabajo fue investigar el territorio conocido como "Nueva Holanda", hoy Australia, de la que los holandeses habían descubierto la costa oeste y debían determinar si la zona pertenecía a las “Terra Australis” (De forma completa en latín: “Terra Australis Incognita” [Tierra desconocida del sur]). La VOC (Compañía Holandesa de Indias Orientales [En inglés: Verenigde Oostindische Compagnie]) esperaba que Tasman pudiera localizar un nuevo e inexplorado continente con fines comerciales.

Debido a que los relatos de Tasman no se encuentran a nuestra disposición, para un análisis concreto y comparativo, tomaremos como referencia un texto del Barón de Bouganville que hace mención a “Batavia” en el texto América en los grandes viajes7 donde podemos apreciar una descripción de esta tierra que hoy corresponde a Yakarta, lugar de partida en las expediciones de Tasman. Con ello se pretende establecer si existe una relación entre Sinapia y las tierras visitadas por este holandés.

El haber tomado la figura de Tasman y el relato de su búsqueda de la Tierra Australis, dejan a Sinapia como un modelo utópico poco común para el canon español de aquel entonces, lo que nos llevaría a pensar que el objetivo final de su autor era transformar a España en la potencia que alguna vez fue, asemejándola a sus enemigos, como en este caso Holanda, quienes incluso desprendieron rumores de su mal gobierno en América a partir del texto Lascasiano8 y que derivó a la conocida “Leyenda Negra.” De aquí desprendo yo mi hipótesis, que se menciona a continuación; lo rescatable de ella, es que el único crítico reconocido que ha hablado sobre Sinapia opina que la obra está situada geográficamente al final de Sudamérica, y de alguna manera, la obra sólo se basaría en la misma España, al tratarse el título de un anagrama. Tomados estos antecedentes y unidos a los que recientemente se expusieron, se podría decir que el punto de vista cambia y ya no se trata sólo de una simple crítica al gobierno de ese entonces en tono constructivista, si no a algo más elaborado y que involucraría elementos muy particulares.

II. HIPOTESIS DE TRABAJO

Según lo estudiado y averiguado en este proyecto se pretende comprobar que, en primer término, la utopía en España posee rasgos muy particulares en cuanto a “género”, “función” y “modelo”, respecto de la realidad de las otras potencias europeas, y que su carácter ficcional va a favor de crear una mejor sociedad. Sin embargo, este cambio que se pretende dar a conocer no se encontraría reflejado en América, lugar que sirve de modelo social para una gran parte de las utopías empíricas del siglo XVIII, sobretodo en España. Sino que a partir del referente que se hace en nuestro objeto de estudio, Sinapia: una utopía española del Siglo de las Luces, que tiene relación con los viajes de Abel Tasman, se podría afirmar que el autor de dicha utopía no quiso poner como referente al nuevo mundo, sino que toma como modelo a Holanda y sus colonias orientales para dejar la decadencia del gobierno y la sociedad española y de paso, mejorar la imagen frente al mundo de esos años.

III. OBJETIVOS

GENERALES

1. Definir el concepto de utopía durante el periodo de Ilustración europea en el siglo XVIII. Enfocar e inscribir este concepto en la llamada Ilustración periférica española del mismo siglo y cotejarla con el resto de Europa.

ESPECÍFICOS

2. Determinar la relación entre la utopía española en base al texto Sinapia de fines del siglo XVII y siglo XVIII y la expansión holandesa en Asia, a través de la Compañía de las Indias Orientales, presente en el supuesto relato de Abel Tasman y en la descripción de Louis-Antoine de Bouganville, referentes a Batavia.

IV. METODOLOGÍA

Para el siguiente trabajo, se necesita primero recoger la información necesaria, ya sea que hable de conceptos, de historia, sobre el autor o la obra, etc., lo que fue realizado en un primer momento de la investigación. Cabe destacar que se consultó mucha bibliografía, pero sólo se seleccionaron aquellos textos que contenían material de suma importancia, como los descritos en la bibliografía posteriormente expuesta.

Después de dos presentaciones previas sobre campo temático escogido y marco teórico del mismo, se procedió a redactar este informe, para su pronta evaluación.

Con el material recogido, se procederá al análisis de cada uno de estos, ya en profundidad y acotando las relaciones que pudieren presentarse entre algunos de ellos, para así dar peso a la base que sustenta nuestra tesis. Lo que se pretende a continuación es redactar de mejor manera la introducción y el primer capítulo de la tesis, que será construida en base a los reportes anteriores.

Posteriormente abordaremos el concepto de utopía desde la concepción que se tiene en el siglo XVIII y veremos su desarrollo como género político-ficcional, sin dejar de lado tampoco la función y el modelo utópico; para determinar así el carácter que posee este género en la obra antes especificada e insertarla en su debido contexto. A partir de ello, se intentará abordar el tema de los viajes de Abel Tasman y la sociedad emergente que crearon en las Indias Orientales. Tanto desde el punto de vista histórico como literario, que en este caso, es el que nos interesa más, se pretenderá analizar la situación vivida por España en ese entonces, relacionarla con los aspectos fundamentales de la obra a estudiar, Sinapia en este caso, y llevar a cabo las conjeturas principales que se están haciendo desde ahora, tratando de responderlas con toda certeza. Así nuestra tesis quedará concluida y podremos dar un nuevo enfoque literario a esta desconocida por muchos, historia sobre los sinapienses.

V. DISCUSIÓN BIBLIOGRÁFICA

(DISTINGUIR LAS FUENTES PRIMARIAS Y SECUNDARIAS DEL PROYECTO) Agregar más páginas si es necesario.

Para un primer acercamiento sobre el tema se recurrió a los textos de Juan Francisco Fuentes, el cual pertenece al gran conglomerado de autores recopilados en el Diccionario Histórico de la Ilustración, describe a grandes rasgos el fenómeno de la novela utópica y los viajes a mundos imaginarios durante el siglo, rescatando a varios autores de distinta nacionalidad europea que se sirven de este tópico. Un punto importante que destacar dentro de su análisis lo hace a partir de la relación utopía-Siglo de las Luces, en el cual Fuentes deja en claro que “…la relación entre Luces y utopía es, por tanto, más ambigua y compleja de lo que se asemeja a simple vista, y no puede reducirse a la yuxtaposición de posturas nítidas a favor o en contra. Ni las utopías literarias representan forzosamente el horizonte emancipador de la cultura dieciochesca –a veces, como se ha visto, vienen a ser más bien su negación-, ni el Siglo de las Luces renuncia a ejercer una verdadera imaginación utópica, aunque ésta discurra a menudo por conductos inesperados.”9 Su lectura es bastante objetiva y sólo se limita a describirla tal como se presenta en aquel periodo. Así también lo es el artículo del doctor en Filosofía y Letras, Raymond Trousson, quien explica, como habíamos remarcado antes, que el siglo XVIII es la edad de oro de la utopía. En su estudio10, el cual abarca el término desde sus inicios hasta la época moderna, Trousson analiza todas las vertientes de este registro, desde las llamadas farsas utópicas, obras literarias destinadas a renovar la alegoría moral hasta las modas, como Holberg, Paltock, Béthune, Roumier-Robert, Ligne, Casanove, Marivaux y Desfontaines. En cuanto a su postulado sobre la gran afinidad que el Siglo de las Luces tenía con la utopía, el autor dice al respecto: “…Así, pues, la utopía era una moda –y atractiva-, en el siglo XVIII. Todos cedían, más o menos, a ella. Alguien que se negó a componer una novela utópica no iba a resistir la tentación de deslizar al menos un fragmento utópico en su novela.”11

Por último, y en cuanto a contexto general del Siglo de las Luces, Jean Servier se hace presente dentro de esta discusión bibliográfica. En su obra, una de las primeras apreciaciones sobre los tiempos que se viven en dicha época se centran en las estructuras económicas, las cuales “…ya no controlan ni satisfacen el creciente consumo que provocan nuevas necesidades, mientras se derrumban las viejas estructuras sociales y las antiguas prohibiciones bajo la presión de ideas nuevas. Una verdadera crisis espiritual enjuicia a los valores tradicionales.”12 El autor analiza los diferentes tipos de utopías que se manifiestan en la época, desde aquellas que evocan imágenes del pasado, como la de Swift: “Como muchos utopistas, Swift halla la sabiduría en la imagen tranquilizadora del pasado. Los gigantes que moran en la isla de Brobdingnag son los descendientes –aunque degenerados- de los que poblaron la tierra en los orígenes de la humanidad.”13

Para nuestro siguiente ítem, es decir, para volcarnos a la discusión sobre el marco teórico de la utopía, tenemos como autor a Ernst Bloch, quien en su obra “El principio esperanza”, se identifica con el concepto de utopía social, que deriva del modelo de Moro. Según el autor, Moro no es el creador del concepto mismo, sino sólo del término, que este concepto posee un significado mucho más amplio de lo que el mismo Moro pretende mostrar. Se trataría de la síntesis de las utopías sociales sumada a las fantasías políticas, con lo que se produce de algún modo un sentido "corriente, justificadamente peyorativo de la categoría de lo utópico". Esto oculta el verdadero sentido que Bloch quiere darle al concepto: la utopía debe ser entendida como una función, la cual posee a su vez diversas formas: el concepto de lo todavía-no y de la intención conformadora no encontrarían su desarrollo exhaustivo en las utopías sociales, ya que no coincide casi en absoluto con las fantasías políticas que en ella se plantean.

La función utópica, según Bloch, se da en la utopía abstracta, sin una referencia a lo posible-real y sin la existencia de un sujeto en ella, pero sólo alcanza su valor en la utopía concreta. De esta manera se recupera el contenido correcto de utopía, que según Neusüss, estriba su esencia en la utopía dialéctica y concreta, mejor expresada según él en el Marxismo. La función utópica es entendida como la actividad inteligida del presentimiento de la esperanza. Este acto de esperanza constata una función utópica positiva. El contenido histórico de la esperanza, representado primeramente en imágenes, indagado enciclopédicamente en juicios reales, es la cultura humana referida a un horizonte utópico concreto.

Por otro lado, Karl Mannheim introduce en su obra “Ideología y utopía” el concepto utopía dentro de la sociología del conocimiento. Lo más destacable de su punto de vista, es que él no considera a la utopía como lo irrealizable de forma absoluta, sino sólo desde un orden social específico, contrario a lo que ella plantea, lo que no puede realizarse en unas determinadas coordenadas. En el caso de proponerse una utopía que se adecue a la realidad, no se estaría huyendo de ella ni proponiendo como imposible. Para Mannheim, la utopía tiene una doble función: por un lado cuestionar radicalmente la realidad existente (función iconoclasta) y por otro proponer una alternativa a la misma (función constructiva).

A partir de Marx, y del crecimiento del humanismo, la utopía adquiere verdadero sentido. En la función utópica existe un sujeto, sumamente necesario para que la esperanza exista. El factor subjetivo sólo ha sido correctamente aprehendido por el socialismo como conciencia de clase proletaria. En cuanto que tal, es expresión de una reacción contra lo que no debiera ser y alcanza en el socialismo la mediación con el factor objetivo de tendencia real, de lo posible-real. Es el materialismo dialéctico quien recoge la herencia de Hegel y la lleva hasta más allá de sus límites: sujeto y objeto son conceptos reflexivos recíprocos, de suerte que tienen sentido sólo referidos uno al otro y no aisladamente fijados. La influencia recíproca del factor subjetivo y del factor objetivo permite superar tanto el activismo golpista que surge de ignorar las leyes objetivas, dice Bloch, como el automatismo socialdemócrata. En cuanto a Paul Tilich, quien se encarga del modelo utópico en sí, habla sobre el carácter dialéctico y paradójico de la utopía, es decir, que presenta una doble faz. Su doble faz se ve demostrada en una primera pareja: la verdad y la no-verdad. La verdad expresa el fin propio de la existencia humana (vivir la vida con sentido), mientras que la No-verdad se olvida que el ser humano vive un extrañamiento radical de sí mismo. Por otro lado, la paradoja entre Fecundidad y Esterilidad, donde la fecundidad abre nuevas posibilidades dónde todo parece estar cerrado. Anticipa la realización humana. Y la esterilidad por su parte presenta como posibilidades reales lo que no es posible en el tiempo. Una tercera paradoja se da entre el Poder y la Impotencia, ya que el poder es capaz de mutar lo fático, lo inmutable y la impotencia en cuanto a la no-verdad y a su esterilidad conducen al desencanto.

Otra modalidad de la dialéctica en cuestión es el lugar-del no lugar (ou-topos = no lugar) de la utopía. Cabe reparar al respecto en la contradicción que comporta el bello aforismo de Oscar Wilde: “Un mapa del mundo que no contemple el lugar de la utopía no merece la pena echarle un vistazo”. Sin embargo, es posible que no haya tal contradicción si se tiene en cuenta que la u de utopía no sea una contracción de la negación griega, sino del término, también griego, eu. En cuyo caso, el verdadero significado de utopía ya no sería lugar inexistente o puramente imaginario, sino “buen lugar”, “lugar feliz”.

En cuanto al texto mismo y su crítica, nos hacemos cargo de lo planteado por Stelio Cro, quien se destaca por ser uno de pocos que ha dedicado un estudio sobre Sinapia. En sus tres artículos (“La Utopía en España: Sinapia”. El mito de la ciudad ideal en España: Sinapia.”, “La utopía de las dos orillas (1453-1793)”), Cro analiza los elementos claves de la obra, desde un punto de vista peninsular que inscribe a esta utopía dentro de un canon ya conocido. Analizará punto por punto los ítems mas destacables en Sinapia, lo que nos servirá de base para detallar el problema fundamental de nuestra tesis.

Sobre el libro de John H. Parry, lo central se da en el capítulo X, el cual nos interesa porque habla sobre la llamada expansión holandesa a las Indias Orientales, y que directa o indirectamente detonaría esta respuesta de parte del autor de Sinapia, basado en la magnánima empresa que los holandeses llevaron a cabo. Este capítulo nos permitirá contextualizar la situación histórica de la época, cómo lo hace también la obra de John Lynch, quien describe la situación de la España del siglo XVIII y sus antecedentes, lo que nos sitúa en la otra orilla del paisaje.




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