Departamento de literatura



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INTRODUCCIÓN


La idea de esta tesina surgió cuando cayó en mis manos el texto de Montesquieu, Cartas Persas (1721), como parte del programa de este curso. En ellas, aparece la “Fábula de los trogloditas”, un relato que posee ciertas características utópicas, ya que nos habla de un pueblo compuesto sólo de personas malas, entregadas a su autarquía selvática, a las que una epidemia obliga a contratar a un médico; como los trogloditas son muy malos, una vez curados incumplen su compromiso y niegan a su salvador el pago de sus servicios. Por eso, cuando la epidemia, años más tarde, se repite, ningún médico quiere acudir a la aldea de los trogloditas, cuya población sucumbe así a la enfermedad… todos con excepción de una pareja, casualmente los dos únicos hombres buenos de la comunidad. La pareja de buenos se reproduce y tiene sólo hijos buenos a su vez, que les dan nietos también buenos, de manera que al cabo de algunas décadas el pueblo de los trogloditas está compuesto únicamente de hombres buenos, como antes estaba sólo compuesto de hombres malos; y son tan buenos que, al igual que cuando eran malos, no necesitan ni leyes ni instituciones ni gobierno: la virtud general asegura el cumplimiento de las promesas, el respeto recíproco de la libertad y la igualdad y seguridad de todos con independencia de sus diferencias naturales. Pero el tiempo pasa, la población crece y de pronto los trogloditas sienten la necesidad de acudir al más viejo y sabio de la tribu para que les dé leyes que les obliguen a hacer aquello que hasta ahora vienen haciendo por propia voluntad.

Así nace mi curiosidad por la utopía, y más exactamente, por la utopía española del Siglo de las Luces. A juicio de Juan Francisco Fuentes, la utopía14 es el “espacio imaginario en el que se ejemplifica el debate sobre la vigencia o corrupción de las virtudes individuales y colectivas, desde una óptica a menudo rigorista, proponiendo la introducción de nuevos usos y costumbres, o bien el desarrollo efectivo de las virtudes cristianas.” (Fuentes 131) El siglo XVIII es un gran compilado de ideas sobre la realidad social que debe ser modificada debido a la disconformidad inherente del ser humano. A pesar de que el campo utópico ha sido a lo largo de la historia, un lugar al que muchos autores han acudido, cuando hablamos del Siglo de las Luces, el panorama se ve distinto. Referente a este siglo, el tópico ha generado una abundante literatura, y un claro interés por reformular el orden social, político o económico establecido. El siglo XVIII es el siglo de las revoluciones, de los grandes cambios, como en ciencia y tecnología, donde se destaca el inicio del industrialismo y la hegemonía de Gran Bretaña dada su seguridad política, la potencia de su industria y la primacía de su flota que aseguraban la posición británica de primer Estado de la Tierra; guerras y política, entre las cuales es importante señalar las guerras de sucesión de España (1700-1714), Polonia (1733-1735), y la Austriaca (1740-1748)15; los desastres naturales, como el de Lisboa (Portugal) en 1755; el nacimiento de nuevas tendencias artísticas como el Rococó, el Neoclasicismo y el Prerromanticismo; la cultura, donde la ilustración y el enciclopedismo muestran su confianza en la razón y la idea de progreso, y el deseo de reorganizar la sociedad a través de ellas. A lo largo de esta tesina, nos daremos cuenta de la importancia de la utopía, la cual se inscribe como un campo interesante de abordar y la contrastaremos con un modelo contrario, pero que sin duda puede incluirse en el mismo contexto: la antitopía, que según Miguel Avilés Fernández no se trataría de un no-lugar, sino de una sociedad perfecta basada en un lugar existente. Los lectores de la época querían ver retratadas sus esperanzas de una sociedad mejor en aquellos escritos que dejaran la realidad a un lado y prometieran un futuro esperanzador. Por ello se hablará pronto del siglo de oro de la utopía; el que no sólo estará lleno de estas ideas, sino de buenas nuevas sobre política, religión, educación, filosofía y formas de ver la realidad casi completamente distintas a cómo se las había abordado anteriormente.

Nos dedicaremos especialmente al terreno de lo formal y lo crítico del concepto en sí, es decir de aquello que concierne a la misma utopía, a Sinapia, en su origen, concepto, estructura y organización, y a la vez, a los espacios críticos que se han creado desde que se descubriera en 1975, para hablar desde un punto de vista inicial propio de nuestro estudio, y que nos llevará a destacar a muchos autores que se esforzaron en darnos una clara definición del término y el contexto de la época. En el contexto de estas definiciones no será raro darnos cuenta que existe una amplia variedad de las mismas, tanto por lo que abarca el concepto como por las diferentes posturas respecto al tema.

Partiendo de las preeliminares definiciones, es necesario tener en cuenta otra perspectiva que considera la utopía como un género de crítica o que posee una función político-social, desarrollado a través de un relato utópico del siglo XVIII en España como Sinapia. En este punto, la coexistencia de la función crítica y la imaginación literaria determina que la utopía se encuentre, desde sus orígenes, enmascarada en la ambivalencia: entre la proposición revolucionaria y la ironía escéptica del propio autor. En la literatura utópica se conjugan la crítica de lo existente con la propuesta de lo que debería existir, pero proyectando esta última en un tiempo a-histórico y en un lugar irreal (u-topos), de modo que la eficacia de la crítica queda pospuesta por la ensoñación poética que difiere permanentemente el cambio social.

En el siglo XVIII el asunto obtiene un cariz de gran aceptación y revolucionario a la vez, donde las potencias, como Gran Bretaña, Holanda, Portugal, Francia y España, entre las principales, se juegan el todo por el todo para darles a sus ciudadanos un mayor bienestar económico y moral; y por el contrario, otras sufrieron un grave decaimiento, como en el caso de España. En la utopía del XVIII se incluye la crítica y reforma sobre la denuncia de la esclavitud, la reivindicación de la tolerancia religiosa, la añoranza por el viejo poder monárquico, la crítica a las costumbres, el retorno a la sociedad primitiva, etc.

Hoy, según Stelio Cro (1980), podemos determinar a la utopía como una filosofía materialista, cuyo único propósito es destruir antes que construir. Uno de los puntos centrales en esta tesis será la utopía española. Concepción que muchos como Cristóbal Colón, Pedro Mártir de Anglería, Fr. Bartolomé de las Casas, entre otros, poseían respecto del lugar feliz: ellos imaginaban este lugar donde los indios vivían como hombres en la Edad de Oro, en un paraíso terrenal y que habrían de ser corrompidos por los europeos. Su ideal de hombre se basaba en el concepto del “buen salvaje”, tópico que se repite en varios sub-géneros literarios de la época.

Esto, debido a que se considera que la sociedad es profundamente injusta y hace perverso al hombre. La sociedad ha perdido la libertad y hace que la pierda el hombre que vive en ella; debido a la existencia de la división del trabajo y de la propiedad privada, que provocan el dominio del hombre por el hombre. En este contexto, un buen ejemplo se traduciría en que el “buen salvaje” es una concepción utópica, que está predispuesto a aceptar el cristianismo.

Por este lado, la utopía española arranca de una experiencia vital, de un descubrimiento y de un reflejo en este nuevo mundo que los demás no experimentaron; la utopía ibérica se distingue del resto por su carácter empírico, por reflejarse en la realidad y no en sueños de antaño o ciudades míticas como es común leer. Al percibir la utopía como un ideal de reforma inspirado en la realidad del Nuevo Mundo, los españoles tuvieron un punto de referencia que otros no conocieron, a partir de las referencias de Américo Vespucio sobre esta nueva tierra: América. Una de esas pruebas empíricas son “Las Crónicas de Indias”, en donde se revela el encuentro entre los europeos “corruptos” y los “inocentes” habitantes del Nuevo Mundo. Al respecto, otro punto de análisis en este sentido, puede verificarse en la obra de Vasco de Quiroga, Sermones, reglas y ordenanzas para el gobierno de los Hospitales de Santa Fe (Siglo XVI), a quien se le compara con Moro, tomando en cuenta que sirve de base para toda la obra de Quiroga, ya que este último organiza y da vida a las ordenanzas tomando como referencia a Moro y queriendo así dar soluciones en la problemática indiana de América.

Según Stelio Cro, de este escenario se distingue Sinapia, una “utopía española del Siglo de las Luces”, la cual se convertirá en nuestro principal objeto de estudio y análisis. El texto original de la Sinapia se encuentra entre los documentos pertenecientes a don Pedro Rodríguez de Campomanes, hoy depositados en la Fundación Universitaria Española, pero no se sabe con exactitud a quién podría atribuírsele la autoría. El legajo en cuestión consta de 10 cuadernillos escritos por ambas caras, con un total de 80 páginas. A pesar de que algunos la sitúan a finales del siglo XVII, la letra es del siglo XVIII. Este fue y será un verdadero descubrimiento, que no sólo enriquece los estudios sobre la utopía, sino que vierte nuevas luces en el oscuro y tan desconocido mundo de las visiones políticas de aquellos días. Al respecto, Stelio Cro escribe lo siguiente:

El hecho que Sinapia es un anagrama de (H)ispania y Bireia de Iberia indica que el autor quiere ofrecer un remedio a la decadencia española, describiendo a un país en las antípodas de España desde el punto de vista geográfico, social, político, religioso y moral. Sinapia es una península que confina al Sur con los Lagos, anagrama de Galos y con los Merganos, anagrama de Germanos; franceses y alemanes constituyen las poblaciones al Norte de España. Sinapia tiene la misma configuración geográfica de España, mas, al ser su antípoda, tiene las montañas que corresponden a los Pirineos, al Sur. Esta península linda con el continente sudamericano, la tierra austral, y es habitada por malasios, peruanos, chinos y persas, llegados allí en oleadas sucesivas. (Cro 1)

En la introducción que plantea el autor de Sinapia en su obra, se menciona a varios exploradores holandeses, como Pedro de Nuits, Jacobo Carpintero, entre otros y desde los cuales destaca Abel Tasman, a quien se le atribuye la redacción de su descubrimiento. En dicho prólogo, el autor de esta última da a conocer que su relato se basa en los textos sobre la “Tierra Austral” que Tasman visitó:

No sé cómo me vinieron a las manos algunos apuntamientos que Abel Tasman había hecho en su viaje, traducidos, por algún curioso, de holandés en francés, en que se da noticia de cierta república que, por su antigüedad, justificación y suma diversidad de lo que por acá se practica, no me ha parecido indigna de la curiosidad de mis paisanos. (Anónimo 69)

Tasman podría jactarse de ser el primer europeo que llegó junto a su expedición a la isla de Van Diemen, hoy conocida como Tasmania, y a Nueva Zelanda. Su trabajo fue investigar el territorio conocido como "Nueva Holanda", hoy Australia, de la que los holandeses habían descubierto la costa oeste y debían determinar si la zona pertenecía a las “Terra Australis” (De forma completa en latín: “Terra Australis Incognita” [Tierra desconocida del sur]). La VOC (Compañía Holandesa de Indias Orientales [En inglés: Verenigde Oostindische Compagnie]) esperaba que Tasman pudiera localizar un nuevo e inexplorado continente con fines comerciales.

Lo que llama nuestra atención es la inclusión de Holanda y sus colonias a través de los exploradores mencionados en el prólogo, en el texto sinapiense. Llama la atención porque hasta ahora sólo se había tomado como referencia de construcción de esta utopía ilustrada a América y a la misma España. En este aspecto, la figura de Abel Tasman y de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales será fundamental en el desarrollo de nuestra tesina. Debido a que los relatos de Tasman no se encuentran a nuestra disposición, para un análisis concreto y comparativo, tomaremos como referencia un texto del Barón de Bouganville que hace mención a “Batavia” en el texto América en los grandes viajes (1957) donde podemos apreciar una descripción de esta tierra que hoy corresponde a Yakarta, lugar de partida en las expediciones de Tasman. Con ello se pretende establecer si existe una relación entre Sinapia y las tierras visitadas por este holandés.

El haber tomado la figura de Tasman y el relato de su búsqueda de la Tierra Australis, dejan a Sinapia como un modelo utópico poco común para el canon español de aquel entonces, lo que nos llevaría a pensar que el objetivo final de su autor era transformar a España en la potencia que alguna vez fue, asemejándola a sus enemigos, como en este caso Holanda, quienes incluso desprendieron rumores de su mal gobierno en América a partir del texto Lascasiano y que derivó a la conocida “Leyenda Negra.” De aquí desprendo yo mi hipótesis, que se menciona a continuación; lo rescatable de ella, es que el único crítico reconocido que ha hablado sobre Sinapia opina que la obra está situada geográficamente al final de Sudamérica, y de alguna manera, la obra sólo se basaría en la misma España, al tratarse el título de un anagrama. Tomados estos antecedentes y unidos a los que recientemente se expusieron, se podría decir que el punto de vista cambia y ya no se trata sólo de una simple crítica al gobierno de ese entonces en tono constructivista, sino a algo más elaborado y que involucraría elementos muy particulares.

Los objetivos para esta tesis, a partir de los estudios que aquí se considerarán, son los siguientes: En primer lugar se pretende definir el concepto de utopía durante el periodo de Ilustración europea en el siglo XVIII. Así también enfocar e inscribir este concepto en la llamada Ilustración periférica española del mismo siglo y cotejarla con el resto de Europa. Más específicamente, ahondaremos en determinar la relación entre la utopía española en base al texto Sinapia de fines del siglo XVII y comienzos del XVIII y la expansión holandesa en Asia, a través de la Compañía de las Indias Orientales, presente en el supuesto relato de Abel Tasman y en la descripción de Louis-Antoine de Bouganville, referentes a Batavia. En este mismo contexto, nuestra hipótesis se centra en el siguiente problema: ¿De qué modo los relatos holandeses de fines del siglo XVII y comienzos del XVIII habrían sido decepcionados en el imaginario utópico español? De que la inclusión de Abel Tasman y otros viajeros holandeses no fue casual, estamos casi seguros, y es nuestro trabajo descubrir mediante esta tesina, que existe un referente de Sinapia completamente distinto al que autores anteriores han puesto sobre la mesa, y que posee la misma o inclusive más importancia que ellos.





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