Departamento de literatura


EL COLONIALISMO DE LAS GRANDES POTENCIAS: GRAN BRETAÑA, ESPAÑA Y HOLANDA



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4. EL COLONIALISMO DE LAS GRANDES POTENCIAS: GRAN BRETAÑA, ESPAÑA Y HOLANDA.


Con el objeto de dar una mayor claridad acerca de la situación colonizadora de estas tres potencias europeas durante los siglos XVII y XVIII, expondremos una descripción acabada de cada una de ellas. De esta manera, podremos poner en contexto las posibles aspiraciones de España, respecto de sus vecinos.

Es así como plantearemos, en primer lugar, la situación de Gran Bretaña, gran superpotencia de aquellos años, la cual comenzara su extensión e imperio en el siglo XV, abarcando territorios en los cinco continentes.


4.1 Gran Bretaña.


El Imperio británico de ultramar —en el sentido de la exploración y los asentamientos británicos a lo largo y ancho de los océanos fuera de Europa y las Islas Británicas— comienza a partir de la política marítima del Rey Enrique VII, que reinó entre 1485 y 1509. Iniciando líneas comerciales para el comercio de la lana. Enrique VII estableció un moderno sistema para la marina mercante británica, que contribuyó al crecimiento de los astilleros y la navegación de la isla. La marina mercante aportó las bases para instituciones mercantiles que desempeñarían un importante papel en la aventura imperial posterior, como las compañías: Massachusetts Bay Company o la British East India Company. Enrique VII ordenó también la construcción del primer dique seco en Portsmouth, y mejoró notablemente la pequeña Marina Real (Royal Navy).

Los cimientos del poder marítimo de Inglaterra, que fueron establecidos durante el reinado de Enrique VII, se ampliaron gradualmente para proteger los intereses comerciales ingleses y para abrir nuevas rutas. El rey Enrique VIII fundó la moderna Marina inglesa, triplicando el número de barcos de guerra que la componían y construyendo los primeros bajeles con armamento pesado de largo alcance. Comenzó la construcción de su Marina a través del aparato administrativo centralizado del reino. Además hizo construir muelles y faros que facilitaban la navegación costera. Enrique VII creó la Royal Navy que fue capaz de impedir la invasión de la Armada Invencible en 1588, cuyas innovaciones fueron la base del dominio marítimo de Inglaterra durante los siguientes siglos.

Durante el reinado de la reina Isabel I, entre 1577 y 1590, Sir Francis Drake dio la vuelta al mundo, y fue el segundo hombre en conseguirlo, tras la expedición de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano. En 1579, Drake atracó en algún lugar del norte de California y reclamó para la Corona lo que llamó Nova Albion ("Nueva Inglaterra"), aunque su reivindicación no fue seguida de ningún asentamiento. Los siguientes mapas situaron Nova Albion al norte de la Nueva España. En consecuencia, los intereses de Inglaterra fuera de Europa aumentaron considerablemente. Humphrey Gilbert siguió el curso de Cabot cuando partió hacia Terranova en 1583 y la declaró colonia británica el 5 de agosto en San Juan. Sir Walter Raleigh organizó la primera colonia de Virginia en 1587, en el lugar llamado Roanoke. Tanto el asentamiento de Gilbert en Terranova como la colonia de Roanoke duraron poco tiempo, y tuvieron que ser abandonados debido a la escasez de alimentos, el duro clima, los naufragios y los encuentros con tribus indígenas hostiles.

El Imperio británico comenzó a tomar forma a principios del siglo XVII, mediante el establecimiento por parte de Inglaterra de las 13 colonias de Norteamérica, que fueron el origen de los Estados Unidos así como de las provincias marítimas de Canadá. También se produjo la colonización de pequeñas islas en el mar Caribe como Jamaica y Barbados.

Las colonias productoras de azúcar del Caribe, donde la esclavitud se convirtió en la base de la economía, eran las colonias más importantes y lucrativas para Inglaterra. Las colonias americanas producían tabaco, algodón, y arroz en el sur y material naval y pieles de animales en el norte.

Para esas fechas, la política de Jacobo I hacia España, principal colonizador en América, fue de conciliación. Tal como indica John Parry, […] No había, desde luego, esperanza alguna de inducir al gobierno español a aprobar el comercio regular de las regiones ocupadas de América” (Parry 143). Así que la idea de Gran Bretaña fue de apoderarse de todos los territorios no habitados de América, colonizarlos, extraer la plata, cortar la madera y plantar caña de azúcar para sí mismos. Esto, debido a que para esa época, es decir, principios del siglo XVII, nadie se atrevía a enfrentarse a España. En todos estos territorios deshabitados, los ingleses se apropiaron de tierras y formaron familia, casi sin mezclarse con los indígenas del lugar.

[…] Casi todas las colonias inglesas fueron erigidas en regiones donde o no había población indígena, o sólo una población diseminada y primitiva, suficiente para ser peligrosa, pero demasiado salvaje para ser empleada como mano de obra. […] Los españoles se habían apoderado de la mayoría de los territorios donde existía mano de obra indígena dócil. (Parry 144)

La razón principal de la colonización inglesa es de corte social, dada la carencia de trabajo de la Inglaterra de Jacobo I, y de una sobrepoblación de sus ciudades, en especial Londres. Sin embargo, las razones económicas no distan en importancia.

Las colonias enriquecían a los inversionistas y al reino en general, produciendo artículos que tenían demanda en Europa; enriquecían a la Corona por medio de los derechos de aduana; y enriquecían a los comerciantes e industriales de Inglaterra por servir como mercados para los productos ingleses. (Parry 147)

Sin embargo, es destacable el optimismo con que estos colonizadores veían la realidad americana, donde siempre existió la suposición de que América producía todo tipo de riquezas, como metales preciosos. En muchos aspectos la realidad americana distaba mucho del ideal mercantilista. Siglos más tarde, Inglaterra intentaría dominar la zona del Río de la Plata, a través de 2 intentos de conquista, denominados "Invasiones Inglesas16". El primer intento de invasión se realizó en el año 1806 y el segundo en el año 1807, realizándose un desembarco en la Ciudad de Buenos Aires, en ambos años. Ambos intentos fueron rechazados en forma exitosa.


4.2 España.


La colonización española se inicia algunos años después de los primeros descubrimientos en el continente. Durante los siglos XVI y XVII, España se convierte en la primera potencia mundial, sólo compitiendo directamente con Portugal. Castilla estaba en la vanguardia de la exploración europea y por la apertura de rutas de comercio a través de los océanos (en el Atlántico entre España y las Indias, y en el Pacífico entre Asia Oriental y México, vía Filipinas).

Los conquistadores españoles descubrieron y dominaron vastos territorios pertenecientes a diferentes culturas en América y otros territorios de Asia, África y Oceanía. España, principalmente el reino de Castilla, se expandió y colonizó esas tierras, dando paso a la construcción del mayor imperio económico del mundo de entonces. Entre la incorporación del Imperio Portugués en 1580 (perdido en 1640) y la pérdida de las colonias americanas en el siglo XIX, fue uno de los imperios más grandes por territorio, a pesar de haber sufrido bancarrotas y derrotas militares a partir de la segunda mitad del siglo XVII.

Paralelamente, la política matrimonial de los reyes permitió su unión con la Corona de Aragón, primero, y con Borgoña y, temporalmente, Austria después. De estas experiencias, la corona española heredó numerosos territorios en Europa, donde se hizo una de las principales potencias.

España dominaba los océanos gracias a su experimentada Armada, temida por muchos, ya que sus soldados eran los mejor entrenados y su infantería la mejor de todas. El Imperio Español tuvo su Edad de Oro entre el siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, tanto militar como culturalmente.

La dominación española sostiene sus razones de conquista en la fe. Al respecto, Parry nos indica lo siguiente: “Finalmente, los españoles tenían la ventaja de su truculenta fe misionera: el indio pensaba que su religión le exigía pelear y, si era necesario, morir valientemente; el español creía que su religión le hacía capaz de ganar” (Parry 83)

Este vasto y disperso imperio estuvo en constante disputa con potencias rivales por causas territoriales, comerciales o religiosas. En el Mediterráneo con el Imperio Otomano; en Europa, con Francia, que tenía un poder semejante; en América, inicialmente con Portugal y más tarde con Inglaterra, y una vez que los holandeses lograron su independencia, también contra estos.

Las luchas constantes con otras potencias emergentes de Europa, a menudo simultáneamente, durante largos períodos y basadas tanto en diferencias religiosas como políticas, con la pérdida paulatina de territorios, difícilmente defendibles por su dispersión, contribuyeron al lento declive del poder español. Entre 1648 y 1659, las paces de Westfalia y los Pirineos ratificaron el ocaso de España como superpotencia. Este declive culminó, en lo que respecta al dominio sobre territorios europeos, con la Paz de Utrecht (1713): España renunciaba a sus territorios en Italia y en los Países Bajos, perdía la hegemonía de su poder y se convertía en una nación de segundo orden en la política europea.

Sin embargo, España mantuvo su extenso imperio de ultramar, acosado por el expansionismo británico, francés y holandés, manteniéndose como una potencia de segundo orden hasta que sucesivas revoluciones le desposeyeron de sus territorios en el continente americano a principios del siglo XIX.

No obstante, los españoles todavía mantuvieron importantes fracciones de su imperio en América, principalmente Cuba y Puerto Rico, aunque también Filipinas y algunas islas en Oceanía como Guam, Palaos o las Carolinas. La Guerra Hispano-Estadounidense de 1898, supuso la pérdida de casi todos estos últimos territorios, siendo vendidas a Alemania las últimas islas restantes.

El impacto moral de esta derrota fue duro, y se buscó compensarlo creando, con poco éxito, un segundo imperio colonial en África, centrado en Marruecos, el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial, que perduró hasta la descolonización de las décadas de 1960-1970 abandonándose la última colonia, el Sáhara, en 1975.


4.3 Holanda.


Los orígenes de esta colonización se basan en aspiraciones meramente comerciales. Su habilidad para comerciar y para el transporte de mercancías, unido a la oleada de nacionalismo y militarismo que siguió a la independencia de España ayudaron a la empresa. Junto a los Ingleses, los holandeses acumularon inicialmente posesiones en base al colonialismo capitalista de las compañías, con el predominio de la Compañía holandesa de las Indias Orientales. Parry describe estas adquisiciones como “repugnantes” para sus nuevos conquistadores, ya que sus intenciones comerciales sobrepasaron a las posibles ideas de mayor contacto con los territorios, que antes fuesen de Portugal.

Después de la fundación de la Compañía holandesa de las Indias Orientales en 1602, el interés de los holandeses por las posesiones ultramarinas de Portugal provocaron la Guerra Luso-holandesa. Desde 1580 Portugal estaba unido al Imperio Español. Por aquella época los Españoles mantenían una guerra contra los rebeldes holandeses que pretendían independizarse. Aunque estaban bajo el gobierno de un mismo rey, los imperios ultramarinos de España y Portugal continuaban siendo administrados por separado, y el extenso y difícilmente defendible Imperio ultramarino portugués se convirtió en el blanco perfecto para las ansias expansionistas holandesas, muy interesados en el control del comercio de la especia.

El poderío naval de Holanda crecía rápidamente, llegando a convertirse a finales del siglo XVI en una potencia marítima de Europa. Durante el siglo XVII se convirtieron en la potencia hegemónica de los mares, llegando a dominar el comercio marítimo durante toda la segunda mitad del siglo. También durante este siglo se produce el florecimiento cultural holandés, conocido como la Edad de Oro holandesa.

En Asia, su principal punto de colonización, operaban desde Batavia (actual Yakarta). Poco a poco los holandeses fueron tomando todos los puertos del archipiélago; Malaca en 1641, Aceh en 1667, Macassar en 1669 y Bantam en 1682. Cuando la Compañía holandesa de las Indias Orientales (VOC) quebró en 1799, el archipiélago pasó a ser controlado y administrado directamente por el estado holandés hasta su independencia en 1949, excepto en el periodo de ocupación francés, en el cual todas las colonias de Holanda estuvieron administradas por Inglaterra. También dominaron Ceilán (actual Sri Lanka) en 1602, sin embargo, expulsarían de estas tierras a los portugueses entre 1636 y 1658. Los holandeses estaban más interesados en comercio que en convertirlos al cristianismo, por eso fueron bien vistos por los gobiernos locales. Entre otros territorios conquistados se encuentran Formosa (actual Taiwán), Malaca y Dejima.

Hacia el lado americano, Holanda dominó los denominados Nuevos países bajos. Desde mediados del siglo XVI, comerciantes holandeses incursionaron en las colonias españolas de las Antillas, estableciéndose en las Antillas Menores (Curaçao) y en zonas del Brasil de donde fueron expulsados en 1654. Aunque permanecieron en Surinam y parte de las Guayanas, donde desarrollaron durante los siglos XVII y XVIII una economía de plantación para abastecer de productos tropicales a Holanda. El desarrollo del sistema de plantación en estas colonias fue tan grande, que condujo a una de las mayores concentraciones de esclavos en el siglo XVII y a una feroz lucha de los esclavos por su libertad.

En América del Norte comenzaron su entrada para el 1609, cuando un navegante inglés al servicio de una compañía holandesa, navegó por el actual estado de Nueva York. Para 1621, la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales había establecido puertos comerciales en las cercanías de los ríos Delaware y Connecticut como en Nueva York y Albany17.

Los holandeses perdieron gran parte de sus colonias, así como su estatus de potencia mundial a manos de los británicos cuando la metrópoli fue atacada por los ejércitos franceses durante las Guerras Revolucionarias. Holanda pasó a ser una provincia francesa durante el "periodo Francés", desde 1795 hasta 1814. Con la Restauración de Europa Holanda anexionó Bélgica y pudo mantener bajo su dominio parte de su Imperio, el resto lo tuvo que ceder a Inglaterra, mas concretamente pudo mantener bajo su dominio las Indias Holandesas Orientales (Indonesia), Surinam y las Antillas Neerlandesas, imperio que pudo mantener hasta el declive del Imperialismo Europeo, durante la segunda mitad del siglo XX.

Al fin, las colonias holandesas en América fueron efímeras, poco duraderas ya que sus intentos fueron frustrados por ingleses y portugueses, de ahí que sólo permanecieran con algunas posesiones del Caribe.





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