Departamento de literatura


EN LA RUTA DE TASMAN: LOUIS ANTOINE DE BOUGANVILLE Y JAMES COOK



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2.4 EN LA RUTA DE TASMAN: LOUIS ANTOINE DE BOUGANVILLE Y JAMES COOK.


A manera de sustentar mis apreciaciones sobre esta nueva tierra, tomaré en cuenta el relato de Luis Antonio de Bouganville (12 de noviembre 1729 – 20 de agosto 1811) en su Viaje alrededor del mundo por la fragata del rey ‘La Boudeuse’ y la urca ‘L’Étoile’23, texto que podría darnos una idea cercana a lo que descubrió y exploró Tasman en sus viajes.

Uno de los lugares visitados por Bouganville, Batavia, para ser precisos, coincidiría de algún modo con la visión que tuvo Tasman de las tierras que exploró. Uno de esos lugares explorados por Bouganville (1768), pudieron estar también entre las rutas de Abel Tasman; nos referimos a Batavia. Al respecto, Bouganville relata:



Anclamos en Batavia.- Así es que, después de haber estado en el mar durante diez meses y medio, desde nuestra partida de Montevideo, arribamos el 28 de Septiembre de 1768 a uno de las más bellas colonias del Universo, donde consideramos todos haber terminado nuestro viaje. Batavia, según mi estima, está a 6º 11’ de latitud Austral y 104º 52’ de longitud oriental del meridiano de París. (Bounganville 817)

La presencia holandesa en Batavia es notoria, tal como escribe Bouganville al encontrarse en dicha ciudad: “Había en la rada, a nuestra llegada, trece o catorce barcos de la Compañía de Holanda” (Bounganville 818). Éstos llegaron a Batavia (actual Yakarta) a fines del siglo XVI y en 1619 la fuerzas del la Compañía holandesa de las indias orientales, dirigidas por Jan Pieterszoon Coen conquistaron la ciudad. Renombraron la ciudad como Batavia (Java).

Sin duda, la administración holandesa fue de total agrado a Bouganville, quien rescata en sus escritos la gran bienvenida que le dieron y las diversiones que experimentó. Y más aún, rescata la diversidad de pueblos que a pesar de su oposición cultural, lograron establecer una sociedad de bien.

Grandes banquetes en la ciudad y en el campo, conciertos, paseos encantadores, la variedad de cien objetos reunidos aquí, y casi todos nuevos para nosotros, el golpe de vista del emporio del más rico comercio del Universo; mejor que esto, el espectáculo de varios pueblos, que, aunque enteramente opuestos por las costumbres, usos y religión, forman, no obstante, una misma sociedad; todo concurría a recrear la vista, a instruir al navegante y a interesar hasta el filósofo. (Bouganville 819)

Esta opulencia y diversidad llamaron la atención de Bouganville, y suponemos que también la de Tasman, quien como coterráneo de los que gobernaron Batavia, pudo haber estado mucho más familiarizado con ella. Así es como Sinapia rescata también la diversidad de pueblos. Recordemos que son cuatro naciones los que la conforman, agregados en cierto momento a los Zambales, el primitivo pueblo que allí vivía.

De aquí se ve que siendo el pueblo de esta república formado de estas naciones, ha de participar de sus cualidades y así la fisiognomía es varia, como mezclada de las cuatro más universales: Etiópica de los zambales; indiana de los malayos; tatárica de los chinos y peruanos; y asiática y europea de los persas. (Avilés 75)

Así como la diversidad de pueblos se hace notar en Sinapia, también existe diversidad en la fauna del lugar, y la lengua, que posee fuertes influencias chinas y persianas. De hecho, los caracteres de escritura que se utilizan aquí son dos: “una, con caracteres arábigos, a la persiana; otra, con símbolos chinos.” (Avilés 76)

No es nuestra intención proponer un cambio radical del punto de vista del autor de Sinapia para basar su texto, si no más bien, darle un nuevo enfoque a la base que este último pudo haber utilizado. Esto es, que posiblemente haya fijado su atención en la inminente expansión de Holanda, en su forma de gobernar y en los territorios que poseyera para el siglo XVII. Así como Bouganville quedó maravillado con estas nuevas tierras, el autor anónimo de Sinapia pudo haber experimentado las mismas sensaciones al enterarse de los relatos de viajes de estos exploradores holandeses.

El elemento que más rescato de este apartado es la sorpresa causada al navegante francés a raíz de los varios pueblos que conformaban una misma sociedad, a pesar de su oposición entre sí. Recordemos que la misma Sinapia se constituye de pueblos muy dispares, y sin excluir la referencia que hice a la historia de España (en cuanto a las culturas que convivieron por siglos en ella), este elemento puede constituir también un vínculo entre el poderío holandés y los deseos de una España mejorada del autor de Sinapia.

Pero no nos quedemos sólo con estas alusiones al texto de Bouganville. Cuando éste comienza a describir la hermosura de la ciudad de Batavia, debemos fijarnos en algunos detalles:

Ciertamente que esta ciudad, aunque hermosa por sí, responde a lo que anuncian sus alrededores. Se ven pocos edificios grandes, pero está bien trazada; las casas son cómodas y agradables; las calles, anchas y adornadas la mayor parte de un canal bien revestido y bordeado de árboles, que sirve para el aseo y la comodidad. (Bouganville 819)

Existen algunos detalles que probablemente el autor de Sinapia prefirió pasar de largo, o en su defecto, tomarlos como ejemplos a mejorar, como el hecho de que el agua fuese de mala calidad o sus calles no estuvieran pavimentadas. Además, la organización de las calles y ciudades dista mucho de lo que se aprecia en Sinapia, la cual, probablemente, haya sido tomada del modelo español en base al tablero de ajedrez.

En otro de los apartados de su viaje de exploración, Bouganville detalla la particular administración de la Compañía de las Indias Holandesas y destaca lo siguiente: “En ninguna parte del mundo las clases están menos confundidas que en Batavia” (Bouganville 820). Al igual que en Batavia, en Sinapia todos cumplen una función distinta. A la cabeza de la ciudad está el Príncipe, quien vela porque la vida de sus ciudadanos sea la correcta y más justa. El núcleo principal del gobierno de Sinapia es la familia, por lo tanto, aquellos que están al mando de la metrópoli, de la ciudad, de la villa, del barrio y de cada grupo familiar, son los padres. En Batavia, el orden es igual de estricto:

[…] cada uno tiene asignado su rango: distintivos exteriores los señalan de una manera inmutable, y la seria etiqueta es aquí más severa que en Congreso alguno. La alta regencia, el Consejo de Justicia, el clero, los empleados de la compañía, los oficiales de Marina y, en fin, el Ejército; tal es la gradación de las clases. (Bouganville 820)

Es así como Sinapia describe la organización de su gobierno en varios apartados, partiendo por la metrópoli, la cual “[…] es la ciudad que ocupa el centro de la provincia” (Avilés 85) y se diferenciaría del resto sólo por tener mayor presencia eclesiástica en el lugar. Luego está la Corte, metrópoli de la provincia de Ni-Sá. Se podría decir que ésta es la capital, por contar con la presencia del príncipe. Para esa época, la floreciente república de Holanda, que antes había pertenecido a España, podía compararse con la forma que el autor de Sinapia da a su ciudad ideal.

De la forma de la república. Es la forma de esta república monárquica, mezclada de aristocrática y democrática. El monarca son las leyes; los nobles son los magistrados y el pueblo son las familias. Su figura, piramidal, cuya base es el pueblo; el cuerpo es el magistrado y la cima es el príncipe. Los magistrados son padres de familia, padres de barrio, padres de villas, padres de ciudad, padres de provincia, senadores y príncipe. Todos se llaman PE, que quiere decir “padre”, para mostrar lo que deben ser en el cariño, vigilancia y ejemplo. (Avilés 86)

La buena organización de Batavia, o de otras ciudades a cargo de la Compañía Holandesa se ven reflejados en un buen sistema de gobierno, en el próspero comercio marítimo y terrestre desarrollado para el abastecimiento propio y de Europa. Batavia en ese entonces era exportador de especias, comercio que aseguraba la riqueza y existencia de la Compañía de las Indias holandesas, ya que le daba las condiciones necesarias para solventar los enormes gastos a los que estaba obligada, y el pago a sus empleados, tan considerables como los gastos que tenía.

Al respecto en Sinapia, Miguel Avilés Fernández detalla la estricta organización de la península. Otra analogía presente entre este texto y la organización de la Compañía en Batavia y otras regiones conquistadas. Es así como la preservación de la paz en la sociedad sinapiense no dista de obviar las leyes; incluso se habla de un gobierno militar con el cual el autor deja volar su gran imaginación. Tal presencia también existe en Batavia, aparte de las autoridades civiles que gobiernan. Así, el anónimo autor de Sinapia escribe: “Del gobierno militar. El fin de todo gobierno es la paz y así la procuran por todos caminos. Para que se conserve entre los naturales sirven las leyes. Para que no puedan turbarla los extraños sirven los soldados, las fortalezas y las armas.” (Avilés 99)

La policía militar en Batavia es muy severa, y los castigos por faltas graves, muy rigurosos. Se trata de mantener la paz en la ciudad, sin el impedimento de los javaneses, habitantes originales, quienes resisten increíblemente los bárbaros tormentos, como describe Bouganville. Así quedaría demostrado otro lazo de similitud entre ambas naciones, la sinapiense y aquella de las colonias holandesas.

Llama la atención también que el autor anónimo de Sinapia haya elegido justamente a los exploradores holandeses para basar sus ideas utópicas, ya que el siglo XVII es llamado la Edad de Oro en la historia de Holanda, porque el país estuvo en el centro de los acontecimientos, alternando con las potencias de la época. Se habló del nacimiento de una nación grande y orgullosa, de lo cual no se dudó sino hasta fines de ese mismo siglo. Se habla también de una clara enemistad entre España y el resto de los países europeos, entre ellos Holanda, en la cual la llamada “Leyenda Negra” fue un peculiar aspecto que contribuyó al odio. La decadencia del país peninsular por esos años llevó a los grandes pensadores de la región a preguntarse por las causas de ello y sus posibles soluciones. Tal como describe Miguel Avilés Fernández en su estudio preeliminar: [] en Sinapia, hay una crítica a la sociedad y al estado envuelto en los velos de un régimen ideal.”(Avilés 21) Desde aquí, y sumada a las posteriores investigaciones, nace la duda de si Sinapia tiene algo que ver con la “Leyenda Negra”, creada a partir de las denuncias de Fray Bartolomé de las casas en América, dado el proceso de “encomienda” y que dio pie a los adversarios de España a levantar rumores sobre su mal gobierno y su detestable colonización.

Sin embargo, el planteamiento de este tópico llevaría nuestra tesina a caminos más amplios, que en este momento no es posible tocar en profundidad, pero es probable que más de algún elemento relativo a este tema haya influido en la necesidad de mejoría del gobierno español de aquel entonces. Así, nuestro punto de interés recae siempre en la mirada que se tuviera en ese entonces sobre la grandiosidad de Holanda y la mala relación que mantuvo con España durante algún periodo. Inclusive el mismo Bouganville relata algo acerca de la expulsión de los españoles y holandeses de las islas Molucas, cuando en 1596 el capitán holandés Houtman se apoderó de la isla de Java, lo que se podría considerar como otro indicio más de enemistad entre estos países.

Retomando el punto anterior a la “Leyenda Negra”, la buena fortuna y gobierno de los holandeses, tiene que haber sido un punto de referencia bastante llamativo para el autor de Sinapia.

Otro de los elementos que podemos rescatar, y del cual dimos cuenta anteriormente, es la necesidad que existe en Sinapia de poseer traductores que permitan la integración de otras culturas en la península. Según Bouganville, uno de los trabajos más preciados en Batavia, por sus buenas rentas, es el de sabandar o introductor de extranjeros. A pesar de que en Sinapia la religión que se cultiva es la cristiana, la relación es acerca de la importación de nuevas culturas y puntos de vista diferentes. De los sabandar, existen dos tipos: uno encargado de los cristianos y otro de los paganos. “El primero está encargado de todo lo que respecta a los extranjeros europeos; el segundo entiende en todos los negocios relativos a las diversas naciones de la India, comprendiendo a los chinos.”(Bouganville 821).

Otro de los exploradores que viajó por el mundo y llegó a las mismas tierras que Abel Tasman, fue James Cook (1728-1779), navegante, explorador y cartógrafo británico. Realizó tres viajes por el Océano Pacífico, durante los cuales se describieron con precisión grandes áreas, y muchas islas y costas fueron documentadas por primera vez en mapas europeos.

Como muchos otros viajeros, le fue encomendada la misión de encontrar la mítica Terra Australis, en su segundo viaje alrededor del mundo. La Royal Society24, y especialmente Alexander Dalrymple (geógrafo escocés, nacido el 24 de julio de 1737 y muerto el 19 de junio de 1808), creían que debía existir; sin embargo, Cook tenía sus propias dudas al respecto. Tal como lo describe en uno de sus registros diarios, el día sábado 7 de Octubre de 1769.

El 7 tuvimos calma y nos acercamos a tierra poco a poco; cuando saltó la brisa por la tarde, aún estábamos a siete u ocho leguas. Nos parecía más dilatada a medida que la veíamos más distintamente, y distinguimos cuatro a cinco cadenas de montañas escalonadas, a cuyo fondo se alzaba una gran cordillera que nos pareció de enorme elevación. Esta tierra fue motivo de empeñadas conversaciones; mas la opinión general fue la de que habíamos encontrado la Terra Australis Incognita. A eso de las cinco vimos abrirse ante nosotros una bahía que parecía internarse mucho en la tierra; ceñimos el viento y navegamos hacia ella; también vimos elevarse humaredas en distintos puntos de la costa.(Cook 474)

Con la ayuda de Tupia, un tahitiano que tenía gran conocimiento de la geografía del Pacífico, Cook se las arregló para llegar hasta Nueva Zelanda, siendo el segundo europeo en llegar allí, después de Abel Tasman en 1642. Todo esto en su primer viaje hacia tierras orientales, cercanas al continente oceánico. De hecho, el mismo reconoce una de las descripciones de Tasman, respecto de los habitantes de las islas que visitara25.

Al llegar a tierras que antes ya visitara Abel Tasman, Cook se encuentra con muchas tribus indígenas, repartidas por las diversas islas existentes. Después de aquel encuentro con los indios del lugar, Cook decide abandonar la recién bautizada “Bahía de la Pobreza” hacia un lugar más hospitalario que el anterior. Días más tarde, Cook se encuentra con una península, “[…] a la que llaman los naturales Terakaco […] (Cook 481), cercana a la isla de Pórtland. La tierra que allí descubre, parece dar a la vista un panorama grato y fértil. El lugar está circundado por grandes montañas, tal como lo está Sinapia. También existen grandes lugares de bosque, lo que Cook aprecia, por necesitar de madera en esos momentos, y otros víveres. Los lugares por donde pasa Cook, cercanos a los que visitara Tasman años antes, tienen grandes diferencias de las grandes ciudades, como Batavia por ejemplo. Pero de ellos se puede rescatar el recurso natural muy presente y abundante, que también se encuentra en las islas y penínsulas visitadas por Cook.

La fertilidad de esta península es increíble, parte, debida a su situación ventajosa y mucho más a la aplicación de sus moradores, que todo su estudio lo ponen en no dejar palmo de terreno sin cultivo. Abunda la península de cuantas frutas, semillas y maderas se hallan en el Asia y en la América (a cuyos confines se halla), además de algunas propias de la tierra Austral y perfectísimas. (Avilés 76)

El día viernes 20 de octubre de 1769, Cook llega a una bahía frente al cabo Mesa. Un día más tarde, el navegante inglés decide enviar a tierra a algunos de sus hombres para vigilar los terrenos. El actuar y el vestir de los naturales de aquella isla da la impresión de que ha sido influido por personas de otros continentes, europeos en su mayoría, ya que su sistema de vida es comparado por Cook incluso con el de España. Acerca de las mujeres, Cook dice:

[…] eran, sin embargo, tan coquetas como las más distinguidas damas europeas, y las jóvenes, de lo más retozonas y pizpiretas; todas llevaban un corpiño, en cuya parte inferior había un volante formado de hierbas muy perfumadas, y en el volante se sujertaban pequeños racimos de hojas de plantas aromáticas, que guardaban su honestidad. (Cook 485)

Claramente estas gentes parecen más adelantadas que el resto de sus contemporáneos en las islas circundantes. Ya sea en el aseo personal, del cual Cook está completamente admirado, dando cuenta de la higiene tanto pública como privada, que superaba a veces hasta las mayores potencias de Europa. “En este detalle de higiene pública mostrábanse adelante con relación a una de las mas importantes naciones de Europa, pues sé de origen fidedigno que hasta el año 1760 no hubo cosa que se pareciera a una letrina en Madrid, la capital de España […]” (Cook 485). El rasgo utópico que se describe aquí, se puede comparar con la relación entre europeos y el “buen salvaje”, del que habíamos hablado antes. Aquel ser de rasgos utópicos que está más predispuesto a aceptar el cristianismo u otra civilización, que los ya civilizados. Recordemos que en Sinapia existían “buenos salvajes” antes de la llegada del príncipe Sinap y otros pueblos. A pesar de que el anónimo autor parece contradecirse en un punto, en el que explica que el pueblo originario ha sido expulsado de Sinapia, luego manifiesta que hay tanta influencia de ellos como del resto de los pueblos colonizadores.

Elementos como éstos son los que me hacen pensar y plantear la posibilidad de la influencia holandesa en el texto de Sinapia, a partir de la, sin duda no azarosa inclusión de Abel Tasman y otros exploradores holandeses, como referentes descubridores de esta nueva península, que daría pie a una posible solución al mal momento vivido por España en ese entonces, y al descontento que el autor de Sinapia sentía con las políticas y organización de su país.





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