Derechos humanos



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SITUACIÓN DE LOS

DERECHOS HUMANOS

gobierno Kirchner

INFORME 2003-2004

ALERTA ARGENTINA

Buenos Aires, Argentina

agosto/diciembre de 2004







Este Informe fue especialmente preparado para presentar en la

Tercera Consulta Latinoamericana sobre Defensores/as de Derechos Humanos, realizada en San Pablo, Brasil, entre el 25 y el 27 de agosto de 2004.

Para realizarl, Alerta Argentina invitó a más de 50 organizaciones sociales a que sumen sus testimonios. En los capítulos referidos a casos testigos, podrán encontrarse los informes recibidos así como la forma de contactarse directamente con las organizaciones que los remitieron.

La presente versión ha sido actualizada por Alerta Argentina en diciembre de 2004


ALERTA ARGENTINA

www.alerta-salta.org.ar

INTEGRANTES


Unión de Trabajadores Desocupados de Mosconi (UTD)

pepinofernandez2004@yahoo.com.ar
Movimiento Teresa Rodríguez (MTR)

mtrnegro@hotmail.com
Movimiento de Trabajadores Desocupados de Solano (MTD Solano)

www.solano.mtd.org.ar

Universidad Trashumante


www.trashumante.com.ar

Comisión contra la Represión Policial y la Impunidad en Zona Norte


bastayaderepresion@hotmail.com
Red de Intelectuales, Artistas y Académicos para la defensa de los derechos fundamentales (RIAA)

maristellasvampa@yahoo.com

Pañuelos en Rebeldía, Equipo de Educación Popular


eprebeldia@yahoo.com.ar

Programa Juana Pimienta, FM La Tribu


videntesjuana@yahoo.com
lavaca.org

www.lavaca.org

Adhieren a este informe




Organizaciones de Derechos Humanos


  • Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos

  • Asociación Mundial de Radios Comunitarias, América Latina y Caribe/ AMARC /ALC

  • Asociación de Mujeres por los Derechos Humanos/AMMAR Capital

  • Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras / UBA

  • Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels)

  • Comisión Pro Cátedra Libre de Derechos Humanos Zona Andina

  • Corriente de Militantes por los Derechos Humanos de Río Negro y Neuquén (filial Bariloche)


Movimientos de Trabajadores Desocupados

  • Frente Popular Darío Santillán (MTD Lanús, MTD La Plata, MTD Berisso, MTD Lugano, MTD de San Telmo, Constitución-Barracas, MTD La Cañada, MTC Luján, MTD Javier Barrionuevo de Esteban Echeverria, MTD Ezeiza, Coordinadora Barrial 7 de agosto de Tucumán, MTD Oscar Barrios de José C. Paz, MTD Dario Santillan de Almte. Brown, MTD Dario Santillán de Cipoletti, MTD Salta, MTD Rosario, Movimiento de Unidad Popular)
  • Movimiento de Unidad Popular 20 de diciembre (MUP 20)

  • Movimiento Popular 29 de Mayo (MP29)

  • Frente de Desocupados Unidos (FDU)

  • Unión de Trabajadores Piqueteros (UTP)




Organizaciones de Trabajadores

  • Unión de Trabajadores de la Educación de Río Negro – UnTER




Foros

  • Foro de la Tierra y la Alimentación


  • Foro de Ecología Política/ FEP


Medios Sociales de Comunicación

  • Revista América Libre


  • Radio Revés 88.7 de la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba

  • Radio FM El Arka de Bariloche



MAPA DEL INFORME
A) INTRODUCCIÓN

  • Primera parte:

El “modelo argentino”

  • Segunda parte:

La respuesta del Estado, 2003-2004.

  • Tercera parte:

Situación de los derechos humanos
B) CASOS TESTIGOS
C) ANEXOS

  • Listado de integrantes de Alerta Argentina y adhesiones al Informe

  • Declaración final de la III Consulta Latinoamericana de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos, San Pablo, Brasil, 25-27 de agosto de 2004.

  • Declaración de Alerta Argentina:Derechos humanos ayer, hoy y siempre”.

A) INTRODUCCIÓN



Primera Parte:
El “modelo argentino”


1- La modernización excluyente
Durante décadas la Argentina fue una sociedad relativamente integrada desde el punto de vista social. Esta integración, aunque deficitaria, se realizó en un contexto de pleno empleo, a través de un conjunto de instituciones que posibilitó la incorporación de un sector significativo de las clases trabajadoras, en términos de derechos sociales, protección social y estabilidad laboral, así como la expansión de amplios sectores de las clases medias urbanas.

Fue durante la última dictadura militar (1976-1983) que se inició en el país el desmantelamiento del modelo de sustitución de importaciones, acompañado por un fuerte estancamiento económico y por el disciplinamiento social. Sin embargo, la salida de este modelo se operó finalmente durante la década menemista (1989-1999), a partir de la implementación de un modelo económico aperturista, orientado hacia la eliminación del déficit fiscal, la desregulación de los mercados y la privatización acelerada de las empresas públicas. Este conjunto de transformaciones, que impactaron tanto por el carácter drástico como por la celeridad con la cual fueron implementadas, trajeron como consecuencia un cambio en las formas de intervención del estado en la sociedad, en términos de juridicción, de políticas públicas, de abordaje de la “cuestión social”, de control y precarización de la fuerza de trabajo.

Dos novedades importantes se constatan en este período ligadas a las transformaciones producidas. La primera se refiere al aumento de las desigualdades. En 1974 la Argentina tenía una distribución de la riqueza similar a la de muchos países desarrollados: la diferencia entre el escalón más pobre y el más alto era de 12 veces. Entre 1974 y 2001 el 10% más rico acrecentó su porción de la torta en un 35%., en tanto el más pobre resignó el 37%. Como consecuencia de ello, el país se internó en una de las crisis más profundas de la historia nacional: entre 1999 y 2002, el índice de hogares pobres prácticamente se duplicó (pasando del 23,7% al 45,4%), mientras que los indigentes se multiplicaron por tres.

La segunda es que el cambio de modelo económico implicó la coexistencia de crecimiento económico con el aumento de la desocupación. En el marco del nuevo modelo de acumulación, orientado a la concentración del ingreso y el aumento de la exclusión, la economía argentina registró tasas de crecimiento importante entre 1991 y 1997, para entrar en recesión en 1998, sin interrupción hasta 2002. Se impuso un esquema de crecimiento económico disociado del bienestar del conjunto de la sociedad, esto es, un modelo de “modernización excluyente”, como fuera denominado tempranamente por A. Barbeito y R.Lo Vuolo (: 1992). Durante los ´90, la PEA creció un 28%, mientras que el porcentaje de ocupados pleno se incrementó en un 9%, y el desempleo creció 156,3% y el subempleo 115,4%. La pauta general fue el incremento de la productividad, con escasa generación de empleo y deterioro creciente de las condiciones laborales, en especial en el sector industrial. La acelerada desindustrialización conllevó una pérdida de peso del sector respecto del conjunto de los ocupados, al pasar del 24,2% del empleo total en 1991 al 16,3% en octubre de 2000. Asimismo, la tasa de desocupación que era del 6% en 1990, pasó a 14,7% en octubre de 2000, habiendo alcanzado un primer pico en 1996, de 18,8% y un segundo en mayo de 2002, después del colapso del modelo de convertibilidad, de 21,5% .

El período que se abre entre la salida del esquema de la convertibilidad y la posterior devaluación, se caracterizó por la peor crisis económica y social de la historia argentina. Sin embargo, aunque la caída económica fue muy marcada, los indicadores de los últimos meses de 2003 mostraron una recuperación del crecimiento económico, confirmada luego por los indicadores del año 2004. En efecto, en los primeros nueves meses de 2004 la economía creció un total de 8,8% (EPH).

Esta recuperación económica se explica esencialmente por el pasaje a un modelo productivo orientado a la sustitución, que apuntó a la revitalización de un sector de la industria nacional, al tiempo que benefició las exportaciones, en un contexto de fuerte devaluación de la moneda y de caída de los salarios. Así, por ejemplo, durante el año 2003, la actividad industrial creció un 16% en comparación con el 2002; mientras que las exportaciones agroindustriales aumentaron en el período enero-marzo de 2004 un 12% con respecto a igual período de 2003. El 2003 ya era considerado un año récord en lo referente al comportamiento de las exportaciones agroindustriales, alcanzando un valor de 15.600 millones de dólares. Asimismo, un informe de la Secretaría de Agricultura estimó que la Argentina exportará en el 2004 agroalimentos por 16.684 millones de dólares. La cifra supera en 6,9% el récord exportador del año pasado, que había sido de 15.601 millones y representó nada menos que 54% de las ventas totales del país. Como para 2004 se prevé que el país exporte por 31.500 millones, queda claro que el campo seguirá aportando más de la mitad de las divisas.

El sector agroalimentario se encuentra en permanente desarrollo: en la década del 80 creció a una tasa anual del 1,1%, mientras que el resto de la economía decreció a una tasa del 1,4% anual en el mismo período. En los últimos años muestra un crecimiento sostenido en hectáreas sembradas, en rendimientos y en tecnología aplicada, que dan como resultado un valor bruto de la producción de 46.640 millones de pesos1.

Argentina es actualmente el primer exportador de aceite y harina de soja y el segundo productor de soja transgénica, de maíz, sorgo granífero, miel y ajo; el cuarto exportador de algodón y el quinto exportador de trigo, harina de trigo, de carne bovina y aceitunas de mesa. La soja representa el 40% de las exportaciones de origen primario y el 23% del total. La superficie sembrada con soja en la campaña 2003/2004 fue de 14.235.000 hectáreas. Se estima que este año se producirán 33 millones de toneladas de soja.

La construcción inmobiliaria conoció igualmente una fuerte suba. Esta lleva acumulado, de enero a mayo de 2004, un crecimiento del 21,1%. La mayor tasa de crecimiento está centrada “en la construcción de viviendas en barrios cerrados y en zonas con alto poder adquisitivo”, según informó el Indec.

En fin, durante el primer cuatrimestre de 2004, la balanza comercial tuvo un saldo positivo de 4.045 millones de dólares, gracias a las exportaciones que alcanzaron 10.310 millones de dólares. En abril de 2004 el superavit fiscal llegó al nivel más alto de los últimos doce meses: fue de 1.676,6 millones. En los primeros cuatro meses del año 2004 sumó 5.659 millones de pesos. Asimismo, el Producto Bruto Interno creció en marzo de 2004 un 11,9% en relación al mismo mes del 2003.

Pese a que los indicadores económicos son elocuentes, ésta mejora no se traduce de ninguna manera en una reformulación del modelo socio-económico que apunte a revertir la situación generada durante los años de oro del modelo neoliberal. Más aún, la dinámica de crecimiento económico favorece la concentración de la riqueza, visible en el aumento de las desigualdades sociales, la persistencia de la desocupación, el trabajo precario y en negro y los bajos salarios.

Así, hoy la Argentina presenta la peor distribución de la riqueza de su historia: el 10% más rico se queda con el 38% de la riqueza producida y gana 31 veces más que el 10% más pobre. Esta brecha se ahonda si hacemos referencia al Conurbano Bonaerense, territorio donde vive cerca de un tercio de la población argentina, donde el 10% más rico se queda con el 44,5% de la riqueza producida y mantiene una distancia de 50 veces con el sector más pobre. Asimismo, la salida de la convertibilidad y la devaluación produjeron una mayor concentración de la riqueza en los sectores más altos. Semejante nivel de desigualdad representa un triste récord: todos los sectores –tanto los más pobres como las franjas medias bajas y altas, que suman el 90% de la población- perdieron. Todos transfirieron ingresos a favor del sector ubicado en la cúspide de la pirámide.



En segundo lugar, el desempleo en Argentina se mantuvo en 19,5 por ciento durante el primer trimestre de 2004, probando que la creciente actividad económica es incapaz de generar los puestos de trabajo que la población demanda.2 En el primer trimestre de 2003 la desocupación alcanzaba, en todo el país, a 2.400.000 personas, mientras que el total de subocupados era de 2.250.000 personas. En total, hay más de 4.400.000 personas con problemas de empleo. Pese a que en los tres primeros meses de 2004, el producto bruto interno creció 10,4 puntos porcentuales, la proporción más alta desde 1993, la tasa de empleo cayó 0,2 por ciento respecto del último trimestre de 2003, lo que implica la desaparición de más de 13.000 puestos de trabajo. Agreguemos que el desempleo afecta en mayor medida que en el pasado a los jefes de hogar, que son el principal proveedor de ingresos de las familias.

En tercer lugar, además de una elevada desocupación, el mercado laboral argentino se caracteriza hoy por el predominio de puestos de trabajo precarios -inestables y sin cobertura social- y las bajas remuneraciones. Más aún, los empleos que se crearon en el sector informal tienden a ser temporarios, con salarios bajos que efectivamente agudizan la profundidad de la crisis. Las actividades que abonan los sueldos más bajos son el agro y la construcción, dos sectores que desde mediados de 2002 están en plena recuperación. También estos dos sectores de la economía concentran la mayor cantidad de mano de obra en negro. Las empresas agrícolas tienen declarados apenas 246.000 trabajadores, cuando de acuerdo al Censo de 2001 en el sector hay 900.000 personas ocupadas en esa área. La diferencia entre una y otra cifra son los trabajadores en negro. Asimismo, la inflación redujo el salario real considerablemente. Por otro lado, en la actualidad, casi 20 millones de argentinos carecen de obra social o de servicio de medicina prepaga. Segun el censo de 1991, la población sin cobertura social alcanzaba al 36,9% (unas 13.285.000 personas). El censo de 2001 daba cuenta que la falta de cobertura social afectaba al 48,1% de la población. En la actualidad, esto alcanza el 55% de la población, esto es, unas 19.800. 000 personas.3

En cuarto lugar, el empleo no volvió a los niveles del 2001 pero, aún si fuera así, los actuales índices de pobreza seguirían manteniéndose, en razón de los bajos salarios. Entre 1993 y mediados del 2003 el salario mínimo se congeló en 200 pesos (69 dólares) mensuales. En julio de 2003 subió a 250 pesos (86 dólares), en diciembre aumentó a 300 (109 dólares) y desde enero de 2004 se fijó en 350 pesos (120 dólares). Este valor apenas supera en un 6% el valor de la canasta básica de indigencia -esto es, lo necesario para comer-, al tiempo que representa apenas un 48% de la canasta básica que determina la línea de pobreza. Solo para cubrir las necesidades básicas, una familia tipo necesitaba en mayo de 2004, 721,76 pesos (249 dólares) por mes, según el Indec.

Luego de la crisis y posterior devaluación, el promedio de reducción de la fuerza laboral fue del 17%. Prácticamente todas las empresas líderes tomaron alguna medida sobre los salarios. En promedio, lo ajustes generales produjeron un 21% de aumento, el doble de lo que dictaminó el gobierno mediante un decreto que ordenó el pago de 100 pesos. Pero aún así, este aumento promedio dado por el sector privado representa la mitad del aumento de los precios al consumidor en los primeros tres trimestres del año.

El gobierno estableció el pago de doble indemnización para evitar despidos masivos. Sin embargo, el 79% del personal se desvinculó “de común acuerdo”, fórmula que permite el pago con una reducción de hasta el 50% del monto indemnizatorio, además de ocultar, estadísticamente, los despidos.



En un contexto de precariedad laboral, el aumento de la actividad económica se ha venido traduciendo en un fuerte aumento de los accidentes de trabajo. Un informe reciente de la Superintendencia de Aseguradoras de Riesgos de Trabajo consigna que a lo largo de 2003 hubo un total de 412.537 accidentes laborales registrados, lo que equivale a un promedio de 1.130 siniestros por día, 47 por hora, o casi un accidente por minuto. En aquellas actividades que, como la construcción, han registrado un notable incremento durante el último año (34.3% en 2003), la cantidad de accidentes subió un 60,2%. Los especialistas coinciden en señalar que el aumento de accidentes de trabajo está ligado a una mayor explotación de la mano de obra, como por ejemplo, la extensión de la jornada laboral4.

En la Argentina el llamado “costo laboral” bajó un 62% en la última década, según las estadísticas oficiales del Ministerio de Trabajo. Actualmente, los trabajadores en negro ganan, en promedio, 343 pesos (118 dólares) mensuales, una tercera parte de lo que reciben los que están en blanco. Esto significa que están un 58% por debajo de la línea de pobreza. Los jubilados y pensionados ganan un promedio de 451$ (155 dólares), pero la gran mayoría cobra menos de 300 pesos (103 dólares) por mes. No alcanzan, por lo tanto, a cubrir sus gastos de alimentación. Los más postergados son los trabajadores desocupados, con planes de empleo: en promedio ganan un 76% por debajo de la línea de pobreza (50 dólares por mes).



En 2003 cerraron 32.000 firmas, que implicaron la pérdida de 123 mil empleos. El 75% de los nuevos puestos de trabajo creados en el 2003 y durante el primer trimestre de 2004 son informales, es decir en negro, no declarados ante la Seguridad Social. Los trabajadores que consiguieron empleo durante el 2003 cobran, en promedio, un salario inferior a los que ya tenían trabajo anteriormente. Agreguemos a esto que, según informa el Indec, los índices del mes de junio de 2004, indican una caída del consumo, visible en la reducción de las ventas de los supermercados, en un 2,5% en relación al mes anterior, lo que equivale a la mayor caída en los dos últimos años.

En suma, la Argentina vivió, pues, una verdadera revolución social, pero al revés, iniciada hace tres décadas, que tuvo su impulso mayor bajo la llamada década menemista y tiende a encontrar una consolidación bajo la actual administración de N.Kirchner. En efecto, la actual recuperación del crecimiento, en el marco de un modelo de concentración de la riqueza no contiene la desocupación, no conlleva tampoco un mejoramiento de la situación de los trabajadores ocupados, al tiempo que refuerza las desigualdades sociales.
2-Polarización, pobreza y desigualdad
La agudización de las desigualdades y de la vulnerabilidad social explican una extraña paradoja. La Argentina, cuya producción de alimentos es suficiente para alimentar a 300 millones de personas, tiene actualmente 14 millones de personas que no logran satisfacer sus necesidades básicas de alimentación.5 Sin embargo, según un informe del Banco Mundial, durante el 2002, casi 1.400.000 argentinos padecieron hambre. De ellos, 450.000 padecieron “hambre severa” 6.

Según el mismo informe, “La devaluación, la caída del producto y la inflación tuvieron serias consecuencias sobre los más pobres. El marcado aumento de la pobreza se debe en gran parte al aumento en el precio de los alimentos, que conforma una porción importante de los gastos de los pobres. A diferencia de otras economías, los alimentos son un bien que se exporta en la Argentina y sus precios aumentaron con la devaluación.” El valor de la canasta que se utiliza para definir el umbral de indigencia –lo cual significa que contiene solo lo necesario para comer - fue cotizado por el Indec en 330 pesos (114 dólares). El deterioro del poder de consumo de alimentos básicos está expresado en un informe de la Secretaría de Agricultura: en el 2003, el consumo de leche por habitante cayó a 180 litros. En el 2002 era de 192 litros y en el 2000, de 219 litros. Es decir que en tres años, el consumo de leche cayó 39 litros por habitante. Un informe del Ministerio de Economía de mayo de 2004 revela que el poder de compra de los salarios cayó, desde fines de 2001, un 30%. “El actual gobierno destinó al gasto social una partida presupuestaria que, en términos reales, fue 32% inferior”. Además, señala el informe, “el gran incremento en el número de pobres durante la crisis significa que de hecho el gasto real por habitante pobre declinó un 16%” (ibidem).

Durante el segundo semestre del año 2003 se encontraban por debajo de la línea de pobreza el 47,8 % de la población argentina. Esto significa que en la Argentina 17.707.500 millones de personas son pobres. A su vez, bajo la línea de indigencia, hay 7.594.200 personas que no cuentan con los recursos necesarios para comer. Siete de cada diez niños son pobres en Argentina, según UNICEF, y en las provincias del Noreste y del Noroeste la situación recrudece: tres de cada cuatro niños son pobres y uno de cada tres es indigente. Una muestra realizada por el Indec en 28 conglomerados urbanos durante el segundo semestre de 2003 estableció que el 76,8% de los hogares era considerado “pobre” y solo el 23,2 “no pobre”. Esto significa que 8 de cada 10 hogares no alcanzaban a cubrir sus gastos de alimentos, ropa, educación y servicios. A su vez, 4 de cada 10 de estos hogares fue considerado indigente. Esto es: no alcanzaban a cubrir los gastos de alimentación. Cabe aclarar que esta muestra representa, según el Indec, “el 70% de la población urbana y el 60% de la población total”.7

Esta dinámica de polarización social va acompañada por un deterioro de las condiciones de vida de la población, visibles en el aumento de los problemas de desnutrición y de mortalidad infantil. En 2002, murieron 379 niños más que en 2001. De los 700.000 niños que nacieron en el país en 2002, 11.703 murieron antes de cumplir un año8, la mayoría (6 de cada 10) por causas que podrían haberse evitado: diarreas, enfermedades respiratorias y accidentes domésticos. La mortalidad infantil también es un problema de desarrollo y Argentina fracasó durante las últimas décadas en su esfuerzo por bajar los niveles a lo pactado internacionalmente. Ese mismo 2002, el índice de mortalidad infantil de la Argentina alcanzó a 16.8 niños de cada mil, lo que significó -por primera vez en siete años- un aumento respecto del año anterior (16.3 por mil). Los datos sugieren una tendencia de crecimiento aún imposible de corroborar con los datos de 2003/4 porque todavía no están disponibles.

Asimismo, hay nuevos brotes de enfermedades que habían sido erradicadas, como tuberculosis, hepatitis B y dengue. La situación de los niños, los ancianos y los pacientes terminales es extremadamente precaria y vulnerable. La imposibilidad de obtener atención hospitalaria ha aumentado a causa de la falta de dinero para pagar los medios de transporte.


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