Desarrollo a escala humana conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones



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Sobre las micro-organizaciones

Las micro-organizaciones en los sectores invisibles

Una de las manifestaciones más gravitantes de los sectores invisibles la constituye un amplio espectro de micro-empresas y otras pequeñas organizaciones económicas que operan en los intersticios o brechas dejadas por el gran capital. La racionalidad de estas micro-organizaciones puede estar determinada por la necesidad de supervivencia en el marco de crisis agudas, por la falta de oportunidades brindadas en la moderna economía de mercado, o por una alternativa consciente asumida frente a la disciplina y jerarquía dominantes, tanto en el empleo del sector formal como en la tradición histórica general. En todos estos casos, la racionalidad que rige a las micro-organizaciones no tiene como fundamento único el principio capitalista de acumulación mediante el lucro.



Heterogeneidad de las micro-organizaciones

Cabe destacar que generalmente estas micro-organizaciones económicas se encuentran subordinadas al núcleo capitalista moderno; pero la diversidad de estas organizaciones y sus distintas racionalidades las diferencia de las empresas que, ubicadas en el sector moderno, operan sobre bases capitalistas en mercados cada vez más caracterizados por el oligopolio concentrado. Algunos estudios han demostrado cómo las diferentes estructuras con que operan esas micro-organizaciones generan diferencias de productividad y de ingresos que tornan poco atrayentes los trabajos ejercidos en esos segmentos no institucionalizados, salvo para grupos de baja calificación y para personas con mayor dificultad para acceder al mercado formal. Sin embargo, también existen casos en que las micro-organizaciones han emergido como alternativa consciente a la disciplina del trabajo asalariado o como mecanismo social de defensa frente a un ambiente social y políticamente hostil. En tales casos, donde prevalece la motivación por nuevas experiencias sociales o por mecanismos de solidaridad dictados por la necesidad de supervivencia de grupos o comunidades, el trabajo desempeña un papel diferente al ejercido cuando los segmentos sólo operan por falta de oportunidades deseables en el sector moderno de la economía. La heterogeneidad del sector es multidimensional; a las dimensiones recién aludidas cabe agregar que los segmentos invisibles son también muy diversos en lo que se refiere al sector de actividad donde se localizan, a su producción y comercialización de bienes y servicios y a sus formas de organización social del trabajo (micro-unidades individuales, cooperativas, micro-unidades familiares, etc.)



Inestabilidad de las micro-organizaciones

Otro rasgo de las micro-organizaciones es su inestabilidad, evidenciada por sus elevadas tasas de nacimiento y muerte. Tales organizaciones encuentran serias dificultades para sobrevivir individualmente. Su supervivencia depende de factores tales como: tamaño del mercado, localización, estructura de costos, divisibilidad de las ventas, posibilidades para ingresar en un mercado competitivo, posibilidad de diversificar sus fuentes de insumos y de materias primas, capacidad para evitar la dependencia respecto de pocos compradores (en especial los intermediarios), acceso al crédito, etc. Estos elementos, determinantes para la auto-reproducción de las micro-organizaciones, pueden reforzarse en base a programas de asistencia, provengan de instituciones públicas o privadas. A partir de una nueva concepción de la gestión de los recursos económicos y sociales, (ver Sobre recursos) y de una visión alternativa del proceso de desarrollo, puede atenuarse gradualmente el carácter dependiente, inestable e intersticial de las micro-organizaciones en sociedades que, como las latinoamericanas, cuentan con una aguda heterogeneidad estructural.

De no mediar nuevas visiones e interpretaciones, la mayor parte de las microorganizaciones económicas tenderán a vivir una historia corta, pautada por episodios limitados de acumulación y por tentativas frustradas de crecimiento. Aunque parezca paradojal, estas actividades propias de los sectores invisibles tienen un tremendo potencial para atacar el flagelo del desempleo. De ahí la necesidad de apoyarlas y estimularlas de manera coherente, ya que los sectores modernos de la economía no serán capaces por sí solos de resolver los efectos adversos de la crisis.

Micro-organizaciones y macropolíticas

Para la permanencia y el desarrollo de estas organizaciones es fundamental el papel ejercido por el Estado. Este podrá minar la existencia de aquéllas, sea por simple omisión o por la represión de movimientos sociales que, al nacer en el seno de las microorganizaciones, pueden aliarse a otros sectores de la sociedad civil en la lucha por rescatar el poder concentrado por el Estado. De fundamental importancia para la promoción de micro-organizaciones con vistas a cambios estructurales resulta, pues, la articulación micro-macro, por cuanto el impacto socio-político y económico de las micro-organizaciones que se forjan en los sectores invisibles dependerá de su capacidad de gravitación en el conjunto de la sociedad. Ella dependerá, a su vez, de si estas organizaciones sólo estructuran estrategias de simple supervivencia o si además, y a través de estas estrategias, se constituyen en embriones de un desarrollo alternativo.

Limitantes y potenciales de las microorganizaciones

Sería totalmente absurdo identificar el Desarrollo a Escala Humana, en su más amplio sentido, con los sectores invisibles, y mucho menos con un subconjunto de éstos que llamamos micro-organizaciones económicas. Cabe, empero, identificar en estas unidades el embrión de formas diferentes de organización social de la producción y del trabajo que podrían rescatarse para nuevos estilos de desarrollo y potenciarse con esa finalidad a través de la acción política y de programas de apoyo pertinentes.

Una de las dimensiones a través de las cuales se manifiesta la crisis económica y social que padecen los países de la región es la problemática de los sectores invisibles. De allí la función relevante que éstos cumplen en la búsqueda de una opción para la superación de la crisis. Pero aunque alternativas al orden existente nazcan y maduren en algunos espacios micro-sociales del mundo invisible (espacios contra-hegemónicos que conjugan una economía, una cultura y una voluntad política), su transformación en alternativas viables de efecto global requiere identificar y reforzar aquel los sujetos capaces de impulsar su realización práctica. Es desde esta perspectiva que la cuestión de lo invisible ha de concebirse como parte de la problemática de la transición hacia nuevas formas de organización social. Al respecto no puede desconocerse que en algunas experiencias asociadas con el mundo invisible, ya se despliegan iniciativas que pueden llegar a sobrevivir a la coyuntura de crisis que les dio origen.

Cualquiera sea la estructura que define a los sectores invisibles, la incidencia política de éstos sobre el resto de la sociedad dependerá también del carácter reactivo o creativo de los sujetos involucrados. En otras palabras, para la promoción de cambios estructurales es necesario separar, al interior del mundo invisible, lo que son meros mecanismos de resistencia frente a la crisis, de lo que son mecanismos motivados por la búsqueda de mayor autonomía. Estos últimos pueden desembocar en una estructura más durable e inspirar la creación de nuevas estrategias de desarrollo.



La autodependencia como proceso socioeconómico

La mayor autodependencia que las organizaciones populares pueden alcanzar en su funcionamiento y gestión está directamente determinada por la manera en que tales organizaciones se insertan y participan en el mercado. Hay que reconocer, sin embargo, que la aulodependencia absoluta es una utopía. Lo deseable-posible es la conquista de grados crecientes de autodependencia. En otras palabras, la autodependencia queda determinada por el modo en que las micro-organizaciones se relacionan con otros sujetos y organizaciones. Puesto que la autodependencia se forja a través de esas relaciones, no se trata de un hecho, sino de un proceso definido por un sistema de relaciones. Si ante las presiones de la crisis, muchas organizaciones económicas populares se esfuerzan por forjar practicas de autogestión, ello constituye de por sí un importante paso no sólo hacia la autodependencia, sino también hacia una mayor autonomía, pues revela, por parte de grupos y comunidades, la voluntad de ejercer el control sobre sus propias condiciones de vida. Es en esa medida que constituyen uno de los embriones para un Desarrollo a Escala Humana. El problema consiste, pues, en identificar modos de organización y operación internos y sistemas de relaciones con el mercado externo, que permitan a estas organizaciones conquistar grados crecientes de autodependencia y autonomía para adoptar libremente decisiones en función de sus propios objetivos e intereses. Todo esto en la perspectiva de un progresivo desarrollo de las capacidades personales y de control sobre las propias condiciones de vida, para desplegar modos de ser y de actuar alternativos que se proyecten hacia una transformación de las relaciones económicas y sociales, sustentadas en una cultura democrática.

La consecución de estos fines requiere que las organizaciones posean los factores necesarios para generar los activos e ingresos económicos indispensables a fin de satisfacer las necesidades de consumo de sus integrantes y reponer y ampliar los factores utilizados. Estos factores deben combinarse en cantidades y calidades definidas de tal forma que la unidad económica pueda asegurar su reproducción y crecimiento. Por ello la capacidad de las microorganizaciones de perpetuar su existencia mediante la generación de excedentes que permitan financiar su crecimiento resulta esencial, además, para incrementar su autodependencia.

Desafíos del Estado

Una amenaza permanente para el logro de mayores niveles de autodependencia y autonomía de las micro-organizaciones es el intento de cooptación por parte del aparato del Estado, de los partidos políticos y de otras instituciones que operan con la lógica del poder. Las organizaciones económicas y movimientos sociales en general son con frecuencia neutralizados por un escenario político de estructuras piramidales que entre sí se disputan hegemonías.

El problema de la cooptación es determinante para las articulaciones entre organizaciones locales y procesos globales. La cooptación se realiza mediante la identificación y manipulación política de los actores sociales, lo que invariablemente conduce a la pérdida de identidad de éstos y a su utilización para fines que desvirtúan sus objetivos endógenos. En esta dinámica, el sistema de relaciones que se establece entre las micro-organizaciones y las macroestructuras de poder, remata en la pérdida del control de aquéllas sobre sus propios recursos y sobre su destino.

El sentido que asuman estas articulaciones depende en gran medida de las características del proceso político, del carácter de las instituciones estatales y del proyecto ideológico que define al Estado. En el contexto de los procesos políticos autoritarios y anti-democráticos, las subvenciones públicas suelen acompañarse de condicionamientos y mensajes destinados a inducir en las comunidades beneficiadas determinados comportamientos, o dirigidos a evitar acciones que el Estado considera inconvenientes para el orden social y político establecido. En los casos en que rige el estado de derecho y la sociedad se organiza como democracia meramente representativa, las subvenciones y asignaciones de recursos públicos se encuadran en políticas de reforma social que van acompañadas de mensajes ideológicos o doctrinarios que también condicionan el funcionamiento de las micro-organizaciones y de los movimientos sociales, mermando su capacidad de autonomía y autodependencia. Sin embargo, es evidente que un estado de derecho es mucho más propicio para la coexistencia de múltiples identidades socioculturales que un régimen autoritario. Más aún, es condición necesaria -aunque no suficiente- para promover la autonomía y la autodependencia en los diversos ámbitos y espacios. Tanto el juego político democrático, como un sistema económico que distribuya recursos conforme a las necesidades de los distintos grupos y sectores sociales, son requisitos indispensables para la promoción de un estilo de desarrollo como el que aquí se propone.

 

Sobre recursos



Recursos para la autodependencia

En materia de políticas concretas orientadas al Desarrollo a Escala Humana en América Latina, un elemento decisivo es el de la generación y asignación de recursos destinados a fortalecer organizaciones locales que operan con una racionalidad contrahegemónica (solidaria, sinérgica, participativa) y a incrementar la autodependencia de estas organizaciones. Si se fortalecen “embriones de organización” puede atenuarse el riesgo de la cooptación de lo micro por lo macro, y puede aumentar la permeabilidad de lo macro por lo micro. Una política de recursos para el desarrollo local (descentralizadora y participativa) y desde las organizaciones locales constituye la piedra angular para una transformación estructural “de abajo hacia arriba”.

En este sentido es preciso examinar el problema de los recursos al interior de las pequeñas organizaciones económicas, evaluar críticamente las nociones convencionales para el desarrollo local y, particularmente, para el de las pequeñas organizaciones económicas.

 

El trabajo como un multi-recurso



Al analizar una unidad productiva a fin de evaluar su eficiencia y su modo de organizar el proceso productivo, el paradigma ortodoxo de la teoría económica, basado en el concepto de función de producción, postula que el flujo de producción, durante un cierto período de tiempo, depende del stock de capital y del uso de una cantidad determinada de trabajo, combinados en una proporción dada. De ello se deduce que tanto el trabajo como el capital no son sino factores de producción, vale decir, insumos para el proceso productivo. Bajo semejante perspectiva nada diferencia, en un sentido formal, la máquina del trabajo humano; éste se adquiere en el mercado como una mercadería cualquiera dado que tiene un precio (salario) y está sujeto al libre juego del oferta y demanda.

Si en su versión primitiva trabajo y capital fueron, para la teoría económica, considerados homogéneos, posteriormente la noción de homogeneidad del capital fue superada por la llamada «Controversia del Capital» o «Controversia de Cambridge». La idea de homogeneidad del trabajo fue trascendida por la «Teoría del Capital Humano», pero ésta redujo el trabajo humano a la condición de capital acumulable mediante inversiones en educación y entrenamiento. Además de ser objetable en el plano ético, esta teoría contiene un sofisma ideológico merced al cual los trabajadores también aparecen, en cierta forma, como capitalistas.

Más allá de los reduccionismos aludidos, estas nociones omiten un conjunto de recursos relacionados con el trabajo y que la experiencia histórica obliga a considerar. El trabajo constituye mucho más que un factor de producción: propicia creatividad, moviliza energías sociales, preserva la identidad de la comunidad, despliega solidaridad, y utiliza la experiencia organizacional y el saber popular para satisfacer necesidades individuales y colectivas. El trabajo tiene, pues, una dimensión cualitativa que no puede explicarse por modelos instrumentales de análisis ni por estimaciones econométricas de funciones de producción.

En el marco de la actual crisis, la dimensión cualitativa del trabajo se hace más manifiesta en las actividades que desarrollan muchas de las microorganizaciones. Se trata de elementos intangibles, no mensurables ni definibles en unidades comparables a las usadas para los factores de producción convencionales. Ligados a una noción más amplia del trabajo, estos recursos desempeñan un papel decisivo al compensar la escasez de capital con elementos cualitativos para el aumento de la productividad. Entendido como una fuerza que moviliza potencialidades sociales, el trabajo, más ¿fue un recurso, es un generador de recursos?

La reconceptualización de los recursos -incluido el trabajo- es necesaria y viable. Permite superar visiones unidimensionales que tienden a subordinar el desarrollo a la lógica exclusiva del capital.

Las reconceptualizaciones a que se ha hecho referencia y la definición de alternativas para la generación de recursos exigen considerar dos ámbitos fundamentales que se examinarán en los Ítems siguientes. El primero se refiere a los recursos no convencionales, y el segundo a las alternativas de financiamiento para el desarrollo local.

Los recursos no convencionales

Los recursos no convencionales son importantes no sólo para la supervivencia de micro-organizaciones sino también para la constitución y el desarrollo de movimientos sociales en distintos países de América Latina. Casos ilustrativos los encontramos en las Organizaciones Económicas Populares chilenas (OEP), en las comunidades cristianas de base del Brasil, en las organizaciones de barriadas del Perú, en los movimientos juveniles y de mujeres, en las asociaciones indígenas, en los grupos ecologistas y en tantos otros.

Organizaciones análogas existen en todos los países de la región, y son formadas por personas que han resuelto unir esfuerzos para enfrentar grupalmente la satisfacción de sus necesidades fundamentales mediante la construcción de proyectos colectivos de vida.

En el caso de las micro-organizaciones, muchas de ellas se crean a fin de paliar la ausencia de oportunidades de trabajo en los sectores más modernos de la economía, pero también buscan alternativas conscientes frente a la alienación y a la jerarquización vertical del trabajo en las fábricas, en las oficinas y en otros servicios organizados en torno al núcleo capitalista moderno. Buena parte de estas organizaciones no sólo se consagran a actividades económicas que garanticen su auto-reproducción, sino que también desarrollan actividades sociales, culturales y recreativas. La producción y la comercialización de bienes y servicios se complementa allí con actividades de autoconstrucción, huertos orgánicos, cocina comunitaria, compras comunes, teatro popular y otras.



Más allá de los recursos económicos

Los recursos que tales movimientos y organizaciones movilizan no se agotan en lo que convencionalmente suele entenderse por recursos económicos. Mientras estos últimos se reducen al trabajo, con sus varias calificaciones, y al capital, entre los otros recursos se incluyen:

1. Conciencia social;

2. Cultura organizativa y capacidad de gestión;

3. Creatividad popular';

4. Energía solidaria y capacidad de ayuda mutua;

5. Calificación y entrenamiento ofrecido por instituciones de apoyo;

6. Capacidad de dedicación y compromiso de agentes externos o internos.

Es preciso destacar la particularidad muy especial que distingue a los recursos convencionales de los no convencionales. Mientras los primeros se agotan en la medida en que se utilizan, los segundos se pierden sólo en la medida en que no se utilizan. Por ejemplo, el poder que se entrega, es poder que se pierde: el dinero que se da es dinero que se deja de tener. En cambio, la solidaridad que se da es solidaridad que crece: el conocimiento que se entrega es conocimiento que se expande.

Los recursos no convencionales potencian un desarrollo que va más allá de la noción convencional de acumulación (aun cuando la incluye), ya que se funda, además, en el acervo del saber práctico generado por la propia comunidad. Tal acumulación de conocimientos amplía a su vez la potencialidad de los propios recursos: capacidad organizativa, generación de nuevas conductas y opciones enriquecedoras de interacción comunitaria. Otro rasgo distintivo de estos recursos, y que revierte las perspectivas economicistas habituales, es que, contrariamente a los recursos económicos convencionales que se caracterizan por la escasez, los recursos no convencionales abundan. Tienen, además, una enorme capacidad de conservar y transformar la energía social para procesos de transformaciones profundas.



Complementación entre recursos convencionales y no convencionales

La potenciación de recursos no convencionales, como los enumerados, estimula no sólo la autodependencia, sino que garantiza una mejor utilización de los recursos convencionales, especialmente del capital. Esto es fácilmente comprobable a la luz de la experiencia de muchos proyectos locales ejecutados en América Latina con apoyo de organismos internacionales. Muchísimos proyectos que han contado con todo el apoyo financiero necesario, acaban por desvanecerse debido a su incapacidad de estimular las motivaciones y potencialidades endógenas de los grupos que se pretende beneficiar. De ahí que todo recurso convencional que no se apoye en un querer ser y en un querer hacer de la comunidad, es decir, en la emergencia de los recursos no convencionales que la comunidad decida movilizar, acabará por ser ineficiente.

Esta reconceptualización de los recursos no sólo extiende las opciones en materia de planificación y políticas, sino que además destaca que el principal agente de transformación es la capacidad del ser humano de movilizar su sensibilidad, imaginación, voluntad y su talento intelectual en un esfuerzo que se extiende desde el desarrollo personal al desarrollo social y que genera así una conciencia integradora que va de lo individual a lo colectivo, transformando recursos internos a la persona en catalizadores de una energía social transformadora. Es precisamente este caudal sinérgico de los recursos no convencionales lo que los convierte en una pieza clave para el Desarrollo a Escala Humana. Y es por su dimensión histórico-cultural que una política de recursos no convencionales es mucho más que una política económica.

Recursos no convencionales y democracia social

Estos recursos pueden ser instrumentos importantes de transformación en la medida en que se encuentran enraizados en las comunidades y «almacenados» en la tradición histórica y cultural. Son las comunidades las que pueden maximizar y viabilizar el uso de ellos, pues tales recursos les son inherentes. De modo que el potenciamiento en el uso de los recursos no convencionales implica también el potenciamiento de la participación comunitaria de la sociedad civil frente al Estado y de la autodependencia frente a la dependencia.

A los recursos no convencionales mencionados pueden agregarse otros análogos que hacen referencia tanto al ámbito histórico-antropológico como al de las estructuras sociales, tales como las redes sociales, la memoria colectiva, la identidad cultural y las visiones del mundo.

La alternativa orientada al Desarrollo a Escala Humana pasa necesariamente por una política de activación de recursos no convencionales. Ello obliga a asumir un enorme desafío ideológico, cual es el de avanzar en la perspectiva de:

1. Identificar y aprovechar las coyunturas históricas favorables a fin de multiplicar las iniciativas que la sociedad civil forja para administrar los recursos disponibles en una dirección renovada.

2. Identificar y ampliar los espacios sociales que albergan mayor potencial en materia de recursos no convencionales.

3. Identificar y estimular los actores sociales capaces de utilizar estos recursos en función de cambios estructurales hacia un Desarrollo a Escala Humana.

Alternativas de financiamiento local

El sistema financiero convencional no ha sido adecuado para la promoción del desarrollo local ni ha respaldado experiencias alternativas de organización económica. Ello es parte de un contexto político que requiere de una revisión crítica. Tanto más importante es esta revisión cuando se toma conciencia de la crisis económica que atraviesan los países de la región. Las políticas estabilizadoras destinadas a resolver los problemas de desequilibrio interno y endeudamiento externo, fueron minadas por un proceso irresponsable de financiamiento a los grandes grupos económicos y al Estado por parte del sistema financiero privado internacional. Lejos de conducir a nuestros países a su desarrollo, estos procesos precipitaron una profunda crisis económica y social que no tiene paralelo en la historia latinoamericana. Si algo no puede soslayarse, es el hecho de que el financiamiento a los grandes grupos económicos y al Estado agudizó una crisis que empobreció aún más a aquellos sectores que han sido tradicionalmente excluidos social, económica y políticamente del proceso histórico de expansión económica.

Uno de los principales problemas en relación al financiamiento local es el de la hipertrofia y centralización del Estado en América Latina. Más recursos estarían disponibles para promover la autodependencia de los espacios locales si se llevaran a cabo, en muchos de los países de la región, reformas a los sistemas tributarios, monetarios y financieros. Esto, a fin de permitir que tanto los recursos públicos como los privados estén más directamente vinculados a las necesidades locales y a los grupos más desprotegidos de la población. La discusión en tomo a la disyuntiva entre descentralización y centralización se sitúa así en el centro de la problemática del Desarrollo a Escala Humana. Con ello se replantea el papel del Estado como asignador de recursos para favorecer el desarrollo orientado al fortalecimiento de los espacios locales.

Las instituciones Financieras que se dediquen al financiamiento local en función de un Desarrollo a Escala Humana deben plantearse fines y formas de operar que desborden el marco convencional del financiamiento. En primer lugar, estas instituciones deben promover la creatividad local y apoyar iniciativas comunitarias que se organicen a través de relaciones solidarias, horizontales y equitativas. En segundo lugar, tales instituciones deben maximizar, en el nivel local, la velocidad de circulación del dinero. Esto significa captar el excedente generado localmente y hacerlo circular la mayor cantidad de veces posible al interior del espacio local, ampliando así la capacidad multiplicadora del financiamiento a partir de un nivel determinado de ahorro. En tercer lugar, estas instituciones han de adecuarse para que los propios ahorrantes o generadores de excedentes puedan decidir sobre el destino de sus recursos, lo que permitiría mayor transparencia a la relación ahorrante - inversor, promoviendo más participación en las actividades consagradas a viabilizar alternativas de desarrollo en el espacio local. En cuarto lugar, tales instituciones Financieras deben administrarse en forma cooperativa por personas de la propia comunidad, para lo cual la gerencia también debe ser de origen local. Por último, para que la institución Financiera local pueda sostener una imagen de credibilidad debe contar con protección contra eventuales crisis de liquidez. Esta protección podría asumirla una organización bancaria tal como el Banco Central o cualquier otro sólido banco oficial.

En función de lo anterior, es menester que el sistema bancario en América Latina incorpore una nueva orientación que amplíe su concepción de financiamiento. Así podrá superarse la práctica restrictiva en materia de préstamos, removiendo las barreras conservadoras que exigen garantías patrimoniales como condición imprescindible para la concesión de créditos.

Sin desmedro de su autonomía, los bancos locales también podrían estar vinculados tanto al sistema financiero nacional como al internacional. Con relación a esta última articulación cabría pensaren la creación de un banco regional latinoamericano cuya función primordial fuera la de apoyar el financiamiento local. Dicho banco, de cobertura regional, podría concebirse como una institución cooperativa integrada por bancos locales. Otra forma de financiamiento local es la de la llamada Banca Descalza (Barefoot Banking). Se trata de un mecanismo que generalmente se vincula con alguna institución financiera oficial.

Su objetivo es el de asignar recursos a actividades que pueden desarrollar grupos locales que, de no mediar esta gestión, no tendrían acceso a financiamiento de ninguna otra institución bancaria, fuere pública o privada. El sistema tiene múltiples variantes, pero en general funciona a través de la identificación de oportunidades de inversión realizada por personas entrenadas que conviven con la comunidad. Tales agentes seleccionan actividades en función de las condiciones locales y en la medida en que contengan potencialidades de desarrollo. En estos casos el apoyo se adopta a las posibilidades reales del proyecto local, en lugar de que el proyecto se adapte a las exigencias del mercado financiero.

El financiamiento local exige también que la propia institución financiadora (o cualquier otra agencia pública o privada) suministre, de ser necesario, apoyo técnico para la formación y ejecución de proyectos que aprovechen las oportunidades económicas existentes en la localidad. Tal exigencia no debe entenderse como formal, sino como instrumento que permita evaluar la viabilidad del esfuerzo y mejorar el apoyo externo.

El financiamiento para pequeñas organizaciones económicas en espacios locales obliga a las instituciones a ser capaces de captar los ahorros y canalizarlos mediante el crédito para atender las necesidades locales. En el caso del Grameen Bank Project, en Bangladesh, el crédito generó ahorros, lo que es poco usual. Suele ocurrir lo contrario, a saber, que el ahorro genere crédito. La relación entre ahorro y crédito ha sido objeto de algunas propuestas en trabajos recientes. Se argumenta al respecto que, a la luz de los problemas enfrentados por las comunidades más pobres que buscan o vivencian formas alternativas de desarrollo, la movilización del ahorro, combinada con créditos a nivel local, constituye uno de los medios más importantes para la promoción del desarrollo de la comunidad. Por otro lado, hay experiencias que demuestran que el sector informal cuenta con gran potencial para la generación de ahorros, y que dicho potencial ha sido escasamente aprovechado.

Las instituciones de ahorro en los espacios locales surgen, pues, como importantes agencias de apoyo a experiencias alternativas, sobre todo si no persiguen fines de lucro y se limitan a pequeños espacios geográficos, asumiendo así el papel de bancos típicamente populares. Para mayor coherencia con el desarrollo local, estas instituciones deben además: 1) poseer una estructura descentralizada, 2) ligar de la manera más estrecha posible la formación de ahorros a las necesidades de crédito local; y 3) superar o encontrar formas alternativas a las exigencias habituales de garantías para la concesión de créditos.

Autonomía y macropolíticas

Resulta imprescindible diseñar políticas para apoyar el desarrollo de los sectores invisibles mediante la aplicación de programas de capacitación, crédito y asistencia técnica a los pequeños productores urbanos y rurales, privilegiando especialmente a micro-organizaciones capaces de decidir y dirigir sus proyectos por sí mismos, de manera colectiva y solidaria.

Asimismo, los programas de capacitación, crédito y asistencia técnica deben tener como objetivo primordial el aumento de la capacidad de control por parte de las micro-organizaciones y de las poblaciones organizadas sobre el conjunto de bienes y servicios necesarios para reducir la pobreza, garantizar la calidad de vida, el mejoramiento del habitat y del ambiente y estimular, así, la autodependencia en las comunidades, municipios y regiones.

Convendría fomentar la aplicación de estrategias de desarrollo que reconozcan y respeten la diversidad de realidades y formas de organización que en los planos locales, regionales y nacionales caracteriza a América Latina, y convertir así la diversidad en elemento potenciador del desarrollo. Ello debe implicar un esfuerzo sistemático de desconcentración del poder político, de modo de distribuir más igualitariamente su ejercicio en los distintos ámbitos de la sociedad y así asegurar la adecuada consideración de los intereses locales y regionales.

Finalmente, aparece como imperiosa la necesidad de abocarse a estudios profundos que apunten a una reestructuración de los sistemas financieros y bancarios dentro de nuestros países, de tal manera que aporten al desarrollo no sólo en términos globales, sino que lo estimulen específicamente en los espacios regionales, municipales y comunitarios, con especial énfasis en el potencial de autodependencia en las organizaciones locales. En tal sentido, cabe considerar la creación de bancos locales (no sucursales de bancos nacionales) que estimulen el ahorro comunitario y la circulación de excedentes en las propias comunidades que los generan.

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