Diálogo Continuo con la Comisión de Czestochowa



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Diálogo Continuo con la Comisión de Czestochowa
Del 18 al 22 de Agosto de 1996, se llevó a cabo el Doceavo Congreso Internacional Mariológico-Mariano en Czestochowa, Polonia, organizado por la Academia Pontificia Internacional Mariana. El Congreso Mariológico-Mariano, que combina la mariología científica y los asuntos marianos más populares y pastorales (de allí su título "Mariológico-Mariano"), se lleva a cabo cada cuatro años en diferentes locaciones internacionales.

Un componente típico del Congreso Mariológico Mariano, desde el Concilio Vaticano II, ha sido un grupo de discusión ecuménico formado por miembros de varios países y la participación de varios teólogos no católicos interesados en mariología. El propósito del grupo ecuménico es el de abrir un espacio para discutir las dimensiones del tema del Congreso o cualquier otro asunto de importancia mariológica, desde un punto de vista específicamente ecuménico.

El grupo de discusión ecuménico para el Congreso de 1996 en Czestochowa, estuvo formado por 16 teólogos católicos de varios países y 5 teólogos no católicos: el canónigo Roger Greenacre, teólogo anglicano de Inglaterra; el Dr. Hans Christoph Schmidt-Lauber, teólogo luterano de Austria; el Padre Ghennadios Limouris, teólogo ortodoxo de Constantinopla; el Padre Jean Kawak, teólogo ortodoxo de Siria; y el Profesor Constantin Charalampidis, teólogo ortodoxo de Grecia.

Durante la reunión del grupo de discusión ecuménico en Czestochowa, y sin previo conocimiento de los miembros (como más tarde lo expresarían algunos miembros respondiendo a las preguntas de la prensa y de sus colegas), se abordó el tema de la conveniencia de definir la doctrina mariana de la Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada, y se hizo la petición de que alguna autoridad de la Santa Sede diera su opinión al respecto.

Después de un período de discusión, que según estimaciones de los miembros del grupo duró unos treinta minutos, consistiendo esencialmente en los comentarios que hicieron algunos teólogos totalmente en contra de la definición, se solicitaron los comentarios de aquellos que están a favor de la definición. Después de un breve silencio, se cerró la sesión con una votación unánime de 21 a 0, lo que quedó registrado como conclusión. Según los miembros del grupo, no se había hecho ningún estudio específico, no se le dio al comité papel de trabajo alguno, no hubo oportunidad para la investigación, el anteproyecto con las conclusiones nunca se presentó al grupo ecuménico para su aprobación final y no se ofreció ninguna presentación a favor de la definición para su inspección.

Unos diez meses después, el 4 de Junio de 1997, L'Osservatore Romano publicaría las conclusiones del grupo ecuménico de Czestochowa, pero designándola con el nuevo nombre de "Comisión establecida por la Santa Sede." Según el reporte, la Comisión estaba formada por miembros "elegidos por su específica preparación en el tema," dándose a conocer un documento escrito intitulado "Declaración de la Comisión Teológica del Congreso de Czestochowa."1 Una vez más, y para sorpresa de los miembros que dijeron que no habían sido informados de estar actuando como una "comisión establecida por la Santa Sede," sino sólo a petición de alguna autoridad de la Santa Sede para dar su opinión sobre el tema de la definición, los resultados del grupo ecuménico ad hoc de Czestochowa y su conclusión negativa a la propuesta de definir a María como Corredentora, Mediadora y Abogada, fueron publicados por la prensa católica y secular como un rechazo definitivo del magisterio a la petición que hacían unos seis millones de fieles y más de 500 cardenales y obispos para que se proclamara el quinto Dogma Mariano que se ha propuesto, con el título "No Habrá Nuevo Dogma Mariano", que circuló por todo el mundo.2

La publicación de L'Osservatore Romano con las conclusiones del grupo ecuménico de Czestochowa, bajo su nueva designación del 4 de Junio (que concluía doblemente que la definición era inapropiada), coincidió justo con la clausura de la Conferencia Internacional Vox Populi Mariae Mediatrici, que se celebraba en el Centro de Convenciones Domus Mariae en Roma. Más de 70 obispos y más de 100 teólogos y guías laicos venidos de los cinco continentes (que hasta ese momento representaban seis millones de peticiones laicas para la definición mariana, de 140 países del mundo), daban por concluido el simposio teológico con una oración unida y filial, solicitando al Papa Juan Pablo II la definición solemne de María como Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada. El Santo Padre no estaba en Roma cuando la declaración de Czestochowa fue publicada, sino que se encontraba visitando Polonia, su tierra nativa; pero irónicamente, el 4 de Junio pedía la intercesión de la Madre de Dios ante la mismísima imagen de Nuestra Señora de Czestochowa.

Un miembro de la Academia Pontificia Internacional Mariana, preocupado por los asuntos en torno a la naturaleza y proceso del comité de Czestochowa y su publicación posterior, hizo los siguientes comentarios:


El primero y más importante hecho que hay que tener en cuenta sobre estos dos documentos (la declaración de la Comisión y el comentario adjunto), es que no son documentos oficiales de la Santa Sede, a pesar de haber sido publicados en el Diario del Vaticano L'Osservatore Romano, así como en la edición semanal en inglés y otras ediciones en varios idiomas de ese periódico. No representan el enfoque global y la opinión de los miembros de la Academia Pontificia Internacional Mariana, de la que también soy miembro, y, hasta donde yo sé, los temas a tratar no se consideraron de manera abierta, justa y honrada. La primera encuesta se hizo sin tomar en cuenta la representación de los que están a favor de la definición o de cualquier debate serio. Los comentarios adicionales fueron escritos como propaganda y con poco interés por reflejar una realidad de los asuntos en juego.3
Cinco años después, el 4 de Junio del 2002, L'Osservatore Romano publicó una conferencia mariológica ofrecida por el Padre Georges Cottier, O.P., Teólogo de la Casa Papal, que se difundió por todo el mundo a través de la Congregación para el Sacerdocio, en su Noveno Programa Internacional de Video-conferencia. La presentación del teólogo papal se intituló "La Corredención," y en su conferencia, el Padre Cottier respondió de manera muy convincente y corrigió varias de las objeciones teológicas más importantes que habían surgido de la declaración de Czestochowa, y particularmente con relación a la evidente base doctrinal de la corredención mariana del Concilio Vaticano II, así como una explícita defensa del título "Corredentora."4

La declaración de Czestochowa en L'Osservatore se publicó junto con otros tres comentarios que, o carecían de firma o no habían sido escritos por miembros de la propia Comisión.5 Nuevamente, la mayoría de las objeciones añadidas a los comentarios, fueron respondidas en forma muy convincente por la categórica exposición doctrinal que sobre María Corredentora, expusieron y firmaron los teólogos Padre Cottier y, anteriormente, Padre Jean Galot, S.J, publicadas en L'Osservatore.6


Objeciones Teológicas de la Comisión
Además de las incógnitas secundarias que giran en torno a la reunión de Czestochowa, su procedimiento y promulgación, ¿cuál es la objeción teológica esencial emitida por la Comisión contra la conveniencia de una definición solemne de María Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada? A continuación se transcribe la declaración completa publicada por L'Osservatore Romano, intitulada "Declaración de la Comisión Teológica de la Academia Pontificia Internacional Mariana:"
La Comisión llegó a una doble conclusión:


  1. Los títulos, de la manera propuestos, son ambiguos, ya que pueden interpretarse de varias maneras diferentes. Además, la posición teológica que asumió el Concilio Vaticano II, que no quiso definir ninguno de esos títulos, no debe ser abandonada. El Concilio Vaticano II no utilizó el título "Corredentora", y los de "Mediadora" y "Abogada", los utiliza de manera muy moderada (cf. Lumen Gentium 62). De hecho, desde la época del Papa Pío XII, el magisterio papal no ha utilizado el término en documentos importantes. Hay evidencia de que el propio Papa Pío XII intencionalmente evitaba usarlo. En relación con el título "Mediadora", la historia de esta cuestión no debe olvidarse: en las primeras décadas de este siglo, la Santa Sede encargó a tres comisiones diferentes estudiar la posibilidad de su definición, lo cual tuvo como resultado que la Santa Sede decidiera dejar de lado el asunto.

  2. Aún cuando a los títulos se les pudiera asignar algún contenido que bien pudiese ser aceptado como parte el depósito de la fe, no obstante y en la situación actual, la definición de estos títulos carecería de claridad teológica, ya que los títulos y las doctrinas inherentes, aún requieren de mayor estudio bajo una renovada perspectiva trinitaria, eclesial y antropológica. Finalmente, los teólogos, especialmente los no católicos, fueron susceptibles a las dificultades ecuménicas que implicaría esta definición.7

De la declaración de Czestochowa surgen cuatro objeciones principales: 1. "los títulos, de la manera propuestos, son ambiguos;" 2. Una definición iría en contra de la "posición del Concilio Vaticano II;" 3. Los "títulos y doctrinas inherentes requieren de mayor estudio bajo una renovada perspectiva trinitaria, eclesial y antropológica;" y 4. "dificultades ecuménicas...que implicaría esta definición." Examinemos cada objeción por separado.


"Los Títulos son Ambiguos"
La primera objeción afirma: "los títulos, de la manera propuestos, son ambiguos, ya que pueden interpretarse de maneras diferentes."

Con el debido respeto a la Comisión, y sin buscar de ninguna manera responder ad hominem, parecería que la objeción en sí y en la forma propuesta, más que los títulos, es lo que en realidad es ambiguo. No se da ninguna explicación ni ejemplo específico que apoye el reclamo de ambigüedad en relación con los tres títulos marianos. Tampoco es claro a quien se refiere cuando dice "proponiendo" estos títulos de una manera "ambigua."

Quizás sería mejor analizar la forma en que la Iglesia usa los tres títulos y sus funciones específicas, tal y como se manifiesta en los documentos papales y conciliares, y posteriormente, proceder a evaluar si la Iglesia carece o no de especificidad teológica al utilizar estos títulos para una adecuada y solemne definición.
María Corredentora
"Corredentora", a la usanza del magisterio, se refiere a la cooperación enteramente impar de María, la Madre de Jesús, en la obra de redención lograda por Jesucristo (cf. LG 57,61). El título Corredentora fue utilizado por primera vez por Pío XI en documentos papales y, providencialmente, Pío XI ofreció una razón teológica para usar este título:
Por la propia naturaleza de su obra, el Redentor debía asociar [non poteva, per necessitá di cose, non associare] a su Madre con su obra; por esta razón Nosotros la invocamos bajo el título de Corredentora [Corredentrice]. Ella nos dio al Salvador, lo acompañó en la obra de redención hasta la cruz, compartiendo con Él los sufrimientos, la agonía y la muerte, con los que Jesús dio cumplimiento cabal a la redención humana. Y fue al pie de la cruz, en los últimos momentos de su vida, que el Redentor la proclamó nuestra madre y madre para todos nosotros. "Ecce filius tuus," le dijo a San Juan, que representaba a todos nosotros; y esas otras palabras, dirigidas al Apóstol, también fueron dirigidas a nosotros: "Ecce Mater tua."8
En este sentido, las seis veces que Juan Pablo II ha utilizado el título de "Corredentora"9 son bien conocidas. El Santo Padre utiliza específicamente el título para designar la singular cooperación de María en la realización de la redención. Y aunque el uso que le da Juan Pablo incluye la totalidad de la singular cooperación de la Virgen Madre con el Redentor a lo largo de su vida terrena y su continuación en el cielo (cf. LG 57, 61-62), enfatiza de manera particular su participación única con el Redentor: A) con su aceptación voluntaria en la anunciación (Lc. 1:38; LG 56); y B) sufriendo profundamente con su Hijo en el calvario (Jn. 19:26-27; LG 58).

Quizás el mejor ejemplo de Juan Pablo II al usar el término Corredentora, y que proporcionó un marco teológico claramente articulado e identificado de la singular cooperación de María en la redención, sea la homilía que ofreció en el santuario mariano de Alborada en Ecuador, en 1985:


La silenciosa jornada que comienza con la Inmaculada Concepción y pasa por el "sí" de Nazaret, que la convierte en Madre de Dios, encuentra en el calvario un momento particularmente importante. Allí también, aceptando y cooperando con el sacrificio de su Hijo, María es el amanecer de la redención; . . . Crucificada espiritualmente con su Hijo crucificado (cf. Ga. 2:20), María contempló con amor estoico la muerte de su Dios, "consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado" (Lumen Gentium, 58) . . .

De hecho, en el calvario, María se unió al sacrificio de su Hijo que llevó a la fundación de la Iglesia; compartió en lo más profundo de su corazón maternal la voluntad de Cristo "de reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos" (Jn. 11:52). Habiendo sufrido por la Iglesia, María merecía convertirse en la Madre de todos los discípulos de su Hijo, la Madre que los uniría . . .

...como ella estaba de manera especial cerca de la cruz de su Hijo, también ella tuvo que haber tenido la privilegiada experiencia de su resurrección. De hecho, la función de María como Corredentora no terminó con la glorificación de su Hijo.10
Por lo tanto, y siguiendo esta enseñanza papal, si restringimos el término de Corredentora para designar la singular cooperación de la Virgen María en la redención lograda por Cristo, enfatizando particularmente su consentimiento en la anunciación para que el Redentor tomara de ella un cuerpo y sus sufrimientos unidos a los de Cristo en el calvario, entonces el título de Corredentora refleja una doctrina papal y conciliar muy específica.

Una posible objeción al título de Corredentora sería la supuesta ambigüedad, es decir, que no distingue propiamente el rol cooperativo de María, con el rol absoluto y fundamental de Cristo como Redentor. El Padre Galot, S.J., en su artículo Civilta Cattolica de 1994, responde a esta objeción, al discutir el desarrollo histórico del título:


Al principio, María era considerada sobre todo, como la mujer que había dado a luz al Redentor; en virtud de esta maternidad, el origen de la obra de salvación se reconoció en ella y fue llamada “Madre de la salvación,” “Madre de la restauración de todas las cosas."11 Una reflexión doctrinal más detallada había hecho entender cómo María no sólo era la Madre que había dado a luz al Redentor para la humanidad, sino también aquella que había participado muy especialmente de los sufrimientos de la pasión y del ofrecimiento del sacrificio. El título de Corredentora expresa esta nueva perspectiva: la asociación de la Madre en la obra redentora del Hijo. Se debe hacer notar que este título no reta la absoluta primacía de Cristo, ya que en ningún momento sugiere una igualdad. Sólo Cristo es llamado el Redentor; Él no es Corredentor, sino simplemente Redentor. En su función como Corredentora, María ofreció su colaboración maternal en la obra de su Hijo, una colaboración que implica dependencia y sumisión, ya que sólo Cristo es el maestro absoluto de su propia obra.12
Al utilizar este título, se hace más necesario hacer una distinción entre el aspecto enteramente único de María como Corredentora, del llamado general a que todos los cristianos participen en la obra de la redención como "corredentores."13 Solamente María participa, con un valor redentivo universal, en el acto de la redención misma como madre y asociada en los sufrimientos de su Hijo, mientras que la participación de todos los cristianos como "colaboradores de Dios" (1 Cor.3:9), se lleva a cabo después de la realización histórica de la redención, con el objeto de liberar y propagar los frutos de la redención. Juan Pablo II lo sintetiza de esta forma:
La colaboración de los cristianos en la salvación tiene lugar después del evento del calvario, cuyos frutos se esfuerzan por difundir a través de la oración y el sacrificio. María, en cambio, cooperó durante el evento mismo y en su oficio de Madre; por lo tanto, su cooperación abarca toda la obra salvífica de Cristo. Solamente ella estuvo asociada de esta manera con el sacrificio redentor que mereció la salvación de toda la humanidad.14
María, Mediadora de Todas las Gracias
El segundo título mariano, "Mediadora de todas las gracias," designa la singular función de María de distribuir todas las gracias de la Redención a la humanidad caída y obtenidas por Cristo. Continuando con el principio litúrgico de lex orandi lex credendi, vemos que la liturgia ha aprobado este título y su respectiva función, en la aprobación de la misa y el oficio de Mediatrix omnium gratiarum por la Congregación de los Ritos en 1921.15

Más evidente aún es la consistente e ininterrumpida enseñanza de los papas, que no sólo han enseñado con autoridad que la Madre de Jesús distribuye las gracias de la redención a la humanidad caída, sino que también han enfatizado repetidamente su componente omnium: que todas las gracias de la redención sin excepción se obtienen por la intercesión de María. Bien vale la pena reconocer que la enseñanza del magisterio ordinario, a través de encíclicas papales, ha sido clara e insistente sobre la doctrina de la Mediadora de todas las gracias, especialmente dentro del contexto y ámbito religioso al que se refiere Lumen Gentium 25:


Beato Pío IX: "Porque Dios ha encomendado a María el tesoro de todo lo bueno y así todos sepan que por su mediación se obtiene cada esperanza, cada gracia y toda salvación..." (Ubi Primum1849).
León XIII: — [Virgen María] "a quien [Cristo] escogió para ser mediadora y dispensadora de todas las gracias celestiales" (Jucunda Semper, 1883); "Es correcto decir que del inmenso tesoro de todas las gracia que el Señor acumuló —pues la 'gracia y la verdad vienen de Jesucristo' (Jn 1:17)— nada se nos otorga si no es por medio de María..." (Octobri Mense, 1891).
San Pío X — [María es la] "dispensadora de todos los dones adquiridos por la muerte del Redentor"; "...se convirtió de manera muy digna en la 'reparadora del mundo perdido' y dispensadora de todos los dones que nuestro Salvador compró para nosotros por su muerte y su sangre"; "Porque ella es el cuello de nuestra Cabeza por medio del cual Él comunica a su Cuerpo Místico todos los dones espirituales" (Ad Illum, 1904).
Benedicto XV: — "Sufriendo con su Hijo que moría en la cruz, María soportó el sufrimiento y casi la muerte...De cierto se puede afirmar que, junto con Cristo, ella ha redimido a la raza humana...Por esta razón, todo tipo de gracia que recibimos del tesoro de la redención es proporcionada, por decirlo así, por medio de las manos de la Virgen dolorosa..." (Carta Apostólica, Inter Sodalicia, 1918).
Pío XI: — "La virgen que, con Dios, es la tesorera de todas las gracias... (Cognitum sane); "...Sabemos que todas las cosas que se nos conceden vienen de Dios, el más grande y poderoso, por medio de las manos de la Madre de Dios" (Ingravescentibus Malis, 1937).
Pío XII: — "Es la voluntad de Dios que todos los favores los obtengamos por medio de María; que todos se apresuren a recurrir a María" (Superiore Anno, 1940); "Ella nos enseña todas las virtudes; nos da a su Hijo y con Él toda la ayuda que necesitamos, porque 'Dios quiso que tuviéramos todo por María'" (Mediator Dei, 1947).
En tanto que el Concilio eliminó la designación "omnium gratiarum" por razones ecuménicas,16 enseña claramente, sin embargo, que "asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna" (LG 62). Esta enseñanza conciliar de la intercesión de María para obtener las gracias, se nos presenta sin ninguna limitación intrínseca o inferida en cuanto a la universalidad de dones que la humanidad caída adquiere para la salvación eterna y que provienen del sacrificio redentor por la intercesión de María.

La mariología post-conciliar, en su articulación, tampoco se ve exenta de la doctrina de la Mediadora de todas las gracias. Un ejemplo reciente es el del Cardenal Schönborn, que explica la doctrina omnium gratiarum basándose en el fundamento clásico de la encarnación:


María, "Mediadora de todas las gracias"... ¿Es esto una exageración, o puede uno proclamarla y entenderla de una manera correcta? ¿Acaso no es Cristo el único Mediador de todas las gracias?...

María, como ningún otro ser humano, hace patente que hay una verdadera cooperación con el plan de Dios, pero es una cooperación que está completamente subordinada a la obra que Dios hace, y no en un nivel de igualdad, sino bajo la obra de Dios. Justamente viendo a María, nos damos cuenta que sólo Dios es el dador de la gracia. Yo no soy capaz de salvarme a mí mismo, sin embargo, sí puedo cooperar. Sólo Dios puede salvar, pero se nos permite cooperar...

¿Entonces, es María la Mediadora de todas las gracias? Si yo como sacerdote, puedo ser instrumento de la gracia para los demás, y cada uno de nosotros somos instrumentos de la gracia por la gracia del bautismo, entonces todos podemos ser cooperadores de Dios. ¿Porqué pues, María no puede ser la Mediadora de la gracia? Llamamos a María "Madre de la Gracia" (Gnadenmutter). Si es verdad que Cristo es la fuente y la causa de todas las gracias, si Él es el único Mediador, ¿no es entonces María, de quien Él nació, la Madre del Redentor?

¿Pero, es María la Mediadora de todas las gracias? ¿Puede una criatura tener una función de tal magnitud?...Bueno, en fe, podemos decir que si ella dio a luz al Redentor, no lo hizo estrictamente hablando, por sí misma. Ella es la Madre de Jesús no sólo para ella, sino para todos los redimidos por Jesús...Si creemos que toda gracia nos viene por Jesús, que Él es verdaderamente la fuente de todas las gracias y que sólo Él es el Camino, la Verdad y la Vida, entonces podemos creer que María quiere interceder para que nosotros obtengamos todo esto.17


¿Y qué hay de la objeción de que el título de Mediadora de todas las gracias es ambiguo? Una correcta distinción elimina ambigüedades, y son tres las distinciones que ayudan a comprender exactamente esta doctrina de la Iglesia: 1. una limitación adecuada dentro del género de la gracia en general; 2. la comprensión del título a la luz de la propia Concepción Inmaculada de María; 3. La universalidad de su intercesión de gracias, a pesar de las limitaciones históricas y temporales.

En virtud de que las escuelas y categorías de la gracia es multiforme, abarcando desde la gracia increada hasta las gracias de la creación, resulta apropiado limitar la gracia mediada por María a la humanidad, a la categoría de gracias de la redención, que nos mereció Cristo el Redentor en el calvario. Esta norma permite belleza en la diversidad en relación con las diferentes escuelas y clasificaciones de la gracia, en tanto que expresa la naturaleza universal de la mediación de todas las gracias por María, obtenidas en el calvario para la salvación de la humanidad caída.

Anteriormente se veía como un inconveniente el elemento omnium del título, a la luz de la mediación de gracia de la propia Inmaculada Concepción de María. Si bien es verdad que María no pudo interceder para sí misma la primera gracia de su Inmaculada Concepción, esto no representa una verdadera limitación del título ya que, partiendo de los textos papales, se hace evidente que la mediación universal de todas las gracias de la redención, se refiere a las gracias redentoras de Cristo a la humanidad caída. Las gracias de su Inmaculada Concepción no son parte de las gracias de la redención distribuidas a la humanidad caída, y por ello ambas precisiones doctrinales y una verdadera revelación de la universal mediación de gracias de María a la humanidad, están contenidas en el título Mediadora omnium gratiarum.

La Madre de Jesús, al haber participado en la realización histórica de la redención, cooperó con un rol mediador en la adquisición de todas las gracias de la redención. En virtud de este rol participativo en la adquisición de las gracias de la redención merecidas por Cristo, como la Nueva Eva bajo el Nuevo Adán, correctamente se ha reconocido que María posee un papel de intercesión de todas las gracias de la redención. Estas gracias son luego distribuidas a la humanidad, sin menoscabo de cuándo o cómo las gracias son distribuidas.

Es más, la Revelación cristiana de Jesucristo como Fuente y Autor de todas las gracias, y la Revelación neo-testamentaria posterior de María como mediación para que esa Fuente y Autor de todas las gracias alcanzara a la humanidad (Lc. 1:38), sostiene la universalidad de su papel como Mediadora de todas las gracias de la redención, personificada en Jesucristo, sin que el modo específico de cómo se han distribuido en la historia sea importante. De cualquier manera, María tuvo un verdadero rol mediador en relación con todas las gracias fruto de la redención. Esto da libertad a las diferentes escuelas de pensamiento para plantearse cuestiones tales como, por ejemplo, las gracias del Antiguo Testamento o las gracias inmediatas de los sacramentos. Lo que los papas enseñan y los fieles creen, es que la Madre del Redentor está directamente involucrada en la distribución de todas y cada una de las gracias de la redención.

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