¡Dios, el mejor lazarillo!



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¡DIOS, EL MEJOR LAZARILLO!http://piedradetoque.es/wp-content/uploads/2011/08/san-olav.jpg
Para andar derechos hacia la meta, para hacer sin riesgo de extravío el camino que tenemos que andar, nada mejor que cogerse de la mano de Dios y dejarle que camine Él delante de nuestros pasos.
No nos obligará, por su puesto, para que le utilicemos como un lazarillo. Al revés-desde nuestra libertad- contando con que puede haber en la vida mil senderos que engañosamente nos alejan de El, nada más cuerdo que poner nuestra mano en la suya. Si no, corremos el riesgo de no acertar con la ruta verdadera.
Porque hay en nuestro caminar trechos muy claros, que se andan, además, a plena luz. Y; entonces, es difícil errar el camino. Pero ¿y cuando viene la noche y el sendero se torna borroso y el andar se hace arriesgado? Entonces no hay más remedio que ampararse en su luz y pisar en las huellas que van dejando sus propios pasos.
Andaremos a veces por la vida leguas y leguas de camino recto. Y habrá como una seguridad triunfal en nuestras sandalias. Pero un día, inevitablemente, llegará el cruce, la maraña de senderos. Y, entonces, ¿cómo elegir?, ¿cómo acertar con la dicha del camino seguro?, ¿cómo vencer la fascinación de meternos a derecha o a izquierda, donde hay flores a la vera del camino, donde hay otros caminantes que harían más alegre y divertida nuestra jornada, pero por donde, no se llega a la meta que nosotros perseguimos si no a la perdición?
¡Qué difícil la condición de caminantes! El cansancio, la sed, el subir cuesta arriba.., la tentación tenaz de sentarse de una vez o de volverse atrás para siempre, el dolor de los pies fatigados... ¡Cuántos riesgos y cuántos sinsabores en el caminar! Y ¿cómo puede extrañarle a Dios, que conoce nuestra flojedad y nuestros miedos, que le elijamos por guía, que cerremos nuestros ojos puesto que Él los tiene bien abiertos, que enlacemos nuestra mano con la suya y que, así, nos dejemos llevar?
Para ir por los caminos de la vida, que son caminos de Dios, nada como hacer un acto de suprema confianza y llevarle a Él, precisamente a Él, de lazarillo.


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