Di­rección: Stijn Coninx. Fotogra­fía: Walter van den Ende. Mon­taje



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Kairos – CINEMATECA : Perspectivas didácticas

Daens (Stijn Coninx, 1992)


Producción: Dirk Impens para Favou­rite Film (Bélgica, 1992). Guión: FranÇois Chevalier y S. Coninx, según la novela de Louis Paul Boon. Di­rección: Stijn Coninx. Fotogra­fía: Walter van den Ende. Mon­taje: Ludo Troch. Música: Dirk Brosse. In­térpretes: Jan Decleir (Adolf Daens), Gérard Desasthe (Char­les Woes­te), Antje De Boeck (Nette Scholliers), Michaël Pas (Jan De Mee­ter), Julien Schoenaerts (obispo Stie­llemans), Johan Leysen. Dura­ción: 134 minutos.
Argumento. Ambientada en la última década del siglo XIX, la película cuenta los avata­res de Adolf Daens, un sacerdote que llega a la ciudad flamenca de Aalst donde tiene un hermano que publica "El trabajador", un periódico del par­tido católico. El hambre y la muerte por las calles y los salarios misera­bles de las fábricas del textil donde hay frecuentes accidentes labo­rales y don­de trabajan niños de seis años hacen que el sacerdote publique en el perió­dico un artículo que molesta a Woeste, jefe del partido católico y abanderado de los propietarios de las fábricas. Pero Daens no se echa atrás y la muerte de un niño somnoliento en la fábrica le impulsa a apoyar la huelga espontánea que tiene lugar. Muchos obreros católicos se sienten defrauda­dos por el partido confesional y no aceptan a los socialistas, aunque estén a favor de sus propuestas de justicia social. Daens crea un partido democris­tiano que es apoyado por los liberales y que sufre el boicot del partido cató­lico, Cuando es elegido diputado se enfrenta a Woeste, quien conseguirá presionar a la jerarquía eclesiástica para reducir al silencio a Daens, desle­gitimarle como re­presentante de los católicos y, finalmente, acabar con su carrera política. Pero Daens, después de aceptar la obediencia a sus supe­riores, seguirá al lado de los pobres.
Comentario crítico. La voluntad inequívoca del director Stijn Coninx ha sido reconstruir unos hechos históricos, la biografía escrita por L.P.B­oon. Las imágenes en blanco y negro del comienzo tratan de evocar con estilo documental la dureza de las condicio­nes de trabajo en el siglo XIX. La biografía de Daens se reconstru­ye dramáticamente situando al cura de Aalst frente a la problemática de las fábricas y el empobrecimiento de la población para lo cual se contraponen los obreros, representados por la fami­lia Scholliers, y la burguesía con el personaje de Woeste a la cabeza.

Inevitablemente, como todo el cine histórico, la película tiene momentos excesiva­mente discursivos, con un didactismo que resta matices a la ac­ción narrativa. Hay secuencias de enor­me lirismo (escena en la que el niño espera la multiplicación del pan), junto a otras de enorme garra épica. La fotografía y la ambientación se basan en colores apagados, con predo­minio de marrones y grises, que sub­rayan el mundo de miseria y penalidad que refleja la acción.


Temática. A través de la historia de Adolf Daens se nos invita a un salto en el tiempo para ver lo que han sido las luchas sociales y las tensiones en el mundo del trabajo en el siglo XIX; y, en ese marco, las distintas posturas de los católicos.

  • La Iglesia tuvo una respuesta desi­gual en los tiempos duros del capita­lismo: la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, que es el documento que inicia la Doctrina Social de la Iglesia, se inscribe en el llamado "ca­tolicismo social" que trató de dar respuesta a las tensiones deri­va­das de la indus­trialización y a las ideologías de iz­quierda de tipo anticle­rical. Pero, otros sectores se amparan en los par­tidos conservadores que, al mismo tiempo que se presentan como abande­rados de la defensa de la religión, apoyan claramente a los propietarios en detrimento de las masas de obreros que se sienten traicionados ("Los curas son para los ricos" le dice un niño a Adolf Daens). Los mismos pro­pietarios se presentan como defensores del orden y de la tradición religiosa: es elocuente, en este sentido, la se­cuencia en la que los obreros rezan al comienzo de su jornada laboral. Estas contradic­ciones apare­cen plas­madas en la familia Scholliers, donde el padre y el herma­no mayor son militan­tes del partido católico y donde la hermana Nette se adhiere a las ideas de Daens y, ha­biendo recha­zado el socialismo de su pretendiente, luego lo acepta por­que ve que respon­de a los problemas de los obreros. También en la discu­sión de Daens con el obispo, quien argumenta que "Dios ha querido que haya desigualdad", lo que el cura pone en cuestión.

  • El comité del Gobierno que visita la fábrica para comprobar que se cumple la legislación sobre las condiciones de trabajo es engañado por los propieta­rios. Las leyes de protección social destinadas a garanti­zar la seguridad laboral o el desem­pleo se incumplen... Lo mismo sucede con el derecho a voto que, siendo respetado formalmente, lleva al paro a quienes han votado a Daens.

  • La crisis de la industria, derivada de la implantación de nuevas tecnolo­gías de producción siempre ha sido soportada por el más débil. Las muje­res y los niños a los que se paga menos por jornadas laborales de cator­ce horas llevan el peso de esa crisis. También están los abusos sexuales en el trabajo: el capataz habitualmente abusa de las jóvenes que han de callar para poder comer.

  • El político católico Woeste aparece como "más papista que el Papa" al no aceptar la Rerum Novarum y presen­tarse como defensor de la reli­gión, aunque, en realidad utiliza la religión como parapeto ideoló­gico para mante­nerse en el poder frente a los "sin Dios". Daens sintetiza diciendo "Desde hace años, el partido católico no ha hecho más que agravar la miseria de los obreros de forma alarmante, sin escuchar sus gritos de desesperación (...) El primer deber de cada trabaja­dor es colaborar solidariamente para mejorar y conservar los puestos de trabajo y para ganar la batalla por una existencia digna". Esta problemá­tica está presente en la política euro­pea de los últimos cien­to cincuenta años.

  • Sólo con el concilio Vaticano II que declara formalmente la pluralidad de las opciones políticas legítimas para un cristiano, se deshace ese ideal de (falsa) unidad de los católicos que presenta la película y que supuso a Daens el calvario de elegir entre la fidelidad a la Iglesia y a los trabaja­dores empobrecidos hasta la muerte. Al final, el cura argumenta que "El ene­migo es aquel que explota y el amigo el que sufre con nosotros y cerca de nosotros".

  • La libertad de prensa y el sufragio universal ­­­aparecen como aspira­ciones por conse­guir en ese final del siglo.


Datos de interés­­. Daens ha sido llamada "el Nove­cento belga", por la similitud entre el trata­miento épico de las luchas obreras con el llevado a cabo por Bernardo Berto­lucci en su película. Pero mayor paralelismo hay con la desconocida producción chilena Ya no basta con rezar (Aldo Francia, 1971), una película que cuenta el pro­gresivo compromiso que adopta un sacerdote con las gentes de su barrio y que, a diferencia, de Adolf Daens, no tiene ningún conflicto con la jerarquía eclesiástica. Por otra parte, Germinal (Claude Berri, 1993) es otra producción reciente que refleja ese mismo mundo de pobreza y de lucha por la supervi­vencia de los trabajadores en el siglo pasado.


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