Discurso conmemorativo



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DISCURSO CONMEMORATIVO
La historia de los pueblos se glorifica bajo el destello que despiden sus armas, armas que construyen la patria con cimientos de sangre, derramada por valientes hombres empeñados en brindarnos un sueño, ¡sueño llamado México! forjado hace un siglo y bajo un sol de opresión tiránico que ahogaba las aspiraciones de toda una nación, impidiendo la circulación de las diferentes voces demandantes de libertad. La construcción del sueño mexicano comenzó un 20 de noviembre de 1910, para enfrascarse en una lucha perpetua contra el autoritarismo y contra la imposición de modelos de vida ajenos a la pluriculturalidad privativa del territorio nacional, y es que cuando el espíritu del hombre tiene ansias de libertad y quiere sobrepasar los limites de la imaginación, nada puede contener su caudal de emociones emprendedoras, un espíritu que lucha por conseguir un universo de posibilidades, que avanzara a pesar de la represión que trata de contenerlo, ganando para su causa, infinidad de riachuelos que pronto formaran un inmenso océano que hace ¡retemblar en su centro a la tierra!, estremeciendo las propias estructuras dominantes de todo un sistema político, con la acción conjunta, convertida en una sola, exigiendo ser reconocidos como parte de la nación y exponiendo sus mas elementales necesidades. Hace 100 años, se observo como la aurora celeste se comprimió entre el norte y el sur, para defender el sueño de una federación, para conseguir la unidad nacional y en base a esto conformar una identidad nacional, sin embargo, los resultados arrojados por ese pequeño haz luminoso durante un breve periodo de tiempo, fue opacado prontamente por intereses burgueses, apropiándose del ansia de libertad del pueblo mexicano y devolviéndole a cambio de su sangre una miserable existencia en los rincones del olvido, en 1910 y a partir de entonces el pueblo mexicano ha sido traicionado por su burguesía, vendiéndole la idea del cambio, que sigue dando frutos aun después de tanto tiempo, ¡la revolución mexicana! es un suceso que ha marcado definitivamente el rumbo de la vida nacional, porque determino el papel que en adelante desempeñaría el pueblo mexicano en la vida política de la nación, ¡los campesinos fueron traicionados!, ¡Villa y Zapata asesinados! al igual que los hermanos Serdan; todo esto para que un hombre, Francisco I madero, entrara a la ciudad de México entre vítores que lo proclamaban como el vencedor del régimen porfirista. Pero nada cambio, el poder siguió en manos de los poderosos, al pueblo lo asesinaron como a Villa y Zapata porque ya no era necesaria su intervención, luego de un tiempo, esta revolución de la que los mexicanos hemos estado tan orgullosos, se institucionalizo y nos siguió deslumbrando con la sola apariencia, hasta convertir el recuerdo de aquel lejano 20 de noviembre, ¡en un icono de la historia nacional!, nos lo dejo como el día en que el pueblo triunfo porque se levanto en armas, pero hoy, a 100 años de ese glorioso día, ¡seguimos hambrientos de libertad!, seguimos siendo asesinados ideológicamente, porque seguimos siendo solo un pueblo de opinión, porque el poder sigue en manos de las mismas personas, de instituciones centralistas con ideas autoritarias y porque nuestros pueblos indígenas siguen gritando en la cara ¡“tierra y libertad”!, porque seguimos día a día esperando que se nos haga justicia, porque exigimos para Villa, Zapata, los hermanos Serdan y tantos mas un ¡sepulcro de honor!, no queremos seguir con ¡recuerdos de gloria!, queremos ¡laureles de victoria!, porque seguimos siendo ¡mexicanos al grito de guerra!.


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