Discurso en la ceremonia de cambio de mando del comandante general de la marina



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DISCURSO EN LA CEREMONIA DE CAMBIO DE MANDO DEL COMANDANTE GENERAL DE LA MARINA



Guayaquil, 20 de enero de 2015

Queridos marinos, soldados de mí Patria:

Es un gran gusto y honor volver a estar entre ustedes, hombres y mujeres que navegan los mares de nuestro Ecuador, custodios permanentes de esa extensión de la Patria donde se esconden riquezas inconmensurables, donde está gran parte de nuestro futuro, las aguas por donde surcan los nuevos sueños del país.

Hace algunos años dije en este mismo lugar: el futuro del Ecuador está en el mar, depósito de riquezas incalculables y aun prácticamente inexploradas.

Las aguas por las que ustedes navegan hacia un horizonte infinito, expresan la imagen del nuevo Ecuador que camina hacia un porvenir donde los límites son solo la medida de nuestros anhelos, donde lo único que está prohibido es no soñar y, sobre todo, no luchar por hacer realidad esos sueños.

La Armada del Ecuador siempre ha cubierto de gloria al país. Permanecen en nuestra memoria el ejemplo del Alférez Naranjo, del Comandante Rafael Morán Valverde, para avanzar hacia mejores días, la Patria entera cuenta con ustedes, con su valioso aporte, con su sacrificio y entrega.

En estos años de gobierno, como nunca antes se ha respetado la estabilidad de los mandos. Lamentablemente, por imperativos legales, hoy tenemos que ver partir de nuestra Armada a un gran marino, a un gran amigo y a un gran patriota.

Hacemos público reconocimiento y expresamos nuestra profunda gratitud al Vicealmirante Luis Jaramillo Arias por los valiosos y leales servicios prestados a nuestra Marina de Guerra, al pueblo ecuatoriano, a la Patria entera.

También el día de hoy se acogen a disponibilidad, a un merecido descanso, los vicealmirantes Carlos Moncayo Cáceres y Marco Salinas Haro.

Muchas gracias por su tesón y constancia, por su talento y felicitaciones por sus brillantes carreras al servicio de la Armada Nacional y del país entero. También muchas gracias a sus respectivas esposas, hijos, sabemos que sin sus familias, sin su sacrificio, sin ese respaldo no tendríamos aquí a nuestros valiosos soldados.

El Vicealmirante Luis Aurelio Jaramillo quien asumió la Comandancia el 28 de diciembre del 2012, ahora entrega el mando de nuestra Armada Nacional a otro extraordinario oficial y querido amigo, el Vicealmirante Luis Santiago Chávez.

Oriundo de la bella ciudad de Milagro, muy ligado al campo educativo, ha pasado más de la mitad de su vida sirviendo en la Armada Nacional.

El Vicealmirante Santiago, siendo jefe del Servicio de Protección Presidencial, tuvo que enfrentar aquel fatídico 30 de septiembre del 2010, cuando la vida del Primer Mandatario estuvo bajo su responsabilidad. Siempre recordaremos con gratitud y admiración el proceder humano y profesional del Vicealmirante Santiago en aquellas aciagas horas, admiraremos siempre su claridad y firmeza, su lealtad e integridad.

Entre los atributos de un soldado, sin duda los más dignos de apreciarse son precisamente esa claridad, esa firmeza, esa lealtad, esa integridad.

Por lo expresado, es necesario precisar algunos temas que la prensa y opositores de siempre han tratado de distorsionar, como siempre, en su vano afán de hacer daño a nuestra revolución:

Más allá de querer sostener que una retención forzosa no es sinónimo de secuestro, insultando al lenguaje, o que la insubordinación de la policía, el llamado a la sublevación de los cuarteles, la toma de la Asamblea, aeropuertos, carreteros, medios públicos, el pedido de renuncia al Presidente, la celebración de la oposición en un hotel de lujo, el secuestro e intento de asesinato del Presidente, no constituyen actos de desestabilización, es decir, un fallido golpe de estado, insultando esta vez a los conceptos –ese es su problema, la historia los hará quedar en ridículo-, más allá de eso, lo valioso de la información recibida la semana pasada es que el 30 de septiembre de 2010 fue provocado por una campaña de desinformación sobre la nueva ley de servicio público –la llamada Losep- que ahora es reconocida como una de las mejores de la región y a la cual no se la ha cambiado un ápice.

Pese a que ahora se dice que siempre se supo que la ley era buena, se mintió al país y se pidió su revocatoria. Algunos le llaman a eso “manejo de crisis”, para mí son vergonzosas claudicaciones.

Pero, ¿quiénes fueron los que hicieron esa campaña de desinformación? ¿Dónde están? Son las preguntas que deberían responderse, pero cierta prensa hace mutis por el foro, sabe que sus micrófonos y tinteros hicieron correr sangre inocente.

También algo sorprendente fue el reconocimiento que durante el cobarde bombardeo en Angostura, el 1 de Marzo de 2008, nuestros servicios de inteligencia estaban totalmente infiltrados y al servicio de un país extranjero, y que el principal informante fue nada más y nada menos quien fungiera como jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército. ¿Se imaginan –soldados, conciudadanos- en qué manos nos encontrábamos?

Ojalá todos entendamos lo extremadamente grave de esta situación: que el responsable de Inteligencia del Ejército, proporcionaba información clave a un país extranjero. ¡Ese fue el país que recibimos!

Nuestros servicios de inteligencia, en manos de potencias extranjeras a cambio de unas cuantas migajas. Ese viejo país, ¡nunca más, queridos soldados!

Y el doble discurso aflora por doquier: los mismos que reclaman al Presidente que como Comandante en Jefe supuestamente no da importancia a las FFAA, son los que nunca informaron, peor pidieron autorización, para ese desleal sometimiento a potencias extranjeras.

Que nadie se engañe. Lo sabíamos, no lo podíamos comprobar; ahora sí, está muy claro. En el cobarde bombardeo de Angostura, países extranjeros recibieron información de nuestros servicios de inteligencia, mientras que su supuestamente comandante en jefe, su propio gobierno, no recibieron absolutamente nada. ¡Ese era el país que teníamos!

Para dañar al gobierno se haya querido sostener que las FFAA no han sido debidamente atendidas. Veamos si esto resiste el menor análisis.

En cuanto a condiciones laborales: en el 2006 un capitán percibía 598 dólares de sueldo; para finales de 2014, recibe 2.390 dólares.

En el 2006, un soldado recibía apenas 118 dólares –esa era la limosna de la partidocracia, su desprecio por los más humildes-; hacia 2010, ese soldado ya ganaba 819 dólares y en 2014 había subido a 933 dólares de sueldo.

En cuanto a jubilaciones: el 2006, un sargento primero recibía 179 dólares como pensión de retiro tras toda una vida de servicio a la patria; para el 2010 la pensión ya había subido a 594 dólares; en 2014, ya es de 893 dólares, es decir cinco veces más. Igual ocurre con los demás rangos: un Mayor tenía una pensión de 387 dólares en el 2006; en 2010 recibía 1.076 dólares; y ahora recibe 1.385 dólares, esto es casi cuatro veces más.

En cuanto a equipamiento y capacidad operativa de nuestras FFAA: se adquirió la flota de 18 aviones subsónicos –los Súper Tucanos-, 12 aviones supersónicos –los Cheetahs-, 7 helicópteros DHRUV, 3 aviones logísticos caza, para una Fuerza Aérea Ecuatoriana que prácticamente no existía en el 2007, ahora estamos adquiriendo modernos radares que apoyarán en el cuidado de nuestra soberanía; para nuestra Marina de Guerra –no pienso ser exhaustivo, tan solo ilustrativo- modernizamos nuestros dos submarinos, el Shyri y el Huancavilca, para el control del mar territorial con un costo aproximado de 200 millones de dólares, convirtiéndolos en los más modernos de la región, adquirimos cerca de 10 lanchas guardacostas, 8 lanchas rápidas, 6 aviones no tripulados y otro largo etcétera; algo similar con la Fuerza Terrestre, con el fortalecimiento, la dotación y equipamiento de protección de las unidades militares, 9 helicópteros livianos multipropósitos, nuevas unidades de transporte modernización de la inteligencia militar, etcétera. Todo esto sin contar con los nuevos polvorines, vivienda fiscal, gratuidad de las escuelas militares, mejoras en equipos de comunicación y nuevamente otro largo etcétera.

Cuando llegamos al gobierno la capacidad operativa de nuestras FFAA era apenas del 14%; por razones de seguridad nacional no puedo decir su nivel actual, pero sí les puedo afirmar que es de los más altos de la historia. Todo esto y más con una inversión histórica en estos 8 años de gobierno, acumulada de 1.718 millones de dólares casi seis veces más de lo que invirtieron los gobiernos entre el 2000 y el 2006, que fue apenas un monto de 307 millones de dólares, período en el que todos los ministros de Defensa fueron militares en servicio pasivo e incluso con un presidente que fue militar y ofreció cambiar al Ecuador o morir en el intento.

¿Cómo se puede afirmar que el gobierno de la Revolución Ciudadana le ha restado importancia a las Fuerzas Armadas? No hay verdad ni justicia en semejante apreciación, solo prejuicio y aparente resentimiento porque el Presidente no ha podido estar presente en cada acto castrense, en cada ocasión solemne; algo que es materialmente imposible. Esa es una visión anacrónica de unos pocos militares en servicio pasivo que hoy la quieren presentar como “institucional”.

Hoy en la mañana leía una entrevista. Resulta que ya no es que ha habido falta de apoyo económico sino que no se han consultado reformas trascendentales como el cuarto libro de Seguridad. Esto nuevamente es falso. Ese cuarto libro, que busca reforzar a nuestras instituciones jerarquizadas, como por ejemplo Policía Aduanera, Guardabosques, etcétera, no obliga a nadie a nada, tan solo da mayores ventajas a los soldados, oficiales que quieran retirarse voluntariamente de las FFAA en un programa de reducción del pie de fuerza; porque, no es lógico que después de la firma de los acuerdos de paz en 1998, en lugar de reducir el pie de fuerza, el número de miembros de nuestras FFAA, este ha aumentado.

Y ahí está el problema, hay gente que se resiste a aquello y si fuera con argumentos válidos, maravilloso, pero yo he tenido que escuchar argumentos hasta de que “no podemos reducir el pie de fuerza porque se vuelve insostenible el sistema de seguridad social de las FFAA”; es decir, el número de soldados de la patria en función no de las necesidades de defensa del país sino de la supuesta sostenibilidad de un sistema de seguridad social. Son argumentos absolutamente deleznables. En todo caso, soldados de la patria, en ningún lugar del planeta los sistemas de seguridad social de la fuerza pública son autosustentables, siempre los tiene que garantizar el Estado. Y por eso la razón de ser de una de las enmiendas constitucionales, cuando a nivel constitucional se pone la obligación del Estado central de garantizar las pensiones jubilares de nuestra fuerza pública.

Pero, aquí otra contradicción: resulta que somos los civiles quienes no sabemos de defensa, y este cuarto libro lo hizo un militar en servicio pasivo, el –en ese entonces- ministro coordinador de Seguridad vicealmirante Homero Arellano, ex comandante también de nuestra Marina de Guerra…

Entonces, resulta que tampoco los militares saben –ahora- de defensa. El problema de fondo es que hay gente que se resiste a esa disminución del pie de fuerza y si fuera con argumentos valederos, de acuerdo, pero el Presidente de la República ha tenido que escuchar argumentos tales como: “que si se disminuye el pie de fuerza no se garantizan las pensiones jubilares de nuestra fuerza pública”…

Ayer ya pasaron del discurso de la “importancia” de nuestras FFAA al del “debilitamiento”. Estamos debilitando a nuestras FFAA, porque supuestamente queremos desviarlas a de su misión fundamental. Se refieren a la propuesta de enmienda constitucional en la que se establece que nuestras FFAA tendrán funciones complementarias en cuanto a seguridad integral.

Nuevamente esa afirmación no resiste el menor análisis. Primero, SIEMPRE nuestras FFAA han contribuido en la seguridad integral. ¿Acaso hemos olvidado quién manejaba la defensa civil, gestión de riesgos, la logística a Galápagos, seguridad ciudadana en zonas de frontera, incluso educación, salud, distribución de alimentos en las zonas más remotas de la Patria?

Segundo, esto es así en cualquier estado moderno. Veamos tan solo un ejemplo de estos días, cuando los ejércitos europeos están en las calles apoyando a la policía para combatir el terrorismo fundamentalista.

Tercero, nuevamente aquí hay un insoportable doble discurso. ¿Dónde estuvieron esas voces cuando nuestras FFAA tenían camaroneras, haciendas, empresas de toda índole, ahí sí claramente desviándose de su misión fundamental?

Pareciera ser que para algunos representantes del viejo país, el verdadero problema es que las FFAA ya no son autárquicas sino dependientes del poder civil. ¡Qué lástima por ellos, porque aquello se llama Estado de Derecho!

¡Que nadie se engañe, conciudadanos, soldados de la Patria! Lo que molesta a ciertos representantes del viejo país, es que ya no son ellos los que ponen las condiciones, sino el poder civil con absoluta legitimidad democrática.

Cuestionan al poder civil porque supuestamente no sabe de defensa. Un nuevo absurdo. Con ese criterio nuestra ministra de salud, economista y una de las mejores de la historia, no pudiera serlo, pues no sabe hacer cirugías. Pero además, ¿quiénes son los responsables de que los civiles no sepamos de defensa? ¿Cuántos años nuestras FFAA manejaron el Instituto de Altos Estudios Nacionales; cuántos civiles formaron, con esa gran oportunidad que tuvieron, en defensa?

Querido soldados, queridos jóvenes: A huir de la mediocridad como de la peste. La falta de autocrítica, es un claro síntoma de mediocridad. No se quiere entender que en democracia los civiles definimos la política de la defensa, pero sin suplantar a las Fuerzas Armadas en sus acciones estratégicas y operativas inherentes a las acciones militares.

Tener ministras y ministros civiles es uno de los cambios positivos para la Patria y para las propias FFAA, ha sido uno de los grandes aciertos de nuestro gobierno. Con los argumentos de ciertos oficiales de la vieja guardia, el Presidente Juan Manuel Santos jamás hubiese podido ser ministro de defensa de Colombia que, dicho sea de paso, desde 1991 solo ha tenido ministros de defensa civiles, 15 en total. Estos argumentos son completamente absurdos, sólo reflejan el intento de seguir concentrando el poder militar en ciertos sectores y también reflejan un completo desprecio por la capacidad civil.

Hoy, por contradecir sus arcaicas ideas, sacan del baúl del pasado los fantasmas de siempre: acusarnos de que estamos “atentando contra la institución, contra sus miembros, que han dado su vida al servicio de la Patria”. Lo decían el día de ayer dos oficiales retirados, conocidos políticos opositores. Me recuerdan las horas más oscuras de la República, cuando el General Piñeiros, llamado al congreso como Ministro de Defensa de Febres Cordero, con tono amenazante decía a los congresistas que sus intervenciones “estaban ofendiendo a las FFAA”.

¡Aquí no estamos ofendiendo a nadie! ¡Aquí estamos rebatiendo un discurso anacrónico nefasto para el país!

Sabemos lo dura que es la vida militar, lo he testimoniado todos estos años de gobierno, pero no por eso podemos creer que tengamos más derechos o que seamos superiores al resto.

En realidad lo que está en juego es qué tipo de sociedad queremos: Una, en que todavía se responda a los grupos de poder, donde supuestamente unos son más importantes que otros, con excepciones a la ley, con dedicación exclusiva; o, la otra, donde se actúe en función del bien común, del interés general, en base a la lógica, a un proyecto nacional, y no en base a presiones particulares. Mientras yo sea Presidente, es esa segunda clase de sociedad que siempre buscaré.

¡A combatir por la Patria sin esperar recompensa, queridos soldados! Esa es la vocación de un verdadero soldado. En el nuevo Ecuador nadie debe buscar ser importante, todos debemos buscar ser útiles.

Queridos soldados:

Ecuador ya cambió y sus Fuerzas Armadas no pueden ser ajenas a la renovación, al nuevo momento histórico por el que camina la Patria.

La presencia disuasiva de nuestras Fuerzas Armadas hace falta en apoyo de urgentes labores de protección de nuestro pueblo, en la lucha contra el crimen organizado, para controlar la tenencia ilegal de armas, para ser parte de los esfuerzos que realiza el Estado como exclusivo y legítimo depositario de la fuerza, siempre en función del bien común, de la sociedad.

En una democracia plena y madura el poder militar está subordinado al poder político. Hasta esto se ha querido satanizar.

Nuestras Fuerzas Armadas no pueden ser una institución de puertas cerradas, no pueden caer en la queja risible de que el poder civil “no las toma en cuenta”, de que el Presidente no está presente en todos los actos; siempre digo que me gustaría tener el don de la ubicuidad, pero es materialmente imposible. Y estas quejas resultan además injustas, porque no ha existido ningún gobierno que se preocupe tanto por el bienestar integral de nuestras FFAA, como el gobierno de la Revolución Ciudadana.

Todos a cambiar, a sacudirnos de prejuicios; el horizonte es la Patria, nuestro imperativo categórico se llama Ecuador, y esa es la razón de ser última de cada institución, de cada rama, de cada fuerza, y el motivo que alumbra el corazón y la mente de cada ecuatoriano o ecuatoriana, la razón de ser del uniforme, de las insignias; en función del bien de la Patria se definen nuestros méritos o deméritos.

Nuestras Fuerzas Armadas deben sumarse a ese cuidado integral de los ciudadanos, contribuir a dar seguridad a sus compatriotas, que en última instancia son sus familias, sus propios hijos, su comunidad.

El nuevo Ecuador, que ustedes construyen ahora también a través del voto facultativo, pone por delante al ser humano y en primer lugar a nuestra tropa, aquellos jóvenes que representan el porvenir del país, llegados de todos los rincones de la Patria con un solo sueño: servir a sus conciudadanos.

Decía nuestro querido Viejo Luchador, el General Eloy Alfaro, que: “Los hombres indiferentes a la desventura de la nación, aunque sean privadamente laboriosos, son auxiliares inconscientes de la corrupción y desgracia de los pueblos”. ¡A estar muy conscientes de los nuevos tiempos que vive el país! ¡Todos a renovarnos; nadie a buscar ser importante, todos a buscar ser útiles para la Patria Nueva!

Queridos oficiales, queridos soldados, queridos jóvenes:

El nacimiento de nuestras repúblicas estuvo marcado por la presencia militar, porque las condiciones históricas así lo exigían; los ejércitos libertadores de aquel entonces, sus generales fueron nuestros primeros presidentes. Esta clara sobre-representación de las FFAA en las sociedades latinoamericanas, junto al abandono que sufrieron en nuestro país, nuestras FFAA, desde la firma de la paz, provocaron graves distorsiones, prácticamente un Estado paralelo, con su propio sistema de justicia, sistema de educación, sistema de salud, sistema de seguridad social, y con algunos excesos como comisariatos exclusivos e innecesarios clubes de lujo.

Soldados de mi Patria: ¡ese viejo país, nunca más!

Dejemos atrás esas posiciones caducas. INSISTO: En el Ecuador del siglo XXI: ¡Nadie debe buscar ser importante, todos debemos procurar ser útiles! Soldados de la Patria, acaben con esos discursos equivocados. ¡Estamos en una Patria nueva! ¡Este Ecuador ya cambió y exige que nosotros también cambiemos!

Basta también de esas hirientes diferencias entre oficialidad y tropa: diferencia en la comida, hasta en la vajilla, en los colegios, donde –incluso- en el caso de la Policía Nacional, en Quito, había un colegio al norte para los hijos de oficiales y al sur para los hijos de la tropa. La misma cesantía, donde la contribución del Estado debería ser igual para todos y no en función del sueldo de cada uno, para que aunque sea en nuestro retiro tengamos algo de equidad.

No nos dejemos confundir. Cierta prensa ha querido poner a la milicia en contra del gobierno desde el primer día. Algunos detractores cobardes ponen a circular pasquines en los cuarteles; otros salen a cada rato en los medios para exponer sus ideas anacrónicas e incluso infamarnos; al mismo tiempo, otros nos empapelan diciendo que tenemos el gasto militar más alto de América Latina. Ojalá al menos se pusieran de acuerdo. Aquello de la falta de atención cae por su propio peso, no ha habido gobierno que se preocupe más por el bienestar integral de las FFAA, que haya prestado más atención a nuestras FFAA que el gobierno de la Revolución Ciudadana.

Pero el cambio profundo en esta visión de las Fuerzas Armadas felizmente ya ha empezado. La ciencia, tecnología e innovación ha llegado a nuestras bases militares y ha empezado a rendir sus frutos en esta Patria del conocimiento. Tenemos algunas experiencias exitosas en cuanto al desarrollo de aviones no tripulados, prototipos de chalecos, el desarrollo de navíos y de nuevos astilleros, gracias a ASTINAVE Empresa Pública.

Acabo de regresar de un viaje a China extremadamente exitoso; hay mucho interés en apoyarnos tecnológicamente, financieramente en los nuevos astilleros cuya ubicación ya está definida –en el sector de Posorja- y cuya primera fase implica una inversión de cerca de 600 millones de dólares. Es una de las industrias básicas, estratégicas para el país del futuro, para nuestra Armada Nacional; es una ilusión movilizadora para nuestra sociedad, es un salto cualitativo, porque astilleros de gran nivel implican toda una serie de sinergias sociales: desde el más sencillo carpintero hasta el más calificado ingeniero naval. Un barco –ustedes lo saben- es una ciudad flotante, construirlo exige muchísimo esfuerzo y capacidades sociales. Una de las industrias fundamentales para el futuro del país, más aún si queremos enfatizar nuestra mirada hacia el mar.

¡Ecuador mira hacia el futuro y de la mano de nuestras Fuerzas Armadas, con su ejemplo, camina, firme y seguro!

Seguiremos trabajando por el bienestar del ser humano, pese a que el año 2015 se presenta extremadamente difícil en lo económico; pese a aquello, hasta el 2017 invertiremos más de 108 millones de dólares para construir 1.712 nuevas viviendas que beneficiarán a más de 8.500 soldados de la Patria y sus familias.

Una de las principales dificultades que han tenido los miembros de nuestras FFAA ha sido la separación forzosa de sus familias, ver a sus hijos crecer de lejos. Eso nunca más queridos compañeros, primero el soldado como ser humano, primero las familias de nuestros soldados; por eso enfatizaremos la vivienda fiscal, de aquí al 2017.

¡Esta es la revolución de la unidad, la revolución de la familia, la revolución de los sueños cumplidos!

Bienvenido, Vicealmirante Santiago a esta nueva responsabilidad que la Patria confía hoy en sus manos.

En nombre del País agradezco una vez más al Vicealmirante Santiago por su profesionalismo y confianza a toda prueba. Y gracias también a su esposa Jenny Zambrano y a sus tres preciosas hijas: María Gabriela, Paola Nataly y Doménica, gracias por el apoyo que brindan al esposo y al padre al aceptar el tiempo que él dedica a su Patria.

Buen viento y buena mar en esta nueva etapa de su vida, al Vicealmirante Luis Jaramillo, al Vicealmirante Moncayo, al Vicealmirante Salinas. En nombre de la Patria, muchas gracias.

Marinos de mí Patria: tenemos que estar a la altura de este nuevo momento del proceso de cambios profundos y en paz que viven la Patria y la Patria Grande.

El Ecuador ya cambió; para poder heredar a nuestros hijos un mañana de esperanza, de sueños cumplidos y de renovadas metas que apunten al infinito, tenemos que seguir construyendo esa Patria Nueva.

¡Lo imposible de ayer es lo cotidiano de hoy!

¡Que nadie impida nuestros sueños!

¡Ecuador ya figura en el mapa del futuro como puerto de llegada!

Felicitaciones a nuestra Armada Nacional, felicitaciones a su nuevo Comandante, felicitaciones a nuestras Fuerzas Armadas y…



¡Hasta la victoria siempre, compatriotas!

Rafael Correa Delgado

PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR


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