Divini redemptoris



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1937-03-19- SS Pius XI – Divini Redemptoris
"DIVINI REDEMPTORIS"

SOBRE EL COMUNISMO ATEO

Carta encíclica del Papa Pío XI promulgada el 19 de marzo de 1937

 

La promesa de un Redentor ilumina la primera página de la historia de la humanidad; por eso la segura esperanza de tiempos mejores alivió el pesar del paraíso perdido[1] y acompañó al género humano en su atribulado camino, hasta que, cuando vino la plenitud de los tiempos[2], el Salvador del mundo, viniendo a la tierra, colmó la expectación e inauguró una nueva civilización universal, la civilización cristiana, inmensamente superior a la que hasta entonces trabajosamente había alcanzado el hombre en algunos pueblos más privilegiados.



2. Pero, como triste herencia del pecado original, quedó en el mundo la lucha entre el bien y el mal; y el antiguo tentador nunca ha desistido de engañar a la humanidad con falaces promesas. Por eso en el curso de los siglos se han ido sucediendo unas a otras las convulsiones hasta llegar a la revolución de nuestros días, desencadenada ya, o que amenaza, puede decirse, en todas partes y que supera en amplitud y violencia a cuanto hubo de sufrirse en las precedentes persecuciones contra la Iglesia. Pueblos enteros están en peligro de caer de nuevo en una barbarie peor que aquella en que aun yacía la mayor parte del mundo al aparecer el Redentor.

3. Este peligro tan amenazador, ya lo habéis comprendido, Venerables Hermanos, es el comunismo bolchevique y ateo, que tiende a derrumbar el orden social y a socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana.

 

I. ACTITUD DE LA IGLESIA



4. Frente a esta amenaza, la Iglesia católica no podía callar y no calló. No calló, sobre todo, esta Sede Apostólica, que sabe cómo su misión especialísima es la defensa de la verdad y de la justicia y de todos aquellos bienes eternos que el comunismo ateo desconoce y combate. Desde los tiempos en que algunos grupos intelectuales pretendieron liberar la civilización humana de las cadenas de la moral y de la religión, Nuestros Predecesores llamaron, abierta y explícitamente, la atención del mundo sobre las consecuencias de la descristianización de la sociedad humana. Y por lo que hace al comunismo, ya desde el 1846 Nuestro venerado Predecesor Pío IX, de s. m., pronunció una solemne condenación, confirmada después en el Syllabus, contra la nefanda doctrina del llamado comunismo, tan contraria al mismo derecho natural, la cual, una vez admitida, llevaría a la radical subversión de los derechos, bienes y propiedades de todos y aun de la misma sociedad humana[3]. Más tarde, otro Predecesor Nuestros, de i. m., León XIII, en la encíclica Quod Apostolici muneris, lo definía mortal pestilencia que serpentea por las más íntimas entrañas de la sociedad humana y conduce al peligro extremo de la ruina[4]; y con clarividencia indicaba que el ateísmo de las masas populares en la época del tecnicismo, traía su origen de aquella filosofía, que de siglos atrás se afanaba por lograr que la ciencia y la vida se separasen de la fe y de la Iglesia.

actos del presente Pontificado

5. También Nos, durante Nuestro Pontificado, hemos denunciado a menudo y con apremiante insistencia las corrientes ateas que crecían amenazadoras. Cuando, en 1924, Nuestra misión de socorro volvía de la Unión Soviética, condenamos Nos los errores y métodos de los comunistas, en una Alocución especial, dirigida al mundo entero[5]. Y en Nuestras encíclicas Miserentissimus Redemptor[6], Quadragesimo anno[7], Caritate Christi[8], Acerba animi[9], Dilectissima Nobis[10], elevamos solemne protesta contra las persecuciones desencadenadas en Rusia, Méjico y España; y no se ha apagado aún el eco universal de aquellas alocuciones, que pronunciamos el año pasado con motivo de la inauguración de la Exposición mundial de la Prensa católica, de la audiencia a los prófugos españoles y del Mensaje de Navidad. Hasta los más encarnizados enemigos de la Iglesia, que desde Moscú dirigen esta lucha contra la civilización cristiana, atestiguan con sus ininterrumpidos ataques de palabra y obra que el Papado, también en nuestros días, continúa fielmente tutelando el santuario de la religión cristiana, y que ha llamado la atención sobre el peligro comunista con más frecuencia y de modo más persuasivo que cualquier otra autoridad pública terrenal.

 

NECESIDAD DE OTRO DOCUMENTO SOLEMNE



6. Pero, a pesar de estas repetidas advertencias paternas, que vosotros, Venerables Hermanos, con gran satisfacción Nuestra, habéis tan fielmente transmitido y comentado a los fieles en tantas recientes pastorales, algunas de ellas colectivas, el peligro se va agravando cada día más bajo el impulso de hábiles agitadores. Por eso Nos nos creemos en el deber de elevar de nuevo Nuestra voz con un documento aun más solemne, como es costumbre de esta Sede Apostólica, Maestra de la verdad, y como lo pide el hecho de que todo el mundo católico desea ya un documento de esta clase. Y confiamos que el eco de Nuestra voz llegará a dondequiera que haya mentes libres de prejuicios y corazones sinceramente deseosos del bien de la humanidad; tanto más, cuanto que Nuestras palabras se hallan hoy confirmadas dolorosamente por el espectáculo de los amargos frutos producidos por las ideas subversivas; frutos que habíamos previsto y anunciado, y que espantosamente se multiplican de hecho en los países dominados ya por el mal, o se ciernen amenazadores sobre todos los demás países del mundo.

7. Una vez más, por lo tanto, queremos Nos exponer en breve síntesis los principios del comunismo ateo, tal como se manifiestan principalmente en el bolchevismo, y mostrar sus métodos de acción; contraponemos a esos falsos principios la luminosa doctrina de la Iglesia e inculcamos de nuevo, con insistencia, los medios con los que la civilización cristiana, la única Civitas verdaderamente humana, puede librarse de este satánico azote y desarrollarse mejor para el verdadero bienestar de la sociedad humana.

 

II. DOCTRINA Y FRUTOS DEL COMUNISMO



8. El comunismo de hoy, de modo más acentuado que otros movimientos similares del pasado, contiene en sí una idea de falsa redención. Un seudoideal de justicia, de igualdad y de fraternidad en el trabajo, impregna toda su doctrina y toda su actividad con cierto falso misticismo que comunica a las masas, halagadas por falaces promesas, un ímpetu y entusiasmo contagiosos, especialmente en tiempos como los nuestros, en los que a la defectuosa distribución de los bienes de este mundo ha seguido una miseria, que no es la normal. Más aún, se hace gala de este seudoideal, como si él hubiera sido el iniciador de cierto progreso económico, el cual, cuando es real, se explica por otras causas muy distintas: como son la intensificación de la producción industrial en países que casi carecían de ella, la explotación de enormes riquezas naturales, y el uso de métodos inhumanos para efectuar grandes trabajos a poca costa.

materialismo de Marx

9. La doctrina, que el comunismo oculta bajo apariencias a veces tan seductoras, se funda hoy esencialmente en los principios del materialismo, llamado dialéctico e histórico, ya proclamados por Marx, y cuya única genuina interpretación pretenden poseer los teorizantes del bolchevismo. Esta doctrina enseña que no existe más que una sola realidad, la materia, con sus fuerzas ciegas: la planta, el animal, el hombre son el resultado de su evolución. La misma sociedad humana no es sino una apariencia y una forma de la materia, que evoluciona del modo dicho, y que por ineludible necesidad tiende, en un perpetuo conflicto de fuerzas, hacia la síntesis final: una sociedad sin clases. En semejante doctrina es evidente que no queda ya lugar para la idea de Dios: no existe diferencia entre el espíritu y la materia, ni entre el cuerpo y el alma; ni sobrevive el alma a la muerte, ni por consiguiente puede haber esperanza alguna de otra vida. Insistiendo en el aspecto dialéctico de su materialismo, los comunistas sostienen que los hombres puden acelerar el conflicto que ha de conducir al mundo hacia la síntesis final. De ahí sus esfuerzos para hacer más agudos los antagonismos que surgen entre las diversas clases de la sociedad; la lucha de clases, con sus odios y destrucciones, toma el aspecto de una cruzada por el progreso de la humanidad. En cambio, todas las fuerzas, sean las que fueren, que se oponen a esas violencias sistemáticas, deben ser aniquiladas como enemigas del género humano.

EL HOMBRE Y LA FAMILIA

10. El comunismo, además, despoja al hombre de su libertad, principio espiritual de su conducta moral, quita toda dignidad a la persona humana y todo freno moral contra el asalto de los estímulos ciegos. No reconoce al individuo, frente a la colectividad, ningún derecho natural de la personalidad humana, porque ésta, en la teoría comunista, es sólo una simple rueda engranada en el sistema. En las relaciones de los hombres entre sí, sostiene el principio de la absoluta igualdad, rechazando toda jerarquía y autoridad establecida por Dios, incluso la de los padres; todo eso que los hombres llaman autoridad y subordinación se deriva de la colectividad como de su primera y única fuente. Ni concede a los individuos derecho alguno de propiedad sobre los bienes naturales y sobre los medios de producción, porque, al ser éstos una fuente de otros bienes, su posesión conduciría al predominio de un hombre sobre los demás. Por eso precisamente, por ser la fuente originaria de toda esclavitud económica, deberá ser destruida radicalmente tal forma de propiedad privada.

11. Naturalmente, esta doctrina, al negar a la vida humana todo carácter sagrado y espiritual, hace del matrimonio y de la familia una institución puramente convencional y civil, o sea, el fruto de un determinado sistema económico; niega la existencia de un vínculo matrimonial de naturaleza jurídico-moral que esté por encima del arbitrio de los individuos y de la colectividad, y por consiguiente, niega también su indisolubilidad. En particular, no existe para el comunismo nada que ligue a la mujer con la familia y la casa. Al proclamar el principio de la emancipación de la mujer, la separa de la vida doméstica y del cuidado de los hijos para arrastrarla a la vida pública y a la producción colectiva en la misma medida que al hombre; se dejará a la colectividad el cuidado del hogar y de la prole[11]. Niega, finalmente, a los padres el derecho a la educación, porque éste es considerado como un derecho exclusivo de la comunidad, y sólo en su nombre y por mandato suyo lo pueden ejercer los padres.

LO QUE SERÍA LA SOCIEDAD

12. ¿Qué sería, pues, la sociedad humana basada sobre tales fundamentos materialistas? Sería una colectividad sin más jerarquía que la del sistema económico. Tendría como única misión la de producir bienes por medio del trabajo colectivo, y como único fin el goce de los bienes de la tierra en un paraíso en el que cada cual daría según sus fuerzas y recibiría según sus necesidades. El comunismo reconoce a la colectividad el derecho, o más bien, el arbitrio ilimitado de obligar a los individuos al trabajo colectivo, sin atender a su bienestar particular, aun contra su voluntad y hasta con la violencia. En esa sociedad, tanto la moral como el orden jurídico ya no serían sino una emanación del sistema económico de cada momento; es decir, de origen terreno, mudable y caduco. En una palabra: se pretende introducir una nueva época y una nueva civilización, fruto exclusivo de una evolución ciega -una humanidad sin Dios.

13. Cuando ya todos hayan adquirido las cualidades colectivas, y en aquella utópica sociedad no haya diferencia alguna de clases, el Estado político, que ahora se concibe sólo como instrumento de la dominación de los capitalistas para esclavizar a los proletarios, perderá toda su razón de ser y "se disolverá"; pero hasta que no se realice aquella feliz condición, el Estado y el poder estatal es para el comunismo el medio más eficaz y universal de conseguir su fin.

14. Venerables Hermanos: ¡tal es el nuevo evangelio, que el comunismo bolchevique y ateo pretende anunciar a la humanidad como un mensaje de salvación y de redención! Sistema lleno de errores y sofismas; opuesto a la razón y a la revelación divina; subversivo del orden social, porque destruye sus bases fundamentales; desconocedor del verdadero origen, naturaleza y fin del Estado; negador de los derechos de la personalidad humana, de su dignidad y libertad.

PROMESAS DESLUMBRADORAS

15. Pero ¿cómo un tal sistema, anticuado ya hace mucho tiempo en el terreno científico, desmentido por la realidad de los hechos, cómo -decimos- semejante sistema ha podido difundirse tan rápidamente en todas las partes del mundo? La explicación está en el hecho de que son muy pocos los que han podido penetrar en la verdadera naturaleza del comunismo; los más, en cambio, ceden a la tentación, hábilmente presentada bajo promesas las más deslumbradoras. Con el pretexto de no querer sino la mejora de la suerte de las clases trabajadoras, de suprimir los abusos reales causados por la economía liberal y de obtener de los bienes terrenos una más justa distribución (fines sin duda, del todo legítimos), y, aprovechándose de la crisis económica mundial, ha conseguido lograr que su influencia penetre aun en aquellos grupos sociales que, por principio, rechazan todo materialismo y todo terrorismo. Y como todo error contiene siempre una parte de verdad, este aspecto de verdad -al que hemos hecho alusión-, es puesto astutamente de relieve, según los tiempos y lugares para cubrir, cuando conviene, la brutalidad repugnante e inhumana de los principios y métodos del comunismo; así logra seducir aun a espíritus no vulgares hasta convertirlos en apóstoles junto a las jóvenes inteligencias poco preparadas aun para advertir sus errores intrínsecos. Los corifeos del comunismo saben también aprovechar los antagonismos de raza, las divisiones y oposiciones de los diversos sistemas políticos y hasta la desorientación reinante en el campo de la ciencia sin Dios, para infiltrarse en las Universidades y corroborar con argumentos seudocientíficos los principios de su doctrina.

EL LIBERALISMO LE PREPARÓ EL CAMINO

16. Y para comprender cómo el comunismo ha conseguido que las masas obreras lo hayan aceptado sin discusión, conviene recordar que los trabajadores estaban ya preparados por el abandono religioso y moral en el que los había dejado la economía liberal. Con los turnos de trabajo, incluso el domingo, no se les daba tiempo ni aun para cumplir sus más graves deberes religiosos de los días festivos; no se pensaba en construir iglesias junto a las fábricas, ni en facilitar el trabajo del sacerdote; al contrario, se continuaba promoviendo positivamente el laicismo. Ya se recogen los frutos de errores tantas veces denunciados por Nuestros Predecesores y por Nos mismo; no cabe maravillarse de que en un mundo, hace ya tiempo tan intensamente descristianizado, se propague, inundándolo todo, el error comunista.

PROPAGANDA ASTUTA Y VASTÍSIMA

17. Además, esta difusión tan rápida de las ideas comunistas, que se infiltran en todos los países, grandes y pequeños, civilizados o retrasados, de modo que ningún rincón de la tierra se ve libre de ellas, se explica por una propaganda verdaderamente diabólica, tal como jamás conoció el mundo: propaganda dirigida desde un solo centro y hábilmente adaptada a las condiciones de los diversos pueblos; propaganda que dispone de grandes medios económicos, de organizaciones gigantescas, de congresos internacionales, de innumerables fuerzas bien adiestradas; propaganda que se hace en folletos y revistas, en el cinematógrafo y en el teatro, en la radio, en las escuelas y hasta en las Universidades, y que penetra poco a poco en todas las clases sociales, aun en las más sanas, sin que se aperciban casi del veneno que insensiblemente va infiltrándose cada vez más en todos los espíritus y en los corazones todos.

CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO

18. Un tercer y muy poderoso factor contribuye a la intensa difusión del comunismo: esa verdadera conspiración del silencio en la mayor parte de la Prensa mundial no católica. Decimos conspiración, porque no se puede explicar de otro modo que una Prensa tan ávida de poner de relieve aun los más menudos incidentes cotidianos, haya podido pasar en silencio, tanto tiempo, los horrores cometidos en Rusia, en Méjico y también en gran parte de España, y hable relativamente tan poco de organización mundial tan vasta como el comunismo moscovita. Silencio debido en parte a razones de una política poco previsora; silencio, apoyado por diversas organizaciones secretas que hace tiempo tratan de destruir el orden social cristiano.

CONSECUENCIAS DOLOROSAS

19. Mientras tanto, ante nuestros ojos tenemos las dolorosas consecuencias de esa propaganda. Allí donde el comunismo ha logrado afirmarse y dominar -Nuestro pensamiento va ahora con singular afecto paternal a los pueblos de Rusia y Méjico-, se ha esforzado por todos los medios en destruir desde sus cimientos (así lo proclama abiertamente) la civilización y la religión cristiana, borrando hasta su recuerdo en el corazón de los hombres, especialmente de la juventud. Obispos y sacerdotes desterrados, condenados a trabajos forzados, fusilados, asesinados de modo inhumano; simples seglares, sólo por haber defendido la religión, han sido detenidos por sospechosos, vejados, perseguidos y llevados a prisiones y tribunales.

20. También allí donde, como en nuestra queridísima España, el azote comunista no ha tenido aun tiempo para hacer sentir todos los efectos de sus teorías, se ha desencadenado, en desquite, con la violencia más furibunda. No ha derribado alguna que otra iglesia, algún que otro convento; sino que, siempre que le fue posible, destruyó todas las iglesias, todos los conventos y hasta toda huella de religión cristiana, aunque se tratase de los más insignes monumentos del arte y de la ciencia. El furor comunista no se ha limitado a matar Obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, escogiendo precisamente a los que con mayor celo se ocupaban de los obreros y de los pobres; sino que ha hecho un número mucho mayor de víctimas entre los seglares de toda clase, que aun ahora son asesinados cada día, en masa, por el mero hecho de ser buenos cristianos, o, al menos contrarios al ateísmo comunista. Destrucción tan espantosa se lleva a cabo con un odio, una barbarie y una ferocidad que no se hubiera creído posible en nuestro siglo. -Todo hombre de buen juicio, todo hombre de Estado, consciente de su responsabilidad, temblará de horror al pensar que cuanto hoy sucede en España, tal vez pueda repetirse mañana en otras naciones civilizadas.

FRUTOS NATURALES DEL SISTEMA

21. Ni se diga que tales atrocidades son un fenómeno transitorio, que suele acompañar a todas las grandes revoluciones, o excesos aislados de exasperación, comunes a toda guerra; no, son frutos naturales de un sistema falto de todo freno interior. El hombre, individual y socialmente, necesita un freno. Hasta los pueblos bárbaros tuvieron ese freno en la ley natural, esculpida por Dios en el alma de todo hombre. Y cuando esta ley natural fue mejor observada, se vio cómo antiguas naciones se levantaban a una grandeza que deslumbra aún, más de lo que convendría, a ciertos observadores superficiales de la historia humana. Pero cuando del corazón de los hombres se arranca hasta la idea misma de Dios, las pasiones desbordadas los empujarán necesariamente a la barbarie más feroz.

lucha contra todo lo divino

22. Ese es, desgraciadamente, el espectáculo que contemplamos: por primera vez en la historia, asistimos a una lucha fríamente intentada y arteramente preparada por el hombre contra todo lo que es divino[12]. el comunismo es, por naturaleza, antirreligioso, y considera la religión como el opio del pueblo porque los principios religiosos, que hablan de la vida de ultratumba, impiden que el proletario aspire a la conquista del paraíso soviético, que es de este mundo.

EL TERRORISMO

23. Pero no se pisotea impunemente la ley natural, ni al Autor de ella: el comunismo no ha podido ni podrá realizar su ideal, ni siquiera en el campo puramente económico. Es verdad que en Rusia ha contribuido a liberar hombres y cosas de una larga y secular inercia, y a obtener con toda suerte de medios, frecuentemente sin escrúpulos, algún éxito material; pero sabemos por testimonios no sospechosos, algunos muy recientes, que, de hecho, ni en eso siquiera ha obtenido el fin que había prometido; esto, dejando aparte la esclavitud que el terrorismo ha impuesto a millones de hombres. Aun en el campo económico es necesaria alguna moral, algún sentimiento moral de responsabilidad, para el cual no hay lugar en un sistema puramente materialista, como el comunismo. Para sustituir tal sentimiento, ya no queda sino el terrorismo, como el que ahora vemos en Rusia, donde antiguos camaradas de conspiración y de lucha se destrozan unos a otros; terrorismo que, además, no logra contener, no ya la corrupción de las costumbres, pero tampoco la disolución del organismo social.

PATERNAL RECUERDO

24. Al hablar así, no queremos en modo alguno condenar en masa a los pueblos de la Unión Soviética, por los que sentimos el más vivo afecto paternal. Sabemos que no pocos de ellos gimen bajo el duro yugo impuesto a la fuerza por hombres en su mayoría extraños a los verdaderos intereses del país, y reconocemos que otros mucho han sido engañados con falaces esperanzas. Lo que Nos condenamos, es el sistema, sus autores y sus fautores, que han considerado a Rusia como el terreno más apto para poner en práctica una teoría elaborada ya hace decenios, y que desde allí siguen propagando por todo el mundo.

 

25. Expuestos ya los errores y los medios violentos y engañosos del comunismo bolchevique y ateo, es hora ya, Venerables Hermanos, de oponerles brevemente la verdadera noción de la Civitas humana, de la Sociedad humana, cual -por medio de la Iglesia, Magistra gentium- nos la enseñan la razón y la revelación, y tal cual vosotros ya la conocéis.



SUPREMA REALIDAD: DIOS

26. Por encima de toda otra realidad está el sumo, único, supremo Ser, Dios, Creador omnipotente de todas las cosas, Juez infinitamente sabio y justo de todos los hombres. Esta suprema realidad, Dios, es la condenación más absoluta de las desvergonzadas mentiras del comunismo. Y no es que Dios exista, porque así los hombres lo creen; sino porque El existe, creen en El y elevan a El sus súplicas cuantos no cierran voluntariamente los ojos ante la verdad.

HOMBRE Y FAMILIA

27. Cuanto a lo que la razón y la fe dicen del hombre, Nos lo hemos expuesto en sus puntos fundamentales en la Encíclica sobre la educación cristiana[13]. El hombre tiene un alma espiritual e inmortal; es una persona, adornada admirablemente por el Creador con dones de cuerpo y de espíritu, un verdadero microcosmos, como decían los antiguos, esto es, un pequeño mundo, que excede con mucho en valor a todo el inmenso mundo inanimado. Dios sólo es su último fin, en esta vida y en la otra; la gracia santificante lo eleva al grado de hijo de Dios y lo incorpora al reino de Dios en el cuerpo místico de Cristo. Además, Dios lo ha dotado con múltiples y variadas prerrogativas: derecho a la vida, a la integridad del cuerpo, a los medios necesarios para la existencia; derecho de tender a su último fin por el camino trazado por Dios; derecho de asociación, de propiedad y del uso de la propiedad.

28. Así como el matrimonio y el derecho a su uso natural son de origen divino, así también la constitución y prerrogativas fundamentales de la familia han sido determinadas y fijadas por el Creador mismo, no por voluntad humana ni por factores económicos. De esto hemos hablado largamente en la Encíclica sobre el matrimonio cristiano[14] y en la otra, ya citada, sobre la educación.

¿QUÉ ES LA SOCIEDAD?

29. Al mismo tiempo Dios destinó también al hombre para vivir en la sociedad civil, exigida por su propia naturaleza. En el plan del Creador, la sociedad es un medio natural que el hombre puede y debe usar para obtener su fin, pues la sociedad humana es para el hombre, y no al contrario. Lo cual no ha de entenderse en el sentido del liberalismo individualista, que subordina la sociedad al uso egoísta del individuo; sino sólo en el sentido de que, por la unión orgánica con la sociedad, se haga posible a todos, mediante la mutua colaboración, la realización de la verdadera felicidad terrena; además, que en la sociedad se desarrollan todas las cualidades individuales y sociales innatas en la naturaleza humana, las cuales, superando el interés inmediato del momento, reflejan en la sociedad la perfección divina, lo cual no puede verificarse en el hombre aislado. Pero aun esta finalidad dice, en último análisis, relación al hombre, para que, al reconocer éste el reflejo de la perfección divina, lo convierta en alabanza y adoración del Creador. Sólo -y no la colectividad en sí-, sólo el hombre, la persona humana, está dotado de razón y de voluntad moralmente libre.

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