Don doménico leonati-(1703-1793) Cura santo actual



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DON DOMÉNICO LEONATI-(1703-1793)

Cura santo actual

Don Doménico Leonati fue sacerdote por “vocación divina”, una evidente inclinación al estado eclesiástico, descubierta y cultivada por su párroco de Battaglia, don Antonio doctor Gentili, veneciano quien le guió y le apoyó; esta llamada de lo Alto fue llevada hacia su plena madurez por una severa y diuturna prueba a lo largo nada menos que de trece años, siete de los cuales, para una sólida formación caracterial, espiritual y cultural, transcurridos en aquel que hoy llamaríamos el “Seminario Menor” patriarcal de Venecia, otro seis transcurridos en Padua, en el Colegio Universitario Eclesiástico “Tornacense o del Campeón”, para la consecución del doctorado en Derecho Canónico y Civil (por dos años) y con el fin de completar la formación filosófica, teológica y ascética al sacerdocio (por cuatro años).

A este tirocinio formativo siguió la “vocación canónica” sellada por la Ordenación Sacerdotal de parte del Obispo que le habilitó para el servicio de la Diócesis de Padua.

Don Leonati no era, y tampoco se consideraba, una “vasija de barro obligada a viajar con muchos vasos de hierro”, como sucedía en su tiempo, ni seguramente “había obedecido a las insinuaciones de sus familiares” para hacerse cura; su respuesta generosa al sacerdocio, se debió probablemente, a una explícita llamada de Dios.

Su madre, no obstante de ser viuda con trece hijos, todos a su cargo, de ninguna manera pretendió poner a su décimo hijo en la condición de “procurarse como vivir con alguna comodidad insertándolo en una clase social respetada y fuerte”, sencillamente y de buena gana consintió que Doménico siguiera el amino inspirado por Dios. Y más, más adelante, ella sería la primera bienhechora del Conservatorio fundado por su hijo en Pontedibrenta (prov. de Padua), poniendo a su disposición toda su dote matrimonial, conserva celosamente con indecibles sacrificios a través de los años. Igualmente, el segundo bienhechor de la institución de Don Leonati sería también su hermano Francisco.

Don Leonati no fue un cura improvisado o impreparado en su ministerios, como lastimosamente se acostumbre a menudo en el setecientos, tal el caso de los “Abades” los cuales aborrecieron la disciplina de los seminarios y en vista de los privilegios ofrecidos por los Poderosos de aquel tiempo, se preocupaban a aprender un poco de latín y de letras con algún preceptor particular y un poco de Historia Sagrada y Liturgia con algún buen párroco, para luego, corrompiendo algún ingenuo obispo, hacerse ordenar sacerdotes, o cuando menos, quedarse en las Ordenes Menores.


Don Doménico en cambio, tuvo una preparación sacerdotal sólida y calificada ya en el campo humanístico, ya en el filosófico-dogmático como también en el litúrgico y ascético, la misma que le hubiera procurado ser un excelente maestro; sin embargo, su ánimo era el del pastor y se convirtió en guía de almas y ministro de gracia, maestro de verdad y de virtud, padre de todos, especialmente de los jóvenes de los pobres;

Un buen pastor, de rostro humanísimo, tanto cuanto lo es de el evangelio, que va continuamente al encuentro de los sufrimientos y de las aspiraciones de todos.

“ninguna categoría de hombres, como la del pastor de almas en todos los tiempos, no solo en los apostólicos, a tenido tanto esplendor de virtud, de caridad, de entrega, de heroísmo. Esta crónica blanca debe ser conocida. Todas las diócesis, todos los países le pueden agregar algún capitulo vivente” (card G. Siri).

En la cuidad de Padua, el capítulo viviente, del siglo XVIII fue escrito y vivido por Don Doménico Leonatti, quien fue cura santo, es decir, totalmente consagrado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas en el ejército constante de todas las virtudes cristianas sacerdotales: muy sabiamente el había puesto como fundamento de su vida interior la humildad, y sobre este sólido, amplio y profundo cimiento de podía construir cualquier edificio, cualquier rascacielos; él fue el hombre del obediencia que, al decir de la escritura santa, hace cantar victorias. Al llamado del obispó: “ ¡ Sal de tu tierra y anda hacia donde te indicare!”, el respondió” con gran corazón y animo generoso” : “¡ Heme aquí, señor, vengo a cumplí tu voluntad”

Y se halló siempre en lugar querido por Dios señalo por el propio Obispo: capellán en Montañana, viceparroco en Battaglia, párroco en Pontedibrenta, fundador de congregación, padre espiritual de seminarista, maestro de espíritu.

A imitación de Jesús que se dejó guiar siempre por el espíritu Don domenico en su actual fue siempre empujado por el espíritu de caridad e hizo propio el lema paulino:

Caritas Cristi urget nos- La caridad de Cristo nos empuja”. Y la suya fue una caridad absolutamente desinteresada, es decir animada por el espíritu de pobreza. Así que pudo dejar escrito con toda verdad: “Como me despojé en tiempo de mi vida de todo lo mío, habiéndolo dado en título de limosna a la Pìa Obra y al Conservatorio…,asi entiendo morir, conforme nací…desnudo salí de vientre de mi madre y desnudo volveré a èl” ;.

La vida interior interior de don Leonati estuvo continuamente alimentada por una sólida piedad y por el fuego del celo de la gloria de Dios, la salvación de las almas y el decoro de la casa del Señor.

Todo ministro de Dios debería ser con él, sin embargo, él tenía algo más: era uno que caminaba con los tiempos, o mejor, que los precede.

Don Doménico nunca siguió la moda de muchos eclesiásticos de su tiempo que vivían aristocráticamente: practicaban el juego, la cacería, etc., todas cosas contra la cuales había luchado encarnizadamente hasta la muerte, sucedida unos seis años ante del nacimiento de don Doménico, San Gregorio Barbarigo, Obispo de Padua.

Don Doménico pertenecía a la clase de los pobres curas rurales a los cuales se dirigía el mismo santo Obispo en ocasión de Sínodo Diocesano de 1683. Es una página que quiero transmitir:

“San Gregorio tenía en su presencia no solamente a los párrocos de Padua y a los Vicarios foráneos, sino a todos los humildes curas bajados de los montes, llegados de los pantanos.

Cargados del peso de los días inertes, del aburrimiento en las casas cúrales desiertas, rectores de iglesias campestres, capellanes de palacios: los comparo a los padres heroicos del I concilio Ecuménico luego de haber otorgado la libertad religiosa y dijo: ‘’ Levantad vuestra mente a mirar el sagrado concilio de Nicea (a. D. 325), en el cual intervinieron aquellos santos y fuertes campeones, maltratados por los tiranos. A quien, cortadas las orejas…No se confundían en sus desgracias, al contrario se gloriaban de ellas. Aquí no hay tiranos, pero no faltan persecuciones, contradicciones, cruces, padecimientos para quien quiere ejercer el mando pastoral, reclamar los vicios, corregir los pecadores…No os desaniméis, consolaos…Confiad, pequeño rebaño, porque Plugo al padre vuestro al entregar a vosotros el Reino’’ (Lc. 12, 32).

‘’ Fue en este momento, en que todas sus curas, unánimes, saltando de pie lo aclamaron como nunca hubieran pensado si el ímpetu de aquella estupenda peroración no los hubiera arrastrado’’ (G. Beltramo-en curas y fieles de S. Gregorio (Padua, 1976)… citado en la crónica del tiempo. Un cura que camina con los tiempos, es aquel que a ejemplo de Don Doménico Leona ti, sabe caminar sin complejos de inferioridad sin condicionamientos, sin frenesí de evasión, sin mimetizaciones.



Sin complejo de inferioridad

‘’… los sacerdotes y religiosos lastimosamente pueden adquirir todos los complejos de inferioridad que actualmente se insinúan en la gente común, pero aquellos específicos de los sacerdotes y religiosos se reducen a uno solo, el complejo de inferioridad frente al “mundo” … El mundo, el gran mundo que posee la ciencia, la técnica las comodidades, las diversiones, ha encendido sus reflectores que deslumbran y obcecan provocando un nuevo instinto en todos los hombres por el cual sólo lo que hace el mundo es inteligente, es distinto, es libre, es fuerte. De tal modo se va formando una nueva actitud al considerar tonto, vulgar, cohibido, débil y grosero todo lo que ya se tiene o se recibió de la propia educación …Se termina en el estupor y en la torpeza a la par de un campesino, considerándose pequeño y miserable frente al “mundo” … (card. Siri).

Son los reinos de la tierra hechos centellear por Satanás al mismo Jesús sobre el alto monte, es el mundo por el cual Cristo no quiso tampoco rezar. La estimación o sugestión o el miedo a la multitud se transvasa luego en la llamada “opinión” y así nace el complejo de inferioridad frente a la pública opinión; y todos saben tristemente cuantas veces el “buen sentidocalla por el miedo alsentido común”.

El Setecientos no era ciertamente el siglo veinte, sin embargo la era de las ciencias y de los descubrimientos, de las tecnologías y de las revoluciones, del iluminismo y del positivismo había comenzado, no obstante, don Doménico no se dejó arrastrar o intimidar, convencido como estaba de que ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. Era el sacerdote que camina con los tiempos, pero sabía bien que sólo Dios crea, sólo Dios salva, sólo Dios rige la suerte del mundo y que el hombre es sólo colaborador de Dios y el cura es sólo “ministro y no dueño, sólo instrumento y no causa prima, sólo representante y no trabajador en propio, que por lo tanto puede obrar tranquilamente también en el desierto, dialogar también por toda la vida sin recibir respuestas, tal vez sin ver nunca ninguna utilidad; y que por eso tiene necesidad de trabajar incansablemente desprendido de sí mismo y de todo”

y este desprendimiento libro a don Leonati del más preocupante y vergonzoso complejo de inferioridad cual es el miedo al mundo, cosa que el jamás tuvo .

Sin condicionamientos

Cura actual es el que precede de los tiempos sin dejarse condicionar por el respeto humano y por toda forma de demagogia o de amansamiento.

Don Doménico Leonati, antes de ser cura, fue hombre de carácter, de solidas convicciones, capaz de razonar con la propia cabeza si preocupación de lo que podía decir la gente.

En su tiempo, los grandes peligros de condicionamiento, como los periódicos, las revistas, el cine, la televisión, etc., cosas que también hoy pueden perjudicar gravemente el equilibrio espiritual de algún cura, no existían, sin embargo los demagogos y los imbuidores de prácticas supersticiosas o particularmente reforzadas hacia el final del siglo XVII. Don Doménico, contra todos estos enemigos de la fe, educo siempre a los jóvenes estudiantes, a los clérigos del Seminario y a los fieles de su parroquia, en la coherencia cristiana, enseñándoles a poner bajo sus pies toda forma de respeto humano. De ideología peregrina o de ilusorio mesianismo.



Sin frenesí de evasión

El cura verdadero actual, en el sentido justo de la palabra, especialmente el cura de almas, es un Cristo clavado siempre en su cruz, de la cual, se puede decir que jamás fue bajado, tampoco después de su muerte. De día y de noche, en los debidos tiempos y en los menos oportunos, el sacerdote, el cura de almas está continuamente disponible. Como buen pastor vive siempre junto a su rebaño, no en cuanto a residencia anagráfica, sino como domicilio habitual a imitación de Aquel que continúa encontrando su delicia en estar con los hijos de los hombres.

“En el tiempo de don Doménico Leonati estaba por fin cicatrizándose la grave herida inferida a la Iglesia por la llamada “Conmenda” que consistía en el disfrute de las rentas eclesiásticas por quienes no tenían responsabilidades pastorales y de las consiguientes y fáciles sustituciones de los facultados a la cura de alma por auténticos mercenarios; por lo cual el párroco se había hecho jurídicamente inamovible, y hasta muchos párrocos llevaban en el dedo el “aro” para indicar el vínculo de estabilidad que los vinculaba a la comunidad de los creyente” (G. Biffi).

En el Setecientos no había el automóvil, ni la bicicleta tampoco existían las manías de los convenios, de los encuentros, etc., sin embargo, no faltaban las tentaciones a la evasión como el juego, la cacería, las reuniones en los palacios de los nobles … Don Doménico nunca se dejó arrastrar por este frenesí de evasión, tampoco cuando fue párroco de Pontedibrenta, lugar lleno de villas patricias paduanas y venecianas, lugares de diversión de toda clase; él respetaba a todos, pero prefería hacer compañía a su Dios en el sagrario y estar continuamente a disposición de su pobre gente.



Sin mimetismo

Don Doménico era un cura actual, es decir, al par con los tiempos, sin acudir a ningún tipo de metamorfosis o de disfraz. “Metamorfisis significa hacerse igual, o por lo menos semejante al ambiente en que se vive. Hay muchos animales que tiene esta cualidad y por ella, pueden hasta cambiar de color…En esta forma pueden defenderse. En la guerra, la mimetización es ampliamente usada con el fin de fallar el blanco enemigo y también para esconder su presencia … Aquí se habla del mimetismo moral que consiste en tomar actitudes de pensamiento, de comportamiento, de simpatía, de consentimientos, imitaciones propias del ambiente en genera la de un determinado ambiente, con el fin de alcanzar determinados objetivos. El espía, el traidor se mimetizan en este sentido, para llevar a cabo su proyecto…

En nuestro casi no se trata de conjuras o de espionaje, sino de un despreciable disfraz o del conformismo sugerido a veces por el miedo o por el instinto de conservación, como también por un ambicioso espíritu de conquista.

He aquí un ejemplo: El mundo abolió substancialmente la modestia y el pudor. Quiere salvar algunos límites legales y lo hace con aire de suficiencia, cubriendo de benévola compasión a quien cree todavía en estos valores. No importa que se levanten altos gritos frente a los hechos desagradables de la crónica y a los crímenes que son la consecuencia del ultraje sistemático a la modestia y al pudor. El mundo es perfectamente ilógico y esto debería ser suficiente para juzgarlo como se merece… Pero su comportamiento, lógico o no, ha tomado fuerza sobre aquellos que no toleran al ser excluidos de la gran sala de baile universal. A esta “sala” intentan torpemente entrar también algunos curas, generalmente jóvenes., y ellos, con tal de conseguir un puestito, comparecen despojados de todo respecto a la modestia y al pudor. Se destacan, se pavonean de libertad, de superación de las viejas fórmulas, desdeñan los complejos de culpa –así los llaman- , se sorprenden y ríen frente a cosas serias, hacen todo esfuerzo posible, para agradar a los libertinos, ganándose la noble estimación –es un “cura moderno” se dice de ellos- llegando hasta a escribir todo esto en los temas de “pastoral moderna”. No, no es pastoral moderna, es sólo mimetización” (G. Biffi).

Análogamente se pudiera discurrir sobre el concepto de justicia cuyo peso se intenta transferir íntegramente sobre la llamada justicia social, la que según entendemos, debe ser observada sólo por los “demás”. Hay también que considerar el “canon de acción” que exige el cambio del todo y siempre. Aplicando este módulo, algunos curas han eliminado ya los santos de las iglesias y no se puede predecir lo que reservarán a la Virgen y a la Eucaristía.
“Hay al fin, el mimetismo más necio, el de adecuar al cura al mundo en el vestir, en el comportamiento, en el habla, en el gesto, en la desenvoltura: la confianza de “tú” para todos, etc… La sotana no es un hábito litúrgico, es el uniforme del sacerdote. El clergymen es solo una concesión hecha y tolerada para la funcionalidad …La mimetización constituye la verdadera contradicción de la pastoral, su muerte, aunque lenta y, para los inconscientes, indolora, pero muerte …Lo que significa que el resistir a mimetizarse con el mundo es salvar el propio sacerdocio”. (G .Biffi).

Este fenómeno de mimetismo que siempre tentó a ciertos curas en todos los tiempos no le pasó a don Leonati. Él fue realmente un “cura actual “propio porque jamás tomo la actitud de camaleón, y jamás se avergonzó de ser cura. Seguramente, y si él viviera hoy, tomaría como punto de referencia de su vida y de su obra a Cristo y a los Apóstoles y no a las distracciones modernas ….Los jóvenes de su tiempo, como los actuales, que él conocía muy bien. Eran más profundas e inteligentes de lo que se cree. Y la verdadera “modernidad” no será nunca conformismo mimetizado. En cuanto a sus seminaristas de quienes fue padre espiritual, se puede asegurar que él no hubiera tolerado ninguna mundanidad aunque fuera camuflada.



LA FAMILIA DE ORIGEN Y ALGUNOS

RASGOS DE SU JUVENTUD

Antes de proseguir en el argumento sobre la figura del Fundador, me parece conveniente detenerme describiendo brevemente el ambiente geográfico y social en que se desarrolló la vida de Don Doménico Leonati: la ciudad de Padua y sus alrededores. Padua es una antiquísima ciudad, situada en la región nororiental de Italia: Véneto, en una amplia llanura rodeada de una corona de pequeños cerros llamados “Eugáneos” a unos 600 mts. sobre el nivel del mar. Situándonos en el tiempo de don Leonati, toda la región estaba intensamente poblada por diferentes clases sociales: aristócratas, propietarios de grandes extensiones, obreros, artesanos, agricultores, estudiantes de la famosa Universidad “DEL BO”, provenientes de diversos lugares, y en el valle, la presencia de abundantes aguas termales, debidas a un cráter apagado, que generaban una actividad particular centrada en la cura llamada “fangos” para reumatismo, artritis, etc. Centro de este lugar era y es también actualmente la ciudad de “Abano Terme” centro turístico y curativo muy renombrado; a su alrededor figuran algunos otros pueblos con la misma actividad termal, entre los cuales esta Battaglia; mas a occidente, fuera de la zona termal pero siempre en los cerros, surge la ciudad de Montagna; luego Pontedibrenta, en la periferia de Padua, así llamado por ser atravesado por el río Brenta cuyas dos orillas están unidas por un puente en pleno centro del mismo pueblo.

El 30 de Abril de 1684, el párroco de Battaglia, don Andrea Schivetti, celebraba en la iglesia parroquial, dedicada a Santiago Apóstol, las bodas de Doménico Leonati y Antonia Tonini. Esta parena fue muy fecunda, tuve trece hijos el décimo de los cuales fue Domenico, el Fundador de las Salesias.

Posiblemente, desde cuando del cercano monasterio de Monselice, en 1625 dos frailes dominicos fueron trasladados a Battaglia en calidad de párrocos provisionales, el nombre “Domenico” fue adoptado frecuentemente en las familias de Battaglia. Particularmente en la “familia Leonati”, el padre, el abuelo, el bisabuelo de don Domenico se llamaba todos Domenico, como se llamará también Domenico, el hermando menor nacido unos tres meses después de la muerte del padre.

La Casa Leonati, un edificio, situado en el centro del pueblo, al lado de la iglesia parroquial dedicada al Apostol Santiago, se conserva hasta el presente en buen estado. En ella nació el 12 de Febrero de 1703, Doménico Leonati, quien sería el Fundador de las Salesias, bautizado el siguiente 15 del mismo mes en la fuente bautismal de la parroquia, conservada hasta hoy.

Los Leonati residían cerca de la iglesia parroquial, pero trabajaban sobre el monte de la “Estufa”, hoy Santa Elena; se llamaba así por la presencia de una gruta sudorífera, todavía existente en la cual se curaban muchos enfermos afectados de reumatismo, artritis, etc. En la cumbre del monte había una capilla y al lado un pequeño hospital para los enfermos más pobres; alrededor, algunos albergues de más o menos buen categoría que acogían temporalmente a los enfermos llegados de Veneto y de otros lugares con la esperanza de curarse de sus males mediante las aguas termales, particularmente por los ‘’fangos’’ que allá practicaban. Algunos de estos albergues estaban administrados por la familia Leonati, de modo que su situación económica era bastante acomodada, teniendo algunos domésticos a su servicio; no obstante, lo especial de esta familia era su profunda vida cristiana: la tumba de la familia quedaba en la iglesia, delante del altar del Santísimo, el abuelo era un activo dirigente de la ‘’ Cofradía del Ssmo ‘’ y había obtenido del Obispo San Gregorio Barbarigo la facultad de la construir el altar mayor y el Sagrario; además esta familia había dado a la Iglesia nada menos que siete sacerdotes.

La familia Leonati era unida, laboriosa, cristiana, solidaria. Unida por un profundo y reciproco respeto y amor; laboriosa, con un padre entregado a un trabajo intenso y calificado en las curas de las aguas termales y de los fangos aliviando así a muchos enfermos, con una madre totalmente ocupada en los quehaceres domésticos y en la entrega al esposo y a los hijos; cristiana, con trece hijos, todos educados en el santo temor de Dios; solidaria en la tribulación por la muerte del padre de solo cuarenta y cuatro años, en el empeño fatigoso de todos los hijos, inclusive don Domenico, en ayudar a la madre viuda para conservar el decoroso modo de vida de toda la familia; Carlos cede a su hermano Domenico su lugar en el Colegio Tornacense; don Domenico se encarga del mantenimiento y la educación del hermano menor, Domenico jr. Nacido poco después de la muerte del padre; Giovanni María se radica en Padua y ofrece hospitalidad a sus hermanos don Carlos y don

Doménico para su primer Colegio-Internado; mama Antonia pone a disposición de su hijo don Doménico, entregado a la institución del Conservatorio de Pontedibrenta, su propia dote. ¡De semejante familia bien podían salir tres sacerdotes! El pequeño Doménico creció pues, en un ambiente moralmente sano, cristiano y acomodado, hasta el día de abril de 1710 cuando inesperadamente murió su padre. Es verdad que mama Antonia podía, contar con la ayuda de tres hijos varones, mayores de veinte años, pero no eran tan emprendedores y equilibrados como el padre, y por otra parte tenia diez hijos menores de edad, de los cuales el ultimo, Domenico jr. estaba por nacer. La familia Leonati, por lo tanto, pasaría por momentos sumamente difíciles.

Al morir su padre Domenico tenía apenas siete años, por consiguiente comenzó muy pronto a conocer las privaciones y los sufrimientos; por suerte tenía una madre de oro y un párroco que lo amo y le ayudo verdaderamente como un padre. Se llamaba don Antonio Gentili ,nacido en Venecia y doctor en Teología; fue párroco de Battaglia dede 1690 hasta 1738.

Don Gentili fue el primer maestro de Doménico; no le enseño solamente el catecismo, sino también a leer y escribir, la aritmética y la historia; pero sobre todo, viéndolo despierto, inteligentísimo y bueno, vislumbro en el la predisposición para la vocación sacerdotal: fue el quien la intuyo, la cultivo y ayudo a Doménico a realizarla.



LA LLAMADA Y EL CAMINO AL SACERDOCIO

El Dr. Genteli “su” párroco, no solo bautizo y administro la Primera Comunión de Don Doménico antes de entrar al seminario, sino que fue su maestro en la primera preparación escolar, y fue también quien intuyo en el la predisposición al estudio, y la vocación al sacerdocio; esta vocación, don Antonio la apoyo y yudo por todos los medios a su alcance para que se realizara; sobre todo, con la palabra y el ejemplo, le proporcionó un sólido esquema de base.

Don Genteli, aprovechando sus buenas relaciones de amistad en Venecia, obtuvo un cardo Pedro Barbarigo, entonces Patriarca una beca en el seminario de Venecia. Fue así que a mediados de octubre de 1713, Doménico Leonati fue aceptado e ingreso en el Seminario de San Cipriano.

Naturalmente antes de ser admitido, fue probada su disposición al estudio y la inclinación al estado eclesiástico. Superada esta prueba, jovencito de diez años, entro al Seminario donde permaneció por 7 años: tres para el estudio de la gramática y cuatro para la retórica. Estos siete años fueron decisivos para su formación espiritual y cultural: de muchacho si hizo hombre, forjando su índole natural, su temperamento, en un carácter fuerte y manso, de hombre, cristiano, de cristiano se preparó para ser sacerdote.

Cada uno recibe de la naturaleza el temple que llevará por toda la vida, que no se puede destruir, pero que si se lo puede formar par así convertirse en una persona de carácter.

Doménico tenía seguramente un temperamento nervioso propio de la persona propensa a la austeridad, a la discreción, a la melancolía; la sensibilidad del nervioso es profunda, la inteligencia vivaz y aguda que propende más el análisis que a la síntesis; propenso a lo bello, al gusto del arte; en cuanto a la afectividad, bastante cerrado, su voluntad intermitente más que débil, etc.

Los siete años transcurridos en San Cipriano (Seminario) fueron más que suficientes para forjar en Doménico, con la ayuda de la gracia y del Seminario su temperamento en el carácter. Si, el ritmo recurrente de los ejercicios de piedad y de estudio, la fidelidad al horario, la “penitencia” de la vida común, el entrenamiento a la obediencia y a la disciplina, le sirvieron admirablemente no solo a formar un carácter manso y fuerte al mismo tiempo, sino también a valorar al máximo aquellas dotes humanas que impropiamente llamamos virtudes menores o naturales, es decir, la sinceridad de ánimo, o sea la perfecta coherencia entre el pensamiento y la palabra, entre la palabra y la vida; la fidelidad a la palabra de quien habla y hace, promete y cumple la promesa, programa y realiza; la puntualidad y la diligencia: ¿toca la campana? Es Dios que llama, esto, es el Seminario lo enseñaba muy bien; el orden, la honestidad, no solo como pureza sino también como virtud moral; la magnanimidad es decir, el corazón grande, capaz de comprender todas las miseria humanas. Así que, ingresado simple muchacho, salió a los dieciocho años, hombre perfecto. De hombre se hizo verdadero cristiano .Durante los siete años transcurridos en el Seminario. Doménico pensó solo en echar simientes graníticas al edificio espiritual que debía ser su vida, sin embargo, procuro también levantar unas robustas paredes que son las virtudes cristianas. No se intenta aquí hablar de las virtudes infusas en el bautismo como son las virtudes teologales de la fe, esperanza y caridad y las cardinales de la prudencia, justicia, fortaleza y templanza que , recibidas en germen tienen necesidad de crecer sostenidas por la Gracia y por la buena voluntad de cada persona, aquí hablamos der las virtudes morales adquiridas que son decía san Vicente de Paul –l s cinco piedrita recogidas por David del torrente que sirvieron para derrumbar al gigante golead :

La sencillez sencillo a simple en el sentido cristiano de la palabra es quien es lineal quien no es doble sencillo es quien mira más al alma que al cuerpo del prójimo , mas a la sustancia q a la apariencia, mas a lo que une o lo que divide , mas a los aspectos positivos que a los negativos. Sencillo es quien no ama lo grande y espectacular si no las cosas puras transparentes y se contenta con poco. Así era Doménico: sencillo, con la sencillez de los puros de corazón la humildad no es la virtud más grande, más grande es la caridad pero la humildad es tal vez la más importante porque es la piedra angular que sostiene todo el edificio espiritual. La humildad en primer lugar es verdad: reconoce lo que ay de bueno en nosotros es don de Dios, lo verdaderamente nuestro es la deficiencia, la miseria. La humildad nos empuja a contrastar en nosotros todo espíritu de independencia y de egoísmo, de vanidad y de jactancia, de ostentación y de hipocresía. El humilde ama lo escondido: si hay una virtud en particular que distinguió a Doménico Leonati en el decurso de la vida, esta fue la humildad.

La mansedumbre es una virtud compleja que se enlaza con otras virtudes; incluye en efecto, un continuo autocontrol que previene y modera los movimientos del instinto; por este aspecto se enlaza con la templanza. Comporta el tolerar los defectos del prójimo lo cual exige el ejercicio de la paciencia y de la fortaleza. Incluye además el perdón de las ofensas y la benevolencia hacia todos, esto es la caridad. La mansedumbre no es debilidad de carácter, más bien es la virtud de los fuertes que han sabido dominarse a sí mismos y que, conforme lo dice el Evangelio, terminaran conquistando la tierra. El violento, el soberbio, aunque temido, es despreciado por todos; el mando en cambio, goza de la estimación y de la simpatía de todos. Doménico era manso y humilde como Jesús.

La obediencia nos hace ver a Dios a imitación de Jesús que fue obediente hasta la muerte y muerte de la cruz. Doménico, desde niño, fue hombre de obediencia: obedeció siempre en su familia y en el seminario, como capellán a los párrocos, como párroco al propio obispo, siempre humilde y alegremente

La pobreza. El apego a los bienes de la tierra es signo evidente de desconfianza hacia Dios; el espíritu de pobreza en cambio hace poner toda nuestra confianza en Dios y propende a usar de los bienes de la tierra sólo como medios y jamás como fin. Doménico, ni cuando fue adulto, fue ambicioso y lo que pudo poseer se lo devolvió siempre a su Instituto.

De cristiano se preparó para ser cura y ¿cuál palestra mejor que un buen Seminario?

Allí aprendió a catequizar y a predicar, allí afirmó su camino espiritual de ascética y mística de vida interior, el mismo que debía dar el tono a su vida sacerdotal.



Al Colegio Tornacense

Cumplidos los estudios que hoy llamaríamos bachillerato, el seminarista Doménico, siempre en gracia del Patriarca de Venecia, entró en 1720 al Colegio Universitario Tornacense de Padua. Le sustituía a su hermano Mayor, Carlos, que en aquel año pasó al Seminario de Padua, y encontró allí en calidad de director al tío Don Giovanni Andrea Leonati que moriría al año siguiente.

El Tornacense era uno de los veintitrés Colegios Universitarios existentes en Padua, pero a diferencia de los demás, era eclesiástico, acogía a seminaristas pobres con el fin de que estudiaran Derecho Canónico en la Universidad de Padua y se prepararan al Sacerdocio; El Tornacense era prácticamente un “Seminario Regional”.

Aquí el clérigo Leonati transcurrió otros seis años de su vida, a excepción de algunas semanas de otoño en familia.

Con el fin de prepararse para ser doctor en Derecho Canónico y Civil, siguió los cursos en el ateneo patavino, y fue tan diligente y valiente que con sólo dos años de estudio intensivo consiguió el doctorado en “utroque jure” el8 de agosto de 1722: tenía solo diecinueve años y medio.

El tiempo de su esmeradísima formación cultural y espiritual, no se acaba: en efecto permaneció en el Tornacense por otros cuatro años durante los cuales, bajo la guía de expertos maestros, cumplió los estudios de Filosofía y Teología como preparación próxima al sacerdocio. Cierto que esta preparación era mucho más compleja que la del doctorado en cuanto exigía un conocimiento profundo de la Sagrada Escritura, de la Teología Dogmática y Moral, de la Historia de la Iglesia, de la Liturgia y también algunas reglas fundamentales de la ascética y mística cristiana no olvidemos que el sería un gran maestro de espíritu para los clérigos del seminario de Padua, para sus Vírgenes de Vanzo y de muchos monasterios de la ciudad.

Alcanzo la cumbre del Sacerdocio en el verano de1726 a la edad de veintitrés años.

DON DOMENICO LEONATI PASTOR DEL REBAÑO DEL SEÑOR

Para don Doménico Leonati , el ministerio pastoral durante unos veinticinco años, años desde 1726 hasta 1751.El cuidado de las almas constituyó para él un generoso compromiso y una experiencia fecunda; lo ejerció en Padua, en Montagnana, Battaglia y en Pontedibrenta.

De los primeros años de vida sacerdotal solo se sabe que estuvo en Padua, huésped de su hermano Giovanni Maria Leotani, segundogénito de los trece hermanos, junto a Doménico jr. que comenzaba sus estudios para el sacerdocio. A menudo iba a Battaglia para visitar a mama Antonia y ayudar como buen hijo espiritual a don Gentili ya avanzando en edad y muy enfermo. Don Domenico Leonati, no habiendo estudiado en el Seminario obispal, era sin embargo, sacerdote diocesano y todavía libre de elegir entre el ciudadano de las almas, la enseñanza, o ser sacerdote particular, permaneciendo en familia.

Don Doménico pensó en dedicar las premicias de su ministerio en algo nuevo y original; la salvación moral de los estudiantes universitarios.



El Colegio– Interano

Muy probablemente, cerca de la casa del hermano Giovanni María, el barrio de Santa Cruz, ayudando también por el hermano don Carlos, don Domenico instituyo su primer Colegio-Internado en Padua, para la preservación y la formación moral y religiosa de la juventud estudiosa que estaba en peligro. Hay que saber que , aunque en la ciudad universitaria existían varios colegios , casi todos eran para ricos , solo el Tornacense hospedaba algunos pobres ; los demás estudiantes se alojaban en pensiones sin ningún problema de orden moral y sin ninguna asistencia .Durante sus años de estudio universitario nuestro padre se había percatado de la situación de tantos jóvenes alejados de sus familias , alojados en lugares de mala fama , en continuo peligro de perder la seriedad de la vida moral y de la fe recibida en su familia , surgiendo así en su corazón una particular inquietud con el fin de salvar a los que mañana deberían de ser los dirigentes de la sociedad.

Fue así que fundo el Colegio-Internado cuyo primer huésped seria su hermano menor Doménico Jr. Nueva era de institución y nuevo el método original que el pretendía aplicar para alcanzar su objetivo; el método preventivo que preserva del mal previniendo el bien .En el Colegio-Internado, como principio de vida, se aceptaba, no a los que a su juicio ecuánime eran moralmente sanos y religiosa mente practicantes. A ellos , a cada asistencia cultural de parte del hermano don Carlo , doctor en Teología , y del mismo don Doménico , doctor en Derecho Canónico y Civil ; además , los dos hermanos sacerdotes les impartían una fraterna y sacerdotal asistencia religiosa , la misma que perduraba todo el periodo del curso universitario.

Capellán en Montagnana

Después de cuatro años, por así decirlo. De entrenamiento sacerdotal, comienza para don Doménico el compromiso propiamente dicho, del cuidado de las almas. En 1730 el hermano don Carlos fue enviado por el Obispo a la iglesia colegiata, la fortaleza de Montagnana (leer montaña) en calidad de maestro teólogo y como “auditor” con derecho de sucesión del arcipreste, disposición que se realizó por la muerte repentina del párroco. A montaña le siguieron pronto los dos hermanos: don Doménico, en calidad de cooperador y Doménico Jr. Para seguir sus estudios bajo la responsabilidad de los dos mayores.

Como capellán del hermano arcipreste, don Doménico aprendió que también se puede ser ministro de dios cuando se enseña o se cuida de diferente manera los intereses de dios y de la iglesia, pero se lo es particularmente cuando se predica, se administran los sacramentos y se dirigen las conciencias en el cuidado pastoral de las almas. Todo esto él lo aprendió enamorándose especialmente del cuidado de las almas hasta llegar a juzgar no puede hacer otra cosa más que esta.

A más de la actividad de capellán en una iglesia tan grande, en Montagnana repitió la iniciativa de colegio internado, no solo para los estudiantes universitarios sino para los que se preparaban a entrar a la universidad.

En 1732 en obispo de Padua, Minotto Ottoboni, fue a Montagnana para la visita pastoral, encontrándose así con los tres hermanos. Seguramente quedo impresionaron particularmente por el calibre de la personalidad de don Doménico y a los dos años, le envió como vice párroco a Battaglia.

Vicepárroco en Battaglia

En Battaglia vivía todavía su párroco, el sacerdote que lo había educado y había sido como su padre y por consecuencia la persona más amada y más estimada por el después de su madre.

Don Antonio Gentili, con cuarenta y cuatro años de párroco, estaba cerca de los noventa y a más, muy enfermo. Tenía a su lado un sacerdote completamente sordo por la avanzada edad; don Doménico llegaba a su pueblo natal en calidad de “vicario auditor”, es decir, sacerdote enviado directamente por el obispo con todas las facultades para sustituir aun párroco provisionalmente impedido en el ejercicio del propio ministerio sacerdotal...

Don Doménico asistió cariñosamente a don Gentili, actuó como viceparroco de Battaglia del 19 de septiembre de 1734 hasta el 7 de marzo de 1737. En estos casi tres años de permanencia en esta parroquia en calidad de “ facete función”, el aprendió a ser párroco: catequizar a niños y adultos , administrar los sacramentos y compilar actas, dirigir las almas, guiar a las cofradías parroquiales y asistir cariñosamente a los moribundos hasta el último respiro, y todo esto según las costumbres de aquel tiempo .

Don Leonati no volverá en Battaglia a repetir la iniciativa del colegio-Internado, sea por falta de tiempo, sea por el reducido número de estudiantes en el pueblo. –

Imponiéndose por su equilibrio y por su destacada personalidad aun frente a sus hermanos mayores, que eran nueve, aprovecho de su permanencia en la casa paterna para levantar nuevamente las condiciones economías familiares, precarias luego de la muerte de su padre .



Párroco de Pontedibrenta

En los primeros días de 1737, el Obispo Ottobuoni invito a don Domenico a que se presentara al concurso para la parroquia de Santa María de Adige; obedeció, gano el concurso, recibió la investidura canónica, mas improvisadamente, por la muerte del párroco, se quedó vacante la parroquia de Pontedibrenta, mucho más importante que la anterior, así que el obispo le rogo dejar la primera e ir a esta última situada en la periferia de la cuidad.

Don Domenico entró a Pontedibrenta en calidad de párroco el 3 de marzo de 1737 permaneciendo allí hasta octubre de 1751 .Pontedibrenta fue la tierra buena que acogió la semilla de la Palabra de Dios y dio el ciento por uno .

Don Domenico Leonati fue presentado como hombre de carácter, sincero y coherente, hombre de palabra, puntual y diligente, amante del orden, honrado en todo, de gran corazón. A estas virtudes humanas se añadían las infusas en el bautismo, las virtudes teologales y cardinales y con la ayuda de la Gracia, las virtudes cristianas adquiridas: la sencillez de ánimo, la humildad, la mansedumbre, la obediencia, el espíritu de pobreza; en esta descripción están los cimientos y las paredes, falta el techo del admirable edificio, que fue su vida interior. Este techo estaba construido por virtudes eminentemente sacerdotales: la piedad, el celo, el fervor, las mismas que brillaron como estrellas en esta parroquia privilegiada.

Su piedad era Trinitaria, Eucarística, Mariana, Litúrgica. Totalmente personal es la particularísima devoción a la Santima Trinidad, asimilada por su parroquia de Battaglia: en efecto, el abuelo Domenico Leonati obtuvo la autorización de parte del Obispo de entonces, para construir el altar mayor integrado por una espléndida Sagrario polícroma, que aún al presente s puede admirar. De su parte, don Doménico quiso reproducir en dimensiones mayores, en Pontedirenta, el altar y el Sagrario de Battglia.

En Pontidibrenta su piedad eucarística lo impulsó para intrucir la solemne exposición de las Cuarenta horas y organizar la Adoración Perpetua Diurna; al trasladarse a Padua se preocupó en obtener del Papa la facultad de conservar en la iglesia de sus Vírgenes de Vanzo, el Santísimo, a fin de que sus hijas, las jóvenes que él eligió para la fundación de su Conservatorio, fuera las “Vírgenes de la Adoración Perpetua”.

Don Doménico veía personificado el amor eucarístico de Jesús en su Sagrado Corazón a quien quiso dedicar, en si iglesia parroquial, el más hermoso altar, después del Sismo.

También la devoción Mariana tenía en don Doménico, raíces profundas que se remontaban a la antiquísima Confradía del Rosario en Battglia, a la cual fue inscrito en su niñez. En don Leonati como en San Francisco de Sales, María está contemplada en clave cristológica y no sentimental, evidenciado su espíritu de dependencia, de servicio, de transmisión de la gracia que es Jesús. De la Virgen María le eran particularmente queridas las advocaciones: de la Inmaculada y de la Dolorosa.

Don Doménico a su piedad le agregó el celo que es intenso amor hacia Dios y hacia el prójimo. El celo por las almas es en el sacerdote como deber de Estado, es decir, deber profesional. En esta actividad de vida, don Leonati fue verdaderamente un pastor infatigable. Para su pueblo y para su Instituto él fue siempre padre amoroso, maestro iluminado, medico sabio, pastor vigilante, baluarte de defensa inquebrantable contra el mal.

Si a esta infatigable operosidad añadimos la profunda y perenne unión con Dios y el fervor en las obras, nadie se puede maravillar si cerca de él, las obras de Dios florecían admirablemente.

El fervor es el oro enardecido de que habla el Apocalipsis. Ferviente es el que pone la recta intensión, gran pasión y suma diligencia en el obrar. Las pocas actas de don Leonati llegadas a nuestros días, acaban siempre con las palabras: “Laus Deo” o “Ad laudem Dei”, lema que estaba en el origen de toda su acción. A imitación de Jesús, don Domenico lo hizo todo bien.

Y ahora pasamos a conocer que obras florecieron por su ardor pastoral en Pontidibrentra:

La comunión parroquial que con su prudencia y caridad, pero sobre todo con sus originales iniciativas de carácter religioso, alcanzo a convergir el interés y el amor de los parroquianos, dispersos en la villas aristocráticas del lugar, hacia su propia iglesia, sin excluir tampoco a los dueños de estas villas entre los cuales algunos figuraban como bienhechores de sus obras.

El piadoso párroco no dejaba tampoco los medios ordinarios de la pastoral, como el catecismo para los niños y adultos, la caridad a los pobres…la administración de los Sacramentos, la renovación de las Cofradías, la asistencia a los enfermos, etc., pero acudió también a los medio excepcionales que hicieron distinguir a Pontedibrenta entre las demás parroquias de la diócesis: el Octavario de los Muertos que surgió por su iniciativa y se difundió luego en todas las parroquias; no consistía en un simple sufragio sino en un Curso verdadero y propio de predicación extraordinaria para todo el pueblo.

A más de las Cuarenta Horas, don Doménico instituyó en Pontedibrenta la Adoración diaria diurna para lo cual, en ocasión de la consagración de la iglesia renovada, el 12 de noviembre de 1747 se colocó una lápida que decía: “Para que el Culto que presentemente se viene tributando en las horas del día al Venerable Sacramento de la Eucaristía, se continúe en todo tiempo futuro”.

Semejante iniciativa, por ser absolutamente extraordinaria, merecía muy bien una lápida de recuerdo. Ello demuestra no sólo su profunda, personal devoción a la Eucaristía y la correspondiente educación a la piedad eucarística impartida a su pueblo, sino también la fuerza de persuasión de don Doménico sobre las familias de la parroquia y su singular capacidad de organización, constante y eficaz.

Siempre presente y listo al confesionario, el santo párroco no se contentaba con perdonar los pecados, sino que hacia también del confesionario su cátedra en donde discernía los espíritus y dirigía las almas.

Desde el ambón y el púlpito distribuía el pan de la Palabra de Dios en forma necesariamente genérica, mas era en el confesionario que él educaba una a una a las almas y las llevaba a la más alta cumbres de la perfección cristiana, hasta la cconsagración total y perpetua de sí mismas a dios. He aquí la razón por la cual quiso sabiamente en las renovadas iglesias que esta catedra suya fuera colocada entre el altar del sismo y el del sagrado corazón de Jesús entre los dos fuegos divinos del amor y de la misericordia

De este modo y por su figura paternal llego a traer a si a todos a involucrar la atención y el interés de todos sus feligreses hacia la propia iglesia la maravillosa transformación de la parroquia fue una de las obras más importantes cumplidas por este gran hombre de dios en pontedibrenta la segunda fue la radical reestructuración de la iglesia parroquial

Para la armoniosa y amorosa reconstrucción de la parroquia de pontedibrenta don Doménico había tenido presente la iglesia de su pueblo battanglia mas demostrando un gusto excepcional por el arte en esta obra de refacción y de embellecimiento se sirvió de los artistas más reconocidos del momento de Padua y de Venecia

Lo que se debe subrayar en esta obra empeñativa de reconstrucción es el hecho de que el párroco mentalizaron e impulsaron de todos los trabajadores no suscribió ninguna acta o contrato no se atribuyó ningún mérito no apareció nunca ni si quiera cuando una ingeniosa

Idea para cubrir los gastos de los trabajos

En 1740 don Doménico párroco funda en pontedibrenta el conservatorio la obra educacional como ya se dijo en favor de la juventud más pobre mediante la colaboración de algunas jóvenes probadas a quienes considero llamo y sintió verdaderamente como hijas de esto trataremos ampliamente en el capítulo siguiente.

consagración total y perpetua de sí mismas a dios. He aquí la razón por la cual quiso sabiamente en las renovadas iglesias que esta catedra suya fuera colocada entre el altar del sismo y el del sagrado corazón de Jesús entre los dos fuegos divinos del amor y de la misericordia

De este modo y por su figura paternal llego a traer a si a todos a involucrar la atención y el interés de todos sus feligreses hacia la propia iglesia la maravillosa transformación de la parroquia fue una de las obras más importantes cumplidas por este gran hombre de dios en pontedibrenta la segunda fue la radical reestructuración de la iglesia parroquial

Para la armoniosa y amorosa reconstrucción de la parroquia de pontedibrenta don Doménico había tenido presente la iglesia de su pueblo battanglia mas demostrando un gusto excepcional por el arte en esta obra de refacción y de embellecimiento se sirvió de los artistas más reconocidos del momento de Padua y de Venecia

Lo que se debe subrayar en esta obra empeñativa de reconstrucción es el hecho de que el párroco mentalizaron e impulsaron de todos los trabajadores no suscribió ninguna acta o contrato no se atribuyó ningún mérito no apareció nunca ni si quiera cuando una ingeniosa

Idea para cubrir los gastos de los trabajos

En 1740 don Doménico párroco funda en pontedibrenta el conservatorio la obra educacional como ya se dijo en favor de la juventud más pobre mediante la colaboración de algunas jóvenes probadas a quienes considero llamo y sintió verdaderamente como hijas de esto trataremos ampliamente en el capítulo siguiente.

El día 20 de octubre de 1751, don Doménico recibió a llamada del entonces Obispo de Padua, cardo Rezzónico, asignado para asistir en carácter de confesor a su seminario, en el cual el padre estuvo por casi catorce años.

Don Doménico dejó personalmente su campo de ministro pastoral, en el espíritu de humilde obediencia, propio de los hombres de Dios y por la explicita voluntad de su propio obispo que tenía siempre presentes todas las necesidades y preocupaciones de su diócesis, particularmente de su seminario en cuanto a la formación espiritual de sus clérigos.

Mientras estaba de párroco en Pontedibrenta, en septiembre de 1738, don Doménico había sido llamado a predicar en el seminario, los ejercicios espirituales para los ordenandos. De estas pláticas un clérigo nos dejó un consistente resumen, objeto hasta el presente de un estudio sobre su espiritualidad. En ese momento se trataba de cuidar enteramente la preparación al sacerdocio

De los clérigos del seminario se quedara allí hasta 1765 al final del año lectivo.

Con el traslado a Padua le siguió también su instituto, su “conservatorio” cuya historia se tratara en el próximo capítulo.

1765 fue el año importante para el fundador y para su instituto: dejo el compromiso de padre espiritual del seminario y, junto a sus hijas se estableció en Padua, en el territorio de la parroquia de Santa Cruz. A más de consolidar su institución en la cuidad y en las afueras, continuo su preciosa obra de maestro de espíritu a favor de algunos monasterios femeninos de la cuidad.

Don Doménico Leonati durmió en el seños el 4 de enero de 1793.

Con suma piedad había recibido en su casa, precisamente en la habitación del piso superior, frente a la huerta, los Sacramentos de la Confesión y Comunión, así como los santos Viáticos y la Unción de los enfermos de manos del párroco de Santa Cruz.

El entierro de cumplió en la iglesia parroquial de Santa Cruz, conforme a las disposiciones testamentarias: “…no quiero pompa a mi cadáver, remitiéndome en cuanto al entierro y sepultura, como también para los sufragios, a la caridad y amor experimentado de las Hijas, apodadas “las Pobres Vírgenes de Vanzo” . Para si mismo expresa un solo deseo: “Que inmediatamente después de mi muerte se haga celebrar una Santa Misa, por las Hijas, en agradecimiento a la Santísima Trinidad por la sentencia que habrá recibido mi alma, sentencia siempre justa y vulnerable por derecho o de su justicia o de su Misericordia infinita en la cual ahora y siempre me abandono ”

He aquí el obituario, simple pero muy significativo del párroco de Santa Cruz, en el Registro canónico de los Difuntos en el día de su sepultura: “5 de enero de 1793. Pasó a mejor vida el Clarísimo Don Domenico Leonati, de ochenta y nueve años y once meces, benemérito Fundador del Conservatorio de las Vírgenes de Vanzo, después de haber sostenido en su larga vida empleo de Maestro de Montaña, Vicepárroco de Battaglia, Párroco de Pontedibrenta, Confesor de las Monjas durante veinte y siete años, habiendo dejado por todas partes, monumentos de piedad y de religión eximia realmente singular. Ha muerto habiendo recibido todos los Sacramentos.- Fue sepultado en Capuchinas de Santa Cruz”.

En marzo del mismo año había fallecido el sobrino don Bartolomeo Leonati, arcipreste de montaña, y en julio del mismo año falleció también su gran amigo y consejero, Padre Carlo Barbieri. De estos dos hablaron las noticias del día , pero ninguna palabra fue gastada para recordar la muerte del Fundador de las Salesias , lo cual no debe por nada escandalizamos sabiendo que don Doménico Leonati se había como apropiado al precepto de la imitación de Criato: “Ama nesciri et pro niculo reputari = ama estar escondido y ser considerado nada”

En cuanto a la sepultura en las Capuchinas necesita recordar: 1) que en el Oratorio de las Vírgenes de Vanzo no habían tumbas; 2) que para la sepultura se había confiado completamente a la voluntad de sus Hijas las cuales podían elegir entre la iglesia parroquial y otra que se presenta a este fin; 3) tal ve, en cumplimiento de un deseo expresado por el Fundador en el punto de su muerte, y dada su inconmensurable humildad, la elección recayó en la iglesia de las más modestas entre las asistidas espiritualmente por el: las Capuchinas.

También la tumba debía de ser muy modesta, arriba de ella había lugar para una pequeña lápida de mármol (cm.40 x40) en la cual está escrito en latín que traducido dice:

Al rev.mo D. Doménico Leonati

Su óptimo Padre

Eximio por piedad y doctrina.

LAS VIRGENES DE VANZO

Murió el año de la Redención 1793



Más tarde, por la asonada napoleónica que barrio iglesias y monasterios, confiscando todos los bienes, muchos de estos monasterios fueron destruidos, entre ellos el de las Capuchinas, otros fueron transformados en cuarteles o sedes de instituciones civiles.

Los restos del fundador reposan pues, durmiendo el sueño de los justos, en espera de la resurrección final, bajo las casas construidas sobre el lugar del monasterio.


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