Dossier fides el mapa de la iglesia catolica en los estados unidos de am



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Agencia FIDES – 12 abril 2008
DOSSIER FIDES

EL MAPA DE LA IGLESIA CATOLICA

EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA


Introducción

La Iglesia en la Historia de los Estados Unidos de América

La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos de América (USCCB)
El Compromiso de la Iglesia Católica en EEUU y las emergencias del siglo XXI

Secretariado para los católicos afro-americanos

Campaña católica para el desarrollo humano

Justicia, paz y desarrollo humano

Servicios para la inmigración y los refugiados

2008: 100° aniversario de la “independencia misionera”

El testimonio del Card. O'Connor

La Archidiócesis de Nueva Orleans
Conclusiones
Apéndice: las circunscripciones eclesiásticas en los Estados Unidos de América
Bibliografia y Linkografía


Este Dossier está disponible también en el sito de la Agencia Fides: www.fides.org

Introducción

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Al acercarse el viaje pastoral del Papa Benedicto XVI a los Estados Unidos de América la Agencia Fides publica este dossier destinado a trazar el mapa de la Iglesia Católica en los Estados Unidos de América. El análisis parte de un relato histórico sobre las modalidades según las cuales la religión católica ha llegado y se ha divulgado entre las colonias de esta parte del Nuevo Continente, con migraciones sucesivas del siglo XVI al siglo XX, pasando por los orígenes y la realización de la nueva República.
Con el nacimiento, en el siglo pasado, de la Conferencia de los Obispos estadounidenses, el trabajo de la Iglesia se estructuró a nivel local y nacional, en la misión de evangelizar y con un compromiso en el interior de la comunidad que tenía que ir al paso con las distintas emergencias humanitarias y sociales impuestas por el siglo apenas concluido. No obstante, la dimensión de los problemas nuevos, y de aquellos aún no resueltos en el siglo XXI, es significativa y en el campo quedan muchas batallas – viejas y nuevas- en justicia social, derechos humanos, lucha contra la pobreza, debates en los cuales hoy la Iglesia de los Estados Unidos está comprometida activamente.

LA IGLESIA CATÓLICA EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

La historia de los Estados Unidos de América es complicada, y a menudo, contradictoria, ya que encierra en pocos siglos descubrimientos, exterminios, colonización, emigración, exclusión, libertad, segregación. El análisis no se presenta fácil, en un país en el cual las complejas vicisitudes reflejan una realidad política y social única y merece una evaluación atenta, sobre todo, por el rol que este país tiene hoy en el panorama mundial. La historia de las emigraciones y de las colonizaciones en el nuevo continente, y particularmente en América del Norte, está relacionada también con el arraigarse y el difundirse de las religiones, proceso que en cierta manera, la ha inspirado y del cual ha sido necesariamente influenciada. En este sentido, es interesante comprender con cuales modalidades y según cuales transformaciones, en un territorio tan difícil, se ha insertado y se ha reafirmado la religión católica, que actualmente es la confesión con un porcentaje del más del 25% de practicantes entre su población. Alcanzar estos resultados ha sido posible gracias a una cuidadosa obra de evangelización que se ha distinguido, en estos territorios, en el respeto por el otro, el ser humano con sus indiscutibles diferencias culturales, sociales y geográficas de pertenencia. Con tales caraterísticas, y a pesar del tejido todavia arduo y siempre en movimiento, la Iglesia católica puede hoy confirmarse entre las comunidades religiosas más consistentes del continente norteamericano.


Fue en la época colonial que el catolicismo comenzó a difundirse en aquel territorio que hoy llamamos Estados Unidos de América, antes de que se constituyera como nación: inicialmente llegó en el siglo XVIII con exploradores y colonizadores españoles, sobre todo a la actual Florida y al sudeste del país; pero fueron las sucesivas ondas migratorias las que dieron el impulso más imponente a la religión católica en aquellas tierras. En un período que va desde finales del siglo XVIII hasta los inicios del siglo XX, el más relevante desplazamiento de poblaciones católicas fue el dirigido por Europa hacia las Américas, empujando cada vez más hacia el oeste la frontera de la colonización.
La maciza inmigración de católicos escoceses, irlandeses y alemanes estaba documentada ya desde finales del siglo XVIII, pero en la segunda mitad del siglo XIX otras poblaciones católicas cruzaron el océano, provenientes de Europa occidental y meridional (polacos, italianos, portugueses). En aquellos años, también llegaron núcleos de católicos, particularmente del rito oriental, del Cercano Oriente y del imperio ruso y austro-húngaro. Y en un contexto tan variado, estas religiones se distinguieron enseguida por su impronta de tolerancia, ante todo, si se compara con las primeras colonias inglesas y su extremismo protestante. En estas circunstancias, la obra de evangelización tuvo que proceder sobre caminos a menudo difíciles, durante los cuales las minorías católicas tuvieron que soportar – junto a otros – racismo y segregación, ya que la identidad protestante del país se sintió amenazada por los católicos, hebreos y negros liberados.

Hoy el mundo ha cambiado profundamente, y el proceso de globalización en acto, aún mostrando su veste cultural rica y multiforme, facilmente puede generar incertidumbre en el plano social, político y económico. Pero partiendo de los orígenes, lo que llama la atención es justamente que la historia de Estados Unidos -aquí sólo brevemente presentada-, ha favorecido el nacimiento, en ese mismo país, de tantas luchas por los derechos humanos y por la libertad, por la justicia social y la igualdad de los pueblos, dejando que la continuación de la historia se encuentre escrita entre las líneas de aquellas mismas luchas, a veces impregnadas de dolor y de sangre. De todos modos, no hay que olvidar que paralelamente al proceso de los derechos humanos por la libertad nace y en algunos casos crece, la semilla de la intolerancia, de entrada religiosa, pero que puede encubrir intereses relacionados a la hegemonía económica. Nada de nuevo, dado que a lo largo de los siglos fueron muchos los procesos económicos y de poder que las ideologías han astutamente enmascarado.



Sin embargo, si es verdad que cada cambio político e histórico se da en el ámbito de la cultura, el crecimiento del fundamentalismo religioso se confirma hoy como una clara señal de la importancia y del rol en la actualidad de estos cambios. Buscar una respuesta o un camino factible para afrontar el problema, no significa sin embargo refugiarse en los mínimos particulares, o proclamar univocamente la fuerza de la identidad singular, de las propias virtudes. La necesidad que se manifiesta es más bien aquella de dar inicio a un verdadero proyecto caracterizado por una “búsqueda ética”, un propósito que se inspire en comprender – en la doble acepción del comprender, como entender y como acoger a sí- cuánto de las propias raíces se puede poner a disposición del otro, en comunión con el otro, convencidos de que para desarrollar la propia “humanidad” sólo nos podemos basar en un proceso de apertura hacia el prójimo, único camino para construir bases universales y trabajar juntos para el bien común.
Estados Unidos de América es una nación que ha apoyado sus propios fundamentos políticos y constitucionales sobre el principio de la libertad así entendida, volviéndose por esto también más vulnerable, como lo han demostrado los eventos del 11 de septiembre. ¿Pero se puede imaginar que en esta fragilidad el país pueda encontrar su fuerza, sin prescindir de aquel componente esencial de la propia identidad cultural que se podría creativamente definir como “cultura de diferencias”? Quizás como un evento que es también simbólico, más allá del dramático inolvidable tributo de muerte y desesperación: un evento de gran poder simbólico para los Estados Unidos y para el mundo entero. Pareciera de hecho que los ataques han revelado cuanto de negativo es endémicamente producido por nuestra sociedad, que vive su profunda “crisis de significado”, pero en la cual el terrorismo se presenta como un veredicto, una condena que el mundo pronuncia sobre si mismo.
La revelación es repentina, absurda, como repentino y absurdo es el impacto visivo del evento, y sin embargo, el evento mismo esclarece las circunstancias que lo han producido, y al mismo tiempo ilumina los pasos futuros: si el objetivo era lograr un cambio, podríamos considerarnos en la encrucijada decisiva, por que la crisis es siempre apertura, brecha, herida. Y si es verdad que Estados Unidos tiene un rol fundamental en este recorrido, con la verdadera crisis de significados que caracterizan los tiempos presentes, la posición de este país se revela decisiva también en el ámbito de la fe profesada por la población que lo habita, con una apertura al diálogo en el respeto de la laicidad del Estado, y de los Estados. Es por esta razón que en el actual panorama, la misión de la Iglesia católica en los Estados Unidos de América es un elemento muy importante desde el punto de vista religioso, social y político.

La historia de las relaciones oficiales entre la Santa Sede y los Estados Unidos de América
El tema de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y los Estados Unidos de América, hoy indiscutibles, es un capítulo de fundamental interés por el rol de la Iglesia católica en los Estados Unidos, país caracterizado por el pluralismo religioso, y al mismo tiempo, por la rigurosa laicidad del Estado. El concepto se remonta al 1798, cuando George Washington comunicó al Papa Pio VI, a través de su diplomático Benjamin Franklin, que en la nueva República no era necesaria una autorización para el nombramiento de un obispo por parte de la Santa Sede. Sin embargo, pasarían casi dos siglos, caracterizados por eventos de resultados alternos aunque en el respeto recíproco, antes de que el Congreso y el gobierno llegaran al reconocimiento de un representante personal como verdadero y proprio embajador. Después del 1981, durante la presidencia de Reagan, las relaciones diplomáticas alcanzaron una completa maduración: en coincidencia con las revolucionarias transformaciones que finalmente estaba viviendo la Europa de los años '80, en 1984 los Estados Unidos tomaron la difícil pero importantísima decisión de elegir a un embajador como su representante diplomático ante la Santa Sede.
William Wilson, representante diplomático en el Vaticano desde 1981, el 10 de enero de 1984 fue nombrado por Ronald Reagan primer embajador de los Estados Unidos de América ante la Santa Sede. Es así como aquellas relaciones diplomáticas iniciadas en el último cuarto del siglo XVIII y signadas por altos y bajos en el arco de dos siglos, se consolidaron definitivamente, consintiendo a lo largo de los años el desarrollo de un trabajo eficaz y de una extrema relevancia internacional. El 19 de diciembre de 2007, Mary Ann Glendon fue nombrada Embajadora de los Estados Unidos de América ante la Santa Sede. Octava representante diplomática desde las elecciones de William Wilson, Profesor Emérito ante la Facultad de Derecho en la Harvard University de Cambridge, Massachusetts. La Embajadora Glendon fue nombrada por el Papa Juan Pablo II, en marzo de 2004, Presidente de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, la primera mujer en obtener uno de los más altos cargos en el ámbito de las academias pontificias. En 1995, bajo mandato de Juan Pablo II, fue también la primera mujer a la cabeza de una delegación vaticana en la conferencia de las Naciones Unidas sobre las mujeres en Pekín.

La breve pero elocuente paréntesis abierta sobre estas fundamentales relaciones diplomáticas ha sido motivada por el significado político y social que revisten en el mundo las representaciones diplomáticas de la Santa Sede. Son lugares en donde ciertamente non se establecen relaciones comerciales ni se dispensan visas, más bien, el objetivo de una sede diplomática en el Vaticano es aquel de encontrar convergencias y recíprocos acuerdos sobre temas de urgencia global; tales como, en la actualidad, el terrorismo, la paz en Medio Oriente, la libertad religiosa, los derechos humanos, el hambre, la pobreza extrema, el tráfico de seres humanos, todas estas cuestiones críticas y de difícil solución sobre las cuales todo el mundo tiene el deber de preguntarse y trabajar sin cansancio.



Los embajadores de los Estados Unidos de América ante la Santa Sede

desde 1984 hasta hoy

Embajador

Durata del encargo

Papa

Presidente USA

William Wilson

1984 - 1986

Juan Pablo II



Ronald Reagan







Frank Shakespeare

1986 – 1989

George H. W. Bush







Thomas Patrick Melady

1989 – 1993

Bill Clinton









Raymond Flynn

1993 - 1997








George W. Bush







Corinne Claiborne Boggs

1997 - 2001










James Nicholson

2001 – 2005










Francis Rooney

2005 - 2008

Benedicto XVI












Mary Ann Glendon

en funciones











La Conferencia de los Obispos católicos de los Estados Unidos de América (USCCB)

A la luz de cuanto se ha revelado aquí, es importante trazar, con los mayores detalles posibles, un mapa de la Iglesia Católica en los Estados Unidos, analizando principalmente el rol y el trabajo de su organismo representativo y directivo (La Conferencia Episcopal), pero con la atención necesariamente dirigida a las diócesis presentes en el territorio.


El organismo gubernamental de la Iglesia Católica en los Estados Unidos es la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos de América (USCCB), constituída por los Obispos y Arzobispos de los Estados Unidos y de las Islas Vírgenes que ejercitan funciones pastorales de evangelización. Las raíces del organismo se remontan al 1917, cuando los Obispos de los Estados Unidos, constituyeron el National Catholic War Council (NCWC), un consejo que contribuyó -con fondos y personal- a la asistencia espiritual y humana que prestaba servicio en la I Guerra Mundial. En los años sucesivos, cambiaron el nombre y la finalidad del organismo, sustituyendo asimismo la palabra “Conferencia” con el término “Consejo”, y en 1922, se instituye la National Catholic Welfare Conference, con sede en Washington, Distrito de Columbia, cuyo compromiso estaba dedicado a temas importantes cuales instrucción, inmigración y acción social, según un modelo conservado hasta 1966, cuando fueron instituidas la National Conference of Catholic Bishops (NCCB) y la United Stated Catholic Conference (USCC).
El primero de julio de 2001, en el umbral del nuevo milenio, los dos organismos han sido unificados en un único ente, la actual Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos de América (USCCB), que continúa en el mandato de las precedentes instituciones, y cuya misión es sostener el ministerio de los Obispos con particular atención a la evangelización. Acompañando la misión de la evangelización, la USCCB con las distintas diócesis, están comprometidas en las campañas humanitarias y sociales, además de las acciones concretas de colaboración en cuestiones cruciales para la Iglesia y para la sociedad, en la comunión local y de otras naciones.
La subdivisión de las diócesis en los Estados Unidos (v. detalle en Apéndice), así resumida:

  • 31 archidiócesis católicas de rito latino

  • 146 diócesis católicas de rito latino

  • 2 archidiócesis católicas de rito oriental o archiparquías

  • 15 diocesi cattoliche di rito orientale o eparquías

  • 1 ordinariato militar

Entre todas, la Archidiócesis de Baltimore goza de una especie de primacía similar al primado que no es previsto por Estados Unidos. De hecho, tratándose de la primera diócesis constituída en el país, en 1850, fue confiada a Baltimore la llamada Prerogative of Place, habiendo sido la primera diócesis constituida en el país: era el 6 de noviembre de 1789 cuando el Papa Pio VI promulgaba la bula apostólica “Ex Hac Apostolicae”, con la cual, dado el creciente número de fieles cristianos que habitaba aquel territorio, instituía la diócesis de Baltimore nombrando como primer obispo a John Carroll. De este modo, Juan Pablo II recordaba en la Carta a los Obispos de los Estados Unidos de América del 28 de octubre de 1989: «Queridos hermanos: en doscientos años llenos de alegrias y aflicciones, bendiciones y dificultades, verdaderamete la fe católica se ha “mantenido y difundido” en vuestro país. Los miembros del pequeño rebaño de John Carroll se multiplicaron, sobre todo a través de las ondas de emigrantes que él no podía preveer. La gente que abandonaba la patria para llegar a América, a menudo lo hacía para obtener la libertad de practicar la propia religión. A través de un enorme compromiso en la educación religiosa, en las casas, en las parroquias y en las escuelas, y a través del sostén generoso de la actividad misionera en patria y en el extranjero, la Iglesia en los Estados Unidos ha hecho mucho para “preservar y difundir” la buena Noticia de la salvación en obediencia al mandato de Cristo».


La evangelización es, por lo tanto, la primera misión de la USCCB, como se lee también en su Premisa, en donde la referencia son las palabras del Papa Pablo VI extraídas de la Exhortación Apostólica del Papa Pablo VI, Evangelii Nuntiandi (8 diciembre de 1975): «Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar».
Pero como en cualquier otra parte del mundo, la misión de evangelización no existe sola, porque graves realidades sociales, políticas y religiosas imponen también a la Iglesia una contienda cotidiana. En los Estados Unidos, las 195 diócesis o archidiócesis, que hoy abarcan más de 19.000 parroquias, tienen que enfrentar los muchos problemas de un país que vive situaciones a menudo dramáticas y contradictorias en el plano social y humano. El trabajo sobre el territorio tiene un notable peso sobre la comunidad, dada la necesidad cada vez más urgente de intervenciones focalizadas: integrar cuidados sanitarios que el sistema público non llega a garantizar a los estratos más indigentes de la población, enriquecer el ámbito de la instrucción, sobre todo en los contextos socialmente más críticos, luchar contra la propagación de la pobreza, y de los sin techo, pero recordar también que, junto al problema de la inmigración, el país tiene que enfrentarse a las llagas más dramáticas del fenómeno, como el tráfico de seres humanos, o el problema de los refugiados políticos, verdaderas y propias emergencias en los Estados más expuestos, o de frontera, al Sur del país (Texas, Nuevo México, Arizona, California, Florida).
Muchas son las actividades que la Iglesia ha iniciado en los últimos años, entre las cuales importantes campañas humanitarias – primera entre todas las batallas por una moratoria sobre la pena de muerte en el país- siempre bajo el mando de la Conferencia episcopal de los Estados Unidos de América (USCCB), en concordancia con la misión de la Iglesia en el mundo, en el respeto recíproco de las otras confesiones religiosas presentes en el país y con el deseo de un verdadero diálogo interreligioso e intercultural.


EL COMPROMISO DE LA IGLESIA CATÓLICA

Y LAS EMERGENCIAS DEL SIGLO XXI
Junto a su misión de evangelizar, la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos de América (USCCB) está activamente comprometida en muchas de las emergencias del país, en el campo de la justicia social y de los derechos humanos. Al no poder hacer referencia a cada obra coordinada o puesta en practica por la USCC; a continuación se mencionan algunas de las intervenciones y contribuciones de varios departamentos internos de la Conferencia, significativos para el contexto socio-cultural de referencia.
Finalmente, siendo imposible detenerse en el trabajo de cada diócesis, se ha elegido dirigir la mirada sobre una ciudad y un estado golpeados por la furia de la naturaleza, pero heridos también por la injusticia de los hombres: serán presentadas específicamente las actividades, intervenciones y un testimonio de la Archidiócesis de Nueva Orleans, Louisiana, donde en 2005 se abatió uno de los más graves huracanes de la historia de los Estados Unidos, en términos de víctimas y de consecuencias económicas y ambientales.

Secretariado para los católicos afro-americanos
El secretariado para los católicos afro-americanos (Secretariat for African American Catholics, SAAC) es la voz oficial de la comunidad católica de los afro-americanos. Este secretariado, parte de la USCCB, articula exigencias y aspiraciones de los católicos afro-americanos en relación al ministerio, la evangelización, la justicia social, las cuestiones del culto y otros eventuales temas de interés para la comunidad.

El papel fundamental de este organismo para los católicos afro-americanos es el de ofrecer sostén a los Obispos de la comunidad católica afro-americana, pero al mismo tiempo representa un recurso para todos los Obispos de los Estados Unidos de América, dada la particular atención dirigida a la dimensión socio-cultural de la comunidad católica afro-americana, en donde se identifican, se activan y se crean recursos para una integración auténtica de la riqueza cultural afro-americana en la Iglesia católica de los Estados Unidos.


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